DISCLAIMER: Todo lo relacionado a TRC, Fai, Kurogane y su mundo pertenece a CLAMP.

Esta historia es mía, pero está basada fuertemente en estas dos historias:

s/9641501/1/Yours-and-Mine

s/8913860/1/To-The-Beginning

Si saben inglés (o aunque no sepan inglés), pasen a leerlas, súper recomendadas.

La historia sucede después del final del manga, durante el viaje sin fin con Syaoran. Pido perdón por lo OOC que puedan encontrar, sobretodo en la parte de Kurogane xD

-¿No te parece curioso, Kuro-tan? ¿Qué en todas las dimensiones donde nos hemos encontrado a nuestros otros yo, mi nombre real es Fai?

Fai se encontraba sentado en la arena, bajo la luz de una luna menguante, Kurogane a unos pasos de distancia, bebiendo sake. Habían llegado a un nuevo mundo hacía apenas unas horas y seguía procesando los sucesos del mundo anterior; un lugar donde Kurogane y él eran maestros, él de química, Kurogane de educación física. Syaoran, Sakura y hasta Mokona eran estudiantes. Un lugar donde su hermano vivía, pero se llamaba Yuui. Un lugar donde Fai era su verdadero nombre.

-¿No es algo común? ¿Qué a los gemelos los confundan de bebés y terminen teniendo un nombre distinto al original? – preguntó Kurogane, sin prestar mucha atención, con la vista en el cielo.

-Pero no ha sido el único lugar. – refutó Fai, dirigiendo su mirada hacia Kurogane. – Estaría bien si fuera una sola dimensión, pero también estaban el Kuro-tan granjero y Fai el sastre.

-Quizá son ustedes a quienes confundieron. Quizá tu verdadero nombre siempre fue Fai.

Fai volvió su vista a la luna, su mente divagaba. Tal vez Kurogane tenía razón. Después de todo, a sus padres nunca les habían importado. Quizás él y Fai habían sido confundidos de bebés y terminaron con el nombre del otro. Aun así…

-Aun así… Si no fuera el caso… ¿Quiere decir que en realidad es Fai quien debería estar aquí, contigo, y no yo?

Kurogane lo miró por primera vez desde que comenzaron a hablar. Su rostro reflejaba perplejidad, una ceja más levantada, cuestionando.

-¿A qué te refieres?

-Que… Si en realidad no fuimos confundidos, y yo soy Yuui y mi hermano es Fai, tú… Deberías estar con Fai. – le costaba hablar. Las palabras se atoraban en su garganta, las ganas de llorar comenzaban a formarse dentro de sí. – Ha sido el caso en todos los mundos en los que nos hemos visto. Tú y Fai. No tú y Yuui.

El silenció reinó. La expresión de Kurogane era un misterio para Fai. Una mezcla entre incertidumbre, confusión e, innegablemente, irritación. Un dolor bastante conocido se instaló el pecho del rubio y comenzó a expandirse desde su corazón hasta el resto de su cuerpo. "Tal vez es verdad, que yo no merezco vivir, que debí haber muerto en lugar de Fai, que yo no debería existir, que no debería ser amad…"

-Incluso si nuestra alma es la misma, el resultado de nuestras experiencias no lo es. – la voz de Kurogane interrumpió sus pensamientos. – Yo no soy ninguno de esos Kurogane y tú no eres ninguno de esos Fai. Compartimos el alma y es suficiente, no tenemos que compartir el mismo nombre. ¿O acaso no recuerdas que yo tampoco soy Kurogane?

Fai lo miró perplejo. Claro, lo había olvidado.

Kurogane dio otro sorbo a su bebida, se acercó un poco a Fai y posó su mirada en la suya.

-Incluso si tu verdadero nombre fuera Fai, es tu alma la que le pertenece a la mía. Pero no es solo tu alma, sino todo tú. Porque esos Fai tienen tu alma, pero esos Fai no son tú. Tú eres el Fai a quien le arrebataron a su hermano, el que fue aislado del mundo por la crueldad de su pueblo. Eres el Fai que fue rescatado y condenado a la vez por un rey que trató de ayudarte con los medios que tuvo. – suavemente, Kurogane tomó la mano de Fai. – Eres el Fai que se encariñó con la princesa y el mocoso, quien los cuidó y tomó el valor para cambiar el destino que se le había impuesto. Tú eres Fai, pero no eres ellos. La esencia es la misma, pero ellos no son tú, y nunca lo serán.

La determinación se reflejaba en los rubíes del moreno. No apartó su vista ni una sola vez del mar azul de los de Fai. Y Fai lo entendió todo. Entendió que no había dudas, sólo certezas. Entendió que no importaba el nombre, si era Yuui o Fai. Y entendió que el lugar al que pertenecía, al que siempre pertenecería, él, no su alma, sería con él, con este Kurogane, con SU Kurogane.

-Gracias… Por llevarme lejos. – dijo Fai, recordando aquella noche en un bar, una canción penetrante. – Gracias por llevarme contigo.

-Yo no te llevé a ningún lado. – replicó Kurogane. Sonrió ligeramente. – Simplemente caminé a tu lado.

Una sonrisa se formó en el rostro de Fai, cálida, brillante y sincera.

-Entonces, gracias por estar… Youou.