Hola chicos, bienvenidos a otro capítulo! Juro que hasta me puse a ver las películas y las series para inspirarme, y creo que he encontrado lo que me faltaba.

LDF1203: Muchas gracias pr tu review, se que pasaron muchos años jajaja, pero gracias por tus palabras, si que estaba nerviosa por continuar, más porque tuve que volver a familiarizarme con todo, pero espero seguir encontrándote por aquí.

Bueno, ahora a lo que vienen, en fin espero que les guste.

Disfrútenlo.

Chapter 17

-Entonces, a ver si lo entendí- dijo Brutacio, rompiendo el silencio que se había instalado en el recinto- Un dragón llegó de la nada con una nota y ahora resulta que estamos en guerra, pero no sabemos como ni de donde vino.

Varios pares de ojos se posaron en él, con incredulidad.

-¿Qué, no fue así?- su confusión solo trajo exasperación entre los presentes.

-No importa de donde o como fue que llegó aquí Brutacio- comenzó Astrid, con los brazos cruzados y acercándose un poco más a Hipo- Sabemos quienes fueron los causantes de esto- señaló a la dragona caída- Acaban de declarar la guerra, y debemos defendernos a toda costa, nosotros y los dragones.

-No estarán por su cuenta- intervino Jules, después de asegurarse que Hipo no fuera a moverse de su sitio sin ellos- Le declararon la guerra a Hipo, nuestro líder y amigo; pelearemos con ustedes.

Los guerreros asintieron con la cabeza. Hipo seguía observando entre la dragona y la nota en sus manos, reposadas sobre su montura.

-Hipo...-Astrid tocó la silla de Chimuelo, cerca de las manos del ojiverde y observó su rostro.

-No fueron Alvin y Dagur- susurró Hipo, encontrando sus ojos.

-¿Qué?- Jules se acercó más a ellos al escuchar esto.

Hipo respiró hondo y cerró los ojos, temiendo la reacción que, sabe, provocará.

-La letra no corresponde a ninguno de los dos- le entregó la carta a Jules, quien la observó con detenimiento- He leído nota tras nota escrita por ambos, y estoy seguro que esa- abrió los ojos y señaló la nota- no es de ellos, sin mencionar que enviaron un dragó mal herido, no muerto.

-¿Entonces quién fue?- Astrid miraba de Hipo a Jules, el último comenzaba a comprender lo que decía su hermano y realmente no le gustaba a donde lo llevaban sus pensamientos, ni un poco.

Hipo y Jules intercambiaron una mirada, antes de que el jinete del Nadder volteara hacia sus compañeros de batalla; al parecer los demás guerreros entendieron sin palabras, porque todos abrieron aún más los ojos y cautela se instaló en su mirada.

-Los romanos- a pesar de ya sospecharlo, Jules hizo una mueca al escuchar la confirmación de Hipo.

Érico respiró con fuerza y un pequeño jadeo salió de la boca de su esposa, a quien ninguno de los jóvenes habían visto. Ambos se veían aterrados, no por el inminente ataque de los romanos, después de todo, vivían en una isla que vivía en guerra diaria con ellos, sino por la amenaza directa a su hijo. Claramente recordaban el primer encuentro del joven con aquellos animales, y no estaban ansiosos porque volviera a ocurrir.

Por otro lado, Estoico se encontraba un tanto confundido. Conocía parte de la historia de su hijo con los romanos y ni que decir de la fama de los guerreros de Eyvind y su lucha constante con aquellos soldados del continente, pero jamás había escuchado que viajaran tan lejos de su imperio, nombre que había escuchado de los mercaderes y sus travesías por tierras lejanas.

-¿Cómo es que supieron escribirlo siquiera? hasta donde sé, ellos no tienen conocimiento de nuestra lengua- Elwin preguntó confundida, sus recuerdos de los ataques la llevaban a creer que los romanos no sabían su lengua.

-Tuve que enseñarle mamá- musitó Hipo- yo entendía lo que decían pero ellos a mi no. Me obligaron a enseñarles a unos pocos, pero principalmente a él.

-Eh, ¿quién es él?- preguntó Brutacio.

-El general Cineo Cornelio Escipión Calvo, el hombre que lo torturó, quien le dió esa herida- Jules escupió el nombre con repulsión, sintiendo el viejo enojo regresar con más potencia.

-¿Cuál es su propósito?- interrogó Estoico- ¿Qué interés tiene en Berk o los dragones para el caso?

-Esto no se trata de ustedes- negó Hipo, perdiendo la paciencia- Es a mi a quien busca, jamás me dejará ir, desde que escapé lo ha intentando incansables veces y ahora que no estoy en Eyvind piensa que lo logrará. Piensa que por fin me matará- el joven guerrero murmuraba para sí mismo, apretando con fuerza la montura de Chimuelo, quien volteaba a verlo con preocupación.

-Hipo, no llegará a ti- Jules sostuvo la cabeza del Furia Nocturna, calmando sus nerviosos movimientos- Como bien dices, lo ha intentado muchas veces en casa, pero ahora no estamos en Eyvind, pero tu conoces esta tierras- señaló a su alrededor- ellos no.

-Tiene razón Hipo- Astrid ahora tomo sus manos y le sonrió- ha pasado un tiempo, lo sé, pero nadie conoce el bosque como tú, y nadie conoce la isla mejor que nosotros. Este territorio es desconocido para ellos, y estoy segura de que nunca han enfrentado a vikingos como nosotros; puede que Eyvind sea el hogar de los mejor guerreros, pero Berk es le hogar de los mejores vikingos del archipiélago.

Los jinetes sonrieron y, junto a los guerreros, rodearon a Hipo, todo sonriendo en señal de apoyo.

-En cuanto a Alvin y Dagur, no creo que los romanos lleguen sin encontrárselos primero, y por lo que sabemos, las legiones tienen la misión de conquistar territorio enemigo- Valandi, quien se mantenía un poco alejada del grupo hasta ahora, argumentó, pensativa.

-No podemos permitir que los aniquilen- el joven de cabellos castaños se removió encima de su dragón, sintiendo un ligero dolor en sus frescas cicatrices- No importa que hayan hecho o estén intentando hacernos, no se merecen lo que los romanos les harían. Nadie se merece esa clase de tortura- lo último lo dijo que un susurro que, con el silencio del recinto, se escuchó bastante claro.

-No nos escucharán- Patán empujó su lugar hasta estar justo enfrente de Hipo- los cabezas de carnero nos matarían antes de ponder un pie donde quieran que estén, sin contar en que no tenemos ni idea de en donde estén.

-Podríamos salir a buscarlos- Heather intervino- no es como si hubiéramos intentado encontrarlos estas últimas semanas, podríamos intentar hacer reconocimiento en las islas cercanas.

-Buena idea- Camicazi le rodeó los hombros con su brazo- podría servir de sondeo, verificaríamos el avance de los romanos en el archipiélago.

-Deben estar cerca, el Nadder no pudo haber venido de tan lejos con esas heridas- Olvir dijo, analizando las heridas del fallecido dragón, agachado a su lado.

-No se que me preocupa más- Valka se arrodilló a un lado de su compañero, tocando una de las heridas- que los romanos hayas avanzado lo suficientemente cerca de nosotros sin ser detectados o que los marginados y berserkers no estén en la redonda. Después de todo, estoy segura de que nos enteraríamos si una de sus islas fuera atacada ¿no?

-Valka tiene razón- Astrid asintió en dirección a la chica- los mercaderes vendrían con esas noticias y a penas estuvieron aquí hace tres días.

-Entonces tendremos que buscar en las islas pequeñas- Hipo dijo, pensativo- los romanos son conocidos por conquistar lugares grandes; si los marginados y berserkers aún no se topan con ellos, quiere decir que están ocultos en lugares que no son tan obvios, podríamos encontrarlos en las islas más pequeñas a la redonda, sus flotas de barcos podrían estar ocultas en las afueras del archipiélago, cerca de los campos de niebla.

Estoico asintió.

-Sabemos donde buscar, pero que podrías decirles que los hagan escuchar una de nuestras palabras- el jefe vikingo se apoyó en la mesa del centro del recinto, observando atentamente a los jóvenes.

Hipo frunció el ceño, claramente intentando idear la mejor estrategia, pero sabía lo que debía hacer. No había forma que los enemigos de años de Berk lo escuchen solo por la gentileza de sus corazones, pero no eran estúpidos; querían poder y con los romanos en el panorama perderían más que eso. Perderían sus vidas y a su gente. Puede que estén psicóticos, pero antes que eso, eran jefes de sus respectivas aldeas. Eso tendría que valer para algo.

Así que mirando a su alrededor, a cada rostro familiar, respondió:

-La verdad.

Lo miraron con duda en sus rostros, no podían creer que estén considerando siquiera se aliados de los responsables de tanta muerte y destrucción, de gente sin código de honor, gente que bien podrían traicionarlos a la mitad de una batalla.

-Hace tiempo cometimos el error de subestimarte y de no confiar en ti- Astrid empezó, bajando la mirada, avergonzada- no cometeré el mismo error dos veces; si creer que funcionará y que es lo mejor para nosotros, entonces estoy contigo. Siempre.

Hipo la miró con fascinación y entendimiento. Había visto de primera mano lo arrepentida y lo asustada que estaba; sabía que temía que a irse nuevamente y no volviera jamás, y sabía que esa sería una conversación importante que debían de tener ambos en algún punto, pero más que nada, sabía que confiaba en él, y ahora, pensó con asombro, yo verdaderamente confío en ella, y miró a su alrededor, en ellos.

Jules sonrió con picaría al ver la mirada de su hermano. Ya cayó... de nuevo.

-Sabes que nosotros cubrimos tu espalda- colocó una mano sobre el brazo de Hipo- no puedo permitir que hagas una locura sin mí.

Hipo rió y asintió. Después con una mirada seria dijo a los demás.

-Bien, tenemos trabajo que hacer.

Y fin.

¿Qué les pareció? Aún no estoy segura de como redactar lo que sigue, pero prometo poner mi mejor esfuerzo.

Espero y continúen leyendo mis historias y recuerden, los reviews son el mejor incentivo que hay!

Se acepa toda clase de opinión e idea.

Nos leemos pronto.

Nia Haddock.