Capítulo 5
Llegaron al parque, y Chloë inmediatamente se fue a jugar, no antes de que su padre le advirtiera que enseguida se pondrían a comer. Extendieron la manta debajo de un árbol, y Erin se fijó que a pesar de ser mediados de Septiembre, había un montón de familias haciendo lo mismo. El tiempo acompañaba para ello.
Entre los dos sacaron la comida, y luego Aaron fue a buscar a la niña. Comieron escuchando a su hija, cómo hablaba del colegio, de sus amigos o de cualquier cosa que se le ocurriera. Erin sintió la mirada de Aaron sobre ella todo el tiempo.
-He traído algo de postre que espero que te guste -le dijo sonriendo un poco, mientras metía la mano en la cesta.
-¿A sí? -respondió Erin mientras aguantaba cómo su hija le hacía "un bonito peinado"
Aaron sacó una gelatina verde de la cesta, y la mirada de Erin se iluminó. Se la tendió junto a una cuchara.
-¿Cómo sabías qué me iba a gustar?
-Ayer la estabas devorando cuando entré en la habitación del hospital -ella se sonrojó.
-¿Desde cuando te gusta la gelatina, mami?
-Desde ayer -respondió con la última cucharada.
-¿Quieres una, Chloë? -le preguntó su padre mientras sacaba otra y se la daba a Erin.
-No. ¿Puedo volver a jugar, por favor? -suplicó la pequeña.
-Claro. Pero no te alejes mucho.
Recogieron todo, y Aaron se dio cuenta que Erin miraba al vacío, pensativa. La observó un momento. Parecía la misma de siempre, físicamente nadie podría decir que hacía algo más de veinte cuatro horas que había perdido la memoria, que había perdido parte de su vida. Lo peor, que no recordaba los años con él y su familia, y eso lo estaba destrozando. Aunque seguía amándola como el primer día, y eso nada lo iba a cambiar.
-Deja de mirarme Aaron, me pones nerviosa.
-Lo siento -dijo él sonrojándose.
-¿Solemos venir mucho aquí? -preguntó ella mirándolo.
-¿Al parque? Todos los fines de semana. Si yo estoy en un caso, soléis venir las dos. Y hacemos picnic a menudo también. Este será el último de la temporada, la semana que viene llegará ya el frío. Pero desde principios de Junio hasta ahora, sí solemos hacerlos.
-Es un buen sitio…
-A veces quedamos con Will y JJ, para que los niños jueguen juntos y eso.
-¿Y el resto del equipo no tienen hijos?
-Morgan y García están en ello, pero de momento nada. Y Prentiss y Reid, no, ninguno.
Ella asintió mientras volvía a mirar al frente, y Hotch supo que era el momento ideal para hablar de lo que llevaba todo el día dándole vueltas.
-Erin, tenemos que hablar de algo.
-¿Hay algo más que no me hayas contado? ¿Alguna sorpresa que te hayas dejado para el final? -preguntó con un poco de diversión en la voz.
-No, para nada. Pero tenemos que hablar del trabajo. Creo que deberíamos hacer algunos cambios durante unos meses.
-¿Por qué? ¿Acaso hay algún cambio en el sistema de trabajo que haya cambiado y no conozca? -preguntó confusa.
-No. Todo sigue igual, pero…
-Entonces no sé qué cambios quieres hacer, no pienso quedarme en casa, si eso es lo que pretendes -frunció el ceño, enfadada.
-Erin escucha -Aaron se acercó un poco más a ella-. Yo también voy a tomarme unos meses hasta que estés mejor, hasta que recuperes la memoria. Voy a ayudarte a que todo vuelva a ser como antes.
-Ya…¿y quién se va a ocupar de nuestros trabajos?
-Tengo una reunión por video llamada el Lunes por la mañana con el director, hablaremos de eso. Morgan puede ocupar mi puesto, y Cruz se ocupará del tuyo. Tampoco sería la primera vez, y tampoco para siempre. Además, ya habías reducido tu jornada.
-¿Cómo? -preguntó confusa.
-Desde que nació Chloë, sólo trabajas por las mañanas. Luego te traes algo de trabajo a casa, pero pasas las tardes con la niña después de recogerla del colegio.
Ella asintió en silencio, y bajó la mirada hacia sus manos. Aaron dejó que asimilara todo. Mientras tanto, sacó una botella de agua de la cesta y bebió un largo trago.
-Aaron…¿y si no me recupero nunca? ¿Y si no vuelvo a recordar nada? Ni a mis hijos ahora, ni a Chloë, ni a ti…-dijo con tristeza, todavía mirando sus manos.
-Hey Erin, mírame -ordenó, acercándose más a ella y acariciando su mejilla cuando ella levantó la cara-. Eso no va a pasar ¿de acuerdo? Entre todos haremos que recuerdes. Te llevaré a sitios donde hemos estado, y te contaré cosas, y puedes preguntarme lo que quieras ¿vale? Pero estoy seguro que te vas a recuperar.
-Vale -murmuró, aunque seguía sin estar convencida del todo.
-Por cierto, Olivia llegará esta noche. Iré a recogerla al aeropuerto a las nueve. Se quedará toda la semana. Nora y Jasper no saben cuando podrán venir, pero podemos hablar después con ellos.
-¿Se lo has contado?
-Claro. Están todos preocupados. Aunque el único que sabe que estás embarazada es Jack, eso no se lo he contado a ellos.
-Esto si es una mala jugada del destino ¡eh! -se burló ella apoyándose en su hombro. Hotch rio.
-Depende de cómo se mire. Aunque sí, ya podría haber venido antes.
El silencio se instaló entre ellos, pero esta vez era cómodo. Apoyados contra el árbol, con la cabeza de ella sobre su hombro mirando a su hija y al resto de niños jugar, parecían una pareja totalmente normal. Cómo hasta unos días antes, pensó Aaron. Sólo esperaba que las cosas no tardaran mucho más en ser como siempre.
Hotch dejó con suavidad a la niña en la cama, que había caído rendida en cuanto entró en el coche. Erin observaba apoyada en el quicio de la puerta.
-Eres un buen padre…-susurró ella con cariño.
-Y tú Erin, eres una madre maravillosa. Chloë te adora, eres un gran referente para ella -él se acercó y le cogió las manos, dándole un suave apretón.
-Gracias Aaron -sonrió suavemente, aunque no recuerdo nada, pensó amargamente.
Mientras él se daba una ducha, Erin decidió descansar en el salón. Se acercó a la chimenea, donde estaban puestas varias fotos de la familia. Vio una foto de su boda, donde Aaron y Erin se miraban sonriendo y enamorados; una foto de Chloé recién nacida; otra de toda la familia en lo que parecía la última Navidad; varias más de Jack y sus hijos mayores y una de su madre con todos sus nietos (incluyendo Jack).
De pronto, recordó a su madre. Tenían una gran relación, era su gran confidente, y siempre quiso tener con sus hijas la misma relación que ella tenía con su madre. No sabía si lo había conseguido.
Cogió su móvil y marcó su número, pero saltó el buzón de voz. Frunció el ceño mientras marcaba el número de su casa. La voz metálica le informó que ese número no pertenecía a ningún cliente. No entendía nada. ¿Su madre había cambiado de teléfonos y no se lo había dicho? ¿O se habían peleado y no quería saber nada de ella? Eso sería malo para ella, que consideraba a su madre su mayor apoyo. Empezó a hiperventilar cuando Aaron entró por la puerta.
-Aaron, ¿dónde está mi madre? No consigo hablar con ella -Erin se acercó a él, desesperada. Él le cogió de la mano y la guio al sofá.
-Erin, no sé cómo decirte esto pero…-ella se fijó en su expresión y comenzó a sollozar, sin poder evitarlo-. Amelia falleció hace un año, de un infarto. Fue mientras dormía, no sufrió. Lo siento.
Rompió a llorar desconsoladamente, mientras Aaron la abrazaba. Erin había sufrido mucho con el fallecimiento de su madre, y le había costado mucho poder superarlo. No había pensado que ahora volvería a vivir lo mismo. La consoló durante unos minutos, hasta que sintió que su llanto casi había desaparecido.
-¿Por qué no vas a descansar un rato? Te sentará bien -le dijo con voz suave, mientras le limpiaba las últimas lágrimas. Ella asintió mientras se levantaba.
Erin sintió cómo algo presionaba su pecho, aunque no era demasiado molesto. Se despertó lo suficiente para centrarse, pero no abrió los ojos. Entonces se dio cuenta que la presión era la cabeza de su hija, que se había acomodado sobre su pecho y susurraba algo a su pulpo, para no despertarla. Sintió ganas de llorar de nuevo. Chloë era tan dulce. Estiró la mano y le acarició el pelo. La niña se movió hacia ella, sonriendo.
-¡Mami! ¡Has despertado! -Chloë se sentó y la abrazó-. Papi me ha dicho que estás triste por lo de la abuela.
-Un poco…
-Es normal estar triste. La abuela era genial. Me daba caramelos -Chloë sonrió, lo cual la hizo sonreír a ella también.
-¿Qué hora es?
-Las siete y media. Papá ha ido a buscar a Liv al aeropuerto, porque al final llegaba antes -le contó la niña.
-Muy bien. ¿Entonces estamos solas tú y yo? -Chloë asintió entusiasmada-. ¿Quieres hacer galletas? ¡Me apetecen un montón las galletas!
-¿Con chispas de chocolate? -la pequeña abrió mucho los ojos, con emoción.
-¡Sí, y otras de crema de cacahuete! -Erin pareció igual de emocionada, no sabía si por el entusiasmo de la niña o por el antojo que tenía de repente de las galletas.
-¡Bien!. Vamos entonces mamá. Rápido, tienen que estar listas antes de que lleguen Liv y papá.
Erin se levantó de la cama y siguió a la niña a la planta baja. Entró a la cocina y cogió todos los ingredientes para hacer las galletas. Mientras lo hacían, Chloë le contó cosas sobre su familia, lo que hacían, sus tradiciones. Erin absorbió toda la información. Cuando estaban sentadas a la mesa comiendo las galletas con un vaso de leche, la puerta de la entrada se abrió. Ninguna de las dos la escuchó hasta que Aaron y Olivia entraron en la cocina. La chica corrió hacia su madre, que acababa de levantarse.
-¡Mamá!
Erin se quedó quieta un segundo, asimilando que su pequeña hija rubia y con unos bonitos bucles, como la recordaba, ahora era tan alta como ella, llevaba el pelo corto y teñido de negro, la estaba abrazando.
Continuará…
