Nada de lo que investigó y leyó respecto al embarazo le gustó o lo convenció del todo. Pero ciertamente, fue de ayuda y le dio una idea más clara de lo que se trataba.
Y sinceramente, era abrumador. Tanto para la mujer como para la pareja de esta; pues no sólo se trataban de cambios corporales, antojos y cambios repentinos de ánimo.
También había cambios emocionales y psicológicos en la mujer. Que debía aceptar que ahora sería una madre y ya no una hija, y ya no sólo tendría ver por ella misma sino por dos; y no sólo eso, también estaba el riesgo de que luego del parto, la ahora madre cayera en depresión o no lograra conectar o formar un lazo con el bebé.
Que si bien, no todas las mujeres lo padecían, nunca debía descartarse la posibilidad.
Y honestamente hablando, no le daba miedo en absoluto los repentinos antojos que Mikey pudiese llegar a tener así como los repentinos cambios de humor.
Lo que le generaba temor, era que Mikey no pudiese evitar rechazar a su hijo luego del parto. Además de que pudiese caer nuevamente en la depresión y esta vez, no recuperarse; porque Mikey había perdido a personas importantes en su vida, a su hermano mayor, a Baji, a Emma y con la edad, a su abuelo que también fungió como una figura paterna.
Aunque muy seguramente, Shin'ichiro fue más un padre para él que un hermano.
Sin contar que a él lo abandonaron en un burdel cuando apenas era un bebé, y aunque cariño no le faltó gracias a las prostitutas que lo cuidaron y en sí, criaron, pues una figura paterna y maternal como tal, nunca tuvo.
Al igual que los hermanos Sano.
Suspiró, apretándose el puente de la nariz, buscando calmar sus ansias y miedos. Ordenándose a sí mismo a mantener la calma, como siempre lo había hecho y acomodar sus pensamientos que se convirtieron en preguntas paulatinamente.
Dudas como: ¿De verdad podré lidiar con el embarazo de Mikey? ¿Podré darle el apoyo y soporte que necesita? ¿Seré buen padre realmente? ¿Nacerán bien? ¿Mikey estará bien? ¿Cómo será el parto: por cesárea o natural? ¿A quién se van a parecer? ¿Serán rubios como Mikey o cómo yo? ¿Heredarán su fuerza o mi altura?
Las últimas tres preguntas le hicieron sonreír enternecido, tratando de imaginar a un pequeño niño rubio o una pequeña niña rubia con las características de Mikey o las suyas. O sino, una mezcla de ambos.
Cualquiera que fuera el resultado, estaba seguro que ese pequeño que todavía no nacía, ya tenía su corazón.
Porque los Sano, eran excelentes entrando en su corazón como si fuese su casa. No contando que tanto Emma como Mikey le habían amado profundamente tal cual era. Y él había hecho lo mismo.
Suspiró levemente, volviendo a enfocar su atención en la búsqueda de información que estaba realizando en lo que Mikey dormitaba en su regazo luego de comer como usualmente sucedía en antaño y que realmente no le sorprendió. Más tarde le pondría al tanto con la información que encontró.
Y lo que le faltaba después de eso, era empezar a calcular los gastos que un bebé traería que seguramente, pocos no serían; aunque eso lo vería más tarde con Manjiro, pues ahora tenía que investigar sobre la depresión en el embarazo y cómo esta afectaba.
Sobre todo, cuando la mamá antes del embarazo ya estaba tomando un tratamiento.
Y nuevamente, lo que encontró no le gustó e incluso, le hizo replantearse bien la idea del bebé. Pues en los artículos que leía, recalcaban y hacían énfasis en que el estado de ánimo de la madre afectaba en la gestación y por consiguiente al bebé; que la depresión en el embarazo, podía provocar un parto prematuro, que el bebé pesara poco o sencillamente un aborto.
Además de mencionar en uno de los artículos que, si la mamá estaba tomando tratamiento previo al embarazo, este no debía interrumpirse. Y que lo mejor, sería consultarlo con tu especialista.
Esta vez no pudo evitar suspirar sonoramente, el tema era jodidamente delicado. Y no sólo eso era el tema con respecto a la depresión, sino también lo sensibles que se ponían las mujeres embarazadas y todos los cuidados que se debían tomar a considerar.
Aunque se tratara de Mikey y que encima, se trataba de un hombre… Aunque lo más seguro es que los síntomas y de más cosas que leyó e investigó, fuesen igual.
Definitivamente, no era algo a lo que sólo podía decir Sí. Pero no iba a arrepentirse, hallaría la forma de sobrellevar esta situación y no dejaría solo a su novio en esto; pues si en antaño se enfrentaron a varias pandillas y rivales más fuertes o grandes que ambos, ellos también podrían con esto.
Acarició los cabellos de Manjiro con suavidad, pensando en los grandes cambios que tener un bebé implicaría.
