Capítulo 11

Estaban a -3 grados en la calle, y por la noche, tenían la calefacción al mínimo, pero aún así calentaba lo suficiente la casa, pero Erin dormía con un pijama de verano, pantalón corto y camiseta de tirantes. Las hormonas la tenían totalmente descontrolada, tan pronto se ponía a llorar como le gritaba a todo el mundo o no le hablaba a nadie durante horas. El día anterior escuchó a Jack decirle a su padre que menos mal que no estaba trabajando en esta ocasión, sino pobres los agentes que tendrían que aguantarla. Se enfadó tanto que no salió de su habitación en todo el día.

Sabía que no iba a durar mucho, al igual que las náuseas (cosas del embarazo) pero no le gustaba sentirse así. Aunque normalmente ella tenía un fuerte carácter y saltaba a la mínima, las hormonas del embarazo la alteraban completamente.

No conseguía pegar ojo, y tenía sed, así que se levantó con intención de bajar a la cocina a beber un vaso de agua. Al salir al pasillo, escuchó las voces de Aaron y Chloë en la habitación de la niña. Era cerca de medianoche, y la niña llevaba varias horas en la cama, así que se acercó despacio a la habitación. La puerta estaba abierta, y se quedó fuera escuchando, con cuidado de que no la vieran.

Se dio cuenta que Chloë había tenido una pesadilla, y Aaron intentaba tranquilizarla. Escuchó cómo él le hablaba de los monstruos que se escapan por la ventana cuando los niños se vuelven valientes, porque ni en el armario, ni debajo de la cama ni en los sueños, los monstruos pueden vivir cuando un niño le hace frente. Chloë rio suavemente cuando su padre le hizo cosquillas en la tripa, y una sonrisa se extendió por la cara de Erin. Aaron era un padre maravilloso.

Se apartó un poco de la habitación cuando él se dispuso a salir y cerrar la puerta, pero no intentó esconderse.

-Erin, ¿qué haces levantada? ¿Va todo bien? -preguntó preocupado acercándose a ella.

-Si, si. Sólo bajaba a por un poco de agua cuando te he escuchado con Chloë y… -se encogió de hombros.

-Tuvo una pesadilla y no quería volver a dormir. Tenía que tranquilizarla.

Y sonrió un poco. Y Erin sintió que algo se encendía en su interior, que necesitaba que ese hombre que estaba perdidamente enamorado de ella la tocara y la hiciera sentir mujer de nuevo. Se acercó lentamente a él, mirando alternativamente sus ojos y su boca, y lo besó. Aaron tardó un segundo en reaccionar, luego le devolvió el beso. Erin le rodeó el cuello con los brazos y profundizó el beso. Se separaron por la falta de aire. Jadeando, e intentando recuperar el aliento, Aaron le acarició la cara.

-Erin, no quiero que…

-Aaron, cállate. Yo…quiero esto. Quiero acostarme contigo.

Lo cogió de la mano y lo llevó a su habitación. Cerró la puerta y volvió a besarlo. Aaron metió su mano izquierda por debajo de la camiseta de tirantes, acariciando su tripa, y subiendo a su pecho. Erin soltó un largo gemido cuando él pasó su pulgar despacio por su pezón mientras besaba con lentitud su cuello.

Rápidamente se despojaron de la ropa, y Aaron la acostó sobre la cama. La besó y acarició como nunca, como si fuera la primera vez que descubría su piel. Besó con total ternura la tripa abultada de su esposa, y se recreó en una de las partes favoritas de su cuerpo. Erin tenía unos pechos preciosos, y los embarazos hacían que esa parte fuera todavía más perfecta. Los suaves gemidos y jadeos que salían de sus labios hacían que sintiera que todo podría estar bien.

Erin se tensó cuando el segundo orgasmo la golpeó, cuando Aaron hundió su cara entre sus piernas. Luego la besó lentamente, encontraron una posición cómoda para ella y la penetró. No tardaron en encontrar un buen ritmo, y unos minutos después, ambos llegaron al clímax con apenas unos segundos de diferencia.

Erin intentó permanecer despierta, pero apenas unos minutos después de terminar, se quedó dormida. Tenía una sonrisa en su rostro, y Aaron la besó dulcemente en la frente.

Él se quedó mirando cómo dormía, y un rayo de esperanza le llenó el corazón. Sabía de sobra que no significaba que algo fuera a cambiar, no quería presionar a Erin y que pensara que tenían que hacerlo como una obligación a partir de ahora, era ella la que iba a decidir el cambio en su relación.

Pero esto era un paso adelante. Llevaba sin hacer el amor con su esposa desde la mañana que perdió la memoria, y echaba de menos el contacto físico con ella, más allá de los abrazos esporádicos o los besos breves en la frente y mejilla. Ellos solían ser muy activos sexualmente (era un dato que no le había dado a ella, no quería que se sintiera mal al no recordar nada), y eso lo estaba matando. Le encantaba el tacto suave de la piel de Erin, de lo que ella podía hacerle sentir con una sola palabra, y cómo ambos eran capaces de amarse intensamente incluso en los peores días.

Mirándola dormir, se enamoró todavía un poco más si cabe. Acarició su tripa por encima de la sábana y sintió una pequeña patata de su bebé. Sonrió, se acomodó un poco y se durmió.


Cuando despertó, Erin seguía durmiendo profundamente. Todavía era temprano, y no quería que se sintiera mal cuando se despertara, así que se levantó, cogió el pijama y salió de la habitación.

Un par de horas después, Erin se despertó. Conocía perfectamente a Aaron, y sabía que si no estaba en la cama con ella, era para evitarle la incomodidad. En realidad no se arrepentía de nada, necesitaba el contacto físico, había perdido la memoria, pero estaban casados, aunque ella no lo recordara. Y empezaba a sentir algo, no sabía el qué, pero cada vez que veía a Aaron se le aceleraba el corazón. Se levantó y se preparó para empezar el día.

Cuando entró en la cocina, el desayuno estaba preparado, pero no había rastro de Aaron ni de Chloë. Se preguntó dónde estarían. El estómago le rugió de hambre y se sentó a desayunar. Unos minutos después, Aaron y Chloë entraron en la cocina.

-¿Dónde estabais? -preguntó con la boca llena de huevos revueltos.

-Nos estábamos preparando para irnos de compras, mami. Pero sólo papá y yo, tú te quedas en casa -la informó Chloë metiéndose en la boca una cucharada de cereales.

-¿Y eso por qué? -preguntó ella asombrada.

-Puedes venir si quieres, pero Chloë y yo tenemos que comprar…un par de cosas importantes -le guiñó un ojo a la niña, que sonrió entusiasmada asintiendo con la cabeza.

-Vale -susurró sintiendo que la estaban dejando de lado.

Luego se dio cuenta que era 12 de Diciembre y faltaban sólo un par de días para su cumpleaños, y que probablemente querrían comprarle un regalo. Haría como si no supiera nada.


Pasaron gran parte del día en el centro comercial, aunque en realidad Erin se pasó el tiempo entre el cuarto de baño y sentada en un banco descansando, lo que había facilitado las compras a Aaron y Chloë. Comieron una pizza (antojo de la mamá embarazada) y tomaron un batido después. Chloë saltaba de un lado a otro al llegar a casa.

-Te dije que no era buena idea darle tanta azúcar -protestó Aaron soltando las bolsas en el suelo.

-Ya se cansará.. -respondió ella sentándose en el sofá y cerrando los ojos.

-¿Estás cansada? Puedes echarte un rato si quieres…

-No, estoy bien -abrió los ojos y lo miró-. Creo que deberíamos hablar.

-Lo sé. Voy a guardar esto y ver al pequeño terremoto -los dos rieron.

Jack había llamado mientras estaban de compras para decir que iba a estudiar con un par de amigos, y luego pasaría la noche con Abby. El Domingo lo pasaría con ellos.

Mientras Aaron estaba arriba, Erin preparó un poco de té para los dos. Cuando bajó, se acomodó en el sofá a su lado. Cogió la taza de té de encima de la mesa.

-A pesar de todo, estaba dormida sobre la alfombra rodeada de sus muñecos -Erin sonrió cálidamente ante la imagen en su cabeza-. La he acostado en la cama. Habrá que despertarla más tarde para bañarla y darle la cena.

El silencio se instaló en el salón, mientras Erin miraba hipnotizada el fuego y apretaba la taza fuertemente en sus manos. Aaron siguió su mirada, y luego la miró a ella. Su esposa tenía en la cara una expresión de concentración, como si pudiera hacer que el fuego se moviera a su antojo. Se preguntó qué estaría pensando.

-Erin…-susurró.

Ella lo miró con el ceño fruncido, como si acabara de darse cuenta que estaba sentado a su lado y la hubiera molestado. Luego sonrió casi imperceptiblemente.

-Lo siento. Hemos dicho que vamos a hablar…

-Así es. Ayer…comenzó.

-Aaron -ella lo interrumpió posando una mano en su brazo-. Fui yo la que decidí lo que pasó ayer. Conscientemente. Y te conozco y sé que le estás dando vueltas por si a lo mejor ahora estoy arrepentida o hemos dado un paso atrás en esta situación rara que estamos viviendo. Pero te aseguro que no es así. Yo…me alegro de haberlo hecho.

-Yo también -murmuró él bajando la mirada. Erin le apretó la mano.

-Aunque estoy muy confusa, es una situación rara, tenemos una hija, estoy embarazada, eres maravilloso y…

-Erin nunca he intentado que te sintieras obligada a hacer nada…

-Lo sé, no estoy diciendo eso, Aaron. Es…-ella suspiró frustrada-. Creo que estoy sintiendo algo por ti, lo cual es una ironía porque estamos casados y se supone que debo tener sentimientos y…

-Erin escucha -Aaron se acercó y le cogió la cara entre las manos, acariciándole suavemente las mejillas-. Has perdido la memoria, es normal que no sientas lo mismo porque no recuerdas muchas cosas, y que te sientas un tanto confusa. Pero estoy seguro que algún día todo volverá a ser como antes ¿vale? Te recuperarás.

-Ayer…tuve algún flashback de nosotros…mientras estábamos…

-Eso está genial -Aaron sonrió.

-¿Crees que podríamos seguir adelante si no llego a recuperar la memoria? -murmuró Erin.

-Por supuesto que si. Recuerda que somos una familia, Er, y tú eres tan importante para mí…

La estaba mirando fijamente a los ojos, que brillaban intensamente con el reflejo del fuego, y una de sus manos seguía acariciando su mejilla, haciendo que lo único que sintiera fuera ese gentil toque y que todo lo demás a su alrededor desapareciera, que no se dio cuenta de que estaba a escasos centímetros de su boca hasta que escuchó la voz de Chloë en la puerta. Se separaron rápidamente.

-Mami…-lloriqueó la niña con voz cansada y adormilada.

-Ya voy yo -Aaron le dio un apretón de manos y se levantó.

Erin exhaló con frustración y apoyó la cabeza en el respaldo, cerrando los ojos. Escuchó a Aaron y Chloë subir las escaleras y hablar, pero ella no quería moverse todavía. El corazón estaba empezando a latir con normalidad de nuevo, después de casi besar a Aaron otra vez. Estaba hecha un lío, y no iba a forzar las cosas, pero si se le volvía a presentar la oportunidad de besar a Aaron, no iba a perderla.

Continuará…