N/A: Entonces … hice una cosa.

Basado en el UA donde Peter B. Parker y Miles Morales comparten el mismo universo. Recorremos el cómo Jeff terminó teniendo una amistad con, ugh, Spider-man. Oh, y conociendo su identidad, para perplejidad de este último.

Edit. 6-8-21; ahora con más capítulos.


Es bien entrada la noche cuando su teléfono suena, enviando una sacudida de adrenalina a su cuerpo. No es ni de lejos la primera vez que Jefferson es despertado en medio de la noche por una llamada urgente, así que antes de tomar el teléfono ya está sentado, con el sueño abandonado su rostro y dispuesto a salir de inmediato de la cama en respuesta a cualquier situación que su trabajo como policía le exija. No obstante, se detiene. El nombre en el identificador de llamadas no es el que esperaba.

El nombre de Miles brilla en la oscuridad del dormitorio con una inquietante premonición, acabando con la adrenalina y en cambio enviando una ola de terror frío por todo su ser.

No tarda un segundo más en responder, rezando, esperando que nada le haya sucedido a su muchacho.

— ¿Hola? ¿Miles? ¿Miles, estás bien? — siente una mano en su brazo, Rio está despierta y preocupada a su lado, pero él no puede prestarle atención cuando la única respuesta que viene de su teléfono son respiraciones agitadas y asustadas. — ¡Miles! Contesta, ¿estás bien?

— Sí, yo,—suspiró aliviado, al menos no estaba herido— papá, yo... algo ha pasado. Necesito tu ayuda.

— Claro, hijo. ¿Qué sucede? Realmente espero que no sea por tu tarea de cálculo, sabes que apesto en eso. — Intentó bromear, soltando una risa nerviosa, pero la fuerza con la que sostenía el móvil revelaba la preocupación que sentía.

Escucha pasos en la cocina de su casa, puede observar una sombra por debajo de la puerta de su dormitorio. Lentamente, abre el cajón de su cómoda, allí dentro su arma reglamentaria espera a ser tomada. Comparte una mirada con su esposa, con quien lentamente se levanta de la cama.

— No puedo decirte, no por teléfono. Yo … estoy en casa.

Siente sus hombros caer en alivio mientras observa a Rio correr hasta la cocina; él se toma un momento para calmarse y cerrar el cajón con el arma antes de seguirla.

Fuera de la habitación, su mujer abraza con fuerza al niño que tanto aman. Observa que no es hasta tenerlo en sus brazos que ella puede respirar de nuevo, y Jeff resiste las ganas de gritarle a Miles por asustarlos así, ¿en qué estaba pensando…?

Miles escupe su explicación siquiera antes que él o Rio tengan la oportunidad de preguntar. Él es rápido, de una manera que demuestra lo asustado y desesperado que está, mezclando los dos idiomas que maneja sin siquiera darse cuenta. Tampoco les da tiempo a asimilar sus palabras, porque entonces hay también una demostración, y esta es todavía peor porque el miedo de su hijo es demasiado palpable y Miles es tan joven (¿cómo no se había dado cuenta que era tan joven?), y-

Jefferson está en silencio, una mano sobre su boca, demasiado sorprendido para responder. Su esposa, en cambio, es rápida en volver a abrazar a su muchacho con protectores brazos mientras murmura promesas y afectos en español; ella lo mira también, preocupada y esperando que él tenga una solución. Las huellas de los zapatos de Miles están en su pared y en su techo, y los cómics de Spider-Man que había traído consigo aún en sus manos. Tiene una solución, pero no una que le guste.


Miles camina a su lado.

Él y Rio no conversaron anoche, sin importar cuánto lo necesitaban. El pequeño Miles durmió entre ellos, y aunque fue un arreglo incómodo, su espalda es testigo de ello, se sintieron seguros, los tres, y eso era lo único que importaba.

(Realmente, él no durmió. No podía dejar de pensar en Miles, Dios, era escalofriante lo pequeño que era, un niño apenas, y sin embargo se enfrentaba a una situación, a cambios, que asustaría a personas mucho más grandes que él. Jeff no podía protegerlo de todos estos cambios, sin importar cuánto quisiera poder envolverlo en sus brazos y esconderlo del resto del mundo, pero podía ayudarlo, o eso al menos esperaba.

Pensar que su muchacho podría haberles ocultado todo esto enviaba una sensación de frío y terror absoluto por todo su ser. No podía dormir, no cuando temía cerrar los ojos y que su hijo desapareciera).

Por la mañana, sin embargo, luego de un buen desayuno que sirvió más que nada para aliviar todavía más a Miles y brindarles una sensación de normalidad, acordaron entre susurros que lo que estaba pasando con el muchacho y una posible solución eran mucho más importantes que su asistencia a clases, al menos por ahora.

Debes llevarlo con él, lo sabes, ¿verdad, querido?

Lo sé, lo sé. No tengo opción, no con esto. Es más de lo que podemos manejar por nosotros mismos.

No será tan malo, tranquilo.

Finalmente llegan a un edificio viejo y sucio que el pequeño Morales no deja de mirar con muecas, y la propia puerta en la que se detienen no está mucho mejor. Jeff duda unos segundos en tocar, pero finalmente lo hace, resignado. Tal como había dicho su esposa, no es como si tuviera más opciones, y a pesar de que solo desea alejarse y evitar que su hijo conozca a la persona del otro lado, dicha persona es la mejor oportunidad que tienen para entender lo que está sucediendo.

La puerta se abre. El hombre ante ellos está, en todo sentido, arruinado. Un rápido vistazo es suficiente para comenzar a pensar que quizás debería reconsiderar su plan, quizás este no era el mejor camino a seguir.

— ¿Davis? — El hombre lo observa intrigado por unos segundos antes de golpear su propio pecho y toser incómodamente luego de, al parecer, recordar que no se conocen. — E-es decir, oficial, ¿en qué puedo ayudarle?

Jefferson soltó un suspiro de cansancio mientras cubría por un pequeño momento su rostro con ambas manos, él ya sentía un dolor de cabeza venir. Todavía costaba creer que este hombre frente suyo, con su apariencia de vagabundo y tan terribles capacidades para mentir, logró mantener un secreto tan grande como lo era su identidad durante veintidós largos años, Jeff quería creer que era una especie de habilidad en vez de solo suerte.

De cualquier manera, él ya estaba allí, y Peter B. Parker era exactamente lo que su hijo, lamentablemente, necesitaba. Eso no significa que le gustara.

Colocó sus manos en los hombros de Miles, moviéndolo justo delante del hombre, ignorando de manera muy eficaz la mirada cuestionadora que el niño le enviaba junto con el murmurado "¿papá?".

— Este es mi hijo, Miles. Él necesita tu ayuda con, uh, ya sabes, con las cosas de araña.

— ¿Qué?

— Con las cosas de, ugh, Spider-man.

¿Qué?