Jefferson lleva muy poco tiempo en la fuerza policial cuando los periódicos, New York en general, enloquecen con la aparición de un enmascarado que golpea tipos malos.

La ley y el orden son conceptos relativamente nuevos en su vida, pero Jefferson los lleva con fiereza cerca de su corazón. Spider-man, o como se llame, ignorante e irrespetuoso de todo en lo que cree, le da un mal sabor en la boca.

Algunos de sus compañeros están extasiados ante la idea de un, ¡Ja!, superhéroe, otros se relajan ante la perspectiva de un trabajo más sencillo, mientras que otros tantos, como él, solo saben que la araña son malas noticias.

Benson, uno de sus superiores y quién posee unos respetables años de servicio bajo su cinturón, le confiesa en una de esas charlas de café y donas luego de un arresto sencillo, que es normal que mucha gente, inclusive compañeros de servicio, sientan emoción con el Spider-guy. A veces la justicia falla, a veces no es tan bonita como se ve en las películas y las series de TV. A veces hay más gente mala que buena, a veces el mundo es más jodido de lo que a la gente le gustaría, y este hombre, por más ridículo que se vea con el spandex rojo y azul, trae una esperanza que ya no muchos sienten, una seguridad que la placa policial no siempre ofrece. Es decir, ¿Un muchacho que se disfraza y sale cada día a pelear con tipos malos, solo para proteger al ciudadano común, sin recibir más que un gracias? Eso es señal de que no todo está jodido.

"La esperanza no es mala", le dice luego de un sorbo de café. Si la presencia de Spider-man puede hacer que la gente quiera pelear, sobrevivir un día más; si les hace creer que todo estará bien al final, Benson no puede odiar a ese tipo. A veces la esperanza hace la diferencia, y la araña es un faro de esperanza.

Benson cree que Spider-man es un buen cambio, algo bueno para la ciudad, y mientras que este siga siendo una buena persona, él no tiene nada en su contra.

Jeff sabe que en cierto punto tiene razón. Al final más vidas serán salvadas. Pero no puede apreciar del todo a la araña cuando mira los noticieros y en vez de ver gente agradeciendo a sus compañeros policías, gente que también arriesga su vida día a día por mantener a la ciudad segura, ve gente aplaudiendo a un tipo con una máscara.

Spider-man no toma responsabilidad de sus actos, nadie juzga que su modo de actuar esté bien o mal, no sigue un protocolo, no recibe órdenes, no es castigado si se equivoca. Spider-man hace lo que quiere, siguiendo su propia guía moral.

Nadie sabe quién es, y Jeff no puede confiar en alguien que no conoce.


— Otra vez él, es de lo único que hablan estos días.

Estaba con su madre, mirando la televisión cuando un reportaje sobre Spider-man salvando el día apareció nuevamente en los noticieros. Algo de un robo al banco o similar. Jeff observó a los policías en la zona ser totalmente ignorados por los reporteros, quienes preferían centrarse por completo en el arácnido.

— No sé por qué te desagrada tanto, es muy agradable — comentó su madre, sin dejar de tejer la bufanda blanca con rayas negras en la que había estado trabajando desde hace unos días, imaginaba que era compañera del terminado gorro celeste que estaba a su lado; este invierno era un poco más frío que los anteriores.

— Para empezar, no me hice policía para que un adolescente inexperto nos diera órdenes.— Porque eso hacía, darles órdenes de quedarse atrás, o rodear la zona, o tonterías que no debería, era frustrante. — Y no es "agradable", ni siquiera lo conoces, ma.

Estaba cansado de tener que explicar por qué le disgustaba el vigilante, siendo un tema tan nuevo, constantemente la gente hablaba sobre él, y por supuesto las discusiones sobre si estaba bien o mal lo que hacía abundaban. No esperaba que su madre, sin embargo, se sumará a los debates, y mucho menos con una opinión positiva.

Esperó la réplica de su madre, pero cuando el único sonido en la habitación eran las publicidades de la TV, se tomó un momento para repetir la conversación en su cabeza. Entonces volteó a verla.

— Ma, tú no lo conoces, ¿verdad? — Lentamente preguntó, inseguro, dirigiendo toda su atención a su madre, quien firmemente se negaba a levantar la vista de la bufanda. — Ma.

— Hace unos cuantos días me encontré con él. — soltó ella de pronto, luciendo defensiva ante la incrédula mirada de su hijo. — No me mires así, Jefferson. No fue adrede. Un niño intentó robarme mientras hacía las compras y Spider-man me salvó.

— ¿Qué? — exclamó, levantándose del sillón en el que compartían asiento— Pero, ¡Mamá! ¿Por qué no me contaste eso?

— Porque no había nada que contar, Spider-man evitó el robo y muy amablemente se ofreció a llevar mis bolsas. Ese muchachito es un encanto. — Respondió con una sonrisa. — Además sé que no te cae bien, así que era innecesario contarte.

Abrió la boca, dispuesto a objetar, pero la Sra. Davis cortó rápidamente su respuesta con una mirada de advertencia. Suspiró, tragando todo lo que quería decir (y era mucho); no iba a desafiarla, no era Aaron.

Observó entonces cómo ella dejaba las agujas de tejer a un lado, doblando cuidadosamente la, al parecer, terminada bufanda y la colocaba junto con el gorro en una bolsa de papel. Ella se levantó del sofá y parada enfrente suyo, le ofreció dicha bolsa ante su mirada interrogativa.

— Tú tienes más posibilidades de verlo que yo, sé un buen hijo y entregarle a Spider-man esto. Hará mucho frío los próximos días.

¿Qué?


Hay una foto en el periódico sobre Spiderman, luce un gorro celeste y una bufanda a rayas blanca y negra.

Jeff se rehúsa a pensar en cómo los consiguió.


El martes, el ambiente relajado de la estación es reemplazado por murmullos, tensión y caras sorprendidas.

Davis se había presentado un poco más tarde de lo usual —Jones, el encargado del café del día se había reportado enfermo, y la tarea había caído en el siguiente novato en la lista, es decir el propio Davis—, por lo que inevitablemente se sorprendió y preocupó cuando entró con las bebidas calientes y en vez de las sonrisas de sus superiores solo vio ceños fruncidos en preocupación.

Un compañero se acercó y le arrebató un café. Cubriendo su boca, le susurró: "Anoche le dispararon a Cassidy. Nuestro superhéroe de turno lo llevó al hospital, creen que vivirá solo por su rápida asistencia".

La cara de Jeff se unió al resto de los rostros sorprendidos.

El resto del día hay debates tranquilos, comentarios inseguros opinando que quizás muchos juzgaron muy rápido a la araña, que quizás no es tan malo tenerlo balanceándose por la ciudad.

Benson, nota, luce aliviado.

Jeff prefiere no opinar.


Inevitablemente, no puede escapar del arácnido. Día tras día solo escucha su nombre, sobre los hechos sorprendentes que hace.

Rio, su pareja, un día le cuenta sobre su guardia en el hospital. Le cuenta en detalle sobre sus pacientes, sobre las heridas de la niña que debió atender. Le dice sobre cómo Spider-man la trajo en brazos, pidiendo que la atendieran y llamaran a servicios sociales. Le dice que el enmascarado se quedó hasta que llegaron, sin soltar la mano de la niña en ningún momento, murmurando palabras que sirvieron para consolarla.

En otra ocasión, el Sr. Chen le cuenta emocionado sobre cómo la araña había salvado su restaurante al sacarse una foto con él, ¡Los clientes no dejaban de llegar! Todos querían comer en el mismo lugar que el héroe. El Sr. Chen aseguraba que Spidey tenía comida gratis de por vida en su lugar, pero sin embargo siempre que pasaba por su restaurante pagaba por la comida por más que insistiera.

Es esa misma semana cuando escucha en la calle a dos niños hablando sobre el popular adolescente, mencionando con el entusiasmo característico de los niños sobre cómo el vigilante había logrado que el hermano mayor de uno de ellos no fuera arrestado injustamente al entregar al verdadero culpable a la justicia.

Hasta su tía Melissa, en su más reciente reunión familiar, exclamó incrédula sobre el nuevo voluntario vestido en spandex que se había presentado para entregar comida caliente y abrigos a las personas necesitadas.

Son todos estos hechos junto con muchos más que se van acumulando día tras día, lo que hacen que Jeff, a regañadientes, admita que quizás no le disgusta tanto Spider-man.

¡Pero definitivamente no confía en él!