Shintai#0
Este oneshot es la secuela de "Entre el pecado y el castigo"
Ser la asistente de un espectro es algo que le aterraba al principio si era ella honesta.
La idea de estar unida a una entidad que le podía ordenar cometer actos inhumanos por el precio de su vida, era algo que temía con todo su ser.
Pero no podía retractarse, no cuando era Natsuhiko era el responsable de salvarle la vida y el principal afectado en todo esto.
No sabe lo que hizo, pero sabe que no fue bueno si las miradas que le daba su compañero Minamoto era un ejemplo. Natsuhiko siempre había sido misterioso y víctima de varios rumores a causa que su madre trabajaba como chaman desde hace años.
Ahora piensa que esos rumores no estaban tan lejos de la realidad.
Sin embargo, el demonio tan pronto hizo el trato, él se fue de sus vidas. Al principio pensó que se encontraba esparciendo caos en el mundo, pero lo encontró una semana después con bolsas de basura.
¿Acaso eran partes humanas? Pensó al verlas, pero se vio incorrecto cuando el chico le mostro el interior de la bolsa con ayuda de los hitodamas negros que lo acompañaban.
Después ella en compañía de Natsuhiko descubrieron que él se escondía en el sótano de la escuela.
Pero aparte de limpiar el viejo salón o amontonar sillas en los pasillos, él no hace mucho la verdad.
Y eso, aunque suene raro, le brinda un sentimiento confortable.
- ¿Volverás dormir, Amane? – Le pregunto Sakura al notar que se dirigía al sofá.
A pesar que no necesitaba dormir para recomponer fuerzas.
A Amane parecía gustarle mucho dormir.
- …Solo tomare una siesta – Murmuro en voz baja, pero lo suficiente alta para que ella lo escuchara.
Y sin más, el fantasma se recostó en posición fetal sobre el viejo sofá.
Había estado decorando el salón con los muebles que encontraba en la costa lejana, para hacerlo más parecido a un hogar, pero evitando que se parezca a la casa en donde paso tanto años de su vida como en su muerte.
Mañana volvería a reordenar todo el salón.
Ahora solo quería dormir, cuando estaba atrapado en el límite de su hermano él había descubierto un método para pasar más rápido el tiempo. Lo único que tenía que hacer era fingir estar enfermo, dormir todo el día y antes que su hermano llegara al departamento, se suicidaría para después repetir lo mismo.
No tardó mucho en dormirse.
- ¡Mira lo que tengo, señorita! – La mención de su apodo le hizo desviar su mirada de los libros de astronomía para prestarle atención al rostro emocionado de su kouhai.
En sus manos tenia sostenido al menos cuatro cajas de diferentes tamaños de estrellas fosforescentes para el techo.
- ¿Es para Amane-kun? – No pudo evitar preguntar por curiosidad.
Lo cual era innecesario ya que el pelinegro era el único de los tres que le interesaba la astronomía.
- Es un premio por no volver a apuñalarse esta semana – Dijo Natsuhiko con orgullo, como si se tratara de un padre que se enorgullecía que su hijo dejara las drogas.
Lo cual sería admirable si no fuese el contexto de la situación.
Amane odia que se repitan las cosas o se mantenga por cierto tiempo.
Lo que era molesto en ocasiones ya que todos los días Amane cambiaba de su lugar los muebles y sus cosas para colocarlos en lugares al azar.
Aún recuerda que el día que se cortó la garganta, fue a causa de ellos que sin saber lo que pasaría, reordenaron las cosas del salón al lugar del día anterior sin molestar a Amane que se encontraba tomando una siesta sobre el viejo sillón.
La mirada en su rostro al despertar era difícil de olvidar.
El horror de ver las cosas en su sitio y la mala fortuna de que ellos estaban conversando de algo que habían retomado del día anterior fue la gota que derramo el vaso.
(- ¡Oh, pequeño!, ya despertaste, ¿quieres algo… ¡QUE ESTÁS HACIENDO! –
- ¡Amane-kun deja ese cuchillo! –
Pero parecía no escuchar y siguió empeñándose en enterrar el cuchillo en su garganta, a pesar que Natsuhiko estaba detrás suyo intentando pararlo).
¿Qué tan roto debe estar una persona para querer suicidarse por que las cosas permanecieron sin cambios?
Nunca creyó que se estaría preocupando por un demonio, pero Amane había demostrado que no dañaría a nadie en su estancia a la orilla cercana.
A veces dudaba de la descripción de su rumor, un demonio poderoso y sin sentimientos que te concedería cualquier deseo a cambio de tomar el doble como pago, esa descripción no encajaba con el Amane que ella conocía.
- Incluso he imprimido algunas fotografías de constelaciones de internet para ayudarnos a guiarnos en su instalación – Intento calmar la tensión Natsuhiko mostrándole una carpeta llena de impresiones de constelaciones a color como en blanco y negro.
Parecía divertido.
- Solo déjame pedir prestados algunos libros y los ayudare a colocar las estrellas en el salón – Dijo Sakura en lo que se decidía que libros agarrar. – Mientras puedes adelantarte, de todos modos, nos llevara un tiempo medir la habitación para calcular la distancia de las constelaciones -
Sus gustos eran variados, pero la mayoría del tiempo solo leería novelas o libros de investigaciones para pasar el tiempo. Ahora con Amane en la lista, se tomaba el tiempo de elegir que libros de astronomía le gustaría leer el chico.
Al final eligió dos novelas para ella y un libro sobre el espacio para el pelinegro.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia el bibliotecario para pedir prestados los libros, en el trayecto varios alumnos voltearon para sí mismos y comenzaron a murmurar entre ellos.
De seguro hablaban sobre ella y lo que paso hace unos meses.
Después de todo, no cualquiera es atacado a cuchilladas por su propia madre dentro de la academia.
- ¡Ah, Nanamine-san! Estas aquí para volver a llevarte otros libros – Una voz mansa le hizo volver a la realidad.
Últimamente eso sucedía a menudo.
No es normal que se distraiga mucho en sus pensamientos.
- Buenas tardes, Tsuchigomori-sensei – Saludo con educación a su maestro de ciencias.
El bibliotecario y también maestro de secundaria, era un hombre de mediana edad de cabellos negro puntiagudo con largos flecos blancos y ojos morados. Y vestía una bata blanca con un suéter morado debajo con pantalones negros y anteojos dorados.
A pesar que era un nuevo maestro en este ciclo escolar, él parecía saber mucho de la escuela ya que nunca lo había visto perderse en las instalaciones.
- Hoy es jueves, así que puedes regresarlos el lunes – Dijo Tsuchigomori anotando los nombres de los libros.
Todos sabían que, si tomabas prestado un libro de la biblioteca de la escuela, el tiempo de devolución era de tres días, pero ella siempre los pedía prestados los jueves para tenerlos un día más.
Cuando el maestro llego al tercer libro, se detuvo momentáneamente para leer el titulo para luego seguir haciendo su trabajo.
- ¿No sabía que estabas interesada en la astronomía? – Comento con tranquilidad Tsuchigomori terminando de apuntar los nombres de los libros junto con el de ella.
- Solo es algo que me llamo la atención – Mintió sin problema a su maestro.
No había forma que le dijera que el libro no era para ella, sino para el fantasma que se encargaba de que siguiera con vida.
Una sutil pero triste sonrisa dejo escapar el maestro antes de despedir a la chica.
Sakura busco con la mirada a Natsuhiko y no le tomo mucho tiempo encontrarlo en los estándares de libros del género de terror.
Los dos charlaron un rato y luego se dirigieron al sótano del colegio.
Sin notar que unos ojos morados vigilaban a la peliverde hasta que ella salió de la biblioteca en compañía de Hyuuga-san.
*Timbre* *Timbre*
El timbre de su alarma le hizo rodar un poco sobre las sabanas de su cama antes de que se decidiera ya despertarse.
Sakura con pereza salió del refugio y calor que le brindaba su edredón para apagar el despertador de su celular.
Eran las 6:45 a.m. del 8 de abril de 20xx, eso era lo que marcaba su teléfono.
Su primer día de clases y su último año de preparatoria, era lo que estaba escrito en su calendario de su pared.
Con indiferencia se volvió a acostarse para dormir unos quince minutos más de sueño.
No paso mucho para que se levantara de la cama con frustración.
Le había prometido a Amane-kun pasar a verlo temprano en la mañana, antes de que comenzara las clases.
Así que se apresuró en vestirse y arreglarse para después prepararse el desayuno.
Aun lado de la habitación, más concreto en el espejo de cuerpo completo que se hallaba a un lado del armario, se reflejaba a Sakura cambiándose y con eso el reflejo de las múltiples cicatrices en su pecho.
- Parece que no tuviste problemas para dormir, Sakura-chan – Le saludo su abuela tan pronto como la vio bajar por las escaleras. – Ya he hecho el desayuno, come todo lo que puedas antes de irte a la escuela –
- Muchas gracias, obaa-chan – Le agradeció por la comida y se dispuso a desayunar.
Ha estado viviendo con sus abuelos desde el intento de asesinato contra su propia madre, eso fue hace cinco años y su madre ahora estaba en una cárcel psiquiatra luego que le diagnosticara depresión severa.
Sus abuelos maternos al enterarse lo que había hecho su hija, ellos hicieron hasta lo imposible para tener su custodia. Lo que fue más fácil de lo que ellos pensaron, no sabía quién era su padre así que no hubo reclamos del lado de su otro progenitor.
Desde que tenía memoria siempre había sido su madre y ella.
Una madre soltera que trabajaba a tiempo completo para mantener a su única hija, pero sin que nadie se percatara, ella empezó a sentirse presionada por las críticas de los demás por ser madre soltera y las múltiples relaciones que fracasaron tan pronto como se enteraban que tenía una hija.
Pero eso no era justificación por lo que hizo.
Por lo que ahora vivía con sus abuelos, su abuela era una enfermera pensionada y su abuelo tenía una tienda de antigüedades que le ayudaba con los gastos de la casa.
Fue gracias a ellos, Natsuhiko y Amane que ha podido sobrellevar el incidente.
Su desayuno paso entre elogios y cortas conversaciones con su abuela antes que se retirara para irse a la escuela.
Con sigilo se escabullo al sótano y con mucho cuidado de no ser golpeada por la gran montaña de pupitres que estorbaban el pasillo al único salón del sótano, avanzo hasta quedar enfrente de una puerta que tenía un letrero de advertencia de no entrar.
Contrarrestando por completo la alfombra de bienvenido y las macetas de cada lado de la puerta que le daba un aspecto hogareño.
Al entrar al cuarto se preparó para ser recibida por el inquilino del lugar, el cual no tardó mucho en hacerlo.
- ¡Nanamine! – Grito de alegría Amane al verla y no dudo en volar hacia ella para abrazarla.
- Buenos días, Amane-kun – Le devolvió el saludo al manojo de brazos y piernas.
Cuando el pelinegro estuvo satisfecho con el abrazo, desenvolvió sus piernas de su cintura y con cuidado se bajó de ella.
Algo que no era necesario si contamos que el pelinegro no pesaba nada si lo quería y podía volar.
- ¿Aun no viene Natsuhiko? – Le pregunto al otro mientras se dirigía al perchero cerca de la puerta para dejar su mochila.
En los cinco años que se conocían, mismo tiempo en que se adueñaron del viejo salón de transmisiones, hubo muchos cambios notorios en su escondite.
No solo Amane pudo vincular el salón con un límite, sino que logro traer varios muebles para decorar la habitación, como las luces de hada que colgaban del techo junto con las estrellas fosforescentes para el techo y las diferentes alfombras de peluche de piel que yacían en el piso.
No contaban con sofás porque eran demasiados grandes para pasar en la estrecha grieta que conectaba la orilla lejana en el salón, pero al parecer eso no fue problema para Amane que pudo traer de una pieza un kotatsu futon a la guarida.
Incluso el kotatsu contaba con una parrilla.
Aun no entiende como el pelinegro pudo encontrar tantas cosas en un lugar.
Otro cambio fue que, en un lado del salón, había un librero lleno de libros viejos y revistas de moda para que pasaran el tiempo y que cada superficie del salón estaba decorada con figuritas de cerámica junto con varias macetas de plantas.
Algo que fue de gran ayuda para que Amane no estuviese cambiando cada rato el orden de los muebles, pero el chico aún conservaba su miedo de que las cosas se repitan.
Aunque Natsuhiko tuvo la idea que Amane podía cambiar su vestuario en algo diferente todos los días. Como ahora, el espectro vestía una camisa occidental blanca con un kimono negro encima.
Poco a poco, todos se estaban acomodando en esta rutina.
Inevitablemente, nadie quería que eso cambiara.
Entonces, hubo un cambio que nadie espero que sucediera.
A tan solo tres meses desde que comenzó el ciclo escolar paso algo que puso de nervios a Amane.
El misterio número siete se había conseguido una asistente humana.
- Vamos pequeño, sal de ahí – Hablo con nerviosismo Natsuhiko. A su lado yacía Sakura igual de nerviosa que él.
Con delicadeza sacudió al burrito humano que tenia de amigo.
No sabe cómo se enteró, pero desde que Amane llego al salón temblando, lo único que ha hecho es enrollarse entre las sabanas hasta quedar hecho un burrito mexicano de sabanas.
Y nada lo hacía querer salir de ese estado.
- ¡No quiero volver! ¡Prefiero desaparecer que volver! – Grito desde el montón de sabanas que lo cubría.
Amane quería gritar, llorar e incluso vomitar con tan solo recordar como era su vida en ese infierno.
Morir una infinidad de veces hasta un punto que pensó que morir era una salida.
Te equivocas, entonces mueres.
Incluso estar atrapado en ese límite, él nunca se atrevió a lastimar a ningún kenzoku del límite de su hermano, a excepción de cuando estrangulo a su falso hermano cuando descubrió que era un yorishiro.
Él era el único que saldría herido o asesinado en ese lugar.
Y ahora que su hermanito tenía una asistente, por lo que había una posibilidad de que él fuese descubierto y seria arrastrado en contra de su voluntad para volver a su sitio.
No importa cuánto implorara o gritara por clemencia.
Porque el yorishiro del líder de los sietes misterios no podía estar dando vueltas en el mundo humano sin la posibilidad que fuese destruido para atacar y debilitar a su hermano.
Porque un asesino como él no merecía la libertad que tiene desde que fue invocado.
Antes que volviese a caer en su desesperación y automáticamente invocara su cuchillo para suicidarse, Amane sintió como era abrazado por un par de brazos fuertes.
No era como los abrazos que le daba su falso hermano en el límite.
Se sentía… protegido.
- No dejare que el No.7 te arrastre a lo que sea que temas – Asegura Natsuhiko abrazando con un poco más de fuerza al burrito de mantas que cubría su amigo. – Primero tendrá que pasar sobre mí para atreverse en tocarte –
- También tendrá que pasar sobre mí – Agrego Sakura poniendo su mano sobre donde debería estar la cabeza del fantasma.
Esperaba que ellos fuesen suficiente para tranquilizarlo.
El pelirrojo dudo un rato en hablar, hasta que tomo valentía sobre lo que iba a decir.
- Hay una casa que dicen que esta embrujada desde hace años – Dejo de hablar un rato al notar que el burrito de mantas se estremecía en sus brazos, cuando ya estuvo más relajado siguió hablando acerca de su plan. – No me se la historia de la casa, pero puedo decirte que el precio es muy bajo comparando al tamaño del terreno. Así que he pensado en ahorrar para comprarlo y cuando lo haga, tu vendrías conmigo –
- Y yo los visitaría tantas veces quieras, Amane-kun – Sugirió la peli verde. – Y cada vez que vaya a visitarlos, traeré las donas que tanto te gusta comer -
Sus ojos se ensancharon al escucharlos.
¿Ellos quería… estar con él?
Había pensado que ellos se olvidarían de él, tan pronto como se graduaran de la academia.
Viviría solo y aislado hasta que los dos ya no estuvieran presentes en la costa cercana, pero resulta que ellos aun querían estar con él.
- Solo imagina, tendrías un cuarto para ti solo, incluso podrías embrujarlo y para Halloween podríamos asustar a los vecinos – Siguió hablando de cualquier cosa para distraerlo. – Incluso podríamos invitar a la señorita para quedarse a dormir, aunque creo que ella solo vendría a regañarnos –
- Solo los regaño como la vez que intentaron hacer sopa de dulces para los mokkes y terminaron provocando un incendio – Reprocho Sakura al recordar que esos dos no eran tan diferentes a un niño de cinco años.
Una risa salió de las mantas y les impulso a seguir hablando.
- Hasta tendríamos un gato y un cuarto para él, solo imagina una versión del paraíso de los felinos en una habitación y el gato lo llamaríamos…. –
- ¡Mandarina! – Exclamo Amane dejando salir su cabeza del montón de mantas que lo cubría.
El pelirrojo sonrió de lado y se entusiasmó con la idea.
- ¡Es perfecto! Sirve para cualquier género –
- Jajajajaja –
Los tres se rieron un rato y siguieron conversando ideas para el futuro.
Un futuro lejos de los sietes misterios y su hermano.
No aguantaba las ganas de que el tiempo avanzara más rápido.
…
Curiosidad que temo#0
La historia de Sakura es un poco triste, su madre intento asesinarla en los terrenos de la escuela para deshacerse de ella y rehacer su vida desde cero. Incluso tenía una coartada para la hora en que la ataco.
Pero no contaba que Natsuhiko siempre observaba a su señorita de lejos y presencio el evento. La razón de porque lo observa lo integrare en otra continuación, como la historia de fondo de Natsuhiko.
Solo diré que como Natsuhiko posee sangre chaman, (Se menciona que es de parte de su madre en el principio) logra invocar a Amane y este le salva la vida. Más tarde, llama a los maestros que estaban aún en la escuela para traer una ambulancia y a la policía.
* Los chamanes creen lograrlo contactando con el mundo de los espíritus y formando una relación especial con ellos.
Otro dato es que Amane sufre de depresión, razón por la cual duerme tanto. También ya hemos visto que Hanako-kun puede cambiar su ropa a voluntad, por lo que Amane usa ese poder para vestir diferentes conjuntos de ropa todos los días con ayuda de sus kokujoudai.
Quise tanto agregar otras escenas, como Tsukasa conoce a Yashiro, cuando enfrenta a los hermanos Minamoto y el cambio de historia de Mitsuba. Sin embargo, eso le dejare a decisión de ustedes que lo escriba.
