Notas iniciales: Hola! Nuevo capitulo y voy a poner una aclaración para entrar en ambiente, solo por esta vez. La canción que canta Yami es un fragmento de Una Noche Para Recordar; una canción de cuna presente en el -amazing- video-juego para PS4 jajaja Witcher 3. Les dejo el enlace si quieren escucharla youtube_watch?v=JFUsPfuwjpw -recuerden reemplazar el _ por la barra famosa de internet- y al capítulo.
Libro I
Capítulo X
Exorcismo – parte II
—¿Cuál es la situación? —habló uno de los integrantes del grupo SWAT que estaba al mando del extraño suceso que por esas horas acontecía en Domino.
—Un campo electromagnético rodea el centro de la ciudad. Perdimos toda comunicación con la zona —respondió uno de los encargados de inteligencia.
—Quiero un perímetro. Nadie entra y nadie sale sin autorización.
En las afueras de la Mansión Rosenkreuz, el joven castaño se encontraba inconsciente sobre la calcinada grava del patio interior; envuelto en su abrigo que había servido de protección contra las llamas de la explosión. O al menos eso parecía.
—¡Señor Kaiba! ¿Está usted bien? —la voz de su guardaespaldas lo sacó de su estado de ensoñación; abriendo los ojos al cielo ennegrecido sobre él.
—Isono —se incorporó sujetado su cabeza tratando de recordar los sucesos que derivaron en la destrucción de una facción de la Casa Rosenkreuz pero al ver el fuego emanar del interior de la mansión a través de las ahora derrumbadas paredes, consumiendo la madera de los sótanos; la explicación se resumió en un solo nombre: "Yami"—, trae el auto y el equipo —ordenó a su asistente al tiempo que se ponía de pie casi sin dificultad.
—Si, señor Kaiba. El auto está preparado. Las balas de polvo de plata están en la guantera —afirmó abriendo la puerta trasera de la limusina.
—Llevaré una como seguro —declaró al tiempo que recargaba la única recamara vacía del tambor de su revolver, esta vez, con una de polvo de plata—. Espero no tener que usarla —afirmó antes de cerrar el circuito de su compañera de hierro.
Tendría 7 balas para hacer entrar en razón a Yami. La octava bala podría debilitarlo, torturarlo y finalmente matarlo.
—El Maestro ha quedado fuera del campo. No tenemos comunicación con el exterior —explicó Isono mientras ponía en marcha el auto.
—Lo sé —respondió—. He leído acerca de esta clase de mundos alternos: Shadow Realms.
Seto conocía, por libros, la habilidad de los brujos Nigromantes y su capacidad de crear Shadow Realms; mundos donde el brujo en cuestión ejercía sus reglas y voluntad sobre quienes quedasen atrapados dentro. Claro, el brujo debía ser extremadamente diestro en el arte o podía quedar prisionero dentro de su fantasía. Miró a través de las ventanas del auto; el mundo se encontraba embebido en una espesa bruma purpura que no dejaba ver mas allá de unos cuantos metros. Nada se escuchaba, ni las risas de los niños en el parque ni los gritos desgarradores pidiendo auxilio; nada, solo el sonido del motor del auto que los transportaba.
—¿Que habrá sucedido con las personas, señor Kaiba? —preguntó Isono como adivinando los pensamientos del castaño.
—No lo sé aun.
—Debemos buscar al responsable —aseguró dando ahínco a la tarea del Cazador.
—Sé hacia donde se dirige. A la casa Mutou, y apresurate.
No lejos de allí, el joven ojirubí avanzaba, a paso lento pero constante a través del parque entonando una simple melodía que rompía el silencio a su lúgubre rededor.
"Mi linda muñeca, cierra los ojos.
Duerme, no llores
que el brujo frío y sin corazon,
pagado con moneda de oro.
Te cortará en pedazos,
rebanará, picará
y te comerá.
Te comerá."
La canción continuó, tenue pero hallando un tétrico eco que la volvía un presagio funesto del futuro.
Estando a solo pasos de su objetivo: la Casa Mutou, Yami se detuvo a una prudente distancia. Había algo allí, entre él y su objetivo, un campo de protección invisible que no le permitía avanzar. Sonrió con amargura al recordar cuando era niño y ese monstruo lo perseguía a través de la nieve; aquella vez, estuvo tan cerca de llegar a su hogar pero 'esto' seguramente le hubiese impedido el paso.
—¿Una barrera, Yugi? —preguntó divertido. No podía creer que su hermano fuese capaz de colocar escudos. Dio una semi vuelta, analizando una estrategia para llegar hasta su "querido" hermano.
—¡Pon las manos en la cabeza! —la voz de alto a sus lados lo hizo voltear algo agobiado por la interrupción.
Era un policía, dos en realidad, uno a su izquierda y otro a su derecha a unos 3 metros él. Lo apuntaban con unas pistolas negras semi-automaticas mientras iban acercándose a él. Que inoportuno.
—¡Pon las manos en la cabeza! —volvió a gritar el oficial.
—No tengo tiempo para esto —declaró enfrentando al policía de la derecha, acercándose a él sin importarle que disparase.
—¡Detente! —la última orden, que Yami desobedeció.
El sonido del fusil resonó y su propietario quedo congelado al ver que el joven se había desvanecido en la nada y la bala, al no encontrar su principal objetivo, impactó en su compañero que estaba frente a él. El segundo oficial cayó al suelo, muerto al instante mientra el primero veía con horror la escena. Como una falla hacia su juramento, hacia su amigo y hacia él, tomó su arma y posicionó el caño aun caliente sobre su propia sien.
El segundo disparo se escuchó.
Yami permaneció ahí, inmutable ante los cuerpos de los que lo habían acorralado. Llamó su atención ese acto del último policía en pie. ¿De veras se había suicidado por haber matado a un compañero? Y ¿acaso era su culpa?
...
No...
No lo era.
Justificando su inocencia por la conveniencia de la situación; Yami se arrodilló junto a los cuerpos y mantuvo su cabeza gacha. Un ligero susurro comenzó a oírse, un susurro que se volvía profundo y rápidamente era transportado por el aire a su alrededor.
Aquellas palabras resonaban en una frecuencia que podría haber pasado inadvertida para la mayoría de las personas, e incluso para los magos y brujos mas experimentados pero no para él. Sus sentidos, aunque latentes, no podían ignorar ese evocación que indicaba la presencia de un brujo nigromante en las cercanías Yugi, lentamente, dejó su libro, objeto de estudio de las artes ocultas; subió las escaleras del sótano y se dirigió al salón principal. Sin mucho reparo, abrió la puerta del frente de la casa. Le sorprendió ver el aciago paisaje exterior, ya que había permanecido ajeno a los sucedía fuera de su hogar, pero de inmediato lo atribuyo al poder de su contratarte
—Sé que estas ahí —desafió al brujo sabiendo que este lo escucharía como él lo hacia—. Percibo tu aura, brujo Nigromante. ¡Muéstrate!
Como obedeciendo a sus deseos, la niebla frente a él se disipó. Yugi no podía creer quien estaba frente a él. ¿Era acaso el espejo representando una visión adulta de él? Un fantasma del pasado que retornaba como una respuesta a su anhelo de comunicarse con su hermano. Yugi no lo sabia; entendía que debía ser cuidadoso pero ¿y si era él? ¿ese hermano desaparecido que tanto deseaba encontrar?
—¿Yami? —tartamudeó.
El aludido conservó su lugar dibujando una sádica sonrisa en sus labios; expresión que Yugi decidió ignorar.
—Yugi, dejame pasar —pidió casi en un susurro.
Yugi adelantó unos pasos, embebido en entusiasmo y esperanza cuando algo lo obligó a detenerse en seco; algo que no podía ignorar: los cuerpos de los policías asesinados tras su hermano.
—¿Yami? —trató de enmascarar su miedo— ¿Tu causaste todo esto? —enfrentó a aquella presencia.
—Yugi... ven, acercate y te lo explicaré —pidió nuevamente el mayor.
El ojiamatista retrocedió. Su sosiego desaparecido al darse cuenta de la verdad. ¿Era posible que alguna de las invocaciones de la tabla Ouija hayan traído a su mundo una versión retorcida de quien fue su hermano?
—¿Quién eres? No eres el Yami que yo conocía ¡Dime tu nombre espíritu! —tomó valor para enfrentar al demonio frente a él.
Yami sonrió una vez mas esta vez sin poder contener la risa que su pequeño y patético hermano le causaba.
—Mi nombre es Yami Mutou. Hijo de Giovanna Illustrius, heredero de la Casa Cárdena —exclamó altivo y orgulloso, tal y como Yugi lo recordaba— y, muy a mi pesar, hermano de Yugi Mutou —terminó con hiel en su voz.
El menor sintió su corazón encogerse al entender la verdad. No era ningún espíritu descarriado el que se presentaba ante él con la imagen de su hermano. Ese era Yami, y la decepción era mucha.
—¿Eres tu entonces? Yami —sollozó en silencio escondiendo sus ojos bajos sus mechones cabello rubio—, ¿dónde estuviste todo este tiempo? Y... ¿Por qué regresas ahora de esta manera?
Esta ultima pregunto, despertó desconfianza en el ojirubí.
—Creí que habrías cambiado —explicó Yugi por lo bajo— ¡Que habrías madurado! —exclamó alzando su vista, nublada por lagrimas, no de miedo ni tristeza sino de furia y frustración— pero no es verdad. Sigues siendo el mismo niño mimado tirando de la falda de mama. El consentido de la Suprema. Tu no eres el heredero de la Casa Cárdena Nunca fue tu destino serlo, Yami Emiya.
Esa declaración sacó a Yami de sí. Sin mediar palabra desató su piroquinesis contra Yugi quien solo cerró los ojos suplicando que su plan funcionase; y en efecto, la barrera de la Casa Mutou que separaba a ambos hermanos permaneció, intangible pero pragmática, al deshacer la piroquinesis de Yami antes que pudiese dañar a Yugi.
—¡Maldito! —siseó Yami al ver su poder atenuado por una repugnante barrera.
—No puedes cruzar la barrera de la Casa Mutou —dijo sin esconder su sonrisa triunfal—. La Casa no te reconoce como parte de ella, sino como un enemigo.
Yami bajó sus manos pero lejos estaba de rendirse.
—Olvidas algo, pequeño Yugi —dijo por lo bajo— La Casa Mutou se construyó sobre magia nigromante y nada impide que los no muertos entren en ella.
—¿A qué te refieres? —preguntó Yugi sin comprender a lo que Yami respondió con una sonrisa, apartándose Fue cuando el menor vio que los cuerpos de los policías abatidos que estaban tras Yami habían desaparecido.
—¿Dónde? —preguntó anonadado antes de sentir unas manos sujetarlos por detrás
Yugi miró a sus captores, efectivamente. Los cuerpos reanimados, como zombis, de los policías muertos lo tenían aprisionado y lentamente comenzaban a empujarlo fuera de la barrera.
—Si no me dejas entrar, entonces ¡Sal aquí! —gritó Yami afianzando su hechizo de control nigromante sobre sus victimas.
El menor trataba con todas sus fuerzas de tirar de si mismo para mantenerse dentro de la barrera; sabia que si salia de ella no tendría oportunidad contra su hermano.
—¡Yami! ¡Detente! ¡Deténganse! —trató de bloquear el hechizo de Yami con uno propio pero aun no tenia experiencia suficiente.
Fue entonces cuando, frente al asombro de Yugi y Yami, los zombis comenzaron a levitar dejando a Yugi libre -y a salvo- para luego salir despedidos hacia las paredes de la casa Mutou tras ellos.
Ninguno de los dos hermanos entendía lo que sucedía.
—¿Qué pasa Yugi? ¿No me invitas a las fiestas de la Casa Mutou? —
—¡Jonouchi! —exclamó Yugi con alegría al reconocer la familiar voz de su rubio amigo; la cual le devolvió el alma al cuerpo.
—Entrometido... —siseó Yami, fastidiado por la interrupción.
El ojirubí observó a sus lados, buscando en la espesa niebla al molesto brujo que se atrevía a desafiarlo interponiéndose entre él y Yugi —¿Te escondes entre las sombras? Voy a encontrarte... —amenazó atrayendo hacia si mismo algunos objetos pequeños de metal que se encontraban en las cercanías, haciéndolos levitar a su alrededor.
—¡Jonouchi! ¡Ten cuidado! —advirtió el ojiamatista tratando de prevenir a Jonouchi para que no atacara atolondradamente como solía hacerlo.
—Así que tu eres el famoso hermano de Yugi. Él que tanto quería reencontrar
El Nigromante proyectó algunos de los objetos de metal hacia donde suponía era de donde provenía la voz de Jonouchi dentro de la bruma y esperó...
—¿Telequinesis? Vaya. Tienes habilidad, aunque como novato.
Yami volvió a disparar algunos de sus proyectiles, esta vez en dirección opuesta a la anterior.
—¡Sal de ahí! —gritó furioso esta vez.
—¡Oye! ¡Oye! No hay que ponerse cascarrabias. ¿Por qué no te calmas y hablamos de esto?
—¡No tenemos nada de que hablar! ¡No me conoces!— esta vez, Yami reservó sus balas al entender que el rubio lo estaba haciendo desprender de su munición.
—¿Te hice enojar? La verdad, que con una fama como la que te ha hecho tu hermano, me es difícil creer que vuelves para hacerle daño. Eso es verdaderamente patético
—¡Te haré tragar tus palabras! —no pudo contenerse y dirigió sus últimas municiones hacia todas direcciones con la esperanza que una encontrara a su objetivo.
—Una jugada arriesgada, brujo nigromante. Podrías haber herido a alguien pero... —Jonouchi apareció de entre la niebla con su mano derecha apenas extendida y levitando sobre esta, todas y cada una de los proyectiles que Yami le haba aventado —la Telequinesis es mi área
—¡Tu! —Yami estaba asombrado, no por lo que su enemigo logró sino porque... lo reconocía Era él, ese niño rubio que alejó a Yugi de su lado.
Antes de que Jonouchi respondiese. Usando su telequinesis empujó a Yami hasta un metálico contenedor de basura que estaba en las cercanías y que, astutamente, había trasladado y posicionado en vertical, con la tapa abierta, detrás del nigromante sin que este se diese cuenta.
La espalda del ojirubí golpeó rudamente contra el frío y duro metal de la base del contenedor y, antes de que pudiese incorporarse, la tapa de este se cerró aprisionándolo Jonouchi, utilizando los objetos de metal que hubo obtenido de Yami como remaches, selló la tapa del contenedor asegurándose que Yami quedase atrapado dentro. Jono observó su trabajo, muy satisfecho de sí mismo.
—¡Jono! —llamó Yugi —¿Qué estas haciendo aquí?
—¿Esa es alguna forma de agradecimiento? —preguntó rascando su cabeza.
—Jonouchi, ¿qué haces aquí? —volvió a preguntar el pequeño, quería despejar la duda que aun guardaba en su pecho.
—Pues bien. Estaba cerca de aquí cuando comenzó todo esto. Vine a ver si sabias lo que estaba ocurriendo y... el resto ya lo sabes —trató de ocultar que estaba preocupado por el pequeño brujito.
—Jono, gracias —agradeció de corazón la amistad que compartía con Jonouchi.
—Y que lo digas. Así que este ese es tu hermano— observó el contenedor que servia de prisión de Yami— y sus secuaces —volteó a ver los cuerpos sin vida tras ellos.
—Son zombis, Jonouchi.
—¿Zombies? —exclamó algo aterrado, impresionado y asqueado a la vez.
—Son los sirvientes de Yami —explicó Yugi. Su hermano era un verdadero brujo nigromante
—¿Puede resucitar a los muertos? —volvió a preguntar el rubio impresionado.
—No, solo reanimarlos temporalmente. Necromancia —explicó la habilidad de la magia que guardaba su familia.
Yugi cruzó la barrera que protegía a la casa Mutou acercándose al contenedor, confiado de que su hermano estaría controlado ahí dentro.
—¿Ese es tu famoso hermano? —se adelantó el rubio cruzándose de brazos.
—Así parece
—¿Y qué pasó? ¿Dónde estuvo todo este tiempo? ¿Qué sucedió entre ustedes?
—No lo sé; habrá que preguntarle
—¿Sacarlo de ahí? ¡¿Estas loco?! —exclamó el rubio ante la loca idea de Yugi.
—Debemos obtener respuestas, Jono.
—Yugi, tu hermano está demente. Hundió a la ciudad en esta niebla, mató a esos policías y... los convirtió en zombis; sin mencionar que intentó matarte.
—Y debemos saber porque para que termine con este hechizo.
—Yugi ¿por qué no esperamos a que vengan los brujos mas... experimentados?
—Lo mataran, Jonouchi.
—¿No es mejor a que él nos mate a nosotros?
—Mira... —la discusión se detuvo cuando un fuerte ruido del metal siendo azotado retumbó en el aire. Ambos brujos voltearon a chequear el origen del tronido: el interior del contenedor junto a ellos.
Otro golpe resonó en el ambiente, y esta vez, la puerta de contención que había construido Jonouchi para atrapar al brujo cedió su fortaleza dejando libre a su prisionero. Yami salió de su encierro y miró de reojo a ambos brujos para luego sonreír obscuramente.
—¿Quién demonios eres? —preguntó Jonouchi aun incrédulo ante lo presenciado: ese nigromante... no era normal.
—Así que Jonouchi —habló al fin Yami—. Debo agradecerte, ya que has logrado sacar a Yugi de su fortaleza.
—Oh no —exclamó Yugi al reparar en la afirmación de Yami. Estaban a unos 20 metros de la Casa Mutuo y, para desgracia, Yami ahora se interponía entre ellos y la protección de su hogar.
—Oh si —dijo Yami con una sádica sonrisa en sus labios —ahora... —expandió sus manos a los lados— ¡mueran!
Una oleada de fuego envolvió a Yugi y Jonouchi ante la satisfecha vista del ojirubí; pero esta fue rápidamente extinguida por una fuerza externa y re-direccionada hacia el nigromante.
—¡Jono! ¿Estas bien? —preguntó Yugi angustiado.
—Si —respondió Jono verificando que el mismo no estuviese calcinado en uno de sus miembros —¡Estamos bien! —gritó de alegría y escepticismo.
—Alguien atrapó el fuego.
—Es un poco temprano para Halloween ¿no? —una voz adulta femenina se hizo eco en la negrura de la bruma— Crear un Shadow Realm para matar a dos brujos menores es algo vergonzoso para un brujo de categoría. Si quieres pelear —la dueña de la voz se reveló como una joven bruja rubia de ojos color amatista, piel blanca y con un ajustado atuendo por vestuario— ¿porque no te metes con alguien de tu tamaño?
—¿Quién eres? —preguntó Yami aun furioso por la interrupción.
—Mi nombre es Kujaku Mai, Heredera de la Casa Esmeralda —se presentó la bruja rubia recién llegada.
—¿La Casa Esmeralda? —exclamaron Yugi y Jonouchi al unisono. Nunca habían conocido a ningún brujo de dicho hogar.
—¡No te metas en lo que no te importa, bruja amazónica! —advirtió Yami colérico.
—Tu eres Yami Mutou. ¿No es cierto? El representante de la Casa Rosenkreuz en el Ritual de los 7 —reconoció la bruja amazónica a su oponente.
—¿Representante? —Yugi no entendía lo que sucedía.
Yami sonrió al entender que la rubia tenia información de él.
—¿Y qué si lo soy? —desafió Yami.
—Ambos somos representantes de nuestros Hogares —explicó Mai—. Nuestro destino será pelear, tarde o temprano. La pregunta es ¿Te mato en el Ritual o te mato ahora? Creo que iré adelantando el trabajo y te mataré ahora, a menos, que decidas desintegrar este Shadow Realm y retirarte.
—Eres muy confiada, bruja amazónica ¿Qué te hace pensar que puedes matarme?
—¡Mai! ¡Debemos ir hasta la Casa Mutou! ¡Es el único lugar a salvo de su magia! —gritó el rubio, quien, por alguna razón, sentía una cierta atracción por la bruja amazónica.
—¡Pues vayan niños! —exclamó la bruja con una sonrisa socarrona—. No le tengo miedo a la magia de un Nigromante —permaneció en su lugar, enfrentando a Yami.
—Yugi, andando —alertó Jono a Yugi que debían ir hacia la casa. Esa pelea los sobrepasaba.
—¡Alto! —ordenó Yami. Sin moverse un ápice, levanto un muro de fuego de un metro de alto alrededor de la Casa Mutou bloqueandoles el paso a Jono y Yugi.
—¿Qué demonios? —apartó a Yugi del fuego manifestado de la nada.
Yugi observó a su hermano, esta vez con verdadero terror.
—¿No te gusta el fuego, Yugi? Duele... pero es muy cálido —el nigromante le dedicó unas palabras a su pequeño hermano. Una sonrisa cálida y una mirada que reflejaba la carencia de alma en el brillo de sus ojos, heló la sangre del pequeño de cabellos tricolores
—Vamos Yugi. Hay que buscar otro camino —Jono tomó a Yugi de la mano, alejándolo de la vista del nigromante.
Ambos oponentes, Yami y Mai, permanecieron unos segundos estudiándose. La rubia sonrió sarcástica al saberse examinada por el Nigromante y al mismo tiempo, la idea de una batalla mágica simplemente era demasiado excitante para poder ignorarla. Yami permaneció unos segundos mas... debía probar que tan hábil era esa bruja y solo había una forma de comprobarlo. Sin más, atacó.
Mai permaneció y de inmediato invocó su piroquinesis para repeler al brujo. Yami aun no tenia habilidad suficiente para contenerlo pero; Mai al revelarse Heredera de la Casa Esmeralda era obvio que su habilidad residía en la piroquinesis, un arte que Yami apenas había empezado a dominar. La fuerza de ataque de la piroquinesis era tremenda y peligrosa para atacar a corta distancia, para arremeter contra la rubia debía apelar al factor sorpresa; siempre y cuando esas dos escusas de brujo: Yugi y Jonouchi no se entrometieran. A tiempo, Yami esquivó el ataque desvaneciéndose en el aire dejando a la bruja algo perpleja cuando sintió un fuerte empujón tras ella que la dejó no menos furiosa sino que también a la defensiva. Invocando su piroquinesis se envolvió a si misma en un circulo de fuego para prevenir que el Nigromante se le acercara.
Yami parecía haber desaparecido o muerto carbonizado en el circulo de fuego; idea que Mai desechó al instante al no ver ningún cuerpo carbonizado a su alrededor; sino una enorme quietud en un océano de bruma.
—Se esconde entre las sombras... —advirtió furiosa poniéndose en posición defensiva.
La calma era intranquila; la bruja sabia que el Nigromante podía tomarla por sorpresa pero ella también tenia sus trucos...
—Muy astuto. Pero ese juego no te servirá ¡Harpie!—alzó su brazo derecho al cielo invocando a su fiel compañero. El grito de una ave se escuchó y luego se hizo tangible en la forma de una pequeña urraca de plumas negras, un peculiar blanco en las puntas de sus alas y una pequeña armadura de diamante recubriendo su pico.
—¡Buscalo! —ordenó la rubia, a lo que el ave se adentró en la neblina como si no dudase de la ubicación exacta del enemigo.
—¡Ahí estas! —gritó la bruja e invocó su tormenta de fuego una vez mas abriendo un camino a través de la bruma. Ella avanzó corriendo tras este, desenvainando una pequeña daga hecha de plata que luego aventó frente a ella. La daga viajó a toda velocidad; Yami, una vez mas, había logrado esquivar el fuego pero no esperaba lo que venia tras este. El ojirubí alzó su mano derecha hacia la bruja con la intensión de atacar con su piroquinesis cuando la daga encontró su objetivo enterrándose en la mano derecha del Nigromante previniendo que el fuego se liberara.
Un gemido de dolor se hizo eco en el silencio que fue seguido por el golpeteo de una gotas de sangre sobre el pavimento. Yami sostenía su mano herida tratando de contener el dolor que ese estigma le provocaba. Su mano derecha, herida una vez mas como aquella vez... la mueca de dolor se transformó en odio al recordar a Bakura. Alzó la vista a ver a la enemiga que lo había flagelado.
—Bruja... —susurró por lo bajo— ¡Pagaras por esto!
A unos metros, Jono trataba de encontrar una forma de atravesar el umbral apartando con su telequinesis el origen del fuego pero este se negaba a ceder.
—Jono ¡mira! —advirtió Yugi a su amigo, alejándolo de su tarea.
Yami arrancó el puñal de la carne de su mano; su ira nuevamente manifestada y alzando apenas la vista a su oponente: la orden fue clara.
—¡Matenla! —ordenó a viva voz a sus súbditos del mas allá.
Mai, confusa ante el hecho, no se dio cuenta de los cuerpos reanimados que ahora la tenían rodeada y sometida.
—¿Qué es esto? —exclamó aun confundida sintiendo como las manos de esos soldados la sujetaban impidiéndole realzar su piroquinesis.
—¡Harpie! —llamó a su compañero quien de inmediato se manifestó, volando a toda velocidad, adentrándose dentro del globo ocular de uno de los policías finados que retenían a Mai. Este, para sorpresa de la bruja, no cedió en su ataque, ni siquiera pareció haber sentido al ave extraer su ojo de cuajo y entonces, ella entendió porque— No puede ser... están muertos.
—¡Mai! —Jonouchi no pudo contenerse y salió a toda risa a ayudar a la bruja dejando a Yugi atrás.
—Jonouchi... —susurró la bruja al ver al rubio intentando liberarla de los zombies—. No seas tonto ¡Tiene el puñal de plata! —advirtió la rubia para que este recordase que Yugi estaba en peligro.
—¡Yugi! ¡Va detrás de ti! —advirtió Jonouchi a su amigo
—Jonouchi —Yugi volteo asustado a su alrededor; Yami podía estar en cualquier parte.
—¡Demonios! ¡No puedo alejarlo si no lo veo! —exclamó Jono; no podía liberar a Mai y proteger a Yugi al mismo tiempo.
Y Yami lo sabia. A toda velocidad, se aproximó a Yugi sin ser notado utilizando su transmutación y, estando detrás de él aun oculto en su hechizo de las sombras, alzó la daga con la intensión de dejarla caer sobre el costado del cuello de su hermano. Estaba tan cerca; Yami casi podía sentir como el puñal se hincaba en la carne de el pequeño de ojos amatista. Solo unos centímetros mas y todo acabaría.
Una explosión resonó en el ambiente, una ligera lluvia de cristales de plata comenzaron a desplazarse en el aire posándose sobre una figura invisible marcando algunos de sus rasgos y dando cuenta al rubio de la ubicación exacta del intangible brujo Nigromante.
—¡Te tengo! —gritó Jonouchi y con su telequinesis atrapó al cuerpo invisible de Yami, que ya se encontraba encima de Yugi, y lo aventó brutalmente contra una de las paredes a sus lados.
Yugi estaba sorprendido por lo ocurrido; sujetó su cuello como agradeciendo a una fuerza superior que Jono hubiese detectado a Yami a tiempo pero ¿qué era esa lluvia de plata? ¿cómo fue posible que esas partículas brillantes aparecieran de la nada? La respuesta estaba junto a ellos. A unos pocos pasos, el Cazador de la Casa Rosenkreuz, de pie firme, orgulloso y altivo, alzaba aun su arma en mano; el caño de esta aun candente por la explosión que liberó esa particular balística que habían desarrollado los cazadores: lluvia de polvo de plata.
Continuará...
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Chan! Capitulo 10,
Holas a todos! Nuevo capitulo y si se preguntan ¿donde estuvo esta loca con el capitulo nuevo? Pues bien, gentes estuve enferma, una vez mas en este año y 2 veces desde el comienzo de mi hiatus hasta hoy, si... bueno pero ahora estoy, no digo que optima pero... con ánimos de escribir el enfrentamiento de La Trinidad contra Yami... si como Batman, Superman y Wonderwoman contra Doomsday... Yami es Doomsday y a Yugi... no lo cuento! es Aquaman XD
Aclaro unas cosillas del capi anterior, que seguro algunos fans ignoran... YGO tiene video-juegos, los 2 mas MAS son Forbidden Memories y Duelist of the Roses y de este ultimo salen Henry Tudor y Christian Rosenkreuz -Yami y Seto- Solo lo aclaré en un solo fic -Espacio Vacío- y no volví a hacerlo. Así que ya saben.
Mis agradecimientos y saludos especiales a Alexandria Kousuke, haneko-chan, Azula Rivaille y TsukihimePrincess. Gracias por sus reviews chicas! Las quiero! En el próximo capitulo se va a responder a varias de sus preguntas... y debe ser porque estamos a 6 capítulos de terminar. No me gustan los fics largos!
Eso es todo por ahora, no se olviden de dejar reviews y nos leemos cuando me lean!
