Solo recuerdos
Los personajes pertenecen a la famosa Mangaka Rumiko Takahashi, a la vez está prohibida su copia o reproducción, la siguiente historia se encuentra registrada por la autora legal.
" Hoy fue capturado el señor Rencotsu Sparks en el puerto de Nueva York, provenía de México a cargo de dos contenedores, dentro de cada uno de ellos se encontró un cargamento de 800 Kg de cocaína camufladas, la cantidad más alta reportada después de 10 años , lo que tiene preocupados a los agentes de la DEA y policía local de la ciudad, ya que sería un golpe bajo a la lucha contra las drogas que venimos llevando… "
Escuchaba a lo lejos la noticia en la televisión, una más de tantas que había en ese día, mientras estaba parado frente al espejo de cuerpo entero con márgenes de caoba, haciendo el nudo de su corbata gris oscuro que le iba muy bien a la camisa plateada, lúgubre, como sus días. Escuchaba las noticias todas las mañanas, la curiosidad por el tráfico de drogas databa ya de algunos meses atrás, su negocio era otro, pero el interés a ese tema tenía nombre, aunque su orgullo no permitiría nombrarlo.
Caminó y apoyó su hombro en el umbral de la puerta que daba a la terraza, con vista a los hermosos jardines que rodeaban su hotel, las gardenias eran las flores más resaltantes y vivas a su parecer, las hizo sembrar justamente frente a su suite, para observarlas unos minutos antes de comenzar sus jornadas largas y tediosas, aunque le gustara lo que hacía, porque para eso había sido educado, desde que ella se fue, los días no pasaban igual, todos lo he notado, y hubiera querido hablarlo con alguien , pero siempre su orgullo y arrogancia salía a flote, no aceptaría jamás que la necesidad, era suficiente las gardenias, alegres, llenas de vida, igual a ella, porque un jardinero las cuidaba semanalmente, y por qué él las quería, ya pesar que no creía en la tontería ésa de que las plantas sentían cariño y otras cosas más, debería aceptar que sus gardenias eran bellas gracias a él.
Rin había regresado a Manhattan hace unas semanas, muy diferente a cómo la conoció, nuevo corte de cabello, con un aro de compromiso muy costoso y un traje negro elegante, eso pudo apreciar en una foto de alguna red social, a pesar de no interactuar en esas "cosas", su curiosidad por ella lo había hecho visitante asiduo a varios sitios de ese tipo. Sesshomaru había pasado los últimos meses sumergido en trabajo, evitando así conversar con amigos y demás personas cercanas, pero el saber de ella era necesario en sus días, el traje negro no le sorprendía, la muerte de su madre fue el motivo de su regreso, aun así seguía siendo hermosa, aunque ya no estaba su cabello largo y rebelde hasta la cintura, ahora lo llevaba a media espalda, lacio con un flequillo moderado, que la hacía ver más atrevida y perspicaz. Sesshomaru se mantuvo mantenido informado de todo lo que hacía Rin en Londres, y no se sintió culpable o mal por ello, más bien se sintió tranquilo de saber que le iba bien, aunque hubiera deseado no tenerla tan cerca de Bass, el presidente ejecutivo de la sede en Londres de Shia Enterprisses, pero su investigador personal, Jacken, había sido claro al recalcar que solo eran amigos. Aun así, Sesshomaru no era estúpido, sabía que los hombres que se acercaban a Rin solo lo hacían por dos cosas, interés y deseo, y mientras fuera lo primero, cualquier acción seria neutralizada al instante, aún lejos él la defendería, más que por amor, lo hacía por instinto, y es que estaba convencido de que sus sentimientos eran meramente carnales o algo así, ya pesar de haber tenido una extraña relación por unas semanas, no significaba que él haya logrado amarla, solo sintió un poco de cariño y algo más; en fin, el problema radicaba en lo segundo, deseo, estaba completamente consciente que todos los hombres veían lo que él había visto en ella, audacia e independencia, a simple vista Rin era una mujer obstinada y bastante terca, pero conociéndola un poco más te dabas cuenta que ésa era una capa de su verdadera personalidad, ella es bastante inteligente y audaz, se muestra ingenua, pero no es nada tonta, con su humor negro y sarcástico, Rin muchas veces lo había sacado de sus cabales, pero esas veces no eran tantas a comparación de las veces en que lo enredó en su personalidad, definitivamente era muy temprano para envolverse en esos pensamientos, que le tomaban por lo general demasiado tiempo de su mañana. Aun así, recordaba los ojos avellanas de Rin el primer día que la vio, y claro lo doloroso que fue ese encuentro.
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Caminaba con prisa por la avenida Madisson, detestaba caminar entre la gente, en verdad detestaba a la gente, intentaba no toparme con nadie, y miraba de vez en cuando encima de la multitud, mi altura me permitía ver muchos metros delante de mí, hoy Jacken se quedaría sin trabajo, lo mandaría al Polo norte en una misión imposible con pingüinos incluidos, sí, eso haría, mi limusina estaba atascada en una calle transitada y tuve que salir caminando para comprar un regalo a mi hermana Kanna, en la quinta avenida , era Julio y hacía calor, la gente sudaba, y yo solo quería llegar a la joyería lo más pronto posible, de un momento a otro una mujer con un niño embarrado de helado pasó muy cerca y fue empujada por un tipo que corría, manchando así mi impecable traje gris, me detuve en seco y solo mire con asco al engendro.
- Lo siento mucho señor - dijo la madre - lo limpiaré - empezó a sacar de su bolso desgastado algo que parecía un trapo - en verdad hace mucho calor y el helado empezó a derretirse pronto ...
- No me toque - dije tajantemente, esa mujer estaría loca si pensaba poner sus manos encima mío, retome el paso, escuche un "lo siento" más de la mujer, pero yo seguía caminando con apuro, el olor a helado y la sensación a suciedad era más fuerte, empecé a buscar algún lugar decente para entrar a limpiarme, era tarde, no había tiempo de comprar un traje nuevo, vi una cafetería y entré de frente a los servicios, algunos empleados me miraron con sorpresa, pero no me importo, empujé la puerta con fuerza y lo único que sentí fue un golpe en la nariz. Cerré mis ojos por el dolor, conté hasta cinco y los abrí, había una joven con su mano en forma de ataque o algo así, viéndome con molestia ¿Ella me había golpeado? Era una castaña de cabello largo recogido en una coleta y ojos marrones,
- ¿Por qué me sigues? - empezó a ponerse en guardia - ¿Quiénes te envían?
Yo solo la miraba con indiferencia, el dolor había pasado a segundo plano, solo sentía caer gotas de líquido tibio en mi camisa ¿En verdad me había golpeado? Iba a mandarla lejos cuando sentí un puño en mi estómago ¡No podía ser! ¿De dónde sacaba tanta fuerza esa mujer? ¿Y quién demonios era? Estaba levantando una pierna, y la cogí con fuerza, volteé su rostro y la pegué a la pared, inmovilicé sus pies con los míos, ninguna mujer me trataría así.
- ¿Quién te crees para golpearme? - escupí con rabia.
- Tú me estabas siguiendo desde Central Park - hablo - no es la primera vez, siempre lo haces - me miró por el rabillo del ojo - ¡Y quítate esa peluca!
Bien, me había dejado sin palabras ¿Peluca? ¿Seguirla? Sentía su cuerpo menudo pegado al mío, su olor me confundía, era una fragancia dulce a lavanda, su perfil era bastante delicado, con ojos grandes, pestañas largas y nariz respingona, sacudí mi cabeza al sentir el sonido de mi celular.
- Quédate quieta –la amenace - aún no he terminado contigo.
Saqué mi celular del bolsillo y conteste la llamada de Kanna, llegaría con unos minutos de retraso, por primera vez en mi vida, llegaría tarde, y todo era por un niño asqueroso y una joven histérica. Guarde el celular y voltee a la chica, coloque sus manos encima de ella, seguía pegada a la pared, pero la mirada de la mujer no mostraba miedo, más bien me desafiaba, de un momento a otro levantó sus cejas y cambió su expresión a una mas ¿Pícara?
- Oh, joven, lo siento, no pensé que me seguía un fan enamorado - sonrió con coquetería - ¿Sabes? No te ves del todo mal - me miro de pies a cabeza, deteniéndose unos segundos en mi virilidad - si me sueltas, puedo darte sexo…
- ¡Basta! - grité - No caeré en tu juego, dime por qué me golpeaste, no te conozco, nunca te seguí, y si te conociera tampoco lo haría - miré con desdén su cuerpo - no eres mi tipo.
La joven sonrió de oreja a oreja, acaso estaba loca, acababa de ofenderla, y pareció que había recibido cumplidos, empezaba a dolerme la cabeza y el sangrado de mi nariz se había detenido, claro que antes ya me había estropeado el traje, más de lo que estaba.
- Este traje cuesta miles de dólares - la solté y empuje con fuerza a la pared - dudo que puedas pagarlo.
- Un Versace a la medida - me miró cruzando sus brazos y colocando un dedo en su mejilla - 15000 dólares ¿verdad? - ¿Quién era ésa mujer? - Bien, parece que no eres el tipo que me seguía, tienes el cabello plateado y no parece ser una peluca - intento cogerme el cabello, pero yo la esquive - ya, tranquilo, discúlpame, ando un poco nerviosa - habló moviendo sus manos en forma de excusa - mira, sé que te acabo de romper la nariz, y te debo un traje, así que… - se quedó pensando - bien, te llevare a una clínica y te hare una transferencia a tu cuenta - se puso su bolso y me miró con cinismo.
Yo solo observaba sus movimientos, empecé a verla con más detalle, era una joven bastante guapa, con movimientos muy suaves y elegantes, su rostro se me hacía conocido, pero con esa vestimenta estaba un poco confundido.
- ¿Cuál es tu nombre? - pregunte para despejar mis dudas.
- ¡Oh! Lo siento - estiró su mano - Rin Shnitzler, un gusto conocerlo - cogí su mano, de repente todo fue claro, era Rinnet Shnitzler - ¿Y tú, cómo te llamas? - preguntó.
- Taisho, Sesshomaru - hable con seriedad, y si mi memoria no fallaba, y nunca lo hacía, estaba enfrente de la tercera hija de Edward Shnitzler, dueño y presidente del emporio de comunicaciones.
- ¡Oh! Eres el hermano de Inu - habló con sorpresa, de pronto su rostro cambió a uno afligido - ¡Dios! Lastime al hermano de Inu - acercó su mano y movió mi mentón - Tengo que llevarte urgente a una clínica, prometo explicarte en el camino lo que pasó, ¡Guau! Por eso tienen el mismo cabello - apareció una sonrisa en su rostro, mostraba entusiasmo por saber mi identidad, mientras yo me preguntaba ¿Qué pasaba con Rin Shnitzler para huir de un hombre? - Sessh… ¿Cómo es? Bueno, vamos rápido, estas apurado y hay mucho que hacer - cogió mi mano y me jaló por medio de toda la cafetería, todos nos miraban sorprendidos, yo me solté con brusquedad.
- Puedo caminar por mi cuenta - le dije, colocándome delante de ella - vamos, tú me sigues - hable señalándola con mi índice.
Camine sin voltear, era tarde, no podía ir al hotel a cambiarme, así que iría con ese traje a la cena de mi hermana y obviamente sin regalo, cerré los ojos con pesar, me detuve al filo de la acera y voltee, estaba en la quinta avenida, detrás observe a Rin que se paraba jadeando y colocando sus manos en las rodillas, estaba exagerando.
- ¿Nunca has caminado con una mujer? - balbuceó - tienes lo pasos tan largos, tu no caminas, tu corres.
- ¿Tienes limosina? - pregunte, ignorando sus quejidos.
- No, coge un taxi - habló recuperando la respiración - rápido, porque si vamos a seguir caminando así, la que va a necesitar un médico soy yo.
Oculté una sonrisa, levante mi brazo para que algún taxi parara, era la primera vez que lo hacía, vivía hace más de un año en Manhattan y nunca había cogido un taxi, al ver que ni uno se detenía, me pregunte si era transparente.
- ¡Dios! Yo lo haré - me empujo a un lado y bajo de la acera agitando sus brazos, de inmediato paró un taxi, subimos juntos y decidí dar la dirección de mi hermana - ¿Vives ahí? - preguntó con asombro Rin.
- No, tengo una cena importante en ese lugar, y tú vas a explicar la razón de mi tardanza y de que mi traje sea un desastre - estaba sorprendido, hoy había hablado más de diez frases con una extraña. La vi alzar una ceja.
- Espero no sea una mujer - dijo con curiosidad - es que las mujeres me odian, siempre las novias de mis amigos me miran raro - comenzó a parlotear con bastante fluidez, no dejó de hablar y explicarme del odio de casi todas las mujeres que la rodeaban , intentaba no sonreír por sus ocurrencias, además de pasar por alto la tonta excusa de la persecución de unos fotógrafos.
Bajamos juntos del taxi al complejo de departamentos, mi hermana vivía en el piso 4, entramos al ascensor, mientras Rin se frotaba las manos, cuando toque el timbre, salió Kanna.
- Sesshomaru ¿Has visto la hora que es? - iba a seguir reclamándome, pero clavó su mirada en Rin, la observó de pies a cabeza - ¿Quién eres tú?
- Hola, soy Rin - sonrió y extendió su mano - la culpable de la tardanza y responsable de la nariz rota de Sessh… ¿cómo es? - Kanna la observaba con una ceja alzada, dirigió su mirada a mi rostro y sonrió.
- Una mujer te pegó ¿Acaso no la llamaste después de tener sexo? - se burló Kanna.
- No tuve sexo con él, lo juro - habló rápido Rin - yo tengo novio - recalcó - además él es un poco grande para mí - remato la situación. Kanna mostró la sonrisa más grande que había visto en ella en los últimos años, una extraña nos había hecho sonreír de más.
- ¿Podemos entrar ya? - hablé hastiado.
- Bien, adelante - se hizo a un lado y entramos al departamento - Sesshomaru siéntate en el sofá, parece que te desviaron el tabique - me recosté en el sofá, mientras miraba fijamente a Rin que se sentaba al frente, mientras sus ojos paseaban por la sala, yo recordaba haber visto su rostro en las revistas, por eso se me hacía familiar, en el artículo leí algo de un novio en Washington y una carrera en periodismo, pero la joven que veía al frente mío era muy distinta a la elegante socialite de Manhattan de hace un par de años– Hoy cociné para ti, y llegas 15 minutos tarde, no es mi culpa si el asado esta frio - Kanna interrumpió mis pensamientos mientras abría un botiquín de primeros auxilios, sacó una jeringa absorbiendo un líquido transparente - te pondré anestesia para que no duela lo que voy a hacer - inyectó el líquido en diferentes ángulos alrededor de mi nariz, no hice ningún gesto de dolor, porque estaba entretenido en el rostro de Rin, ella se sujetaba la cara con las dos manos, horrorizada de lo que veía - Bien, esperemos diez minutos - se puso unos guantes quirúrgicos y se paró detrás mío, masajeaba mi nariz con suavidad, no era la primera vez que pasaba por esto, Kanna era doctora pediatra, y cuando éramos más jóvenes solía atenderme en algunas urgencias de este tipo.
- ¿Estas segura de lo que haces? - pregunto Rin - Parece doloroso - vi su estremecimiento - ¿Eres doctora profesional verdad?
- Si - Kanna se irguió y observó a Rin sin emociones - soy doctora egresada de Cambridge, me especialicé en pediatría en la Universidad de Múnich, he seguido prácticas en varias partes del mundo, entre ellos está Brasil, Colombia y Canadá - respondió sin parar.
- ¡Guau! - se sorprendió Rin - Eres muy joven para haber estudiado así - sonrió y volteó a verme - tienes una novia muy inteligente - y me guiñó un ojo.
- No soy su novia, soy su hermana - dijo Kanna muy seria, vi a Rin confundida, en verdad no le había mencionado ese detalle pero no era nada malo - su novia se llama Kagura - escupió Kanna.
- ¿Kagura Russo? - preguntó Rin sorprendida, luego percibí un toque de amargura en sus ojos.
- ¿La conoces? - dije observándola con cuidado.
- Claro, estudiamos en el mismo instituto, aunque ella estaba en los cursos de mi hermana mayor, iba seguido a casa - se quedó pensando unos momentos - es la hija del alcalde.
- Y novia de mi hermano - habló kanna mientras presionaba con fuerza mi tabique.
- No es mi novia - dije irritado.
- Claro que lo es, hace meses que sales con ella, eso la hace tu novia - hablaba mientras presionaba con más fuerza mi tabique.
- No le he dado un anillo para que sea mi novia - apenas hablaba por el dolor que empecé a sentir, parece que la anestesia no serviría de mucho.
- Te imagino con ella, los dos son muy elegantes y soberbios - hablo Rin con gracia.
Un movimiento fuerte de las manos de kanna hizo sonar mi tabique, dolió, pero sabía que ya había terminado, toque un poco mi nariz, mañana amanecería morada, mientras Kanna se sacaba los guantes y se llevaba el botiquín a otro ambiente. Cuando levanté la mirada pude ver el rostro de Rin muy cerca al mío.
- Lo lamento tanto, esa nariz mañana estará morada por mi culpa, yo solo seguí las recomendaciones de un amigo que me enseña defensa personal, golpear con la palma de la mano de abajo hacia arriba - suspiró con fuerza, pude sentir su fragancia a lavanda, y por un momento me sentí atraído por algo tan dulce - pensé que eras otra persona - me miró con tristeza - espero que no tengas problemas con Kagura.
- No le debo explicaciones a Kagura, y tranquilízate, el moretón no va a durar mucho tiempo - hable con calma, no me gustaba verla de esa manera, era más agradable ver su sonrisa.
- Bien, Sesshomaru he dejado un cambio de ropa en el cuarto de huéspedes, iré sirviendo la cena - habló Kanna con un secador en las manos. Observe a Rin coger su bolso y pararse cerca a la puerta.
- Bueno, espero no haber arruinado su cena - volteó a verme - mañana depositaré el dinero del traje a tu cuenta - sonrió a Kanna - cuídate, fue un gusto conocerte.
- Quédate a cenar - hablé colocando mis manos en los bolsillos - es el cumpleaños de Kanna.
- ¡Oh! No lo sabía - se acercó a Kanna y le dio un abrazo - ¡Feliz cumpleaños! - sonrió y volteó a verme - aun así no puedo quedarme, tengo visita en casa– habló sacudiendo sus manos con nerviosismo.
- ¿Dónde vives? - pregunté.
- Yo vivo al frente de este edificio - caminó hacia la ventana y señalo con un dedo - en el décimo piso del edificio de allá- era un edificio igual al de Kanna que estaba al frente.
- No veo a nadie esperándote - dije observando el departamento.
- Pero llegará pronto, y detesta que lo haga esperar - así que era un hombre - debo irme rápido, para prepararle algo - caminó a la puerta - adiós Kanna, vendré a visitarte en algún momento - abrió la puerta y volteó - adiós Sesshomaru - sonrió y desapareció.
- Bien, se fue el único entretenimiento a nuestra cena - dijo sin ganas Kanna - Solo por accidente puedes conocer a una mujer interesante - miré con indiferencia a mi hermana y camine despacio al cuarto de huéspedes, entré y mientras me colocaba la camisa observaba por la ventana a Rin cruzar la acera, en esos momentos se detuvo frente a ella una limosina, y bajó un hombre mayor, era Edward, su padre, Rin saltó a los brazos de él como una niña de cinco años, hasta para eso era alegre, y Edward correspondió con un abrazo, cogida de su brazo entraron al edificio y desaparecieron de mi vista. Yo solo tenía en mi cabeza interrogantes de ese curioso encuentro, Rin había llegado a mi vida como una estrella fugaz, a traerme alegrías y también mucha soledad después de su partida.
FIN DE FLASHBLACK
Hoy sería un día distinto, mientras desayunaba en su comedor personal iba escuchando su agenda electrónica sobre las actividades del día, reuniones presenciales y videoconferencias llenaban su agenda, pensaba seriamente en dejar a Inuyasha a cargo de las reuniones para poder hacer una visita especial, quería corroborar algo que había escuchado en televisión, para ello necesitaba tiempo y espacio. Llamó a su hermano explicándole la posición que tomaba su empresa en cada reunión, Inuyasha era el Vicepresidente, y de algo debía servir, aparte de gastar y traerle problemas de vez en cuando.
Entró al ascensor privado que conectaba al lado de su oficina, al salir caminó con elegancia mientras abotonaba su saco del terno gris oscuro que llevaba, hoy su atuendo representaba las muchas ganas que tenía de sonreír, abrió la puerta y percibió un perfume picante y escandaloso , sabía de quién era, y ésa mujer no traía algo bueno.
- Buenos días, ¿Cómo estas pequeño? - escucho su voz con fingido amor maternal.
Estaba sentada en el sofá de invitados con una revista en las manos, sus piernas cruzadas, un traje de dos piezas color verde oliva, seguro de algún diseñador reconocido, y unos tacones negros, Jimmy Choos definitivamente, solo ella podía lucir y vestirse tan bien a esas horas de la mañana, mientras él quería pasar desapercibido por los pasillos de su hotel, sospechaba que su madre había hecho voltear algunas miradas masculinas, su buen gusto al vestir y elegancia en sus gestos solo dejaba entrever la regia cuna de la que provenía, en Manhattan todos la conocían, era rica, demasiado para los hombres, heredera de hoteles en Europa y algunos países asiáticos, todo se veía excelente, pero solo bastaba con cruzar un par de oraciones con ella para darse cuenta del cuidado que debías tener al dirigirle la palabra, la conocía demasiado bien y en esos momentos distorsionaba su orden, y de pronto pensó: ¿A que vino? ¿Quién la llamó? No había que ser sabio para deducir el porqué de su viaje cruzando un continente, ¿Cariño? ¡No! ¿Curiosidad? Puede ser, pero no traía algo bueno, no, definitivamente solo venía a molestarlo, a él y a su hermana que se habían mudado lo más lejos posible, o sea con un continente en medio, para no tener que lidiar con su lengua venenosa.
- No repetiré mi saludo, tú deberías responderme pequeño maleducado… - habló Irasue con malhumor.
- Buenos días, Irasue - conteste arrastrando su nombre.
- Al fin escucho tu voz, llame mil veces a ese celular, y no contestaste, por lo visto querías desaparecer del mundo… ¿tanto duele cariño? ¿Tanto? - Sonó a ¿Burla? Acaso me sorprende… No.
El duelo de miradas ámbar había empezado, Sesshomaru se negaba mentalmente a sentarse a conversar con ella, arrugo la nariz como si algo no oliera bien, e Irasue entendió que hoy no era un buen día para molestarlo, así que decidió dejar para otro día el discurso que se había aprendido, como buena madre que creía ser. Aun así no se prometía dejar su sarcasmo a un lado, inconscientemente le agradaba hacerlo refunfuñar, y sobretodo pensar de más, y más que cualquier cosa era mujer, y su hijo un vil bastardo, aunque duela un poquito reconocerlo.
- Ya desayune, pero si desea pediré algo para ti… - dijo Sesshomaru, con frialdad.
- ¡Qué aburrido! Tu padre tenía más expresiones faciales que tú - suspiró - ¡oh! Eso te diferencia de Crane…
¡Bingo! Lo dijo, no se aguantó más, era su naturaleza.
- Pero de eso hablaremos luego querido, he venido a ver a tu hermana - hablaba observando el traje que usaba en ese momento - la niña sigue soltera, me preocupa demasiado su situación - coloco una mano en la frente con mucho dramatismo - yo que los eduque con tanto ahínco y amor y mira lo que salió, una solterona y tú… - pensó un poco lo que iba a decir, mientras yo fruncía el ceño- bueno, con un revolcón preñaste a una chiquilla… por cierto ¿Cómo está la pobre? ¡Ja! Ella quería atarte pero al verte aquí tan temprano bajando de tu suite, me dice que ya no deseas saber de ella… pequeño bastardo, pero mi pequeño… - sonrió - tu traje dice mucho de ti.
- Tengo dolor de cabeza, iré por un whisky ... - caminó al bar de la oficina, quizás el alcohol le haga pasar el mal momento.
- Tan temprano ... ¿Por qué el dolor de cabeza? ¿Algo te molesta? - dijo despreocupadamente.
¡Tú!
- Pediré una suite para ti, Suikotsu se encargará de tu recepción - hablo Sesshomaru, refunfuñando internamente, con vaso en mano se dirigió a su escritorio, recogió algunas carpetas, se tomó el whisky de un sorbo y prosiguió - ¿Preparo un coctel de recibimiento? ¿Llamo a mi suegro, el alcalde? ¿O pido las llaves de la ciudad? ...
- No querido, ésas cosas no van conmigo, además no vine con motivos sociales, solo quiero conversar con tu hermana, y si se puede y tú mal genio lo permiten, también contigo - dijo con fingida inocencia.
- Uhmmm - no deseaba seguir conversando.
- Y, corazón ¿Cómo te va? - dijo con sarcasmo.
- Hay un invitado especial, lo debo atender, almorzaremos juntos… - contestó con una poca creíble mentira.
- Bien - suspiro - tengo cosas que hacer en esta ciudad… - se levantó recogiendo su bolso.
- Adiós - Sesshomaru se despidió, dio la vuelta salió y por la puerta, llevando las carpetas en las manos, lo positivo de todo es que hoy no trabajaría ahí.
Fuera de la oficina pensaba que no quería seguir escuchando esa voz burlona, seguro se habría aprendido todo un sermón y se lo repetiría con fingido amor maternal, en Tokio era amiga de muchos psicólogos, y ellos, sus hijos, fueron pacientes de todos, al mínimo percance con ellos, había un psicólogo dispuesto a resolver el problema, Irasue era una buena actriz, aprendía los discursos como un guion para un teatro dramático, y no dudaba que un psicólogo estaba detrás de ello, sabía lo que le molestaba, tenía poco tacto por los problemas ajenos.
Se dirigió a la recepción, recordaba la visita que debía hacer en la mañana, le había costado mucho reservar esa cita y no podía perderla, además pensaba seriamente en fijar una oficina en su otro hotel, así no debería que toparse con Irasue a cada momento, aparte de ser madre e hijo, otra relación era de más en ellos dos.
Mientras caminaba observaba que todo marchara bien, él sabía perfectamente que el éxito de sus hoteles se debía a su muy buena atención y minuciosa selección de personal, decoración, etc. Y no debía bajar la guardia nunca, él mismo se encargaba de recepcionar a los invitados más notables, de organizar el itinerario de sus empleados, de elegir el menú de la semana de acuerdo a las personalidades que visitaban su exclusivo hotel, hasta de la limpieza en cada pasillo y habitación, podría decirse que él mismo había implementado la manera correcta , o adecuada a su gusto, de acomodar y decorar las recamaras, todos lo conocían por su buen gusto, por su imperturbable semblante, por saber cada detalle de cada visitante, para algunos resultaba ser casi un prodigio en la administración de hoteles y para otros un robot mecanizado, pero él sabía que todo eso había sido perturbado alguna vez, hace ya algunos meses, cuando ella pisó su hotel.
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- Buenos días amor - hablaba alguien a mi lado, di la vuelta y me topé con unos ojos rojizos, era Kagura, estaba desnuda debajo de las sabanas, la mujer tenía un cuerpo bastante provocativo, sobretodo su estrecha cintura y sus caderas sutilmente amplias, estar entre sus piernas era bastante placentero, me levanté y no contesté, me dirigí al baño, habíamos dormido juntos, la noche anterior se me había antojado dormir con ella en mi suite. Me bañe y salí mirando la hora en mi celular.
- Es tarde, desayunare en la oficina - dije, colocándome el pantalón y los zapatos.
- Podemos desayunar juntos - dijo Kagura, abrazándome por detrás aun desnuda mientras me ponía la camisa, pude sentir sus pechos rosando mi espalda, pero no podía darme el lujo de perder minutos de mi ajetreada mañana.
- Bien, te espero abajo - dije indiferente, me solté de su abrazo, me puse el saco y entre al elevador.
Mientras bajaba, pensaba en una reservación del día anterior a última hora, era la amiga de Sara, Rinnet Schnitzler, después de una semana había reaparecido en los titulares de Manhattan, caminando por la quinta avenida, en la foto observe que llevaba unos shorts negros con una blusa celeste manga acero, un conjunto de diseñador, que iba muy bien con la cartera y sandalias negras, muy distinta a la Rin que me golpeó la otra vez, llevaba el cabello suelto hasta la cintura con una vincha celeste, sonreía a los paparazzis de una manera bastante peculiar, como si hubiese deseado que fuera así, según el artículo recién llegaba de Washington, después de una larga temporada con su novio, pero eso era falso, ella estaba en Manhattan desde hace más de una semana, aunque debería recordar que su padre es el que maneja los medios a su antojo. De todas formas era una visita importante a mi hotel y solo se quedaría por tres noches, lo poco que pude averiguar antes de ser interrumpido por Kagura, fue que era la novia de Kohaku Crane, el hijo de un ex senador de Kansas, administrador de varios pozos petroleros en medio oriente. La puerta se abrió y camine en dirección a la recepción, pero me detuve al escuchar unas risas en el vestíbulo, di la vuelta y observe a Sara sentada en uno de los sillones, y al frente de ella a una joven de cabellos castaños que me daba la espalda, sin duda era Rin. Camine lentamente, atraído por un perfume de lavanda que me había tenido inquieto toda la semana, cuando llegue Rin volteó y me observo sorprendida, con sus ojos marrones chocolates grandes y unas pestañas largas y tupidas, llevaba un pantalón jean azul y una blusa color nude , se levantó y no pude gesticular palabra, estaba ensimismado, y me preguntaba ¿Qué me pasa? No era la primera vez que hablábamos.
- Sesshomaru, ya te iba a llamar - escuche a Sara, voltee a verla.
- Buenos días - apenas hable.
- Buenos días - Rin me tendió su mano. Yo solo la miraba a los ojos ¿Por qué tan formal? parpadee varias veces y tendí mi mano, la tome con delicadeza, tanto que ella me vio más sorprendida.
- Ella es Rin, mi mejor amiga - se le acerco Sara, la tomo de sus hombros, hasta ese momento yo no le había contado a Sara sobre nuestro encuentro, y al parecer Rin tampoco, creo que los dos sentíamos cierta vergüenza de aquel encuentro extraño y fuera de lugar - nos conocemos desde pequeñas, ha venido a visitarnos a Nueva York después de un año.
- Es un placer conocerlo Sesshomaru, he oído mucho de usted - me dijo, con una sonrisa en sus labios.
- El placer es mío - dije con amabilidad, hipnotizado por su sonrisa y ojos chocolates, hoy la veía diferente, como la joven elegante y heredera de todo un emporio, pero aun así sentí que a Rin le quedaba mejor su atuendo informal.
- Buenos días Sara - era la voz de Kagura, que entraba con una sonrisa - Rin, que sorpresa, te creí en Washington - sentí su mano coger mi brazo.
- Si, llegué ayer– miraba a Kagura - estoy hospedada aquí, mi departamento aún no está listo
- Entonces te quedaras definitivamente en Manhattan - afirmo Kagura.
- Parece que si - dijo, colocándose un mechón de cabello detrás de la oreja, un poco nerviosa - Trabajare aquí.
- ¿Y Kohaku? - pregunto Kagura.
Rin levantó una ceja curiosa, por un segundo pude ver picardía en sus ojos, era como la mirada de una niña pequeña que ocultaba una travesura.
- Él se quedara en Washington - respondió - por ahora.
- Bueno, vamos a desayunar - hablo al fin Sara- te aburrirás ver tanto tiempo a Sesshomaru y su cara de piedra - sonrió - lo hubieses visto hace algunos días, con su nariz completamente morada.
Y de nuevo pude ver sus ojos traviesos, una joven con mirada de niña, muy diferente al día que la conocí y me golpeó, esa vez su mirada era muy diferente, era toda una mujer determinada y segura de lo que hacía, y la pregunta que rondaba mi cabeza: ¿Quién era la verdadera Rin Schnitzler?
- No te burles Sara, golpearse con la puerta puede pasarle a cualquiera - dijo Kagura, observando detenidamente a Rin.
- ¡Oh! Qué pena - agregó Rin - no sabía que las puertas golpearan tan fuerte - sonrió con picardía ¿acaso se burlaba de mí?
- Rini en Manhattan - escuchamos de pronto - y modelo de lencería– sonrió Inuyasha, entrando al vestíbulo, mientras Rin escondía su risa con sus manos, toda una actuación de niña inocente - el sueño de todos los hombres de Manhattan se cumplió.
- ¡Inu! - saltó de pronto Rin, o eso me pareció, se prendió del cuello de mi hermano, hasta hacerlo tambalear.
- ¡Cálmate mujer! ¿Has engordado o qué? - Rin soltó a Inuyasha haciendo un puchero con sus labios.
- Es la emoción de verte idiota - cruzó los brazos - es por eso que no tienes novia, no sabes tratar a una dama - bromeó con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Casi me tumbas! Deberías empezar a comer menos comida rápida mujer, vas a ser modelo.
- ¡No te metas con mi comida! - reclamó Rin –además, empezaré a ir al gimnasio la otra semana - sonrió - y como lo has dicho, hombres que me vean no me falta - lo dijo guiñándole un ojo.
- ¡No hagas eso! - protesto Inuyasha, totalmente sonrojado - solo lo decía de broma, nadie se fijaría en alguien tan engreída y frívola como tú.
- ¡Por Dios! ¿Cuándo van a madurar? - preguntó Kagura.
- Díselo a la niña que le anda saltando encima a sus amigos - cruzo los brazos Inuyasha - hablando de niños, dónde está tu mascota ¿no ha venido contigo?
- ¿Mi mascota? - Respondió Rin con un dedo en la mejilla.
- Hablo de Kohaku, el perro baboso que siempre anda detrás de ti.
- No le llames así, ese es mi novio, y no anda detrás de mí - sonrió - en fin, sla ultima vez que lo vi salía a Kansas con sus padre, dijo que quizás vendría en unas semanas.
- ¡Qué raro! Escuche que se pelearon hace unas semanas - habló con malicia Kagura - rechazaste una propuesta de matrimonio ¿Verdad?
Por primera vez vi en Rin una mirada de sorpresa real, había dejado de ser la niña traviesa para convertirse en la joven que vi en la cafetería, una joven que expresaba amargura, observaba a Kagura con molestia, ese rostro duró unos segundos, y de pronto apareció una sonrisa traviesa de nuevo.
- Es verdad, no deseo casarme aun, tengo 23 años, acabo de terminar de estudiar mi carrera, no necesito cargar con un esposo - colocó una mano en su cintura con determinación - me gusta ser libre, no me educaron para casarme exactamente.
- Por eso digo que es un perro baboso - interrumpió Inuyasha - solo él podría enamorarse de una mujer tan poco afectiva como tú.
- ¡Cállate Inu! - contesto Rin ¿indignada? - no sé por qué razón debo hablar de mi vida privada frente de Sesshomaru - bajó la cabeza - recién lo conozco, y ya se enteró de mi escaza suerte con los hombres.
- Lo siento - contestó con indiferencia Kagura - aun así te recomiendo que lo pienses mejor, Kohaku es un buen partido, no encontrarás otro igual.
- Bien - intervino de pronto Sara - debemos ir a desayunar, Sesshomaru no puede ser entretenido a estas horas, por lo general tiene contados todos los minutos de su ajetreada mañana.
Todos voltearon a verme de pronto, yo no tenía nada que contestar, en verdad estaba un poco confundido, necesitaba hilvanar algunos puntos, y averiguar qué demonios pasaba con Rin, definitivamente era muy conocida en Manhattan, había sido criada en esta ciudad, según Inuyasha sería modelo, aunque no había escuchado ni leído nada al respecto, y por ultimo había rechazado una propuesta de matrimonio con el hijo de uno de los hombres más ricos del planeta, lo cual desencajaba con la niña engreída y frívola que estaba al frente, como Inuyasha había dicho, era muy probable que Kohaku fuera un idiota inmaduro, totalmente enamorado de la chica más complicada que había conocido hasta ese día. Camine sin despedirme de ellos, era suficiente para mí con todo lo que escuche, lo mejor sería ignorarla, y mantenerme al margen de esa joven complicada, además a esa hora de la mañana tenía muchas cosas que hacer, y ese grupo me distraía por demás.
Al sentarme en mi silla frente a mi escritorio, me percate de Kagura, la había olvidado por completo, en verdad me fastidiaba pensar en cosas que no involucraran mi negocio, y mucho más con gente que no entendía en lo mas mínimo.
- ¿Te gusta cariño? - dirigí mi mirada hacia ella, me hizo pensar por un momento, de pronto se iluminó mi mente, definitivamente andaba distraído - ¿te gusta Rin? - volvió a preguntar, ahora entendía a qué se refería, nosotros éramos una pareja sexual bastante abierta, no nos molestaba estar con alguien más que nos atrajera, a veces solíamos hacer tríos con alguna mujer u hombre que nos gustara, Suikotsu era su opción favorita para revolcarse en momentos que yo no pudiera o estuviera lejos, era por esa razón que no la consideraba mi pareja, detestaba que la gente lo tomara en serio, yo no podría ser capaz de amar a alguien, y Kagura tenía claro, o por lo menos debería tenerlo, de que yo no guardaba sentimientos tan sublimes y empalagosos - te advierto desde ahora, Rin no es para ti – cruzó sus brazos y me observo con una sonrisa burlona – ella no es como las demás – suspiro – es diferente, y si no quieres problemas, no te metas con ella.
Yo solo escuchaba y analizaba lo que decía, y algo de razón tenía, Rin era diferente a todas las mujeres que había conocido en Manhattan, llevaba casi un año en esa ciudad, y tenía bastante experiencia con mujeres de alta clase, todas eran soberbias y pedantes, el sexo casual reinaba en este lugar, y no era raro hacerlo con una mujer que conocía por unas horas y ni sabias su nombre. Mientras que Rin era como un fantasma, que se escondía de algo, y eso la hacia interesante.
FIN DEL FLASH BACK
