Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.

Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

AVISO: LA SIGUIENTE HISTORIA ES APTA PARA +18. GIRA EN TORNO AL BONDAGE Y ALGO DE SADOMASOQUISMO (PRACTICAS CONSENTIDAS ENTRE LOS PERSONAJES QUE SERÁN SIEMPRE MAYORES DE EDAD). TENDRÁ MUCHAS ESCENAS LEMON AUNQUE NUNCA VIOLENCIA EXPLICITA. SE SUGIERE DISCRECIÓN.

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Capitulo 4: tercer circulo (gula)

A sus veinte años, Pansy Parkinson era una de las viudas más ricas y jóvenes del mundo mágico. Luego de la guerra sus padres la habían casado con un hombre de setenta años y su, para nada adorado esposo, afortunadamente había muerto un año después dejándole una gruesa fortuna como herencia.

Viuda, sin hijos, aburrida y con una fortuna que no podría gastar en al menos cincuenta vidas, se había propuesto la misión de recobrar a su antiguo amor de la escuela, el desaparecido Draco Malfoy.

Sabía que luego de la guerra, Draco y su madre, tuvieron que vender Malfoy Manor para pagar deudas y luego se habían evaporado. Según supo, lo más probable era que ellos habían huido hacia el mundo muggle para no enfrentar el hecho de que ahora eran pobres y Draco había sido despojado de su magia.

Le había llevado un año entero dar con la casucha en la que vivían. Cuando el último investigador le dijo donde vivía la aristocrática Narcissa Malfoy casi le da algo. Y sintió lastima de ella al verla casi harapienta cargando una bolsa con lo que parecían ser víveres. Ella parecía más avejentada y su hermoso cabello había perdido su brillo.

Había sentido asco cuando la madre de Draco le ofreció un té en una taza de mala calidad y amablemente había declinado el ofrecimiento de unos bocadillos muggles que habían salido directo de una bolsa de plástico.

Narcissa le había contado orgullosa sobre el respetable empleo que había conseguido su hijo hacia unos meses. Pansy no entendió ni una palabra de lo que le contó pero según su fuente no era eso a lo que ahora se dedicaba Draco. Sin embargo decidió no discrepar con ella para no avergonzarla.

El camino entre Newham y Holbeck había sido por lejos el más traumático que Pansy había hecho. Ella no había querido usar el autobús noctambulo y había tenido que tomar un asqueroso taxi para llegar al antro de mala muerte donde le habían dicho que Draco trabajaba.

Desde afuera, aquel sitio parecía un vulgar hotel alojamiento, y un indigente dormía cerca de una de las puertas. Según sabia, aquel lugar pertenecía a una mujer de nombre Josette y era uno de sus tres locales que variaban en precio y calidad segun los servicios que ofrecía. Al parecer, su Draco estaba en el peor de los tres lugares.

La recepcionista del lugar le había dicho que Dante, como conocían a Draco en ese mudillo, estaba en una sesión en ese momento y que debería concertar una cita si deseaba hablar con él, ya que al terminar tenia agendadas tres sesiones más a lo largo de la noche.

Tuvo que dejar uno de sus costosos anillos para acceder a más información sobre el famoso Dante. Según Nya, la recepcionista, él había ingresado hacia unos meses y estaba trabajando allí mientras recibía entrenamiento para pasar al club principal de Josette. Pansy se preguntaba qué clase de entrenamiento podría estar recibiendo, ya que su Draco siempre había sido un buen amante.

Pansy no deseaba permanecer más tiempo allí, así que tuvo que usar toda su astucia para hacer que Nya le dijese en que habitación se encontraba el rubio y en un descuido corrió por el pasillo e irrumpió en el cuarto.

La escena que la recibió la dejó pasmada. Draco yacía enredado entre dos mujeres sobre una cama redonda con doseles, mientras en los márgenes del cuarto, dos hombres observaban excitados la acción del centro de la habitación. El olor a sexo de aquel lugar y esa imagen, la hizo sentir nauseas.

- Siento que nos hayan interrumpido señoritas, ¿podrían todos ustedes disculparme?, me aseguraré de Nya les devuelva el dinero y los compensaré en nuestra próxima sesión.

Las mujeres se vistieron rápidamente y salieron de la habitación colgadas del brazo de cada hombre, no sin antes enviarle una caustica mirada que le dijo que su interrupción no había sido bienvenida.

Cuando estuvieron solos, Draco se levantó de la cama, aun desnudo, y se sirvió un whiskey mientras colocaba unas extrañas hiervas en un recipiente aun más extraño. Antes de hablar, él aspiró el humo que salía de aquel objeto y tosió un poco para aclarar su garganta.

- espero que hayas traído suficientes galeones querida. Debes saber que tu interrupción fue costosa y el reembolso de esa sesión no saldrá de mi salario. ¿Qué quieres Pansy?

- quería hablar contigo. ¿Podrías vestirte Draco?

- aquí me conocen como Dante… ¿Qué sentido tiene vestirme si en un rato deberé volver a quitarme la ropa?

Draco volvió a inhalar el extraño humo de olor dulzón que ahora impregnaba el ambiente cargado de la habitación y luego se sentó al borde de la gran cama en una estudiada pose.

- bien Pansy, te escucho.

- ¿Qué es esto Draco?, ¿Qué haces aquí?, ¿te estás drogando?

- esto es mi lugar de trabajo Pansy… Siempre fuiste tonta y aunque me sorprende que hayas dado con este lugar, debo decir que me decepciona que no hayas podido responder sola tus propias preguntas.

Y en cuanto a esto, no es una droga muggle si es lo que te estás preguntando. Se llama hipnisy, es un estimulante por decirlo de alguna forma. Me ayuda a concentrarme en mi trabajo. Que por cierto es mucho y tú llegaste a interrumpir.

- ¿eres un prostituto?

- puedes llamarme como quieras siempre que tengas el dinero suficiente. ¿Lo tienes?

- ¡Draco concéntrate!, vine a buscarte. Puedo darte dinero, vuelve conmigo al mundo mágico, deja este asqueroso lugar.

- Estoy completamente concentrado… obsérvame…

Luego de un extraño baile donde dejaba ver su más que evidente erección, Draco volvió a caminar hacia el recipiente de las hierbas e ingirió una tercera bocanada de humo mientras se servía otra copa.

- estoy hablando en serio.

- yo también. ¿Así está mejor? Hubo un tiempo en el que hubieras llorado por esto.

Draco lanzó una amarga risa mientras se cubría con una toalla que sacó del cajón de un armario que descansaba contra la pared del fondo de la habitación.

- quiero que regreses conmigo.

- ya no soy un mago, ¿lo recuerdas?

- no importa, vuelve conmigo y tendrás dinero. Aun eres un Malfoy, eres una sangre pura, no deberías estarte rebajando así.

- la última vez que me fijé, mi apellido y mi sangre no me daban de comer Pansy.

Fui sentenciado por ser un mortífago de cuarta y el mundo mágico me dio la espalda mientras se ufanaba de su indulgencia hacia el pobre niño que tomó malas decisiones por miedo a morir.

- pero estoy aquí, te llevaré de regreso. Tu sentencia es temporal, no tienes por qué vivir así, en este lugar inmundo lleno de muggles.

- me importa una mierda, querida. Prefiero pudrirme en este agujero que regresar con todos esos hipócritas… Quienes decían ser mis amigos negaron mi existencia cuando les pedí ayuda y me olvidaron durante dos años, inclusive tu.

Al menos en este lugar inmundo nadie intenta matarme ni amenaza a mi madre. En este lugar infectado de muggles, al menos se me paga por ensuciarme las manos y sé que aunque cometa errores mi cabeza seguirá en su sitio.

Demonios, inclusive tengo seguro medico y días libres… ahora si me disculpas querida Parkinson, desearía disfrutar mi descanso antes de mi siguiente sesión.

Draco caminó hacia aun aparato y sonrió al ver de reojo el gesto de Pansy. Ella debía sentirse igual de perdida que él la primera vez que pisó el mundo muggle. Josette se había tomado cerca de un mes en ponerlo al corriente de la tecnología y debía admitir que los muggles eran muy inventivos a la hora de suplir la falta de magia.

- Nya, habla Dante, ¿podrías venir a buscar a la señorita que dejaste entrar?

-…

- esta vez no le diré nada a Josette, no te preocupes, solo no la dejes volver a entrar y si alguien vuelve a preguntar, solo di que no me conoces.

-…

- está bien querida. Asegúrate de cobrarle el monto que tuviste que reembolsar a Stephanie y su amiga.

-…

- Gracias Nya. Dame diez minutos y estaré listo para la siguiente clienta.

Draco colgó el intercomunicador y arrojó la toalla a un canasto para luego retirar metódicamente la gran sabana que cubría la cama redonda mientras ignoraba efectivamente la presencia de Pansy en la habitación.

Nya llegó justo cuando Draco había puesto una sabana limpia, retiró el canasto lleno de la habitación ignorando la desnudez de Draco y luego tomó el brazo de Pansy que seguía parada en la entrada como si hubiese sido petrificada.

- gracias por esta desagradable visita Pansy. Espero que olvides el camino a este sitio y de ser posible que también te olvides de que existo.

Pansy no podía articular palabra, el Draco que ella había conocido no existía y este, aunque se veía más saludable que la última vez que lo había visto, no era el muchacho que había conocido. Todo había cambiado en él, su postura era la de un predador, su cabello ahora era oscuro y no había miedo en su mirada, de hecho, no había nada.

La joven viuda que creyó que saldría de ahí con un nuevo juguete solo salió del establecimiento con un nudo en el estomago. Ella podía ser superficial, pero algo murió en su interior al ver a Draco de esa forma. El ultimo resabio de lo que ella creyó que había sido una feliz infancia se había evaporado al observar a Draco caminando hacia lo que había denominado Hipnisy.

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- Gracias Lilith. Eso es todo por esta noche. Es sábado, elije algún novicio y diviértete, sé que hay una fiesta en el tercer círculo.

- Gracias Diablo, he marcado tres novicios que muero por probar.

- ahhh, la gula… la madre de los pecados… jajajaja diviértete como un demonio pequeña Lilith, si necesito algo llamaré a Minos.

Lilith sopló un beso hacia él y salió de la habitación dando pequeños saltitos de alegría. Su asistente tenía un alto rango dentro del club y era la única aparte de él con el permiso de moverse entre los círculos.

Ella había sido una de sus primeras sumisas en el establecimiento de más renombre que pertenecía a Josette y su primera socia dentro del infierno. Para ser una maestra jardinera, los apetitos de Lilith eran voraces y rápidamente había descubierto que disfrutaba de roles más activos que el de sumisa.

Había sido Lilith quien había sugerido el estricto cuidado de la confidencialidad y la prohibición del uso de magia dentro del club. Ella era de familia portuguesa y su hermano mayor portaba el gen mágico, así que ella estaba al tanto de todo cuanto sucedía dentro del infierno y aunque era muggle, el estatuto del secreto no la alcanzaba.

Draco había ido esa noche sábado al Infierno para poder revisar algunos contratos. Su encuentro de la noche anterior con Morrigan lo tenía alterado y necesitaba ocuparse en algo antes de correr al archivo y comenzar a desencriptar los verdaderos datos de la mujer que se escondía bajo la máscara y el nombre de una diosa.

Dado que al Dante´s Inferno asistían políticos, gente de la realeza y aristócratas de las más altas castas del mundo mágico, las verdaderas identidades estaban encriptadas en una base de datos que había sido creada por el mejor de los mejores expertos en seguridad informática. Y aunque nunca lo había hecho hasta el momento, Draco poseía los medios para desencriptar los datos de cualquier socio que quisiera solo porque era el dueño de ese lugar.

Una vez que revisó que las cuentas estuviesen en orden y que nada extraño ocurriese en el limbo, se dispuso a observar las cámaras de los lugares públicos de todos los círculos en busca de alguna actividad ilícita dentro de su club. Temprano había recibido una invitación a la fiesta dionisiaca que el demonio del tercer círculo había organizado esa noche.

Al ascender al tercer circulo, el nuevo demonio había tomado el nombre de Dionisio, el dios del vino de los griegos. Y aunque no pertenecía a la mitología dentro de la divina comedia, a Draco le parecía lógico que el demonio residente del círculo de la gula fuera un dios de los excesos.

No tenía nada mejor que hacer, y ante la perspectiva de sucumbir ante el impulso de buscar a Morrigan en el mundo real, decidió que una fiesta en el tercer círculo de su infierno era el mejor camino a seguir.

Como era el diablo, el tenia un lugar de honor dentro del salón de fiesta, y desde su puesto el podría decidir si quería participar de los festejos o simplemente observar la bacanal.

Decidido a despejar su mente aquella noche, abrió el cajón de su escritorio y extrajo el Hipnisy. Hacia al menos cuatro años que había dejado de consumirlo de forma frecuente. Al principio, mientras trabajaba para Josette, él lo había usado para poder funcionar con sus clientas. Luego lo había usado mientras era un sumiso y su pasado lo atormentaba. Finalmente lo había abandonado cuando descubrió que siendo un amo el estaba lo suficientemente cómodo como para no necesitar ningún tipo de ayuda extra. Esa noche lo usaría para divertirse un poco y expulsar momentáneamente a Morrigan de su mente.

Se despojó de su traje y se colocó uno de sus pantalones de seda negros y su sempiterno brazalete para cubrir los vestigios de la marca tenebrosa en su brazo izquierdo. La máscara ya la tenía puesta y su cabello castaño estaba ordenadamente desordenado como solía usarlo desde que lo habían expulsado del mundo mágico. Muy atrás había quedado el Draco de cabello platinado y peinado hacia atrás con pociones fijadoras.

La orgia bacanal recién había iniciado cuando ingresó al recinto hermosamente decorado al estilo romano. Cada demonio residente tenía permiso de introducir pequeñas modificaciones a sus instalaciones cuando accedía a su propio círculo. Dionisio había decidido ambientarlo a su imagen y semejanza.

El vino corría a raudales y con su vista periférica pudo captar que había comida que era servida por sacerdotisas desnudas que recorrían el lugar. El tercer circulo, o circulo de la gula, era el único lugar en el Dante´s Inferno donde estaba permitido emborracharse hasta perder el conocimiento.

El médico del club se encontraba siempre atento y ataviado con un traje de doctor de la peste negra ya que no era raro que algún miembro del club sufriese alguna descompensación en esas fiestas.

Draco tomó asiento en uno de los sofás especialmente dispuesto para su uso. La zona de honor estaba situada en el atrio central y a demás de sofás poseía gruesos doseles para darle intimidad si decidía que quería tenerla sin moverse del lugar.

El hipnisy había hecho efecto y su mente se sentía ligera. No recordaba por qué había bajado al tercer círculo pero estaba contento de haberlo hecho. Las sacerdotisas corrían hacia él entregándole copas de vino y ofreciéndose para satisfacerlo de la forma que quisiese.

Una de las sacerdotisas tuvo el gran honor de masajear su cuero cabelludo mientras que otra le daba pequeños trozos de fruta y una tercera mantenía su copa rebosante de vino. En ese momento hasta Calígula hubiese sentido envidia de él

A su alrededor la fiesta seguía y él se sentía bien siendo atendido de aquella forma. Las tres bellas mujeres estaban entregadas en cuerpo y alma a su placer y el hipnisy hacia que cada sensación fuese mucho más intensa.

No le apetecía tener sexo con ninguna de ellas en ese instante, pero la noche era joven y el hipnisy corría libre por sus venas a la vez que el vino obnubilaba su buen juicio haciendo lo necesario para mantenerlo alejado del expediente de la bruja que lo había hechizado la noche anterior.

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Se había preparado desde temprano para aquella cita a ciegas que Ginny había concertado para ella. No había estado muy entusiasmada pero no había querido contrariar a una mujer embarazada.

Desde que Hermione se había divorciado de Ron, Ginny y Harry se habían entregado a la tarea de conseguirle un nuevo novio y ella sistemáticamente los había rechazado por uno u otro motivo. Y este probablemente también sería rechazado como el resto.

-... atacando a Gormlaith Gaunt quien se petrificó en segundos, como reacción del veneno con la magia oscura que había utilizado.

Hermione hacia lo posible por no bostezar. El hombre con el que estaba teniendo esa cita era apuesto, pero era total y completamente aburrido. El mago estadounidense con el que había quedado para cenar no había parado de comentar la historia del colegio Ilvermorny y eso la hacía pensar si ella había sonado igual cuando estaba obsesionada con la historia de Hogwarts.

"¿Percy?, ¿Percy eres tú?, ¿has tomado poción multijugos?, nop no eres Percy, eres incluso más aburrido que él…

¿Qué probabilidades tengo de morir ahogada con este trozo de pan?... ¿a quien mataría si el gran candelabro cae justo en este momento?...

Oohhh que hermoso cabello, si tan solo pudiese tenerlo así todo el tiempo, oye chica ¿que acondicionador usas?"

Si no fuera por el hecho de que Percy Weasley llevaba casado al menos cuatro años ella podría decir que estaba ante el antiguo prefecto de Gryffindor. Mientras que el tipo seguía hablando de sus viejas glorias escolares, Hermione se dedicó a divagar dentro de su mente.

- oh, si… fantástico…

"Merlín, espero que no haya sido una pregunta. ¿Todos los yankees son así de aburridos, o solo tú?, ¿por qué vine aquí pudiendo haber ido a infierno?, mis encuentros con el Diablo son los viernes, pero al menos podría estar escuchando buena música en el limbo… ¿el diablo se pondría celoso si me ve hablar con algún novicio?, oh santa Morgana, nombra otra rebelión de duendes y gritaré"

Estaba harta de aquella cita. Su último encuentro con el diablo había sido extremadamente satisfactorio, pero como había pasado con su anterior reunión, ella se había quedado con ganas de más. De mucho más. Había aceptado acudir a esa cena, con ese desconocido, con la esperanza de que no fuera tan asquerosamente tedioso y le propusiese ir a la cama con él rápidamente como habían hecho muchos de los hombres que Ginny le había presentado.

El Dante´s Inferno había roto algo en ella. Hasta antes de pisar ese lugar ella hubiese matado por un hombre como el que tenía enfrente. Erick era inteligente, centrado, medianamente apuesto, soltero y no mucho mayor que ella. Sin embargo, después de conocer al diablo, este hombre le parecía completamente aburrido.

"Pasé años deseando un santo y ahora resulta que me cae mejor el diablo"

- ehmm, ¿Erick quieres ir a tomar un café a casa?

- ¿estás usando un eufemismo para sexo Hermione?

- lo dejo a tu libre interpretación.

Hermione intentó usar su mejor sonrisa sensual aunque falló estrepitosamente. ¿Aquel tipo era de piedra o qué?, para su alivio Erick se levantó de su asiento y dejó los ocho galeones que correspondían a la cena y le tendió su mano para poder salir de aquel lugar.

Luego de un breve intercambio decidieron que el apartamento de Erick era el lugar más indicado. Al llegar, Hermione creyó estar ingresando a un quirófano. Todo allí era excesivamente ordenado, monocromático, carente de pasión. Suspiró, aun tenía la esperanza de que el sexo con él fuese interesante.

Cuando Erick atacó la piel suave de su cuello, Hermione sintió el típico cosquilleo que siempre había sentido y que hacía de esa zona su favorita para ser besada y mordida. Sin embargo el rastro húmedo de besos no dejaba un camino de lava ardiente como había hecho el Diablo durante su castigo. Allí donde su amo la había quemado, Erick la había congelado.

Los besos de su cita tenían demasiada lengua, demasiada saliva, demasiados dientes. No le quitaban el aliento ni hacían temblar sus piernas como ese único beso que había recibido su primera noche en el infierno.

Cuando estuvieron desnudos, el cuerpo de su cita a duras penas había causado algunas reacciones fisiológicas en ella, incluso Ronald con su sexo vainilla y básico había hecho más por su sistema límbico que aquel tipo.

Él no estaba mal, de hecho podría decir que sobresalía entre los estándares, pero el extraño ángulo en el que se acomodaba su miembro la distrajo en su observación. Él no era feo, pero no era el Diablo.

Cuando Erick metió una mano en su intimidad, esperó a que la electricidad comenzara a surgir como había hecho la noche anterior pero apenas si sentía un cosquilleo. Y cuando él la tendió de espaldas en su cama pulcramente tendida y sin dilaciones se hundió en ella, en una posición completamente normal, casi llorisqueó arrepintiéndose de haber querido hacer aquello.

Hermione aun no había experimentado lo que era tener a su amo sobre ella, pero dados sus dos encuentros anteriores, estaba segura que sería una experiencia casi religiosa.

Seguramente sería una situación muy distinta a la que estaba viviendo en ese momento. El continuo mete y saca, los aburridos jadeos y ese sudor no estaba valiendo la pena. El agua que debería gastar para ducharse luego no valdría la pena. Esa noche era total y completamente un pérdida de tiempo y valiosos recursos naturales.

Al terminar, Hermione se sentía aun más necesitada que el día anterior. Estar con Erick solo había hecho que no parase de imaginar a su amo. Definitivamente estaba enloqueciendo. Se obligó a no hacer mala cara cuando él preguntó como la había pasado. Aun le quedaba algo de alma y no quiso romper su corazón diciéndole que al salir de esa casa habría olvidado aquella noche e inclusive su rostro que era demasiado común.

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No estaba muy emocionada con tomar el metro, pero desde que sus padres habían decidido vivir en Chelsea ella casi no tenía opción, pues los sitios seguros de aparición se hacían más escasos cada año y desafortunadamente la nueva casa no contaba con una chimenea apta para la red flú.

Afortunadamente el Piccadilly line tenía una parada en Leicester Square, a unas cuantas calles de su residencia y la casa de sus padres quedaba a unos cientos de metros de la parada de South Kensington.

Normalmente ella visitaba a sus padres los fines de semana, pero esa vez había cambiado su típico almuerzo dominical por un desayuno de lunes, aprovechando que sus vacaciones en el ministerio habían iniciado y debido a que sus padres habían tenido una escapada romántica de fin de semana.

Aquel desayuno había sido perfecto y Hermione todavía agradecía el hecho de poder haberlos recuperado luego de la guerra. Durante su matrimonio ella se había inclinado demasiado hacia la familia de su esposo y ahora que estaba divorciada, ella quería recuperar el tiempo que había perdido de disfrutar a sus propios padres. Así que aprovechaba cada vez que podía para estar con ellos ahora que estaban retirados.

Al no ser una hora pico, el vagón del metro no estaba atestado pero tampoco había lugares abundantes, de hecho ella era la única que no tenía un acompañante hasta que se detuvieron en Knightsbridge.

Hermione no prestó atención al hombre vestido completamente de negro que se sentó junto a ella y siguió enfrascada en su lectura. Previendo un largo y soporífero regreso a casa, ella se había llevado una novela muggle para leer y hacer que el viaje en metro fuera menos aburrido.

- disculpe, me he quedado sin batería en el teléfono. ¿Podría decirme la hora señorita?

La voz profunda de su compañero de asiento la extrajo abruptamente del mundo ficticio en el que se hallaba sumergida. Estaba llegando al nudo de la historia y casi lloriqueo por la frustración de haber sido desconcentrada.

- eh, si. Son las once y veinte.

- muchas gracias.

- de nada.

Hermione estaba por volver a sumergirse en el texto cuando decidió dar una segunda mirada a su compañero de viaje que había vuelto su mirada hacia el frente. Le tomó un minuto completo de observación el reconocerlo. En esos casi nueve años ella no había vuelto a usar ni uno solo de sus pensamientos en el hombre que tenía sentado junto a ella.

Sabía que había sido sentenciado con una condena ejemplar según los diarios, pero jamás se había puesto a pensar que había sucedido con el arrogante mago sangre pura. De hecho, hubiese jurado que él había recibido una condena de prisión en Azkaban. Pero para su sorpresa, él estaba sentado ahí, en un metro muggle, con vestimenta muggle común, con un teléfono celular y sin parecer que vomitaría pronto por estar rodeado de gente que no pertenecía a su casta.

- ¿Malfoy?

Hermione creyó haberse confundido cuando él demoró un latido en girar su rostro hacia ella. Al mirarlo detenidamente había podido observar que su cabello ya no era el rubio platinado de la escuela sino un rubio oscuro o castaño claro, un color mucho mas común, que debía admitir que no le quedaba mal.

-Buenos días Granger. Parece que has visto un fantasma…

No, un fantasma no, pero si un tipo que jamás tocaría algo remotamente muggle por miedo a ser contaminado. ¿Debería dar aviso a los aurores?, ¿Malfoy habría huido de Azkaban como lo hizo Sirius en su momento?

- cierra la boca Granger o puede entrarte alguna mosca. Y sí, soy Malfoy. Si, vivo en el mundo muggle. No, no me escapé de Azkaban, el wizengamot me sentenció a vivir sin magia.

Soy un Squib, era lógico que viniese a vivir de este lado.

Hermione cerró su boca y la volvió a abrir inmediatamente buscando las palabras que su asombro no le dejaban producir.

- he dejado sin palabras a la gran Hermione Granger, eso es bueno. Aun no he perdido el toque...

Si te estás preguntando lo que ocurrió con mi cabello, solo diré que el antiguo color hacia que la gente se me quedara mirando como idiotas e incluso preguntaban si era ciego por ser albino… de esta forma no resalto tanto y los tontos no se me acercan.

- ¿eres legeremante?

- ajajajajaja, de los cientos de preguntas que podrías hacer ahora, ¿preguntas semejante estupidez?.

¿Se te escapó la parte en la que dije que soy squib?. Además no necesito ser un Ravenclaw para adivinar lo que pensaste al reconocerme.

Draco se encogió de hombros y siguió mirando hacia el frente con gesto indiferente. No era la primera persona de su pasado con la que se reencontraba y seguramente Granger no sería la última.

Ya se había encontrado con Potter cerca de Kings Cross y con lunática Lovegood en el Piccadilly Circus algunos años atrás, también había vuelto a ver a Pansy Parkinson, pero esa época de su vida había sido un tanto oscura.

Draco finalmente había hecho las paces con su pasado y salvo en su club, donde camuflaba hábilmente la marca tenebrosa, él no escondía quien había sido durante la guerra, ni siquiera de sí mismo.

Le había llevado casi cuatro años reconciliarse consigo mismo y obtener la templanza suficiente como para darse cuenta que todo lo que su padre había inculcado en él había sido estúpido. Le había costado cuatro años comprender que su sangre no valía más que para correr por sus venas manteniéndolo vivo y que el pequeño y fragmentado mundo en el que vivía de niño era solo una porción del todo.

Viviendo como un muggle había aprendido que ellos y los squib no eran idiotas por no tener magia, ni eran brutos, ni sucios, ni inferiores. Ahora sabía que todos esos preconceptos eran fruto de la estupidez supina de su padre y todos los sangre pura.

Había sido una anciana vecina muggle la que les llevaba comida cada tanto cuando ni él ni su madre tenían un empleo con el cual vivir. Había sido una sociedad de beneficencia muggle la que les había dado ropa de abrigo ese primer invierno en el que habían llegado con las manos vacías al altillo en Newham.

Había sido una mujer squib quien le había enseñado todo cuanto sabia del mundo muggle y luego le había heredado sus negocios al morir. Había sido una escuela comunitaria muggle la que le había dado el conocimiento necesario para poder mantener y hacer crecer sus negocios.

Inclusive, había sido un muggle de moral dudosa el que le consiguió todos los papeles y credenciales que necesitó para moverse en ese mundo donde era un indocumentado. Aquel tipo le había falsificado toda una vida muggle, ya que los registros mágicos no figuraban en las bases de datos de los que carecían de magia y sin documentación no podría moverse en ese mundo.

Wolf, otro de sus vecinos, ni siquiera había preguntado de donde habían salido él y su madre, simplemente había conseguido todos los papeles y agregado los datos que ellos habían proporcionado a cambio de una modesta suma de dinero, que en principio se había negado a recibir.

Todos en ese barrio extremadamente pobre lo habían ayudado de alguna forma, aunque Draco no entendiese por qué lo hacían.

¿Que habían hecho los magos por él?, cuando cayó en desgracia los falsos amigos lo abandonaron y sus enemigos lo arrojaron fuera de la vista para olvidarse que él existía. Seguramente con la esperanza de verlo muerto en seis meses. Draco sabía que el discurso de la nueva oportunidad había sido solamente palabrerío barato para aparentar misericordia.

Solo alguien sin escrúpulos arrojaría a una mujer y a un joven, que apenas alcanzaba la mayoría de edad mágica a un mundo que desconocían completamente, en los que no existían, sin dinero ni otro auxilio más que la lástima que pudiesen despertar en aquellos que se cruzasen en el camino.

Así que, al igual que cuando vio nuevamente a Potter, no le apetecía burlarse de Granger más que de lo que se burlaría de cualquiera que le hiciese preguntas estúpidas. Podría ser un mago sin magia que era dueño de un club de sexo, pero aun detestaba a la gente que sentía la necesidad de preguntar idioteces o señalar lo obvio. Le recordaban demasiado a Goyle y Crabbe como para refrenar su lengua.

- adelante Granger. Haz tus preguntas, aun me quedan tres estaciones antes de bajar y creo que sería incomodo que te quedases mirándome de esa forma hasta que llegue a mi destino.

- lo siento.

- no te preocupes. Potter me siguió seis calles para asegurarse que era yo y luego señaló lo obvio con mucha puntería. Dispara, se que te mueres por preguntar.

- ¿has visto a Harry antes?

- oh por favor Granger, puedes hacerlo mejor. Oí que estas casada con la comadreja, dime que no le donaste la mitad de tu cerebro.

- estaba.

-¿Qué?

- me divorcié hace dos años. Esta situación es surreal Malfoy, no voy a disculparme por preguntar cosas tontas.

La risa sincera de Malfoy fue contagiosa, sep, Hermione definitivamente había caído por el agujero del conejo y estaba en el país de las maravillas. Estaba viajando en un metro muggle sentada junto a Malfoy y aun no había necesitado sacar la varita del bolsillo de su abrigo color crema.

- ¿Qué debería decir?... mmmm, ya se. Felicitaciones.

Esa vez fue Hermione quien rió. ¿Quién era ese hombre sentado junto a ella y que había hecho con el Draco Malfoy que conocía?

- no sabía que te habían sentenciado a estar en el mundo muggle.

- no es esa exactamente mi sentencia, fue algo mas como un "diremos que es una segunda oportunidad pero en realidad queremos que vayas a morir lejos de nuestra vista". Jajajaja, no te enojes conmigo Granger, no hagas esa cara. Fueron ellos los que me quitaron la magia, rompieron mi varita e incautaron mi herencia.

Hermione se ruborizó furiosamente y eso hizo sonreír a Draco. La gran sabelotodo nos sabía cual había sido la ejemplar sentencia que le habían dado al más fracasado de los mortífagos de Voldemort. Era interesante poder saber algo que la prefecta perfecta no sabía.

- ¿Qué has estado haciendo todos estos años?

- bueno… los primeros años fue principalmente no morir de hambre y evitar acabar en un manicomio por actuar extraño. Luego conseguí empleo y ahora soy un miembro más o menos respetado de la sociedad. No mucho. ¿Tu? ¿Ya eres ministra de magia?

¿En serio estaba teniendo una conversación civilizada con Malfoy?, le estaba costando más de lo esperado acostumbrarse a esa realidad donde Malfoy no la insultaba y parecía un muggle cualquiera.

- aun no. Soy jefa del departamento de la implementación de la ley mágica. Pero hay quienes dicen que tengo probabilidades de serlo algún día. ¿De qué trabajas?

- tengo una empresa.

- ¿a qué se dedica?

- básicamente pongo en contacto a personas que llegan buscando ciertos servicios con aquellos que están dispuestos a brindarlos. Si la transacción entre ellos es exitosa, yo recibo un rédito económico.

- eres algo así como un agente de recursos humanos.

- sí, puedes llamado de ese modo…

Él técnicamente no estaba mintiendo. En su club, Draco creaba un ambiente seguro para que los sumisos encontraran sus dominantes, para que las parejas se desinhibiesen y cumpliesen sus fantasías, y para que cualquier fetiche dentro de los márgenes de la legalidad pudiese ser practicado sin que nadie juzgue a los involucrados.

Las estaciones se sucedían y Hermione no podía creer que estaba sosteniendo una muy estimulante conversación con quien fuera su némesis del colegio. Draco parecía estar al tanto de temas tan variados como la bolsa de valores, la tecnología, la política internacional, los Beatles e incluso algún que otro chisme de la realeza Británica.

Aparentemente Draco se había vuelto un hombre de provecho estando en el mundo muggle. Era realmente interesante conversar con alguien que compartiera ambos mundos igual que ella. Harry hacia mucho que había dejado el mundo muggle para no volver y Hermione solo había mantenido el lazo con su origen a través de sus padres.

El hombre de cabellos castaños claros no era el completo troglodita que ella hubiese imaginado que seria, ese fastidioso viaje en metro no había sido tan tedioso como había esperado y ese lunes no había sido tan malo como los demás.

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n.a: bueno, aparentemente la idea de una historia entre cuatro paredes ha quedado definitivamente en el olvido y se está desarrollando un trasfondo que no tenía pensado pero me gusta. Espero que quien esté leyendo esto también le guste y quiera dejarme un comentario con su opinión al respecto. HASTA LA PROXIMA!