Hola! Espero que hayan disfrutado del prólogo y se animen a leer mi historia. No tengo nada más que decir así que, aquí el primer capítulo.

CAPITULO 1

Amanecía en Berk, los pájaros cantaban y los Terribles Terrores hacían su intento de cantar. En la casa de la colina más alta, se encontraba dormido un joven vikingo de cabello castaño-rojizo y ojos verde bosque. Frente a él se encontraba dormido un dragón negro como la noche, que al escuchar los rugidos de los dragones más pequeños, se despertó. Levantándose de su pedazo de roca, se dirigió hacia su jinete para despertarlo. Primero solo fueron ligeros gruñidos, luego algunas lamidas, pero al final, ya frustrado, lo empujó con su cabeza fuera de la cama.

-Ahh! Chimuelo! ¿Qué te sucede?- preguntó el ojiverde sobándose la cabeza.

Su dragón emitió unos sonidos en forma de risa.

-Lagartija inservible.- murmuró Hipo.

Chimuelo empujaba a su jinete para que se levantara, pero este seguía farfullando en el suelo.

-Hipo! ¿Ya te levantaste?- le gritó su padre en la planta baja.

-Si! Ahora bajo.- contestó levantándose finalmente del suelo y haciéndole un ademán a su amigo para que bajaran a desayunar.

Estoico se encontraba sentado en la mesa comiendo una pierna de cordero y una hogaza de pan; Hipo, después de decirle buenos días a su padre, se dirigió al almacén por una cesta de pescados. Cuando entró, inmediatamente tomó la primer cesta llena que encontró, pero cuando la movió, dejó al descubierto la cesta de atrás. Arriba de esta se encontraba una caja pequeña. Al verla, un escalofrío recorrió su espina dorsal, pero su curiosidad pudo con él y se acercó. En la parte de arriba de la caja venía un nombre… su nombre. Hipo sentía que no debía abrirla, pero pensó que probablemente sería una broma de los gemelos o de incluso su primo Patán, pero él sentí que este no era el caso. Con cautela el ojiverde tomó la caja y con manos temblorosas la abrió. Cómo deseo no haberlo hecho.

Dentro había un par de ojos de Terrible Terror. Al verlos soltó un grito ahogado; miedo, confusión e ira se acumulaban en su pecho. ¿Quién en Berk pudo haber hecho esto? Los ojos rodaron ligeramente a un lado, revelando un pedazo de papel.

Hipo lo tomó, esperando que ese papel le dijera quién cometió tal acto. Y tenía razón. Colocando la nota justo donde estaba, Hipo cerró la caja y se dirigió a su casa.

Al entrar, Chimuelo lo miró confundido, su hermano no llevaba consigo su comida. Fue a su encuentro y golpeó con su cabeza un costado de su jinete, quien le dijo:

-Ven Chimuelo.

Estoico observó cómo su hijo subía rápido los escalones y dijo:

-Hipo, ¿no vas a desayunar?

-Ya no tengo hambre papá, que tengas buen día.

-De acuerdo, buen día para ti también.

"Dudo que mi día sea bueno" pensó.

Cuando estuvieron arriba, Chimuelo veía a su jinete detenidamente hasta que se escuchó la puerta principal cerrarse, fue entonces que Hipo tomó cosas de su mesa y empezó a lanzarlas por la habitación con furia, el dragón azabache miró a su hermano con preocupación. Hipo nunca perdía la calma y ahora su cuarto parecía producto de la diversión de los gemelos, todo terminó destruido. Cuando el joven vikingo se calmó un poco, se sentó en la cama y tomó la caja que había dejado en el suelo, para luego pedirle a su amigo que se acercara.

-Amigo, debo mostrarte algo, pero no podemos decirle a nadie.

Después, abrió la caja revelando el horrible contenido. Chimuelo sólo de velos rugió parado en sus patas traseras.

-Chimuelo! Shhh, no hay que alertar a nadie, además eso no es todo.- dijo Hipo tomando la nota.- También está esto.

Chimuelo le prestó atención a su jinete que leyó la nota en voz alta. Esta decía:

Mientras tú y tu Furia Nocturna estén en Berk, nadie estará a salvo. Muchos morirán. Por ti.

Alvin el Traidor

Dagur el Desquiciado

-Lo sé amigo.- dijo Hipo cuando Chimuelo empezó a gruñir.- Esos idiotas, al poner sus nombres, han firmado su sentencia.

En ese momento otra caja entró volando por la ventana, Hipo corrió para ver quien la había lanzado pero no vio nada fuera de lo normal. Con enojo, tomó la caja y la abrió, esta vez había una pata de gronckle bebé, la sangre seguía fresca, y justo como el anterior había otra nota, esta decía:

Sabes quienes somos, pero no podrás encontrarnos. Prepárate, que este es solo el comienzo.

Así pasaron 5 meses, llegaron paquetes para él por manos de sus amigos (A pesar de que Hipo ya sabía quiénes eran los responsables, no querían que el joven capturara al mensajero y lo obligara a decir la ubicación de ambos hombres) quienes le decían que los paquetes aparecían en sus puertas. Todos llevaban exactamente lo mismo: extremidades de dragón con la sangre fresca y nuevas amenazas de Alvin y Dagur.

Hipo tuvo que mentirles a sus amigos y decirles que no era nada importante, pero ellos no eran tontos, siempre que le daban una caja su rostro alegre se volvía serio y frío; sus amigos, en especial una rubia de ojos azules, se preocupaban por él. Hasta Patán y los gemelos se preocupaban por él.

Astrid no se daba por vencida y siempre que se encontraba con Hipo le preguntaba sobre el contenido de las cajas, pero él solo sacudía la cabeza y le hacía prometer que ella nunca abriría una, después daba media vuelta y la dejaba sola.

Una tarde, después de la llegada de otro paquete, Hipo tomó la decisión de que, si quería proteger Berk, debía irse lejos. Hasta hace unos meses, Hipo estaba buscando alguna excusa para irse de Berk, puesto que aún le tenía rencor a su pueblo por como lo trataban antes de los dragones, ahora, con esto, tenía una oportunidad de irse.

Esperó solo unos días más, para no levantar sospechas; tomó varias de sus cosas y montó a Chimuelo. Hipo amaba Berk, por eso no podía permitir que le destruyeran, además estaba seguro de que nadie le extrañaría, después de todo, hasta hace un año nadie se percataba de su presencia. La hipocresía que su pueblo mostró después de la destrucción de la Muerte Roja sólo fue el último empujón que necesitó en su decisión.

Jamás volvería.

Ya no sería un Berkiano, Ya no sería la vergüenza de Estoico, ya no sería un vikingo y mucho menos sería el héroe de Berk. Dándole un último vistazo al lugar que fue su hogar, Hipo se fue, sin mirar atrás.

Nadie volvió a saber de él… hasta 3 años después.