Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.

Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

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Capitulo 8: Cuarto circulo (Avaricia)

La capucha de su abrigo oscuro apenas alcanzaba a cubrir su cabello rubio. Acercarse a esa zona de la ciudad era demasiado peligroso pero su necesidad no entendía de riesgos. Si no conseguía una nueva dosis pronto, no podría seguirle ocultando su estado a su madre. Él era pálido la mayoría del tiempo, pero nunca había estado tan demacrado como ahora.

Había pasado toda una semana en cama luego de la paliza que le diera el esposo de una de sus clientas. Había tenido que mentirle a su madre, diciendo que lo había asaltado durante la noche, para por explicar las heridas que el dictamo no había podido sanar a tiempo. Ella se había asustado creyendo que había sido atacado por algún mortífago renegado.

Narcissa no le había permitido abandonar el altillo en cinco dias porque pensaba que estaba enfermo debido a la golpiza. En realidad él no lo estaba, sus heridas habían sanado correctamente y en tiempo record gracias a las pociones que le dio Josette. Su problema era que las grandes dosis de Hipnisy, que había consumido antes de los golpes, se habían metabolizado completamente y Draco estaba sufriendo síndrome de abstinencia.

No podía concentrarse, sudaba y sus manos temblaban mas con cada minuto que pasaba sin una nueva dosis. El proveedor que solía merodear por Newham había sido arrestado por la policía muggle por vender heroína, según supo, así que debía ir al caldero chorreante a conseguir otro vendedor del afrodisiaco mágico.

Esa noche debía volver a trabajar y en ese estado no podría hacerlo. Estaba hecho un manojo de nervios y seguramente no podría atender a nadie ni mantenerse en pie. Una semana sin trabajar era una semana sin nada para poner en la mesa y el alquiler de su mugroso hogar debía pagarse de cualquier manera.

El dueño de la tienda de empeños era un hijo de puta y un avaro. Su anillo con el emblema Malfoy debía costar al menos cinco mil galeones en el mundo mágico, pero solo le había dado por él, unas míseras doscientas libras. Draco no podía decir que fuera a extrañar el anillo, pero resentía no haber podido conseguir un pago mejor por él. Con doscientas libras apenas cubría parte del alquiler del altillo y el Hipnisy que tan desesperadamente necesitaba. Debía volver a trabajar pronto si no quería volver a pasar hambre.

Caminar hacia Charing Cross desde la tienda en New Cavendish había sido una mala idea. Había caminado cerca de cuarenta minutos y el esfuerzo, sumado a sus síndrome de abstinencia, le habían revuelto el estomago. Se sentía brutalmente enfermo. Aun le quedaban algunas calles antes de llegar al Caldero Chorreante y tuvo que detenerse a vomitar el desayuno en un tacho de basura callejero.

Estaba débil por la falta de Hipnisy y a eso había sumado el hecho de perder lo poco que había comido esa mañana, antes de salir a vender su anillo con el emblema familiar. Se ajustó mas la capucha intentando cubrir su distintivo cabello y escondió sus manos temblorosas en los bolsillos. El mal sabor de boca era horrible, pero podría soportarlo sin problemas.

Él no podía entrar al bar. No solo porque alguien podía reconocerlo, sino porque su aspecto era el de un sucio pordiosero. Lo arrojarían a la calle apenas cruzara el umbral. Así que decidió esperar entre los contenedores de basura que se hallaban en el callejón continuo al caldero. Sabía que allí debía esperar a que el contrabandista apareciese, tarde o temprano. Él no debía demorar. Nya había dicho que solía aparecer en el caldero a esa hora.

Mundungus Fletcher apareció en el callejón cinco minutos después de su llegada. Probablemente él tuviese algún sistema de alerta que le avisaba cuando había clientes potenciales. Draco miró en todas direcciones antes de acercarse al vendedor. Mundungus se veía desalineado, tenía grandes ojeras y Draco pudo ver que era, al menos, dos cabezas más bajo que él.

Draco reprimió una nueva ola de nauseas cuando sus sentidos fueron asaltados por el olor a tabaco y alcohol de su nuevo proveedor. El antiguo al menos no olía tan mal y no se hallaba en un sitio donde podrían reconocerlo.

- vamos niño. ¿Qué quieres?, no tengo todo el día.

- Quiero Hipnisy.

- muy bien, cuanto planeas darme. - Mundugus hizo una señal con su mano preguntando por el dinero.

-cuanto quieres. Solo tengo Libras Esterlinas.

- tengo treinta dosis. Son tuyas por cincuenta libras.

- ¿Qué?, treinta dosis no salen más de quince libras.

- cincuenta libras por las treinta dosis, tómalo o déjalo.

- bien. Las compraré.

Draco sacó el billete del bolsillo trasero para pagar por la mercancía, mientras que Mundungus la sacaba de un bolsillo interno de su raída túnica.

- ¿el Hipnisy es puro?

Con manos temblorosas Draco extrajo una pequeña porción de la mezcla de hierbas y la colocó en el extraño recipiente de cristal que usaba para consumirlas. Mundungus encendió las hierbas con su varita, al sentir compasión del muchacho que luchaba con un encendedor muggle.

- por supuesto niño. Mi mercancía es buena. ¿Lo ves?

Draco asintió cuando el humo inundó sus pulmones y pudo sentir su mente despejándose nuevamente. Sus oídos pitaron con la sangre que corría a toda velocidad por sus venas.

- Alto ahí. Están arrestados en nombre del departamento de Aurores.

Draco soltó la pipa, que estalló en pedazos al tocar el suelo, y metió el Hipnisy rápidamente en su bolsillo antes de salir corriendo. Su capucha cayó en la huida y uno de los aurores comenzó a seguirlo por las calles hacia Northumberland.

- ¡MALFOY DETENTE!

Era la voz de Potter. Lo había reconocido, y seguramente querría arrestarlo por haber estado comprando Hipnisy en el callejón. Odiaba haber perdido todo, odiaba estar sin su magia, pero Azkaban no era algo que quisiese en su futuro.

Corrió con todas sus fuerzas, mientras Potter iba tras él, y se metió en un centro comercial. Sabía que allí Potter no intentaría hacer algo remotamente mágico, y a menos que quisiese lidiar con el estatuto del secreto, no lo arrestaría en un sitio lleno de muggles.

Vagó cerca de una hora dentro del centro comercial viendo escaparates y luego de comer algo decidió volver al club. Holbeck quedaba a una hora de caminata, pero no se arriesgaría a ir caminando, aunque tuviese que ahorrar cada centavo. Potter aun podía estar merodeando por ahí y no quería que lo atrapase en alguna calle poco concurrida.

Caminó hacia la estación de Trafalgar Square asegurándose de no ser seguido y montó en metro con la capucha bien ajustada sobre su cabeza. Estaba decidido. Cortaría su cabello pronto y aceptaría el ofrecimiento de Nya para teñirlo. A Potter le había bastado una sola mirada para reconocerlo. El cabello Malfoy era un faro en la oscuridad, no necesitaba volver a correr ese peligro nuevamente.

- hola Dante. Tenemos una clienta esperando por ti y otras han llamado preguntando. ¿Estás dispuesto para atenderla?

- buenas tardes Nya... Dame diez minutos para prepararme y hazla pasar. Llama al resto y prográmalas para hoy. Diles que he regresado.

Draco sentía un leve cosquilleo en su nuca. Como si alguien lo estuviese persiguiendo. El Hipnisy que consumió en el callejón lo había revigorizado, pero decidió que esa sensación persecutoria debía ser algún resabio de la abstinencia que había sufrido durante esos días.

Abrió la puerta de su sitio dentro del club. Alguien había cambiado la alfombra del lugar. Ya no quedaban rastros de sangre ni de su contenido estomacal en la habitación. Eso era bueno, no necesitaba explicarle a las clientas por qué había sido atacado.

La puerta se abrió tras él. Posiblemente había olvidado cerrarla correctamente, el edificio era viejo y las puertas no eran demasiado confiables. Caminó hacia allí y la trabó, por seguridad. Fue tras el biombo de madera oscura y se quitó la ropa de calle, para poder reemplazarla con el pantalón negro que solía usar para esperar a las clientas.

Harry no podía creer lo que veía. Usando su capa de invisibilidad había perseguido a Malfoy, solamente por curiosidad. No tenía ningún tipo de pruebas para encarcelarlo, y solo él lo había reconocido en el callejón. Técnicamente el Hipnisy no era una sustancia clasificada como peligrosa. Así que no tenía nada contra Malfoy, más que su insana curiosidad sobre su nueva vida entre muggles.

Draco salió de detrás del biombo colocándose un brazalete sobre su marca tenebrosa. Él tenía el torso desnudo y estaba descalzo. Caminó hacia un armario y extrajo otra pipa de cristal, donde vertió Hipnisy y lo consumió ante la indiscreta mirada de Harry.

La sensación de estar siendo observado no se marchó con la nueva dosis. Estaba casi seguro de que no se había vuelto paranoico, así que solo había una explicación, alguien estaba en la habitación con él. Hizo silencio y se concentró en oír cualquier tipo de ruido dentro del cuarto mientras caminaba hacia la puerta lentamente.

Una de las tablas del suelo rechinó a su izquierda. Haciendo gala de sus antiguos reflejos de buscador de quidditch, estiró rápidamente el brazo y pudo sentir una textura en el aire. Como si una tela invisible flotara en el ambiente. De un tirón arrancó la capa de invisibilidad y ante él se materializó nada más y nada menos que Harry Potter, el estúpido salvador del estúpido mundo mágico.

- lamento desilusionarte Potter, pero mi agenda está completa. No puedo atenderte en este momento… ¿De todos modos, qué haces aquí?

- ¿Qué haces tú aquí? ¿Eres un prostituto?

- yo pregunté primero. Y lo que soy o no soy, no es de tu incumbencia Potter. Salvo que quieras mis servicios, lo cual me daría nauseas... Si no quieres que haga llamar a la policía muggle, creo que deberías irte. Haz saciado tu estúpida curiosidad. Ahora vete.

Harry giró sobre sí mismo y desapareció del cuarto. En ese sitio no había barreras mágicas así que nada le impedía marcharse de ese modo. Draco se quedó viendo el sitio donde Potter había estado y trató de controlar su ira. Las humillaciones que habían vivido hasta ese momento eran nada comparadas con ver a Potter parado en ese cuarto.

Él, una vez, había estado en la cima del mundo. Había sido el príncipe de Slytherin, el heredero orgulloso de una casta pura de magos. Y ahora se movía en los más oscuros círculos del submundo muggle, mientras el estúpido mago que tanto odiaba, se daba el tupé de observarlo como si fuera algún animal de feria.

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Llevaba casi un mes intentando dar con el paradero de Draco. Desde esa tarde de domingo, donde estúpidamente había elegido su casa en vez de la de él, no había podido encontrarlo. Aparentemente él estaba acostumbrado a hacerse invisible e imposible de rastrear.

Draco no contestaba sus llamadas, y Hermione no tenía idea de donde vivía exactamente. Se había escapado del trabajo cada lunes, solo con la esperanza de reencontrarlo en el vagón de metro, en el que lo había visto por primera vez. Cada intento había sido inútil.

En el infierno, él la había desterrado de su dominio. Si bien no tenía prohibida la entrada al club, le habían prohibido acercarse al noveno círculo, a la residencia del Diablo. Parecía como si Draco la hubiese desterrado completamente de su presencia.

La dueña de la cafetería donde desayunaban no supo decirle donde vivía él. Solo le había dicho que hacía casi tres semanas que no se presentaba. Parecía como si él se hubiese esfumado.

Había intentado, inútilmente, encontrarlo en la guía telefónica. No había ningún Malfoy en todo Londres. Había montado guardia en la cercanía del club hasta el amanecer, pero muy pronto un tipo grandote se había acercado a decirle que no podía permanecer allí, a menos que quisiera explicarle sus motivos a la policía.

Hermione estaba enloqueciendo. No sabía por qué intentaba con tanto ahínco encontrar a Draco. Él no quería verla, no quería saber nada de ella, quizá ella también debería hacer lo mismo. Su calidad de trabajo dejaba mucho que desear y había recibido un par de reprimendas por parte del ministro.

Theodore había estado cubriendo sus desapariciones de los lunes, pero esa situación no daba para más. No podía pedirle a su amigo que arriesgara su propio trabajo para proteger el de ella.

Hermione solo quería verlo una vez más y disculparse. Al menos eso era lo que pensaba que quería. La triste verdad era que sentía cosas por Draco. Conocer su pasado y el hecho de que era él quien había estado con ella en el Dante's Inferno no había hecho mella en sus sentimientos. Al contrario, saber que el Diablo era el alter ego de ese hombre dulce que ayudaba a una anciana y que compraba pasta seca en un supermercado la había enloquecido aun mas.

Draco no solo podía ser exquisitamente demandante y dominante, también podía ser considerado, dulce e incluso era tierno con los niños. Él era el paquete completo y por no hablar a tiempo lo había perdido. Deseaba volver el tiempo atrás, volver y elegir su departamento en vez del de ella. Allí Harry no hubiese ido, y a lo mejor podría seguir disfrutando de la compañía de Draco.

Hermione había tomado por costumbre no quitarse en ningún momento el medallón que la marcaba como propiedad del Diablo. Puede que él la hubiese desterrado, pero sentir la plata tibia del medallón sobre su piel la consolaba un poco.

Por Merlín, como deseaba que estuviese allí. Como deseaba poder observarlo mientras le sacaba la ropa y descubría la mujer que se escondía bajo ella. Draco había desaparecido y no podía parar de extrañarlo. Las punzadas de deseo desaparecieron al instante, reemplazadas por un dolor agudo. Un dolor para el que no encontraba explicación, pero que estaba ahí. Profundo, anhelante, voraz y que llevaba por nombre, su nombre. Draco Malfoy.

La puerta de su oficina se abrió de golpe y no pudo esconder sus silenciosas lagrimas a tiempo. habia olvidado que estaba en su lugar de trabajo, y que la autocompasión no era algo a lo que pudiese entregarse en ese momento.

-Herm… ¿estás llorando?. ¿Hermione que sucede?.

- ¿Qué quieres harry?

- nada olvidalo. ¿Por qué lloras?

- por nada. ¿Qué quieres?– secó sus lagrimas e intentó mostrarse estoica.

- ¿es por el idiota de Malfoy?, Herms…

- no empieces nuevamente Harry. No estoy dispuesta a oir tus tontos argumentos de adolescente caprichoso.

- tienes que parar con esto Hermione. Kingsley me ha preguntado que te sucede. Estoy preocupado por ti. Piensa en tu carrera, han notado que te ausentas, que no cumples con tus funciones como antes. No dejes que Malfoy arruine tu carrera Herms. Estás demasiado cerca de ser ministra, no dejes que se pierda tu oportunidad.

- no me digas lo que tengo que hacer Harry. No quiero hablar de esto contigo. Es tu culpa que no pueda contactarlo. Todo estaba bien en mi vida hasta que te entrometiste, haciendo de las veces de celoso hermano mayor. Se que lo haces con buena intencion pero no lo necesito.

- Herms… no tires todo por la borda por ese… Malfoy. – Harry dijo el apellido Malfoy como si fuera un insulto.

-POR FAVOR NO INTENTES DARME LECCIONES DE MORAL, NO ERES UN FARO Y NO NECESITO TU GUIA.

- lo siento Hermione. No me volveré a entrometer, pero cuando tu carrera acabe por culpa de Malfoy espero que admites que yo te lo avisé.

- ¡VETE!

Harry dio un portazo y treinta segundos despues Theodore cruzó la puerta. En sus manos tenia un sobre blanco. Había estado completamente feliz un rato antes, pero ahora simplemente no podia estarlo. Ella se veia diminuta y triste en su escritorio.

- knock, knock…

- hola Theo. ¿Oíste eso?

- cada palabra. Pero no te preocupes, no había nadie en el pasillo, así que nadie más oyó nada.

- lo siento.

- no hay nada para disculparse Hermione. A veces la gente discute. Ten, espero que esto te alegre un poco.

- ¿Qué es?

- voy a casarme. Quería saber si querías ser mi testigo.

- ¿casarte?, pero... ¿qué hay de Isolda?

- voy a casarme con ella.

Hermione abrió la blanca invitación y su mandíbula casi se desprendió de su rostro al ver el verdadero nombre de Isolda. Ella tendría que haberlo sospechado cuando los vio en el Inferno.

- ¿LUNA LOVEGOOD ES TU ISOLDA?

- shhhh. No lo grites.

- perdón Theo. Estoy en shock. Como es que vas a casarte con ella.

- bueno. Cuando estabas de vacaciones, ella me dijo que por su trabajo comenzaría a viajar pronto y no sabía cuándo podría volver al club. Así que decidí que verla unas cuantas noches a la semana no era suficiente. Creo que rompí como nueve diferentes normas del club y la encontré en la vida real. Hace dos semanas le pedí matrimonio y aceptó. El resto es historia.

- felicitaciones Theo. Luna es un amor.

- lo sé. ¿Serás mi testigo?, no tengo muchos amigos. Ya sabes, hijo de mortífago y todo eso…

- Por supuesto que sí Theo. Sera un honor.

Theo le regaló una de sus desbastadoras sonrisas y la contagió. Seguía triste y antes de que entrara había estado considerando lo que Harry había dicho. En cierto modo su carrera correría peligro si se involucraba con Draco. Si su pasado salía a la luz, probablemente sus contrincantes lo usarían para poder desprestigiarla.

-¿Theo puedo preguntarte algo?

- dime.

- ¿Qué harías tu, si Luna fuese muggle?, o ¿si se supiera que van al club y eso perjudicara tu carrera aquí en el ministerio?

- esas son preguntas difíciles… ¿quieres que sea sincero?

- sí.

- abandonaría todo por ella.

- ¿así sin más?

- sí. Abandonaría todo… no tengo nada que me ate al mundo mágico. Así que mi decisión sería sencilla. Dejaría todo por la mujer que amo... Pero tu estas preguntando qué haría yo. Y no es eso lo que necesitas preguntar. Deberías preguntar, ¿Qué harás tú?

- no lo sé.

- no puedo decirte que hacer. Pero te diré por qué yo tomaría esa decisión. Mi carrera no me abraza en la noche. Mi carrera no esperará ansiosa a mi llegada. Mi carrera no me dirá papá el día de mañana. La cima del poder es grandiosa, pero es muy solitario y frio ahí arriba.

- ¿y si Luna no fuera una bruja?

- rompería mi varita si fuera necesario. Nos repiten hasta el cansancio que la magia más poderosa es el amor. ¿Para qué quiero magia?, ¿para qué quiero poder y una carrera exitosa, si al final del día estoy solo?

- ¿Cuándo te volviste tan sabio Theodore Nott?

- también fui premio anual Hermione Granger... No te dejes influenciar por lo que diga Potter, ni siquiera por lo que diga yo. Ambos tenemos nuestras vidas y aunque queremos lo mejor para ti, es tu vida. No importa lo que opinemos, es lo que tú quieres lo que debe importar.

- tienes razón… Ya sé lo que quiero.

- ¿Has elegido ya?

- sí.

Hermione comenzó a ponerse el abrigo y tomó su cartera del gancho donde solía colgarla cada mañana. Estaba frenética. Su conversación con Theo y Harry le habían abierto la cabeza y estaba más convencida que nunca de lo que debería hacer, y por donde debía empezar.

- ¿puedo saber qué es lo que has elegido?

- el amor Theo. Elijo el amor.

Theo se quedó sonriendo mientras observaba la puerta cerrada de la oficina de Hermione. Ella había salido corriendo y había regresado dos veces. Primero regresó por su varita y luego para darle un abrazo y agradecerle. Ella se veía feliz por primera vez en semanas. Su amiga era una mujer con una misión y él sinceramente esperaba que Malfoy no fuese tan idiota como solía serlo.

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N.a: fin del capítulo. Espero que les haya gustado. Según mis cálculos a esta historia le quedan aproximadamente dos capítulos y un epilogo (que ya está escrito). Así que oficialmente estamos en la recta final. Espero que me sigan acompañando. HASTA LA PROXIMA!