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Un viejo amigo
Capítulo 1
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Los nombres y personajes no me pertenecen, están basados en la maravillosa serie Ranma de Rumiko Takahashi.
Nota de la Autora: El presente fic está dedicado a todos los lectores y seguidores de la historia "Los 3 Miedos".
¡Los quiere con todo su corazón su autora consentida Tóxo Kai Bélos!
¡Bienvenidos nuevos lectores! ¡Disfruten la lectura!
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La residencia se encontraba a oscuras (o casi toda) ya que el Dojo, era el unico lugar ligeramente iluminado.
La luz de las velas iluminaba el pastel de cumpleaños con el letrero: "Felices 21, Ranma y Akane" y al mismo tiempo, los tímidos rostros de los jovenes mencionados.
—¡Feliz cumpleaños a ti!..., ¡Feliz cumpleaños a ti!..., ¡Feliz Cumpleaños Ranma y Akane!..., ¡Feliz Cumpleaños a ti! —cantaron los pocos invitados y familiares, desde sus respectivas mesas colocadas en diferentes puntos del Dojo.
La mesa con el pastel se encontraba en el centro y antes de que los dos jóvenes pensaran siquiera en soplar las velas del pastel, Nodoka Saotome apareció detrás de ellos y les gritó emocionada:
—¡Esperen! ¡Pidan un deseo!
El resto de los invitados gritaron a favor de la petición de la madre de Ranma, provocando que en ambos jóvenes se aumentara su timidez al sentirse el foco de atención.
Ranma miro con complicidad hacia la peliazul –quien asintió en acuerdo–, y juntos se acercaron un poco más al pastel.
—A la cuenta de tres soplamos las velitas —murmuró Akane en voz baja —. Uno.
—Dos —continuó el joven de la trenza.
"Tres" pensaron a la par antes de soplarle finalmente a las velas.
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Los presentes aplaudian y gritaban unas cuantas porras para los cumpleañeros, en lo que Soun Tendo se dirigía a encender las luces.
Aprovechando el momento, los dos jovenes lograron escaparse de la fiesta por el techo del Dojo, sin que sus padres se dieran cuenta.
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Ranma ayudo a la peliazul a terminar de subir al tejado y dejándose caer sobre el techo del Dojo, los dos suspiraron con tranquilidad mientras disfrutaban la vista de las brillantes estrellas.
—¡Al fin un poco de silencio! —exclamó sonriendo la joven peliazul al estirar sus piernas.
—Fue buena idea que juntaran nuestras fechas —murmuró Ranma aliviado—. Así no tendremos que soportar otro día rodeados por los invitados.
Los dos rieron y miraron hacia abajo cuando escucharon un leve alboroto dentro del Dojo.
—Creo que ya se dieron cuenta de que no estamos —murmuró Akane sonriendo con diversión.
—Sé que lo entenderán —respondió despreocupado el pelinegro antes de recostarse en las tejas.
—Ranma —murmuró la chica atrayendo su atención—. Con todo lo de la fiesta, no tuve la oportunidad de darte tu regalo.
Buscando en el interior de la pequeña bolsita azul que llevaba oculta debajo de su suéter blanco, sacó una pequeña caja de cartón.
—No tenías que darme nada, Akane —murmuró el joven sentándose y aceptando el paquete con una pequeña sonrisa en el rostro.
—Ya llevamos muchos años juntos, quería darte algo diferente por tu cumpleaños.
Ranma sonrió y levantó su ceja con diversión.
—Akane Tendo, ¿Me estás proponiendo matrimonio? —murmuró juguetón.
Akane se sonrojo y negó rápidamente con la cabeza.
—Tonto. No sé por qué si quiera me moleste en comprarte un obsequio —regañó intentando recuperar la pequeña caja de las manos del muchacho.
Ranma le sacó la lengua cuando se dió por vencida y comenzó a retirar los metros de cinta adhesiva que tenía pegados.
–Escucha, Ranma... Sé que renunciaste a participar en el torneo de combate en pareja de la semana pasada porque estaba enferma... No intentes negarlo, Kasumi me lo contó todo —aclaró cuando el muchacho la miró negando asustado—. Es por eso que decidí que merecías más este regalo en lugar de darte golosinas.
Ranma rompió lo que quedaba de cinta y finalmente abrió el obsequio.
—¿Un trofeo? —preguntó extrañado el joven al ver el pequeño prendedor con forma de copa.
—Al menos así, podrás tener algo que mostrarle a todos los que te pregunten por esa competencia.
Ranma soltó una carcajada y giró su cuerpo para enfrentarla.
—Eres malvada —murmuró sujetando el broche en la palma de su mano.
—¿Qué, lastimé tu pequeño ego? —preguntó la chica con rostro inocente.
—Pagarás por tu osadía Tendo —respondió Ranma, antes de acercarse peligrosamente al rostro de la peliazul y mirarla con los ojos entrecerrados, retándola a apartarse.
Provocándole un fuerte sonrojo. Él le preguntó:
—¿Qué?, ¿Ya no eres tan valiente ahora, Tendo?
Akane sonrió de lado y alejó levemente su rostro para mantener un poco de distancia.
—Esa confianza hará que te dé un golpe. Estás muy cerca —murmuró con la voz ligeramente nerviosa.
Ranma sonrió satisfecho y al volver a su postura sentada, extendió el prendedor hacia Akane.
—Ponmelo —pidió señalando su camisa en un lugar cerca de su corazón.
Akane se acercó lo suficiente y mientras ella le abrochaba el trofeo, Ranma sacó una pequeña bolsa de papel de su pantalón.
—También te compre algo —murmuró el joven ligeramente sonrojado por la expresión de entusiasmo de Akane—. No es nada costoso o especial, así que no te emociones mucho —señaló con desdén.
Akane sonrió levemente mientras tomaba la bolsa y la abría.
—¿Una peineta? —murmuró asombrada al recorrer con el dedo la pequeña piedra azul que adornaba el centro de la pieza.
—Es que, como dejaste crecer tu cabello… así ya no tendrás ninguna excusa para no peinarte —murmuró Ranma restandole importancia.
Akane suspiró contenta y acomodando su cabello suelto, se sujetó la peineta en un mechón.
—Gracias, es muy bonito.
Los dos jovenes se sonrojaron y evitaron el contacto visual por unos minutos.
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El aire frío de la noche, caló los huesos de la joven peliazul, en su intento de mantener sus dedos calientes, Akane accidentalmente rozó la mano de Ranma.
Los dos se miraron y sonrieron con timidez.
—¿Estas bien? —preguntó el pelinegro.
—Tengo un poco de frío.
El pelinegro miró hacia la casa, no le costaría nada brincar hasta su habitación para ir por una manta.
—Ranma, quiero darte otro regalo —exclamó la peliazul sacándolo de sus pensamientos.
—¿Otro regalo? —preguntó curioso.
—Me gustaría...Es decir, si tu quieres... Yo, ¿Podría...
Akane entrelazó sus dedos con los de su prometido y se giró lentamente en su dirección.
—¿Podrías? —preguntó de vuelta el pelinegro, centrando su mirada sin querer en los labios recién humedecidos de su prometida.
—Nosotros... podríamos...
Al entender lo que ella intentaba hacer, Ranma tragó un poco de saliva nervioso.
—Yo creí... —entrecerrando los ojos, se inclinó hacia ella–, Que lo harías con alguien que te guste —susurró estando a escasos centímetros de sus labios.
—Ranma, tu me...
El ruido de las aves volando hacia el cielo oscuro de Nerima y el brusco movimiento del techo del Dojo los separó abruptamente.
—¿Qué está pasando? —preguntó Akane asustada.
Ranma se puso de pie y ayudó a Akane a incorporarse.
—Ranma, ¡Los árboles! —Señaló la peliazul hacia los enormes abetos que se encontraban a lo lejos y se mecían de forma extraña.
Unos segundos después, sintieron que el techo del Dojo comenzaba a vibrar y después se mecía.
—¡Terremoto! —gritaron algunos invitados mientras salían corriendo del interior del Dojo.
—¡Debo ir por mi madre! —gritó Ranma sobre el alboroto generado por los invitados.
Mirando en su dirección, los dos trataban de mantener el equilibrio.
—¡Yo iré por mis hermanas! —gritó Akane de vuelta.
Ranma sujetó la mano de la peliazul y caminaron hasta una orilla del techo. Los dos se lanzaron y aterrizaron de pie sobre el césped.
Los invitados que había alrededor del jardín se caían por los bruscos movimientos de la tierra y la joven pareja se dirigió hacia al interior del Dojo, sin notar que poco a poco su estructura sufría serios daños.
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—¡Mamá, tienes que salir ahora! —gritó Ranma al llegar junto a su madre, quien estaba recargada en una pared, cuidando el cuerpo inconsciente de un enorme panda.
—¡No podía irme!, Tu padre está herido, ayúdame a sacarlo.
Ranma buscó a la peliazul con la mirada y la encontró ayudandole a salir a su hermana Nabiki por la puerta principal.
Levantándo al panda del suelo y poniendolo sobre su espalda, tendió una de sus manos hacia su madre ayudándola a mantener el equilibrio y finalmente salir del infierno en el que se estaba convirtiendo el interior del Dojo.
Una vez afuera, los tres se dirigieron hacia donde se encontraba Nabiki –quien sostenía a su padre para mantenerlo con ella–, ambos siendo acompañados por los invitados.
—Nabiki, ¿Dónde está Akane? —preguntó asustado.
Nabiki lo miró con preocupación.
—¡Volvió en el Dojo, regresó por Kasumi!
—¿Qué? —preguntó el joven sin poder creerlo.
Sin embargo, un ruido estruendoso hizo que todos voltearan hacia el Dojo, una parte del techo había colapsado.
—¡NO! —gritaron aterrados Soun y Nabiki.
—¡Ranma, regresa! —chilló una muy asustada Nodoka.
El joven de la trenza continuo su carrera hacia el interior del lugar e ingresó por la puerta antes de que una viga cayera obstruyendo el paso.
—¡Akane! —gritó Ranma asustado.
Había mucho polvo y la poca luz apenas iluminaba el interior del Dojo.
—¡Ranma! —gritó Akane desde abajo de una mesa, siendo abrazada por su hermana mayor.
Ranma las localizó y avanzó en su dirección.
—¡No salgan de ahí, ya casi llego! —gritó el joven, esquivando algunas tejas y trozos de madera que caían de lo que quedaba del techo.
—¡Cuidado! —chilló la peliazul, al ver que una madera caía a unos centímetros de la cabeza de su prometido.
—¿Están bien? –preguntó el muchacho una vez que llegó hasta ellas.
—Debemos salir de aquí —murmuró la peliazul mientras tosía un poco —Saca a Kasumi, yo ire detrás de ti.
Ranma asintió y dejó que Kasumi se abrazara a él.
Espero a que su prometida los siguiera y finalmente los tres se dirigieron a la salida.
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El suave aire nocturno comenzó a desplazar los rastros de polvo que había en el ambiente.
Todo Nerima había quedadó sumergido en una oscuridad abrumadora, que ni la luz de luna podía atravesar.
A lo lejos se escuchaban las bocinas de las patrullas y de vez en cuando, los susurros anonadados de las familias vecinas.
Algunos postes de luz habían caido, muchas casas sufrieron daños graves y algunas tuberías de agua de las calles tenían fugas.
Seis minutos fue el tiempo que tomó para que los movimientos de la Tierra se detuvieran por completo.
Una vez que los invitados decidieron irse a sus casas, dejaron en la propiedad únicamente a la familia Tendo y Saotome. Sus rostros, reflejaban susto y a la vez un poco de alivio, ya que ninguno había resultado herido de gravedad.
—¿Papá ya te sientes mejor? —preguntó Kasumi limpiando el rostro empolvado de su padre.
—Sí, muchas gracias hija —respondió el del bigote antes de sonreírle a Kazumi.
Nodoka, le curaba sus heridas al enorme panda y Nabiki usaba su calculadora para calcular el costo de los daños.
Ranma camina con preocupación hasta su prometida, quien arrodillada frente al Dojo destruido, lloraba en silencio.
—¿Akane? —preguntó el joven arrodillándose junto a ella, tratando de atraer su atención.
—¿Cómo pudo pasar tan de repente? —preguntó la peliazul al mirar lo que quedaba de la construcción.
—Akane... —murmuró con tristeza el chico, colocando una mano sobre el brazo femenino.
La peliazul giró su cuerpo hacia el de su prometido y se lanzó a sus brazos, dejando salir sus sollozos libremente sobre su pecho.
—Aqui estoy —murmuró el pelinegro envolviendo sus brazos alrededor de su prometida —. Vamos a estar bien.
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El señor Tendo miraba a sus hijas mayores con alivio, el saber que ninguna de ellas había sufrido heridas graves, quitaba poco a poco el nudo que se le había formado en la garganta, pero no pudo evitar que un par de lágrimas se le escaparan de los ojos al ver llorar sola a su hija menor.
Después de tantos años, Akane había convertido el Dojo en su lugar favorito..., era la mejor herencia material que podía darle. Es por ello que le dolía infinitamente ser testigo de la tristeza e impotencia que representaba el llanto de su hija pequeña.
Nabiki se acercó a su padre y apoyo una mano sobre su hombro en señal de apoyo.
—No te preocupes, Papá. Podrémos repararlo.
Soun sonrió levemente.
—Akane estará bien —susurró Nabiki al entender la angustia que tenía su padre— Ahora tiene a Ranma.
Soun la abrazó de lado y miró nuevamente en dirección al Dojo.
—Lo sé, Nabiki —afirmó al ver cómo su hija menor era inesperadamente consolada por el chico de la trenza—. No podría encontrar a alguien mejor que él.
Nabiki asintió en acuerdo y caminó junto con su padre hasta donde Kasumi y Nodoka cuidaban al panda herido.
Nodoka giró su cabeza preocupada buscando a su hijo y suspiró con alivio al verlo abrazado a su prometida. Nunca se imaginó que en el cumpleaños 21 de ese par ocurriera un desastre de esta magnitud, pero ahora que había sucedido, se encontraba feliz al confirmar que los dos tendrían todo lo necesario para afrontar cualquier adversidad juntos.
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Los hombres del cuerpo de protección civil ingresaron a la residencia Tendo en la madrugada del siguiente día y comenzaron su examen de la situación del inmueble.
Después de media hora, les aseguraron que la casa se encontraba en condiciones para ser habitada, sin embargo, el Dojo tendría que ser reconstruido en su totalidad.
Soun suspiró con tristeza cuando le entregaron el documento del examen de inmueble y despidió a los señores para que continuaran con las revisiones de las siguientes casas.
Todos ingresaron a la casa con cierto temor y se acomodaron en sus respectivos lugares en el comedor.
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Kasumi y Nodoka se encargaron de preparar el desayuno mientras el resto de la familia esperaba en el comedor.
Ninguno había podido dormir después de lo ocurrido, así que cuando comenzaron a desayunar, Nodoka, Nabiki y Kasumi, intentaron animar a todos con un poco de plática, pero los demás se mantenían ensimismados.
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Akane, golpeo su mano con frustración sobre el tapete y notó que la mano de su prometido se acercaba rapidamente a la suya.
Mirando en su dirección, vio la preocupación en el rostro de Ranma al examinar sus nudillos lastimados.
Entrelazando sus dedos con los de Ranma, Akane sintió el alivio comenzando a expandirse por su cuerpo e hizo que divisara apenas una pequeña sonrisa en su dirección.
El sonido de la puerta principal alertó a todos.
Kasumi se levantó rápidamente de su cojín para recibir a quien entrara, pero al ver que era un cerdo negro el que venía por el pasillo y jalaba con su hocico una cuerda con un hombre (un poco anciano) inconsciente amarrado, volvió a sentarse por la sorpresa.
—¿P-Chan? —preguntó Akane al ver el cerdo negro.
El animal soltó la cuerda y giró su cabeza hacia ella antes de comenzar a chillar.
—Mi cerdito, ¡No sabes cuánto te extrañé! —murmuró la peliazul con alegría al dejarse caer frente al animalito y recibirlo en sus brazos.
—Mira lo que trajo el cerdo… ¡Es el Guía de Jusenkyo! —exclamó Ranma sorprendido al girar al hombre y verle el rostro.
—La habitación de invitados esta vacía —murmuró Kasumi mientras la señora Nodoka se dirigía a la cocina por el botiquín de primeros auxilios.
—Akane, ¿Podrías preparar la habitación en lo que suben al señor? —pidió Kasumi con amabilidad.
—Si —murmuró la peliazul antes de dejar al cerdo en el piso y subir por las escaleras con el animalito pisándole los talones.
Ranma miró con enfado a su padre al verlo convertido en panda y sosteniendo un letrero que decía "Demasiado peso para mi frágil espalda".
Soun suspiró disgustado al ver a su amigo y sujetó al desmayado hombre por los brazos.
—Esta bien, Ranma. Yo lo llevo de este lado y tú de las piernas.
—No se preocupe, Tío. No quiero que se lastime —murmuró el chico de la trenza recibiendo una sonrisa de agradecimiento por parte del hombre del bigote.
Usando la pared como punto de apoyo, Ranma puso al Guía sobre su espalda y comenzó a subir lentamente las escaleras, mientras el resto de la familia lo seguía.
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¡Hola mis queridos lectores!
Aquí les dejo el primer capítulo de esta aventura.
Muchas gracias a todos por sus palabras de aliento y su apoyo con mis alocadas (y a veces mal redactadas) historias. XP
Cada vez que me llega la notificación de un mensaje nuevo, se me forma una enorme sonrisa en el rostro. :D
¡De la misma forma, le agradezco a las páginas de Ranma por compartir todas mis actualizaciones!
¡Les mando un enorme abrazo virtual! ¡Gracias por regalarme su preciado review! ;)
Soy Tóxo Kai Bélos, ¡nos leeremos pronto! :)
¡Saludos!
