Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.
Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.
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Capitulo 9: Noveno circulo (traición).
Hermione se sentía poderosa al observar a Draco completamente relajado en el sillón, con sus ojos cerrados y solo disfrutando de sus atenciones, mientras roncos gemidos escapaban de su garganta, sin su permiso. Ella nunca había hecho aquello antes, por alguna razón jamás se le había ocurrido que fuera remotamente placentero para sí misma.
Ron había sido su primera pareja sexual, y aunque él lo había sugerido varias veces, el sexo oral no era algo que ella había estado dispuesta a hacer. Cuando era más joven, tenía la errónea idea de que era algo humillante para ella. Cuando se divorció de Ron, nunca vio más de dos veces a una de sus citas como para decidir comprobarlo. Pero ahora, viendo como Draco disfrutaba con su toque, se dio cuenta de lo divertido que podría ser hacerlo más a menudo.
Draco sentía que todo el cuarto giraba a su alrededor. Sentir la lengua de Hermione moverse en círculos húmedos entorno a su miembro era decadente y delirante. Estaba tentado a dejarse ir, a dejar que fuese ella quien lo llevase al orgasmo, pero sentía la urgente necesidad de hundirse en ella. Su paraíso personal estaba entre sus muslos de Hermione y usó el leve instante de lucidez que lo alcanzó para apartarla suavemente y llevarla contra la pared más cercana.
La boca de Draco cubrió la suya en un beso arrollador. No, él hizo algo más que besarla. El la devoró, la poseyó. Si los besos que le había dado como el diablo hacían temblar sus piernas, y los que habían compartido en su departamento eran maravillosos, este era completamente fuera de este mundo.
Ahora Draco no se refrenaba. Le mostraba su naturaleza cruda y apasionada. Sin mentiras ni mascaras de por medio, sin pasado ni futuro, solo presente y pasión. Hermione abrió más su boca para él, para recibir la estocada hambrienta de su lengua, en una devastadora danza de seducción. Sentirlo así, tan entregado, tan dulce y a la vez dominante, era una sensación única, embriagadora.
Él bajó las manos hasta sus caderas y las asió con fuerza, atrayéndola directamente contra la erección que ella había liberado un rato antes, cuando lo atormentó con su boca. Draco la acomodó justo en el lugar adecuado, y ella sintió que su ansiedad crecía. Tanto que le dolía, nunca se había sentido tan necesitada como hasta ese entonces. Él la apretó de nuevo contra si, obligándola a levantar la pierna para rodearle la cintura, abriendo su cuerpo para él en una súplica silenciosa.
Hermione gimió mientras Draco hundía su mano bajo su ropa interior de encaje, para tocarla donde estaba ardiendo por él. Siseando de placer se arqueo apoyando su espalda en la pared donde él los había llevado, no supo cuando, y ajustó la pierna en torno a su cintura para darle mejor acceso, así él podía aliviar el agridulce dolor que ansiaba su contacto. Mientras la mano de él le daba placer, Draco se retiró ligeramente para mirar su rostro y con su mano libre tomó las suyas y las retuvo contra la pared, él la tenia completamente a su merced.
Estaba inmovilizada contra esa pared. Los labios de Draco erizaban su piel mientras repartía pequeños mordiscos en la parte sensible de su cuello, y una de sus manos aumentaba la tensión en su bajo vientre mientras él tocaba su centro con maestría sorprendente.
Los ojos de Draco estaban oscuros por la pasión. Solo un fino aro gris enmarcaba el negro de sus pupilas. Él le dio una deslumbrante sonrisa antes de soltarla momentáneamente para poder quitarle todas las piezas de lencería. Solo la dejó con los arneses, que rodeaban su cuello y pechos y las botas de cuero.
Antes de que ella pudiese moverse de la pared donde se apoyaba, el volvió a levantar su pierna como antes y se colocó entre sus muslos abiertos. Su cálido aliento quemó su cuello mientras él repartía besos y se introducía suavemente en su interior. Hermione gritó de éxtasis, ella jamás había tenido sexo en esa posición. Estar parada contra una pared, siendo completamente dominada por la masiva presencia de Draco, era enloquecedor.
Cuando él liberó sus manos para sostenerla más cerca, Hermione hundió su mano en las broncíneas hebras del cabello teñido de Draco. Ningún hombre jamás la había hecho sentir tan deseada, tan sensual ni tan hermosa como él lo hacía, ella no comprendía cómo era capaz de hacerle eso.
Había tenido sexo con Draco dos veces antes de esa. Y aunque ambas veces fueron increíbles, y ella aun no sabía que era la misma persona, lo que él ahora hacia con ella era más de lo que podría describir con simples palabras.
Los pensamientos y sentimientos se arremolinaban en su mente mientras él le daba profundo placer, con hondas y precisas estocadas. Cuando acabó, Hermione juró que vio las estrellas y una explosión de magia involuntaria apagó las velas de la habitación.
Aunque ahora estaban a oscuras, el tenue resplandor de la luna la iluminaba dándole un aspecto etéreo, como si realmente fuese una diosa. Draco cerró sus ojos mientras la sentía estremecer. Muchas veces había visto mujeres sacudiéndose en profundo éxtasis bajo su cuerpo, pero Hermione era distinta. Verla disfrutando por su causa removía cosas en su corazón que no creía que fuesen reales hasta ese momento.
- ¿Cuál fue el hechizo que usaste conmigo Hermione?. ¿Qué me hiciste?
Ella no pudo responder cuando él continuó lamiendo su piel y hundiendose ritmicamente en su interior buscando su propia liberacion. Las piernas de Hermione se doblaron. Solo la fuerza de los brazos de Draco, que la rodeaban, evitaban que se cayera.
Cuando la pequeña muerte alcanzó a Draco, una explosión de felicidad se extendió por todo su cuerpo. Hermione estaba ahí con él. Había hecho lo imposible para encontrarlo y había vuelto para poder compartir sus cuerpos. Ahora ella conocía todo de su pasado, y saber que aun así lo elegía no tenia precio.
Mientras los últimos espasmos de placer se disipaban. Ella lo abrazó con fuerza y besó su mejilla con una ternura que jamás había experimentado. Cientos de mujeres lo habían besado, pero como ella ninguna. Seguían parados contra el muro, el sudor corría por la sien de Draco mientras apoyaba su frente en el hombro de Hermione e intentaba estabilizar su corazón y recuperar el resuello, luego del intenso orgasmo.
- eres el mejor, Draco. Tengo que decir eso.
- soy solo tan bueno como lo es mi compañera.
Ella le ofreció una sonrisa desbastadora que hizo que su estomago se sacudiera. ¿Alguien le había sonreído alguna vez así? No, ni antes, ni después, estaba seguro. Nadie lo había hecho y ninguna otra en el futuro podría hacerlo igual. El beso que le dio a continuación volvió todo su cuerpo un fuego. Ni siquiera el Hipnisy había hecho lo que ella lograba con sus labios.
- tu mantén esto arriba, y no te dejaré salir de la cama hasta el amanecer.
- ¿eso sería tan malo?
- no, sería el cielo.
Draco la liberó momentáneamente y ella comenzó a correr por el departamento desnuda, directamente hacia su cama. Hermione no estaba siendo sumisa como en el club, ni tímida como en su propio departamento. Ella estaba siendo absolutamente descarada, y eso a Draco le encantaba.
Al llegar a la cama, Draco se apoderó de los lindos arneses que ella tenía puestos y los usó para dominarla. Con un par de órdenes hizo que ella gatease sobre la cama y que apoyase su mejilla sobre el colchón, de pronto ella era la perfecta sumisa. Él no había hecho un buen trabajo entrenándola, pero al parecer Hermione era una estudiante talentosa, también en ese campo.
En esa posición, Hermione tenía su trasero expuesto y sus brazos estaban unidos a su espalda. No podía ver lo que Draco hacia y por alguna razón en vez de asustarse, se sentía arder. Someterse a sus órdenes le daba una libertad que nunca había experimentado antes. Sabía que si hacía caso, Draco la recompensaría. Siendo su sumisa ella no tenía otra preocupación más que la de disfrutar.
Cuando la penetró aulló de placer. La sensación de inmovilidad, la personalidad dominante de Draco, y las nalgadas que le dio hicieron que sus orgasmos fuesen desgarradores. Nunca había experimentado un placer de ese tamaño, y estaba segura de que nunca nadie podría darle algo similar. Solo Draco podía.
El sol de primera hora de la mañana se filtraba por la ventana e inundaba su piel pálida con una luz azul grisáceo. Estaba tumbada de costado y enroscada, de cara a él, con el pelo castaño enmarañado sobre la almohada que tenía detrás de ella.
La noche pasada había sido maravillosa. Pero ahora que amanecía, las dudas sobre cómo podrían hacer funcionar lo que sea que tuvieran, cuando salieran de esas cuatro paredes, inundaban su mente. Al salir de casa de su madre, él había tenido una fuerte convicción de que podría hacer que funcionase, pero ahora, a esa hora muerta de la madrugada, no estaba tan seguro.
La noche anterior no se habían molestado en recoger las mantas y volverlas a poner en la cama luego de haberlas tirado al suelo, durante el arrebato de pasión que habían compartido. Draco se estaba dando la oportunidad de mirar su cuerpo desnudo. Sin duda podía acostumbrarse a despertarse con esa mujer en su cama.
Hermione era la primera en dormir con él. cuando había llegado al mundo muggle su experiencia romántica se había reducido a breves episodios en armarios de escobas o tras las gradas en el campo de quidditch, y en los clubes de Josette el tiempo estaba medido para atender toda la demanda que sus servicios tenían. Además, a ninguna de sus clientas le interesaba dormir cuando estaban con él. Así que ella siempre sería la primera mujer que durmió en sus brazos, y en ese instante deseaba que fuera la única.
Los parpados de Hermione comenzaron a revolotear mientras despertaba. Draco tenía la imperiosa necesidad de besarla en ese instante. No entendía como pudo ignorar su belleza mientras iban a Hogwarts. Si él no lo hubiese hecho la historia hubiese sido completamente diferente.
- buenos días.
- buenos días. ¿Cuánto dormí?
- no mucho. Algo más de dos horas.
- ¿has estado despierto todo ese tiempo?
- sí, es por el club. Normalmente vuelvo a casa cerca del amanecer.
Hermione se removió en la cama y todos sus músculos comenzaron a protestar debido a la intensa actividad a los que los había sometido la noche anterior. Pero aun así se las arregló para moverse más hacia Draco y depositar un beso en su pecho.
- creo que tengo el cuerpo hecho de gelatina.
- ¿quieres un masaje?
- gracias. Pero creo que un masaje tuyo hará que me meta en más problemas y quede más dolorida todavía.
- ¿te hice daño?
-no - ella acarició su mejilla tiernamente - para nada, es solo que mi condición física no es la de una atleta.
Draco hizo algo muy parecido a un puchero y no pudo contener el impulso de besarlo. Tratando de ignorar la incomodidad en sus músculos, se levantó y recogió una de las sabanas para envolverse. Por alguna razón ahora no se sentía tan descarada como había sido la noche anterior.
Luego de diez minutos y un relajante baño, ella volvió a la habitación. Draco yacía completamente desnudo en su cama, con uno de sus brazos cruzado sobre su rostro, ocultando sus ojos del brillo matinal. Creyendo que dormía y temiendo despertarlo, Hermione fue en busca del bolso que había dejado junto a la puerta y buscó la ropa que traía la noche anterior, se vestiría en la sala para no hacer ruido.
- estoy despierto. No tienes que ser tan sigilosa, a menos que quieras huir sin que me dé cuenta.
- lo siento. Pensé que dormías y no quería despertarte.
- ¿ibas a marcharte sin despedirte?
El tono herido de Draco levantó sus barreras. De pronto ambos estaban a la defensiva. Definitivamente algo había cambiado desde la noche anterior.
-¿por qué lo haría? ¿Piensas que allanaría tu departamento, movería cielo y tierra para conseguir todo lo que traje, y haría un espectáculo bastante penoso, solo para un polvo contigo y desaparecer al amanecer?
- no dije eso Hermione.
Hermione se cruzó de brazos intentando parecer molesta. Pero dar ese aspecto estando en ropa interior no era nada fácil. Solo Draco se las arreglaba para parecer altamente ofendido y enojado, estando desnudo ante ella.
- pues parecía que lo estabas insinuando Draco. ¿Qué te sucede?, ¿que se coló en tu mente y se pudrió como para que ahora me hagas ese planteo?
- no estoy acostumbrado a esto Hermione. Sabes lo que soy… sabes lo que fui… Lo usual seria que desaparezcas en este instante y no vuelva a verte nunca más.
Ella se apresuró hacia la cama a medio vestir. Podía entender que era lo que estaba molestándole. Él aun no confiaba en que ella no fuera a reprocharle su pasado.
- sé lo que eres. Eres un hombre maravilloso Draco. Y no estaba huyendo. Solo quería vestirme y dejarte dormir un poco. Pensaba ver que tenías en las alacenas y prepararte un desayuno. No soy de las que huyen a la luz del alba. Me metí a la fuerza en tu departamento, revisar tu cocina seria el menor de mis delitos.
- ¿Por qué haces todo esto?, ¿Qué es lo que quieres realmente Hermione?
- primero y principal, hice esto porque me porté mal contigo cuando Harry te atacó. Debí haberlo interrumpido. Dijo cosas hirientes y yo no hice nada para pararlo. Solamente me quedé ahí mientras te insultaba. Quería compensarte eso.
Y segundo, es que no tengo idea de qué hacer con mi vida cuando te alejas. Este mes en el que no te vi, nada tuvo sentido para mí. Por un mes viví para verte en el metro, para verte en el club, y aunque no sabía que ambos hombres eras tú, mi vida giraba en los momentos en los que estaría contigo.
Cuando te conocí en el club, me hipnotizaste. Solo bastó un beso tuyo para perderme. Cuando te vi en el metro, todo lo que me dejaste ver me cautivó. Y cuando me llevaste a Newham, ver lo que haces por esas personas se robó completamente mi cordura. Cuando supe que eras ambos, me llevó un tiempo darme cuenta de que eras todo lo que siempre desee.
¿Como podría no hacer nada cuando enfrente mío tengo al hombre perfecto?
- no soy perfecto. Tengo un pasado a cuestas y aunque no me avergüenza, a ti si debería hacerlo. Además ya no tengo mi magia. Solo soy un squib que se vendió para poder comer, y que ahora tiene un club de sexo. Ni siquiera pude terminar el colegio de magia, aunque recupere mi varita, jamás seré un mago real.
- Draco. No quiero discutir esto. Tú hiciste lo necesario para sobrevivir. Eres un sobreviviente, y estoy orgullosa de ti por eso. Otros en tu lugar se hubiesen vuelto delincuentes, o hubiesen muerto. Tú sobreviviste, prosperaste y maduraste volviéndote un hombre realmente bueno. Además recuperaras pronto tu magia y yo podría ayudarte a conseguir una excepción para poder rendir tus éxtasis si es lo que deseas.
- es verdad, en un año me devolverán mi varita, pero aun así mi magia será restringida, viviré en una especie de libertad condicional eterna, cualquier maldición podría volver a quitármela o llevarme a Azkaban. Yo realmente no quiero volver al mundo mágico Hermione. No quiero volver al mundo que me dio la espalda y que es capaz de abandonar bebés en las calles solo por no nacer con un raro don.
- no debes volver si no lo deseas Draco. Tú lo dijiste. Nos encontramos a mitad de camino entre ambos mundos. Hagamos un sitio para nosotros aquí.
- ¿y tu carrera? Que sucederá si descubren a que me dedicaba. A que me dedico.
Hermione titubeó. Sus contrincantes políticos podrían usar el pasado de Draco para ridiculizarla, para dañarla. Eso podría arruinar completamente sus pretensiones de ser ministra de magia. Ella necesitaba establecer sus prioridades y pronto.
Hermione quería cambiar el mundo mágico, y sabia que desde la posición de ministra podría lograrlo. Pero no estaba dispuesta a romper su corazón por sus pretensiones políticas. Theo tenía razón, su carrera no la besaría en la mañana ni le daría calor en las noches de invierno.
- ellos deberían juzgar mi carrera por mis capacidades, Draco, no por el pasado de mi pareja. Si ellos deciden que no soy apta solo por tu causa, entonces el mundo mágico tampoco me merece.
- ¿y tus amigos?, has visto a Potter, él me odia.
- deberá respetar mis decisiones. Soy una mujer adulta y quiero estar contigo. No me importa tu pasado. Solo me importa tu presente y ser parte de tu futuro.
- ¿en serio quieres eso?
- ¿me ves cara de estar bromeando?
- no.
- bueno entonces quédate aquí y duerme. Iré a preparar un desayuno decente…
Nunca olvidaría ese desayuno. A pesar de tener seis grandes y cómodas sillas alrededor de la mesa, Hermione decidió que su regazo era el mejor sitio del lugar. Los pequeños trozos de fruta que ella le daba en la boca y los besos que intercalaba entre sorbo y sorbo de café, fueron los más exquisitos manjares que alguna vez probó.
Ni siquiera las fiestas bacanales que había en el tercer círculo de su club eran tan decadentes como el desayuno que Hermione había preparado para él.
-hmm, Hermione… ¿puedo hacerte una pregunta?
- ¿Qué?
- ¿de dónde sacaste ese caño?
- me lo prestó Ariadna, o Lilith, como quieras decirle.
- ¿mi asistente?
- sip. – Hermione siguió desayunando como si solo hablasen del clima.
- creo que debería sentirme un poco traicionado por eso. Se supone que debe proteger mi privacidad.
- no te enojes con ella. La acosé por tres semanas intentando que me deje entrar a tu círculo. Creo que me prestó el equipo solo para que la deje en paz.
Draco se quedó pensativo. Quizá debería darle un aumento a Lilith después de todo. El espectáculo que Hermione le había dado valía varios cientos de libras más en su recibo de sueldo. Ariadna había sido su primera amiga real, y aunque también había sido su sumisa por un tiempo, sabía que podía confiar en ella.
-¿me levantarás el destierro Draco? Es horrible tener a Minos espantándome los novicios en el limbo. No me querías contigo, pero tampoco permitías que alguien más se me acerque.
- ¿eh?, ¿tu quieres volver al infierno?
- ¿por qué no? pagué una membrecía bastante costosa, y hay cosas que aun no he aprendido de ese sitio.
- yo pensé que…
- ¿Qué ahora que sé que puedo colarme en tu casa cuando desee no querré ir mas al club?
- emmm.
- quiero conocer tu mundo por completo Draco. Quiero saber todo de ti. Morrigan tiene mucho que aprender del diablo.
Draco la besó tiernamente. Él podía ser dominante, irónico, sumamente divertido, y ahora estaba mostrándose inseguro. Ese Draco inseguro le resultaba completamente tierno, porque nunca creyó que él pudiese verse así, y menos en cuanto a ella respectaba.
- ¿sabes una cosa?
- ¿Qué?
- cuando fui por primera vez a tu circulo, Lilith me dijo algo que quedó grabado en mi mente. En ese momento no lo entendí, pero sé que ella tenía razón.
- ¿y que era?
- que solo a través de ti conocería el paraíso.
- ¿y lo hiciste?
- sí. Es irónico, pero en el templo del pecado conocí a un diablo que me mostró el cielo...
Fin.
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N.a: Fin del último capítulo. Espero que les haya gustado y cubra sus expectativas. Solo nos queda el epilogo, y espero que me acompañen allí también. Gracias a todos los que pusieron esta historia en favoritos, a los seguidores y a los que comentaron cada capítulo. ¡HASTA LA PROXIMA!
