Nota: Siento mucho, mucho el retraso.
Capítulo 12
Dos días después, el murmullo de voces cercanas despertaron a Erin. Cuando empezó a moverse, Chloë se abalanzó sobre ella.
-¡Feliz cumpleaños mami! -gritó la niña abrazándola.
-Gracias cariño -respondió ella todavía adormilada.
Aaron estaba sentado a los pies de la cama, sonriendo. Ella le devolvió la sonrisa.
-Jack está preparando el desayuno. Y Chloë está como loca porque abras los regalos.
-Sí mami, vamos a abrir tus regalos -la pequeña tiró de su brazo para que se levantara.
Aaron la ayudó a levantarse, y la niña salió corriendo de la habitación bajando rápidamente las escaleras.
-Feliz cumpleaños Er -la besó con ternura en la mejilla mientras salían también de la habitación. Ella sonrió complacida.
Jack la abrazó con cariño cuando entró en la cocina, y los cuatro desayunaron en relativo silencio. Luego llegó el momento de abrir los regalos.
Jack y Abby le habían comprado una cesta con productos para el cuerpo, con cremas, sales para el baño y aceites esenciales, para que se mimara un poco; Nora le había enviado unos discos con música relajante, para ella y para el bebé; Jasper un par de libros; Olivia un perfume, su favorito; y al final, quedaban los dos regalos de su marido y su hija pequeña.
-Abre este primero, mamá -y le pasó un paquete rectangular.
Eran un álbum de fotos, para llenar con todas las fotos del bebé desde su nacimiento, y un pequeño diario.
-Sé que escribiste un diario en el embarazo de Chloë, y aunque ya vamos un poco tarde, pensé que te gustaría escribir también uno ahora -dijo Aaron a modo de disculpa, encogiéndose de hombros.
-Gracias -susurró Erin pasando una mano suavemente por el lomo del diario.
-Y ahora este mamá. ¡Es el más grande! -los tres sonrieron por la emoción de la pequeña, que daba saltitos sin poder contenerse.
Erin sacó de la caja un precioso vestido premamá, de color azul, sin mangas. El corpiño era de encaje, escalonado en V en la espalda y también por delante. Llevaba un cinturón de pedrería, y el tejido de la falda caía con fluidez. Se quedó boquiabierta al verlo.
-Aaron, esto es…
-Es para el día de Navidad, para que no sientas que no tienes nada que ponerte…
-¿Te gusta mami?
-Me encanta Chloë -Erin se sentó en el sofá y abrazó a la niña.
-Lo hemos escogido papá y yo. Tienes que abrazarlo a él también -dijo la niña.
Erin se levantó y abrazó fuertemente a Aaron. Le susurró un "gracias cariño" y luego se separó de él. No sabía muy bien porqué, pero se sentía un poco turbado cuando la miró a los ojos.
-Vamos a vestirnos para ir al cole, pequeñaja, no queremos llegar tarde ¿verdad? -Jack cogió en brazos a su hermana, que iba retorciéndose muerta de risa intentando liberarse.
Aaron se sentó al lado de Erin, que guardaba con infinito cuidado el vestido. Esperó a que terminara y luego habló.
-Tengo que irme yo también. Espero que no tengamos un caso hoy, así que estaré en casa pronto ¿vale?.
-De acuerdo. Prepararé una tarta para la cena -sonrió levemente.
Aaron sonrió también y la besó brevemente en la mejilla antes de levantarse. Pasó la mano por su tripa, despidiéndose de meloncito en voz baja, para evitar que los escucharan. Erin rio con disimulo mientras él se marchaba.
Erin había pasado el día bastante más ocupada de lo que pensaba. Recibió mensajes y llamadas del equipo, y más tarde de sus hijos, que a pesar de faltar algo más de una semana para Navidad y para volver a verse, quisieron hacer una video llamada para felicitar a su madre.
También Mark la había llamado y felicitado, algo que la había sorprendido bastante. Aunque le habían asegurado que ahora tenían una relación bastante cordial, así que hablaron tranquilamente durante unos minutos antes de colgar.
Pero había alguien que no iba a llamarla nunca más y por la que daría cualquier cosa por volver a escuchar su voz. Su madre siempre había estado ahí para ella, en sus buenos y en sus malos momentos, y lo que más le dolía a Erin era que no recordaba los últimos años con ella. Hasta su hija pequeña tenía esos recuerdos que ella había perdido.
Amelia siempre había hecho especial el día de su cumpleaños, incluso cuando Erin ya era adulta y se había ido de casa. No necesitaba nada demasiado exagerado, podría ser un mensaje, o un pequeño regalo que llegaba a través de un mensajero; simplemente un pequeño gesto que hacían que Erin supiera que era amada, y que se sintiera totalmente especial aunque fuera un momento durante el día de su cumpleaños.
Se permitió llorar y desahogarse durante el rato que miró las fotos que tenía guardadas de su madre. Luego cogió el diario que Aaron y Chloë le habían regalado y empezó a escribir en él. Echaba mucho de menos a su madre, pero tenía una vida dentro de ella y era el futuro. Se aseguraría de que meloncito supiera lo maravillosa que era su abuela, y esperaba que con el tiempo, ella recordara también sus últimos años.
Hizo una tarta de queso antes de recoger a Chloë del colegio, y luego pasó el tiempo jugando con ella. Aaron llegó temprano y se ocupó de la cena, y Jack invitó a Abby a cenar con ellos después de pedir permiso.
Eran cerca de las diez cuando Erin se dirigió a su habitación, bostezando cansada. Aaron salió de la habitación de invitados ya con el pijama puesto.
-Parece que tienes un poco de sueño ¿no? -bromeó.
Ella asintió sonriendo mientras se apoyaba en la pared.
-Aaron…¿puedo pedirte algo?
-Por supuesto. Sólo tienes que preguntar -se acercó a ella rápidamente.
-Te importaría… -se mordió el labio nerviosa-. ¿Podrías abrazarme hasta que me duerma?
-Claro que sí. Vamos -la cogió suavemente del brazo y la guio hacia la habitación.
Aaron estaba ya en la cama cuando Erin salió del cuarto de baño, bostezando de nuevo. Se acostó contra él, encontrando una postura cómoda. Aaron la rodeó con su brazo, sintiendo su aliento en su hombro.
-Puedes quedarte después si quieres…-murmuró Erin justo antes de quedarse dormida.
Él sonrió, mientras besaba su frente. No había tardado ni cinco minutos en caer rendida. Sabía que lo mejor era irse a su habitación, a pesar de su ofrecimiento, pero se sentía tan bien al estar tan cerca de ella…Se tapó un poco mejor con las mantas, con cuidado de no despertarla, y cerró los ojos. En unos minutos, él también estaba dormido.
Eran las ocho de la mañana del 25 de Diciembre y de los siete miembros de la familia Hotchner, sólo la pequeña de cinco años estaba totalmente despierta y emocionada. El árbol de Navidad estaba repleto de regalos, pero a esas horas, todos preferían seguir durmiendo un rato más.
Aaron entró en el salón con una bandeja llena de tazas de chocolate para todos, y eso pareció despertarlos un poco. Con un gesto de cabeza, le dio permiso a la niña para comenzar a abrir sus regalos.
Su alegría y entusiasmo terminó por contagiar al resto de la familia, y sus hermanos, aunque ya casi adultos, terminaron abriendo sus regalos como si fueran niños. Erin los observaba desde el sofá, pasando lentamente una mano por su barriga, con una sonrisa en su cara. El día de Navidad era su día favorito del año.
-¿Quieres abrir tus regalos? -murmuró Aaron a su lado. Lo miró sonriendo y asintió.
Le pasó los paquetes mientras él abría los suyos, y los chicos seguían ajenos a ellos. Dejó el paquete más pequeño para el final. Era una caja pequeña y alargada, y Erin ahogó un sollozo cuando la abrió. Era una pulsera de plata, con el símbolo del infinito en el centro, y tres corazones a cada lado. Por detrás, estaba la inicial de cada uno de sus hijos (con el último reservado para el bebé), y sus nombres grabados en el símbolo del infinito. Lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Te gusta? -preguntó Aaron mientras le secaba las lágrimas que empezaban a resbalar por su cara.
-Aaron, me encanta, esto es…no sé qué decir -murmuró sacando la pulsera.
-La compré a finales de verano, y tuve que preguntar si podían añadir otro corazón. Grabaremos su inicial cuando nazca el bebé. Tampoco estaba demasiado seguro de dártela, por…toda esta situación, ya sabes -le contó mientras le ponía la pulsera en la muñeca izquierda y acariciaba despacio el dorso de su mano.
-Gracias, es preciosa. Tienes un gusto exquisito para los regalos -Aaron se sonrojó levemente.
-¿Podemos ver vuestros regalos? -preguntó Nora sacándolos de su burbuja.
Durante un rato, la familia Hotchner se divirtió viendo los regalos que Santa Claus les había dejado a cada uno. Luego se vistieron y salieron a jugar con la nieve. Erin prefirió ver cómo todos corrían persiguiéndose y tirándose bolas de nieve. Que tuviera una barriga de veintiuna semanas también influía en su falta de movimiento y su cansancio casi inmediato.
De la comida de Navidad se encargaron Nora, Aaron y Erin. El resto puso la mesa y entretuvo a la pequeña.
Cuando Erin se puso el vestido que le habían regalado por su cumpleaños y se miró al espejo, se sintió bien con su cuerpo, desde hacía meses se veía como una extraña, y no solamente a causa del embarazo. El vestido le quedaba perfecto, a pesar de que se sentía como un tonel y había engordado varios kilos. Se maquilló un poco y se hizo un moño, y cuando se vio bien, decidió que estaba lista para bajar.
-Wow, estás increíble -se encontró con Aaron junto a la escalera, antes de bajar. Se oían las voces de sus hijos en el comedor.
-Gracias. Tú también estás muy guapo -llevaba un pantalón de vestir y la camisa gris que ella le había regalado.
-Se hace lo que se puede -sonrió-. Deberíamos bajar antes de que nuestra descendencia se muera de hambre.
-Espera un segundo -lo cogió del brazo y él la miró fijamente-. Feliz aniversario, Aaron.
-Feliz aniversario, Erin.
Y pudo sentir que le daba permiso con sus ojos, así que se inclinó hacia ella y la besó profundamente en los labios.
Continuará….
