Disclaimer: Esta historia está inspirada, en parte, el universo de Harry Potter de J.K Rowling y algunos escenarios encuentran su inspiración en la divina comedia de Dante Alighieri.

Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora, yo solo los tomo los mezclo y agrego cosas.

-o-

Epilogo: Paraíso.

Cinco años después.

El atrio del ministerio se hallaba realmente repleto esa mañana. Bajo la gran estatua de la unión mágica se había alzado un escenario para lo que sería la asunción ministerial más comentada de la historia.

La gran estatua representaba a cada criatura mágica existente y contenía un fuego eterno en memoria de los caídos en la segunda gran guerra mágica. El broncíneo monumento estaba allí para evitar que los magos y brujas con más poder del mundo mágico inglés olvidaran los trágicos acontecimientos sucedidos y para que jamás volviesen a permitir un alzamiento como el de Voldemort y sus mortífagos.

Toda la prensa del país, e incluso algunos medios internacionales, estaban preparados para cubrir aquel acontecimiento histórico. Era la primera vez que un ministro de magia era elegido por voto popular de todos los magos, brujas e incluso la población Squib de Reino unido.

Había sido una larga campaña política llena de trabas y detractores de las elecciones democráticas. Pero finalmente los opositores a la votación popular habían claudicado y terminado por convencerse de que los primeros comicios serian predecibles y que finalmente el poder seguiría recayendo sobre sus vetustos hombros. Pero, contra todos sus pronósticos, la victoria de la única mujer que se presentó como candidata fue aplastante.

Los cuatro candidatos hombres provenían de familias pertenecientes a los sagrados veintiocho y tenían una larga trayectoria en el wizengamot, por lo que todos los altos mandos del ministerio supusieron que la ventaja sobre la advenediza nacida de muggles seria evidente.

Los miembros más antiguos del ministerio no contaban con que el pueblo nunca olvidaba completamente a sus héroes. Y Hermione Granger era una heroína de guerra. Había pasado bastante más de diez años desde la guerra en la que los mortífagos habían sido derrotados, y salvo por Harry Potter, todos en el ministerio creían que los héroes habían sido olvidados tiempo antes.

Cuando las primeras encuestas sobre la intención de voto habían llegado al ministerio. Los miembros más arcaicos del wizengamot se encargaron de indagar en la historia de Hermione para buscar algún tropiezo que la pusiese en desventaja con respecto al resto. Pensaron que al ser mujer y joven seria sencillo hacerla desistir en sus intenciones de gobernar.

Lo único que pudieron hallar, que fuera utilizable, fue su relación de cuatro años con un ex mortífago y no mucho más. Ni siquiera eso era útil, pues la mayoría de los candidatos eran sangre pura y también tenían algún pariente relacionado con Voldemort en mayor o menor medida.

En cuanto a su peculiar vida privada poco y nada pudieron hacer. Todos los altos mandos del mundo muggle y del mágico estaban relacionados en mayor o menor medida con el Dante's Inferno y nadie quería que sus propios trapos sucios saliesen a la luz. Así que, si alguien relacionó a la candidata con el club, no lo mencionó públicamente.

Por otro lado los registros escritos sobre el pasado de Draco, como empleado de un club de sexo, había sido oportunamente limpiados por el jefe de aurores varios años antes. Esa había sido una maniobra discreta que Harry Potter había realizado con el fin de conseguir el perdón de su mejor amiga.

Un año antes de las primeras elecciones, Theodore Nott decidió ocupar su banca en el wizengamot y fue su brillante propuesta la que le dio el histórico reconocimiento y el derecho a votar a toda la población squib de Gran Bretaña.

La población mágica que carecía de la habilidad de manipular la magia podía contarse de a miles en todo el Reino Unido. Eran demasiados los que habían muerto en las calles abandonados solo por no poseer la rara cualidad de ser un mago a pesar de haber nacido en una familia mágica. Para desgracia de los candidatos sangre pura, las comunidades de squibs no olvidaban a quienes les habían tendido una mano cuando se hallaban en desgracia, y mucho menos a quienes los habían pisoteado.

La fundación "Josette Lestrange para socorro de squibs", había sido lo que catapultó la campaña de Hermione. La fundación había sido nombrada en honor a la hermana perdida de los famosos mortífagos Rodolphus y Rabastan Lestrange, quien había sido abandonada en las calles poco después de nacer.

Hermione y Draco habían construido ese sitio con el fin de ofrecerles a las familias completamente mágicas un lugar donde poder recibir apoyo y educación para lidiar con las implicancias de tener un hijo Squib. También era un centro de asistencia para aquellos que habían sido abandonados y necesitaban trabajo o cualquier cosa que solos no pudiesen conseguir.

La mayoría de los Squib del mundo vivían y morían en la pobreza, pero un pequeño número de ellos había logrado generar riquezas y todos habían puesto sus galeones a disposición de Draco cuando él los contactó para fundar un equivalente a Hogwarts, donde los niños que no fuesen mágicos pudiesen recibir una educación mixta, muggle y mágica.

La primera generación de Squibs europeos aun no había terminado su formación. En la escuela donde Draco Malfoy y Lupus Black eran directores, los niños no mágicos recibían la mejor instrucción y conocimiento de ambos mundos. Con el fin que al crecer ellos pudieran elegir donde deseaban vivir y trabajar.

Draco no había vuelto al mundo mágico luego de recuperar su varita. Él se había mantenido sabiamente en terreno neutral y había ayudado a Hermione a conseguir los derechos para todos aquellos que habían sido abandonados en el pasado.

El Dante's Inferno había seguido creciendo en esos cinco años. Los miembros se contaban por cientos y varias sucursales del exclusivo club se habían abierto en diferentes partes del mundo. Markus Dahl era un tipo asquerosamente rico en ese momento y era el principal benefactor de las becas que la escuela para squibs otorgaba. También era Markus Dahl y su asistente Ariadna quienes hacían el contacto entre los jóvenes y las universidades muggles, a fin de que aquellos que lo desearan pudiesen continuar con estudios superiores.

Narcissa Malfoy aun seguía viviendo en su mansión del lado muggle de Londres, no abandonaría sus rosales nuevamente. Ella tenía su propia fundación benéfica y había logrado convencer a las damas patricias del mundo mágico para que ayudasen en la cruzada de su hijo por los miembros más vulnerables del mundo mágico.

Cuando los votos fueron contados el día de la elección. La mayoría absoluta, obtenida por Hermione, fue abrumadora. Todos aquellos que la habían conocido como una heroína de guerra habían votado por ella. Todos aquellos que comulgaban con sus ideales la habían elegido como ministra. Todos los squibs mayores de diecisiete años la habían elegido, en agradecimiento a los derechos que les había conseguido en los últimos años.

Al comienzo del acto el ministro de magia saliente dio un pequeño discurso. Él había sido el último ministro en ser elegido por el wizengamot y habló de la nueva era democrática que se asomaba en el mundo mágico de Reino Unido.

Los atributos de ministro de magia eran una túnica purpura y un bastón de mando simbólico, en cuyo interior podía esconderse una varita si el portador lo deseaba. Cada túnica era especialmente manufacturada con tela de acromántula y teñida con pigmentos especiales extraídos de los huevos de cientos de pixies. Ese año la portadora de los atributos seria la flamante nueva ministra de magia Hermione Granger.

Usualmente era la esposa del nuevo primer ministro quien entregaba los atributos. Pero en este caso, como la ministra era divorciada y aun no se había casado con su pareja actual, el protocolo había sido modificado para que Draco pudiese entregarle los elementos de la investidura ministerial.

Draco no estaba totalmente cómodo de estar sobre aquel escenario. Su padre hubiese estado muy orgulloso de que todos los reflectores lo apuntasen en un acontecimiento tan importante, pero él aun seguía detestando el mundo mágico. Todo lo que hacía por los squibs era para darles un salvoconducto fuera de ese sitio que siempre los discriminaría a pesar de que sus labios jurasen lo contrario.

No importa cuántos derechos Hermione consiguiese para ellos, no importa cuántas fundaciones fuesen creadas para asistirlos, los magos y brujas siempre estarían mirando sobre sus hombros y harían miradas despectivas hacia sus pares que habían nacido sin la habilidad de manipular la magia.

Hermione subió al escenario. Estaba realmente nerviosa. Se había preparado durante años para aquel momento, sabía que tenía el apoyo de miles de personas y de Draco, pero igualmente sus manos temblaban.

Para la ocasión había elegido vestirse con uno de sus trajes muggles color marfil y una blusa de color burdeos con volantes. Draco decían que ese atuendo le daba un aspecto refinado y severo, digno de una ministra. Pero él conocía un secreto que los demás no. Todo aquel que la veía solo podía percibir su refinado traje y no el atrevido conjunto de ropa interior que Draco había demandado que usase ese día.

Para darle ánimos, su amo había elegido para ella, esa mañana, un conjunto de encaje color rojo y unos suaves arneses de terciopelo junto a un sugerente liguero con medias haciendo juego. Bajo su ropa de ministra de magia ella estaba vistiendo un completo conjunto de sumisa que haría sonrojar a más de una de las brujas presentes.

Cuando el ministro saliente le tendió la mano, ella observó fugazmente a Draco. Él había vuelto a usar su color de cabello natural en los últimos meses solo para que nadie se preguntase porque lo teñía usualmente. Para la ocasión había elegido el traje de etiqueta mas muggle que pudo encontrar y le sonreía abiertamente mientras ella realizaba los saludos protocolares.

Cuando fue su turno de acercarse a su mujer, necesitó reunir todo su aplomo para parecer indiferente. Ella se veía preciosa sobre ese escenario, y saber lo que se ocultaba bajo el mojigato traje hacia hervir sus venas.

Aprovechando que nadie podía oírlos mientras le colocaba la túnica de ministra, Draco aprovechó a decirle algunas palabras a su mujer. Ellos habían decidido no casarse aun. Los protocolos del mundo mágico los traían sin cuidado, lo único que querían era vivir a su modo. Además, romper con uno de los mandatos sociales más extendidos los hacía sentirse rebeldes.

Los viejos carcamanes del ministerio habían meado sus largas barbas cuando supieron que ella no contraería matrimonio con su pareja en un futuro cercano. En el mundo muggle el concubinato era la orden del día, y ellos dos se sentían cómodos como estaban.

Disimuladamente Draco rozó el collar que ella traía puesto. El emblema del diablo dentro del club, había sido uno de los elementos que la había protegido de algunos contrincantes políticos. Ellos de ninguna forma se meterían con la simbólica propiedad de un tipo que, aunque solo sospechasen quien era, podría arruinar sus carreras en un abrir y cerrar de ojos.

Usar el emblema de Draco la hacía sentir acompañada cuando debía enfrentarse a hombres que les doblaban la edad y la experiencia en la política. El dragón de su medallón le daba la seguridad que sus contrincantes intentaban minar con insultos.

Durante el día Hermione seria la nueva ministra del mundo mágico y Draco era una especie de líder dentro de la comunidad no mágica, a pesar de haber recuperado su varita. Durante el día eran miembros respetables de la comunidad y durante las noches, el Diablo y Morrigan eran los reyes indiscutidos del infierno de Dante.

Al igual que Hades y su Perséfone, los reyes del inframundo griego. Cuando Morrigan fue coronada en el club, todos la recibieron como una reina. Cada círculo la conocía y todos los demonios sabían que debían y no hacer delante de ella.

Hermione había adoptado una máscara de plumas negras, asemejando un cuervo, para usar fuera de los dominios del Diablo. Su vestimenta blanca de novicia había mutado a negra y el atuendo era ahora muy similar al que solía usarse para representar a la mitológica diosa de la muerte y sexualidad celta.

En esos cinco años, muchas cosas habían cambiado en el club. Hermione había sugerido que hubiese un spa en el quinto círculo, el de la pereza. Ahora ella y Luna solían pasar tardes enteras dejándose mimar por aquellos miembros del club que disfrutaban de hacerlo.

También habían agregado una especie de casino en el círculo del fraude. Mientras Luna y Hermione pasaban sus tardes recibiendo masajes y mascarillas, Theo y Draco disfrutaban de las partidas de Póker que se disputaban organizadas por Jasón en el octavo circulo.

Luna y Theodore se habían casado hacía cinco años y casi inmediatamente ella había quedado embarazada de su hija Pandora. La preciosa niña era ahijada de Hermione y casi siempre quedaba a cargo de su nana o su abuelo materno cuando sus padres decidían darse una noche libre y visitar el club.

Hermione y Draco llevaban su relación a su ritmo. Aun no habían hablado de niños ni boda. Ellos eran felices disfrutando de sus carreras y de estar juntos dentro y fuera de las paredes del Inferno.

Todos aplaudían en el atrio del ministerio. La nueva ministra de magia, elegida por voto popular, estaba recibiendo sus atributos y eso era motivo de algarabía. Incluso Draco reía de buena gana.

- ¿de qué te ríes?

- estoy cumpliendo con uno de los sueños de Lucius Malfoy, aunque no de la forma que él esperaba.

- ¿de qué hablas?

- él decía que algún día manejaría las riendas del mundo mágico... No soy exactamente ministro… pero si manejo las riendas de la ministra.

- no se ilusione mucho amo. Ahora tengo un bastón y puede que yo decida usarlo.

- ¿tantos años y aun sigues siendo rebelde?

- vivo para sus castigos amo.

- sigue diciendo eso y puede que te secuestre en mi mazmorra oscura y no te deje salir.

Antes de retirarse completamente y mostrar a la prensa su túnica y bastón. Hermione besó la mejilla de Draco y con un último susurro se separó finalmente para poder recibir los saludos de los demás funcionarios.

- sigue tentándome así y puede que yo me deje secuestrar…

Hermione le guiño un ojo a su pareja y se adelantó al micrófono donde podría dar su primer discurso como ministra. Draco sabía de memoria lo que ella diría a continuación, pues había sido él quien había hecho sangrar sus oídos oyéndola practicar.

Todo estaba donde debía. Puede que el mundo mágico aun no fuese el lugar ideal que ella había soñado, pero a partir de ese día ella lucharía incansablemente para volverlo un sitio mejor. Con Draco a su lado ella se sentía invencible y cuando todo se ponía demasiado duro en el mundo mágico y todo parecía volverse un infierno. Él la esperaba siempre del otro lado, ofreciéndole el paraíso.

Fin.

-o-

N.a: fin de la historia. Espero que les haya gustado tanto como a mí escribirla. Esperare sus opiniones. ¡HASTA SIEMPRE!