4. Punto de Partida

"Entre las noticias destacadas de hoy, resaltamos la renuncia del Director Ejecutivo de la Corporación Shnitzler, después de estar al frente por más de treinta y cuatro años, hoy temprano por la mañana se informó su renuncia a la Junta directiva, recordemos que el señor Edward Shnitzler es el accionista mayoritario, con el 45% de acciones a su nombre, también vale recalcar que el 40% de la prensa nacional pertenece a esta corporación. En las noticias de sociedad ... "

Conversaba sobre las reservaciones con Suikotsu, en el recibidor del hotel, ya me había pasado el mal humor del mediodía, había enviado a Jacken a una misión con camellos al África, todo por haberse dejado engañar por Rin, haciendo que ella se acercara demasiado a Bass. Mientras pasaba el cuaderno observe una reservación hecha en la mañana, la de Kohaku Crane, me quedé por un momento observando la fecha, era en tres días, aparte de ello había reservado la sala de conferencias, me imaginaba que sería para alguna reunión sobre su candidatura, si él llegaba al hotel, Rin también lo haría, ese era el trato.

- Sesshomaru ¿Podemos hablar? – escuché la voz de Kagura a mi lado – vamos al comedor y charlemos de lo que ocurrió hoy.

La observé caminar, la seguí hasta sentarnos frente a frente en una mesa, mientras nos servían el té, observaba su rostro, las manchas que tenía eran consecuencia del embarazo, y algo escuche de las piernas hinchadas, Izayoi estuvo hablando de algo así hace días, ahora podía verla con cuidado, pero aparte de ello también se veía las ojeras, lejos quedaba la joven bella y sensual que conocí alguna vez, sabía que tenía poco tiempo para dar a luz, y no solo eso era el problema, también estaba lo poco estable de nuestro matrimonio, pero no cedería a más, era suficiente con la responsabilidad que me había hecho cargar.

- Entiendo lo de Naraku – empezó a hablar sin verme, solo movía la cuchara dentro de la taza – pero debes entender que el riesgo se ha vuelto más grande, te sugiero evites verla en estas semanas – sonrió con amargura.

- Al grano Kagura.

- Necesitamos vernos como una familia de verdad – fruncí el ceño – es la única manera de que esto funcione – me observó con miedo en sus ojos – no sabes la angustia que siento día a día – aspiró aire con fuerza – porque apenas nazca el bebé todo esto terminará para mí, no habrá más.

Analizaba las palabras de Kagura, sabía lo que me quería decir, aun así había asumido la responsabilidad de protegerla y tenerla a mi lado hasta que todo se solucione, pero no iba negar que me era difícil ser cercano a ella.

- No exijas mucho – hice una pausa y me relaje un poco en el asiento – podemos compartir el almuerzo todos los días, así evitaremos cualquier habladuría.

- Solo eso tendré de ti ¿Verdad? – sonrió con los ojos llenos de lágrimas – Sesshomaru Taisho no es capaz de dar más ¿Verdad? – observó alrededor - al final solo estoy ocupando el lugar de alguien más, aun así sabes que no me arrepiento de todo esto, porque ella tiene la protección de Kohaku mientras que yo solo te tengo a ti – una lagrima cayó por sus mejillas.

Saque de mi saco un pañuelo y se lo di, mientras observaba que se limpiaba el rostro, yo solo sentía lastima de su situación, ella quería libertad, pero para su mala suerte se cruzó con alguien que no se la daría fácilmente. Kagura sabía todo, con lo que acababa de escuchar afirmaba mis conjeturas de que Kagura sabía muy bien en lo que se había metido, un laberinto sin salida.

- Tengo trabajo – me levante de la silla y camine hacia el recibidor, sentí el brazo de Kagura alrededor del mío, deje que lo hiciera, lo que menos quería era poner en duda mi matrimonio, por ahora las cosas debían ser así.


Había alquilado un auto para ir a la casa de mis padres, en el lado este de Manhattan; mientras el conductor seguía la ruta, yo iba pensando en alguna razón que haya orillado a mi padre a dejar la presidencia, quizás estaba estresado con todos los problemas que le traía encima Bankotsu, o simplemente no quería dar la cara a la prensa internacional, lo último era poco probable ya que no iba con el estilo de mi padre, observé de lejos las rejas de la casa familiar, mientras el auto se estacionaba pude ver dos limosinas fuera, baje con cuidado sin esperar al chofer, llevaba mi ropa lista para salir a algún bar con Sara más tarde, pero antes debía conversar con papá y entender sus razones, mientras caminaba a la entrada observe a Bankotsu y Abi parados afuera, conversando con Zack, el mayordomo de la casa.

- Buenas noches señorita Rin – saludó Zack con una inclinación, levante una ceja divertida, definitivamente hacia mucho que no llegaba a casa.

- Hola Zack – sonreí con mis manos dentro del abrigo que llevaba - ¿Puedo pasar a conversar con papá?

- ¿Acaso no sabes por qué estamos fuera? – reclamó Bankotsu – Zack dice que papá no está, salió de viaje y su última orden fue que nadie entrara a casa.

Percibí la incomodidad del mayordomo, mientras que Abi seguía con su rostro sin expresión, típico en ella.

- ¿Cuándo regresará papá? – pregunte.

- El señor no dio fecha de regreso…

- Pero sí dijo que no entráramos ¡Imagínate! ¡A nuestra propia casa! – seguía reclamando Bankotsu – y si papá está muerto o sufrió un accidente, aun así no podemos entrar a casa, eso es absurdo.

- Joven, en verdad solo cumplo las ordenes de su padre – habló Zack con el rostro avergonzado.

- Bien, es demás seguir parados aquí – interrumpió Abi, mientras giraba y caminaba a su limosina – al parecer no te pagan muy bien en tu nuevo trabajo ¿verdad? – se dirigió a mí mientras observaba con una ceja alzada el auto en el que había venido– es raro, escuche que tu contrato había valido varios millones de dólares – no me sorprendía que supiera tanto, por lo general los chismes en Manhattan llegaban rápido a oídos de mi familia – o simplemente no quieres gastar, lo cual es absurdo, nuestras cuentas nos permiten vivir de la mejor manera.

- Cada quién hace las cosas como mejor le plazcan – conteste tranquilamente a la incitación de Abi – y a mí me place vivir de manera económica – sonreí – no le molesta a nadie.

Abi se detuvo antes de entrar y solo observó la casa en dónde habíamos vivido, nuestra casa de la infancia, yo también mire hacia arriba y por un momento me pareció ver una sombra en la habitación de mis padres, parpadee un par de veces para descubrir que solo eran las cortinas, aunque algo se me estaba cruzando por la mente.

- ¿Se irán tan fácilmente? – habló de pronto Bankotsu, quien no se había movido del lugar donde se encontraba – papá no contesta llamadas, ni mensajes, y no sabemos nada de él, mañana elegirán a un nuevo presidente si él no dice nada.

- Es lo mejor ¿no crees? – contesto Abi desde la puerta de su limosina – que las cosas se hagan según lo que él decida, al fin y al cabo es su empresa – volteó y subió al coche – buenas noches, y Rin no duermas tan tarde – el chofer cerró su puerta, ocultando su rostro, algo que caracterizaba a mi hermana era su poca expresión y su buen temple para los problemas, era de mente fría y calculadora.

- Rin – me llamo mi hermano, voltee a observarlo mientras el frío calaba mis piernas desnudas debajo de mi abrigo – debes hablar con Hakudoshi, se está involucrando en temas que no le competen, a veces no entiende su posición, es un simple empleado sin respaldo, quizás tu y yo podamos salir rápido de algún problema, pero él no es un Schnitlzer – suspiró – lo que menos quiero es que alguno de ustedes salga lastimado.

Al escuchar a Bankotsu recordaba toda la información que habíamos recabado sobre los containers, mi hermano se sentía seguro de poder salir limpio de esa situación, por supuesto, era dinero fácil, pero si todo estaba conectado a la familia de Onigumo, era muy probable que mi hermano esté involucrado en lavado de activos, lo cual estaba penado con muchos años de cárcel, y si lo de trata de personas y narcotráfico se confirmaba, la pena podría llegar a ser perpetua. Las leyes eran estrictas en nuestro país.

- Entonces no deberías involucrarte en asuntos tan turbios – conteste de inmediato - ¿o acaso crees que eres intocable? – sonreí – papá no te protegerá esta vez – por un momento la expresión de mi hermano paso de sorpresa a soberbia, él creía que yo no sabía nada – vas a pagar por tus delitos Bankotsu, y uno de ellos es la muerte de mi madre.

Voltee sin despedirme, mientras Bankotsu se quedaba parado observándome por unos minutos, luego subió a su limosina y se fue. Cuando la entrada quedo despejada una sombra salió por la puerta principal sorprendiendo a Zack.

- Señor, es peligroso que salga.

- ¿Te parece? – sonrió Edward mientras encendía un puro entre sus dedos - ¿no crees que es interesante lo que escuchaste?

- Bueno… yo no sé de lo que hablaban los jóvenes señor – bajó la cabeza, Zack era un mayordomo educado en Inglaterra, que acompañaba a Edward desde su juventud.

- Entiendes que ya no queda mucho tiempo ¿verdad? - preguntó mientras botaba humo por la nariz - mis hijos han mostrado su verdadero rostro, ya partir de ahora solo vamos contra el reloj - de pronto hizo una mueca como si le doliera algo - si hubiésemos sabido antes de quién era él, las cosas se hubieran solucionado rápido - miro sus zapatos, como si la respuesta estuviera en ellos - Lilian en verdad no merecía morir así, y yo no quisiera lastimar a uno de mis hijos, pero… - sonrió - es inevitable que a este punto alguno de ellos no salga perjudicado.

- Señor, hace mucho frio fuera - Zack abrió la puerta dando espacio para que entrara– pase para prepararle un poco de té.

Edward observó por un momento el interior de su casa, añorando los años en donde sus hijos eran pequeños y felices; sus gritos, sonrisas y llantos aún se escuchaban en algunas habitaciones de su hogar, o por lo menos él los escuchaba, quizás tanta desatención era la causa del comportamiento de ellos, si solo hubiese criado diferente a esos pequeños, la historia sería diferente; pero ahora, en esos momentos, ellos han elegido su camino: el arriesgado, el incorrecto y el complicado. Caminó hacia el interior, su casa era grande y lujosa, con cuadros de los mejores pintores de la historia, muchas revistas habían valorado su hogar como uno de los más costosos de la gran manzana, pero qué pensaría la gente si supiera que su familia, que era dueña de innumerables diarios y revistas de política, moda, etc. en todo el país, se había vuelto el objetivo de toda una mafia involucrada con drogas, sexo, pedofilia y corrupción en los más altos cargos de la llamada democracia de su país. Él, Edward había llevado a lo largo de su vida profesional una consigna imparcial con respecto a diversos puntos, mientras su hermano se había dedicado a la vida libertina y llena de lujos, tanto que dejó huérfana a su sobrina Kagome con apenas ocho años de edad , mientras la avioneta privada en donde viajaban su hermano y esposa chocara en una montaña por errores técnicos, enlutando a su familia solo por decidir ir a una fiesta en una ciudad de Colorado. La pequeña Kagome había crecido sola y sin padres que la educaran, nunca quiso vivir con su familia, ella se quedó sola en un gran departamento, y Edward había respetado su decisión, aun así siempre estuvo pendiente de su bienestar.

Edward siempre había sido el hermano responsable y trabajador, que llevo la carga de presidencia día a día después de la muerte de su padre, adquiriendo diarios y revistas de localidades pequeñas pero de gran importancia, logrando construir un gran emporio en comunicaciones, quizás debió escuchar a su amiga cuando le dijo que tener demasiado era peligroso y tentador para los que buscaban poder, pero Edward solo pensó en su familia, y el bienestar de ellos después de su muerte, lástima que ahora las cosas podrían ser distintas.

Rechazó el té que le preparó Zack y subió lentamente las escaleras, recordaba a Lilian antes de su muerte por cáncer al páncreas, solo duró un mes desde que recibió el diagnostico, pero lo que más extrañeza causaba en él eran los síntomas en los últimos días de vida de su esposa, cuando descubrió la razón de su muerte vivió por varios días en la negación de tal información; al llegar a su habitación, en donde todo estaba igual al día en que murió Lilian, se echó en la cama King, y cerró con pesar sus ojos verdes, en algún momento de su juventud llegó a ser uno de los mejores partidos en la sociedad neoyorquina, con su 1.90 cm. De estatura, cabello rubio y piel bronceada, no había dama que se le negara, pero era difícil reconocer a ese joven en él, los años le habían pasado factura, el cansancio y noches en vela habían marcado su rostro, sin contar con el poco cabello que le quedaba, pero lo más difícil quizás era la carga emocional, esa noche igual a las otras no concilió el sueño completamente, solo podía recordar el día en qué confirmó el inicio de la caída de los Schnitlzer.

INICIO DE FLASHABACK

Revisaba con cuidado la información sobre una nueva mafia de narcotráfico en la ciudad, la droga era traída desde Sudamérica, pero aun no precisaba el lugar exacto de proveniencia; escucho que la puerta se abrió, aun así no levantó la mirada, porque las únicas personas que entraban sin permiso a su oficina eran tres: las mujeres de su vida, como él las llamaba de cariño. Mientras observaba las fotos del muelle con los containers y la mercadería que habían traído, todo procedente de una larga investigación de Abi y Hakudoshi, pudo escuchar el sonido de la silla del frente, al fin decidió levantar la mirada, era su hermosa Abi, que a pesar de que todos le temían, él solo podía ver el lado bueno de su hija mayor que nació junto a Bankotsu, cada uno con dos kilos y medio de peso, eran tan pequeños entonces que pudo cargarlos a los dos juntos en cada brazo.

- ¿En qué piensas padre? - preguntó Abi, aún no se observaba expresión en su rostro - cuando tus ojos brillan así, es porque recuerdas algo ¿verdad?

Sonreí ante la audacia de mi hija, Abi no demostraba mucho sus emociones, pero yo sabía que ella era noble y sincera.

- Recordaba cuando eras bebé - observe como levantaba una ceja divertida - eras preciosa, castaña de ojos chocolate y sin cabello - sonreí de oreja a oreja - tú y Rin eran las bebés más hermosas.

A pesar de haberla elogiado, Abi no cambió de expresión, siguió observándome con frialdad.

El mismo discurso aburre padre - empecé a reír con ganas, mientras lo hacía tocaron la puerta de una manera única, solo dos sonidos suaves, era Haudoshi.

- Adelante - hable mientras observaba cómo cambiaba el color del rostro de mi hija, una cosa que nunca entendería era ¿Cómo habría enamorado Hakudoshi a Abi? Rin decía que Haku estaba ciego, mientras que Bankotsu pensaba lo contrario.

- Buenos días señor - saludo Hakudoshi con un apretón de manos - Buenos días Abi - hablo más bajo mientras observaba a mi hija. Por más que fuera un padre bastante celoso con ellas, debería aceptar que Hakudoshi me caía bien, a lo largo de los años él me había demostrado todo el amor que le tenía a Abi, a pesar de haberlos separado por algún tiempo, él siempre le fue leal, y yo solo esperaba que terminaran juntos.

- Padre, deja de fantasear y empieza con las indicaciones de las acciones a tomar - interrumpió mis sueños Abi, mientras Hakudoshi se acomodaba en la silla.

- Bien, bien, cariño, solo pienso en mis futuros nietos - sonreí mientras las mejillas de los dos comenzó a teñirse con un rojo escandaloso - ojos Lilas con cabellos castaños, Lilian y yo pensamos que se verían hermosos, creemos que serán mellizos como tú y Bankotsu.

- ¡Basta! Solo empieza con el trabajo - reclamo Abi, mientras Hakudoshi se tapaba los ojos con la mano. Empecé a reír viéndolos tan inocentes.

- Bueno, estaba leyendo el reporte, estoy sorprendido de la nueva mafia, han logrado ingresar varios lotes de anfetaminas y éxtasis, estaba pensando en darle a Haku dos semanas para que arme el artículo, mientras yo entrego la evidencia a la DEA - hablaba mientras organizaba los papeles en una carpeta - estoy seguro que ellos desarticularan a la mafia pronto.

- Padre –empezó a hablar Abi - hay algo que no pusimos en el informe - fruncí el ceño observándola, era extraño que ellos cometieran errores, empezó a sacar de su bolso una carpeta y me la entregó, nadie dijo nada mientras leía, era la compra y venta de dos contenedores de hace dos meses - ¿Por qué no lo incluyeron? Es evidencia, sería mucho más fácil dar con los miembros de la mafia.

- Lee el nombre del comprador - solicitó Abi, la observé extrañado, mientras pasaba las hojas, y mi sorpresa fue mucho más grande al ver mi apellido en ella, era el nombre de mi hijo Bankotsu - ¿ahora entiendes por qué razón no pusimos ese documento dentro?

Empecé a sentir un dolor de cabeza, pasaba las hojas con desesperación ¿cómo era posible que mi hijo hiciera esto?

- ¿Los contenedores que él compró fueron los que trasladaron la droga? - pregunté lo más obvio, mientras me sacaba los lentes de lectura y sobaba el puente de mis ojos.

- Sí - habló Haku - queremos que usted nos diga lo que debemos hacer.

La situación que tenía enfrente era complicada, un miembro de la familia estaba involucrado en algo tan turbio, y no era cualquier miembro, era uno de mis herederos, lo primero que se me vino a la mente era llamar a mi hijo y enfrentarlo, obligarlo a que limpiara su nombre, pero a los segundos vino la pregunta ¿Bankotsu cambiaría? Porque el dilema en todo el asunto era el dinero fácil en estas transacciones, lo que me llevaba a otro tema ¿dónde lavaba ese dinero? Porque el monto que recibía por el traslado era una cantidad significativa, que si hubiera entrado al banco ya hubiera sido observado, si hubiera sido otra persona, lo dejaría a la DEA y el FBI, y que ellos investigaran todos los componentes de esta organización, pero se trataba de mi hijo. Además se sumaba a todo el asunto lo peligroso que sería sacarlo de ahí.

- Padre, yo tengo un plan - interrumpió mis pensamientos Abi - es arriesgado, pero podríamos salvar a mi hermano de esto.

- No quiero nada arriesgado Abi, no permitiré que ninguno de ustedes se involucre en estas cosas - me quede pensando por unos segundos - Hakudoshi, te daré una licencia de 15 días, así postergamos la redacción del artículo, y la junta directiva no sospechara del atraso , mientras yo busco la manera de solucionar esto.

- Padre ¿Podrías escuchar mi plan?

- No, no escucharé nada que te coloque en riesgo - suspire - yo sé lo que me quieres decir, y no lo acepto, salvaremos a Bankotsu, pero tú no intervendrás en esto - hable fuerte y claro.

- Piénsalo padre, creo que sería bueno que yo entre infiltrada en ese negocio - yo sabía lo que quería hacer - Bankotsu no se salvará de una pena, pero si lo puedo convencer de recabar información y entregarla a las autoridades, la pena será menor y su imagen no se verá tan perjudicada.

- ¡No, no y no! - me levanté furioso de mi mesa, mientras ellos me miraban sorprendidos - no te arriesgarás, no arriesgaré tu futuro, eres mi hija y tú no tomarás ese camino - lancé la amenaza con mi dedo.

- Pues, te informo que ya di mi primer paso - se levantó Abi de la silla y me dio cara - convencí a Bankotsu para que me ayude a comprar containers, así dentro de un tiempo podré entrar al negocio.

- ¿Qué estás diciendo? Apenas tienes 23 años, si no sale bien, arruinarás tu vida - explique sin control, mientras sentía que mi corazón latía con fuerza - Hakudoshi, ayúdame a convencerla a no participar en esta locura.

- Lo he intentado todos estos días - hablo despacio - pero no escucha.

- Porque no hay otra solución - respondió Abi observando a Hakudoshi - tenemos una responsabilidad, si uno de nosotros falla, tenemos la obligación de retornarlo al camino correcto - volteo a verme - lo haré con o sin tu permiso - cogió la carpeta y salió de la oficina.

Caí rendido en mi silla, aun no digería toda la información, mi hijo involucrado en narcotráfico, y mi hija queriendo hacer justicia arriesgando todo su futuro, saque unos paños húmedos de mi escritorio para limpiar y refrescar mi rostro.

- Hakudoshi - hable después de unos minutos - contáctame con el lobo - lo vi parpadear algunas veces, sin entender lo que decía - solo él podrá protegerla.

- ¿Acaso lo vas a permitir? - me encaró.

- No dará marcha atrás, lo único que queda es observar - suspire con pesar - ayúdame a ayudarla, es lo único que puedo pedirte ahora.

- No hay necesidad que lo digas - se levantó del asiento y me observo - tengo fe en que encontraremos una solución a este dilema.

Después de observar salir a Hakudoshi de mi oficina, cogí el teléfono y marque el número de Lilian.

- Cariño, almorcemos juntos.

- ¿Ocurrió algo? - contestó sorprendida.

- Sí, pero yo encontraré la solución - hubo un silencio prolongado al otro lado de la línea.

- Edward, prométeme que los cuidaras - oí la voz angustiada de Lilian - te espero para almorzar en el lugar de siempre - colgué el teléfono y camine hacia la ventana a ver la ciudad, ese día empezaba mi verdadero infierno.

FIN DEL FLASH BACK

NOTA: Aquí otro capítulo, espero vayan atando cabos con este capítulo, prometo en esta semana seguir con el siguiente capítulo que ya lo tengo por la mitad. Saludos y gracias por leer.