Capítulo 4

Erin sintió cómo algo rozaba su mejilla, y poco a poco abrió los ojos. Se encontró de frente con unos enormes ojos marrones y una gran sonrisa.

-¡Mami! ¡Estás despierta! -dijo con alegría la niña, sentándose rápidamente en la cama.

-Si. Pero no grites, por favor -murmuró cerrando de nuevo los ojos y frotándose la frente.

-¿Todavía te duele la cabeza? Papá dice que te duele mucho la cabeza. ¿Quieres que te traiga a Nunu? Te ayudará a que te sientas mejor -respondió Chloë mientras volvía a tumbarse.

-No hace falta, gracias -se preguntó qué o quién sería "Nunu"-. Pero deja de moverte sólo…quédate quieta.

Erin apenas se había movido, y ya había sentido náuseas. Pero no quería asustar a la niña, y también esperaba poder retrasar un poco el momento vomito.

-Chloë ¡te he dicho que no la molestes! Ven aquí -Jack entró en la habitación y cogió a su hermana.

-Quería ver a mamá….-protestó la niña.

Erin consiguió sentarse, respirando hondo para tragarse las náuseas. Se sorprendió al ver a Jack, que se había convertido en un jovencito alto, rubio y guapo. Apenas recordaba haberlo visto antes, un par de veces tal vez, y siempre pensó que se parecía a Haley, pero ahora se parecía a su padre, pero rubio. Chloë también había heredado su color de pelo.

-Lo siento Erin, se me ha escapado -se disculpó Jack.

-No te preocupes, no me ha molestado. ¿Dónde…dónde está tu padre?

-Ha salido a hacer unas cosas. No tardará.

-¿Ha ido a trabajar? -preguntó frunciendo el ceño.

-No. Sólo a hacer unos recados. Es Sábado. No trabaja los Sábados.

-Como si eso lo hubiera detenido antes…

-Tú lo has dicho, antes -Jack rio con diversión-. Pero ya no lo hace. A no ser que haya un caso.

Ella asintió, y los dos chicos salieron de la habitación. Esperó unos minutos, hasta que decidió que ya se encontraba mejor, y se levantó. Se aseó y bajó a la cocina. El chico había preparado el desayuno, así que comió un poco y luego recogió la cocina. Cuando subía las escaleras, sintió cómo se le revolvía el estómago, y corrió al cuarto de baño de su habitación.

Unos minutos después, Hotch entraba por la puerta. Encontró a sus hijos entretenidos viendo una película en el cuarto de Jack.

-¿Se está portando bien? -preguntó mirando a la niña, que miraba embelesada la televisión.

-Si. Aunque solamente me despisté un segundo mientras terminaba el desayuno, y despertó a Erin. Pero ya sabes que se porta bien.

-¿Y dónde está Erin ahora?

-Creo que vomitando. Igual no le ha sentado bien el desayuno. Y si todavía está enferma…

-Está embarazada, Jack -confesó su padre.

-Joder, eso si es una putada grande -bromeó el chico.

-Jack…ese vocabulario. Voy a ir a verla, luego puedes irte si quieres. Gracias hijo.

Entró en su habitación, y escuchó a Erin en el baño. Se dirigió allí, se agachó a su lado, le apartó el pelo de la cara y frotó círculos en su espalda, para ayudar a que se sintiera mejor. Cuando había vaciado su estómago, y ya no tenía ni siquiera bilis para vomitar, Erin se apoyó contra él. Dejó que su cabeza cayera contra su hombro, mientras él la agarraba por la cintura. En esos momentos, no le importaba la intimidad del gesto.

-Esto es lo peor ¿sabes? -murmuró.

-No te preocupes, pronto pasará -besó dulcemente su frente.

-O no. En el embarazo de Jasper estuve vomitando hasta la semana treinta. Fue horrible.

-Estoy aquí, Erin. Intentaré que te encuentres lo mejor posible ¿de acuerdo?

Ella asintió, pero no dijo nada. Se levantaron, y Aaron dejó que se enjuagara la boca mientras él iba a buscarle algo para las náuseas. Después de salir del baño, Erin se acostó de nuevo, estaba quedándose dormida cuando Aaron entró de nuevo.

-No quería despertarte, lo siento. Te he dejado aquí un limón en rodajas y unas galletas saladas, eso siempre te ha ayudado. Descansa un poco, voy a hablar con Chloë.

Un rato después, cuando se despertó (Erin miró el reloj y se dio cuenta que era casi medio día, había dormido casi toda la mañana), salió de la habitación, y escuchó a Aaron y la niña en su cuarto. Se dirigió hacia allí. Fue la niña la primera que la vio, y saltó del regazo de su padre hacia ella.

-¡Mami! -se agarró fuertemente a sus piernas. Erin palmeó su cabecita-. ¿Ya estás bien?

-Estoy mejor, si.

Erin se sentó en la cama, al lado de Aaron, y Chloë le puso en su regazo un pulpo morado, descolorido, mientras ella cogía una muñeca y empezaba a jugar. Erin cogió el pulpo y miró a Aaron interrogante.

-Nunu -susurró él-. Se lo regaló Jasper cuando nació, no se separa de él. Va con ella a todas partes.

El teléfono de Aaron empezó a sonar, y después de sacarlo, y mirar quién lo llamaba, se levantó para salir.

-Enseguida vuelvo.

-No te vayas…-murmuró Erin, aunque él ya no podía oírla. Erin no conocía realmente a su hija, y no sabía cómo tratarla.

La niña levantó la cabeza para mirarla, y luego se sentó a su lado.

-Mamá…papi me ha dicho que te has dado un golpe en la cabeza, y que no te acuerdas de algunas cosas…-Erin asintió despacio-. No pasa nada, te ayudaré a que te acuerdes de todo ¿vale?

-Vale -respondió en voz baja y con un nudo en la garganta.

Chloë la miraba sonriendo, con los hoyuelos marcados a los lados de la barbilla, con esa sonrisa que iluminaba la habitación, y esos ojos grandes y vivaces que pedían descubrir el mundo. Una mezcla perfecta de Aaron y ella, se dio cuenta. Quiso llorar por la inocencia y el gran corazón de su hija.

La niña se acercó un poco más a ella, queriendo subirse a su regazo, y Erin la cogió. Apoyó su cabecita en su pecho, jugando con el pulpo, mientras hablaba. Erin la abrazó, escuchando.

-Eres tú la que me lees un cuento de buenas noches. Haces mejores voces que papá. Pero no se lo digas ¿vale? Y a veces nos bañamos juntas, y me dejas jugar en la bañera con los juguetes después. Y me columpias tan alto, tan alto que parece que puedo tocar las nubes. ¿Pero sabes qué es lo que más me gusta, mami? Tus abrazos. Porque cuando estoy malita o triste, y me abrazas, siempre me haces sentir mejor. A papá le pasa lo mismo ¿sabes? Tus abrazos son mágicos.

Erin tenía los ojos llenos de lágrimas al escuchar a la niña. Jamás pensó que después de Olivia volvería a ser madre, y por lo que le contaba la niña, estaba disfrutando de ella como no había disfrutado de sus hijos mayores. Y estaba segura que a Aaron le pasaba lo mismo.

Aaron carraspeó para hacer notar su presencia, y sonrió al entrar en la habitación.

-Chloë, ve a vestirte. En un momento saldremos hacia el parque.

-¡Si! -la niña saltó del regazo de su madre y corrió al armario.

Erin volvió a su habitación, necesitaba unos minutos a solas. Se mojó la cara, y vio su pálido reflejo en el espejo. Había tenido otro recuerdo cuando Chloë se sentó en su regazo, pero no llegaba a recordar nada más.


Flashback

Erin miraba embelesada el pequeño bulto en sus brazos, que dormía plácidamente después de haber comido. Aaron las miraba a las dos, con una sonrisa en la cara.

-Todavía no me creo lo perfecta que es -susurró ella, temiendo despertar a la niña.

-Puede decirse que hacemos unos hijos preciosos ¿no? -bromeó él-. Si los cuatro anteriores están bien hechos, y han sido por separado, imagínate ésta, que es la mezcla perfecta de los dos.

-Espero que entonces solamente saque lo bueno de cada uno.

-Ha sacado tus pulmones, eso seguro, teniendo en cuenta cómo lloraba nada más salir -se burló Aaron-. Ya sabemos que le gusta gritar como a mamá.

Erin se giró hacia él, y le sacó la lengua, haciéndole burla. Estaba agotada después de nueve horas de parto, pero tener a su pequeña en brazos, y a su marido a su lado, valían la pena el cansancio.

Fin del flashback


Si podía tener pequeños recuerdos como esos, ¿por qué no podía recordarlo todo? Le fastidiaba sobre manera no poder hacerlo, no recordar a su hija, a su marido, su vida….

Aaron entró en la habitación y llamó a la puerta del baño.

-¿Erin? ¿Estás bien?

-Si. Enseguida salgo.

Volvió a mojarse la cara, la frente, la nuca y las muñecas, deseando que se le pasara el mareo continuo que tenía desde el día anterior.

-Voy a llevar a Chloë al parque, de picnic. Contaba contigo pero si no te encuentras bien puedes quedarte…Hay algo de comida preparada.

-No, quiero ir.

-¿Seguro? -preguntó Aaron no demasiado convencido.

-Seguro -ella sonrió tímidamente.

Encontraron a la niña en la entrada, preparada para salir. Aaron recogió la cesta del picnic de la cocina y Chloë le dio la mano a Erin.

-Chloë ¿no crees que deberías dejar a Nunu en casa? -preguntó su padre.

-No. A él también le gustan los picnic -fue la respuesta de la niña mientras abría la puerta para salir.

Hotch puso los ojos en blanco y Erin se rio en voz baja, intentando que la niña no la escuchara.

Continuará…