Daré las indicaciones de siempre.
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
No apto para fans SasuSaku, NaruHina y NejiTen.
Género: Romance | Drama | Angst.
Clasificación: T | M.
Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Si hay algún comentario o disconformidad, por favor no duden en dejar su opinión abajo en la cajita de comentarios, sus observaciones serán siempre apreciadas. Recuerden dirigirse a los escritores siempre con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Muchas gracias por leerme, hasta la próxima.
CAPÍTULO 1.
«Cuando la felicidad del otro es tu felicidad, eso es amor».
Lana del Rey.
El bebé empezó a llorar en sus brazos.
Sayuri se echó a Ichiro al hombro y se puso a canturrearle una canción que no era en absoluto de cuna, pero que funcionaba porque era una balada lenta y romántica, de esas que a ella secretamente le gustaban. Después de horas de pie lanzando órdenes para sacar adelante la ceremonia y el banquete, quitarle el bebé a Sakura para que tuviera el primer baile con su esposo fue un respiro de alivio. Su prima se había casado con el hombre de sus sueños, el padre de su hijo y el único hombre al que amaba de verdad.
«Tardó tiempo en darse cuenta».
Sayuri esbozó una sonrisa mientras mecía suavemente a Ichiro, se sentía orgullosa de su prima y del valor de Itachi para enfrentar a su familia. Toda la emoción había mitigado aquella angustia que le dio ver a Kai, el hijo mayor del mejor amigo de su padre, más bien, del que era mejor amigo de su padre.
Desde entonces ignoraba sus ojos grises ansiosos o el tono inseguro de su voz. Tal vez estaban haciendo una tormenta en un vaso de agua, a lo mejor solo era una falsa alarma como las otras veces. No quería pecar de ingenua, así que le pidió a Kai que hiciera las averiguaciones pertinentes y, si era el caso, saber cómo actuar en consecuencia.
De más estaba decir que se guardó para sí aquel mensaje que todavía tenía en el celular, para recordarse porque no debía bajar la guardia.
—¿Quieres ayuda?
La profunda serenidad del tono de voz de Neji apagó cualquier preocupación que empezaba a formarse y apartó cualquier otro pensamiento negativo dentro de su cabeza. Sayuri alzó la mirada y lo encontró de pie a su lado, con una imperceptible sonrisa.
—Me encantaría, pero creo que esa mujer de allá espera que la saques a bailar —dijo señalando con un movimiento de cabeza a una morena de ojos azules que no le había quitado la vista desde que llegaron.
Era una mujer guapa, esbelta y de piel perfecta. Hija de una respetable familia que tenía negocios con la familia Hyūga, el tipo de mujer que Hizashi esperaría se casara con su mayor orgullo, su único hijo. Porque eso es lo que hacen las familias con apellidos importantes y llenos de tradiciones. Sus miembros nunca se casaban con personas normales, con gente sin apellido ni influencia… Incluso hasta el más bajo en la cadena familiar se enlazaba con algún pariente de una familia noble para no avergonzar al resto. Sayuri no se menospreciaba, pero era realista, los Hyūga seguían reglas y los matrimonios arreglados estaban en la lista.
«Ellos no son como…»
Agitó la cabeza, no, no debía pensar en eso. No debía permitir que los fantasmas regresaran e hicieran un desastre dentro de su cabeza. Ella ya no pertenecía a ese mundo.
—¿Ya no quieres que te ayude? —Neji tenía la ceja alzada y los brazos extendidos, ella forzó una sonrisa.
—Por supuesto que sí, solo tengo un mechón que me estorba —replicó con su tono de fastidio habitual mientras le pasaba a Ichiro.
Y como era costumbre, verlo cargar al bebé seguía teniendo el mismo impacto que la primera vez. La del calor inexplicable regándose por todo su cuerpo y el cosquilleo en la boca del estómago que la obligaba a esbozar una sonrisa tonta, pero ella reprimió el impulso y compuso una sonrisa simple.
—Mírate, estás listo para ser padre —bromeó al ver la naturalidad con la que su amigo tomaba al bebé de Sakura e Itachi, él la miró con los ojos entrecerrados.
—¿Tú crees?
Sayuri asintió manteniendo su sonrisa burlona.
—¡Por supuesto! —trató de mantener la seriedad, pero al ver la cara de Neji simplemente no pudo reprimir la carcajada —. El problema es que, si tus padres te ven, no querrán esperar a que termines la especialidad.
Neji alzó una ceja.
—Ese no es el problema —Sayuri arqueó las cejas.
—¿Ah no? —Neji meneó la cabeza mientras continuaba meciendo al bebé — ¿Entonces?
—¿Qué una mujer se preste al trabajo?
Los ojos perlas de su amigo brillaron como dos estrellas al mirarla, ella estuvo a punto de soltar otra carcajada burlona, pero su mirada penetrante le provocó un destello de nerviosismo que no estaba acostumbrada a sentir, que le recordaba porque había establecido límites en primer lugar.
Límites que no tenía intención de cruzar, incluso cuando daba la impresión de que las bromas se habían vuelto un sutil coqueteo que la dejaba confundida cada vez más. Pestañeó varias veces y luego tomó la postura más segura, lanzar una mirada a la morena que no le había quitado el ojo desde que llegaron de la ceremonia y que ahora parecía derretida de ternura al verlo cargando a Ichiro.
—Estoy segura que esa morena de allá estaría encantada —disparó un asentimiento en dirección de la mujer que se sonrojó cuando él la observó.
—Seguramente —afirmó —. Y su bolsillo lo estaría más —añadió con desdén.
Neji era consciente del impacto que tenía en las mujeres, aún más cuando éstas escuchaban su apellido, ya que siempre lo buscaban con la premisa de su procedencia y luego, exageradamente, fingían inocencia.
Sayuri soltó una risita, conocía muy bien a los tiburones y las pirañas en el mundo de alta sociedad, pero se las arreglaba muy bien fingiendo ineptitud al respecto. Era lo mejor para evitar preguntas, solo Mebuki conocía ese pequeño secreto, porque era la única que tenía acceso a su pasado.
—Bueno, no puedes negar que pasarías un buen rato con ella —dijo estirando los brazos, Ichiro ya se había dormido y Sakura e Itachi no tardarían en volver por él —. Después de tu desastre con Tenten no te he visto con nadie más, empiezo a pensar que piensas en ordenarte como monje.
Neji apretó los labios conteniendo una sonrisa, le entregó al bebé y ella lo acunó con ternura.
—Exageras.
—Tal vez —se encogió de hombros ella —. Pero creo que te estancas, ¿tienes miedo de que te lastimen de nuevo? —murmuró mirándolo furtivamente.
Neji se puso rígido, sus anchos hombros se tensaron bajo el traje hecho a medida que le quedaba divinamente. Por unos instantes, Sayuri luchó contra el rubor que amenazaba con colorear sus mejillas.
—Lo siento, sé que no te gusta hablar de esto y menos en público —habló suavemente mirando a su alrededor, no había nadie en la mesa que compartían, todos estaban en la pista de baile acompañando a los novios.
Sakura era muy mala bailando, pero Itachi la guiaba muy bien en un baile lento que parecía decente. Si nadie se fijaba en las múltiples veces en que ella lo había pisoteado, soltó una risa. Su alegría la hacía feliz, feliz de que su vida no se viera empañada por traumas egoístas llenos de perversión y avaricia.
«¿Crees que esto será lo último que verás de mí?»
El tono resentido de Tenten taladró dentro de su cabeza, quien, acompañada de Sasuke se presentó en la ceremonia. No entendía porque, ninguno estaba invitado. Ni siquiera la familia de Ino había sido considerada, a pesar que todo corría por cuenta de los Haruno, quienes tenían negocios con la familia Yamanaka.
Por lo que sabía no se trataba de negocios superficiales, sin embargo, ambas familias sabían que la amistad que las unía estaba rota y los padres de Sakura no le amargarían el matrimonio con imposiciones sociales. Sayuri amaba y agradecía las convicciones de sus tíos, no se basaban en el interés material y tenían sus propios conceptos y valores, la moral y el respeto eran algo que ejercían y valoraban a partes iguales.
Ojalá ella hubiera crecido en una familia así de buena, ojalá hubiera tenido la mitad de lo buenos que eran Mebuki y Kizashi…
—¡Chicos! —exclamó su tía que se acercaba con una enorme sonrisa —. Ustedes dos, ¿por qué no están bailando con los demás? —señaló a la pista.
Todos los invitados bailaban al ritmo de una canción latina pegadiza, vaya, quien diría que Itachi bailaba tan bien ese tipo de música. Sayuri casi se rio, luego miró a Neji y negó. No, él no era partidario de esas cosas.
—Neji no baila y yo estoy cansada.
No mentía, aunque la expresión de su amigo decía otra cosa.
—¿Cómo sabes que no bailo?
Ella arqueó las cejas.
—Jamás te he visto bailar o siempre buscas una excusa para negarte, supuse que porque no te gusta —resaltó con lógica, Neji asintió solemne al mismo tiempo que Mebuki le quitaba a su nieto de los brazos.
Hubo unos segundos de silencio.
Justo cuando Neji se disponía a sacarla a bailar, el teléfono de ella sonó con una melodía suave poco conocida. Una mezcla de alivio y decepción la golpeó y, se dio cuenta con tristeza, que no podía continuar así. Debía buscar a alguien, un novio o alguien con quien salir, necesitaba sacárselo de la cabeza.
No podía seguir soñando con un hombre que jamás sería suyo.
