Si es la primera vez que lees este capitulo, disfrútalo, y si venias por el siguiente y leiste el comentario del principio del mismo o no recordabas como acababa este, aviso que desde el mes pasado me vi forzado a cambiar el rumbo de la historia debido a que literalmente me estanqué de forma estúpida.
La parte cambiada esta al final, mas o menos en el ultimo tercio del capítulo. Sin mas que decir, los dejo para que lean.
HEROE DESDE 0
"(No recuerdo cuando fue la última vez que me sentí así, sentir como si tuviera todo el tiempo del mundo y no tuviera que responder por nadie ni nada. Sin obligaciones, sin deberes, solo siguiendo mi hambre y sueño para movilizarme.)"
En estos últimos días Kitamura Motoyasu había cazado, vendido, comprado y comido, durmiendo al menos 10 horas diarias y de vez en cuando subiendo algún que otro nivel.
Lo que si había aumentado y le daba una mejor idea de cuantos días han pasado, es el nivel de compatibilidad de su lanza, especialmente la lanza maldita. Desde hace un tiempo que la lanza que más usaba es la lanza negra de la serie maldición, lanza de la pereza, y por su uso repetido ya ha llegado al nivel 3.
Además de sus mejores estadísticas, ahora comparables a su anterior mejor lanza, pero superándola en algunos aspectos, descubrió que la lanza tenía una función de drenado de energía. No era tan conveniente como absorber la energía de los oponentes, pero si podía apuñalarlos, aunque sea ligeramente, perderían su fuerza gradualmente hasta que no pudieran moverse, momento en el que solo necesitaba acabarlos. Prácticamente funcionaba como una especie de tranquilizante contra monstruos. Aunque la usaba más que nada para dormir, pues usarla en combate lo cansaba aún más rápido.
Además de eso, realmente no tenía más cosas en las que pensar. Literalmente sus días eran poco más que eso, cazar, vender, comprar, comer, dormir, y repetir el ciclo.
Aunque últimamente sí había algo que empezaba a preocuparle.
Durante sus cambios de arma y uso de algunas habilidades, pude ver en mi ventana de estado un reloj de arena con un temporizador. Sabía lo que era, y no es como si no lo hubiera podido ver en mis ratos libres, pero realmente no le daba mucha importancia.
Se trataba del tiempo que faltaba para la siguiente ola de la calamidad según el Reloj de arena del Dragón, y la cifra que marcaba los días se había reducido a 0, quedándole ahora mismo poco más de 16 horas. Ahora mismo el sol se estaba poniendo, por lo que probablemente la ola iniciaría cerca del mediodía.
Eso podría ser un problema.
Dejando de lado el hecho de que últimamente duermo hasta esa hora, una vez sea enviado por la fuerza hacia allá es posible que los otros tres me encuentren. No solo eso, en cuanto se reporta el lugar de la ola suelen enviar grupos de soldados a apoyar a las aldeas cercanas, por lo que si tengo mala suerte podría terminar siendo encontrado y capturado.
Realmente no tenía la intención de luchar en la ola, así que dependiendo de donde estuviera muy bien podía solo quedarme escondido sobre un árbol o en alguna cueva si encontraba alguna.
Pero si trataban de buscarlo y lo encontraban durmiendo, él despertaría en una celda, o peor.
Le convenía haber descansado bien, tener provisiones y quizás alguna manta para cubrirse en caso de que cuando vaya a dormir este en un lugar incómodo.
"Un momento, puedo usar la teletransportación para regresar aquí tan pronto sea enviado allá."
Motoyasu se olvidó de realizar la mayoría de preparativos y simplemente decidido que al menos dormiría temprano para despertar temprano y no ser enviado mientras duerme.
Como decía el dicho, dale un trabajo duro un perezoso y encontrará la manera fácil de cumplirlo.
Pensando en eso, Motoyasu activó la lanza de la pereza y tuvo una noche de descanso sin sueños nuevamente.
0:00:02
0:00:00
[transportando hacia la ola de la calamidad]
Tan pronto el reloj borró su último número, tanto Kitamura Motoyasu como el resto de héroes fueron transportados a un bosque en donde fueron testigos de cómo el cielo se oscurecía, y una grieta se abría en el mismo, soltando cientos de criaturas y lo que parecía ser un barco de velas que recordaba a uno de la época dorada de los piratas.
Como la última vez, los héroes fueron invocados por separado con sus respectivos acompañantes, y afortunadamente estaban lo bastante lejos el uno del otro como para que Motoyasu pudiera estar solo.
"…"
Sin perder tiempo abrió su menú de habilidades y buscó su lanza de teletransportación, dispuesto a irse y dejarle el trabajo a los demás, pero…
"… no sé por qué no pensé que podría pasar esto."
La ola de la calamidad había iniciado, y la habilidad parecía bloqueada con una notificación que decía:
[imposible de usar durante la ola de la calamidad]
"…"
Pensándolo bien, había conseguido su lanza al absorber arena del reloj de arena del Dragón, mismo reloj de arena que indicaba el inicio de las olas a medida que se acercaban, y teletransportaban a los héroes registrados y a sus compañeros. Si la arena que viene del mismo reloj permitiera a un héroe escapar de la propia ola entonces ahí que habría un problema de prioridades a tomar en cuenta.
Oyendo pasos cercarse, Motoyasu se escondió en unos arbustos para evitar ser encontrado, y desde allí logró escuchar una voz familiar.
"¡Motoyasu! ¿estás ahí? Si lo estas, muéstrate."
Parecía ser Itsuki, el joven amante de los héroes y la justicia con quien de vez cuando hablaba, bueno, cuando todavía era un héroe él mismo. Conociéndolo, casi podía adivinar lo que seguiría.
Y no se equivocó por mucho.
"Tus crímenes y errores del pasado no serán olvidados, pero sigues siendo un héroe, y este es un momento donde puedes actuar para mostrar arrepentimiento y limpiar tu nombre."
"…"
"Debo irme a cumplir mi deber. Si todavía eres capaz de vislumbrar lo que es la justicia, entonces te espero para que luches con nosotros.
Justicia y deberes, palabras que se dicen fácil pero abarcan mucho más de lo que uno podría pensar. Y definitivamente no eran palabras que le importasen a alguien que había renunciado a ser héroe.
Itsuki se marchó poco después de decir esas palabras, pero antes de que Motoyasu se moviera, unos pasos más pesados se pusieron en el lugar donde Itsuki estaba antes.
Una voz grave y fuerte llegó a continuación.
"Escucha bien, héroe fracasado. Si no vienes a apoyar la justicia del héroe del arco, entonces ni sueñes con tratar de sacar provecho de aquellos jefes y monstruos que derrote. ¡No permitiré que tu maldad se fortalezca con el sacrificio de otros!"
Se fue tras decir eso. A juzgar por el pesado sonido de metales chocando, probablemente se trataba del compañero con armadura que acompañaba Itsuki y precia ser algo así como el segundo al mando en el grupo. También uso palabras que parecían sacadas del discurso de Itsuki, pero Motoyasu fue capaz de entender que la intención detrás de estas era totalmente diferente.
Luego de que se fueran Motoyasu espero unos minutos antes de salir de su escondite, sospechando que quizás alguien se hubiese quedado, pero parecía que por el momento tratar con la ola era más importante. Los héroes de la espada y arco posiblemente irían a competir por ver quien derrotaba al jefe primero, como la última vez, y como Naofumi no tenía forma de atacar, probablemente iría a defender la aldea más cercana, por lo que para evitar a los héroes, Motoyasu debía alejarse de la fisura de la ola, así como también de la aldea más cercana.
El héroe de la lanza usó un mapa para ubicarse y trazó un camino para alejarse de ambos puntos. El teletransporte no estaba permitido, así que solo caminó.
Y caminó más.
Como estaba en medio de la ola de vez en cuando tuvo que pelear contra algún monstruo, pero al no usar movimientos especiales esperaba no llamar la atención de nadie. El poder obtener experiencia de estos monstruos le garantizó que estaba lejos de los héroes, por lo que tras cada pelea seguía con su camino.
Y siguió caminando.
Hasta que en un momento dado empezó a oír lo que parecía ser una pelea. Motoyasu no quería ser descubierto, por lo que torció un poco su camino para mantener la distancia. Sin embargo, de poco le sirvió eso, pues llegado a cierto punto el bosque en el que estaba terminó, dejando ver una pradera que rodeaba un camino que tendría que cruzar. Y sin árboles que bloquearan la visión, fue capaz de ver la pelea en cuestión.
Un carro estaba siendo rodeado y atacado por algunos monstruos, mientras que alguien trataba de defenderlo. Al estar ocupado, no podían ver a Motoyasu, sin embargo él sabía que a este ritmo terminaría siendo superado.
Naofumi protegía el pueblo a la distancia. Ren e Itsuki enfrentaban al jefe de la ola. El carro estaba rodeado por tres monstruos, pero en cualquier momento podrían aparecer más.
Quizás con suerte los guardias que vendrían a dar apoyo pasarían por este camino, pero era dudoso que lo hicieran en los próximos minutos de forma tan conveniente. Y Motoyasu no tenía motivos para ayudar.
Siguió caminando y tratando de no llamar la atención hasta pasar al otro lado de la pradera, donde estaría más cerca de un área rocosa donde podría esconderse hasta que terminara la ola. Definitivamente los otros tres podrían ganar sin su ayuda.
Y aun así, Motoyasu no podía quitar la vista del carro, no tanto porque se preocupara por el mismo, sino porque podría jurar que lo vio en algún momento. Su presentimiento se confirmó cuando, tras ver al hombre que defendía el carro ser golpeado y lanzado al suelo, una persona más pequeña salió del carro con un palo y trató de ayudar. No, no era una persona más pequeña, sino un niño.
Un recuerdo fugaz llegó a la mente de Motoyasu, un recuerdo de antes de abandonar su función como héroe de la lanza, cuando decidió ayudar a un carro que por lo visto estaba siendo registrado por funcionarios deshonestos.
Aun así, no los conocía. No tenía razones para salvarlos otra vez.
Pero entonces…
"¡Lanza jabalina!"
… ¿Por qué activó una habilidad para eliminar a los monstruos antes de que atacaran al niño y a su padre? ¿y por qué corría hacia ellos?
Ni el propio Kitamura Motoyasu tenía idea del motivo. Sin embargo ya estaba en camino a salvarlos.
Cortó rápidamente a los monstruos que ya había, y notó que a lo lejos algunos más se acercaban.
"¡T-tu eres…!"
El niño semihumano observó a Motoyasu sin encontrar palabras, pero la cercanía de los monstruos le impidió terminar su oración. Aun así, Motoyasu ya imaginaba lo que le iba a decir, y eso le dio la razón que necesitaba para luchar para protegerlos.
"(Que demonios, esos monstruos deberían mantenerse alejados de esta familia. Salvarlos fue la última cosa heroica que he hecho antes de renunciar, ¿y este mundo quiere quitármelo también? Si este mundo realmente tiene un problema, desquítate conmigo, ¡pero deja en paz a los inocentes!)"
Ni en su exilio decidió compararse con Naofumi porque para él, sus errores y crímenes eran totalmente diferentes. Del mismo modo, aun siendo un criminal buscado no trató de abrirse paso por la fuerza o herir a las personas.
Ya no tenía la fuerza de voluntad para avanzar, ni buscaba redimirse realmente.
Es solo que, muy dentro de sí mismo, aún era incapaz de solo dejar que cosas malas ocurran sin hacer algo al respecto. Él lo considero como una parte de ser humano más que de ser héroe, y eso lo motivó a seguir.
Pero su fuente de motivación actual no parecía importarles a los monstruos que llegaban, ni a los semihumanos que protegía.
Pero tampoco le importaba a cierta figura que alcanzó a ver a Motoyasu luchar a lo lejos. Con su largo cabello movido por el viento, la figura sonrió y habló.
"Parece que encontré al héroe…"
PUNTO DE VISTA DE NAOFUMI
"¡escudo de ataque aéreo!"
Junto con mi grito, un escudo semitransparente de color verde se manifestó entre un soldado y un monstruo poderoso que iba a aplastarlo, y antes de dar mi siguiente orden, vi como Raphtalia saltaba y cortaba al monstruo, derrotándolo en el acto.
Llevaba ya casi dos horas desde que la ola empezó, y en esas horas habíamos estado defendiendo el pueblo más cercano a nosotros que pudiera ser atacado por monstruos. El pueblo era casualmente aquel en el que había hecho un trato por medicina y salvado la vida de una anciana, cosa que podía confirmar dado que a mi derecha…
"¡Choooo!"
La misma anciana recuperada estaba repartiendo una golpiza a los monstruos que se acercaban. Era una visión algo surrealista al principio, pero tras un tiempo paso a ser casi reconfortante ver que no solo no había que defenderla, sino que ella ayudaba con el combate.
Ciertamente esta vez tenía mis compañeros y un grupo de soldados se había unido a mi para defender la ciudad, y con el apoyo de los aldeanos podíamos hacer más durante más tiempo. Sin embargo, la tardanza en terminar con la ola también empezaba a molestarme.
Era consciente de que sin Motoyasu con los otros dos, el poder de fuego contra el jefe se vería reducido a dos tercios del total, por lo que no debería sorprenderme de que pudiera tomarles más tiempo. De hecho, sospechando eso apenas llegamos usé a Filo para alcanzar a Ren y darle algunas instrucciones, y también a Itsuki que por lo visto trató de encontrar a Motoyasu. A este héroe de la lanza simplemente decidí dejarlo ser. Ya decidiría él mismo lo que quisiera o no quisiera hacer.
Mientras pensaba en eso, seguía defendiendo la aldea, pero ya acercándome a la tercera hora mi paciencia estaba alcanzando su límite, por lo que tras consultarlo con los demás, decidí ir yo, Raphtalia y Filo a contribuir en la batalla contra el jefe.
Mas vale que realmente haya una buena razón para que esos dos estén demorando tanto.
PUNTO DE VISTA DE MOTOYASU
Es… ¿es esto alguna clase de evento?
Soy el más consciente de que ese pensamiento me había dado más problemas que soluciones, pero era la única forma en la que podía más o menos entender la situación que tenía en frente.
Tras defender por un rato a la familia de semihumanos que salvé cuando todavía era el héroe de la lanza, apareció lo que parecía ser una mujer en kimono y de cabello negro, que literalmente barrió con todos los monstruos de los alrededores como si nada.
Hasta cierto punto, pensé que podría tratarse de alguna clase de aliado especial, digo, parecía una perfecta Yamato Nadeshiko que hasta sostenía abanicos en ambas manos, incluso afloró en mi un breve deseo de tenerla como compañera, hasta que habló.
"Eso se encargará de los invitados no deseados, así que. ¿Eres tú uno de los héroes sagrados de este mundo?"
No respondí. No solo porque honestamente no me consideraba más como uno de los héroes sagrados, sino también porque su voz parecía contener cierto matiz de malicia. Sentí que responder podría terminar realmente mal para mí.
Y no solo para mí. Observé a la familia de semi humanos que había protegido cerca mío, y entendí que sería muy difícil que pudiera enfrentar o defenderme de esa mujer por mi cuenta sin que salieran mal parados.
No, incluso sin defenderlos seguro no seria capaz de ganar. Ni usándolos como rehenes sería capaz de tener alguna chance. Ni siquiera creía que la lanza de la pereza me fuera a dar suficiente poder como para vencerla.
Pero ahí fue cuando esa mujer con aires de Yamato Nadeshiko volvió a hablar.
"No, pareces muy débil como para ser uno. Bueno, luchar por los demás no está mal, pero te recomiendo tener cuidado por un tiempo. La ola terminará en breve."
Después de decir eso, se dirigió hacia la grieta dimensional que había a lo lejos, alejándose de mí. Mientras la veía irse, mis piernas perdieron su fuerza y me apoyé en mi lanza para no caer.
Hace días abandoné la idea de que este mundo fuera un juego con eventos programados, pero esa mujer por un momento me hizo pensar en ello, en un oponente programado para ser invencible, para hacerme perder sin importar que intentara. No solo pensé en ello porque cuando traté de ver sus estadísticas me topé con símbolos extraños, sino también por su mirada.
Esos ojos tenían una determinación que iba más allá de la violencia o la ambición, y no se parecían a nada que hubiera visto antes. No eran como los de Itsuki o Ren, ni los de Naofumi, ni del rey… Y definitivamente no eran como los míos cuando jugaba a ser el héroe de la lanza.
De hecho, ¿fue acaso una coincidencia que alguien así se me apareciera justo cuando decidí volver a jugar al héroe? Ni siquiera lo sé.
Lo que sí sé, y recordé una vez más, era lo iluso que soy si creo que puedo lograr algo con esto.
Miré una vez más en la dirección en la que la mujer en kimono se fue, y noté a lo lejos como encima de lo que parecía ser un barco volador, parecía que se materializaba una forma negra que produjo un ruido metálico que pude oír ligeramente. No tenía idea de que era eso, pero algo en mi interior lo sintió familiar, a la vez que pensé que la ola iba a terminar en poco tiempo, así que muy bien podría irme.
Y eso estaba a punto de hacer, hasta que unas pequeñas manos sujetaron mi ropa.
Cuando me volteé vi al niño semihumano, que me miraba con ojos brillantes. Viéndolo bien, parecía tener unas orejas caídas y algo largas, y la cola que sobresalía por detrás suyo se movía, por lo que quizás era alguna variante de hombre-perro.
"De veras eras tú, eras el onii-san héroe de la lanza que nos ayudó antes."
"Ehm, no, no soy ningún héroe niño."
"No, lo sé. Tu cabello y aspecto es diferente, pero no olvidaría tu olor tan fácilmente. Definitivamente eres el onii-san de la lanza."
¿Dijo algo sobre mi cabello y aspecto? Por un momento tomé uno de mis mechones de pelo para verlo mejor, y, por lo visto, se había oscurecido más. ¿Acaso es así como se pone cuando no lo lavo? Quizás me estoy descuidando demasiado.
Aunque primero tenía que hacer algo con el niño perro que me sujetaba.
Pero antes de que le dijera algo, el niño me soltó y empezó a oler el aire en una dirección en particular, para luego decir.
"Este olor a acero… se acercan soldados. ¡Esto es malo, si te ven te perseguirán!"
Miré en la dirección a la que parecía estar apuntando pero no vi a nadie. Sin embargo, el viento se sentía ligeramente en nuestra dirección, por lo que quizás el niño perro si podría haberlos olfateado antes de haberlos visto.
A juzgar por como reaccionó acerca de los soldados persiguiéndome, parecía entender que yo era el héroe de la lanza al que acusaban de crímenes bastante apropiados. Los soldados probablemente estaban aquí para hacer algo contra la ola de la calamidad, pero eso no significaba que no fueran a arrestarme si me encontraban.
Para colmo no puedo usar la lanza portal hasta que acabe la ola, la cual lleva durando ya unas horas. El combate contra las bestias de la ola, seguido del encuentro con la Yamato Nadeshiko con abanicos me drenaron las fuerzas como si me hubiese apuñalado con mi lanza maldita, por lo que escapar de los soldados a pie me parecía simplemente inconveniente.
Frente al niño que me veía preocupado, decidí simplemente sentarme en el suelo.
Quizás sea mejor renunciar y dejarme capturar de una vez por todas.
"Hey, ¿qué ocurre?"
"¿Qué que ocurre? Nada fuera de lo común, supongo."
"Pero, son guardias, y eres el héroe de la lanza, intentaran capturarte."
"Lo sé, y lo acepto. Ya he causado muchos problemas como para seguir huyendo, y no tengo ninguna razón para hacerlo de todos modos."
El niño perro todavía parecía inseguro sobre lo que dije, pero no le di otra opción. Los guardias ya se habían acercado lo suficiente como para tenernos a la vista, y aun si decidía escapar no lograría perderlos yendo a pie.
Al reconocerme, los soldados enseguida sacaron sus armas y me rodearon. Me gritaron acerca de mis cargos y ordenaron que me rindiera, por lo que levante mis manos en señal de que no me resistiría. No pasaron ni diez segundos hasta que uno de ellos se acercó lo suficiente a mi como para empujarme al suelo y esposarme con unos pesados grilletes.
Una memoria de antes surgió en mi cabeza, cuando todavía tenía a mi equipo de compañeras y acabábamos de someter y capturar a un criminal. En aquel momento había visto el rostro resignado del criminal mientras hablaba con mis compañeras. 'No entiendo por qué alguien como él se volvió un criminal si al final iba a rendirse' es lo que había dicho, algo decepcionado de que no hubiese habido alguna investigación más extensa o alguna subtrama relacionada a una banda criminal.
Pero ahora esa decepción se aplicaba a mí. Realmente me sorprendí nuevamente de lo verdaderamente ingenuo que era entonces, y de lo inútil que soy ahora.
Aquí parece que será el final de mi historia como héroe.
("Al menos, logré salvarlos")
Mire nuevamente a la familia de semihumanos que había rescatado por segunda vez, y que parecían estar hablando con uno de los soldados, explicándole que yo los había ayudado. El soldado se dio vuelta antes de que terminaran de hablar y se dirigió al que parecía ser su jefe, preguntando.
"Capitán, por su acento parecen ser provenientes de Siltvelt. ¿Qué hacemos con ellos?"
"¿De Siltvelt?"
El soldado miro en mi dirección una vez para asegurarse de que me tenían sostenido y luego ordenó.
"¡Soldados, preparen los arcos!"
Por un momento pensé que el capitán había encontrado algún monstruo que debían abatir, pero eso fue ingenuo de mi parte. Por otro lado, tampoco tenía forma de adivinar lo que iba a pasar. No, más bien era que no quería considerarlo como opción.
Los soldados cargaron flechas en sus arcos y apuntaron hacia la familia de semihumanos. Tensaron los arcos en lo que para mí yo incrédulo se sintió como un minuto entero, y…
"¡Disparen!"
…liberaron las flechas.
Intentando cubrir a su esposa e hijo, el padre dio la espalda a las flechas y uso su cuerpo como escudo. La mujer hizo lo mismo, cubriendo a su hijo en aquellos lugares que el padre no alcanzó a cubrir.
Desde su posición, Motoyasu no podía saber si aunque sea el niño estaba bien, pero a simple vista podía decirlo. Esos dos no iban a sobrevivir a menos el propio Naofumi y su habilidad como curandero se acercara con una medicina del más alto grado.
Pero la realidad no era tan conveniente, y el capitán ordeno una segunda ronda de flechas.
"¡Detente! ¿¡Que crees que estás haciendo!?"
"Hmph, cierra la boca escoria."
"¡Se supone que son soldados que deberían proteger a la gente de las olas!"
"Estos no son gente. Son meras pestes de Silltvelt, no muy diferentes de los propios monstruos de las olas."
"Que… ah…"
Había demasiado en mi mente como para formular una respuesta clara. Pero si no hacía nada iban a terminar de matarlos.
Odiaba al capitán.
Odiaba a los soldados que obedecían las órdenes.
Odiaba toda la situación que parecía querer quitarme mi última buena acción.
Quería que se detuvieran, o que alguien los detuviera.
Pero la realidad no era tan conveniente.
No había mucho que pudiera hacer, pero podía cambiar mi lanza con el menú, y podía retorcerme para hacer que la lanza toque el suelo.
Y tenía precisamente una habilidad que funcionaba si cumplía con esos dos puntos.
Mientras los arqueros tomaban su segunda flecha, cambie mi lanza por la lanza de la pereza, y desde el suelo rodé un poco para hacer que la punta se enterrara al menos un centímetro en el suelo.
Con eso me bastaba.
"¡Lecho de espinas!"
Un círculo oscuro se formó a mi alrededor y cubrió el suelo a diez metros a la redonda. Un segundo después, docenas y hasta cientos de espinas de hasta 15 cm de altura salieron del suelo y se clavaron en los pies de los soldados.
Lecho de espinas era la mayor habilidad disponible para mi lanza de la pereza, y me permitía llenar un área con espinas que brotarían del suelo. Por sí mismas no causaban mucho daño, pero su principal función era que compartían la característica de drenado de energía de la lanza, por lo que un roce sería suficiente para debilitar a un oponente, lo cual le dificultaría el escape y se mantendría perdiendo energía.
Perdería los pocos SP que me quedaban, pero era mejor usarlos ahora que dejar que dispararan otra vez.
Las quejas y gritos de sorpresa y dolor no tardaron en volverse quejidos de debilidad, con algunos soldados cayendo de rodillas o de espaldas. Esto por supuesto hizo que entraran en contacto con más espinas, de modo que incluso los nuevos quejidos se fueron silenciando.
Apenas vi que el ultimo de los soldados en pie caía, deshice el lecho de espinas para evitar matar a nadie. Incluso si su forma de pensar estaba podrida, e hirió a inocentes, yo mismo todavía no estaba dispuesto a matar a una persona.
Aun esposado me asta estar sobre mis rodillas y vi a los semihumanos que afortunadamente habían quedado fuera del rango de mi ataque. El niño parecía estar bien, en silencio, pero sus padres no se movían. Apretando los dientes mire a mi alrededor para asegurarme de que ningún soldado pudiera levantarse, a la vez que confirme que no habían muerto.
"Cof, coff. Tu… maldito…"
"¿Aun sigues consciente?"
Cerca mío el capitán todavía seguía despierto. Viéndolo mejor, podía notar que su nivel era el más alto del grupo de soldados, por lo que tenia sentido que aguantase incluso si estaba tan dentro del área del lecho de espinas. Me miró con odio mientras me juzgaba.
"Esto no se quedará así. Por atacarnos a nosotros, orgullosos soldados de Melromarc, definitivamente recibirás un castigo que…"
"¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!"
No fui yo quien lo interrumpió, sino alguien más. la única otra persona que seguía consciente en toda esta situación. El niño perro se había levantado gritando, pero mas importante que eso, llevaba en sus manos un trozo del carro, una tabla alargada y de aspecto pesado de poco menos de un metro de largo.
Y balanceando esa tabla sobre su cabeza, la bajo con fuerza hacia el rostro del soldado.
"… ¿eh?"
"¡Waahhhhh! ¡Ahhhhhh! ¡Waahhhhhhaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!"
Un golpe no le basto. La escena era muy repentina como para que pudiera reaccionar rápido, pero cuando entendí la situación, arrastre mis piernas para saltar en medio. Recibí entonces un golpe de la tabla pesada en mi espalda.
"¡Gahh!"
"… quítate."
"E-espera un minuto…"
"¡Quítate!"
"¿Qué resolverá esto?"
Podía entender sus sentimientos. Perdió a sus padres por la orden de este soldado y quería venganza, pero eso no resolvería nada. Similar a como el Rey busco vengarse de mi por dejar morir a su hija.
"¡Ya sé que no resolverá nada, pero…! Siempre es así aquí. Desde que llegamos, antes de que nos ayudaras, cuando nos ayudaste, después de eso y ahora mismo, ¡los soldados de aquí nos miran como si fuéramos menos! ¿Acaso no puedo pelear contra eso? ¿¡Que otra cosa se supone que haga!?"
No. No podía entender sus sentimientos. Ni los suyos ni los del Rey.
Lo único que podía hacer en ese momento, era reconocerlo…
"Lo siento."
"No lo digas."
"Lo siento."
…y disculparse. Por no ser un héroe por al menos un minuto más. por haber perdido tanto tiempo huyendo de la realidad. Por fallar al proteger a alguien importante. Por nunca haber prestado atención en donde hacía falta ser héroe.
Incluso si era egoísta hacerlo ahora con solo una persona oyéndolo.
PUNTO DE VISTA DE NAOFUMI
Por lo visto, nunca dejaré de sorprenderme en este mundo.
El objetivo de enfrentar las olas de la calamidad es derrotar al jefe y hacer que la brecha dimensional de la que salen monstruos se cierre, y la situación era una en la que había un esqueleto pirata, sobre un barco pirata, mientras un Kraken atacaba a un lado, y en lugar de ponerse de acuerdo, Ren luchaba contra el esqueleto pirata e Itsuki disparaba al barco. Motoyasu no estaba en ningún lado, pero probablemente el estaría haciendo algo como luchar contra el Kraken en lugar de apoyar a los otros.
Como sea, cuando llegué puse algo de orden en el combate, encontré al verdadero jefe escondiéndose en las sombras, y viendo que los otros no podían seguirle el paso tuve que derrotarlo yo mismo con el poder del escudo maldito.
Cuando la doncella de hierro se abrió, el jefe cayó muerto fuera del barco, pero eso solo era el comienzo.
Tras vencer al jefe, un segundo jefe apareció de la nada, y de forma tan repentina como el segundo jefe apareció, una mujer con abanicos destruyó al jefe en un instante antes de presentarse como una nueva enemiga. Enemiga hacia mí por lo visto, pues solo buscaba a los héroes y ni Ren ni Itsuki cumplían con su idea de lo que era un héroe. Ja, si supiera el estado del héroe que falta…
Debido a mi agotamiento, usé una poción de recuperación que tomé de uno de los hombres de Itsuki, usé mis escudos defensivos y de ataque, di órdenes a Filo y Raphtalia, usé el escudo de la ira, y nuevamente activé a la doncella de hierro.
Aun así, nada funcionó. Ella venció todos nuestros intentos de siquiera hacerle daño, por lo que al final tuvimos que escapar, defendiéndonos de sus ataques a distancia y alejándonos. La ola terminó un minuto después de escapar, y en base a la falta de ataques, asumimos que ella se fue con la ola.
"Simplemente, qué se supone que es ella…"
Se presentó con el nombre de Glass, llevaba abanicos con gemas similares a las armas sagradas, y buscó atacarme específicamente sin prestar atención a los demás, aunque a la vez asegurándose de no atacarlos por error.
¿Era realmente parte de la ola? ¿O acaso es algo más?
PUNTO DE VISTA DE MOTOYASU
Media hora paso desde mi disculpa, y durante ese tiempo no nos hablamos. Luego de alejarse, vi al niño usar el trozo de tabla para escarbar en el suelo, y sin necesidad de palabras, entendí lo que trataba de hacer. Con algunas dificultades al principio logré librarme de los grilletes usando mi lanza luego de regresarla a una forma normal, y cambiándola de forma a una con la punta más ancha, empecé a escarbar y cavar en la tierra también.
El ataque de los soldados había provocado la muerte de los padres del chico, y también había herido gravemente a uno de los dos filoriales, por lo que probablemente no se salvaría. Con solo un filorial restante, la posibilidad de llevarlos a ambos a algún otro lugar para darles un entierro digno era escasa, por lo que simplemente cavamos allí en un terreno baldío, y tras enterrarlos juntos, el chico coloco un par de palos de pie.
Yo por mi parte solo me quede en pie, echando algunos vistazos a los soldados caídos mientras mi consciencia me recordaba lo que había ocurrido antes.
Mi habilidad había debilitado a los guardias, pero no los había matado. El capitán incluso había logrado mantenerse despierto.
Pero el niño lo había atacado. En condiciones normales difícilmente hubiera logrado algo mas que lastimar su nariz un poco, dado el absurdo valor que las estadísticas tienen en este mundo, pero estando debilitado la cosa había sido diferente. Pude ver luego de que el niño se hubiera calmado que el HP del capitán había llegado a 0.
El niño perro lo había matado. Y yo lo había permitido, e incluso ayudado a que pasase.
Olvidémonos de recuperar mi honor o ser un héroe, ya no podía considerarme humano.
Pero si yo me sentía así ahora, ese niño perro ahora silencioso definitivamente debía estar en peor condición. No hacia falta pensarlo para entenderlo.
Lo había salvado por impulso más de una vez, pero ahora ya no había nada que pudiera hacer por él. Nada, excepto por algo que uno de los soldados había mencionado.
Esta sería mi último intento de ayudar, después simplemente iría al castillo de Melromarc a buscarle un fin a todo.
"Niño… te llevaré de vuelta a Silvelt, ¿está bien?"
El niño perro movió ligeramente su cabeza en mi dirección, pero sin llegar a hacer contacto visual, y asintió levemente con la cabeza.
Como si señalase el final de este desastroso día, el cielo volvió a un color normal, señal de que la ola había finalizado. Cubrí el cuerpo inerte del capitán de los soldados con una lona que saqué del carro, empacamos algunas provisiones y objetos de valor, nos subimos al filorial que quedaba y los dos nos marchamos de ahí.
Y bueno, así es como son las cosas ahora. Siendo completamente franco, mi idea original tenía detalles que a medida que seguía con esto más difícil me eran de introducir a la historia. Sumándole a eso que con el final de capitulo original me quedaba por hacer un capítulo 6 que hasta a mi me aburria escribir (motivo por el cual han pasado casi 4 meses) estaba realmente estancado con la historia.
Lo que es más, mientras pensaba al respecto se me ocurrió ese giro de eventos que hice al final del capítulo, tras el encuentro con Glass, y que de paso ayudaría a mostrar otra de las habilidades de la lanza maldita al mismo tiempo que Naofumi mostraba algunas de las habilidades de su escudo maldito. Entre eso y que estaba algo perdido con el rumbo de la historia, decidí rehacer la conclusión de la ola para Motoyasu.
En cuanto a los que no hayan leído la primera versión de este capítulo, el resumen es que tras salvar a la familia estos le entregan a Motoyasu un filorial para que escape él solo mientras empieza a considerar que quizás todavía podría tener alguna chance de ser héroe. El final del capitulo entonces mostraria que el filorial se volvio en versión hipercrecida, por lo que los siguientes capitulos mostrarian como Motoyasu pasaba el rato con el filorial... mientras los demas heroes empezaban lo que se supone que pasa durante el volumen 4. O sea, me fue imposible hacer otro reencuentro en condiciones si no dearrollaba mas a Motoyasu.
Lo que ya tenia escrito como capitulo 6 ayudará a formar el capitulo 7, pero el 6 si será nuevo.
