Alumi reaccionó enseguida.

- Papá, no montes ninguna escena –dijo, intentando ser paciente.

- ¡Pero eres mi única hija! –exclamó Silver, llorando a mares-. ¡No puedes casarte!

- Papá, por favor –suplicó Alumi, perdiendo la paciencia.

- ¡No puedo aceptarlo! Es…

- ¡¿Quieres dejar de llorar como una nena?! –exclamó Anna Asakura, saliendo de la casa y propinándole un fuerte golpe en la cabeza. Luego se dirigió a los jóvenes-. Y vosotros dos, entrad ahora mismo.

Los chicos se apresuraron a obedecerla, y entraron velozmente a la casa. En el interior se encontraban Yoh y Tamao, que les mostraron una sonrisa cuando entraron.

- Hola chicos –saludó Yoh amablemente-. Veo que Silver ya ha hecho de las suyas.

- Solo exagera, lo mejor es ignorarlo. Ya se le pasará –contestó Alumi, que conocía de sobra las escenitas de su padre.

- Pues a mí me pareció gracioso –dijo Hana, intentando contener la risa-. Lo más divertido fue ver tu cara.

- Ten cuidado con lo que dices –respondió su prometida dedicándole una mirada asesina- o a lo mejor me arrepiento de haberte dicho que sí.

- Dudo mucho que te arrepientas, pero vale, no volveré a hacer más comentarios sobre el tema.

- Así que os vais a casar, ¿eh? –dijo Anna entrando en la habitación, seguida por un muy magullado y triste Silver.

- Esa era la idea –contestó Hana, mostrando una sonrisa encantadora-. ¿Por qué? ¿Acaso no lo apruebas?

- No he dicho que no lo apruebe –se defendió su madre, mostrando su mirada impasible-. Lo que pasa es que me parece extraño. ¿Cómo surgió esta relación, exactamente?

Ante esta pregunta, Alumi fue la que tomó la palabra, relatando todas las mentiras que habían acordado contar, y añadiendo algunas cosas de su propia cosecha. Todos la escuchaban en silencio.

- Y decidimos que guardaría el anillo hasta que os lo dijéramos, pero vosotros os adelantasteis a nosotros –concluyó, enseñando la sortija que llevaba en el dedo, adquirida esa misma tarde.

- Alumi, levántate un momento y ponte allí de pie –dijo Anna, señalándole un lugar cerca de la esquina de la habitación. La joven obedeció la orden rápidamente, y la sacerdotisa se puso a escrutarla, dando vueltas a su alrededor, mientras continuaba hablando-. Sabes que la familia Asakura siempre se ha caracterizado por la fortaleza de sus miembros. Y no solo por eso, también por saber mantener la compostura y la frialdad en momentos decisivos que muchas veces comprometían a mucha gente. Además de esto, a los miembros pertenecientes a esta gran dinastía se les exige más que al resto, no porque seamos crueles, sino porque sabemos que somos más fuertes. ¿Crees que tienes el perfil que te acabo de describir, Alumi?

- Sin duda alguna –respondió la joven, tranquila, aunque un poco molesta porque pusieran en duda sus capacidades-. Soy fuerte, sé mantener las apariencias cuando es necesario y, por supuesto, las exigencias que pudierais tener no serían ningún problema, puesto que yo también me exijo mucho. Así que, señora Asakura, estoy completamente convencida de que tengo el perfil que usted acaba de describir.

Todos en la habitación contuvieron el aliento, esperando el dictamen de la sacerdotisa.

- Muy bien –comenzó a hablar Anna-. Me gusta lo que veo en ti. Bienvenida a la familia Asakura, querida.

La joven suspiró, aliviada. Miró de reojo a su prometido, que sonreía tranquilo mirando a su madre.

- ¿Y cuándo planeáis casaros? – preguntó Yoh, contento.

- Se casarán en julio, por supuesto, en Izumo –respondió tajantemente su esposa-. En eso no hay discusión posible.

- ¿Por qué en julio? –intervino Hana, extrañado.

- Porque es el mes perfecto: nos da tiempo a organizar lo necesario para la boda y vosotros podréis comenzar a darnos herederos cuanto antes –contestó la sacerdotisa, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Los jóvenes tardaron un momento en asimilar lo que acababan de escuchar. Herederos. Querían que ellos…

- ¡¿Qué?! –exclamaron los dos a la vez. Luego fue Alumi la que continuó-. Nosotros esperábamos tener hijos más tarde, cuando ya hubiéramos acabado la universidad y tuviéramos trabajos estables…

- ¡Tonterías! –interrumpió Anna-. Si no os ponéis a ello en cuanto os caséis Keiko no lo aguantará. Querrá volver a ver a un niño corretear por su casa, como hacía su nieto. Sabes de sobra que si no te lo impongo yo, te lo impondrá ella –dijo esto último mirando a su hijo-, así que no te esfuerces en discutir.

Cuando Hana bajó la cabeza, derrotado, Alumi supo que no tenían nada que hacer. Bueno, ya se inventarían algo en ese momento. ¿Acaso no se habían inventado un romance completo? Pero eso había sido distinto… Ella ya se había imaginado muchas veces ese romance, cuando estaban en el instituto, hacía ya varios años. Estaba enamorada de su mejor amigo, aunque éste no lo sabía. Pero cuando Hana comenzó a salir con una compañera de clase se resignó, obligándose a olvidarse de él en sentido romántico. Y lo consiguió. Para cuando empezaron la universidad Alumi solo veía a Hana como su mejor amigo. Y eso la alivió enormemente. Aunque, si lo pensaba bien, ahora iba a casarse con él… Su corazón comenzó a latir con fuerza. ¡No seas estúpida, Alumi!, se dijo. Solo os casáis porque os conviene a los dos. ¡Y tú ya no sientes nada por él! Porque no sentía nada por él, ¿verdad? Sacudió la cabeza, alejando esos pensamientos de su mente.

- Está bien –dijo la joven-. Tendremos un hijo lo más pronto posible.

Hana la miró con la boca abierta, a lo que la rubia contestó disimuladamente diciendo que hablarían después. El joven no se podía creer la respuesta que había dado su amiga. No era propio de ella rendirse tan fácilmente, tenía una voluntad de hierro. Por eso se había enamorado de ella años atrás, cuando ambos estaban en el instituto. Pero no sabía si ella sentía algo por él, así que había salido con una compañera de clase que había mostrado mucho interés en él, para ver si ella se ponía celosa o algo similar, sin éxito. Así que no le quedó más opción que continuar siendo dolorosamente su amigo, hasta que sus sentimientos por la rubia se enfriaron y él pudo verla como una amiga.

- Por fin alguien que entra en razón –dijo la madre de Hana-. En cuanto a los preparativos no os preocupéis por nada, nosotros nos encargaremos de todo.

- Como quiera, señora Asakura –contestó Alumi con la sonrisa más respetuosa que pudo. Odiaba que controlaran su vida de esa manera, pero no le quedaba más remedio que acatarlo si quería que el engaño funcionara. Se volvió hacia Hana-. ¿Podrías acompañarme a casa?

- Por supuesto –respondió el rubio enseguida.

Los jóvenes se despidieron de sus respectivos padres y de Tamao y salieron de la casa lo más pronto posible.

- ¿Por qué le dijiste a mi madre que tendríamos un hijo cuanto antes? –preguntó el shamán cuando se alejaron lo suficiente de su casa.

- Porque era la única manera de que tu madre nos dejara en paz –dijo la rubia tranquilamente-. Ya nos inventaremos algo en su momento, como que no puedo tener hijos o algo así y, aprovechando, podríamos hacer que esa fuera la causa de nuestro divorcio –continuó, sintiendo un dolor muy familiar en su corazón. Si tan solo su matrimonio fuese real…

- Es una buena idea –concedió Hana-. Pero a mi madre no le bastará que le digamos que no podemos tener hijos: querrá pruebas.

- Ya pensaremos eso más adelante –dijo Anna con voz cansada-. Jamás pensé que una charla con tu madre me agotara tanto, en serio.

- Es el efecto que suele tener en la gente, yo ya estoy acostumbrado –comento el rubio con una sonrisa-. Pero no dejes que te canse, o se creerá superior a ti.

- Creo que ya se cree muy superior a mí, y yo lo estoy empezando a creer. Solo he hablado con ella una vez y ya he dejado que decida donde y cuando se va a celebrar mi boda, sin ni siquiera protestar o decir algo al respecto.

- A mí también me sorprendió que no le dijeras nada. ¿Quién iba a decir que delante de mi madre ibas a ser tan sumisa?

- Es mi futura suegra, aunque por un corto periodo de tiempo. Por lo menos tengo que intentar levarme bien con ella, ¿no crees? –dijo Alumi, parándose delante de su casa-. Gracias por acompañarme, no habría soportado el trayecto con mi padre al lado lloriqueando cada cinco segundos.

- La verdad es que habría sido gracioso. ¿Por qué no se me ocurrió antes de decirte que te acompañaba?

-¡Imbécil! –gritó la rubia, intentando propinarle un golpe en el hombro. Él la esquivó limpiamente, aunque la rubia no se dio por vencida y comenzó a perseguirlo por toda la calle, divertida y molesta a la vez. Cuando ya lo había alcanzado prácticamente (él había dado media vuelta porque se había topado con una calle sin salida), tropezó y cayó al suelo encima de él, de manera que sus rostros quedaron a escasos centímetros. Se quedaron unos instantes embobados, mirándose a los ojos fijamente el uno al otro, ambos con el corazón desbocado.

Alumi fue la primera en volver a la realidad y, sacudiendo la cabeza bruscamente, rompió el contacto visual y se levantó.

- Lo siento, tropecé –se disculpó, mientras ayudaba al rubio a levantarse.

- No me sorprende, con lo torpe que eres… -respondió Hana.

- Imbécil –dijo Alumi-. Bueno, nos vemos mañana.

Se apresuraron a despedirse y volver a sus casas. Pero esa noche, ninguno de los dos podía dejar de pensar en el aroma del otro ni en la sensación de tener sus cuerpos tan sumamente cerca.


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