Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.

Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

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Capitulo 5: Séptimo Circulo (violencia)

Era su octava o novena clienta de la tarde y aun le quedaban varias sesiones más. Su espalda ardía por los arañazos de mujeres de las que ni siquiera conocía el nombre, sus piernas estaban cansadas por estar de pie y su mente estaba demasiado nublada por el Hipnisy. Aunque rara vez no lo estaba.

Tenía hambre y sed. Estaba casi seguro de que también tenía algo de frio, pero no podía dilucidarlo completamente a causa del Hipnisy, que lo empujaba solamente a satisfacer sus más bajos instintos. Lo único que podía distinguir correctamente era la lujuria en sus venas.

Desde que Pansy había llegado buscándolo la semana anterior, Draco había recurrido al Hipnisy más de lo recomendable. Tanto así que Incluso su madre había comenzado a sospechar que algo no estaba bien con él. Por suerte Narcissa había creído la historia del resfriado muggle y los síntomas que presentaban en los magos privados de su poder.

Mientras movía sus caderas penetrando a la mujer de cabello negro, que aullaba en celo sobre la cama, Draco hizo el esfuerzo por recordar su nombre. Otra vez el Hipnisy se lo prohibió. Probablemente el afrodisiaco quitase sangre a su cerebro y eso era lo que le impedía pensar con claridad.

Sus movimientos eran coordinados, mecánicos, mil veces repetidos y realizados de memoria. Eran eficientes y placenteros para su cuerpo, y el de su clienta, aunque no tanto para su propia mente. Pero para eso estaba el Hipnisy.

Cada sesión duraba una hora, cada hora de su tiempo valía diez Libras esterlinas si eras muggle, o dos galeones si eras bruja. Él se quedaba con el veinte por ciento de cada sesión. Su jornada de trabajo solía durar al menos doce horas y era una buena noche si lograba llevarse a casa más de veinte libras. No podía quejarse, el sueldo promedio rondaba las quinientas libras y él ganaba cerca de seiscientas en un mes afortunado.

Esa noche ya había asegurado algo más de quince libras y con suerte alcanzaría a recaudar lo suficiente como para pagarle lo que aun le debía a su proveedor. Cada dosis de Hipnisy costaba media libra en el mercado negro, y él había contraído una deuda de aproximadamente cuarenta libras en las últimas semanas.

A sus oídos llegaron los ecos de unos gritos masculinos enojados. Decidió ignorarlos, no era de su incumbencia. Su clienta estaba cerca de llegar al orgasmo y con suerte esta seria de las que no querían que las siguiese tocando luego de alcanzarlo. Con suerte daría por terminada la sesión y él tendría unos quince minutos de descanso hasta que su nueva cita llegase, si no, tendría que asearse rápidamente y recibirla sin poder tomarse siquiera un respiro.

Más gritos llegaron a sus oídos y estaban logrando desconcentrarlo al colarse entre las brumas de su mente. Draco siguió moviéndose acompasadamente mientras su clienta trepaba la ola del éxtasis y él movía su dedo pulgar con experticia sobre su clítoris, estimulándola. En perfecta sincronía con la explosión de placer de ella, la puerta del cuarto estalló en cientos de pedazos.

Un hombre alto, de unos cuarenta años, irrumpió en el cuarto y de un instante a otro sintió como un puño aterrizaba sobre su rostro. Segundos después aterrizaba desnudo en el piso de la habitación. Draco realmente no sintió dolor o miedo, el Hipnisy no lo permitía.

Su clienta, la esposa de aquel tipo, gritaba hiriendo sus tímpanos mientras imploraba que no lo golpease. Los puños del hombre impactaban violentamente uno tras otro sobre su rostro y cuando colapsaba, eran sus pies los que impactaban ferozmente sobre sus costillas.

Uno de los gorilas del local lo apartó de él mientras se inclinaba a cuatro patas y devolvía el contenido de su estomago sobre la raída alfombra, Josette no estaría feliz. Draco aun seguía desnudo y fue Nya quien tuvo la decencia de arrastrarlo lejos de su vomito y taparlo con una sabana.

Oscilaba entre la conciencia y la inconsciencia. El efecto del Hipnisy se retiraba y el dolor se incrementaba a cada instante. No podía abrir los ojos. Debía tener un aspecto horrible por el tono de voz que Josette usó con él, cuando finalmente llegó.

Afortunadamente Josette, la dueña del local, tenía díctamo y poción crece huesos en su casa. Era sorprendente todo lo que se podía conseguir en el mercado negro, aun siendo un squib. Con suerte estaría como nuevo al amanecer, seguramente su rostro se desinflamaría y las costillas se soldarían en tiempo record. No era bueno para el negocio que uno de los empleados estuviera fuera de combate por demasiado tiempo.

Al parecer su clienta estaba casada y su marido celoso había descubierto en donde gastaba el dinero cada jueves en la tarde. Draco quería reír pero el dolor no lo permitía. Su rostro palpitaba y parecía que alguien estuviese sentado sobre su pecho impidiéndole respirar con normalidad. El tipo no podía satisfacer a su mujer y lo había golpeado en vez de replantearse que estaba haciendo mal.

Su madre había creído la excusa que Josette le dio cuando llamó a casa de Liza para explicarle por qué no volvería esa noche. Un compañero enfermo, una suplencia de último minuto y algo más de dinero había dicho Josette, y Narcissa lo creyó. Draco tenía un par de horas para pensar que diría si preguntaba por qué no había sido él quien habló con ella.

- Draco, este lugar es inseguro. Necesitamos sacarte de este club. Soul es mejor, allí se gana más dinero, allí tenemos verdadera seguridad. Por favor acepta el entrenamiento. Si vas a Soul, como un sumiso, podrías salir de aquí y nadie podría golpearte así nuevamente.

-No lo sé Jo. Deja que lo piense, ¿si? Ahora solo quiero dormir por un rato.

- duerme, Draco. Estaré aquí cuando despiertes.

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Hermione yacía silenciosa en la cama mientras Draco estaba en el baño. Ella debería estar horrorizada por las horas que habían pasado en la cama. Él la había puesto en más posiciones de las que creyó posibles y amó cada una de ellas. Draco era increíble, insaciable y extremadamente ágil. Estaba saciada a un nivel más allá de su imaginación y seguramente al día siguiente le dolerían músculos que desconocía que tenía.

Había sido una tarde maravillosa. Draco había sido tan atento, tan minucioso, tan agotador, que ahora tenía una increíble sensación de paz. Se preguntaba si era demasiado pronto para pedirle que se acostase con ella y durmiesen un rato. En ese momento eso era lo único que le apetecía hacer.

- Herms!, ¿estás en casa?

Demonios, había olvidado bloquear la red flú y ahora Harry estaba en su departamento. Rápidamente tomó su mullida bata roja y salió de la habitación, con la esperanza de que se fuera rápidamente y pudiera volver a tiempo a la cama con Draco. Extrañamente, no le interesaba lo que Harry pudiese opinar de quien estaba en su departamento ese día.

- aquí estoy. ¿Qué quieres Harry?

Harry pasó una mano por su cabello negro y lo despeinó, aun más de lo normal. Por la apariencia de Hermione y a juzgar las prendas masculinas en el piso, él había llegado para interrumpir algo privado. Habían crecido juntos y él aun no se acostumbraba a que Hermione tuviese parejas. Ella era como la hermana que no tenía. Y una hermana y la idea del sexo simplemente no encajaban.

Cuando ella estuvo casada con Ron, él no había tenido problemas porque ambos eran sus amigos, y sobreprotegerla cuando él mismo estaba con Ginny sería hipócrita. Pero luego del divorcio, él se había vuelto protector con Hermione, porque no quería que la lastimaran, y odiaba cada vez que Ginny le conseguía una nueva cita a ciegas.

- Hey, hola. Lo siento, eh… creo que llegué en mal momento.

- si, realmente no estás siendo oportuno. ¿Necesitabas algo?

- no, no. Así, que… ¿te has entendido con Erick?

-mmm, no. No es Erick. Harry, en verdad adoro cuando vienes de visita pero hoy no. ¿Podrías venir en otro momento?

Draco estaba tan absorto en sus pensamientos que no oyó a Potter llegar, ni la conversación que Hermione estaba sosteniendo con él. Por suerte él había tomado su pantalón del suelo del salón antes de entrar al baño. Mantener la charla que lo esperaba a continuación hubiese sido bastante peor si hubiese estado completamente desnudo.

Al descubrir sus sellos del club, él había dudado sobre qué debería hacer a continuación con Hermione. Estaba seguro que si quería conservar a Granger, ella debía saber que ambos se conocían como el Diablo y Morrigan. Convertir ese conocimiento en una mentira solo haría las cosas difíciles. Él aun no estaba listo para hablar de su pasado en los clubes de Josette, pero, quien sabe, con el tiempo quizá podría.

En el pasado Draco se había convencido de que no necesitaba a nadie. Él lo había creído realmente hasta que Hermione reapareció en su vida. La leona había resquebrajado sus defensas y ahora se sentía vulnerable frente a ella. Draco se quedo helado cuando la comprensión llegó a él. Ella realmente era su amiga. La primera. Había reído con ella con tanta frecuencia en esas dos semanas. Había escuchado sus historias, sus miedos y le había permitido ver una parte de él que muy pocos conocían.

Hermione tenía el poder de abrir su corazón y llegar hasta lo más hondo en la piel de Hermione o en la de Morrigan por igual. La deseaba en cuerpo, mente y alma. Draco quería reclamarla por entero. Quería que fuera verdaderamente suya.

Respiró hondo, tomó el medallón y salió del cuarto de baño. Debía enfrentarla con la verdad y ver a donde los dejaba esa información.

-¿Potter?

- oh por Merlín, dime que lo que veo es mentira.

- no seas exagerado Harry. Han pasado años desde la escuela. Aquí somos todos adultos.

Draco metió el sello en su bolsillo y estiró su mano hacia la camisa que reposaba a sus pies. Estaba completamente tensionado. Odiaba a Potter completamente, pero sabía que si quería tener a Hermione de su lado no debía provocarlo. Así que decidió vestirse en completo silencio

- ¿Qué haces tú aquí?, ¿engatusaste a Hermione para que pensara que debía pagar por tu servicios?

Draco tragó grueso. Potter sabía lo que él había hecho para ganarse la vida en el pasado y de una forma bastante infantil estaba enrostrándoselo. Sabía que debía mantener la calma pero era difícil con cara rajada adelante.

- yo, Potter, al contrario que tu, no debo engatusar a nadie para que crea algo que no es. Solo para que lo sepas, mi trabajo ha cambiado, además es algo que no te incumbe. Y no, no le he hecho nada a Hermione que ella no quisiera.

Harry sacó la varita de la funda oculta en su torso y apuntó directamente a Draco, que no parecía inmutarse. Hermione corrió a interponerse. No tenía idea de que estaban hablando pero ahora entendía por qué Harry no le había mencionado que se habían encontrado tiempo atrás. Ellos aparentemente no habían hecho las paces.

- Harry, ¿Qué haces?, baja esa varita. Draco está desarmado.

- Adelante Potter. Lánzame otro sectumsempra. Para tu beneficio esta vez no opondré resistencia. Con suerte ahora si me matarás. Solo recuerda que ya no está Snape para limpiar tu suciedad otra vez.

- ¿sigues drogado Malfoy?, ¿o la vida de prostituto te ha quitado el poco cerebro que tenias?

- ¿Quién sabe?, al menos se que yo nací con él. Nadie tuvo que labrar mi camino por mí. Sobreviví por mi mismo todos estos años. ¿Puedes decir lo mismo por ti Potter?, apuesto que sin tu sequito de lameculos hubieses muerto en primer año.

Hermione estaba desarmada y sabia que si se movía para buscar una varita, Harry podía atacar a Draco. No entendía de qué hablaban pero debía ser algo grave por el tono de sus voces. Quería defender a Draco con todo su corazón pero simplemente las palabras no salían de su boca. No entendía que pasaba, estaba siendo una completa cobarde.

Draco hervía de la ira. Potter estaba insultándolo y apuntándolo con su estúpida varita mientras que él estaba completamente indefenso, odiaba eso. Pero lo que más lo enojaba no era el inútil de Potter, era Hermione y su inacción. Ella no emitió sonido luego de interponerse entre ellos, dándole a entender que no le interesaba defenderlo de Potter más que para que él no saliese perjudicado por haberlo herido en su departamento.

Por lo que sabía, quizá ella supiese todo de él y había optado por no decirle nada. Quizá ella y cara rajada se riesen de él luego. Al diablo con ellos. Era bueno ver como se comportaba ella ante el primer ataque de Potter. Si ella no tenía nada para decir en ese momento, estaba seguro que nada tendría para decir luego. No valía la pena poner en juego su corazón si ella no estaba en las mismas condiciones que él.

Sacó el sello del bolsillo de su pantalón y lo depositó en la mano de Hermione. Luego tomó su chaqueta y se dirigió a la puerta mientras Potter lo observaba con su rostro de un tono rojo que pondría en ridículo a un tomate maduro.

Draco planeaba irse sin haber tomado ningún tipo de represalias. Él no era un mago y estaba en franca desventaja frente un auror, pero él aun poseía un orgullo y dignidad que le impedían marcharse sin darle su merecido a san Potter.

Con la gracia de un rey caminó hacia ellos e ignoró a Hermione mientras estampaba de lleno su puño izquierdo sobre la nariz de Harry.

- nunca tuve la oportunidad de agradecerte Potter. Sin tu ayuda no hubiese terminado en ese agujero y sin magia. Sin tu santa benevolencia no hubiese acabado aquí. Larga vida al idiota bueno para nada de cara rajada y a su sequito de inferís idolatras.

Hermione salió de algo parecido a un transe cuando Draco dio un portazo que hizo cimbrar las paredes de su departamento. Él se había ido y ella no había hecho nada para detenerlo o defenderlo de Harry.

- ¡Draco!

Harry la atrapo mientras pretendía ir tras él.

- ¿Qué hiciste Harry? Suéltame, suéltame, tengo que ir tras él.

- déjalo Hermione. Déjalo, él no vale la pena.

- de que mierda hablas Harry. ¿Quién eres tú para decidir si alguien vale o no la pena?

Harry la soltó y corrió escaleras abajo semi desnuda. Cuando llegó a la puerta fue demasiado tarde y Draco ya había salido disparado por la calle con su auto. El frio del exterior le hizo recordar cuan poca ropa vestía y decidió volver a dentro.

-¿por qué hiciste eso Harry?

- ¿hacer qué?

-insultarlo, decirle no se qué cosas.

- Hermione, ¡él me golpeó!

- te lo merecías, lo insultaste desde que lo viste cruzar la puerta y lo apuntabas con tu varita.

-debí haberlo dejado pudrirse en Azkaban.

- ¿de qué hablas?, necesito que me digas la verdad de todo esto. No estoy entendiendo nada.

Harry le contó todo lo que sabía. Él había sido quien había dado la idea de que el castigo de Draco fuera quedarse sin su magia para que pudiese empatizar con los muggles. Lo que no sabía es que Malfoy terminaría siendo un prostituto que se encontró una vez, mientras perseguía a un vendedor de drogas, en una misión como auror.

Luego de encontrarlo en aquel callejón lo había seguido hasta un tugurio de mala muerte y rápidamente había averiguado a que se dedicaba Malfoy. Le habían dado la oportunidad de redimirse y en cambio él se había dado a las drogas y al mal vivir.

Hermione estaba atónita. La forma en la que Harry hablaba la indignaba y sentía ganas de darle un golpe que acompañase al que Draco le había dado. Harry había destruido su castillo, le había dado una vieja choza y hasta osaba vanagloriarse de su caridad.

- Para, para ya Harry. Eres tan injusto. ¿Tienes idea de lo que estás diciendo?, estas culpando a un chico, que fue arrojado a un mundo que no conocía, por haber hecho lo necesario para sobrevivir. ¿Qué hubieses hecho tu?, ¿como habrías sobrevivido en el mundo mágico sin ayuda?, incluso, ¿Cómo hubieses sobrevivido entre los muggles sin estudios o dinero?

- Es Malfoy, Hermione. El nos hizo la vida imposible, fue un mortífago.

- Madura Harry. Madura. Han pasado más de ocho años de eso. Él inclusive nos ayudó durante la guerra.

- ¿Te ha convencido de que es bueno?

- No, me ha demostrado que lo es. Y no me interesa lo que pienses. Se pensar por mí misma. Y no me importa lo que tuvo que hacer para sobrevivir. Es más, lo admiro por eso.

- Hermione… necesitabas saber la verdad de él y sacarlo de tu vida antes de que la arruine.

- vete. Quiero que te vayas ahora. No tienes derecho a interferir en mis relaciones. Y sobre todo HARRY POTTER, TU NO TIENES DERECHO A DECIR QUIEN PUEDE O NO ESTAR EN MI VIDA Y SOLO YO PUEDO DECIDIR QUIEN PUEDE O NO ARRUINARLA. VETE. MALDITO IDIOTA. ¡TE JURO QUE SI NO LOGRO ARREGLAR ESTO LO LAMENTARÁS!

Harry se encaminó hacia la chimenea y arrojó los polvos flú para poder viajar. Hermione no quería entrar en razón y por su tono, ella estaba dispuesta a hechizarlo hasta el olvido. Sería mejor dejarla en paz por ahora. Seguramente se calmaría y vería lo perjudicial que era Malfoy para ella y su carrera. Un ex mortífago, sin magia y que se prostituía, no era buena junta para una futura ministra de magia.

Cuando Harry se fue, se arrojó al sofá, derrotada y finalmente vio lo que Draco había depositado en su mano antes de irse. Era el medallón que el Diablo le había dado en el Dante's Inferno.

¿Él reconoció el medallón o era otra cosa?, ¡Por Morgana!... Era tan tonta, ¡el Diablo y Draco eran el mismo hombre!, estaba casi segura de eso, no habia otra explicación. Y ahora, por su estupidez, lo había perdido para siempre, al no haber intervenido a tiempo y evitado que Harry lo insultara.

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N.a: capitulo cortito. No quería dejar que pasara tanto tiempo sin publicar así que traje algo para que la espera no sea tan larga. Lamentablemente las musas no han sido benévolas conmigo y esta historia. Espero que sepan comprender si pasan algunos días sin publicar. ¡HASTA LA PROXIMA!