Nota: Me he dado cuenta que no he incluido a Jessica en esta historia, y me gusta Jessica. Así que aunque solamente se nombrara aquí, le he creado una bonita historia.
Por cierto, éste es el penúltimo capítulo. ¡Disfrutad!
Capítulo 13
Erin se movió un poco en la cama, y apretó un poco más contra su pecho a una dormida Chloë. La niña había estado enferma toda la semana, y aunque hoy ya se encontraba mejor, habían decidido que se quedara en casa. Al fin y al cabo, era Viernes.
Las últimas tres noches, la niña se había metido en la cama con ella a mitad de la noche, relegando a su padre de nuevo a la habitación de invitados.
Desde Navidad, habían vuelto a dormir juntos, aunque no había pasado nada más otra vez. Su relación empezaba a cambiar positivamente, y cada vez más parecían un matrimonio de nuevo.
En esas semanas, Erin había vuelto al hospital para una revisión, para comprobar que todo iba bien. Y era así, pero seguía sin recordar nada. De vez en cuando, seguía teniendo algunos flashback, pero no conseguía recuperar la memoria. Había perdido siete años de su vida y a veces dudaba que fuera a recuperarlos.
El Doctor Fyn la había derivado a psiquiatría, para ayudarla a sobrellevarlo e intentar que se recuperara. Al principio se negó, pero Aaron la convenció de que tal vez fuera una buena idea. Habían pasado varios meses y no recordaba, tal vez la terapia la ayudaría. Ahora no se arrepentía, había descubierto cosas importantes sobre sí misma, y tenía una gran paz mental.
A veces (ya cada vez menos), y a pesar de estar acostumbrándose cada vez más a su vida, todavía le costaba creerse que hubieran pasado siete años y no recordara nada. Pero luego miraba la cara de la pequeña Chloë, con su misma sonrisa y los ojos de Aaron, y sentía patear al bebé dentro de ella y volvía a la realidad.
La necesidad de vaciar la vejiga hizo que tuviera que salir de la comodidad de la cama. Dejó a Chloë suavemente sobre la cama, dormida, y se levantó. Cuando salió del baño, bajó a la cocina a preparar el desayuno.
Para ser doce de Febrero, hacía un sol espléndido, aunque bajas temperaturas. No había salido de casa en toda la semana, cuidando de la niña, así que decidió que después de desayunar se abrigarían bien e irían a pasar la mañana en el centro comercial.
Aaron había salido temprano a trabajar, y había dejado preparado café recién hecho. Se preparó una taza disfrutando del silencio y tranquilidad, antes de despertar a Chloë. Adoraba a la niña, pero incluso enferma y con fiebre, era un pequeño terremoto. Terminó de preparar el desayuno y subió a su cuarto por su hija.
No pudo evitar sonreír al verla. Chloë estaba tumbada boca abajo, con brazos y piernas estiradas totalmente, como una pequeña estrella de mar. Dormir con ella era un suplicio, puesto que no dejaba de moverse, e incluso dar patadas. Por eso, Aaron prefería irse a dormir a la habitación de invitados cuando la pequeña se metía en su cama.
-Chloë cariño, el desayuno está listo -Erin la sacudió suavemente. La niña se movió y se dio la vuelta hacia ella.
-¿Tengo que ir al cole? -preguntó frotándose los ojos.
-No cariño, hoy tampoco vas al cole. Después de desayunar, vamos al centro comercial ¿te gusta la idea?
-¡Sí! -Chloë se puso de pie en la cama y saltó. Erin se levantó-. ¿Me coges, mamá? -preguntó estirando los brazos.
-No puedo, Chlo. El bebé ya es un poco grande y no puedo llevarte en brazos -respondió ella mientras la bajaba de la cama.
-¿Cuánto falta para que nazca el bebé, mami?
-Unas cuantas semanas.
-¿Pero cuántas? -siguió preguntando la niña mientras su madre la ayudaba a sentarse en el taburete de la cocina.
-Doce semanas.
-¿Y eso es mucho?
-Pues…depende de cómo se mire. Deja de preguntar y cómete los cereales, por favor -la instó su madre acercándole un poco más el cuenco.
Al llegar al centro comercial, la niña se quitó rápidamente la bufanda y el abrigo, y empezó a correr delante de su madre.
-Chloë, no te alejes de mí. Ven aquí -la llamó Erin.
La niña obedeció, y cogió la mano de su madre. Andaban despacio, entrando de vez en cuando en alguna tienda. Chloë no dejaba de hacer preguntas sobre el bebé. Aunque se había levantado con energía, Erin empezaba a sentirse cada vez más cansada, y sentía una presión en el bajo vientre que se incrementaba cada pocos minutos.
Después de salir de una tienda en la que habían comprado algo de ropa para el bebé, Erin se apoyó en la pared para recuperar el aliento. Cada vez se encontraba peor, y de repente, supo que algo iba muy mal cuando sintió que empezaba a sangrar. Llevaba un pantalón beige y notó cómo entraba en pánico al ver la sangre. Pero Chloë la miró con seriedad y no quería ponerla nerviosa.
-Ven cariño, vamos a coger un taxi y llamar a papá -cogió la mano de la niña y se encaminó lo más rápido que pudo a la salida.
-¿Mami? -¿Estás bien? -susurró Chloë.
-Claro que sí. No pasa nada ¿vale? Todo va a salir bien.
Afortunadamente, había una parada de taxis muy cerca del centro comercial, así que cogió el primero y le indicó la dirección del hospital. Luego llamó a Aaron, pero su teléfono estaba apagado. Volvió a probar. Apagado de nuevo. Erin maldijo en voz baja. El dolor la estaba matando, sentía contracciones cada pocos segundos, aunque sabía que no estaba de parto, la posibilidad de perder al bebé la estaba ahogando, pero Chloë estaba apretada contra su costado y no quería asustarla más de lo que ya estaba.
Probó con el teléfono del agente Morgan. Quería evitar a toda costa llamar a Rossi, si fuera posible. Contestó al tercer tono.
-¿Erin? ¿Qué pasa? ¿Va todo bien? -preguntó él.
-La verdad es que no. He llamado a mi marido y tiene el teléfono apagado. Necesito que lo localices con urgencia, por favor.
-Oh, está en una reunión con Cruz, y al parecer se ha quedado sin batería. ¿Qué ha pasado? -preguntó Morgan preocupado.
-Necesito que le digas que vaya rápidamente al hospital. Es importante -le costaba respirar por el dolor.
-¿Mami? -Chloë la miró con ojos asustados.
-No pasa nada, cariño -le acarició la cara a su hija-. Date prisa, Derek.
-Sí, señora -y colgó el teléfono.
Unos minutos después, llegaban al hospital. El taxista la ayudó a bajar y entrar en urgencias, e inmediatamente la sentaron en una silla de ruedas y la llevaron a un box.
-Mami, quiero ir contigo -sollozó Chloë cuando una enfermera la cogió de la mano y tiró de ella hacia otra dirección.
-No te preocupes cariño, yo estaré bien. Y papá llegará enseguida -la tranquilizó su madre.
Cuarenta minutos después, Aaron entró en el box. Ya la habían examinado, y estaba esperando los resultados. Había respirado un poco más tranquila al escuchar el corazón de su bebé latir con fuerza.
-¡Erin! ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? -la besó en la frente y se sentó a su lado en la cama, cogiendo su mano.
-¿Dónde está Chloë? -preguntó ella a su vez.
-Jessica acaba de llegar y se la ha llevado a casa.
-¿Jessica?
-Mi ex cuñada. La hermana de Haley. Estará aquí tres semanas de vacaciones. Ahora vive en Boston.
-Oh -Erin estaba totalmente desconcertada.
-No la recuerdas…-ella negó con la cabeza-. Luego te lo cuento. Dime qué ha pasado.
Ella le contó todo, desde que se despertó esa mañana hasta que llegó al hospital. El médico de urgencias le había dicho que probablemente había tenido un desprendimiento de placenta, pero que quería estudiar las pruebas. Un momento después, entró por la puerta.
-Veo que ha llegado su marido. Antes de nada, el bebé está perfectamente ¿de acuerdo? No tienen que preocuparse por eso. Bien, estaba en lo cierto con el diagnóstico, ha tenido un pequeño desprendimiento de placenta.
-¿Y cuál es el siguiente paso, doctor? -preguntó Aaron con seriedad.
-Puesto que por su edad tiene un embarazo de alto riesgo, le voy a mandar reposo absoluto las próximas cuatro semanas. Luego, debe concertar una cita con su doctor y ya será él el que decida lo mejor para su embarazo. También le voy a recetar un medicamento para que los pulmones del bebé vayan madurando. Será su doctor el que le diga si tiene que seguir tomándolo después de su cita con él.
-De acuerdo. ¿Y cuándo podré irme a casa?
-No hasta mañana. Quiero tenerla todo el día de hoy vigilada, por si acaso.
-Gracias doctor -Aaron se despidió y el doctor salió de la habitación.
Erin resopló y apoyó la cabeza en la almohada con frustración, cerrando los ojos. Aaron soltó una risita al verla.
-¿Qué te molesta más, quedarte en el hospital hasta mañana o hacer un reposo absoluto de cuatro semanas? -Aaron preguntó divertido.
-No es gracioso Aaron. Soy yo la que tengo que estar aquí encerrada, la que no me voy a poder mover y la que cada día que pasa parezco cada vez más un barril -protestó ella.
-Yo te veo cada día más guapa Er -ella lo miró sonriendo. Era algo que diría él-. Además, hay que mirar el lado positivo, meloncito está bien y sigue creciendo fuerte -posó su mano en su barriga, y ella colocó la suya encima de la de él.
-Eso es cierto. Bueno, cuéntame lo de Jessica.
Y después de acomodarse en la cama, Erin apoyó la cabeza en su hombro, él le cogió la mano y le contó todo. Jessica se había casado hacía cuatro años, y se había mudado hacía dos años a Boston debido al trabajo. Las dos se llevaban genial, Chloë adoraba a su tía Jess, a pesar de hacer casi un año que no se veían. Al principio, venía más a menudo, ahora sólo un par de veces al año, si podía. De todas formas, se mantenían bastante en contacto.
-¿Y sólo ahora me hablas de ella? -le reprendió Erin con diversión.
-Lo olvidé ¿vale? Han sido unos meses duros, diferentes, he tenido muchas cosas en la cabeza…La he mantenido al tanto de toda la situación, pero olvidé mencionártela. Aún así, tampoco la recuerdas ¿no? -Erin negó con la cabeza-. Entonces estoy perdonado.
-Supongo que tienes razón -Erin se acurrucó en su pecho-. Puedes irte a casa, estoy bien.
-Ni hablar, no voy a dejarte sola, Er. Puedo ir mañana un momento a buscarte algo de ropa, pero nada más.
-Vaaale.
-¿Quieres hablar con Chloë? Estaba bastante asustada, pobrecita, y le gustará hablar contigo. Llamaré a Jess.
Aaron hizo una video llamada con Jessica, y Chloë empezó a llorar en cuanto vio a Erin, haciéndola llorar a ella también. Aaron y Jessica las observaban con cariño.
Luego le trajeron la comida, aunque apenas la tocó. Aaron volvió a sentarse en la cama y la abrazó.
-¿Estás bien? Te has quedado muy pensativa -dijo mientras acariciaba su pelo.
-Sólo pensaba en todo esto. Estamos en Febrero, han pasado seis meses y lo único que ha cambiado es el pequeño ser humano que crece dentro de mí. Me siento tan frustrada a veces, Aaron. No consigo recordar nada. Tengo sentimientos nuevos, que…supongo que ya tenía antes pero…
-Pero eso no es tan malo ¿no? Siempre y cuando no estés pensando en abandonarlo todo. Eso sería una catástrofe -bromeó él.
-Confieso que al principio del todo lo pensé -murmuró ella jugando con los botones de su camisa.
-Y no me hubiera extrañado si lo hubieras hecho. Entendí, y entiendo, lo difícil que es para ti despertarte un día en el hospital y que te digan que has perdido siete años de tu vida, y que ha cambiado totalmente, que no es para nada como la recuerdas. Creo que yo también me hubiera planteado huir.
-Me alegro no haberlo hecho.
-Y yo -besó suavemente su cabeza.
Siguieron así un rato más, en silencio, ella acurrucada en su pecho y él abrazándola y acariciando su pelo, hasta que Aaron notó que Erin se quedaba dormida.
Continuará….
