Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.
Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
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Capitulo 5: Octavo circulo (Fraude)
- Aquí está lo que te prometí. Partidas de nacimiento, tarjetas de seguro social, cuentas de banco, certificados de estudios medios, boletos de avión con la fecha de ingreso al país y el trámite de residencia.
A ver, escúchame bien, te haré un resumen de tu nueva historia. Tú y tu madre vienen de Noruega, huyeron de un padre violento, ese seria Thomas Dahl. Tú eres Markus Dahl y naciste en Geiranger el cinco de noviembre de mil novecientos ochenta. Tu madre es Nilsa Berntsen, Dahl de casada. Nació en el mismo lugar pero el ocho de junio de mil novecientos cincuenta y cinco.
Los Dahl originales murieron en un incendio. Madre e hijo efectivamente estaban haciendo papeles para venir a Inglaterra, así que los datos son más o menos reales.
Aquí tienes la dirección de Bergit, ella te enseñará algo del noruego por si alguien pide que hables en ese idioma. Recuerda, tus abuelos paternos eran ingleses por eso hablas tan bien el idioma.
- Gracias Wolf, ¿por qué haces todo esto por nosotros?
- le debo favores a Josette y ella quiere que ingreses a la escuela de negocios lo antes posible. Además… si no nos ayudamos entre nosotros, nadie más nos ayudará.
- ¿también eres Squib?
- así es, abandonado en Newham a los tres años, sin Josette hubiese muerto hace bastante.
El hombre de poco menos de treinta años, cabellos oscuros y ojos grises se levantó y se fue dejándolo solo con sus pensamientos. Había algo en él que siempre le había resultado familiar pero no lograba dilucidar que era. Volvió a revisar los papeles de su nueva identidad, al menos habían conservado las iníciales.
Hasta ese momento él había creído que Wolf era un contacto muggle que se encargaba de falsificar papeles para Josette. Recién ahora descubría que era otro squib y que al igual que Josette y él mismo, había sido abandonado en el mundo muggle para, seguramente, morir solo.
Cada día que pasaba alejado del mundo mágico, más abiertos tenía sus ojos. como miembro de una familia sangre pura él había conocido la práctica de abandonar a los squib, pero como jamás había conocido alguno, nunca se había detenido a pensar que eran personas y a veces niños pequeños los que eran arrojados a la calle, solo por haber nacido sin magia.
Josette siempre decía que los muggles no eran los raros. Los raros, los mutados y anormales eran los magos pero que, a causa de su poder, sus egos habían crecido tanto que no podían dimensionar la inmensa minoría que representaban en el mundo.
Su padre solía decir que los muggles eran crueles asesinos, sucios, malvados y que merecían ser exterminados. Ahora no estaba tan seguro de a quienes le cabía esa descripción. Puede que no todos los magos fuesen iguales, de hecho había conocido uno o dos lo suficientemente buenos como para darles el beneficio de la duda. Pero daba la casualidad, que ninguno de ellos había sido un sangre pura.
Al parecer, cuanto más pura fuera tu sangre más inhumano podías volverte. Solo una bestia abandonaría a un hijo por no poseer algo tan poco frecuente como la magia.
Mientras observaba los nuevos papeles que lo nombraban como algún infortunado muggle muerto, quiso reír. Pero se contuvo porque estaba rodeado de gente. Su apellido había sido lo único que le había pertenecido realmente y era algo que había atesorado los primeros meses en el mundo muggle. Ahora ya no sería un Malfoy, sería un Dahl y era irónico pero no le parecía una tragedia como había imaginado que seria.
Tenia veintiún años recién cumplidos, veinte y algunos meses según su nueva identificación. Nya había teñido su cabello meses antes para las fotografías que Wolf necesitaba, y para ser sincero se había acostumbrado a ese color más apagado. Tener el cabello casi blanco siempre le había atraído más miradas de las que ahora podría soportar.
Llevaba cinco meses en el Soul siendo un dominante y eran raros los días en los que debía recurrir al Hipnisy para hacer su trabajo. Aun vivían en Newham, pero la casa ya no tenía goteras y el invierno no había sido tan terrible como los primeros que vivió en el mundo muggle como un squib. Incluso había llevado a su madre de vacaciones. Había sido solo un fin de semana en una posada cerca de un lago, pero ella no paraba de contarle su aventura a las vecinas muggle de las que se había hecho amiga.
Desde la ventana de su nuevo dormitorio, podía ver el derruido altillo donde había vivido al principio y aun sentía escalofríos al recordar los pequeños ruiditos que solían hacer las ratas mientras masticaban los viejos tirantes de madera en el techo. La modesta casita en la que ahora vivían al menos estaba limpia y sin roedores.
En septiembre iniciaría la escuela de negocios a pedido de Josette. Ella decía que su belleza no duraría para siempre y que tenía que procurarse un futuro luego de que las clientas optaran por hombres más jóvenes. Ella se veía pálida, y Draco no tenía que ser un genio para ver que probablemente Josette estuviese enferma. Estaba seguro de que ella le tenía el cariño suficiente como para motivarlo a estudiar y que no volviese a las calles si algo le pasaba y Soul cerraba definitivamente.
Dejó el cambio suficiente para pagar por su café y el de Wolf, mas algo de propina. Se encaminó hacia el metro, tenía el tiempo justo para llegar a Soul a cumplir su horario vespertino.
Afortunadamente la impresión de viajar bajo tierra se le había pasado pronto y ahora se sentía casi cómodo viajando de esa forma. Aunque, aun tenía días en los que extrañaba su escoba voladora, a pesar de saber que en su condición solo le serviría para barrer la suciedad del suelo.
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Esa mañana había desayunado con sus padres porque intencionalmente había elegido cambiar el día. Quería mentirse diciendo que no era porque deseaba tentar a su suerte y ver si volvía a reencontrarse con Malfoy. Pero la realidad era que esa mañana de lunes ella había despertado dos horas antes de lo normal y se había arreglado más de lo que un desayuno con sus padres ameritaba.
Merlín estaba de su lado y Malfoy subió al metro una estación después que ella. Ese día hacia frio y él, para su sorpresa, llevaba el atuendo más muggle que jamás le había visto usar. No es como si lo hubiese visto muchas veces, de todos modos.
Hasta ahora siempre lo había visto usando camisas, trajes y cosas que lo hacían verse como un profesional. Pero ahora solo parecía un muchacho más. De hecho parecía mucho más joven de lo que era en realidad. Hermione no podía negar que lucía realmente bien. Él lucia un atuendo que lo hacía ver en la exquisita línea que separaba al adolescente rebelde del hombre sexy y trabajador.
El abrigo era algo a medio camino entre el cuero y el terciopelo, parecía suave y era de un gris muy oscuro, casi negro. Definitivamente el abrigo era lo único que parecía realmente caro en él. Los vaqueros claros, aunque abrazaban deliciosamente su trasero, parecían haber visto mejores días, al igual que su calzado que se veía bastante sucio. Su suéter azul se ceñía a su torso como una segunda piel. No lo hubiese visto dos veces si la bufanda verde y gris no le hubiese llamado la atención.
Claramente esa bufanda no era la de los uniformes de Slytherin, pero seguramente él la usaba por nostalgia de los colores de su casa. Mientras caminaba sonriendo hacia ella se sorprendió al notar que también llevaba colocados auriculares negros. Malfoy, el elitista mago sangre pura, el chico que se había burlado de ella hasta el cansancio por ser hija de muggles, ahora caminaba seguro de sí mismo en un metro, escuchando, muy probablemente, música muggle.
- buenos días Granger.
-Hola, ¿Cómo estás Malfoy?
- no puedo quejarme… Pensé que trabajabas en el ministerio. No creí volver a verte en el metro.
- estoy de vacaciones aun. ¿Cómo se encuentra tu madre?
- Muy bien, se encuentra en excelentes condiciones de volverme loco. ¿Y tus padres?
- muy bien gracias por preguntar. ¿Por qué Narcissa te volvería loco?
- no confía en los jardineros y me obligó a trasplantar varios rosales y otras cosas que sinceramente no se sus nombres.
Quizá por eso estuviese vestido de forma tan informal, ¿quien en su sano juicio haría trabajo de jardinería con un traje de diseñador?, Malfoy había resultado ser una caja de sorpresas.
- pero… simplemente podría haberlos levitado.
- Narcissa Black es la mujer más cabeza dura que conozco, ni siquiera tú te le acercas Granger. Ella abandonó la magia por mi causa. Dice que ella no usará una varita hasta que yo no pueda volver al mundo mágico.
- es un gesto tierno.
- en realidad me irrita. Sé que extraña ser una bruja, pero solo para demostrar su punto, y llevarme la contraria, rompió su varita.
- creo que es un poco extremo pero supongo que es un acto de amor maternal.
- como sea, estoy casi seguro de que no me dejarán volver al mundo mágico y si lo hacen estoy condenadamente seguro de que no volveré. No hay nada allí que me llame la atención. Ella no debería hacer lo mismo, no hizo nada malo.
- ¿en verdad te has acostumbrado a los muggles?
- es más un desprecio profundo hacia la sociedad en la que vivía, pero puedes decirle costumbre a los muggles si lo deseas.
Draco lanzó una risa amarga y Hermione se encogió. Sabía que su sentencia había sido demasiado dura, pero aparentemente él había sabido reponerse y parecía moverse con soltura en entornos muggles que hasta a ella ahora le resultaban extraños.
Durante sus años en Hogwarts, la guerra y su matrimonio había vivido tanto tiempo enclaustrada en el mundo mágico que muchas cosas que habían pasado en el lado muggle habían sido toda una novedad para ella luego de divorciarse. Los celulares y los ordenadores habían sido algunas de las cosas que más la habían impactado cuando se permitió recuperar sus raíces.
Hermione aun tenía ambiciones en el mundo mágico, su carrera algún día la depositaria en el banco de primera ministra, pero deseaba encontrar un equilibrio entre su origen y su naturaleza. El mundo muggle le daba cierta idea de hogar que nunca había hallado del todo con los magos. Y al decidir recuperar su relación con sus padres, ese sentido de pertenencia había regresado. Y ahora, ahora también había reencontrado a Malfoy y algo le decía que ella podría encontrar la forma de tener lo mejor de ambos mundos.
- te has quedado callada Granger.
- solo pensaba.
- sé lo que pensabas. Aun no puedes comprender que no haya muerto entre los muggles y que al contrario de lo que hubieses esperado, yo haya prosperado y sea medianamente feliz de este lado.
- te equivocas. Aun me sorprendes cada vez que te veo, pero pensaba en mí y en cómo me había alejado de este mundo. De alguna forma fui absorbida por todo lo mágico y mientras luchaba por hacerme oír olvidé completamente mis raíces.
- creo que vamos en sentidos contrarios entonces. Yo intento cortar mis raíces, tú intentas volver a ellas.
- creo que por ahora nos hemos encontrado en el medio.
- es verdad. Justo al medio y por casualidad. Ven al lado oscuro Granger, aquí tenemos ordenadores, internet y electricidad.
- jajaja juro Malfoy que si no te estuviera viendo jamás creería que tu estarías tan cómodo en el mundo muggle.
- la mayoría del tiempo no lo estoy, pero siempre me gustó tener cosas exclusivas, bonitas y brillantes. Haber pasado de la edad media a la modernidad fue un gran salto, a veces la magia no es suficiente. ¿Conoces los emails?, son más rápidos que una lechuza, no ocupan espacio, y no dejan excrementos por todos lados.
Puedo hablar en tiempo real con otro ser humano sin llenar mis pulmones del hollín de una chimenea, y mis rodillas no lo sufren.
- es verdad. He comprado un teléfono de esos que envían mensajes, pero no tengo con quien usarlo.
- ten. Anota tu número. Puedes decirme asquerosa y falsa cucaracha cuando vuelvas al trabajo, sin necesidad de golpear mi nariz cada vez y sin usar una lechuza. Por cierto, una lechuza asustaría a mis vecinos. Por chimenea tampoco podrías contactarme, mi edificio tiene calefacción centralizada.
Hermione lo observó mientras él tenía un amago de sonrisa en su rostro y le tendía uno de los teléfonos más avanzados del mercado. Él no había mentido sobre eso de gustarle la tecnología, estaba segura de haber leído que ese aparato apenas si había sido presentado para la venta. Pero lo que más le sorprendió es que él contemplara la idea de seguir en contacto cuando ella volviese al trabajo.
- ¿tu aun recuerdas eso?, cuando te golpee.
- ¿Cómo olvidarlo?, mi dignidad aun sufre espasmos de dolor. El idiota de Crabbe se burló por meses. Ese golpe aun reverbera por los confines de mi magullado ego.
Hermione estaba a punto de disculparse, él de pronto parecía realmente triste. Sabía que quedaba poco tiempo para que bajase del metro y sintió la extrema necesidad de disculparse. En realidad cuando él lo golpeó se lo merecía, y no era lógico que tantos años después tuviese que disculparse, pero de algún modo sintió que sería lo correcto.
- es broma Granger. Dolió es verdad, pero me lo merecía. Y sobre mi dignidad… creo que estaba sobrevalorada.
Ella le regresó el aparato donde había apuntado su número y él lo guardó en el interior de su chaqueta. Estaban sentados en uno de los asientos más cercanos a las puertas del metro y se mantuvieron en un agradable silencio por unos cuantos segundos. Ella creía que conocía al tipo sentado junto a ella y ahora resultaba que no lo hacía, o él había cambiado tanto como para ser alguien completamente distinto a lo que había visto hace un tiempo.
Theodore tenía razón. Él siempre decía que las personas eran mucho más de lo que se veía a simple vista o lo que ellos dejaban ver. Por ser un Nott, la mayoría de las personas lo habían juzgado como un mortífago asesino y él en realidad había resultado ser la persona más amigable que había conocido en mucho tiempo. Quizá eso había sucedido con Draco, quizá él había sido mucho más de lo que conoció en Hogwarts o había cambiado en ese tiempo. No importaba, a ella empezaba a gustarle lo que veía ahora.
Draco estaba contrariado. En unos cuantos minutos bajaría de ese metro y por alguna razón sentía la necesidad de no hacerlo. Quería quedarse un rato más con Granger a su lado.
Hermione había tropezado con su nuevo mundo y lo había puesto al revés en solo un par de encuentros. Ella durante el día, Morrigan durante las noches. Había dos mujeres en su vida que estaban minando todas sus resistencias y desacomodando su muy bien estructurado mundo.
Morrigan había incendiado su piel cada viernes en la noche desde que la conoció. Hermione había tocado las emociones que había enterrado hacía mucho tiempo. En solo cuatro encuentros fortuitos ella estaba haciéndolo sentir vivo nuevamente, lo cual para un hombre que se consideraba muerto desde que había perdido su varita, era todo un logro.
Su diosa del club se movía bajo sus reglas y era capaz de satisfacer a niveles insospechados ese lado oscuro que él poseía. Hermione, con su mera presencia y sonrojos, le estaba dando sentimientos que no entendía. En ese momento, mientras ella lo miraba sonriendo, se sentía como un niño en la mañana de navidad. De alguna manera ella lo sobrecargaba con vistas y olores abrumando sus sentidos con necesidad, con deseo.
El sabía que llegado el momento debería decidir con cuál de esas mujeres se quedaría. No era iluso, no podría quedarse con ambas. Morrigan era la ardiente fruta prohibida, las reglas que él mismo había puesto en el club dictaban que no debía intentar contactarla afuera, pero él era el dueño y si lo deseaba podía hacerlo. Hermione era uno de esos ideales inalcanzables para alguien como él, y la mera idea de conseguir una mujer de su tipo, siendo quien era, siendo quien había sido, lo enloquecía.
Por Merlín, ¿que tenia Draco que la aturdía de esa forma? Ella definitivamente estaba enloqueciendo. Si Ronald lo supiese, él diría que fraternizaba con el enemigo. Al diablo con Ron. Cuando ella se había comportado como la prefecta perfecta su vida había sido completamente aburrida. Y ahora, que había decidido desmelenarse y no refrenar sus instintos, aparecían en su vida dos hombres que la atraían y asustaban de la misma forma.
Draco aun parecía tener esa aura de chico malo sacado de las novelas que amaba cuando era adolescente. Antes de conformarse con Ron, ella había soñado con encontrar uno de esos protagonistas y tener ese tipo de amor que solo había conocido en papel. Siendo adulta, ¿podría ella arriesgarse a conquistar al ardiente chico malo?
La formación se detuvo y era hora de que Draco la dejase sola. Las primeras veces ellos solo se habían saludado de manos y ahora, que probablemente fuese la última vez que se veían en el metro, no tenía idea de cómo despedirse.
El se irguió cual alto era y ella, desde su asiento, solo pensaba en cuanto deseaba acariciar cada pulgada de ese cuerpo poderoso y divinamente masculino que Draco había obtenido con los años.
Esa lujuria que sentía no le parecía incorrecta. De alguna forma sentir esas cosas, por alguien a quien debería odiar, parecía extrañamente correcto y resultaba simplemente natural. Ambos eran adultos, solteros y tenían un pasado en común, ¿por qué tendría que estar mal sentirse atraída por él?, ella lo deseaba a niveles que no alcanzaba a comprender.
De pronto él se inclinó y le robó un fugaz beso que quemó sus labios con la potencia de un fyendfire que se extendió al resto de su cuerpo.
- no andas por las ramas, ¿no?
- no, ya no. Ahora voy por aquello que deseo.
El extendió la mano y tocó un mechón de su pelo. El deseo se enroscó a través de sus venas, excitándola. Era una sensación que había experimentado pocas veces en su vida, y hasta ahora solo había sido dentro de las paredes del Dante's Inferno.
Le guiño uno de sus glaciales ojos, sin mirar atrás descendió y se detuvo en el andén para observar a una Granger completamente contrariada. A él a un seguía gustándole dejar sin palabras a la sabelotodo. Solo que ahora estaba más dispuesto a callarla de una forma mucho más placentera que con retorica y prejuicios de sangre.
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- ¡señor!, buenas noches.
- Dime Lilith, ¿hay novedades en este infierno?
- jajaja, no, pero llegó una lechuza hace un par de horas. Morrigan no vendrá hoy al club. Tiene un asunto impostergable.
Demonios, había esperado siete días completos para volver a tenerla y ahora resultaba que no vendría. El casi deseaba hacer un berrinche. Sabía que su sumisa tenía una vida fuera del club pero eso no significaba que no le disgustase perder la oportunidad de tener las suaves curvas de Morrigan en su cama.
- bien. ¿Hay algo para hacer esta noche?
- en el octavo circulo habrá un pole dance. Jasón envió invitaciones. Venedico, Obizzo, Medea, Creúsa e Hipsípila bailarán para el público y debutará una chica nueva. Como siempre le extendió una invitación para el privado. Escila y Caribdis siempre están dispuestas para recibirlo señor.
Jasón era el demonio residente del octavo círculo y con el tiempo había reclutado miembros del club a los que les gustaba exhibirse. El octavo círculo era el del fraude y allí, según la divina comedia, se encontraban los proxenetas.
La prostitución estaba estrictamente prohibida dentro del club, pero Draco no tenía ningún problema con que adultos, plenamente informados, jugaran a exhibirse o a ser ofrecidos por otros. A Jasón le gustaba jugar el rol de ser un proxeneta y a sus chicos les encantaba sentirse codiciados y ofrecidos por él. Era un acuerdo que les funcionaba, y mientras no transgredieran ninguna regla, no sería Diablo quien les coartara su libertad.
Escila y Caribdis eran otra cosa, ambas eran demonios honorarios y eran la joya de la corona que Jasón lucia en el octavo círculo. Ellas eran gemelas y les encantaban los ménage à trois. Draco había disfrutado varias noches enredado a las esculturales rubias cuyas mascaras recordaban a las de medusa.
Ver a las hermosas Medea, Creúsa e Hipsípila bailando había hecho que su humor mejorase ostensiblemente. Medea era menuda y su cabello negro era muy corto, parecía una especie de pequeña hada sobre el escenario. Creúsa era rubia, ella era la más alta de las tres y si bien sus curvas no eran pronunciadas, bailaba de forma hipnotizante. Hipsípila era pelirroja y para su gusto estaba demasiado emparentada, en apariencia, con los Weasley.
De pronto la música cambió y la misma música que Morrigan había bailado para él la semana anterior lo distrajo completamente. De pronto ya no veía a las tres chicas de Jasón. En su mente solo veía a Morrigan desnudándose para él al ritmo de la decadente melodía. Su sangre corrió espesa, que no daría él por tener a su sumisa en su regazo en ese instante. O mejor bajo él, aplacando el fuego en sus venas.
Y la música volvió a cambiar, la seductora canción acompañaba a la nueva chica que Jasón hacia debutar esa noche. Ella tenía el cabello rizado y castaño. Hermione apareció en su mente instantáneamente. Esa canción sin duda sería algo de la elección de Granger para algún espectáculo privado. Se preguntaba si alguna vez podría verla desnudándose para él.
Cuando la canción concluyó se dijo a si mismo que debía buscar el nombre, por si alguna vez cumplía la fantasía de la prefecta perfecta bailando sensualmente para él.
Se sentía estúpido, estaba en un club de sexo donde con solo chasquear los dedos él podría tener a la mujer que quisiese y sin embargo se encontraba fantaseando con las únicas dos mujeres que no tenía a su alcance esa noche.
Sería mejor que se fuera a casa, se diera una ducha y durmiese un poco. Haber besado fugazmente a Granger el lunes había puesto su cabeza al revés y se la paseaba fantaseando con ella como cuando era un crio y se calentaba con cualquier falda que mostrase más de lo indicado por los buenos usos y costumbres.
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Era sábado en la mañana, la noche anterior no había podido ir al Dante´s Inferno porque James estaba enfermo y Harry le había pedido que cuidara al pequeño Albus mientras lo llevaba a San Mungo.
Amaba a sus sobrinos y había estado muy preocupada por la enfermedad de su ahijado, pero de todo corazón deseaba que si debía enfermarse alguna vez, no lo volviese a hacer un viernes.
Su teléfono comenzó a sonar y salió asustada de la cama para alcanzarlo. Generalmente lo dejaba sobre el escritorio de su habitación ya que nadie salvo sus padres la llamaba. Ella le había dado su número a Draco, pero como una tonta no había pedido el suyo. Se había obligado durante cinco días a dejar de observar el teléfono a cada rato. Malfoy no iba a llamarla y ella no sabía su número como para hacerlo.
Era un número desconocido, atendió con esperanza renovada.
Del otro lado de la línea, la más profunda y sensual de las voces telefónicas envió escalofríos con solo emitir un modesto saludo. Era Malfoy llamándola a las siete y treinta de la mañana.
- hey Granger, ¿Qué tal? ¿Quieres verme hacer algo realmente muggle?, desayuna conmigo en Dauphine y luego te llevaré a un sitio tan muggle que te hará alucinar. Tienes una hora.
- ¿es una orden?
- no. Pero si quieres que lo sea…
- ok, nos vemos en una hora. Adiós Malfoy.
Definitivamente su tiempo con el diablo estaba haciendo cosas raras en ella. Cuando Malfoy le dio la orden de verlo en el café Dauphine ella casi le dijo "si amo". Era oficial, ella se había vuelto total y completamente loca.
Cuando llegó al café, Malfoy volvió a atontarla con otro de sus besos robados. Él no pedía permiso y ella no tenía la fuerza de voluntad suficiente para recriminárselo. Ella debería enojarse por eso, pero lo único que le molestaba es que esos besos fueran demasiado cortos.
Desayunaron conversando de todo y nada, y cuando el momento de partir llegó, él la atrajo posesivamente y cruzó un brazo sobre sus hombros para guiarla hacia un elegante coche.
- ¿qué?, también se conducir Granger. Soy un hombre de muchos y muy variados talentos.
Su sonrisa la desbastó. En ese momento se sentía como una de esas adolescentes hormonadas que tanto había odiado en el colegio. Lo único que podía hacer era sonrojarse y reír estúpidamente ante la sonrisa arrogante de Malfoy.
No tenía idea a donde iban, Malfoy se había colocado gafas oscuras y conducía en silencio mientras la música del estéreo del auto amenizaba el viaje.
- ¿estás cantando Granger?
- ¿sorprendido?, It's a Man's Man's Man's World es un clásico, y la versión de Joss Stone es preciosa. La sorprendida soy yo de que tú la escuches mientras manejas tu auto.
- la escuche hace poco, es una canción con una melodía sexy… siempre hay que tener una canción sexy, si alguien está dispuesto a sacarse la ropa…
Hermione hizo lo posible para ignorar la insinuación que Draco había hecho. Ella había bailado para un hombre hacia poco tiempo y se había sentido poderosa. No quería siquiera imaginar cómo se sentiría haciéndolo para él.
- debo admitir que si tiene una melodía especial, pero en realidad creo que tiene un mensaje muy profundo.
- lo que tu digas Granger, lo que tu digas.
Llegaron a un barrio que no conocía. El lugar era deprimente y las casas parecían a punto de derrumbarse sobre sí mismas en cualquier momento. No entendía que hacían allí, eso parecía ser una clase de mala broma. Por un instante cruzó por su cabeza la idea de que él la dejaría ahí sola para que alguien le hiciese daño.
- no te asustes. Esto es Newham. Aquí viví cuando mi madre y yo nos quedamos en la calle sin un knut. ¿Ves ese edificio?, ahí arriba vivía, en ese altillo.
Hermione quiso llorar. El lugar era deprimente y parecía aun más pobre y derruido de lo que había sido la madriguera en algún momento.
- ¿Qué hacemos aquí?
- cada vez que puedo vuelvo al barrio. Algunas de las personas que viven aquí me ayudaron y yo traigo cosas para retribuirlos.
Estacionó el coche y luego de ayudarla a descender sacó varias cajas del maletero. Cuatro niños de no más de ocho años corrieron hacia él y Draco les dio algunas cosas que contenían las cajas y algunos billetes a cada uno.
- ¡MAAARKUUUSSS!
- sigue la corriente Granger, luego te explico.- la voz de Draco fue tan baja que casi se perdió el mensaje.
- hey pequeña, como has crecido. Mírate, ya incluso has perdido un diente. A ver, déjame ver. Dije que tenias que lavarte las orejas Natalie, mira las cosas que se te quedan pegadas. - La niña rio cuando Draco hizo el ademan de haber sacado un billete de su oreja y luego lo abrazó.
- ¡eres un mago!
- así es, y para mi próximo truco necesito una bonita asistente.- miró hacia todos lados y luego posó su mirada en la niña- ¿Serias mi asistente Nat?-
- siiii, ¿Qué debo hacer?
- susurra las palabras mágicas por mí.
- ¡bibidi, babidi!
- muy bien, ahora abre la caja y dime que ves.
- ¡UNA MUÑECA!
- es tuya mi preciosa asistente.
- Gracias Markus. Eres grandioso.
La niña volvió a abrazarlo y salió corriendo junto con la hermosa muñeca que Draco le había dado. Hermione no podía creer lo que estaba viendo. Casi le había dado un infarto cuando la niña gritó que él era un mago, pero se calmó a tiempo al comprender que solo hablaban del significado muggle de la palabra.
De una de las puertas del pasillo salió una señora muy anciana que se apoyaba en un bastón para caminar. Hermione pensó que solo había salido a observar de donde venia el alboroto, pero para su sorpresa caminó hacia ellos.
-Markus, mi chiquitín –le dijo con tono maternal–. ¿Qué te trae por aquí en una mañana como ésta y con una acompañante tan hermosa? Espera, creo que es la primera vez que te veo con una chica. - Mientras hablaba lo señalaba con sus dedos nudosos y algo torcidos por la edad - Una chica que bien merece la pena llevar al lado. Es guapísima, y no me refiero a su aspecto físico; tú ya me entiendes.
Draco revolvió su cabello rubio teñido y, avergonzado, miró a Hermione. Ella estaba sonrojada y él debió admitir que Liza tenía razón. Ella se veía guapísima en ese instante.
–Liza, amor mío –le dijo casi a gritos, dedicándole su pícara y encantadora sonrisa–. ¿Es que necesito una razón para venir a ver tu encantador rostro?
La anciana rió ante el comentario.
–Puede que sea vieja, Markus Dahl, pero no soy estúpida – dijo dándose unos golpecitos en la cabeza – Mi vieja antena aún funciona y, si mal no recuerdo, hace ya más de un siglo que un hombre como tú vino a hacerme una visita por gusto. Ahora, acércate y déjame darte un abrazo. ¿Cómo está Nilsa?
- no tan radiante como tu Liza, pero se encuentra muy bien. Te traje más lana y tus medicinas.
- ¿a caso no es un chico perfecto? Cuando llegó aquí era casi un delincuente juvenil y ahora es todo un caballero inglés. Atrápalo niña y no lo dejes ir. Me recuerda a mi Fergus, él había sido un pillo cuando era adolescente pero luego cambió. Fuimos muy felices por casi sesenta años.
- no la asustes Liza, ella es Hermione, es una amiga.
- solo estoy dándole un consejo. Las viejas estamos para eso mi querido niño. Pasen, pasen. Creo que puedo hacer algo de Té.
Hermione siguió a ambos al interior del departamento. Draco le había cedido su brazo a Liza y ella se había colgado inmediatamente de él para caminar con mayor seguridad.
- esta maldita cosa otra vez no funciona. Markus, cariño, ¿podrías echar un vistazo a este cachivache?, tu eres inteligente quizá puedas repararlo.
- déjame ver. Hermione, ¿podrías darme una mano?
Hermione siguió obedientemente a Draco hacia el calentador descompuesto. Verdaderamente todo aquello que él estaba haciendo era más muggle de lo que ella podía empezar a comprender. Había dado regalos a niños pobres, le compraba los remedios a una anciana y ahora ¿arreglaría un calentador?
-Liza no quiere que le compre otro calentador. Y ese está más allá de mis habilidades. ¿Podrías darle un empujoncito mágico? Prometo que luego responderé todas tus preguntas, solo no olvides que aquí me conocen como Markus. – Draco habló lo más bajo que pudo para evitar que Liza lo oyese.
- reparo…- mientras Draco vigilaba que Liza no viera, ella reparó el artefacto y asintió con respecto a que luego podría saciar su curiosidad.
- ya está Liza. Tu cachivache funcionará con suerte hasta el próximo mes.
- ¡quedó como nuevo!, gracias Markus.
- de nada. Todo fue obra de mi asistente.
- oh, sí, sí. Gracias a ti también Hermione... Esperen, esperen, tengo algo para ustedes.
Hermione observó como la anciana caminaba despacio por el destartalado departamento hasta un armario de donde extrajo unas prendas que a la distancia no lograba dilucidar.
- este es para ti preciosa, úsalo para calentar tus pies mientras lees.
Liza le tendió a Hermione una elaborada manta tejida color borgoña. Nunca había visto algo tan exquisitamente elaborado. Casi sintió pena de aceptar un regalo tan hermoso.
- yo… eh... Gracias Liza, pero no puedo aceptarlo es demasiado.…
- daah, no es nada, no es nada. Draco me trae lana todos los meses y las cosas se amontonan hasta que él las toma y las lleva al hospital en navidad.
- ¡LIZA!
- ¿Qué dije?, ¿no le has dicho a tu chica que llevas cosas al hospital del barrio cada navidad?
- emm no. – era la primera vez que Hermione veía a Draco sonrojado. Evidentemente aquello era algo que no estaba muy acostumbrado a que se sepa. Decidió cambiar de tema para no avergonzarlo más.
-¿Cómo sabe que me gusta leer?
- simplemente lo sé niña… y esta es para ti.
- gracias Liza, eres completamente oportuna. Perdí la anterior en el metro.
Hermione observó la bufanda verde y gris y recordó la que Draco traía puesta la mañana de lunes cuando lo vio en el metro volviendo de casa de sus padres.
- tienes tu cabeza en las nubes Markus. ¿El mal de amores quizá?
- no lo creo. Al menos no creo que sea un mal. - le guiño un ojo y Hermione se derritió por dentro.
Estuvieron una hora más con Liza antes de pasar por otro de los departamentos donde Draco golpeó y espero pacientemente.
- Hola Wolf. ¿Cómo estás?
- que haces aquí niño.
- vine a visitar a mi tío favorito. Ten.
- sabes que no necesito tu dinero.
- lo sé, pero es para Gina y los niños.
- bien. Ahora vete antes de que decida que en realidad no me caes bien.
- siempre es maravilloso compartir momentos de calidad con la familia. Salúdame a Gina y a los niños. Por cierto, no olvides avisarme si Natalie necesita algún otro tratamiento médico.
- lo sé, tengo tu teléfono Malfoy.
Cuando subieron al auto Hermione recién pudo hablar. El breve intercambio entre Draco y aquel hombre de ojos grises y cabello negro la había petrificado en su sitio.
- él… él…
- es igual a Sirius, lo sé. Es escalofriante el parecido. Es Lupus Black. Es el hermano Squib de Sirius y Regulus. Lo abandonaron aquí cuando supieron que no tenía magia. Lo descubrí cuando yo también vine a parar a este sitio. Se hace llamar Wolf porque dice que no quiere que lo confundan con la enfermedad. Es tan simpático como una serpiente enojada, pero que se yo, es familia y su hija está enferma. Así que los ayudo todo lo que puedo.
- no sabía de él. Ni siquiera sabía que Sirius tenía otro hermano.
- por lo que se, nació cuando Sirius estaba en Hogwarts. Nunca se conocieron realmente. No sé cómo se descubre que un niño es Squib, supongo que fue escondido apenas nació.
- eso es horrible.
- lo sé, porque crees que no me fascina la idea de volver al mundo mágico. Cosas como esas me han asqueado. ¿Qué te pareció la excursión Granger?, ¿logré sorprenderte?, ¿estremecí tus preconceptos?
- hasta la médula.
Draco pareció pensar un instante. Y luego se volteó hacia ella con una mirada depredadora.
- sabes, conozco otras formas de hacerte estremecer…
- ¿en serio?
- formas que no puedes imaginar.
- deberías mostrarme entonces. Siempre he tenido el preconcepto de que eras un fanfarrón, podrías derribarlo también…
- ¿tu casa o la mía, Granger?
- que sea la mía. Vivo más cerca de aquí…
-o-
Cuando ingresaron a su departamento, Hermione se sintió cohibida y su lado más conservador aullaba indignado en su interior.
Ella había llevado a Malfoy a su departamento con el único fin de poder acostarse con él. Había metido en su hogar al chico que la había hecho llorar en más de una ocasión en el colegio a causa de sus prejuicios de sangre. Y parte de su orgullo, que tantas veces había sido herido en la adolescencia, le decía que no debería estar con él bajo ningún punto de vista.
La mujer en ella se negaba a apartar sus labios de la deseable boca que él tenía. Su ardiente deseo había tomado el control y prácticamente le había arrancado la ropa a tirones. Se hubiese avergonzado así misma de no ser porque podía distinguir en él el mismo tipo de necesidad que ella sentía.
Normalmente ella hubiese preferido hacer aquello sobre una cama, como era tradicional, pero el sillón de su sala de estar fue un buen sitio para empezar. Draco atacó su garganta con ardientes besos que le quitaban el aire, mientras con sus manos quitaba los últimos girones de tela que la separaban de él.
En ese momento Draco exudaba una atracción sexual inhumana. La atraía de una forma que nunca había sentido por otro hombre. Y aunque el diablo sacudía su mundo, Malfoy estaba deshaciendo la mismísima creación.
Cuando la tuvo finalmente desnuda y recostada en el sofá, el bajó la cabeza y tomó posesión de sus labios con un beso magistral que hizo que su cabeza literalmente diese vueltas. Su cuerpo se derritió.
Hermione gimió ante el sabor de sus labios contra los de ella, mientras la lengua de Draco se hundía apasionadamente en su boca.
El perfume crudo, viril de él la invadió mientras se sentía pequeña con sus músculos rodeándola. El sex appeal de Draco era más fuerte de lo que ella podía soportar. Él era un hombre irreprimido que conocía su camino alrededor del cuerpo de una mujer. Lo podía sentir en la forma en la que la besaba y por como él sabía justamente como y donde acariciarla. Su cuerpo ardía en deseo, se agarró a sus hombros desnudos mientras lo sentía invadirla por completo.
Draco no podía quitarle los ojos de encima mientras se hundía profundamente en ella. Ella era exquisitamente demandante e incluso intentaba dominarlo por momentos. A él le gustaba mandar, pero con esa leona bajo él, podía hacer una excepción.
Mientras aceleraba el ritmo de sus estocadas comenzó a tocarla y lo enloqueció la forma en la que ella giraba su cabeza hacia adelante y atrás sobre el sofá, obteniendo de él cada gota de placer que era capaz de darle. Había algo extremadamente familiar en ese instante, pero Draco decidió ignorarlo y concentrarse en llevarla hacia la cima. Estaba seguro de que Granger jamás podría olvidarlo luego de ese maravilloso encuentro, él tampoco podría.
Cuando ella decidió tomar el mando, Draco solo se dejó hacer. Ella se subió a horcajadas y con sus decadentes movimientos amenazó con hacerlo explotar en una suerte de combustión espontanea. No podía dejar de observarla mientras lo montaba con maestría. Mientras veía sus ambarinos ojos empañados de lujuria sentía como caía más y mas. Sabía que se estaba enamorando de ella y no podía evitarlo. No podía luchar con ese sentimiento que crecía en su pecho mientras ella le daba placer. Era una situación inverosímil, pero contra todo pronóstico Granger se había metido bajo su piel.
Luego de un tiempo en el que sus corazones desbocados lucharon por recobrar el ritmo normal, él la dejó sola un instante mientras iba al baño. Necesitaba un momento para aclarar sus ideas y no sentirse abrumado ante su nuevo descubrimiento.
Esperaba aclararse allí dentro mientras oia a granger moverse en la sala, pero él no estaba preparado para lo que encontró junto al lababo del baño. En una inocente cajita de cristal, junto a un monton de cremas y otros productos que no reconoció, Draco encontró su medallón de plata. El intrincado sello celta que él había diseñado para marcar a sus sumisas dentro del club y que había olvidado quitarle a su aprendiz en la ultima sesion.
El entendimiento lo golpeó como una bludger y le quitó el aire. Las dos mujeres que lo habían vuelto loco durante los ultimos dias, las dos mujeres que no lo habían dejado dormir eran una sola. Su Morrigan era Hermione, su perfecta sumisa tambien era la ardiente leona que había dejado un patron desigual de razguños en su espalda.
No lo podía creer, acababa de asumir que era posible que se estuviese enamorando de Granger y luego descubría que también se había estado enredando con ella en su club. No sabía cómo sentirse al respecto y no tenía idea de cómo se lo diría a ella.
Como Morrigan, ella aceptaba sin rechistar su naturaleza pero siempre dentro de las cuatro paredes del Dante's Inferno. Pero como Hermione, la prefecta perfecta, ¿ella podría aceptarlo?, ¿o no se arriesgaría a que algún día se supiese lo que hacía para ganarse la vida?
-o-
N.a: Fin de otro capítulo, espero que les haya gustado, estaré esperando sus opiniones. ¡HASTA LA PROXIMA!
