POV KATHRYN:

La cama estaba empapada de mi sudor, el pecho me subía y bajaba al compás de mi respiración irregular, luego del agudo grito que soltó mi garganta, otra vez había tenido ese sueño extraño e inquietante, donde había gente que no podía reconocer por su rostro, en un lugar plagado de magia y misterio.

La puerta de mi habitación se abrió de repente haciéndome brincar en mi lugar, una joven de no mas de veinticinco años entraba a mi cuarto con un arma de fuego en mano y en alto.

-¿que sucede? ¿alguien entró?-Quien había irrumpido en mi habitación con intenciones asesinas hacia un asesino o atacante imaginario, no era otra que mi novia, Megan, con quien vivía desde hacia ya un año. Una mujer de endiablada belleza y carácter impulsivo y a veces algo explosivo.

Al verme aun en la cama y en un estado de agitación solo se le vino a ala cabeza lo ridícula que había sido entrar de esa manera, sabiendo que casi todas las noches tenia la misma pesadilla, guardó su arma, se acercó a mí y comprobó el monitor cardíaco que cada noche conectaban a mi pecho.

-Tus pulsaciones están muy aceleradas Kath, debes relajarte-Me dijo mientras limpiaba el sudor de mi frente-Respira conmigo, preciosa-Su voz era un cántico que siempre me ayudaba a volver a la calma de la realidad.

Una vez calmada, me ayudó a montarme en mi silla de ruedas para poder cambiar las sabanas y luego cambiarme de ropa para volver a dormir mas a gusto, cosa que sabia que no lograría si ella no estaba a mi lado para abrazarla y alejar los miedos de mis sueños.

-Debemos hacer algo con esas pesadillas, Kath...no puedes seguir así-Me reprendió mientras extendía una nueva sabana sobre el colchón y la almohada-Tus notas en tus clases están bajando, no duermes bien, y tus compañeros de la orquesta ya comenzaron a mandarme quejas de tu bajo rendimiento.

Mi vida era mas o menos normal, era una joven de dieciséis años de edad, con parálisis parcial de cintura hacia abajo por culpa de un accidente, estaba en mi ultimo año de secundaria y era miembro de una orquesta sinfónica de renombre en todos los estados unidos...sin contar con que gracias al testamento de mis difuntos padres había sido emancipada apenas concurrido su funeral. Mismo donde conocí y me enamoré de quien sería mi guardiana y novia.

-Lo siento...yo...-No sabia que decir exactamente ¿como explicar a a la persona que amas...que sueñas cada noche con el dolor y la ira que sienten persona que dicen ser tu familia...pero que en realidad ni reconoces?.

Megan solo soltó un suspiro comprensivo, me cargó en brazos y volvió a meterme en la cama y sin mas me arropó para luego meterse ella a mi lado.

-Se que no es culpa tuya-Un beso fue plantado en mi frente-Ya verás que pronto le encontraremos una solución-Sin mas me pegó a su pecho y con el latir de su corazón cerca de mi oreja me puse a disposición de los brazos de Morfeo.

POV MEGAN:

verla dormir en mi pecho me hace sentir una gran responsabilidad y culpa...sé que debería saber la verdad, pero es solo una niña...no es justo, tiene una gran carga en sus hombros y ni siquiera la pidió o la recuerda.

Se que su familia está en Storybrooke, sufriendo, esperando que su pequeña bien amada vuelva a sus brazos, pero también sé que con ese regreso, volverán los dolorosos recuerdos de las mentiras que descubrió, de las verdades que destapó y del poder que guarda en su interior, de la magia que aun no puede controlar y no puede entender el por qué la tiene.

Cuando descubrió lo que era y quien era, su magia la protegió de una forma realmente abrupta e inesperada, nos trajo a un mundo paralelo, donde ella no recuerda a nadie de su gente, no sabe quien es Regina, Emma, Mary Margaret, David, ni siquiera recuerda al pequeño Henry, quien pasó gran parte de su corta vida buscándola, no perdiendo la esperanza que sus madres ya habían dado por perdida.

Debe saber que ella es la profecía gris, quien nació de la maldad y la bondad en perfecta armonía...pero ella misma anuló ese presente, y dibujó uno completamente distinto, donde solo yo pude pasar y quedarme con ella, con la maldición de no poder volver a mi mundo ni usar mi magia.

Los rayos de sol despuntaban sobre mi rostro dejándome una molesta sensación de sueño interrumpido, cansancio, malestar, fatiga. Tal como esperaba, como todas las noches que ella se despierta gritando por uno de esos recuerdos que su mente reprime en forma de pesadilla.

Pero no me puedo dar el lujo de volver a dormir, tengo que levantarme y prepararnos para el comienzo del día, Kaylie tiene que asistir a sus clases...vivir una vida normal el tiempo que estemos atrapadas en su mundo de fantasía.

El despertar de una adolescente siempre es difícil, mas cuando ha estado durmiendo mal y le cuesta calmarse luego de despertar. luego de estar unos minutos hablándola para que se despierte del todo, la alisté con su uniforme y le hice una cola de caballo alta en el cabello para que no le molestara en la cara.

Una vez listas, la ayudé a bajar en mi espalda y bajo mi brazo para desayunar en el comedor para luego llevarla a la escuela...pero esa mañana, iba a ser diferente...lo sentía, no sabia el qué...pero algo cambiaría.

La mañana transcurrió algo solitaria, pero era algo de esperarse, la secundaria privada donde asistía Kaylie, tenia una jornada completa que terminaba a las tres de la tarde, luego de un intervalo de una hora, comenzarían los ensayos de la orquesta que terminaban a las siete de la tarde, momento en que ella volvería y comenzaría a hacer sus deberes para descansar una vez terminados para prepararse para el día siguiente...pero esa tarde, Kaylie decidió no ir a practicar con su grupo, se veían grandes y oscuras ojeras que adornaban el contorno de sus bonitos ojos, y los parpados caídos por el posible cansancio de no dormir casi nada la noche anterior.

-Solo por hoy, Kath-Le dije, recostándola en el sofá de la sala de estar donde se acomodó para tomar una merecida siesta y alejando un poco la silla de ruedas para que no me estorbara en el camino si necesitaba ir a otra habitación mientras ella dormía.

-Lo sé...no volverá a pasar-Sus ojos se cerraron lentamente, y sin tardar rogué a cualquier dios que me escuchara que la dejara dormir tranquila, que le quitar por lo menos una vez esos recuerdos que no hacían mas que desenfrenar a quien su alma tenia en cerrada desde el momento que nació.

pero al parecer los dioses, ni siquiera Ades pudo oír mis plegarias, ya que veinte minutos luego de cerrar sus ojos, algo comenzó a pasar, un pequeño temblor, casi imperceptible, que fue creciendo en escala, lo mas extraño era que solo la casa se agitaba violentamente como si estuviera en un terremoto, ya que al asomarme con dificultad a la ventana para ver hacia afuera y saber si era un sismo, se veía toda la calle en calma y quietud.

Los muebles, los cuadros, las paredes, el piso incluso las lamparas y arañas de los techos se balanceaban con rabia de un lado a otro, pero ella no se despertaba de su intranquilo sueño, la cubrí con mi cuerpo para evitar que algo le cayera encima, pero no se percataba de nada, apretaba los dientes, sus ojos se cerraban con mas fuerzas, sus manos se hacían puños blancos...pero no despertaba.

De repente, la puerta comenzó a sonar desesperadamente, como si alguien quisiera entrar a la fuerza...momento en que todo se calmó...Kaylie dejó de soñar intranquilamente, las cosas dejaron de agitarse y todo volvió a la normalidad...o eso creía.

con piernas tambaleantes y temblorosas me dirigí a abrir a quien intentaba al parecer derribar la puerta de entrada...pero lo que no me imaginaba era a quien me iba a encontrar del otro lado.

cuando abrí, frente a mí estaba una de las pocas personas que seria nuestra salvación...y también la perdición del mundo donde estábamos encerradas.

-¿Regina?

-¡¿Donde está?!-Su voz me sobresaltó por el tono autoritario y furioso que tenia. Esa mujer no parecía la alcaldesa de un pueblo pesquero y minero...no, frente a mi tenia a la mismísima reina malvada en todo su esplendor, pero en lugar de uno de sus ostentosos vestidos de seda y encaje, tenia un conjunto de chaqueta y falda lápiz subida a un par de zapatos de tacón de quince centímetros de largo, sus ojos de color castaños estaban oscurecidos por la ira y sus blancos dientes como animal a punto de atacar a su presa, hacían resaltar su cicatriz en el labio superior, mientras que sus manos estaba abiertas con los dedos separados y con las palmas hacia arriba como si estuviera lista para lanzarme una bola de fuego.