Hola, por fin me di mi tiempo para escribir, lamento la tardanza, pero estuve en exámenes y no había tiempo, pero ahora lo hay. Además de que esta ha sido una mala semana, así que llego a mí el capítulo.

Esponja: La verdad, aun no pongo la reacción de Estoico, aún sigue asimilando que Hipo regreso diferente. Gracias por tu apoyo.

Lightscales15: Gracias por tu honestidad y ayuda, que tipo de detalles quisieras que aclare? Me ayudarías mucho.

Gracias a los que me tienen en follow y favorite, sin más aquí el capítulo 6. Disfrútenlo.

CAPITULO 6.

Silencio.

En cuanto Hipo termino de contar su "magnifica y terrible historia" como le decía su hermana, la sala cayó en un frío y perturbador silencio.

Ambos jefes de aldea se encontraban sentados en sillas alrededor del fuego central en el Gran Recinto, e Hipo, junto a los jóvenes vikingos y guerreros, estaban esparcidos por el lugar.

En la mente de los jinetes de dragón pasaban épocas en las cuales maltrataban a Hipo, un sentimiento de culpa florecía en sus pechos. Pero después recordaron como lo vieron luchar contra la Muerte Roja. A pesar del rechazo que sufrió por 15 años, él no dudó en enfrentarse a semejante dragón para protegerlos. Le debían eso y más.

Los guerreros, a pesar de ya conocer la historia, no podían evitar una sonrisa de satisfacción al ver las caras de los vikingos. Reflejaban tanta tristeza y culpa que se alegraron un poco de verlo, pero después pudieron ver las mismas emociones en el rostro de Hipo, pero en este también había dolor. Se confundieron, ¿Por qué había culpa?

Para Estoico, todo lo que escuchó de su único hijo era como una puñalada al corazón. Cómo su pueblo pudo haber sido tan ciego? Como él pudo ser tan ciego? La hipocresía con la que actuaron… Su hijo nunca mereció esto, el merecía algo mejor, y lo encontró lejos de Berk. Estoico sentía en lo más profundo de su alma un dolor sordo, el dolor de la pérdida, porque eso es lo que sucedió, perdió a su hijo, y todo por sus acciones. Cada vez que Hipo le decía papa a Érico, era una bofetada en su rostro.

En la cabeza de Érico, pasaba un pensamiento tras otro. Su brillante hijo adoptivo, hijo de Estoico el Vasto? No era posible. Que aldea rechaza a un joven con tan enorme talento? Había escuchado los rumores de "la pequeña vergüenza de Estoico" pero jamás habría imaginado que ese era Hipo. El muchacho al llegar a Eyvind se rehusó a decirle su procedencia, Berk jamás había aparecido en las sospechas del jefe. Ahora lo tenía frente a él, diciéndole que era hijo del jefe de otra aldea.

Valandi, al ver el rostro de Estoico, no pudo más con su ira y dijo:

-Cómo pudo atreverse a tratar de esa manera a Hipo? Rechazarlo, humillarlo, ignorarlo y todo porque no cumplía sus expectativas de vikingo? Y ustedes.- dijo, mirando a los Berkianos dentro de la sala, pero en especial a los jinetes.- Se atreven a llamarse a sí mismos sus amigos después de todo lo que le hicieron pasar?

-Valandi, cálmate.- rogó Hipo.

Ella al escuchar tal petición guardo silencio abruptamente y miró a Hipo sorprendida.

-Yo perdoné todo lo que me hicieron, es cierto que aun guardaba rencor, pero ahora ya lo he superado, no quería regresar por miedo a sentir ese rencor, pero ahora estoy aquí y no puedo decir que no me alegro de volver a ver mi antiguo hogar.

Todos quedaron pasmados con las palabras de Hipo, los berkianos sin poder creer que los haya defendido y los guerreros no podían dar crédito a lo que oían, a pesar de todo, Hipo los extrañaba.

Érico entendía a su hijo, él había crecido en ese lugar, era lógico que lo extrañara, no podía culparlo.

-Valandi, tu hermano tiene razón, fue decisión de él y sólo de él, pero ahora pertenece a Eyvind, eso no cambiará.

Aquella declaración sobresaltó a Estoico.

-Él pertenece a Berk, es mi heredero.

-Era, Estoico, Hipo ha entrenado, vivido y madurado con nosotros.

-Hablando de entrenamiento.- cortó la discusión Camicazi.- Nosotros no hemos entrenado desde hace días.

-CAMICAZI!- gritaron todos los guerreros.

-Qué?- pregunto ella.

-Tienes razón Cami.- dijo Érico.- Necesitan entrenar. Hay algún lugar que podamos usar?- le pregunto al jefe de Berk.

Estoico quería seguir con la discusión de unos momentos antes, pero Bocón lo detuvo con un ademán de la mano.

-Claro, pueden usar la Academia.- respondió con voz tensa Estoico.

-Excelente, guerreros, vamos.

Los susodichos salieron del Gran Recinto, seguidos por unos curiosos vikingos.

-¿Cómo fue todo?- pregunto Chimuelo a su jinete.

-La próxima vez, entras conmigo.- respondió Hipo agobiado.

-No corrió sangre? Rayos.- dijeron Lucem y Nebula, la Cremallerus de Heather y Camicazi.

-Ustedes son como Barf y Belch.- dijo Hipo con sarcasmo.

-OYE!- dijeron ambos dragones.

Hipo y Chimuelo rieron.

En la Academia, los seis guerreros entraron y esperaron las instrucciones de su jefe:

-Ya sabe las reglas: Cada uno combatirá con su hermano de batalla, solo un arma por persona, sus dragones no podrán intervenir una vez comenzado el entrenamiento y los que ya no puedan continuar debido a heridas, levantará su arma, saldrá y su compañero seguirá sólo. El combate no se detendrá hasta que quede un par de hermanos o solo uno en pie.

-Un momento, a qué te refieres con no continuar debido a heridas?- preguntó, un alarmado Estoico.

-Entrenamos con armas reales, eso los mantiene alertas, y siempre hay heridos, eso da fortaleza y sentido de jamás rendirse sin importar que.

-Qué? Está loco, que pasa si matan a alguien?.- replicó Astrid.

-Ninguna herida letal es permitida, por eso se llama entrenamiento niña.- respondió Valandi, quien no participaría en el combate.

-No me digas niña.- dijo entre dientes Astrid.

-Hipo, no lo hagas, es una locura. Es así como has entrenado por 3 años?- Cuestionó Estoico.

Hipo apartó la mirada de su padre.

-Puede que sea tu hijo, pero él pertenece más a Eyvind de lo que perteneció a Berk y ahora también es mi hijo y parte de mi familia. Él peleará porque quiere hacerlo.- declaró Érico.

-Pelearé.- dijo Hipo alto y claro.

Ambos jefes observaron a su Hipo, uno con orgullo en su rostro y el otro con temor y preocupación.

-Tomen sus armas y prepárense, ustedes vikingos, será mejor que salgan y se queden junto a los dragones.- ordenó Valandi.

Hipo y Jules tomaron una espada cada uno, Valka tomó un arco y Olvir pocas dagas (en ellas no se emplea la regla de una sola arma); por último Heather y Camicazi tomaron un hacha. Luego se dirigieron al centro de la Arena en posición de combate, lado a lado de su compañero.

-Listos… AHORA!
El primer movimiento lo hizo Valka, tomando una flecha de su carcaj colgado a su espalda y disparando en dirección a Jules, quien la esquivó moviéndose a un lado. Olvir lanzó dos dagas hacia Heather y Camicazi se interpuso, desviando una con su hacha, pero la otra se clavó en su brazo izquierdo, provocando que dejara salir un gruñido de dolor.

Hipo esquivaba las flechas que Valka no para de lanzar, dando una marometa hacia ella, lanzo un tajo alcanzándola en el abdomen. Valka levantó su arco, dando a entender que no continuaría.

-Valka, estás fuera.- dijo Valandi.

En el rostro de Hipo se formó una leve sonrisa, pero esa distracción provocó que recibiera una daga en la pantorrilla de su pierna buena.

-Agghh.- gritó, e inmediatamente Jules cayó en una rodilla y dirigió su mirada a Hipo.

-Puedes dejar de distraerte? Eso duele!- reclamó, antes de correr hacia Heather y desarmarla. La pelinegra se deslizó entre las piernas de Jules y le pego una patada en la espalda baja. Hipo no perdió la oportunidad que se le presentaba y, cargando con el dolor, corrió hacia Heather y la golpeó en la nuca con la empuñadura de su espada dejándola inconsciente.

-Heather, fuera.- dijo Érico.

Los berkianos se quedaron impresionados por las habilidades y fuerza del joven castaño. Hipo se había convertido en el mejor espadachín de Eyvind junto a Jules, su antiguo pueblo no podía creer la gran destreza de Hipo.

-Hipo!- gritó una muy enojada rubia, que lucía una mueca de dolor.

Ese golpe si lo sintió. Pensó Hipo.

Camicazi se encaminaba en su dirección hecha una furia. Olvir se interpuso en su camino daga en mano, pero no llegó muy lejos, ya que la chica, cargó contra él, blandiendo su hacha rápidamente y lo dejó sangrante de un brazo y espalda en el suelo.

-Olvir, fuera.

-Toda tuya Hipo.- dijo Olvir, respirando entrecortadamente.

-Hipo! Basta! No tienes que seguir.- suplicó Astrid, ella se encontraba algo alarmada, puesto que debajo de la pierna de Hipo había un pequeño charco de sangre, eso sin contar las múltiples heridas en su rostro.

Hipo hizo como si no la escuchara y se reunió con Jules.

-Y nuevamente, sólo somos nosotros y ella.- comentó su compañero.

-No que ánimos nos das.- respondió con Hipo con sarcasmo.

-Recuerdas la última vez?- dijo temeroso.

-Cómo olvidarlo? Aún tengo la cicatriz en la espalda.

-Oigan par de princesas! Ya terminaron de hablar?- se burló Cami.

-Que no te lastime.- dijo Jules.

-Eso será imposible.- le respondió, al momento que detenía un ataque directo a su cara.

Camicazi, que se encontraba justo detrás de Hipo, volvió a atacar, e Hipo una y otra vez detenía los ataques.

Jules intentó sorprender a la rubia, pero ella tenía buenos reflejos, por lo cual, dio una patada giratoria y lo tumbó al suelo, después levantó su hacha y se la hubiera enterrado de no ser por Hipo, que tomó el hacha del mango y la lanzo fuera del alcance de su amiga.

Esto no hizo más que enfurecer a Camicazi. Con un grito, pateó a Hipo, pero él con un movimiento de muñeca, le hizo un corte en la mejilla y otro en las espinillas, provocando la rendición de la otra.

-Camicazi, lo siento, pero estás fuera.- declaró la hermana de Hipo.- Hipo, Jules, vuelven a ser los ganadores de este entrenamiento.

Hipo y Jules, en respuesta, se dejaron caer de espaldas en la Arena.

-Vayan a limpiar y curar sus heridas. Mañana llega tu padre Jules y también tu madre y hermana Hipo.

Ambos gimieron en acuerdo. Heather despertó en ese momento.

-Voy a matarte Hipo.- dijo sobándose la nuca.

-Jajaja, que alguien baje a ayudarlos.- dijo Valandi.

-Lo sentimos, estamos heridos.- dijeron los demás guerreros.

-Está bien, ven ayúdame hija.- dijo Érico con una sonrisa en su cara.

Ambos bajaron de donde se encontraban y ayudaron a los chicos a levantarse.

-Necesitan un lugar donde curarlos.- dijo Tilda, que apenas salía de su sorpresa.- Jefe, podemos llevarlos a las cabañas para los invitados?

-Eh? Ah, si claro, Astrid, Tila y Patapez, acompáñenlos.- dijo un poco triste, pero más que nada preocupado por ver a su hijo irse, herido y sin él para ayudarle.

-Están bien?- preguntó Patapez en el camino.

-Claro, solo necesitan reposo.- respondió Valandi.

Subieron por una colina y dieron varias vueltas antes de que llegaran a las cabañas, que eran muy parecidas a las casas en la aldea, la diferencia es que están eran más pequeñas.

-Bueno, llegamos.- dijo Astrid, mirando a Hipo de reojo con preocupación.- Si necesitan algo, sólo díganlo.

-Si gracias.- respondió el jefe de Eyvind.

Cuando los tres jóvenes desaparecieron, Valandi dijo.

-Bien, quién quiere tomar el brebaje para las heridas?

-NOOOOOO!

Ufff me costó trabajo pero lo terminé! Que les pareció? Y que quisieran que pasara? Honestamente, me encantaría saber sus deseos para esta historia, escribo para los lectores no para mí.

Esto es todo por ahora. Prometo y en serio prometo actualizar pronto.

Gracias por leer y por sus reviews! Hasta pronto.