Satoru Gojo había ido a la habitacion de su alumna Nobara por una prenda en particular. Para ser especificos su falda.
Como todo un caballero, Gojo golpeó la puerta un par de veces. Su alumna no salió. Volvió a golpear, de nuevo, no salió. Pegó la oreja a la puerta y no escuchó sonidos de nada. Genial, su alumna no estaba.
Gojo se introdujo y ahí estaba, sobre la cama lo que buscaba. La falda.
La tomó, pero, ¡oh, oh!, en ese momento se escuchó el repentino abrir de la puerta.
Nobara volvió.
De inmediato, Gojo buscó escondite, abrió el closet y, se encontraba lleno. Cuando pensó en lanzarse por la ventana, su pensamiento no alcanzó a tener respuesta porque Nobara, así sin más, murmuró para sí misma de lo sucia y sudada que estaba y comenzó, a desnudarse.
Para ser exactos, comenzó a quitarse la chaqueta para luego dar paso a la remera, cuando esta se estaba levantando lo suficiente para vislumbrar el corpiño. Nobara posó sus ojos en él. Viéndolo, sus ojos se dilataron, sorprendida. Ligeramente ruborizada y con una creciente furia haciéndole parecer más violenta que de costumbre.
—¿Qué hace aquí, pervertido?
La pregunta fue totalmente retórica. La sed de sangre se respiraba.
Gojo se disculpo con una risita y fue hacia la salida mientras los clavos pasaban por su lado sin llegar a tocarlo.
La puerta se cerró con los clavos incrustados, pero al segundo, se abrió por la mujer.
-¡Vuelve aquí con mi falda! ¡No te atrevas a usarla pervertido!
