Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.

Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

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Capitulo 9: Sexto circulo (herejía)

Era una preciosa mañana de primavera. Cientos de personas estaban reunidas en el parque del campus para la importante ocasión. Todos los graduados vestían sus togas azules y sus birretes estaban firmemente colocados sobre sus cabezas.

El director de la universidad había dado su alocución de apertura y algunos docentes habían dirigido algunas sentidas palabras a los presentes. Ya solo quedaba una última alocución y luego se repartirían los diplomas para que la verdadera celebración inicie.

- y ahora recibiremos a nuestro valedictorian. Markus Dahl, de la escuela empresarial, medalla Suma Cum Laude de la Universidad London Business, quien dirigirá un discurso a nombre de sus compañeros.

Draco subió al escenario. Estaba nervioso pero rápidamente se tranquilizó al ver a Liza, a su madre, a Ariadna e incluso a Josette en su silla de ruedas, que era empujada por Wolf. Su jefa en Soul tenía contados sus días de vida, a causa de un agresivo cáncer, pero había insistido en asistir a su graduación.

- Facultativos, padres, amigos, dignos invitados, graduados de la clase 2003.

Es un honor para mí el haber sido elegido hoy para dar el discurso de cierre de este ciclo.

Me dijeron que debía dar un mensaje que los motive a encarar lo que nos espera allí afuera. Pero no haré eso. No soy muy bueno recibiendo órdenes... Así que hablaré de otra cosa, aunque probablemente no tenga nada que ver con lo que debería decir.

Sé que hoy es un día de celebración, que este es un momento que nos tiene como protagonistas y que hoy celebramos al fin el haber podido llegar a la ansiada meta.

Durante el tiempo en el que estuve aquí, conocí a gente maravillosa que me hizo sentir parte de esta comunidad de la cual estoy orgulloso. Fui aceptado y apoyado por mis compañeros de clase, lo cual considero que fue una parte vital de mi aprendizaje y estoy inmensamente agradecido por eso. También estoy eternamente agradecido de los docentes que me animaron a explorar mas de este mundo, y que se tomaron el tiempo de explicarme conceptos que muchas veces eran totalmente ajenos e incomprensibles para mí. Estoy indiscutiblemente agradecido de su paciencia y compromiso.

Agradezco a esta prestigiosa institución, que me proveyó un ambiente seguro y sin distinciones, que me enseño a ver el valor que hay en todos nosotros y la poca importancia que hay en nuestro origen o cuna.

También estoy aquí hoy, en este escenario, para hacernos recordar que todas las personas podemos tener malos momentos en nuestras vidas. Y si, es posible que en algunos momentos nos sintamos completamente perdidos y que no podamos ver nada más que oscuridad a nuestro alrededor. Pero debemos recordar que no importa que tan oscuro sea o cuan difíciles estén las cosas, siempre hay una luz de esperanza, si sabemos buscarla.

A partir de hoy somos graduados universitarios. A partir de hoy salimos al mundo con un titulo de grado. A partir de hoy formamos parte de un muy pequeño porcentaje de personas que puede decir que asistió a la universidad.

Somos privilegiados por eso, por haber caminado por estos pasillos y por haber sido instruidos por eminencias en el campo de los estudios superiores. Pero nosotros mismos no somos mejores personas por ser universitarios. Todos somos parte de un gran todo, formamos una gran comunidad y nuestro deber es retribuir algo de lo que recibimos, no exigir pleitesía…

Draco siguió con su discurso. Había pensado en él por más de una semana y había escrito varios borradores con lo que diría a sus compañeros, pero cuando el momento de subir al escenario llegó, decidió que improvisaría. Se estaba graduando con los mayores honores que la universidad daba y había sido elegido para dar el discurso de cierre. Y aunque el diploma que recibiría a continuación jamás diría su verdadero nombre, él estaba orgulloso de sí mismo. Estaba orgulloso de todo lo que había logrado siendo él y no escudándose en un apellido famoso.

Toda esa semana se había preguntado cómo habría sido su graduación en Hogwarts si Voldemort no hubiese existido. ¿Hubiese recibido algún honor? ¿Hubiese destacado en sus estudios como había hecho en la universidad muggle?, probablemente no. Y tampoco tenía sentido torturarse con algo que no pasó y nunca pasaría.

Era un hombre adulto ahora, y aunque recibiera el permiso de volver a realizar magia, y le devolviesen su varita, él nunca podría tener un empleo que implicara su uso.

Ariadna estaba entre los que vinieron a verlo recibir su diploma. Ella había sido su primera sumisa en el club más caro de Josette, cuando aún era un dom inexperto, y muy rápido se había convertido en una amiga. Había sido ella quien le enseño contabilidad básica, computación y algunas cosas que necesitó para poder disimular en la universidad muggle.

También estaba Liza, la anciana que siempre le estaba preparando deliciosos bocadillos caseros para traer a la universidad y tener que comer cuando tenía tiempos muertos entre clase y clase o mientras estudiaba.

Josette se veía demacrada pero no podía negar su alegría de verlo recibido finalmente. Ella había pagado la colegiatura y él ahora le retribuía regalándole su medalla Suma cum laude. El premio que lo marcaba como mejor promedio de su generación.

Wolf había venido a regañadientes. Él no estaba feliz por el hecho de que hubiese descubierto que eran parientes. Lupus Black intentaba alejarse de todo lo relacionado con su familia biológica y conocer a Draco no era algo que le trajese recuerdos agradables.

Cuando la ceremonia terminó su madre, hecha un mar de lágrimas, besó sus mejillas y le hizo saber cuan orgullosa estaba de él. Draco sabia eso de su madre, le hubiese encantarlo oírlo alguna vez de su padre también.

Josette dispuso varios vehículos para que no volviesen a Newham en metro. Era un día especial y el graduado debía viajar en primera clase.

Al llegar al barrio, Draco quiso llorar. El sentimiento que lo embargaba era indescriptible. Toda la calle estaba decorada y un gran cartel le daba la bienvenida al primer universitario de la vecindad. Grandes mesas habían sido colocadas en la acera y cada vecino aportaba un humilde plato de comida para festejar todos juntos.

No entendía como un montón de muggles y squibs podían haberle tomado cariño en esos años. O por qué se habían reunido para festejar su logro. Él había sido criado para despreciar a esas personas que ahora se alegraban de sus triunfos y los festejaban como si fueran propios.

En su antigua sociedad él se hallaba en la cúspide, y no se hubiese volteado a verlos ni un instante. En cambio ahora ellos lo estaban recibiendo como un héroe dorado. El primer universitario del barrio, el hijo predilecto de un barrio pobre. Un mago sin magia, un chico arrogante que ahora había aprendido el valor de la amistad.

Al descender del auto Gina, la esposa de Wolf, lo recibió con un paquete envuelto como regalo. Draco la abrazó cuidando no aplastar su abultado vientre de siete meses de embarazo y abrió el presente. Era un maletín de cuero con sus iniciales "M.D." labradas. Todos los vecinos habían hecho una colecta para hacerle ese regalo. Ellos probablemente habían gastado el dinero con el que podrían sobrevivir un mes en un presente para la ocasión. Draco nunca había recibido un regalo tan valioso como aquel.

Cuando era pequeño, cada año recibía un regalo de mayor valor monetario que el año anterior. Joyas, escobas, pieles, cosas inútiles, superfluas y descorazonadas que no llenaban el vacio que significaba saber que aquellos regalos no significaban nada para quien los estregaba.

El abrazo de Gina valía mucho más que la escoba más rápida del mercado. El apretón en las mejillas y el suéter azul, tejido a mano, que le dio Liza valía muchas veces más que un retrato pintado que le devolvería una mirada vacía, colgado en la pared. Las palmadas en la espalda que le dio Wolf tenían más cariño en ellas que todos los galeones que le había dado su padre durante dieciocho años. Las lágrimas de alegría de su madre valían más que todos los tesoros guardados en Gringotts.

Probablemente su padre pensaría que él era un maldito hereje al considerar como su verdadera familia a las personas que estaban rodeándolo. Pero así eran. Todos esos muggles y squibs eran su familia ahora y él vería por ellos en el futuro.

- Markus, cariño, ven aquí. Tengo algo para ti ahora que eres un profesional.

Draco caminó hacia Josette. Ella había perdido su cabello a causa de los tratamientos médicos así que estaba usando un pañuelo de seda en su cabeza. Su escultural cuerpo había perdido su vitalidad y ahora ella parecía un anciana en su silla de ruedas.

- cumpliste con creces mi último capricho Draco. Me hiciste feliz pudiendo verte recibir tu diploma. Yo no pude tener hijos pero me gusta pensar que si los hubiese tenido, serian como tú. Ten, este es mi regalo para ti. Solo espero que de vez en cuando vayas a mi tumba, quites la mala hierba y viertas vino o me dejes cigarrillos junto a la lapida.

- de que hablas Josette. Sanarás, aun eres joven.

- no intentes mentirme niño. Sabes que eres pésimo en ese campo. Ambos sabemos que tengo un pie en la tumba, así que me he asegurado de que todo mi esfuerzo no muera conmigo. Haz lo que desees con los clubes, solo no dejes a mis empleados en la calle.

Draco abrió el sobre que Josette le había dado minutos antes y pudo ver que ella le había dejado todas sus pertenencias a su nombre. Oficialmente Draco Malfoy, alias Markus Dahl era el único heredero de la fortuna que Josette Lestrange.

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Era viernes en la tarde y como hacia hace un par de semanas, Draco estaba refugiado en la casa de su madre. Había optado por no aparecer en su club los viernes. Ese día se había convertido en un día tabú para él. Hermione seguramente estaría en el limbo intentando encontrar la forma de llegar hasta su dominio y eso lo hería profundamente. Si él no estaba allí, entonces no correría el riesgo de claudicar y volver a buscarla.

- baja los pies del sillón jovencito.

- ¿eh?, ¿Qué? Lo siento mamá, no te oí.

- dije que bajaras los pies del sillón. ¿Qué te sucede Draco?, hace días que estás extraño. Cuando te hablo estás distraído y tu rostro tiene ese gesto iracundo la mayoría del tiempo.

- no me pasa nada reina madre. Estoy un poco cansado, eso es todo.

- deja de mentirme hijo. Sabes que está mal mentirle a tu madre. ¿Qué te sucede?, tienes un humor tan sombrío. Estas tan triste. No te había visto así desde que "ya sabes quién", decidió que debías ser iniciado como mortífago.

Draco decidió hablar. De alguna forma necesitaba hacerlo. Necesitaba desahogarse con alguien de confianza. Y aunque no podría hacerlo del todo con su madre, puede que de algo sirviera.

- no voy a mentirte madre. Hay una mujer...

-¡lo sabia!, ¿ella no te corresponde?

-no es eso.

-¿entonces?, si te corresponde, ¿cuál es el problema? ¿Es una bruja o muggle?

- Es bruja, nacida de muggles.

-¿la conozco?, cuéntame todo Draco. No me hagas sacarte información por la fuerza.

- bien. Si la conoces, es Granger. La reencontré hace poco en el metro y hemos salido un par de veces... Todo iba bien, hasta que Potter lo descubrió y armó un escándalo echándome en cara mi pasado... Desde ese momento he intentado evitarla. Pero no estoy seguro de si eso es o no lo correcto.

- déjame adivinar. Potter descubrió tu pasado en el mundo muggle, se lo comentó a Granger y temes que ella se avergüence de eso o que te lo recrimine algún día.

- ¿Qué?, ¿de qué hablas mamá?

- no te hagas el tonto Draco. Sé que no hablas de tu pasado como mortífago. Granger sabia de él desde antes de reencontrarse. Si no le importó salir contigo hasta que apareció Potter, quiere decir que hablas de tu otro pasado. Del pasado más reciente.

Draco estaba estupefacto. Su madre le hablaba muy seriamente. Parecía como si ella supiese a que se dedicaba antes de heredar la fortuna de Josette. Él estaba completamente seguro de que había sido lo suficientemente discreto.

- hijo. Hace mucho tiempo que se a que te dedicabas antes de que salieras de la universidad, y aunque no lo sé completamente, puedo adivinar de donde sale tu dinero en la actualidad.

-pero… ¿Cómo?, ¿Quién te lo contó?

- cuando fuiste golpeado. Josette vino a advertirme y me dijo la verdad. Me suplicó que no te avergonzara confrontándote con eso. Y luego, unos días después, vino Potter e intentó acusarte como si fuera un niño y tú estuvieras haciendo algo malo. Aunque siempre tuve mis dudas sobre tu empleo. Puedo parecer tonta, pero no lo soy.

- ¿lo supiste todo el tiempo?- Narcissa asintió mientras acariciaba el rostro de su hijo - perdón mamá, lo siento. Juro que intenté encontrar un empleo decente pero no lo logré.

- no Draco. Tú perdóname a mí por no haber podido protegerte de las rudezas del mundo. Fuiste muy valiente hijo, hiciste lo que tenias que hacer para sobrevivir con un lastre como yo en tus hombros.

- no sabía que otra cosa hacer mamá. Perdona por haberte avergonzado.

- ¡ESCUCHAME BIEN DRACO LUCIUS MALFOY! Tú jamás podrías avergonzarme. No fui capaz de darte una crianza saludable, no supe imponerme a tu padre y por eso te hicieron tanto daño. Aun con todos mis errores, mírate, te has convertido en todo un hombre de bien. Así que jamás digas que me avergüenzas. Estoy orgullosa de quien eres hoy. Y si la señorita Granger no se siente igual a cerca de ti, déjame decirte que ella no es tan inteligente como todos piensan.

- ella ha estado intentando contactarme…

-ah, entonces si es inteligente. ¿Por qué la has evitado?

-está en camino a ser ministra de magia… ¿qué sucedería si todos se enteran de lo que fui?, arruinaría su carrera.

- Draco, cariño. Si ha continuado buscándote después de saber todo de ti. Si te ha perdonado por como la tratabas en el colegio y te busca a pesar de tu pasado, entonces ella ya decidió que no importa lo que sucede con su carrera. Te quiere en su vida, al menos por el momento.

- es lo que ha estado intentando decirme todo este tiempo. Me ha dejado notas en el… trabajo.

- ¿por qué te castigas alejándote de ella? si no equivoco era a causa de la señorita Granger que te veías tan feliz hasta no hace mucho tiempo.

- no fui una buena persona en el pasado mamá. Y ya no pertenezco a su mundo, no tengo magia. ¿Qué puedo darle?

- no fuiste alguien bueno en el pasado, es verdad. Pero eras un niño. Fuiste traicionado por quienes debimos marcarte el buen camino. Ahora eres un hombre ejemplar cariño. Y en cuanto a pertenecer o no a su mundo… creo que todos estamos en el mismo planeta, todos pertenecemos al mismo mundo. No tienes magia todavía pero te la devolverán.

- pero no quiero volver al mundo mágico mamá. Ella tiene su vida allí.

- ella pertenece a ambos lados Draco. Igual que tu, aunque no desees volver. Ambos podrían encontrar un equilibrio, una zona neutral. Un mundo que solo les pertenezca a ustedes. Y con respecto a que podrías darle. Estas sacrificando lo que sientes por su bienestar, no hay mayor prueba de amor que esa mi vida. Tienes un corazón enorme y si no me equivoco ya se lo has dado.

- me das demasiado crédito.

- no. No lo hago. Solo digo lo que veo, y en este momento veo a mi hijo siendo terco. Búscala tú. Déjale ver todas tus aristas Draco, explora las de ella, y si descubren que de alguna forma logran encajar, entonces tráela. Quiero conocer a mi futura nuera.

Draco besó ambas mejillas de su madre y salió corriendo de la casa. En vez de girar en torno a su coche para poder alcanzar la puerta del piloto, saltó sobre el capó del automóvil y aterrizó del otro lado.

Condujo como un loco por las calles de Londres. Su madre le había dado el empujón que necesitaba para buscarla finalmente. Eran las seis de la tarde y esperaba poder encontrarla en su departamento.

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- quiero que abras el expediente Harry. Necesito que me consigas su dirección actual. Sé que los aurores le hacen visitas periódicas para supervisar su libertad.

- Hermione. No puedo hacer eso, sabes que no puedo.

- me importa una mierda Harry. Todo iba bien con él hasta que tú apareciste para hacer ese numerito de hermano celoso. Quiero que lo arregles. Toda la vida hice cosas por ti, rompí miles de reglas para ayudarte. Es la primera vez que te pido que lo hagas por mí.

- es distinto…

- no, no lo es. Por favor Harry, quiero encontrar su casa. Es solo una vez. Nunca más volveré a pedirte algo, lo prometo.

- bien, su edificio está en Air Street… ten aquí está su dirección.

- Gracias, gracias, gracias Harry. ¿Podrías prestarme tu capa de invisibilidad?

Harry abrió el cajón de su escritorio y extrajo la fina capa que su padre le había dejado como herencia y que tantas veces lo había ayudado en el pasado. Odiaba hacer eso para favorecer a Malfoy, pero Hermione jamás lo perdonaría si no lograba recuperarlo, estaba seguro.

Armada con la dirección del edificio donde él vivía y con la capa de invisibilidad de Harry ella podría recuperar lo que le pertenecía. Ella podría recuperar a Draco.

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Eran las nueve de la noche cuando Draco llegó finalmente al apartamento de Hermione y quiso patearse cuando descubrió que ella no estaba en casa. Había dejado muy mal estacionado su auto a tres calles, porque la zona comercial se volvía peatonal a esa hora. Esperaba que las autoridades viales no se lo llevasen, o quedaría varado en ese lado de la ciudad hasta que lograra conseguir un taxi. Cosa que era difícil un viernes en la noche.

Maldita sea su suerte. Cuando llegó al sitio donde había dejado el automóvil, este brillaba por su ausencia. Seguramente tendría que pagar una cuantiosa suma el lunes y los gastos de la grúa que se lo había llevado. Parecía que la suerte no estaba de su lado esa noche.

Caminó hacia la avenida más cercana y se dispuso a intentar conseguir transporte. Si ella aun no se había dado por vencida, entonces era probable que estuviese en el club. Hermione había ido sistemáticamente cada noche a las nueve para ver si lograba dar con él.

- ¿hola Nya?

-…

- lo siento, lo siento. Loba, escúchame. ¿Morrigan ha ido al club esta noche?

-…

- ok, si por casualidad la ves llegar llámame inmediatamente y no dejes que se vaya hasta que yo llegue.

-…

- Gracias. Adiós.

¿Qué tan difícil podía ser conseguir un taxi un viernes en la noche? llevaba exactamente una hora y media esperando. Había llamado a Loba o Nya, como se llamaba cuando trabajaban juntos con Josette, cerca de diez veces y Hermione nunca apareció por el club. Por lo que pudo ver, ella tampoco había vuelto a su casa. Las luces de su departamento seguían sin encenderse y de esa forma sabia que ella aun no había aparecido en su casa aun. ¿Dónde podría estar?, ¿se había dado por vencida?, ¿le había sucedido algo?

Con el corazón derrotado decidió volver a su propio departamento cuando consiguió transporte. El teléfono de Granger estaba desconectado y ella no había aparecido en el club. Quizá se había dado por vencida justo cuando él había decidido que nada le importaba más que ella.

Al subir las escaleras nada raro lo recibió en la puerta de su departamento. Todo estaba como había estado esa mañana que salió. Pero claro, él no tenía guardas mágicas, así que nunca podía bajar la guardia al llegar a casa. Nadie había intentado entrar a su hogar en el tiempo que había vivido en el mundo muggle, pero la cautela era algo que no había podido abandonar del todo.

Cuando la puerta se abrió. Todo estaba oscuro adentro y Draco rápidamente comenzó a buscar la perilla de encendido. Por alguna razón la oscuridad total lo aterraba, a pesar de ser un hombre adulto.

- Candelae lumen - Una suave voz susurró en la oscuridad y cientos de velas se encendieron en la estancia.

Una agradable música comenzó a sonar en el ambiente. Era la canción que Draco había sugerido que Hermione podría bailar para él algún día. La puerta se cerró tras él y mágicamente se trabó dejándolo encerrado y a merced de la mujer que estaba frente a él.

Hermione estaba feliz. Había estado esperando por horas a que Draco llegase a casa. Era ahora o nunca. Había armado todo aquello con la intención de convencerlo de perdonarla. Había gastado una pequeña fortuna en la lencería que traía puesta, y en las velas que había colocado en cada superficie del salón. Por suerte era una buena bruja e instalar el caño de Pole dance no fue difícil con su magia ayudando, le debía un gran favor a Lilith por habérselo prestado.

Estaba congelado, como si le hubiesen lanzado un petrificus, aunque no era así, solo estaba inmovilizado por la sorpresa. En el medio de su salón había un caño metálico, y Hermione bailaba en él. Nunca la había visto vestida de ese modo ni haciendo lo que estaba haciendo en ese momento. Ella era toda una visión y el espectáculo parecía ser solo para él.

Hermione tenía puestas unas botas de cuero negro hasta las rodillas, con unos infartantes tacos que podrían ser considerados como armas blancas si llegase a golpear a alguien con ellos. El conjunto de lencería también era de un material que simulaba ser cuero, pero era suave como la seda, mientras que los arneses que había comprado si lo eran.

Su cabello estaba suelto y se sentía salvaje mientras daba todo de sí para que Draco la observase. La música tenía la cadencia y el ritmo perfecto para lo que estaba haciendo, y solo deseaba que se viera tan sensual como ella creía que se veía.

Cuando la música terminó, la primer canción que ella bailó para él, como Morrigan, comenzó a sonar. Pero en esa ocasión ella no bailaría ni se desnudaría, sino que la usaría para acercarse a Draco y ver si él le permitiría convencerlo de cuanto lo deseaba y quería.

Extrajo la varita de su bolsillo y con un diffindo hizo caer todos los botones del saco y la camisa negra que Draco traía puestas. Luego se disculparía por haber arruinado su ropa. Draco estaba estático en el mismo sitio donde había quedado luego de reconocer su presencia en la casa.

Con un suave movimiento ella deslizó la camisa por sus hombros y luego tomó su brazo izquierdo. En un gesto que entibió su corazón, y que hablaba de perdón, ella besó la piel blanquecina del sitio donde apenas se notaba la antigua marca tenebrosa.

Su marca apenas parecía una fea cicatriz ahora. Según había averiguado, ella no desaparecería completamente mientras aun existiesen mortífagos vivos y marcados. Ya solo quedaban unos pocos en Azkaban y él mismo, así que de por vida tendría que cargar con esa señal, aunque fuera casi imperceptible.

Draco disfrutaba de las atenciones que Hermione le estaba dando. Solo ella había emitido algún sonido en ese tiempo y había sido solo para lanzar algún que otro hechizo. Antes de darse cuenta que hacía, ella lo tenía completamente desnudo y a su merced.

Él nunca había sido bueno para recibir órdenes de nadie. Pero en ese momento podría jurar que si ella pedía que saltase, él no haría preguntas y solo daría su mejor esfuerzo saltando tan alto como pudiese.

Su cabeza dio vueltas cuando ella lo llevó al sillón y se apoderó de su traicionera erección para luego introducirla en su boca. Él rara vez había permitido que alguien le hiciese sexo oral. No era muy adepto a ceder el control con sus sumisas en el club, y antes de eso, no se le pagaba para recibir placer, sino para darlo.

Draco estaba sin palabras, y aunque las hubiese tenido tampoco podría haberlas utilizado porque Hermione lo había hechizado. Solo podía sentir las maravillas que ella estaba logrando sobre su cuerpo.

- ¿Qué quieres de mi Hermione?

- Te quiero a ti Draco. Y esta noche sabrás cuanto…

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N.a: penúltimo círculo. O mejor dicho penúltimo capítulo. No me odien por cortar el lemmon, prometo que el ultimo capitulo será bien cítrico. Esta historia en principio iba a tratar de otra temática, pero pasaron cosas y acá estamos, llegando al final… espero que les haya gustado. ¡HASTA LA PROXIMA!