Capítulo 10

Erin se despertó con los gritos de Chloë en el pasillo, y la advertencia de Hotch de castigarla si no volvía a la cama. Miró el reloj y vio que todavía era temprano, pero fue incapaz de volver a dormir.

Decidió levantarse y preparar el desayuno para todos. Aaron bajó un rato después.

-Veo que has madrugado -dijo quitándole la taza de café que estaba a punto de tomarse.

-Sabes que puedo tomar un poco de café al día, ¿verdad? -respondió sirviéndose otra.

-Por poder puedes, pero no deberías -contestó sonriendo. La respuesta de Erin fue una burla.

Disfrutaron del silencio durante un rato mientras ella preparaba los huevos y el beicon.

-¿Has dormido bien? No tienes buena cara -le preguntó Aaron mientras se servía un poco más de café.

-Pues la verdad es que no. He dado muchas vueltas, se está haciendo difícil coger ya una buena posición, y he tenido pesadillas. He soñado que el bebé nacía con una enorme cabeza de melón -Aaron soltó una carcajada-. No es gracioso. No vamos a llamarlo más así.

-Erin, tranquila -se levantó y se colocó a su lado, acariciando su barriga-. El bebé nacerá con una bonita cabeza, redondita y peluda, como todos los bebés.

-¿Lo prometes? -hizo un puchero.

-Lo prometo -la besó dulcemente en la frente.

Sirvieron juntos el desayuno, cuando escucharon a Chloë bajar las escaleras. Los dos aguantaron la risa cuando la vieron aparecer.

-Buenos días papis -dijo la niña intentando subirse a un taburete. Al final su padre la ayudó a subir.

La niña se había puesto unos leotardos rojos, las zapatillas de ballet, el vestido azul de Elsa, de Frozen y una diadema con orejas de gato (regalo de la tía Penélope, por supuesto). En la mano llevaba una varita mágica de hada.

-¿De qué te has vestido, cariño? -preguntó Erin.

-De princesa. Soy la princesa de esta casa -dijo con orgullo la niña. Sus padres se miraron divertidos.

-¿Y quiere la princesa Chloë cereales para desayunar?

-¡Sí! -la niña alzó los brazos con emoción.

Desayunaron en relativo silencio, y al recoger, Aaron se dio cuenta de algo al mirar por la ventana.

-¿No ha dormido Jack en casa? No veo su coche.

-Cierto. Ha pasado la noche en casa de Abby. Olvidé decírtelo.

-Está bien, no importa.

Chloë bajó del taburete y se acercó a su padre.

-Papi, ¿puedo ir contigo a buscar a Jasper, por favor?

-De acuerdo. Pero antes tienes que cambiarte de ropa.

-¡No! Así nadie sabrá que soy una princesa -Chloë se cruzó de brazos, enfurruñada.

-¿Sabes qué? Puedes dejarte puesta la corona, pero después de cambiarte y peinarte ¿si? Al fin y al cabo, la corona es la distinción de las princesas -Erin sonrió a la niña y le extendió la mano. Chloë asintió feliz mientras cogía la mano de su madre.

Las dos salieron de la cocina, y Aaron pensó en lo buena madre que era Erin. Con una simple palabra o un pequeño gesto podía calmar o alegrar a la niña, y su pequeña hija la adoraba.

Esa era una de las pequeñas cosas que hacían que cada día la quisiera más, a pesar de que todavía no habían vuelto a la normalidad, y no tenía ni idea de cómo se sentía realmente Erin hacia él.


Cuando estaban a punto de marcharse al aeropuerto, Jack entró por la puerta.

-Hey papá, me alegro de verte -el chico abrazó a su padre.

-Y yo hijo. ¿Cómo está Abby?

-Bien. Os manda recuerdos. Bueno, voy a dormir un rato y luego a estudiar. Nos vemos.

Y subió las escaleras dejando a su padre con la palabra en la boca. Erin soltó una risita.

-Vamos papi, llegaremos tarde -Chloë tiró de la camisa de su padre.

-Un día tienes que explicarme por qué tienes tanta prisa siempre, jovencita. Deberías disfrutar de la vida -la niña lo miró con el ceño fruncido y Erin volvió a reír-. ¿Estarás bien?

-Sí, no te preocupes. Además ya está Jack aquí.

-De acuerdo. Chloë, dile adiós a mamá que nos vamos.

-Adiós mamá -y padre e hija salieron por la puerta.


Después de comprobar que tenía todo lo necesario para el día siguiente, Erin se relajó lo suficiente como para tumbarse a descansar un rato en el sofá.

Por supuesto que no era su primera cena de Acción de Gracias, (ella era casi siempre la anfitriona cuando estaba casada con Mark), pero sí la primera vez que estarían todos juntos desde Septiembre, la primera vez que vería a sus cinco hijos juntos desde que había perdido la memoria. Y estaba nerviosa, bastante nerviosa.

Y además, echaba mucho de menos a su madre. Amelia había sido siempre su gran apoyo, y en esos momentos, le hacía mucha falta. Se imaginaba los consejos que le daría en su situación, y a lo mejor, hasta ya habría conseguido recuperarse. O al menos, tendría todo su apoyo y alguien con quien desahogarse.

Después de un almuerzo rápido, se tumbó unos momentos en el sofá. El bebé no paraba de moverse, tenía los tobillos hinchados y le dolía horrores la espalda. No era lo mismo estar embarazada a los veinticuatro que a los cuarenta y cinco años. Se cansaba enseguida de todo y necesitaba descansar.

Tenía pensado levantarse enseguida, pero se durmió sin darse cuenta y cuando se despertó, Jasper estaba sentado en el suelo al lado del sofá jugando con Chloë.

-Mira Chlo, ya ha despertado la Bella Durmiente -Jasper le hizo cosquillas a su hermana.

-¡Sí, y sin beso! -rio la niña.

-¿Queréis dejar de burlaros de mi? -dijo Erin incorporándose.

Jasper se levantó del suelo y se sentó en el sofá para abrazar a su madre. Ella lo abrazó fuertemente, sin querer soltarlo. Para él, se habían visto hacía unos pocos meses, pero para Erin habían pasado siete años. Jasper era todavía un niño en la mente de Erin, al igual que sus hermanas. Había visto a Olivia, pero no a sus hermanos mayores. Aún así, había hablado por video llamada dos veces a la semana con cada uno de ellos desde Septiembre.

-Mamá, vas a tener que dejar algún abrazo para Nora y Olivia -protestó con diversión el chico.

-Nunca se acaban los abrazos para los hijos, cariño. Lo sabrás cuando tengas los tuyos propios -Erin lo besó en la mejilla.

-Lo sé, lo sé -Jasper sonrió con cariño-. ¿Y cómo va el pequeño bollito?

-Pues…creciendo mucho, mucho -se pasó la mano por la tripa, sonriendo.

-¿Y ya sabéis lo que va a ser?

-Queremos que sea sorpresa. Pero yo creo que va a ser un niño, aunque Aaron dice que es una niña.

-Sí, una niña mami -Chloë se sentó a su lado y posó su cabeza en su tripa. Erin le acarició el pelo con cariño.

-Lo descubriremos cuando nazca, cariño.

Aaron entró en el salón y sonrió ante la imagen. Disfrutaron de un rato en familia, con la pequeña y los dos chicos (Jack se había unido a ellos también). A las cinco, Aaron se preparó para volver al aeropuerto a por las chicas.

-¿Por qué no descansas un poco más antes de que lleguemos? Será un poco tarde, y necesitas descansar. Prometo despertarte cuando lleguemos -le dijo Aaron junto a la puerta.

-No lo sé, depende de si estoy muy cansada -ella le cogió la mano antes de que se fuera-. Aaron, gracias por todo.

-No hay de qué. Somos una familia Erin -ella sonrió y lo abrazó brevemente, sorprendiéndolo.

Luego él se fue y ella volvió con sus hijos.


Los rayos del sol en los ojos y las fuertes patadas del bebé fueron lo que despertaron a Erin. Le costó un momento darse cuenta que estaba en la cama y que era por la mañana. El reloj marcaba las 8:50, y durante un instante, se sintió totalmente desorientada. Lo último que recordaba era estar hablando con Jasper y Chloë, pero no ver a sus hijas mayores.

Se levantó con un poco de dificultad, y encontró el pulpo de Chloë a los pies de la cama, lo recogió y salió de la habitación. Al bajar las escaleras, escuchó las voces de todo el mundo en la cocina. Fue la pequeña de la familia la primera en verla, aunque corrió hacia ella por su peluche.

-¡Nunu! -lo cogió de sus manos y volvió a su sitio.

-¡Mamá! -Nora y Olivia se abalanzaron hacia ella para abrazarla.

-¿No ibas a despertarme cuando llegarais? -preguntó con un tono de enfado a Aaron.

-Y lo hicimos, pero estabas tan dormida que apenas reaccionaste.

-¿A sí? -preguntó sin convicción.

-Si mamá. Te desperté yo, abriste un poco los ojos, murmuraste algo y volviste a dormirte -respondió Nora con diversión-. Luego Aaron se llevó a Chloë a su cuarto, que estaba durmiendo contigo.

-Estábamos hablando cuando dijiste que te ibas a descansar un poco. Chloë subió contigo -terminó Jasper.

-Yo…no lo recuerdo, lo siento -dijo sonrojándose un poco.

-No importa, es normal si estabas cansada. Siéntate y desayuna -le dijo Aaron colocándole un vaso de zumo en la mesa.

Pasaron el día poniéndose al corriente, y preparándolo todo para la cena de Acción de Gracias. Erin iba a preparar la receta de su madre, y quería que todo saliera bien. Disfrutaba de tener a sus hijos en casa, y por momentos, se sentía como siempre. Aunque para ella la última vez que los vio todavía eran adolescentes, no le costó mucho acostumbrarse a que sus tres hijos ya fueran adultos. Y fue tan fácil acostumbrarse a Choë…La niña tenía un don natural para agradar a cualquiera, y bueno, ella no dejaba de ser su madre.

La mesa estaba puesta y la comida casi lista, todos se habían vestido y Olivia se había encargado de Chloë, de que se pusiera el vestido que Erin había escogido para ella y no algún disfraz que tanto le gustaban.

-Voy a vestirme. No tardaré mucho -le dijo a Aaron mientras cerraba la puerta del horno.

Veinte minutos después, todavía no había bajado. Chloë empezaba a lloriquear diciendo que tenía hambre, y Jack y Jasper comían a escondidas patatas de la bandeja en la mesa. Aaron decidió subir a buscarla.

-Iré yo. Tú vigila a los trogloditas -le dijo Nora mientras señalaba a sus dos hermanos.

Encontró a su madre sentada en la cama, en ropa interior y llorando. Nora se sentó a su lado y la abrazó.

-¿Qué pasa, mamá? -preguntó, aunque tenía una ligera idea de la respuesta.

-Qué…no sé qué ponerme -hipó-. Nada me queda bien.

-Oh mamá, seguro que encontraremos algo que te quede bien. Además, sólo somos nosotros, puedes cenar en pijama si quieres.

-¡No! Es Acción de Gracias, es un día especial, tenemos que estar bien y…-otro arranque de llanto la atacó, y Nora volvió a abrazarla.

-Shh, está bien, entonces buscaremos algo que te guste ¿de acuerdo? -le frotó la espalda hasta que se tranquilizó.

Otros veinte minutos después, entraban en el comedor. Erin llevaba unos leggins negros y una camisola roja. No estaba del todo contenta, pero Nora le había prometido que el Sábado las tres se irían de compras. Los chicos podrían cuidar de Chloë.

Después de cenar, los mayores recogieron la mesa y se encargaron de guardarlo todo, mientras Aaron, Erin y Chloë se sentaban frente a la chimenea. Luego los cuatro se les unieron en el suelo. Empezaron a jugar con la niña, mientras sus padres los miraban desde el sofá.

Aaron cogió suavemente la mano que Erin tenía apoyada en el sofá cuando se dio cuenta que estaba llorando en silencio.

-¿Estás bien?

-Sí, es solamente…es la primera vez que están todos juntos. Y me he dado cuenta que realmente somos una familia -no apartó los ojos de sus hijos mientras hablaba.

-Lo somos Erin -Aaron soltó su mano y le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

Ella se apoyó en su toque, y él le acarició suavemente el cuello. Erin lo miró un momento, luego se acercó un poco y apoyó la cabeza en su hombro. Aaron la rodeó con su brazo, y así, con el calor de la chimenea y las risas alegres de sus hijos, poco a poco el sueño la fue venciendo.

Continuará…