Libro I

Capítulo VII

Siente el fuego. Light me up!

Así que tu eres mi esclavo. Que flacucho.

Al escuchar ese comentario, el pequeño ojirubí miró con resentimiento al niño albino frente a él. Bakura lo inspeccionaba a distancia como quien observa a un perro en un refugio esperando a ser adoptado. Yami permanecía sentado inmóvil dentro de esa celda apenas iluminada por un par de velas sobre una pequeña caja de madera que servia como precaria mesa de luz.

Bien, veamos que puedes hacer —sonrió burlón el albino y procedió a abrir la puerta de celda para entrar— ¿Que tal... pyroquinesis? —invocó alzando su puño derecho esperando ansioso que una ráfaga de fuego emanase de este. Yami se retrotrajo un poco, pero nada sucedió.

¡¿Qué te sucede, enano?! —exclamó furioso Bakura— ¡¿Por qué no puedo realizar pyroquinesis?! —reclamó

Nunca aprendí como... —se sinceró despreocupadamente.

¿No sabes...? —se detuvo— ¿Telequinesis? Dos trucos sencillos como esos y no sabes hacerlos? —la ira de Bakura era claramente visible.

Yami solo guardó silencio. A pesar que su magia estaba siendo direccionada hacia Bakura eso no significaba que podía realizar los trucos sin entrenamiento; algo que Bakura se negaría a admitir.

¿Tan inútil eres? —se desquitó injustamente con Yami.

¿Por qué no lo haces tu entonces? —se defendió el ojirubí haciendo notar la falencia del brujo negro.

¡Impertinente! —bramó furioso y dispuesto a demostrar su poder— Te voy a enseñar un truco... que jamas lo vas a olvidar.

Yami no supo porque, de repente, no se sentía bien consigo mismo. Su cuerpo se sentía pesado. Parecía como si alguien estuviese dentro de su mente y no importaba cuanto quisiera moverse, sus articulaciones se mantenían inmutables. La expresión del ojirubí daba muestra de la desesperación que inundaba al pequeño. Vio al brujo negro, este permanecía con su mano derecha alzada hacia él y, cuando supo que su esclavo estaba bajo su control, dibujó una lúgubre sonrisa en su rostro. De repente, la mano derecha de Yami recuperó la movilidad, se movió de una manera mecánica, aunque no obedeciendo a los comandos de su dueño. El menor miró lo que hacia su mano solo para descubrir que esta se encontraba sobre la llama de una de las velas de la celda. Dolía, su mano dolía y él quería retirarla de allí pero algo se lo impedía. No tenia control sobre su mano derecha, tampoco sobre sus cuerdas vocales que ahogaban los gritos desesperados que deseaba dejar escapar.

¿Querías conocer mi habilidad? —preguntó el brujo negro mientras el nigromante sentía sus nervios temblar dentro de sí, alertando que retirara su mano del fuego. Era lo que él deseaba pero...

Esta es mi habilidad. ¡Concilium! —explicó el albino revelando el don de su familia: el control de la mente.

Las lagrimas caían como cascadas de agua de los ojos color rubí. No podía soportarlo mas; sentía como la piel afectada comenzaba a formar una ampolla que ardía hasta el fondo de su médula

¿Qué puede hacer tu "Adivinación" frente a mi don? —se burló el brujo negro una vez mas.

¡Por favor! ¡Detente!—gritó dentro de sí intentando de alguna manera romper el embrujo que el Bakura estaba poniendo sobre él.

Finalmente, el albino liberó a Yami de su control. Aunque sentía que podía mantenerlo aun mas así y una parte de él no quería que su diversión acabase; otra parte sabia que utilizar su don mucho tiempo era agotador.

Yami, al sentir que volvía a tener control sobre si, llevó rápidamente su herida mano hacia su pecho. No quería ver como había quedado solo buscaba algún alivio al recogerla y presionarla contra si. Ahora si, estaba verdaderamente aterrado. No entendía porque ese personaje era tan cruel con él. Bakura se quedó viéndolo un instante. Allí encogido sobre una de las paredes; tan indefenso, tan miserable que lo llenó de satisfacción

Ahora... ¿volverás a desafiarme? —preguntó el albino.

Yami solo permanecía temblando abrazado a su dolorida mano y apartándola de Bakura.

¡¿Escuchas?! ¿Volverás a desafiarme? —volvió a preguntar furioso.

Yami, intentando evitar romper en llanto, solo negó con la cabeza temblando.

¿Eso es un no? No te oigo —azuzó al pequeño dándole una patada en las costillas.

No... —negó sin aire y al borde de las lagrimas.

No ¿que? —quería oír a ese niño. Quería oír su orgullo quebrarse ante él.

No, … señor —dejo escapar en un susurro al sentir los doloridos nervios de su mano. No quería volver a sentir esa sensación

Muy bien.

Se despertó. Su respiración agitada por el horrible recuerdo que aun azotaba sus noches. Miró su mano derecha; aun podía sentirlo, el fuego quemando sus nervios mucho antes de haber sido quemado en la hoguera. A pesar que en su piel no se hallaban rastros de la tortura que sufrió en la casa de los Bakura; su mente, memoriosa y traicionera, escapaba a su control al punto de no lograr distinguir entre el pasado y el presente. La sombra de Bakura lo rodeaba y atormentaba como una herida que se negaba sanar.


Al día siguiente, Seto se encontró con la vacía habitación de su pupilo. Aun era temprano para desayunar y no se encontraba dentro de la casa ¿acaso se habría ido? Dio un vistazo por la ventana y allí estaba; sentado en una de las banquetas del jardín

—¿Yami? —llamó— ¿Que haces aquí?

Yami sonrió al ver al castaño; al parecer lo había hecho enojar, otra vez— Medito.

—Deberías estar practicando —se cruzó de brazos frente a él; haciendo ver su rol y autoridad de maestro.

—Lo hago. Es solo que... —se detuvo y suspiró derrotado— siento que estoy en un callejón sin salida.

Yami guardó silencio y Seto suspiró al entender que una parte de su papel de maestro era darle apoyo a su discípulo. No era su parte favorita pero debía hacerlo.

—¿Una pared te detiene? —preguntó sentándose a un lado de Yami conservando sus ojos cerrados y piernas y brazos cruzados.

—Mi madre me dijo una vez... que donde todos ven una pared... nosotros vemos una puerta. Yo no puedo ver ninguna puerta... solo una inmensa oscura y ciega pared.

—Extraño escuchar eso de alguien que puede hacer transmutación como tu. ¿Para que necesitas puertas, si puedes atravesar las paredes?

—Supongo que la labor del Supremo es crear puertas para los que lo siguen puedan usarlas.

—Seguir al Líder Suenas como si fuésemos una especie de secta —rió irónico por la comparación—. El Líder no debe preocuparse porque los otros lo alcancen; solo debe indicar el camino y los demás, si tienen suerte lo alcanzan. De lo contrario, se quedan atrás.

—Suena a un tirano —se enfadó— Yo no quiero ser un dictador, Seto.

—La magia es como la vida; hay algunos que logran alcanzar sus objetivos otros que los buscan toda su vida pero nunca lo logran. No es el deber del Supremo enseñarles a sus seguidores —intentó explicar aunque sabia que Yami no lo entendería

—¿Y cómo aprendiste tu? Cuando te conocí eras un niño sin conocimiento de la Magia y ahora estas aquí. Alguien debió enseñarte; alguien que no te dejó atrás. Eres un brujo talentoso. ¿Por que no participas en el Ritual?

—Hay cosas que las demás Casas no están dispuestas a aceptar. Su sola mención no haría mas que volverlas subversivas y rebeldes. Que un no-brujo sea el Supremo, es una de ellas —explicó con calma su razón para no participar del Ritual; aunque no era su razón completa.

—¿Un no-brujo? —preguntó asombrado— Eres... ¿un Mago?

Seto solo lo miró; sin afirmar.

—Yo conocí a un Mago una vez —recordó Yami— El Mago es un ilusionista ¿verdad? ¿Debe pronunciar un hechizo cada vez que quiere invocar su magia?

—No, eso es el hechicero.

—¿Entonces?

—Básicamente, —se detuvo a explicar— el Mago necesita una fuente de poder adicional. El truco esta en canalizar el poder de ese objeto para usarlo a voluntad.

—Y ¿cuál es tu objeto? —preguntó algo curioso por la revelación.

—No pienso decírtelo —sonrió y esquivó la pregunta como un niño.

—¿Por qué no? —reclamó haciendo un berrinche.

—Estaría en desventaja y ya te he dicho suficiente —se puso de pie para dar por terminada la charla pero de inmediato se detuvo. Algo no andaba bien, cuando conoció a Yami; él mismo le había dicho que su madre reconoció en él el don de la adivinación. Sin embargo, Yami fue incapaz de saber que él era un Mago. La adivinación le permitía al Supremo indagar en las habilidades de aquellos a su alrededor ¿cómo ignoraba que Seto fuese un Mago? —Haz estado algo retraído ¿Qué te ocurre?

Yami guardó silencio.

—¿Tiene algo que ver con tu adivinación?

—No pensaba decírtelo —se vio atrapado— Tengo algunos problemas con mi adivinación

—¿Algunos? —indagó, si algo sucedía, debía saberlo.

—Todos. Desde hace un tiempo que no puedo realizarla— reveló su verdad. Había perdido su habilidad de adivinación.


Entró a la habitación del Maestro de la Casa Rosenkreuz. Hacia unos días que no lo veía; ni a él ni a su padre, Gozaburo. Era de esperarse ya que estarían muy ocupados recibiendo las postulaciones de los aspirantes al Ritual; y no se equivocaba.

—Ven Seto. Tu también debes oír esto —la voz del Maestro lo invitó a acercarse a la mesa de juntas donde él y Gozaburo revisaban expedientes, papeles, fotografiás y pergaminos.

—¿Quienes son? —preguntó Seto al ver las fotos.

—Los elegidos de las demás Casas —explicó el Maestro.

—¿Tenemos acceso a esta información? —preguntó alzando una de las fotos donde se veía a una joven castaña con traje de bailarina.

—Por supuesto. Alguien debe mediar de juez en este asunto. Pero no es un secreto. Cada Casa ya debe haber enviado a su familiar a espiarse mutuamente, nosotros no seremos la excepción

—¿Creen que sospechen de Yami? —preguntó Seto al entender que los demás se basarían en suposiciones

—No lo creo. Hasta donde sé solo la casa Azabache y Cárdena saben de la existencia de Yami; y es probable que aun piensen que este muerto. Tenemos el factor sorpresa de nuestro lado. Seto, trata de mantenerlo así —explicó Gozaburo mientras encendía un habano.

—¿A quienes tenemos? —preguntó Seto.

—Por la casa Ocre de los Arúspices: Katsuya Jonouchi —introdujo Gozaburo exhalando el humo de su cigarrillo.

—¿Ese perro? —reconoció a ese exasperante y bruto rubio que fue su compañero de escuela un tiempo.

—Se suponía que su hermana iría en su lugar pero recientemente tuvo un accidente. Estará en el hospital unas semanas —dio una pitada a su cigarro— Una sesión espiritista mal ejecutada. La Casa Azul: Anzu Mazaki.

—¿Habilidades? —preguntó el Maestro.

—Las básicas de su Hogar. Cayó en el Ritual por ser la única hija de la Casa; su corazón, por decirlo de alguna manera está en el baile —recalcó Gozaburo mostrando la foto de la castaña probándose un traje de ballet en una tienda.

—¿Una bailarina? —preguntó Seto al ver que no estaban en tan mala posición después de todo.

—¿Qué esperabas? Son brujos blancos. No es una amenaza mayor aunque ya envié a algunos familiares a vigilarla, ver si podemos "torcer" un poco su razón —explicó Gozaburo con un tono intimidante ya que era la parte que mas lo satisfacía de su trabajo

—¿Torcer? —preguntó Seto, sonaba a una amenaza.

—Es un Ritual, Seto. El sabotaje emocional es la única arma que tenemos para ayudar a nuestro elegido —explicó el Maestro—. Y no pienses que seremos los únicos. Asegurate que Bakura se mantenga lejos de Yami. Si siente que esta vivo nos traerá problemas —advirtió a su discípulo

—La Casa Esmeralda: Kujaku Mai. Una bruja pirómana hasta donde sabemos. Una guerrera formidable... pero los guerreros tienen puntos débiles; como todos —. Cambió de expediente y Seto casi reconoció al niño en la foto por la similitud que guardaba con Yami— La Casa Cárdena: Yugi Mutou. Ninguna habilidad hasta el momento, nos informan. Puede ser una gran sorpresa.

—En desventaja y sin embargo, puede ser el único que tenga probabilidades de sacar a Yami de la competencia— confesó su miedo el Maestro.

—Por ultimo, la Casa Carmesí: Marik, Ishizu y su... medio hermano Rishid Ishtar —Gozaburo entregó los tres expedientes.

—¿Marik e Ishizu Ishtar? Los hijos de la décimo-cuarta suprema: Verónica Ishtar —Seto reconoció el apellido de una anterior Suprema.

El Maestro asintió— Oponentes difíciles pero solo uno puede entrar al Ritual. La pregunta es: ¿cuál?

—El Viejo querrá que vaya Marik. Pero arriesgar a su único hijo varón en un patriarcado es una decisión difícil. Si Marik muere, Ishizu, a pesar de ser la primogénita, no podrá ser líder de la Casa Carmesí y su legado se extinguirá —explicó Gozaburo apagando su habano en el cenicero. Para él, era obvio quien representaría a la Casa Carmesí porque entendía el razonamiento del viejo Ishtar; en ese aspecto compartían varias similitudes.

—Míster Ishtar podría evaluar a Ishizu como una digna descendiente de Verónica. Sus habilidades de adivinación son inmensas y la sangre Real es mas poderosa en las descendientes mujeres. Estadísticamente no estamos en ventaja, de 15 lideres en la historia de nuestra Cofradia, 13 han sido mujeres y solo 2 hombres. Sin mencionar que esos 2 casos fueron bajo circunstancias extremadamente especiales —Seto intentó dar por tierra el pensamiento de Gozaburo; a lo que este sonrió maliciosamente al reconocer el reto que representaba su "hijo".

—¿Te basas en las habilidades de adivinación de Ishizu, Seto? No te niego que sean extraordinarias... pero eso no la hace la próxima Suprema —intervino el Maestro; no quería una disputa en su reunión ni en su hogar. Debían estar unidos en este momento para enfrentar a las demás Casas.


La tarde estaba llegando a su fin invitando a la noche a tomar su lugar; en el salón de la casa Rosenkreuz la luz casi se había retirado y las luces del salón aun se encontraban apagadas. Frente a la antigua e imponente chimenea, adornada con dos femeninas estatuas de metal a sus lados; el joven brujo nigromante se encontraba hundido en un libro de hechicería. Las palabras en latín le eran relativamente fáciles de leer aunque todo brujo sabia que el latín era apenas la traducción del lenguaje primordial: arameo sirio. Recordaba el libro que le había regalado su madre para su tercer cumpleaños; de esa manera, aprendió arameo antes de aprender su idioma natal y eso hacia que su magia fuese mas fácil de controlar. Se preguntaba que habría sido de su libro, seguramente su padre lo habría enviado al fuego para deshacerse de todo lo que lo recordase.

—Yami, ¡concentrate! —trató de desviar sus pensamientos de manera de no bloquearse. Era el momento. Cerró el libro, enfocó su atención en una vela que estaba junto él y comenzó a recitar.

Loquor et virtus creandi, tectum et perdition. Invoco, IGNIS!

El pabilo de la vela permaneció inmutable mientras Yami suspiraba desganado.

—¿Qué haces leyendo libros de hechiceros? —la voz de Seto lo interceptó.

—Busco las palabras para invocar fuego —explicó escuetamente sabiendo el regaño que vendría por parte de su maestro.

—Sabes que no puedes pronunciar hechizos durante el ritual ¿no? —recordó lo obvio. Solo había una prueba en la cual se podía invocar un hechizo; quizás una de las mas peligrosas y por eso no creía que fuese, en este momento, la que su pupilo estaba intentando realizar.

—Lo sé. Pero, tal vez, si puedo lograrlo una vez, la próxima podré hacerlo sin el hechizo —explicó su razonamiento; que al parecer no parecía estar dando resultado— Es inútil. Puedo leer libros antiguos, tele-transportarme, traerme de regreso de la muerte; pero no puedo hacer que esta vela se encienda —. Suspiró lanzando su libro a un costado— ¿Tu puedes hacerlo?

Seto, como si nada, dio un ligero chasquido con sus dedos y el pabilo de la vela se encendió sin ningún esfuerzo haciendo que Yami se sintiera aun peor.

—Pyroquinesis junto a la teléquinesis, son la representación de la fuerza de ataque de todo brujo. Tienes buenas técnicas defensa; te falta ataque. Eso solo puede deberse a dos razones: falta de técnica, —se sentó junto a Yami para explicar la teoría— no creo que sea tu caso, o miedo— se detuvo al ver la expresión culpable de Yami— ¿Tienes miedo de crear fuego?

Yami recordó su pequeño incidente con el fuego y Bakura... ¿acaso sus sueños y recuerdos se estaban colando en su subconsciente? ¿por eso no podía realizar pyroquinesis? Negó simplemente, sin decir nada. No quería que Seto estuviese al tanto de esos oscuros momentos de su vida. Aun no conocía del todo al castaño, él era fuerte y orgulloso; seguro se reiría de lo patético que sonaría

—Si, y creo que sacrificarme en la hoguera no ayudó tampoco —esquivó con una fingida sonrisa—. ¿Tienes algún consejo para tu alumno?

Seto cerró sus ojos y sonrió. No necesitaba ser psíquico para saber que Yami le estaba ocultando algo y que muy probablemente tenia que ver con Bakura. Aunque se hubiese quemado en la hoguera, eso era solo para romper el control que los Bakura habían impuesto sobre su cuerpo, su mente aun era susceptible a las secuelas de ese secuestro pero si Yami no estaba dispuesto a sincerarse con él, entonces no podía obligarlo. Él también guardaba sus propios secretos; cada casa tenia sus rituales, sus sacrificios internos y la Casa Rosenkreuz no escapaba a la regla.

—El fuego no siempre es una acto de ataque. Creo que tu motivación son las emociones; aunque no las muestres... se manifiestan a través de tu poder —le dio una ligera ayuda en forma de acertijo.

—¿Te refieres? ¿A que inconscientemente puedo crear fuego?

—Solo necesitas un aliciente

—¿Un ataque dices?

—Podría ser —dijo fingiendo un aire dubitativo que logró engañar al ojirubí.

Yami sonrió y se preparó poniéndose de frente al castaño —Bien, dame tu mejor golpe —desafió listo para afrontar cualquier ataque que Seto intentase

El castaño lo observó de arriba a abajo, detenidamente. Debía estudiar bien a su objetivo antes de atacar; esa era su regla. Yami era un principiante y por lo tanto, susceptible a las manos de un experto. Seria una jugada fácil, rápida y... vengativa.

Atacó rápidamente de una manera que tomó al ojirubí de sorpresa; al sentir los labios del castaño sobre los suyos. Yami retrocedió producto del impulso del cuerpo del mayor sobre él y quedó de espaldas al suelo sin ningún esfuerzo adicional. La mente de Yami aun no salia de su sorpresa; cosa que Seto aprovechó para aprisionar su cuerpo con el peso del suyo. El ojirubí se sentía encerrado y no le gustaba sentirse así. Con sus brazos, intentó alejar al otro de sí pero para su sorpresa las frías manos de estatuas de metal que estaban junto a la chimenea se habían unido al ataque de Seto, movidas por la telequinesis del ojiazul, y ahora se dedicaban a sujetar al ojirubí de las muñecas. Yami miró a sus lados desesperado al sentir las exploradoras manos del castaño colarse bajo su camisa y comenzar a acariciar su piel. Intentó alejar al otro una vez mas, esta vez con sus piernas, pero fue inútil ya que al abrirlas le dio el lugar indicado para que Seto se posicionara entre ellas. Estaba atrapado.

—¿Seto? —murmuró ahogando un gemido.

Yami intentó llamar la atención del castaño y que este se detuviese; pero lo único que provocó fue que el ojiazul se lanzara a besar con lujuria la piel del cuello de su estudiante. Sentía el calor, un calor, hasta ahora desconocido, comenzar a crecer dentro de él, a fluir a través de sus venas con cada beso, con cada caricia que el castaño depositaba sobre sus puntos mas sensibles. El cuerpo del mayor se frotaba contra el suyo, y él aun con sus manos atadas sin poder hacer nada mas que gemir extasiado al sentir las manos juguetonas del otro rozar sugestivamente sus caderas para luego bajar un poco mas ejerciendo una ligera presión sobre su hombría. Esa sensación, como de costilla torturante y a la vez deliciosa que hacia hervir su sangre. Su respiración se hizo mas profunda y rápida por los latidos de su corazón acelerado. Podía sentirlo, el fuego, el fuego fruto del instinto primitivo y salvaje que dormía dentro de él y ahora emanaba ardiente e impulsivo esperando que el castaño le enseñara el significado del acto carnal.

Seto alzó un poco la vista, al ver el rostro de Yami, ahora iluminado por la luz del fuego de la chimenea que se encontraba encendida y fogosa como una muestra del estado en el que se encontraba su pequeño y reluciente amante.

—¿Te encendiste? —preguntó con una sonrisa en sus labios.

—Ya lo creo— respondió con su respiración agitada, sus ojos cerrados y unas gotas de transpiración corriendo por su frente.

Seto notó al instante que las velas del salón se encontraban todas encendidas como animando el ambiente de una velada romántica. El poder de Yami era verdaderamente sorprendente aunque ahora que ya había logrado su objetivo y, paralelamente había atraído a su estudiante hacia sus redes, podía darse un descanso después de un trabajo bien hecho.


Al otro lado de la ciudad, en el olvidado castillo ingles; el joven albino de piel tostada miraba el interior de una de las esferas de cristal que guardaba entre sus posesiones. Había sentido algo, algo que tenia que ver con ese brujito nigromante. Ryou lo observaba algo asustado; él también lo había sentido; hacia días atrás y todo ese tiempo deseó que solamente él lo hiciese pero... sabía que su hermano también lo haría.. no por su habilidad de adivinación, que era prácticamente nula, sino por los trucos que guardaba bajo su poder. Bakura comenzó a reírse de una manera casi enfermiza.

—Hermano... —tragó saliva al ver que no importaba lo que dijese Bakura ya lo sabía.

—Lo has visto ¿no? Mi mascota esta viva—

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Holas a todos y bienvenidos al capitulo 7. Después de ver Batman v Superman tengo este capitulo -bueno en realidad la ví el jueves- y... me amargó el argumento! tantos efectos y un argumento con tantos plot-holes, AGH! -sale gritando- Lo tenian ahi y lo arruinaron! Bueno ya esta! Escuadron Suicida y YGO Movie! Here we go! y mas vale que tenga prideshipping!

Eh... no tengo mucho que aclarar en este capitulo, ya conocen a los que serán lo rivales de Yami. Todos conocidos y la relación de Seto con Yami va avanzando aunque, ... no va a ser tan facíl... mujaja en el proximo capítulo Bakura y Malik vuelven a escena a hacer lo que mejor saben; OK Malik va a tener un papel especial. Pasemos a los agradecimientos. Gracias a mis dear reviewers y paso a responder algunas cosillas:

mariposa de cristal, mmm si. Yugi aun puede intentar dialogar con él, Yami esta algo inestable en ese sentido, hay que esperar a ver como resolverá.

TsukihimePrincess, ¿te parece que el trato con Malik fue una locura? pero me parece que en el capitulo 4 me comentaste que lo liberarías a Malik igual sin importar el riesgo 0.0

Alexandria Kousuke, jaja ya sabes demasiado y para contestar todo eso voy a tener que hacer una secuela del fic. x.x

Yume, gracias por el feliz cumple, jaja si aunque es el tío Melvin. ;D

Grax a todas por comentar!

Y me voy despidiendo, ya saben: si les gustó dejen review y nos leemos cuando me lean.

Saludos!