Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.

Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

AVISO: LA SIGUIENTE HISTORIA ES APTA PARA +18. GIRA EN TORNO AL BONDAGE Y ALGO DE SADOMASOQUISMO (PRACTICAS CONSENTIDAS ENTRE LOS PERSONAJES QUE SERÁN SIEMPRE MAYORES DE EDAD). TENDRÁ MUCHAS ESCENAS LEMON AUNQUE NUNCA VIOLENCIA EXPLICITA. SE SUGIERE DISCRECION.

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Capitulo 3: Segundo Círculo (lujuria).

Era el lunes más espantoso en la historia de los lunes. Llevaba dos días enteros sin dormir, o mejor dicho durmiendo poco. Porque cada vez que lograba conciliar el sueño los ardientes labios del diablo se aparecían para atormentarla.

Cuando él le dio un beso a modo de castigo pensó que podría llegar a gustarle ese tipo de juego. Pero la realidad era distinta, ahora estaba completamente irritada. Había tomado el asunto en sus propias manos y solo había conseguido sentirse más necesitada que antes. A su parecer aquel castigo había sido demasiado para su cordura.

Tenía una monstruosa cantidad de envoltorios de chocolate sobre el escritorio. ¿Quién fue el idiota que dijo que el chocolate reemplazaba al sexo? Estaba segura de que lo único que conseguiría era un dolor de estomago llegado ese punto.

- daah, esto es del departamento de uso indebido de la magia, Merlín dame paciencia…

- ¿mal día jefa?

- buenos días Theodore. Mal día se queda corto. Creo que tengo un mal año. ¿Tienes idea por qué nos siguen llegando expedientes de otros departamentos?

Theodore era un mago con cabello castaño oscuro y ojos azules que había conseguido el puesto de su segundo al mando, no solo por sus aptitudes para el puesto, sino por su capacidad de alivianar los ambientes cargados de mal humor.

- ni idea Hermione. Pero iré a gritarle a alguien luego para que no se repita. Allí fuera quedan algunos que creen que fui un mortífago, si me pongo serio quizá consiga algo.

- vamos Theo, todos sabemos que eres el hombre más inofensivo del planeta.

- sep, pero es la portación de apellido. Jajaja, ¿fuiste al infierno?

- ambos sabemos que no deberíamos hablar de eso.

- see, la primera regla del club de la pelea… no hables del club de la pelea.

- ¿has visto la película muggle?

- sep, Salí seis meses con una chica del Departamento contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles, estaba obsesionada con Brad Pitt. Volviendo al tema, ¿sigues en el limbo?

- no.

- wow, ¡saliste del limbo en tu primera noche!, eres traviesa Hermione Granger…

- ¡Theodore!

- solo bromeo jefa, no se enoje. ¿Qué circulo?

- en ninguno.

- pero… SANTA MIERDA, ¿ESTÁS EN EL CENTRO?

- Puedes bajar la voz, estamos en el ministerio.

- ¡Chapeau!, conozco demonios que mueren por llegar allí desde que el lugar abrió sus puertas. Aunque no me apetece una entrevista con el diablo, tengo intriga de saber quién es y como hace para manejar aquel sitio.

Así que Theodore estaba en el club. Bueno, eso tenía sentido dado que él había sido quien le dio la invitación. La curiosidad picó a Hermione.

- ¿y tú?, donde estás precisamente.

- no hables del club de la pelea… jajajajaja.

- vamos, me has sacado información contra mi voluntad Theo, es hora de que me devuelvas el favor.

- bien, estoy en el segundo. Soy un residente, así que no es probable que nos crucemos.

- quien eres, solo para saber…

- soy Tristán. Pero no te ilusiones, si el diablo te marca jamás podrás pisar sola los demás círculos. Además, encontré a mi Isolda y no planeo dejarla ir… debo trabajar jefa, iré a resolver lo de los expedientes extraviados.

Tristán… el caballero de la mesa redonda del Rey Arturo que termina en el segundo circulo del infierno junto a la princesa Isolda porque ambos traicionaron a su rey por la lujuria que sentían el uno por el otro.

A Hermione le resultó completamente romántico y espeluznante, a la vez, el tono que Theo usó para referirse a su compañera de juegos en el Dante's Inferno. ¿Podría alguien enamorarse en ese sitio?, ¿Podrían hacerlo aun sin saber la verdadera identidad ni sus historias?, no, definitivamente no.

Al menos no sería su caso. Ella había conocido a quien fuera su esposo por ocho años antes de darle el primer beso y confirmar que podría estar enamorada. Lo único que podría unirla a alguien del club seria la cruda lujuria, nada más… ¿no?

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Por Merlín, ¿que tenían las mujeres que no paraban de verlo como si fuera la última gota de agua en el planeta?, aun le quedaban cuatro estaciones para llegar al Knightsbridge y luego algunas cuadras mas hasta la casa de su madre en el barrio Belgravia.

Como todos los lunes había tomado el metro en el Picadilly Circus para ir a visitar a su madre. Narcissa se había mudado con él al mundo muggle apenas habían vendido Malfoy Manor y aun seguía allí todos esos años después.

Al principio habían vivido en un pequeño altillo en Newham, uno de los barrios más pobres de Londres. Solo después de que Josette le diese empleo, él había podido mudarlos a un apartamento más grande en ese barrio y finalmente, cuando se quedó con el club de Josette, Draco había mudado a su madre al barrio más exclusivo y caro que su nueva fortuna pudiese costear.

Actualmente, Narcissa Malfoy vivía en una pequeña Mansión de ocho habitaciones en el barrio de Belgravia y tenia tres empleadas domesticas que atendían todas sus necesidades, mientras que Draco poseía un piso cercano a Picadilly Circus y vivía solo como un hombre muggle soltero común de su posición económica.

Los primeros años en el mundo muggle habían sido extremadamente difíciles y penosos para los únicos sobrevivientes de la antes aristocrática familia sangre pura. Ni Narcissa ni Draco poseían aptitudes para trabajar en el mundo muggle y el dinero de la venta de la mansión se terminó en pocos meses.

Narcissa había intentado trabajar limpiando casas o cuidando ancianos, pero lamentablemente no había durado en ninguno de esos empleos dada su inexperiencia. Mientras que Draco había tenido que esperar hasta su cumpleaños número dieciocho para siquiera comenzar a buscar empleo.

Sin educación formal y sin ninguna formación para cualquier profesión básica muggle, sus primeros salarios eran paupérrimos y apenas alcanzaban para cubrir el alquiler y los alimentos que ambos consumían. Pero todo había cambiado cuando Draco se había dado por vencido y había abandonado la idea de conseguir un empleo honesto.

Esa noche, él tenía hambre y llevaba horas caminando por la ciudad intentando conseguir empleo. El atardecer lo había alcanzado cerca del barrio Holbeck, un distrito conocido por sus prostíbulos y casas de dudosa reputación.

Desesperado, había seguido a una mujer de unos cuarenta años que tenía aspecto de ser rica y había pensado asaltarla para ver que podía robarle. Si lo atrapaban probablemente terminaría en la cárcel, pero allí al menos tendría todas las comidas aseguradas, aunque dejaría a su madre desamparada y no deseaba eso.

Por suerte aquella mujer que había pretendido atracar era Josette, una madama de Holbeck. Ella lo había reconocido como un mago squib e inmediatamente le había ofrecido empleo en su establecimiento.

Esa noche él había tenido que acostarse con ella y aunque no fue lo más agradable que había hecho en su vida, supo enseguida que eso sería más cómodo que robar o morir de hambre en la calle. Además solo le había llevado media hora conseguir las cien libras que lo alimentarían a él y a su madre durante una semana.

Cuando salieron del altillo en Newham Narcissa fue recobrado poco a poco aquel brillo que tuviese antes de la guerra, y eso era lo único que había motivado a Draco a seguir con aquel empleo.

Tocó dos veces el timbre y una de las empleadas de la mansión salió a recibirlo diciendo que la señora se encontraba con sus rosas en el invernadero. Draco sonrió, no necesitaba que le dijesen donde se encontraría ella.

Narcissa había dejado de usar magia en solidaridad a su hijo, y al igual que él, se había adaptado a la forma de vida muggle. Incluso asistía a un club de lectura algunas veces a la semana con las damas de sociedad que vivían cerca de su casa.

- hola mamá.

- Draco, cariño. Juro que estás más delgado cada vez que te veo. ¿Te estás alimentando bien?

- si mamá, como todas mis comidas si eso es lo que te preocupa. No estoy delgado, lo prometo. Solo hago ejercicio.

- ¿has desayunado ya?

- esperaba que la reina madre me invitara a hacerlo…

- ven, ven. Desayunaremos en el jardín, déjame pedirlo a la empleada.

Draco caminó entre las rosas y fue a la pequeña glorieta a esperar a su madre. A decir verdad, su madre e incluso él se habían sentido más cómodos en esa mansión que en Malfoy Manor. Del mundo mágico Draco solo extrañaba su propio poder.

- cómo va el trabajo cariño.

- es un infierno como siempre. Pero dado que yo soy el jefe, los demás demonios marchan al son de mi tambor…

- cuida tu lenguaje Draco.

- lo siento mi reina… va bien supongo, cada semana hay nuevos socios y el dinero sigue llenando mis cuentas, que es lo importante.

Narcissa tenía la falsa idea de que su hijo era un corredor de bolsa que había iniciado su camino como asistente de una importante agente que lo había contratado para que revisara los números de las bolsas Asiáticas durante el turno nocturno.

Como una bruja sangre pura, Narcissa no había tenido idea de que era un agente de bolsa y le había resultado creíble que se necesitase un empleado que fuera capaz de controlar los movimientos del mercado de países que tenían varias horas de diferencia con la hora de Londres. Al principio las ganancias le resultaron sospechosas, pero cuando se acostumbró a que el dinero comenzase a llegar en grandes cantidades, ella directamente dejó de preguntarse cuál era la verdadera fuente del mismo.

- ¿Qué sucede hijo?, te noto distraído. No me has estado escuchando cuando te comenté sobre el compromiso de la hija de la señora Pemberton.

- lo siento mamá, estaba pensando en otra cosa. ¿Decías?

- descuida. Era una divagación sin importancia. ¿Qué es eso que te tiene tan distraído?, ¿será una chica?

- no estaba distraído, solo estaba pensando en un proyecto en el que estoy trabajando, eso es todo.

Mas bien, el estaba pensando en las redondeadas caderas de su nuevo proyecto y los centenares de sus propias reglas que había estado dispuesto a romper luego de haberla besado el viernes en la noche.

- Draco, cariño, debes buscar una chica. Deberías conseguir una novia, no es sano que te enfoques todo el tiempo en el trabajo. Eres mi hijo y sé que esto puede avergonzarte. Pero toma mi consejo querido, debes atender tus necesidades más básicas. No todo es negocios.

Draco ahogó una carcajada. Si su madre supiera… probablemente ella tendría un infarto si supiese que él había tenido más sexo en una semana que muchas personas en toda su vida.

- aprecio tu preocupación madre, pero prometo que tengo una vida intima satisfactoria. No gastes tu valioso tiempo en eso.

Narcissa rápidamente cambió de tema, no le interesaba la vida sexual de su hijo, y si él decía que estaba bien, entonces ella no cuestionaría su palabra. Además solo lo veía dos o tres veces por semana, no quería ofenderlo con sus preocupaciones de persona sin nada mejor que hacer.

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Nuevamente era viernes en la noche y había estado toda la tarde debatiéndose si debía o no volver al infierno. Había pasado toda la semana soñando con volver a hacerlo y ahora resultaba que estaba aterrorizada de volver a presentarse ante el diablo.

Había decidido que no volvería, pero extrañamente cuando el reloj dio las nueve, ella estaba en camino hacia el club. Había urgido al taxista para que recorriese las atestadas calles a toda velocidad. Había salido con el tiempo justo y si llegaba tarde seguramente sería castigada y no tenía idea de lo que eso podría significar para su cordura.

Se bajó a dos calles y prácticamente corrió hacia las puertas. Cuando ingresó, el mismo hombre de las runas tatuadas se adelantó para pedirle la contraseña de ingreso y para su alivio, esta vez él le mostró un elegante ascensor que la llevaría directamente a los dominios del diablo sin tener que recorrer los nueve círculos a pie.

Al entrar a la habitación se arrojó directamente al cuarto de baño. Allí, como el diablo dijo, la estaba esperando una especie de uniforme. Se duchó a toda velocidad frotando enérgicamente el cuerpo con las esencias que le había indicado su maestro en su anterior visita. Al terminar su piel lucia brillante y desprendía el aroma de cientos de jazmines y flores de lavanda.

Se apresuró a trenzar su cabello mientras esperaba a que los aceites penetraran en su piel desnuda. Luego se dispuso a vestirse. Casi muere de la vergüenza al ver lo que tenía que vestir.

Sentía nauseas de los nervios que tenia. Era imposible excitarse tanto por lo que estaba haciendo. Demonios, solo se estaba duchando y vistiendo. Y de algún modo, la sensación de que hacia algo prohibido, algo tabú, la estaba poniendo a mil por hora.

Su traje constaba de un extraño sujetador de plata estampado y con escote profundo y curvado que se sujetaba tras el cuello y a la espalda con un cordón de seda verde. La braga, que apenas si cumplían con la definición, era una placa plateada con dos tiras largas y rectangulares de seda verde oscura colgando delante y detrás a modo de taparrabos.

No había calzado, seguramente no lo necesitaría. Al verse al espejo recordó a la princesa Leia, de la película Star Wars, cuando ella había sido esclavizada por Jabba el hutt. Era extraño que sus prendas no fuesen rojas, siendo el cliché andante que era aquel lugar. Quizá el diablo estaba experimentando con otra gama cromática…

Solo le quedaba un minuto antes de que él llegara. No tenía idea de si él era o no puntual, pero quería averiguar que sucedía si no estaba en posición cuando el llegase. Así que hizo lo que tenía que hacer y corrió hacia el sitio indicado y esperó por todo un minuto hasta que él finalmente abrió la puerta.

Discretamente miró en su dirección entre sus pestañas y la boca se le secó instantáneamente. Al igual que ella, él vestía la máscara obligatoria, pero tenía puesto un traje negro de tres piezas y una camisa gris que completaba el cuadro. Si lo hubiese visto en la calle y sin mascara, ella hubiese dicho que él era un ejecutivo o un abogado. Casi rió al recordar que él había dicho que los abogados también le pertenecían.

- buenas noches Morrigan.

Su voz era gentil pero varonil e hizo temblar sus piernas ante la expectativa. Revelándose contra cada instinto que la dominaba en ese instante, miró los zapatos de su amo y con la voz más calmada que logró obtener le respondió.

- buenas noches maestro.

- me alegra ver que decidiste regresar en contra de tu mejor criterio. Acércate, comenzaremos con tu primera lección.

Hermione caminó los pasos que la separaban de su maestro y volvió a tomar la posición de sumisión con su mirada hacia abajo.

- veo que te has preparado muy bien para mi, serás recompensada luego por eso. Ahora te enseñaré a prepararme a mí para tus lecciones. ¿Estás lista?

- si amo.

- bien. Prepara una copa para tu amo y la bañera. Hoy aprenderás a prepárame a mí para ti. Siempre que lo indique deberás hacer esto que te mostraré hoy. ¿Comprendes?

- si amo.

Hermione caminó despacio hacia el bar mientras intentaba aplacar su ira. ¿En serio tenía que bañarlo?, ¿él quería una sumisa o una mucama?, daaah, estaba segura de que no debió haber vuelto a ese demencial lugar.

Cinco minutos después, el gran hidromasaje estaba listo y el diablo había terminado su copa de Whiskey. Ahora tenía que cumplir con la otra parte de su tarea. Ronald había sido muy dependiente durante su matrimonio, pero nunca había tenido que prepararle el baño y desvestirlo.

- tienes permiso de tocarme Morrigan.

Él solo extendió los brazos y la dejó hacer. Ella no podía observar su rostro estando tan cerca sin sufrir las consecuencias, así que se dedicó a sacarle prenda a prenda el traje que vestía. Él definitivamente no olía como si necesitase un baño, de hecho podía sentir que él tenía puesta una cara colonia y su ropa olía a limpia.

Cuando estuvo desnudo Hermione maldijo el no poder verlo a la cara, su propio rostro debía estar completamente ruborizado al verlo en toda su gloriosa desnudez. Lo último que quedaba para terminar de desnudarlo era un ancho brazalete de cuero negro que iba desde poco más abajo del codo y hasta casi su muñeca izquierda. El diablo no se lo permitió.

- amo, su brazalete…

- no te he permitido hablar Morrigan. ¡No tocarás mi brazalete entendido!

- si amo, lo siento.

Ella estaba asustada hasta la medula. Tuvo miedo que él realmente la golpeara por el tono de voz que había usado. Lo sintió respirar profundo varias veces hasta que recobró la compostura nuevamente.

- has transgredido las reglas nuevamente. Contra la pared.

Hermione caminó hacia la dirección que él señalaba y se encogió al ver unos lazos de seda que no había notado antes. Él la hizo colocar sus manos de forma tal que sus pechos tocaban la pared y la ató con aquellos lazos.

- ahora debería darte un castigo físico Morrigan. Pero, como me siento misericordioso y aun no te he mostrado ninguno de mis juguetes, hoy no lo haré. Sin embargo todo crimen tiene un castigo.

Él atacó su cuello y la carne sensible de su oreja con decadentes caricias y besos que incendiaron su piel. Él estaba completamente desnudo a sus espaldas, podía sentir todo el calor que él emanaba y sin embargo nada más que su boca la tocaba.

Estaba a punto de suplicar clemencia cuando él hizo que una de sus manos reptase por su costado y tocase el lazo que unía las placas de la braga de su uniforme. Su corazón se detuvo ante la anticipación de sus manos tocándole donde más lo necesitaba y sin embargo, segundos después él se detuvo.

- creo que con eso aprenderás la lección. Vamos Morrigan. Debes continuar con tu labor esta noche.

Hermione quería llorar. Otra vez la había dejado al borde de la cornisa y se había detenido. Ese debía ser el castigo más cruel que hubiera recibido hasta el momento, se preguntaba que otros horrores la esperarían más adelante.

Caminó tres pasos por detrás de su maestro y se recreó la vista con cada línea de la espalda. El diablo debía pasar mucho tiempo metido en el gimnasio para obtener aquel cuerpo que, sin ser exagerado, era todo musculo y fibra.

- baja la mirada Morrigan…

¿Cómo sabia que lo estaba observando?, ¿tenia ojos en la nuca acaso?, quería chillar de la frustración. Quería golpearlo y suplicarle que hiciese algo con el fuego que había dejado en ella y que la estaba quemando lentamente desde la semana anterior.

Draco la estaba pasando mal. Él debería ir directamente al grano y atenerse a las prácticas usuales de bondage pero sentía la perversa satisfacción de atormentarla con sus labios, aunque aquello también lo atormentase a él.

La mayoría de sus antiguas sumisas habían sido mujeres con experiencia en el campo y aunque fuesen ahí para ser dominadas, sabían muy bien que esperar de él, no así Morrigan que saltaba ante cada movimiento brusco que él hacía.

En sus tiempos como aprendiz, todas sus sumisas habían sido mujeres completamente entrenadas que parecían tomarle lección cada vez que tenían una sesión en el club de Josette. En cambio Morrigan iba a ciegas entorno a él, ella era una virgen en el campo de la sumisión. Aunque intentaba revelarse a cada instante, se dejaba guiar y se convertía en arcilla en sus manos. Debía ser cauto con ella o perdería rápidamente el rumbo y fallaría en su misión de entrenarla como sumisa.

Suspirando pesadamente e intentando calmarse ingresó al hidromasaje que ella había preparado para él. El agua estaba tibia y había una perfecta capa de espuma flotando. Sintió un escalofrío cuando uno de los pulsos de agua revotó contra la piel que cubría su columna vertebral.

- ahora Morrigan, debes usar la esponja y bañarme.

Hermione tragó grueso. Un par de minutos atrás aquello le había parecido estúpido, pero luego de haber visto el esculpido cuerpo del diablo, ella había cambiado de opinión. De hecho le lanzó una mirada furiosa a la esponja que no le permitiría tocarlo directamente.

Con manos trémulas ella colocó el jabón líquido sobre la pequeña esponja y comenzó a frotar el torso desnudo. Hermione tomó aire, aquello empezaba a ponerse más intenso de lo que había esperado.

A conciencia había evitado la zona critica de su amo y se había concentrado en frotar su torso y espalda mientras el permanecía en silencio, con los ojos cerrados y la máscara cubriéndole casi todo el rostro. Hermione moría por volver a probar esos ardientes labios con los que había soñado toda la semana.

A sola orden del diablo comenzó a masajear su cuero cabelludo. Bajo la luz del baño, su cabello era poco más claro que el suyo y muy suave. Estaba disfrutando demasiado aquello, hundir sus dedos y acariciarlo de aquella forma se sentía demasiado bien en muchas formas.

Draco creía que iba a morir allí mismo. Estaba jugando un juego muy peligroso, pero al diablo, ella no tenia idea de que lo que él estaba por hacer se salía de todos y cada uno de los protocolos que un dominante debía cumplir con su sumisa. La próxima vez, la próxima vez haría las cosas como debía. Esa noche era demasiado tarde.

- entra conmigo al hidromasaje Morrigan y siéntate sobre mi regazo.

Hermione no podría haber estado más sorprendida si él le hubiese pedido que se quitase la molesta mascara que cubría su rostro. Y tal como había hecho toda la noche, ella obedeció la orden de su amo.

El agua estaba tibia aun y se erizó cuando los firmes pulsos de agua rosaron sus muslos mientras tomaba la posición que el diablo había ordenado. Estaba sentada de espaldas a él sobre sus muslos y podía sentir la erección de su amo golpear contra su cadera.

- no te asustes Morrigan. Nunca te tomaré sin tu pleno consentimiento. Lo que haré ahora será darte una recompensa por todas las cosas que has hecho bien esta noche. Te he dicho que aquí no habrá sexo sin sentido y solo tendrás placer si yo decido que puedes tenerlo. Hoy me has complacido gratamente y por ser nuestra primera sesión, he decidido darte un premio. Pero no te acostumbres mi diosa, no será siempre así. ¿Entiendes?

- si amo.

Su voz sedosa viajaba desde sus oídos directo a su centro como si él la estuviese acariciando. Ella le estaba dando la espalda y no podía ver lo que él hacía, solo podía sentir su voz y eso la encendía más y más.

- retira los lazos de tu ropa. Desnúdate.

Automáticamente ella se despojó de toda la ropa quedando desnuda y expuesta ante él sin necesidad de abandonar la pose que le había hecho tomar en el amplio hidromasaje.

- cierra los ojos y pon tus manos en posición de sumisión.

Así lo hizo y pudo sentir como él anudaba su trenza en torno a su mano izquierda y tironeaba suavemente haciendo que elevara su cabeza.

- lo estás haciendo bien diosa, ahora deberás mantener esta posición, no bajes la cabeza o dolerá, ¿comprendes?

- si amo.

El diablo tomó la esponja que ella había abandonado y suavemente comenzó a recorrer su espalda y sus pechos mientras atacaba la carne suave de su cuello, como había hecho más temprano durante su castigo. Ella quería retorcerse de placer, pero si lo hacía sentiría dolor en su cuero cabelludo.

- esto es un premio y a la vez una lección. Te guiaré a través del placer Morrigan, te llevaré hasta el borde, pero solo podrás dejarte ir cuando yo lo ordene. Si lo haces antes o buscas autosatisfacerte sin mi consentimiento, entonces todo acabará sin que obtengas lo que tanto ansías, ¿comprendes?

- si amo.

Él comenzó a bajar su mano hacia su centro y con maestría comenzó a tocarla en un demencial vaivén para luego hundir sus dedos en su interior mientras que los pulsos de agua atacaban su piel sobre estimulada sin compasión.

Draco pudo sentir como ella luchaba por no tirar de la trenza que el sostenía con su mano izquierda inmovilizándola. Por su propia salud mental necesitaba que ella no se moviese sobre él o perdería el poco control que tenia y se hundiría en ella hasta perder el sentido.

- puedes gemir si lo deseas, tienes permitido expresarte.

Los jadeos inundaron el baño y eso casi fue más de lo que él podía soportar. Si podía gritar así solo al recibir el toque de sus manos, cuanto más podría hacer que ella gozase al tenerla sobre su cama.

Draco estaba sufriendo aquello. Necesitaba con urgencia su propio desahogo pero aún era pronto. Él solo tenía que moverla un par de centímetros y su calvario terminaría, pero no debía hacerlo. Ese sería su autocastigo por estarse exponiendo de aquella forma. Era la primera sesión y él se sentía débil, a punto de claudicar.

- eso es Morrigan, tienes permiso de obtener tu liberación. Hazlo para mí. Obtén tu premio.

La luz estalló tras sus parpados cerrados. Se sentía como si una profunda corriente eléctrica la estuviese recorriendo y pudo jurar que estaba teniendo una explosión de magia involuntaria. No sabía que estaba sucediendo pero si moría en ese instante, lo haría feliz.

Ella aun cabalgaba los restos de su orgasmo cuando le ordenó que se moviera de forma tal que él pudiese salir del hidromasaje. Debía alejarse de ella antes de que su instinto tomase posesión de de él.

- cuando estés lista puedes irte. Te esperaré el viernes Morrigan.

Ok, probablemente él volvería el viernes y ella aun estaría allí. El agua se estaba enfriando y ella aun no sabía cómo haría para moverse y salir de aquella habitación. Toda la fuerza de voluntad la había abandonado en el último minuto. Jamás había sentido algo como eso antes y no podía esperar a ver que le deparaba el destino en ese infierno al que por propia voluntad se había encadenado.

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N.a: hola!, espero que les haya gustado. En principio este fic iba a ser mucho lemon y poco contenido en cuanto a historias. Pero si has leído alguno de mis otros fics ya debes saber que nunca sucede lo que planeo. Yo simplemente propongo y los personajes disponen, y parece que ellos quieren contar su historia.

Si eres nuevo/a aquí no te preocupes, no estoy loca, solo vivo en una realidad diferente. HASTA LA PROXIMA!