Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.

Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

AVISO: LA SIGUIENTE HISTORIA ES APTA PARA +18. GIRA EN TORNO AL BONDAGE Y ALGO DE SADOMASOQUISMO (PRACTICAS CONSENTIDAS ENTRE LOS PERSONAJES QUE SERÁN SIEMPRE MAYORES DE EDAD). TENDRÁ MUCHAS ESCENAS LEMON AUNQUE NUNCA VIOLENCIA EXPLICITA. SE SUGIERE DISCRECIÓN.

-o-

Capitulo 5: Quinto circulo (ira)

- basta. Esto no está funcionando. No se supone que te encojas de miedo. Esto no es sobre el miedo Draco, esto es sobre el placer…

- lo siento ama. Puedo probar otra vez con Hipnisy si lo desea…

Su entrenamiento estaba siendo demasiado duro. Josette había querido entrenarlo como sumiso para un par de clientas que pagarían cualquier precio por encontrarse con un chico como Draco en sus sesiones privadas, pero ser un sumiso era algo que simplemente no iba con él.

Él se había subyugado por tanto tiempo a las órdenes de su padre, a los absurdos caprichos puristas de Voldemort y a cualquier mortífago que estuviese por encima de él, que ahora simplemente no podía relajarse y abandonarse a la voluntad de su ama.

Josette había pagado una gran cantidad de galeones por una poción que desapareciese las cicatrices que el sectumsempra que Potter le había lanzado en sexto año desaparecieran de su pecho, pero no había poción que curase las cicatrices de su mente y eso le impedía ser un sumiso real. Después de todo solo hay un número finito de golpes que puede recibir un perro antes de volverse completamente desquiciado.

- no. El Hipnisy es un afrodisiaco, no sirve aquí. Tienes que doblegarte por propia voluntad, no por miedo o por una droga.

- lo siento ama.

- no mientas. Ambos sabemos que no lo sientes. No tienes madera de sumiso Draco, pero creo que podemos encontrar un nuevo enfoque para ti. No quiero que sigas en este lugar por más tiempo, aquí solo te marchitarás. Deberías estar ganando fortunas y no migajas en este antro de mala muerte.

- su voluntad es mi placer ama.

- oh por dios, deja ya los versos. Pronuncias las palabras pero desprecias cada una de ellas como si fueran veneno... Ven hablemos de negocios. Tengo una mejor idea para ti.

Draco tomó una mullida bata negra para cubrirse, se sirvió un vaso de whiskey y se sentó frente a Josette en el amplio escritorio color caoba. Ella tenía razón, cuando él no estaba bajo el influjo del Hipnisy le era imposible obedecer las órdenes sin pensar y al hacerlo tampoco recibía ningún tipo de placer más que el de la droga que corría por su torrente sanguíneo.

- te escucho Josette.

- últimamente hemos tenido un gran número de vírgenes sangrepura que son traídas por sus madres para que les enseñes sus primeros pasos en el sexo, para que luego ellas puedan complacer a sus vetustos y acaudalados maridos.

El rumor de que aquí hay alguien que puede hacer la primera vez menos traumática, ha traído a mucho dinero a mi cuenta.

- sinceramente las vírgenes son más fáciles de atender. Suelen ser tímidas pero hacen lo que les pides, son complacientes, aprenden rápido y no necesito el Hipnisy.

Con las casaderas no necesito una droga para que la clienta quede satisfecha, es algo más agradable de hacer.

Si bien el ministerio de magia había prohibido casar mujeres menores de edad, los sangrepuras aun les seguían concertando matrimonios a sus hijas cuando apenas tenían la edad que la ley declaraba como legal. Los matrimonios arreglados aun no se habían abolido completamente.

Si bien lo ideal era que fueran vírgenes al casarse, como muestra de compasión era tradición llevar a las jóvenes casaderas a sitios como el de Josette, para que hombres como Draco les dieran una buena primera experiencia, si no la habían tenido antes de ser comprometidas.

- detecto satisfacción en tu tono. Debí saberlo antes. Eres un dom innato…

- no he tenido la oportunidad de probarlo Josette. Con las muchachas solo he sido amable, se lo que quieren, lo que necesitan. Ya es demasiado que las obliguen a casarse con viejos que les doblan la edad como para también quedar traumadas por su primera vez. Además me aseguro que vuelvan cada tanto.

- ¡como pude ser tan tonta!, hablas como un dominante. Tu edad y apariencia me engañó Draco. De dominatrix a dominante, me disculpo.

- jajaja, no tengo idea de que es ser un dom Josette, pero disculpas aceptadas, supongo.

- no te preocupes, tengo una sumisa que sabrá explotar tus talentos Draco. Un par de sesiones con Belle y estarás en Soul entrenando sumisas. y por supuesto obteniendo cuanta bruja virgen casadera llegue buscándote.

- está bien. Pero debemos hablar de dinero.

- pon tu precio, querido.

- setenta y cinco por ciento de las ganancias. Todo el trabajo duro lo hago yo Josette, es justo que obtenga más dinero.

- cariño, solo tienes veinte y aunque atraes mucha clientela, no estás en condiciones de exigirme tanto. Que sea el treinta.

- he soportado seis meses de entrenamiento como sumiso y odié cada instante. Me estas proponiendo un nuevo negocio solo porque te ha llevado seis meses darte cuenta que el primero fracasaría. Merezco un poco más de dinero, quiero salir del altillo en Newham. Se acerca el invierno… no querrás que me enferme. Con un sesenta porciento podría buscar una casa con calefacción…

Draco estaba echando mano a toda la astucia que se suponía debía tener por haber sido elegido como Slytherin en Hogwarts. Si Josette aceptaba sus términos él podría garantizar comida y un nuevo hogar a su madre. Las penurias se acabarían finalmente para ellos, y él tendría un salto considerable en sus condiciones laborales. No podía decir que se le tratase mal en el más humilde de los tres establecimientos de Josette, pero estando en Soul y ganando más dinero, él podría darse el lujo de rechazar la clientela que no le agradase o inclusive negarse a trabajar cuando no le apeteciese.

- es verdad, cometí un error y lo he admitido. Pondré un voto de confianza en tu juventud y talento, querido. Te ofrezco cincuenta por ciento, pero solo si haces algunos turnos vespertinos. Las señoras casadas no pueden salir de noche.

- tenemos un trato.

Draco sonrió, quizá acababa de vender su alma pero la perspectiva de salir del altillo en donde debían colocar recipientes bajo las goteras para que el agua de lluvia no mojase lo poco que tenían y debían dormir vestidos en el crudo invierno, era lo suficientemente tentadora.

-o-

Mientras se arreglaba para el diablo pensaba en su semana. Ese día había llegado con suficiente tiempo como para hacer su preparación con esmero y tranquilidad. Ese era su tercer encuentro y cada vez se sentía más cómoda con su amo. Ella comenzaba a disfrutar de todo aquello. Salir de su zona de seguridad y abandonarse a las órdenes de alguien más era reconfortante para variar.

Esa semana había sido una locura. Estaba de vacaciones pero los sucesos se habían encadenado uno tras otro como para sumirla en un torbellino de actividad que no le había permitido pensar demasiado en sus sesiones en el Dante's Inferno. Solo había tenido tiempo de pensar en su amo cuando estaba en la cama, a punto de dormir.

Para empezar, el lunes había tenido su primera conversación civilizada con Malfoy, luego de encontrarse accidentalmente con él en el metro. El martes Ginny había dado a luz a Albus y había tenido un incomodo momento con su ex esposo en el hospital. Ronald había acudido con su nueva novia a San Mungo y ella pudo sentir como él se tensaba cuando la vio llegar. Hermione había querido reírse por la situación, ella no sentía nada de lo que posiblemente él se estuviera imaginando.

El miércoles volvió a encontrarse a Malfoy, pero esta vez fue más extraño aun que la primera vez. Lo halló comprando alimentos en un mercado no muy lejos de su casa. Para su sorpresa, resultó que ellos eran vecinos.

En realidad vivían a unas quince calles de distancia, pero habían coincidido porque a ella le gustaba la marca de helado que vendían en esa cadena de supermercados y era la más cercana a su departamento.

Hermione no se había tomado vacaciones en cuatro años y recorrer su barrio durante las mañanas no había sido una rutina para ella desde que había comprado su nuevo apartamento en el lado muggle del West End. Así que, aunque habían sido vecinos por dos años, ella nunca se había cruzado a Malfoy por ahí.

Fue completamente vergonzoso tener que preguntarle a Malfoy por donde se hallaban los detergentes de ropa. Ella casi se asfixia debido al repentino ataque de risa que le sobrevino cuando él le recomendó una marca en particular. Las compras las realizaba su madre generalmente y ella las buscaba cada fin de semana. Su trabajo era demasiado absorbente, y pequeñas cosas como las compras quedaban en segundo plano.

En su mente, el tipo que tenía enfrente, siempre fue un mimado y engreído mago sangre pura. Jamás se hubiese imaginado verlo eligiendo paquetes de pasta seca para cocinar o usando su cabello un poco más oscuro de lo natural.

El jueves había decidido visitar Grimauld Place y pasó todo el día ayudando a Ginny con los niños. El nuevo bebé era un santo, pero James era un torbellino con pies. Ella estaba segura de que no necesitaría ir a un gimnasio si decidía visitar a los Potter una vez a la semana cada tanto.

Lo más interesante de su viernes había sido el delicioso café de achicoria que probó con Draco esa mañana. Cuando se despidieron en el supermercado, él le comentó que desayunaba todos los días en un bonito café y librería del Oxford Circus.

Su antiguo némesis escolar le sugirió que si algún día se dejaba caer por esa zona, podría mostrarle las bondades de la bebida y pastelería que la dueña del local ofrecía. Según supo, el local pertenecía a una mujer proveniente de Luisiana en Estados Unidos y toda la carta estaba basada en la cocina cajún. Fue una mañana más que interesante. Si no supiera quién era Draco, Hermione hubiese jurado que él era un muggle más.

Estaba tan relajada y distraída que olvidó comprobar el tiempo y tuvo que correr al oír como la puerta de la habitación se cerraba. Estaba en problemas, el diablo había llegado antes de que ella estuviese lista, claramente seria castigada.

- llegas tarde Morrigan.

- lo siento amo, se me fue el tiempo.

- llegas tarde, hablas sin permiso. ¿Has decidido que quebrantarás todas las normas mi querida diosa?, habla.

- lo siento amo. No volverá a suceder.

- ven aquí.

Hermione caminó lentamente hacia el diablo y se esforzó por escudriñar su rostro por entre las pestañas. Su níveo y amplio torso estaba al descubierto. Salvo por los pantalones y su sempiterno brazalete él estaba semidesnudo.

- extiende tus manos hacia mí.

Así lo hizo. Él colocó unos suaves grilletes en sus muñecas y luego tiro de ellos para que lo siguiese hacia el sofá que dominaba parte de la habitación. Cuando llegaron a él, la hizo arrodillarse sobre el mullido asiento viendo hacia la pared y enganchó los grilletes de una anilla escondida tras el respaldo del sofá. De esa forma ella estaba inmovilizada de rodillas, con su rostro vuelto hacia la pared y su trasero expuesto.

- desde un principio te he dicho que no te castigaría salvo que lo merecieses y que nunca lo haría ante tu primera falta. Esta vez seré indulgente por aparecer tarde, pero castigaré tu insolencia al hablar sin permiso. ¿Comprendes por qué debes ser castigada Morrigan?, habla.

- si amo.

- ¿por qué?

- por hablar sin permiso amo.

- muy bien. Entonces escarmentarás esta vez. Quédate quieta.

El diablo desapareció de su campo de visión y la expectativa hizo que se removiese. Su corazón bombeaba desbocado y la adrenalina corría libre concentrando toda la tensión en el centro de su cuerpo. Estaba a punto de ser castigada y en vez de asustarse, ella estaba excitándose.

Draco caminó despacio hacia el armario donde guardaba todo tipo de fustas. Esa noche tenía pensado acelerar un poco el entrenamiento de su sumisa. En la segunda sesión había obtenido de ella la suficiente confianza como para que se abandone a sus órdenes. Ya era hora de comenzar a jugar un poco más rudo.

Además, necesitaba con urgencia algo de satisfacción que no viniese de su propia cosecha. Había tenido una semana más que perturbadora y darle rienda suelta a su bestia interior dentro de su propio club era lo más coherente. Esa noche haría que Morrigan desease entregarse a él en cuerpo y alma.

Desde que había sido condenado a permanecer diez años sin magia, él no había sentido la necesidad de reconectarse con personas de su pasado. Cuando vio como todos en su círculo le daban la espalda, Draco rompió con todo y todos e intentó olvidar. Pero esa semana había visto, no una, si no tres veces a la insufrible sabelotodo de Granger y había descubierto que no solo no era tan insufrible como pensaba, si no que era agradable conversar con alguien que lo conectase un poco con su origen mágico.

Él no se había disculpado por cómo había sido con ella en el pasado, después de todo, él consideraba que esa persona que había sido ya había muerto. Su nuevo él no había hecho nada malo contra Granger, así que no necesitaba disculparse, salvo que se lo sugiriesen.

Granger no parecía reprocharle nada del pasado y en cambio se habían enfrascado en discusiones filosóficas muy estimulantes. Draco no creyó que sostener conversaciones amistosas y compartir tiempo con Hermione fuese posible hasta esa día, cuando ella apareció en su café favorito y desayunaron juntos.

Draco debía admitir que Granger había cambiado en esos años, ahora usaba ropa que moldeaba sus curvas y no era tan pedante como cuando iban a Hogwarts. Ella estaba divorciada y había perdido la costumbre de ir por ahí con su nariz apuntando al techo como si todos fuesen trolls que no valía la pena civilizar.

Mientras elegía la fusta con la que disciplinaria a su sumisa, recordó el sabor de la nata montada que había probado cuando esta resbaló por la comisura de los labios de Granger. Mientras ella bebía su café, una diminuta gota de nata resbaló y su mano se movió más rápido de lo que su cerebro pudo procesar. Granger se había sonrojado tan violentamente que su reacción inocente lo hizo endurecerse.

Draco había intentado racionalizar el acto traicionero de su cuerpo y había llegado a la conclusión de que definitivamente necesitaba echarse un polvo, y rápido. Haberse negado a las atenciones de las sacerdotisas en la fiesta dionisiaca del sábado, luego de haber dejado ir a Morrigan el viernes, estaban haciendo que cualquier cosa con forma remotamente femenina lo enloqueciese. Era eso o el Hipnisy aun no se había metabolizado completamente en su sistema.

Por ser el primer castigo físico, él decidió que Morrigan merecía algo más amigable. Así que eligió una fina fusta forrada en terciopelo rojo que era suave y flexible. Eso sería suficiente para un castigo blando.

Mientras el diablo escudriñaba en un armario, buscando algo que solo él sabía, Hermione se dio la oportunidad de observarlo. Bajo las tenues luces de la habitación, su cabello castaño oscuro se veía suave, las líneas de su espalda solo podían describirse como pecaminosas y todo él hacía que se le hiciese la boca agua.

Hermione hizo un breve repaso de todos los hombres de su vida y descubrió que hasta ahora solo había sido Viktor Krum el único que había tenido un sex appeal lo suficientemente parecido al diablo. Ella aun era demasiado joven cuando salió con Viktor como para saberlo, pero aparentemente sus apetitos requerían algo más que tiernas caricias inexpertas.

Ron y sus fallidas citas posteriores no habían sabido incendiar su piel, su mente era demasiado lógica como para apagarse con ellos. Eso era lo que había hecho fracasar su matrimonio. Durante el sexo ella solo se tendía esperando que los minutos pasasen y a veces se descubría haciendo listas mentales de las cosas pendientes que tenia por hacer.

Con el diablo las cosas habían sido diferentes desde el principio. Solo un beso de él había sido suficiente para dejarla fuera de servicio una semana completa. Y con su toque él la había llevado hasta el paraíso y de regreso como nunca nadie antes pudo. Solo había bastado pensar en sus noches de viernes para que se pusiese febril.

Hermione había estado asustada el sábado anterior. Luego de ese fantástico encuentro con el diablo, ella tuvo miedo de que ningún otro hombre pudiese volver a encenderla de esa forma. ¿Qué sería de ella y de su prácticamente extinta libido, cuando sus sesiones con el diablo terminasen?, Afortunadamente esa mañana había descubierto que el diablo no la había roto, ella aun podía sentir cosas por simples actos sensuales de otros hombres.

Aun no había procesado que había significado aquello, pero en cierto modo la había tranquilizado dándole esperanzas de que a la larga sus sesiones con el diablo no hicieran de ella una adicta a él. Esa mañana casi había sufrido combustión espontanea cuando la nata de su café se derramó por la comisura de sus labios y Malfoy la tomó con su índice para luego lamerlo. Ese gesto había sido lo más erótico que había visto a la luz del día y no podía creer que hubiese venido del engreído hurón botador.

El diablo caminó hacia ella. Él poseía una cruda y rara clase de carisma masculino. En él había poder, fuerza, encanto, inteligencia y determinación. Desde que lo había mirado por primera vez lo había deseado. Hermione no necesitaba ser una genio para comprender que su amo había sido creado para complacer, y entrenado para el placer. Todo en él, desde sus músculos ondulantes, hasta su profundo y erótico tono de voz seducían. Ella se preguntaba como seria verlo finalmente sin esa mascara que ocultaba parte de su rostro, que seguramente sería tan perfecto como el resto de su cuerpo.

Cuando el primer golpe se descargó sobre sus nalgas expuestas, Hermione maldijo entre dientes y el diablo sonrió con gesto suficiente antes de descargar el segundo golpe. Lo súbito del dolor había acelerado su pulso y había hecho que, contra toda su lógica, partes de su cuerpo palpitasen con necesidad.

Draco acarició la zona enrojecida con mimo antes de volver a golpearla y el suave siseo que involuntariamente escapó de la garganta de Morrigan hizo que sintiese la extrema necesidad de tomarla en ese momento, pero aun no era tiempo. Más tarde quizá. Ella respiraba agitadamente y él estaba seguro de que aquello no era por miedo, era pura y cruda excitación.

Cuando el diablo soltó sus muñecas y la invitó a ponerse de pie, Hermione sentia todos sus nervios a flor de piel. Esos seis golpes la habían estimulado tan profundamente que la habían dejado tensa y su mente era un torbellino que no lograba enfocarse en una sola sensación por vez.

el cuerpo de Draco impactó contra su trasero y su pecho le rozó los hombros. El calor que él emitia la abrasó por completo excitandola. A pesar de la calidez de él, sintió como un escalofrio bajaba por su columa cuando él mordisqueó la parte suave de su cuello y rozó sus labios suavemente hasta llegar a su oido.

- ¿volverás a portarte mal Morrigan?

¿Qué debia responder?, ese castigo había volado su cabeza, ¿como podria prometer comportarse, si quebrantar las reglas se sentia igual o mejor que no hacerlo?

- no amo.

- Buena chica, sigueme. Hoy daremos un paseo.

Sobre el escritorio descansaba una caja de paño azul que el diablo tomó y abrió para que Morrigan lo observase bajo la luz mas resplandeciente que poseia la habitacion.

- esto Morrigan, es mi sello, te marca como mia dentro del club. Harás todo lo que yo diga y cuando lo diga, como yo lo diga y donde yo quiera. ¿aceptas llevar mi sello?

- si amo.

Hermione no tuvo que dudarlo. En ese momento ella hubiese saltado si él se lo pedia. Además, su vanidad le decia que aquella joya era bonita y valia la pena usarla. la cadena era de plata y el medallon era un intrincado nudo celta con el relieve de un muy estilizado ave fenix o dragon que sostenia un rubi en el centro.

- date la vuelta.

El medallón descansó entre sus pechos y él aprovechó para recorrer con su lengua la piel sensible de su oreja y hacerla estremecer cuando respiró ligeramente, enfriando el húmedo y caliente rastro que había dejado segundos antes. Ella gimió y Draco sonrió antes de cerrar el colgante que proclamaba que la ardiente sumisa frente a él le pertenecía, al menos dentro de los confines de su club.

- antes de salir repasemos las reglas Morrigan. ¿A cuantos pasos detrás de mi debes caminar?, tienes permiso de contestar todas mis preguntas.

- a dos pasos maestro.

- muy bien. Si digo que te sientes, ¿Qué harás?

- arrodillarme junto a su pierna amo, o sentarme en su regazo si lo solicita.

- si otro demonio intenta acercarse, ¿Qué debes hacer?

Los ojos de Morrigan se abrieron como platos bajo la máscara de sumisa. ¿Él planeaba prestarla como si fuera un objeto?, ella no había accedido a eso, ¿Qué debía contestar?

- no lo sé maestro.

- es de sabios admitir la ignorancia mi querida Morrigan. No debes hacer nada, solo mostrar respeto si alguno te habla. Eres mía y nunca fui bueno compartiendo, si es eso lo que te preocupa.

Hermione respiró aliviada. Había cosas que aun la escandalizaban y pensar en que la obligasen a hacer algo que iba contra sus principios aun la aterraba. Ella confiaba en su diablo, pero no en el resto de los miembros de ese club.

- sígueme.

Draco decidió empezar por el quinto círculo, el de la ira. Allí residía Estigia, una apasionada demonio amante del masoquismo. Cuando las buenas sumisas escaseaban, el diablo gustaba de invitarla a sus dominios y disfrutar un poco de las mieles que una sumisa extrema como Estigia podía ofrecerle.

Estigia o Belle, como se llamaba antes de llegar al club, había sido quien lo entrenó para ser un dom, así que ella siempre tendría un lugar en su lecho, si así lo deseaba. Esa noche llevaría a Morrigan a observar el quinto círculo, quería que su sumisa se sintiese agradecida de haber sido elegida por él y no por alguien del círculo de la ira, eso la haría más receptiva.

Cuando llegaron al quinto circulo por el ascensor, Hermione caminó obedientemente dos pasos por detrás de su amo. Se sentía cohibida y algo humillada por el extraño bikini que llevaba puesto y casi sintió ganas de suplicar que el diablo la devolviese a sus dominios o de gritar su palabra de seguridad para poder marcharse.

Cuando entraron, todos los presentes reconocieron a Draco como el jefe y rápidamente le abrieron paso para que pudiese ocupar el sitio de honor dentro del salón central del quinto circulo.

Hermione pudo observar que aquel sitio si era más parecido al lugar que creyó que encontraría al visitar por primera vez el dominio del diablo. El lugar era sombrío y estaba apenas iluminado por antorchas. En las paredes había puertas que, supuso, dirigían a habitaciones privadas, y alrededor de una especie de escenario circular, varios sofás se acomodaban dando el aspecto de anfiteatro.

Cuando el diablo se sentó en el sofá más grande y ornamentado, le indicó que se sentase junto a su pierna y así lo hizo. Desde ese ángulo ella podía observar todo a su alrededor y al ver otros sumisos supo que ella era afortunada.

A dos sofás de distancia un hombre realmente grande había hecho que su sumisa se pusiese a cuatro patas y estaba usando su espalda como reposa pies. A su lado, una mujer tenía a dos sumisos, hombre y mujer, completamente desnudos y sostenía unas gruesas cadenas que pendían de sus cuellos. Más allá, un hombre tenía a su sumiso vestido completamente con un traje de cuero y hacia que caminase a cuatro patas como si fuera un animal.

Si se sintió mal por llevar puesto un bikini que cubría lo indispensable, eso había quedado olvidado. El diablo no le había colocado grilletes para salir de la habitación, no la había paseado desnuda y por supuesto no la usaba como mesa. Automáticamente se acercó un poco más a él.

Draco sonrió con satisfacción. Morrigan había comprobado los gustos de otros doms para tratar a sus sumisos y podía adivinar como súbitamente se había sentido agradecida con él por no pasearla desnuda.

El espectáculo estaba por iniciar y Hermione no sabía que esperar, pero le agradó que el diablo tomara una de sus manos y gentilmente la apoyara sobre su pierna. Ella moría de ganas de arrastrar sus dedos más arriba, pero no había recibido permiso para hacerlo así que se concentró en el escenario y trató de no moverse.

Una mujer gateaba sobre el escenario completamente desnuda. Su piel tenía varios tatuajes y su máscara era de un color rosa chillón. El diablo se inclinó hacia su oído y con un tono decadente, que erizó su piel, le explicó lo que observaría.

Tras de Estigia, como era llamada la mujer que gateaba, un hombre vestido de traje y con una máscara negra que cubría sus facciones, caminaba seguro de sí mismo. La figura masculina le recordó ligeramente a un ejecutivo de esos que solía ver en el distrito comercial de Londres.

El hombre hizo que Estigia se pusiese de pie y ató sus brazos y pies a una especie de cruz para finalmente colocar una mordaza en su boca. Hermione sintió dolor compasivo cuando los pezones de la sumisa fueron brutalmente apretados por unas pinzas que se hallaban al extremo de una fina cadena.

Draco comenzó a acariciar suavemente la espalda de Morrigan cuando ella se encogía al ver como el látigo del dom restallaba sobre el suelo y sobre la carne de Estigia alternadamente. No necesitaba ser un genio para saber que ese tipo de prácticas la horrorizaban. A él francamente no le interesaba la parte física de la sumisión, prefería por mucho dominar la mente de sus sumisas y hacer que entregaran voluntariamente sus cuerpos, era por eso que no usaba demasiado los grilletes y otros elementos de bondage, no los necesitaba.

Hermione no podía entender los incesantes gemidos de Estigia, ella no parecía estar sufriendo por los latigazos, más bien ella tenía cara de estar experimentando un gran placer. Aunque no debería opinar, ella había disfrutado los golpes de fusta que el diablo le había dado, y ahora estaba disfrutando de sus caricias aun más.

Luego del espectáculo de flagelación, el diablo la volvió a guiar hacia el ascensor y la llevó hacia otro círculo. Esta vez bajaron hacia el segundo círculo, al de la lujuria. Hermione inmediatamente comenzó a buscar disimuladamente a Tristán y su Isolda. Saber que Theodore residía allí le hizo sentir curiosidad de ver si podría reconocerlo.

El segundo circulo era por mucho más amigable que el de la ira. Todo desde la gruesa alfombra y los opulentos sofás con gruesos cortinados alrededor hablaba de un sitio hecho para la lujuria y el hedonismo. Hermione se sorprendió al ver que en todos lados había mesitas con amplios copones rebosantes de preservativos muggles. También había mozos que caminaban entre los sillones ofreciendo copas de lo que adivinó podría ser algún tipo de bebida o afrodisíaco.

Al igual que en el circulo de la ira, junto a las paredes había puertas que debían dirigir a cuartos privados. Ella estaba segura de que aquel muchacho de pelo oscuro, que perseguía a una chica de largos cabellos rubios, debía ser Theo. Estaba demasiado lejos para distinguirlo mejor, pero ese comportamiento juvenil solo podría provenir de su compañero de trabajo. La chica chilló divertida cuando él se la colocó en el hombro y caminó seguro de sí mismo hacia uno de los cuartos. Si, ella podría apostar a que ese era Tristán, y que su Isolda estaba muy contenta de estar con él allí.

- Ven Morrigan. Siéntate en mi regazo, has estado demasiado tiempo sobre tus rodillas por hoy.

La verdad era que sentía que sus rodillas estaban un poco enrojecidas y la perspectiva de sentarse en el regazo del diablo era mucho mejor a la alternativa. Al sentarse, ella pudo sentir el calor que él emanaba y todas las hormonas de su cuerpo se amotinaron a la vez.

- ¿qué puedes observar aquí?, quiero que me describas este círculo.

- puedo ver que hay sillones amo, algunos de ellos están cerrados, hay cortinas alrededor.

- bien, hasta ahora has señalado lo obvio. ¿Qué hay en los sillones Morrigan?

Ella había obviado a conciencia lo que veía. Mientras que algunos de los sofás estaban cubiertos para dar algo de privacidad, había algunos completamente despejados donde algunas parejas estaban teniendo relaciones a plena vista, mientras otros se masturbaban mutuamente, observaban alrededor o se daban placer oral.

- personas teniendo relaciones amo.

- muy bien Morrigan. Este círculo está completamente destinado a la lujuria propiamente dicha. Aquí encuentras personas a las que les gusta ser observadas, a las que les gusta observar y a los que disfrutan de la adrenalina de pensar que pueden ser vistos.

Cuando él cerró la cortina con un pequeño mando a distancia y los envolvió en un pequeño recinto que parecía un capullo, el corazón de Hermione dio un vuelco, ¿él quería tener sexo allí?, no estaba muy segura de querer acceder a eso.

Ella se tensó cuando comenzó a recorrerla con sus manos. Tener su trasero justo encima de su miembro lo estaba enloqueciendo y aunque no era muy adepto al público, él podría hacer la excepción de tenerla allí mismo.

Su cabeza comenzó a dar vueltas cuando él comenzó a atormentarla con su boca. Sosteniéndola firmemente en su regazo comenzó a acariciarla por todas partes, pero siempre evitando las zonas más erógenas de su cuerpo, a la vez que le daba un ardiente beso que amenazó con incendiarla completamente.

Su erección se estaba haciendo completamente dolorosa, ella era arcilla en sus manos y estaba completamente subyugada a él. Había obtenido lo que quería, era hora de volver a sus dominios.

- ponte de pie Morrigan.

Ella quería llorar, juraba que tendría una rabieta ahí mismo si él le ordenaba que volviese a su casa luego de esa sesión de caricias y besos que había compartido con ella tras aquella cortina.

- sígueme.

Cuando estuvieron dentro del ascensor el diablo no la miraba, de hecho la estaba ignorando completamente y Hermione comenzó a repasar mentalmente que era lo que había hecho para que la tratase así. ¿A caso había hecho algo para disgustarlo?

Cuando llegaron a la habitación ella se detuvo dos pasos por detrás de él y adoptando la posición de sumisión rogó que no la despidiese por esa noche. La dulce tortura a la que la había sometido podría llevarla a la locura si él no le daba algún tipo de alivio pronto.

Cuando él habló otra vez, sus piernas se aflojaron. Su profunda voz fue aun más seductora y atrayente de lo que había sido antes, era como si él estuviera tejiendo un hechizo a su alrededor. Hermione no sabia lo que era estar bajo el influjo de un imperio pero estaba segura de que debia sentirse algo parecido a lo que estaba experimentando en ese instante.

- ahora Morrigan, voy a enseñarte lo que es tener un verdadero hombre en tu interior. esto es para lo que viniste, ¿es verdad?. Viniste a mi club porque estas cansada de ser fuerte, estas harta de acostarte con hombres que no comprenden tus necesidades, no quieres ser quien dirige y tener que dar las indicaciones para que el sexo te resulte remotamente interesante. Quieres un hombre que te siga el ritmo y sepa lo que necesitas, y yo se lo que necesitas. ¿deseas comprobarlo?

- si amo.

-bien, desvístete para mí, pero... quiero que lo hagas bailando. Baila para tu amo Morrigan. Compláceme.

Ella aun no había tenido la posibilidad de examinar la gran cama con rojos doseles que permanecía en la parte menos iluminada de la habitación, pero cuando el diablo caminó hacia allí y se sentó en el borde, Hermione no pudo esperar a probarla finalmente.

Draco puso música en la habitación con otro mando a distancia. Una de las cosas que más le había gustado de los muggles era su música. Y la canción que sonaba en la habitación era una de sus favoritas, él sabía que Morrigan le haría justicia.

La música era suave y envolvente, ella no la conocía pero le gustaba. Guiada puramente por su instinto decidió dejarse llevar y seguir el ritmo con su cuerpo. La ardiente mirada del diablo la hacía sentirse más sexy de lo que jamás se había sentido.

Podía verlo en sus ojos, ella se sentía atrevida, sensual y eso estaba haciendo que su sangre corriese espesa por sus venas. Morrigan estaba dándole un gran espectáculo, con movimientos desquiciantemente lentos retiró las dos prendas que la cubrían, mientras se acariciaba la piel arrebolada. Se le hizo agua la boca.

Cuando ella finalmente estuvo desnuda él se acercó a ella y le indicó que le retirase el pantalón. Esta vez, Hermione no cometió el error de tocar el brazalete, ella estaba más allá del punto de retorno y lo que menos deseaba era hacer enojar al diablo en ese momento. No cuando estaba tan cerca de conseguir su mayor anhelo.

Con un movimiento estudiadamente lento acarició su vientre y se deslizó hasta sus pechos. Hermione gimió cuando él acarició los pezones doloridos por la necesidad. Tener su mirada baja le estaba dando una impresionante perspectiva de lo exquisitamente dotado y duro que estaba su dom. Todo su cuerpo latía desesperado por que el diablo dejase de torturarla y le diera lo que tanto necesitaba.

- te has portado bien hoy Morrigan. Haz sido una buena chica. Así que hoy compartiré mi placer contigo. Tus órdenes de esta noche son solo disfrutar…

La boca de Draco cubrió la de ella en un beso arrollador. Ese beso la poseyó por completo y no supo exactamente cuando él la había movido hasta recostarla en la gran cama. Gimió audiblemente cuando él la asió con fuerza de la cadera y aplasto su erección contra su centro, para luego obligarla a levantar una pierna para rodearle la cintura.

- puedes mirarme Morrigan. Quiero verte disfrutar.

Hermione solo pudo gemir cuando el diablo hundió dos de sus dedos en su interior mientras usaba su pulgar para estimular su clítoris. Ella no tenia manera de hablar en ese momento, su cerebro se había vuelto mantequilla, ni siquiera tenía idea de cuál era su nombre. Ella solo podía concentrarse en las sensaciones y en el calor que comenzaba a acumularse en su centro.

El primer orgasmo no demoró en llegar, y aun no había terminado cuando él se enterró hondamente en su centro haciendo que su placer se incrementase a niveles que jamás había experimentado. En algún momento, mientras ella se sumergía en un placer desconocido, él se había colocado un preservativo y sin aviso previo la había empalado tan profundamente que Hermione pudo sentirlo en los confines de su interior.

El diablo empezó a moverse lentamente contra ella. Luego más rápido. Más rápido y más rápido aun. Hermione no podía respirar. Si hubiese estado en sus cabales, ella se hubiese reprochado por haber esperado tanto tiempo para ir a un sitio como aquel.

Morrigan gritó ante la fuerza de sus embates. Gimiendo sonoramente por el placer, ella balanceaba sus caderas contra las de él, conduciéndolo aun más profundo hasta que lo único que pudo hacer gritar ante todo ese goce que hasta ahora no había conocido.

Draco rechinó los dientes cuando su, no tan sumisa, Morrigan se movió en sincronía con él. Ella era exquisitamente demandante. Y cuando ella cabalgó un nuevo orgasmo el rió hasta que la sensación del cuerpo de ella apretándolo lo envió hasta el borde.

Cuando él comenzó a tocarla mientras la penetraba profundamente, ella no pudo creer lo que estaba sucediendo. Ella que jamás había tenido más de un orgasmo por vez, y a veces siquiera alcanzaba uno. Había alcanzado dos feroces orgasmos hasta el momento y estaba tan cerca de tercero que creyó que se desmayaría.

En algún momento Hermione perdió la conciencia del tiempo y el espacio. Solo existían ellos dos en esa cama y no tenía idea de cuantas veces había tocado el cielo y regresado para que el diablo la hiciera subir nuevamente. Definitivamente Lilith había tenido razón cuando le dijo que solo a través de él conocería el paraíso. ¿Lilith había compartido esa misma cama con él?... rápidamente apartó el pensamiento, no quería dirigirse hacia allí.

Hermione yacía silenciosa en la cama mientras el diablo se daba una ducha, tuvo el impulso de ir tras él pero sabía que él podría castigarla si lo hacía. Además bañarse con la máscara puesta sería algo completamente absurdo y no quería quebrantar las reglas del club.

Ella quería sentirse completamente horrorizada por las horas que había pasado en la cama con un completo extraño, pero no lo lograba. Él la había puesto en más posiciones de las que pensó que pudieran ser anatómicamente posibles y amó cada una de ellas.

Estaba saciada a un nivel más allá de su imaginación. Normalmente ella se sentiría frustrada y de mal humor luego del sexo, pero el diablo había sido tan minucioso, tan agotador, que ella tenía una increíble sensación de paz, aunque sabía que probablemente le dolería todo el cuerpo al día siguiente.

El diablo salió del cuarto de baño completamente vestido con vaqueros y un suéter oscuro. Probablemente el tendría ropa en alguno de los compartimientos que no había revisado.

- cuando estés lista puedes irte. Te esperaré el viernes Morrigan y esta vez procura no llegar tarde.

Dando grandes y seguras zancadas el diablo salió de la habitación para dejarla completamente sola. Su cuerpo y su mente eran de gelatina, eran las cuatro de la mañana y nunca había estado hasta tan tarde en el Dante's inferno. Normalmente el diablo la despedía cerca de medianoche. Se preguntaba como seria aquel sitio a esa hora muerta de la madrugada.

Luego de bañarse y asegurarse que su máscara estaba perfectamente colocada, usó el ascensor privado y salió directo al vestíbulo del club donde solamente se encontraba Loba en su trono.

Normalmente Loba no la saludaba y ni siquiera le dedicaba más de una mirada. Pero esa vez tenía sus ojos verdes fijos en ella y apenas la vio salir del ascensor caminó hacia ella.

- Diablo ha dejado esto para ti y hay un taxi esperando para llevarte a donde le digas. No te preocupes, a donde sea que vayas, el costo está cubierto por el club. El conductor es discreto, nadie aquí sabrá dónde te dejó.

Ella le había entregado una rosa del color de la sangre de parte del Diablo y una vez que le dio las instrucciones para marcharse tuvo que ordenarle a sus pies para que se moviesen en dirección a la salida.

Aquel gesto la había dejado completamente atónita, no había esperado de él un gesto tan caballeroso como aquel. Ahora entendía a Theo y su obsesión con Isolda a pesar de no saber realmente quien era.

Muchas veces los rostros podían engañar a las personas. Alguien completamente malvado podría portar el rostro de un ángel y viceversa. En cambio allí, en el infierno, bajo las mascaras, ellos solo podían guiarse por las acciones y su diablo era un ser gentil, se lo había demostrado esa noche. Pero bueno, ¿que era el diablo sino un ángel caído?

-o-

N.a: fin del quinto capítulo. Espero que les haya gustado tanto como a mí escribirlo. Normalmente no me gusta dar demasiado detalles para que quien lee pueda imaginar todo a su gusto, pero si les interesa, para mi Hermione estaba bailando feeling good de muse que es una banda británica.

A este Draco le gusta la música muggle, así que me lo imagino como de los que escuchan rock progresivo o metal, aunque como Hermione supo, cuando conversaron, él no es ajeno a los Beatles. HASTA LA PROXIMA!