Yo maté a Bobby
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en el Reto #55: "No hay dos sin tres" del foro "Hogwarts a través de los años".
I
Yo maté a Bobby
Scorpius Malfoy llegó a Bobby porque estaba buscando el baño.
No era la primera vez que se encontraba en la Madriguera, pues el cumpleaños anterior de Albus había sido celebrado allí, ya que en la casa de los Potter en el Valle de Godric no era lo suficientemente grande como para albergar a todos sus primos pelirrojos y pecosos. Pero esa era la primera vez que Albus lo llevaba y le decía «mi novio» frente a toda la familia.
Y Scorpius pensaba que, si su padre no se había atragantado con su propia saliva cuando le dio la noticia, podía sobrevivir a los Weasley y su infinidad de preguntas, como: «¿desde cuándo están juntos?», «¿qué piensa el señor Malfoy de su relación?» y «saben que terminarán en la portada de Corazón de bruja, ¿verdad?»
Volverse el centro de atención de un momento para el otro, lo había dejado nervioso y atontado. Cuando subió las escaleras buscando el baño, terminó en una habitación totalmente diferente.
Las paredes estaban cubiertas de afiches y camisetas viejas de los Chudley Cannons, el cobertor de la cama combinaba con ellas y había una alfombra color rojo en la entrada. No reparó en el pésimo gusto de su propietario de apoyar a un equipo que hacía décadas no ganaba la liga sino en la jaula que estaba sobre la cama.
—Hola, pequeño —dijo Scorpius, fascinado por la criatura. Era la primera vez que veía uno—. ¿Qué haces aquí?
Los bowtruckles eran conocidos por habitar y defender los árboles que posteriormente eran usados para fabricar varitas. Según el libro Animales fantásticos y dónde encontrarlos del gran Newt Scamander, los bowtruckles habitaban en el oeste de Inglaterra solamente y eran muy difíciles de detectar, ya que se camuflaban con las ramas y hojas del árbol que custodiaban.
¿Cómo había llegado un ejemplar a la habitación de uno de los Weasley?
Lleno de curiosidad, Scorpius Malfoy se acercó a la jaula y la contempló con fascinación. En la puerta podía leerse «Bobby». Al otro de las pequeñas rendijas, se encontraba una porción de tierra con un brote verde en ella. Y el bowtruckle descansaba a su lado.
Abrió la puerta con suavidad e introdujo la mano dentro de la jaula. Lo acarició con delicadeza, como si se tratara de un felino dormido, y aguardó su reacción. Pensó que Bobby, como era el nombre del bowtruckle, lo mordería o se escaparía de su refugio, pero lo único que hizo fue rodar sobre sí mismo y quedarse inmóvil.
Scorpius lo picó con el dedo, pero la criatura no reaccionó. Preocupado, volvió a insistir, buscando una respuesta. Al ver que seguía sin moverse, se llevó las manos a la cabeza.
¿Qué se suponía que debía hacer en ese caso? ¿Respiración boca a boca? «¿En qué estoy pensando? Ni siquiera sé si los bowtruckles tienen pulmones», se respondió en su mente.
—¡Mierda! —exclamó—. He matado a Bobby. ¿Cómo voy a decirle a Albus que su novio es un asesino de bowtruckles?
