Nota: Este capítulo tiene lugar unas semanas después que el último capítulo. Hemos dado un salto de dos meses más o menos.
Capítulo 9
Erin se quitó el pijama y se miró al espejo. Estaba de diecisiete semanas y cada día se sentía más gorda, y todavía le faltaba más de la mitad del embarazo. Se puso de perfil y posó las manos en la tripa. Sonrió cuando el bebé pateó justo donde estaban sus manos. Era la segunda vez que lo sentía, y le entristeció un poco que Aaron no estuviera en ese momento para poder sentirlo también. Era uno de los mejores momentos del embarazo.
-¡Mamá, tenemos que irnos! No quiero llegar tarde! -Chloë gritó desde el pasillo y Erin puso los ojos en blanco.
Se vistió rápidamente y salió en busca de su hija, que se retorcía en los brazos de Jack, que le estaba haciendo cosquillas.
-¡Vamos mamá! Tenemos que llegar antes que Harper, no quiero que me gane -la instó su hija.
-¿Tenéis una carrera o algo así? -preguntó Erin mientras se ponía el abrigo.
-No, pero la que llegue antes será la que escoja el libro para el descanso. Y todos dicen que yo escojo los mejores. Hasta la señorita Scott lo dice.
Erin y Jack aguantaron una sonrisa. Bendita inocencia. Chloë abrazó a su hermano y corrió al coche.
-Esta noche no vendré a dormir a casa ¿vale? Me quedaré en casa de Abby. Mañana vendré por la mañana y te ayudaré con Chloë -le dijo Jack antes de que se fuera.
-Está bien. Dale recuerdos a Abby -y lo saludó con la mano antes de meterse en el coche rumbo al colegio de su hija pequeña.
Como no la dejaban trabajar (aunque en ocasiones ayudaba a Aaron con algún informe), Erin solía aburrirse un poco. Solía ocuparse un poco de la casa, hacía algo de deporte (siempre dentro de lo recomendable debido a su embarazo), y después de almorzar solía salir a caminar. Jamás pensó que tener tanto tiempo libre iba a ser tan aburrido.
Recogía a Chloë del colegio a las cuatro, que comía allí, y al menos ya no estaba sola. En días normales, Jack llegaba cerca de las cinco (aunque casi no se notaba que estaba en casa), y Aaron llegaba casi una hora después.
Pero Aaron llevaba cuatro días en Austin, en un caso con el equipo, y no estaba segura de cuando volvería. Normalmente no le preocupaba eso, pero faltaban un par de días para Acción de Gracias, y no quería pasarlo sin él. Al día siguiente llegarían sus tres hijos, y si Aaron no llegaba a tiempo, sería Jack el que fuera a buscarlos al aeropuerto.
Cuando hacía un mes Aaron empezó a trabajar, nada convencido por tener que dejarla sola todavía sin estar recuperada del todo, ella le aseguró que estaría bien. Habían comenzado con la rutina de Chloë una semana antes, y además estaría Jack. Pero en su primer caso, dos días después de que Aaron se reincorporara, Jack llamó a su padre nervioso por la situación en casa. La niña tenía una rabieta porque no le dejaban comer helado para la cena, y Erin tenía una crisis de ansiedad. Su padre le pidió que le pasara el teléfono a Erin y le diera el helado a la niña. Hablaría con ella cuando volviera.
Con palabras dulces y voz tranquila, consiguió que su mujer se tranquilizara, y dejó que ella se desahogara cuando se sintió mejor. Tres días después, cuando llegó a casa, Aaron se sorprendió cuando Erin lo abrazó fuertemente durante unos instantes cuando lo vio. No volvió a tener ese momento tan íntimo con él hasta ahora.
A pesar de encontrarse físicamente bien, Erin seguía sin recordar nada. Había tenido algún recuerdo más, pero nada más. Nada lo suficientemente importante como para hacerle recuperar la memoria. Había dejado de preocuparse, y simplemente vivir. Algunas veces creía que podría hacerlo, acostumbrarse a la vida que llevaba ahora, aunque luego miraba a Aaron y se entristecía. El hombre hacía todo lo posible para comportarse con ella como simples amigos, o compañeros de piso, aunque la abrazara o la besara en la mejilla algunas veces. Ella sabía que sus sentimientos no habían cambiado (tampoco tenían porqué hacerlo si seguía siendo su esposa), y Erin estaba confusa por lo que estaba sintiendo por él. Porque le tenía un gran cariño, pero no sabía si eso podría convertirse en algo más, y si con el tiempo, sería suficiente.
Acababa de acostar a Chloë y decidió relajarse un poco leyendo un libro. Se acostó en el sofá y estiró las piernas. Inmediatamente, el bebé volvió a patear. Ella sonrió mientras frotaba su mano en la tripa.
El día anterior, había tenido una cita con su ginecóloga. Todo iba bien, y aunque podía saber el sexo del bebé, decidió que quería que fuera una sorpresa. Eso habían decidido Aaron y ella unos días antes. Él estaba de viaje y no pudo asistir a la cita, pero Erin le contó después como había ido todo.
Aaron estaba convencido que sería una niña, pero ella creía que era un niño. Aún así, preferían no saberlo esta vez. Al parecer, con Chloë lo supieron enseguida, y todos estaban encantados con la noticia. Esta vez tendrían que esperar al nacimiento.
Estaba totalmente sumergida en la lectura cuando sonó el teléfono. Contestó sin mirar.
-Erin, acabamos de aterrizar, estaré en casa en unos cuarenta minutos. ¿Quieres que te lleve algo? -la voz de Aaron sonaba lejana, supuso que todavía estaría en la pista de aterrizaje.
-Emm, ¿podrías traerme helado? De pistacho. Y un pretzel, por favor.
-Esta bien. No tardaré mucho -Aaron sonrió ante el pedido de su mujer y colgó el teléfono.
Unos cincuenta minutos después, Aaron llegó a casa. Encontró a Erin leyendo en el sofá. Le entregó la bolsa con su pedido.
-Puedes guardar el helado antes de que se derrita -dijo con la boca llena. Tardó diez segundos en darle un mordisco al pretzel.
-Vale -sonrió mientras se dirigía a la cocina.
Luego vació su bolsa de viaje en la lavadora. Puso un poco más de ropa y luego volvió con Erin. Ella apartó las piernas para que él se sentara, luego las colocó en su regazo.
-¿Quieres que te de un masaje en los pies? -preguntó tocando suavemente su pie.
-No. Pero dame tu mano.
Él lo hizo, y ella la colocó en su tripa. Sonrió cuando vio la cara de sorpresa de Aaron.
-¡Se está moviendo! -ella asintió-. ¿Desde cuando lo estás sintiendo?
-Desde anoche. Y lleva un rato moviéndose sin parar. Suelen moverse mucho más por las noches.
-Es increíble…
Aaron se había acercado un poco más, y movía la mano por la tripa para sentir los movimientos del bebé. Erin sonrió cálidamente ante la emoción de su marido. Cuando el bebé se cansó, Aaron retiró la mano.
-Me voy a dormir. Ha sido un largo día -dijo levantándose.
-¿Vas a trabajar mañana?
-No. No volveremos hasta el Lunes. También son vacaciones para nosotros. Además Jasper llega a las doce, pero las chicas llegan mucho más tarde. Me pasaré el día en el aeropuerto -sonrió cansado.
-Puedes quedarte todo el día allí -sugirió Erin.
-¿Quieres perderme de vista? -bromeó.
-Tal vez…-ella levantó una ceja, divertida.
-Me estás rompiendo el corazón, Erin. Y yo que creía que me habías echado de menos…-le encantaban esas pequeñas bromas entre ellos.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Tienes razón. Sólo soy tu camello de azúcar -sonrió divertido.
Erin soltó una carcajada, y Aaron sonrió. En momentos así, sentía que todo estaba como siempre. Que todo podría estar como siempre.
-Me voy -se acercó a ella y puso una mano en su tripa de nuevo. Cuando habló, el bebé pateó justo donde estaba su mano-. Buenas noches, meloncito.
-¿Meloncito?-Erin levantó una ceja.
-Tengo que llamarlo de alguna forma. Y me gusta meloncito -se defendió él.
-Pero ahora es del tamaño de una cebolla, no será como un melón por lo menos hasta la semana 36, o así.
-No voy a llamarle cebollita a nuestro hijo, Erin. Es más bonito meloncito ¿vale? -dijo con indignación fingida.
-Vale, vale. Pero que quede entre tú y yo. No quiero que ni siquiera Chloë te escuche, es capaz de decirle a todo el mundo que su futuro hermano va a ser un melón -contestó ella levantándose.
-De acuerdo. Además, tanto Chloë como Jack tenían su apodo en la barriga antes de nacer. No sé porqué este bebé tiene que ser diferente -se habían empezado a mover e iban subiendo las escaleras.
-¿Y cuál era el de Chloë?
-Ranita.
-Ja. No me extraña, no deja de saltar y moverse de un lado a otro -contestó Erin mientras abría lentamente la puerta de la habitación de la niña.
-Se movió muchísimo durante todo el embarazo.
-¿Y el de Jack? -habían llegado a la habitación de Erin.
-Melocotón. Haley se pasó todo el embarazo comiendo melocotones, algunas veces me costó mucho encontrarlos.
-Jack odia los melocotones…-apuntó Erin.
-Lo sé. Supongo que será algo así como el karma -bostezó.
-Vamos a descansar. Mañana será un día largo. Buenas noches, Aaron.
-Buenas noches Erin.
Se acercó y la besó dulcemente en la frente, antes de dirigirse a su habitación. Erin esperó a que cerrara la puerta para entrar en su habitación.
-¿Sabes qué, meloncito? Tienes el mejor padre que se puede pedir -el bebé pateó suavemente como respuesta.
Continuará…
