Libro I

Capítulo IV

Resurgimiento

La noche había avanzado y la tormenta que pronosticó Gozaburo aun azotaba la ciudad de Domino. Las gotas de lluvia no paraban de caer y los truenos se hacían presente espasmódicamente de manera amenazante. La ciudad dormía ajena a los acontecimientos que ocurrirían. Apartada, la mansión Rosenkreuz se mantenía inmutable y solida ante el fenómeno meteorológico como un titán ante la intimidación de un insecto. En una de sus galerías que comunicaba con el exterior; una tenue luz permanecía alumbrando la espera de un miembro de la familia junto a su fiel guardaespaldas.

—¿Café, joven Kaiba? —preguntó el guardaespaldas del castaño.

—Si, será una larga noche —respondió mientras dejaba que el otro llenara la taza de café en su mano.

—Ya han pasado 7 días y la lluvia aun no se detiene—comentó Isono.

—Si, espero que encuentre el camino a través de todo ese lodo —agregó y guardó silencio.


10 años atrás...

¡Papá! ¡Mira lo que hizo Yami! —los gritos de Yugi inundaron el nevado Parque Central de Domino que limitaba al patio de la Casa Mutou.

Yugi, ¡espera! —a tropezones se puso de pie aun algo débil, apenas recuperado de su reciente desmayo, y trato de detener a su hermano antes de que este le llevase las novedades a su padre.

Papá, ¡mira! —el pequeño Yugi mostraba feliz a un pequeño ruiseñor que llevaba en sus manos y que minutos antes había sido victima de la nevada de la noche anterior —¡Yami le devolvió la vida!

Aknankanon, lejos de ponerse feliz o orgulloso, miró a Yami con seriedad para luego tomarlo de su abrigo y llevarlo a empujones de regreso a la casa. Yugi los siguió de cerca pero quedo fuera de la casa.

Una vez dentro de la casa; Yami se mantuvo con la cabeza gacha. Conocía las reglas pero Yugi le había insistido en hacerlo. No lo gustaba verlo triste.

¿Qué te he dicho de practicar magia afuera? —habló con tono autoritario a su hijo.

Era solo un pájaro—trató de defenderse el niño.

Te podrían haber visto. ¿Acaso no piensas en las consecuencias? ¡¿Acaso quieres que te dilapiden en la hoguera?! —alzó la voz.

Yami temblaba de miedo; aun cuando su padre nunca lo había golpeado siempre parecía que no le faltaban motivos ni deseos para hacerlo.

No había nadie allí. Papa... —se detuvo— yo... lo lamento, señor.

¿Qué sucede aquí? —la voz femenina, matriarcal de la casa sacó a los presentes de si.

Esa mujer alta, vestida de negro; cabello azabache hasta los hombros, alisado y reflejos rojizos; ojos serios de color cobrizo que permanecía orgullosa e inmutable en el umbral de las escaleras. Esa era Giovana, la décimo-quinta Suprema.

Mamá, Yami le devolvió la vida a un pájaro —Yugi entró corriendo a la casa llevando aun a la pequeña ave en sus manos y mostrándola como evidencia en favor de su hermano.

¿En serio? —preguntó y miró a ambos esposo e hijo— ¿Y por eso tanto escándalo?

Yami se apartó algo nervioso por como reaccionaria su madre al enterarse. Contrario a Aknankanon, Giovana era una bruja orgullosa y aun mas de su hijo que heredó sus dones. Esa forma de ser tan diferente entre ambos confundía a Yami.

Mamá... lo lamento— se disculpó Yami casi tartamudeando.

¿Por qué? Tus poderes son un regalo mio hacia ti. Tienes sangre real en tus venas; utilizar tus poderes es algo natural en ti y en nosotros. Nunca te pidas disculpas por usarlos si así lo consideras necesario.

Es inaceptable —interrumpió Aknankanon ganándose una mirada de Giovana— Yami debe aprender a mantener su magia en secreto. No podemos arriesgarnos a ser descubiertos.

¿Arriesgarnos? —preguntó en sorna— ¿A qué?

Puede que no lo sepas pero mi familia ha sido condenada a la hoguera por generaciones. No permitiré que vuelva a repetirse solo porque ese...

¿"Ese" qué? —interrumpió Giovana.

El vidrio del porta-retrato familiar se hizo añicos ante los presentes y el silencio se hizo eco tensando el ambiente al punto de cortarse. Giovana avanzó hasta el sofá del salón, sentándose en este, cruzando las piernas.

Cuidado querido —advirtió la mujer mientras tomaba un cigarro que se encendió al solo contacto— No me hagas enojar —dejó implícita su amenaza; no era prudente desafiar a la Suprema y mucho menos meterse con su hijo.

Giovana esperó paciente la decisión de Aknankanon pero este conservó su lugar; no estaba en condición de medir poderes con la Bruja Suprema. La fémina sonrió con ironía ante la cobardía de Aknankanon.

Yami, —llamó la mujer al pequeño en un tono calmo sin apartar su aguda mirada de su "esposo"— ve arriba y vístete. Saldremos.

El ojirubí asintió y abandonó la habitación corriendo.

¡Y abrigate bien!

Los recuerdos comenzaban a repetirse. No entendía muy bien porque; quizás era parte del proceso... ¿así debía ser la muerte?


En la casa de los Mutou; Yugi había terminado de preparar su habitación para realizar la invocación Las luces apagadas y el lugar apenas iluminado por la luz tenue de 5 velas blancas largas en los extremos de la estrella dibujada con tiza sobre el suelo. En el exterior, la tormenta y el viento golpeaban los postigos de las ventanas dando un toque de terror al ambiente. Jonouchi, permanecía impasible observando el tablero Ouija frente a él y le dirigía una mirada incrédula a Yugi.

—¿Qué decías de utilizar las tablas Ouija? —le recordó a Yugi su negación a "jugar" con dicho artefacto.

—Necesito algunas respuestas —respondió Yugi al tiempo que colocaba el puntero en el centro del tablero.

—Yug, la tabla Ouija tiene dos etapas: invocación y liberación. No pienses que con poner el indicador sobre "Adiós" lo que invoques se ira de aquí. He oído las historias de un niño brujo... pensó que era genial hasta que el espíritu que contactó le quemó la mitad de la cara. Ahora lo llaman Zombi-Boy o algo así

—Bien, iremos con cuidado. De cualquier modo, no creo que mi hermano quiera hacernos daño.

—¿Tu hermano? —preguntó algo confundido. ¿Yugi tenia un hermano?


Giovana condujo el auto hasta el Hospital General de Domino; cuando se detuvo miró a Yami quien había permanecido callado todo el recorrido.

¿Por que papá no me quiere? —las tristes palabras de Yami llamaron la atención de su madre

Solo esta nervioso. No todos los días se lidia con un pequeño brujo talentoso como tu.

Pero el sabe que yo lo quiero ¿no es verdad?

Giovana guardó silencio. Hubiese querido responderle que si; pero no podía mentirle a su hijo. Las intenciones de Aknankanon le eran desconocidas pero...

Creo que si. No te preocupes por eso —trató de tranquilizar a Yami mientras lo tomaba de manera juguetona de la nariz ganándose una risa por parte del niño.

El ojirubí sonrió feliz; su madre era la bruja mas poderosa que su época conocería; y contrario a Aknankanon no lo hacia sentir culpable sino encantado de pertenecer a una casta de brujos.

Tuve otro sueño —comentó el niño.

¿Si? —preguntó Giovana.

Estaba en un parque nevado y llevaba una pelota roja en mis manos. La pelota se escapa, la sigo y encuentro a un niño castaño, de cabello gracioso y ojos azules. Estaba triste, necesitaba algo de mí. ¿Qué crees que signifique?

Que te encontraras a un niño de cabello gracioso —respondió la obviedad. Desde hacia un tiempo había reconocido uno de los dones con los que había nacido Yami: la visión. Un don poderoso pero también una maldición.

Ambos bajaron del auto y Yami siguió a su madre hasta el jardín posterior del hospital. Allí un hombre los esperaba; estaba vestido con un sobretodo gris, pantalones largos de mismo color, y corbata negra. Su cabello corto, negro formando puntas de baja altura. Su rostro tenia rasgos marcados de adulto joven y una discreta barba en el mentón Su expresión era distante y meditabunda pero... Yami así lo reconocía

¡Kiritsugu! —llamó el niño al reconocer al amigo de su madre e ir corriendo hacia él.

¡Hey campeón! Cada día estas mas grande. Mirate —saludó poniéndose a la altura del niño y correspondiendo el abrazo de este.

Ya puedo realizar uno de los Milagros —relató el niño emocionado.

¿En serio?

Si, pude revivir a un pájaro

¿Un pájaro? ¿Oíste? Le enseño magia de sexto nivel para que la desperdicie en un pájaro—comentó con ironía Giovana mientras encendía un cigarrillo. No podía creer que su hijo utilizase su don de esa manera sabiendo ella el costo que tendría y que el niño en su ignorancia desconocía

Bueno, fue un caso de practica ¿no es así? —agregó el mayor sosteniendo al niño de los hombros—¿Quieres aprender otro truco? —preguntó mostrandole a Yami una moneda de plata en su mano.

Con un pase, el mayor hizo desaparecer la moneda y el asombro comenzó a manifestarse en el rostro del niño.

¿Cómo hiciste eso? ¿Adonde fue? —preguntó Yami ansioso.

Aquí esta —Kiritsugu hizo reaparecer el objeto detrás de la oreja del ojirubí.

¿Eres brujo como mamá? —Yami no salia de su sorpresa.

Kiritsugu sonrió ante la inocencia de Yami— No, es solo un truco. Una ilusión.

Oh... —las ansias del niño parecieron decaer pero de inmediato el otro intervino.

Pero este... —dijo tomando un balón rojo que mantenía oculto y presentandoselo al pequeño— es para ti.

¿De veras? —preguntó tomando el balón en sus manos— Mamá, ¿puedo quedármela? —volteando a ver a su madre

Por supuesto —accedió su madre.

¡Gracias!

Ve a jugar un rato —Giovana instó al niño a que fuese a jugar con su reluciente balón al jardín mientras ella hablaba con su amigo— ¡No te alejes mucho!

Se parece a ti —comentó Kiritsugu a la mujer.

No lo creo. Es imprudente; como tú al llamarme.

Recordaba, en ese entonces al amigo de su madre. Un no-brujo; totalmente opuesto al carácter autoritario, distante y obstinado de su padre Aknankanon. Desde hacia mucho admiraba a Kiritsugu, una admiración solo igualada a la manera en que veía a su madre. Pero como niño que era, debía buscar su modelo a seguir, y estaba en ellos. En él, ese hombre que de pequeño le contaba historias de los grandes héroes del mundo y llenaba su mundo de fantasía. Eso era lo que buscaba, lo que esperaba en un padre. Era por eso, que asumiría su lugar con su nombre; Mutou ya no seria el apellido con el que se identificaría.


—Otra vez, Yug. ¿A quien estas tratando de invocar? —Jono se cruzó de brazos y pidió una explicación mas clara de lo Yugi había declarado. Yugi nunca se refirió a la existencia de un hermano.

—A mi hermano, Yami.

—No sabia que tenias un hermano.

—Pues si. Murió hace 10 años; no recuerdo mucho como. Según mi padre fue en un accidente aunque no habla mucho de él—explicó escuetamente. Él era muy pequeño para recordarlo.

—¿Y quieres hablar con él? —preguntó extrañado. ¿Por qué hablar con alguien que apenas había conocido?

—Una vez... intenté contactarlo a través de... "nuestro don" pero no funcionó como esperaba. Quedé atrapado y mi abuelo tuvo que traerme de regreso —un gesto de tristeza se dibujó en su rostro al recordar a su abuelo y el costo que tuvo traerlo de regreso.

—¿Quedaste atrapado en el Infierno? ¿Y cómo es ahí? —preguntó

—Nunca llegué a él o no lo recuerdo.

Jono quedó un segundo en silencio mientras analizaba la situación de acuerdo a las palabras de Yugi.

—¿No has pensado que tal vez Yami no quiere ser contactado? —preguntó algo lógico.

—Si, pero... debo intentarlo. Él puede que pueda explicarme mejor como controlar mi magia.


Yami y su madre volvieron a su hogar en la casa Mutou. Al bajar del auto, Yami seguía jugando con su balón nuevo y recordando al niño de cabello gracioso que había conocido; mientras Giovana lo observaba con prudencia. A los ojos de su madre, Yami era aun muy joven para entender lo que ella iba a hacer y aunque sabia que era un brujo talentoso, no tendría oportunidad ante un ataque directo. Debía sacarlo de esa casa; pero solo cuando Kiritsugu tuviese todo listo.

Yami... —llamó a su pequeño antes de entrar a la casa— Necesito que me escuches y hagas lo que te digo ¿esta bien? —le habló con templanza a Yami quien dejó de jugar con su balón al percibir un tono de preocupación, hasta ahora desconocido en su madre— Kiritsugu vendrá a buscarte hoy. Cuando venga a casa quiero que te vayas con él ¿de acuerdo?

¿Y Yugi?

No, Yugi se queda en casa —no era Yugi quien le preocupaba ahora. Sabia que Yugi no correría peligro.

¿Por qué?

No importa —trató de recordarle a Yami que no se preocupara por Yugi— Mantente alejado de Aknankanon; no tomes nada de él. ¿Me entiendes? —le advirtió— Cuando venga Kiritsugu; ten tus cosas preparadas. Te vas con él y no mires atrás —le dijo acariciando los cabellos de Yami que aun la miraba sin comprender.

¿Y tu? —preguntó el niño algo triste. Sin saber porque, parecía que su madre se estaba despidiendo de él.

Tengo... —quería explicarle pero no lo entendería— cosas que hacer. Pero cuando termine iré por ti ¿de acuerdo? —le dijo dándole un beso en la frente a Yami.

Esta bien


—Esta bien, empecemos.

Yugi y Jono pusieron sus dedos indice derecho sobre el apuntador del tablero Ouija y por un segundo cerraron los ojos para ayudar a concentrarse.

—¿Estamos solos? —Yugi haría de médium en la sesión, por lo tanto, preguntó primero.

Jono abrió un poco los ojos, ansioso por ver si se producía algún efecto.

El apuntador permaneció inmóvil

Yugi quedó unos segundos esperando la respuesta que no llegaba.

—Creo que "si" —bromeó Jono soltando una risa ahogada.

—Shhh... —calló a su rubio amigo. No era momento de hacer payasadas.

Jono guardó silencio una vez mas para volver a concentrarse.

El apuntador continuó inmóvil

—Yug... creo que no esta...

—"No" —el marcador se corrió hasta el extremo superior derecho de la tabla hasta posicionarse sobre la respuesta negativa.

Yugi y Jono abrieron los ojos con algo de sorpresa y temor ante lo que había sucedido.

—¿Tu lo hiciste? —preguntó Yugi tartamudeando.

—No tuve nada que ver —deslindó responsabilidad, también con algo pasmado por el acontecimiento. Nunca creyó que las tablas Ouija funcionaran en realidad.

Yugi trató de recuperar el control de la sesión. Si era verdad que habían logrado contactar con un espíritu no quería hacerlo esperar.

—¿Moriste aquí?

—"Si" —el apuntador se movió al extremo opuesto izquierdo.

La emoción en Yugi no podía ser contenida, a pesar de la desafortunada respuesta; de veras había logrado contactar con un espíritu ¿Seria Yami?

—¿Tienes conocimientos de la magia?

—"Si" —el apuntador dio un ligero rodeo sobre la palabra afirmativa para regresar al origen.

—Yami, ¿eres tú? —trató de contener su emoción— Tengo tantas preguntas que hacerte.

El apuntador se soltó de ambos y comenzó a dar vueltas de manera impaciente alrededor del tablero.

—Lo estas haciendo enfurecer, Yug.


El resto del día, Yami lo pasó algo distante. Su madre aun no había regresado; y Kiritsugu no había ido a recogerlo como habían acordado con su madre. El reloj marcaba las once de la noche y el pequeño ojirubí ya se había excusado de la cena, como su madre le advirtió pero no estaba seguro de no haber despertado sospechas en su padre. Ahora estaba sentado en una silla alta de la cocina leyendo uno de sus libros de magia para pasar el rato.

¿Yami? —la voz infantil de Yugi lo sacó de su lectura— ¿Qué pasa? Pareces nervioso.

No —negó tratando de desviar las sospechas—. Estoy bien.

Mirá, preparé leche con chocolate. Tu favorito —le ofreció el pequeño de ojos amatista mientras dejaba un vaso con leche sobre la mesa.

Gracias, Yugi —después de haber esquivado la cena; estaba hambriento. Así que sin pensarlo, dio un sorbo al vaso de leche.

¿A donde fueron con mamá? —preguntó Yugi curioso mientras se sentaba junto a su hermano.

Fuimos... al hospital —contó Yami.

¿Estas enfermo? —preguntó preocupado.

No, es que...— no pudo terminar la frase cuando sintió su vista comenzar distorsionarse; lo atribuyó al cansancio— Yugi... —un extraño entumecimiento comenzó a avanzar por su cuerpo. No era cansancio; estaba mareado, pero ¿por qué? —su vista se dirigió de inmediato al medio vacío vaso de leche. ¿La leche? ¿podía ser? ¿Yugi?

Papa, Yami no se ve bien —el más pequeño llamó a Aknankanon al ver que Yami comenzaba a sentirse mal.

Yugi... estoy algo mareado... —trató de ponerse de pie para ir a su habitación pero sus pasos se debilitaron haciéndolo caer al suelo.

¡Papa! —llamó Yugi mientras salia de la cocina corriendo a buscar a su padre.

Yu... gi... —susurró antes de que se hundiese en la inconsciencia; y Aknankanon sobre él le dedicaba unas últimas palabras.

Lo lamento, niño.


Las luces de las velas comenzaron a menguar, como si una energía furiosa las quisiera apagar. El ambiente se había tornado intranquilo en la habitación donde Yugi y Jono proseguían la invocación..

—Yami, tranquilo. No entiendo que...

El apuntador comenzó a trazar un camino a través del tablero.

—"¡D-e-j-a-d-e-l-l-a-m-a-r-m-e-Y-a-m-i!" —

Jono y Yugi se miraron algo sorprendidos y asustados. Si no era Yami, ¿con quien estaban hablando?

—Esta bien ¿Cómo te llamas? —preguntó finalmente Yugi. Al parecer al espíritu le molestaba ser confundido con otro; y no era para menos.

El apuntador comenzó una vez mas a trazar una nueva cadena de letras.

—"M-a-l-i-k"

—¿Malik? —se preguntó Jono, ahora si, en alerta.

—Malik ¿Conoces a Yami? —preguntó Yugi; tal vez podía acercarlo a su hermano.

—"Si"

—¿Esta allí contigo?

—"No"

Yugi suspiró desilusionado. Estaba tan cerca; pero... si, aun podía lograr algo de ese encuentro. Después de todo, Malik había dicho que conocía de magia.

—Malik, ¿Puedes ayudarme a mejorar mi magia?

—"Si"

—¿Cómo?

—"I-n-t-e-r-c-a-m-b-i-o"

—¿Intercambio?

—"L-i-b-e-r-a-m-e-y-E-n-s-e-ñ-o" —leyó Jono y de inmediato una mueca de terror se dibujó en su rostro.— ¡Yugi! ¡Suelta el maldito tablero! —haciendo uso de su telequinesis, hizo volar el tablero y su ficha a extremos opuestos de la habitación.

La sesión había acabado.

—¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Él estaba ofreciendo su ayuda! —gritó Yugi, reclamándole a Jono lo que había hecho.

—¡A cambio que lo liberes!

—¡Puedo manejarlo! —le recriminó Yugi furioso.

—Yugi, —se rió por la obstinación de su pequeño amigo— ¡nunca hables o hagas tratos con un espíritu que no conoces! —terminó a los gritos tratando de hacer entrar en razón al brujo nigromante.

—¡¿Y que pretendes que haga entonces?! —gritó al borde de las lagrimas inundado por la impotencia— Sabes que no puedo realizar bien los conjuros; y el Ritual de los 7 dará inicio. Sabes lo que pasará si fallo; ¡lo mismo que te pasará a ti!

Jono se quedó un momento viendo a su amigo a los ojos y lo supo. Yugi estaba asustado; enfrentar el Ritual de los 7 era peligroso para un brujo inexperto; él estaba casi seguro que podría superar, aunque sea, 3 de las pruebas ¿pero Yugi? Seria eliminado en la primer ronda si continuaba así. Sabia que Yugi necesitaba ayuda, pero pedirle ayuda a un espíritu era peligroso. ¿Acaso Yugi estaba dispuesto a correr el riesgo para no desprestigiar a su familia?


Despertó...

sus ojos apenas se abrieron, se sentía muy débil al punto casi ni poder moverse. Se encontraba sentado frente a una mesa de madera vieja y corroída por la humedad y, sobre esta, una hoja de papel que parecía ser un pergamino. Observó la fría luz de la lampara que colgaba del techo sobre él en ese oscuro lugar. Las paredes parecían estar embebidas en humedad que esparcía su hedor al ambiente. Unas voces que hablaban entre sí, podía reconocer una de ellas: su padre. La otra era parecida pero era uno tono mas aguda. Trató de moverse para solo descubrir que su cuerpo no le respondía

Es una buena fuente de magia. Casi me sorprende que sea hijo tuyo, hermano —el hombre de voz aguda tomó la mano derecha de Yami y con una daga realizó un ligero corte en la punta del dedo indice del niño.

Parece que despertó. No te esfuerces, niño —apretó la herida haciendo que la sangre de Yami fluyera al exterior—. Tomá —entregó la mano del niño a la otra figura que estaba junto a él.

Yami, haciendo un uso extremo de sus limitadas fuerzas, volteó a ver quien era la figura que ahora sostenía su mano y la acercaba al pergamino frente a él.

Aknankanon usando la sangre de Yami como tinta imprimió el nombre de su hijo al pie del documento: Yami Mutou.

A Bakura le encantará jugar contigo —rió por lo bajo el viejo— Ciertamente hermano, tu regalo no pudo llegar en mejor momento. En un mes es el cumpleaños de Bakura y le prometí que podía tener su primer dador. Espera ver su expresión cuando sepa que es un dador brujo. Estará especialmente feliz y confío en que ayude a desarrollar su poder. Espero que hayas disfrutado tus poderes, niño —le dedicó unos palabras a Yami— ; porque nunca mas volverás a usarlos.

Papá —trató de llamar a su padre; con el ínfimo hilo de voz que sus pulmones le permitían pronunciar.

Que obstinado. Si tanto quieres hablar con tu padre... —tomó al niño, sin nada de cuidado, de la parte atrás del cuello y lo alzó mostrándolo a su padre como si fuese un muñeco— ahí lo tienes.

Yami alzó apenas la vista para ver a su padre que estaba de pie frente a él. No se atrevía a mirarlo a los ojos en ese momento.

Anda hermano. Rompe sus esperanzas; de nada le servirán aquí.

Pa... pá, … por favor... no me abandones. Papá... ¡agh! —gimió de dolor al sentir su cuello ser contraído y unas fugitivas lagrimas comenzaban a caer de sus ojos. Los fríos y esqueléticos dedos de se anciano comprimían los costados de su carótida al punto de querer asfixiarlo; sentía sus uñas enterrarse en la frágil piel de su cuello— ¡Agh! Por favor... ¡ayudame! —pidió.

Aknankanon se quedó allí; mirándolo unos segundos, no había tristeza, remordimiento pero tampoco dicha. Su hijo, ni siquiera su hermano entenderían jamas porque hacia lo que hizo; pero sabia que era lo correcto. ¿Qué era la vida de uno para salvar la de muchos? Con ese pensamiento, volteó la espalda a Yami y salió por la única puerta de la habitación sin siquiera mirar atrás.

Yami lo vio irse; para nunca mas volver a verlo. Sus palabras murieron encerradas en si mismo aquel día.

Al fin pudo poner sus pensamientos en orden. Después de tanto tiempo, al fin podía terminar la frase. No lo hizo en su momento porque era un niño que muy en el fondo albergaba esperanza de ser rescatado. Pero ahora lo entendía; ese dolor que abrigaba en su entonces inocente alma; un dolor apenas igualable al que sintió cuando el fuego se alimentó de él. Diez años de sufrimiento, esperando ilusamente que alguien salvase lo poco que iba quedando de ese niño solo para terminar quemado en la hoguera porque ya no había nada que hacer. Nadie podía salvarlo ya. Ahora solo él podía hacerlo y eso sería cuando aceptase la verdad.

Te odio. ¡Te odio! Son ustedes los que arderán esta vez. ¡Lo juro!

Sentía una vez mas; sentía el odio de haber sido entregado por aquel que alguna vez llamó "padre" la desilusión de haber sido olvidado por quien el consideró su "hermano". La traición de aquellos a quien consideró su familia. Ese frenesí de sentimientos lograron despertarlo de ese sueño eterno en el que había caído. No necesitaba recordar mas, por ahora. No iba permanecer mas tiempo allí. Sus sentidos volvieron a conectarlo al mundo: la fría grava a su alrededor, el olor a humedad de la ciénaga donde había sido enterrado, veía las gotas de lluvia que se filtraban a través de la tierra golpeando la piel de su rostro. Se movió un poco; no estaba a mucha profundidad y la tierra era blanda y fácil de maniobrar. Emergió.

Miró al cielo; la noche, la lluvia que caía sobre él y una sensación de calma, tranquilidad y sosiego lo invadió al punto que una ligera risa escapó de él. Lo había logrado, su habilidad de "Resurgimiento" guió su alma de regreso a su cuerpo; eso significaba que el plan había funcionado; su magia había sido restaurada. Y ahora, al fin...

era libre.


En la casa Mutou, Yugi se preparaba para despedir a Jono en la puerta de su casa. La lluvia aun no paraba de caer y Jono abrió su paraguas para ayudarlo a volver a casa.

—Creo que no invocamos a Yami después de todo... —bromeó el rubio tratando de suavizar la situación.

—No... —negó sonriendo Yugi aun algo triste.

Jono se lanzó a la lluvia y caminó unos pasos cuando en seco se detuvo y volteó a ver a su amigo. Con el ambiente entre ambos mas calmo, Jono no podía sacarse una suposición de su cabeza. No muchas veces entendía las cosas pero esta podía darle una pista a Yugi.

—Yugi, hay algo que no entiendo —le habló en un tono alto para no ser acallado por la lluvia.

—¿Que?

—Sobre tu hermano... Me dices que no lo recuerdas bien porque eras muy pequeño entonces, tu padre no habla de él y cuando intentaste invocarlo... no pudiste —expuso sus pruebas— ¿Cómo estas tan seguro que esta muerto?


De nuevo en la mansión de los Rosenkreuz; el ojiazul se había retirado al interior de la misma y se dedicaba a ver las llamas de la chimenea; sentado cruzado de piernas en el sillón del oscuro salón principal. Su cabeza apoyada sobre su mano derecha parecía perdido en lejanos recuerdos. Ya había pasado mucho tiempo; no estaba en él ser un hombre muy creyente pero confiaba en sus instintos. Estaba seguro que, aquel día en el parque; no era la magia de un simple brujo nigromante lo que había presenciado, sino algo mas.

Fue cuando sucedió; una ráfaga de viento entró en la habitación apagando las llamas de la chimenea y las pocas velas que allí había encendidas. Con un estruendo, las grandes puertas de madera solida y antigua se abrieron de par en par. Seto desvió su atención ante la figura humana que ahora permanecía inmóvil en el umbral de la puerta.

—Volviste, ¿qué te demoró?

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-

Holas a todos! Si, Yami esta vivo! Y tiene un nuevo poder, mas bien una habilidad, pero el hecho de que la tenga no significa que esta a salvo de otros peligros. Aclaro, no todos los que pueden revivir a otros pueden resurgir. Yami se arriesgó. Podía salir bien o salir mal pero no creo que hubiese querido pasar el resto de su vida como esclavo de Bakura... he visto fics así pero este no es el caso. Y en el anime pasó 2000 años encerrado en un rompecabezas; imagino que habrá enloquecido de soledad por eso cuando salió era tan "sádico" al principio; y volviendo al fic, Bakura iba a matarlo de cualquier manera.

Acá he contado un poco la historia de Yami de niño, faltan fragmentos. Así que... díganme que opinan!

Agradecimientos a Liss, TsukihimePrincess, Gracefulmiracle, Alexandria Kousuke, Mayra Niimura, Haneko-chan y Yume por los reviews. Gracias a todas!

Eso es todo por el capitulo 4; no se olviden de dejar review y nos leemos cuando me lean! ;D

Saludos!