Hola a todos, primero que nada quiero disculparme por no haber actualizado los últimos días, pero bueno hubo un compromiso con la familia.
BuhoOscuro16: Jajaja no sabes cómo me alegra que te haya gustado, y lamento decirte que Dagur será muy cruel (o no lo sé, me lo planteare muy seriamente), y si, si habrá romance, aunque espero no hacerlo tan cursi.
Atzuko-san: Emm, no se si tomármelo bien o mal, espero que bien.
Usuario 865: Pues espero que este capítulo te agrade.
Agradezco a los que han puesto en favoritos esta historia y a los followers. Ojala y les guste este capítulo. Sin más que agregar, disfruten la lectura…
CAPITULO 2
Tres años después de que Hipo se fuera, ataques comenzaron a azotar Berk.
Cada vez eran más constantes y los atacantes no parecían tener intención de parar. En la aldea, el gran jefe Estoico el Vasto, peleaba junto a su mejor amigo, Bocón, contra Alvin y Dagur.
Por razones que Estoico ignora, los marginados y berserkers unieron sus fuerzas y atacaban Berk.
A pesar de que contaban con la ventaja de tener a los dragones, Berk ya no aguantaría más ataques. En cada batalla, tanto Alvin como Dagur gritaban: "¿Dónde está ese cobarde? ¿Dónde te escondes conquistador de dragones? ¿Acaso nos estas desafiando?". Por más que Estoico y los jinetes les digan que Hipo ya tiene años de haberse ido; ambos hombres no lo creían y atacaban con más fervor hasta su retirada.
La noticia de los ataques llegó a todas las islas, tanto cercanas como lejanas, pero una de ellas se interesó más en esto.
En tierras lejanas, más al norte de Berk, se encontraba la isla Eyvind, lugar de los mejores guerreros en el mundo.
El jefe de aquella isla, al enterarse de la situación en Berk, mandó llamar a su hijo y mejor amigo de este y les dijo:
-Les tengo una misión. Deberán ir a una isla del sur, llamada Berk.- el hijo del hombre, al oír el nombre de aquella isla, tensó su cuerpo.- Se ha escuchado que ha habido ataques por parte de los parias y berserkers, tal parece que crearon una alianza. Berk ha sido siempre una isla amiga, por ello les pido que vayan y me informen de la situación. Tomen 4 guerreros más. Partirán al anochecer. Es todo.
El hijo del jefe y su amigo asintieron con la cabeza y le dieron la espalda para irse, cuando salieron uno dijo:
-No quiero ir.
-No tienes opción, tu padre lo ordenó, debiste decirle.- le contestó el otro.
-Lo se Jules, pero quería dejar eso atrás, te lo dije a ti y a los chicos porque confío en ustedes. No sé qué hubiera dicho mi padre.
-Pues cuando estemos allá, tendrás que decirle, él no se quedará tanto tiempo aquí, lo sabes.- le dijo Jules a su mejor amigo y compañero de batalla tomando su hombro.- Ahora vamos por los otros, se acerca el anochecer.
Su compañero asintió y se quedó pensativo todo el camino al centro de entrenamiento.
Esa misma noche 5 dragones surcaron los cielos con destino a Berk.
En Berk, el cielo se tornaba anaranjado y se volvía cada vez más oscuro.
Una joven vikinga rubia de ojos azules, observaba desde un risco tal espectáculo con su dragona y fiel amiga Nadder.
"Han pasado 3 años y aún me pregunto porque te fuiste", pensaba mientras los últimos rayos de sol iluminaban Berk.
A la mañana siguiente, Astrid Hofferson se levantó muy temprano para dar un vuelo matutino con Tormenta, su Nadder Mortífero. Su rutina era exactamente la misma, los mismos giros, piruetas y caídas.
Para cuando regresó a su hogar, sus padres ya habían salido de casa, así que ella, sin perder tiempo, alimentó a su dragón y tomó un desayuno rápido.
Estaba por terminar cuando escucho cómo las personas corrían y gritaban. Astrid se levantó de la mesa y salió de su casa para ver porque tanto alboroto.
Afuera vio como una multitud se dirigía hacia el bosque. Ella observó como Patapez, Patán y los gemelos, Brutacio y Brutilda, también se unían al alboroto. La rubia corrió hacia ellos y pregunto qué estaba pasando.
-No lo sabemos, pero escuchamos que alguien venía del bosque.- respondió Patapez y siguieron caminando.
Cuando se detuvieron, vieron a 6 figuras con túnicas largas y negras caminando hacia el centro de la aldea. Nadie les veía el rostro ya que llevaban puesta la capucha de su túnica.
Todos comenzaron a seguirlos, curiosos por saber quiénes eran y que querían.
En el centro de la plaza se detuvieron frente a Estoico, quien ya se dirigía al bosque para ver que causaba escándalo en su pueblo.
Al ver a los invasores frente a él, Estoico pregunto:
-¿Quiénes son? ¿Qué es lo que quieren?
Uno de ellos dio un paso al frente y dijo:
-No importa quienes somos, lo que queremos es hablar con el jefe.
La figura de en medio se acercó al que habló y le susurró:
-Él es el jefe, idiota.
-Ah… queremos hablar con usted.- dijo de nuevo el primero en hablar.- De preferencia en un lugar privado.
-¿De que querrían hablar ustedes conmigo?- cuestionó Estoico.
-Como dije, hablaremos en un lugar privado.
-Bien, pero primero quítense las capuchas.- replicó el jefe.- No hablaré con alguien al que no veo el rostro.
-Bien.- dijo una voz femenina.- yo primero.- dicho esto, tomó su capucha y reveló una cabellera larga pelirroja y unos ojos ámbar en un rostro delgado y fino.- Mi nombre es Valka.
Después, otra figura se colocó a un lado de Valka y retiró su capucha, dejando al descubierto un rostro masculino con cabello rubio y ojos miel.
-Yo soy Olvir.
-Ahora yo.- dijo otra voz femenina quitándose rápidamente su capucha.
-No, yo.- replicó otra voz haciendo la misma acción que la otra.
La primera era una rubia de ojo azul, muy parecida a Astrid y la segunda era pelinegra con ojos verde esmeralda.
-Soy Camicazi.- dijo la rubia.
-Y yo Heather.- dijo la pelinegra.
-Supongo que yo sigo.- dijo ahora la voz masculina que habló primero. Él era pelinegro con ojos grises.- Mi nombre es Jules.
Estoico esperaba que todos se retiraran sus capuchas, pero uno no hizo el mínimo movimiento.
-¿Y tú?- quiso saber el jefe.- ¿No te dejarás ver?
-Creo que ellos demostraron que no somos una amenaza, no es necesario que yo me deje ver.
Estoico, ya molesto, dio un paso al frente con la intención de intimidar, pero Bocón lo detuvo y le dijo:
-Tiene razón, si quisieran ya hubieran atacado.
-Gracias Bocón.- dijo el encapuchado y después maldijo en voz baja.
-Eh? Cómo sabes…- empezó a decir Bocón.
-Estamos perdiendo tiempo.- interrumpió Jules.- ¿Podemos hablar o no?
-Bien, pero los mantendremos vigilados.- dijo Estoico.- Hablemos en el Gran Recinto.
EN EL GRAN RECINTO
Dentro estaban reunidos los desconocidos, Estoico, Bocón, Patón (el papá de Patán), los jinetes y los padres de los jinetes.
-Hemos venido de Eyvind para ofrecerles ayuda.- empezó a decir el encapuchado.- Nuestra isla y la suya siempre han tenido lazos fuertes; el jefe de nuestra aldea nos ha enviado para informarle la situación en Berk, para así sopesar la ayuda que les brindaremos.
-¿Cómo supieron de los ataques?- preguntó Patapez.
-No es un secreto que los estén atacando. Las noticias vuelan.- dijo el encapuchado.
Todos estaban sentados en una de las mesas, menos los vestidos con túnicas y Astrid, quien observaba atentamente a aquellos jóvenes, ya que uno de ellos tenía algo familiar.
-Entonces su isla está dispuesta a unirse a la nuestra en esta batalla.- resumió Estoico.
-Sí, venimos a ofrecer nuestra ayuda. Como bien sabes, Estoico el Vasto, nuestra isla es la portadora de los mejores guerreros. Sería una tontería que nos rechazaras, pero es su decisión. Tomen nuestra proposición o déjenla.- dijo el encapuchado con arrogancia, haciendo un movimiento con los hombros muy familiar para Astrid.
En eso, un recuerdo llegó a la mente de la rubia: un joven castaño de ojos verdes hablando con ella en el bosque, haciendo exactamente el mismo movimiento.
-Un momento.- dijo ella, avanzando hacia el encapuchado examinándolo.- Tú… te conozco.
Guardo silencio unos segundos, aun acercándosele. Todos los presentes la miraron expectantes.
-¿Hipo?
… ¿Qué les pareció? Bueno, malo, intermedio… Cualquier duda que tengan sobre la historia, no duden en preguntarme.
Prometo no demorarme en actualizar, gracias por leer este fic. Reviews!
Nos leemos pronto.
