Libro I

Capítulo XII

Los espíritus que no van a Guinee

La fuerza del disparo empujó el cuerpo de Yami unos metros atrás mientras que Yugi terminó a escasos pasos de este. El pequeño aun no terminaba de entender lo sucedido; las palabras no cobraban forma en su boca ante el estado de exaltación que lo embargaba pero esto quedó atrás cuando entendió que Yami lo había empujado segundos antes de recibir el impacto de bala en su frente. Él, su hermano ¿había usado su último atisbo de auto control para salvarlo?

—¡Yami! —grito fuera de sí al tiempo que corría al lado de su hermano, con lagrimas en sus ojos.

El cuerpo del ojirubí yacía inmóvil de espaldas sobre el pavimento. Un hilo de sangre caía de la perforación que la bala había provocado en su frente formando un pequeño charco de sangre por debajo de su cabeza.

—¿Yami? Despierta hermanito —sollozó Yugi sosteniendo la mano derecha de su hermano abatido—, regresa— pidió al tiempo que sus lagrimas caían sobre el insensible rostro de Yami.

Los demás brujos se fueron acercando a la escena. Mai, lamentaba la perdida de tan poderoso guerrero en manos de un Cazador. La rubia no sentía que fuese una justa batalla atacar a distancia con una bala de plata. Seto se aproximo, solemne a inspeccionar la escena pero aun con su arma corta en mano; no podía fiarse de Bakura. Yugi sollozaba desconsolado pero, al sentir la presencia del Cazador, de inmediato se puso de pie para enfrentarlo.

—Tu lo mataste —acusó Yugi con lagrimas en sus ojos.

—Te habría matado —respondió escuetamente Seto.

—¡No es verdad! Podría haberlo salvado si no te hubieses entrometido.

—Habrías terminado muerto tu también —explicó lo obvio y que Yugi, por su mente infantil, no entenderia—. Si Yami hubiese terminado de realizar el Vitalis en ti, habría robado tu vida. Estarías muerto ahora y nadie... ni él podría traerte de regreso. Yami lo sabia y te apartó del camino. Todo fue idea de él —explicó el castaño con su usual actitud altanera; sin embargo, Yugi pudo percibir algo en la voz del Cazador, algo que podría describir como congoja, agonía enmascarada por una capa de frialdad.

—Si te hace sentir mejor, nunca fue mi intensión salvarte, Yugi. Simplemente, no podría dejarlo vivir con esa culpa.

Yugi no supo que responder. Entonces era cierto, Yami lo había apartado de la ruta del proyectil... para salvarlo pero... a qué se refería Seto con ¿dejarlo vivir? Yami estaba muerto. Fue cuando lo vio, sus ojos, los ojos de Yami estaban ahora abiertos y habían cobrado un tinte verdoso casi esmeralda mientras que sus pupilas, dilatadas como las de un felino, brillaban con un resplandor dorado.

—¿Qué? —exclamó Yugi, su mente pasmada frente a lo ocurrido.

Ante la admiración de los presentes, Yami se incorporó tomando una gran bocanada de oxigeno por su boca como si sus pulmones se encontrasen totalmente vacíos. Yugi retrocedió exaltado, al ver como el pequeño orificio de bala en Yami iba suturando y desvaneciéndose hasta dejar su piel como nueva.

—Resurgimiento, siempre tan oportuno —explicó el Cazador preparado para cualquier eventualidad. Su puntería le permitió a la bala atravesar limpiamente el cráneo de Yami de manera que esta no quedara alojada en su cuerpo. Esa era la razón por la que Yami podía resurgir en menor tiempo que la última vez pero; se negaba a imaginar lo que hubiese sufrido el ojirubí si la bala de plata hubiera quedado retenida en su cabeza; no solo habría sufrido las horribles quemaduras internas, sino que él habría tenido que extraérsela.

Yami permaneció allí, sentado sobre el pavimento, su visión fija al frente como si estuviese recordando los eventos recientes. Lo recordaba, esas personas a su alrededor lo habían..

¿matado?

—Yami... ¿estas bien? —se atrevió a preguntar Yugi.

Get de! (fuera)—susurró casi imperceptible cuando una ráfaga de viento hizo a todos a su alrededor resbalar en dirección opuesta a la que se encontraban, alejándolos de él de mirada felina.

Yami ahora estaba de pie, inmóvil observando con cautela a los 3 brujos a su alrededor.

—¿Qué demonios? —comentó la rubia mientras se ponía de pie ¿acaso Yami aun seguía bajo el control de Bakura? ¿aun quería seguir peleando?

Seto no supo que responder; era imposible que Bakura siguiese en control de Yami después de ese ataque. Yami lo observaba a él, principalmente como si intuyese que el castaño intentaría hacerle algo o ¿cómo si lo reconociese? Esa mirada, esos ojos fríos, profundos, enfocados en él y; ese lenguaje... no, esos no eran los ojos de Yami, tampoco los de Bakura, era algo... otra cosa... algo no- humano.

—Kaiba ¿qué le sucede a Yami? Crei que Bakura había sido derrotado —Yugi no entendía que era lo que estaba sucediendo. Yami había revivido pero... ¿qué ocurría con él ahora?

—Oigan ustedes, miren a su alrededor —indicó Mai a Yugi y a Seto, este último tragó fuerte al comprender lo que estaba sucediendo: el Shadow Realm comenzaba a desintegrarse dejándolos expuestos ante los ojos del mundo.

—¡Bruja amazónica! Necesitamos un muro de fuego para rodearnos —sugirió Kaiba.

—Entendido —Mai utilizo su poder para ocultarlos tras un muro de fuego que los rodeó— no tendremos mucho tiempo, Kaiba. Si vas a hacer algo te sugiero que sea rápido

Seto deseaba que el fuego, ademas de cubrirlos, hiciese que Yami reaccionase pero este no pareció amedrentarse; cosa que Seto maldijo por lo bajo. Debía hacer algo, sacar a Yami de allí antes que quedasen en el medio de un grupo SWAT o retratados en algún video de Internet pero antes... Necesitaba saber, necesitaba saber quien era esa cosa.

Ego loquar ad te! (te hablo a ti)—gritó recordando algunas de sus lecciones de latín antiguo.

Yami apenas volteó a ver al que lo increpaba. Por alguna razón, ese lenguaje, aunque lo conocía, le era indiferente pero aceptó el dialogo al reconocer vagamente al individuo.

Kahn! (¿Sacerdote?)

El castaño se quedó un segundo; ¿acaso le había dicho, kahn? ¿Qué diablos era kahn? ¿Qué lenguaje hablaba ese ser?

—¿Qué demonios eres? —regañó entre dientes al no comprender en que lenguaje le estaba hablando; cosa que Yami pareció notar y se sonrió— Discedat sic corpore! (¡Abandona ese cuerpo!)—ordenó.

La... (No)

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No lejos de allí, Jonouchi aun permanecía concentrado, enfocando toda su tequinesis en una única tarea y que los demás parecieron olvidar: el camión de combustible aun amenazaba con caer colina abajo.

—¡Maldición! —gruño Jonouchi al ver que sus compañeros no se habían corrido del camino y, al parecer, no tenían intensión de hacerlo. Aunque les gritaba, ellos no parecían escucharlo. En momentos como ese deseaba poder hacer telepatía.

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Para el Cazador, verdaderamente, la fortuna no le estaba de su parte: Yami no parecía reaccionar y el fuego comenzaba a expandirse. Sin mencionar que el calor abrazante y el humo a su alrededor estaba inundando sus sentidos debilitandolo. Debía pensar en algo y rápido Miró a sus lados buscando algo que lo ayudara cuando, como una respuesta silenciosa a sus plegarias, los vio: los hidrantes. Las tomas de agua a los costados de la calle eran lo que necesitaba.

Lo lamento. Tengo algo de miedo al agua ¿sabes? —las palabras de Yami llegaron de su memoria.

Invocando toda la fuerza mágica de su objeto, la direccionó a las cabezas laterales de los hidrantes haciéndolas volar a lo largo de la calle. El agua comenzó a fluir con una fuerza explosiva y rápidamente fue inundado el pavimento apagando el fuego.

Yami solo sonrió ante la jugada de su kahn. Si, le tenia miedo al agua. Aunque desde su punto de vista; el mundo se había tornado de repente muy interesante. Tranquilamente podía devolver e incluso revertir el ataque pero... -el otro- estaba despertando y decidió darle crédito por el esfuerzo. Después de todo, no tenia porque ser la última vez que se verían.

'arak qariba! (te veo luego)—para Seto, sonó como un burlón saludo de despedida, uno que estaba dispuesto a enfrentar; aunque, por esta vez, prefería no constatarlo.

/

La columna de fuego iniciada por Mai llamó inmediatamente la atención de Jono ¿qué diablos estaba sucediendo allí abajo? Fue cuando lo escuchó. El sonido del metal quebrándose hizo que un escalofrió recorriera su espalda. Fue tanta la fuerza que estaba ejerciendo sobre los ejes del camión que finalmente cedieron haciendo que el acoplado y la parte delantera se le viniesen encima. Era todo, ya no podía frenarlo. Con una rapidez inusitada, Jono se apartó del camino y vio como el gigante de metal caía colina abajo en medio de una lluvia de chispas que iba encendiendo contra el pavimento.

/

El ojirubí pareció reaccionar, como si despertase de un sueño ligero, algo desorientado. Sentía el agua fría correr bajo sus pies; esos recuerdos lo trajeron de regreso al mundo real. Pero ¿qué había ocurrido? Estaba confundido; perdido.

—¿Yami? —llamó el castaño.

—¡Kaiba! ¡El camión! —la advertencia de la rubia alertó a Seto que se corriera del camino. Ella tomó a Yugi del brazo y lo corrió hacia unos de los lados.

Seto, sorprendido ante lo que ocurría, solo atinó a hacer lo mismo, olvidando por una fracción de segundo que Yami también estaba en peligro—¡Yami!

Yami no parecía escuchar, aun estaba demasiado fuera de sí para hacerlo hasta que los faros de un titan comenzaron a acercarse veloz y peligrosamente a él listo para embestirlo con el peso de toda su carga. El castaño observaba la escena sin aliento; ni siquiera él podía invocar una tequinesis tan rápida y grande como para elevar al camión antes de que este impactase contra su alumno. El tiempo pareció ir mas lento y él solo podía ver la escena, no podía hacer nada. Era el fin.

O al menos eso creyó.

Justo cuando el tanque estaba por embestir a Yami; el metal del tanque rechinó al plegarse como si de una hoja de papel aluminio se tratase; evitando por todos los medios hacer contacto con siquiera un cabello del ojirubí. El camión terminó de rodar sin control por la calle, arrastrando todo lo que estaba en su camino. Seto, Mai y Yugi observaron la escena sin aliento, Yami estaba ileso, cubriéndose con sus brazos. Estaba allí, no se había movido ni un ápice Seto volvió a respirar con normalidad al verse invadido por una sensación de alivio, tan poco común en él. ¿Acaso había sido Yami o ese demonio dentro de él el responsable de lo ocurrido? En ese momento, no le importaba.

Para desgracia de Yami, todo era mas confuso de lo habitual. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué había hecho? ¿Acaso había sido Bakura que jugaba con su mente otra vez? No comprendía. El Shadow Realm desapareció por completo dejando ver el resultado de las acciones pasadas. El camión sin control terminó de embestir provocando una gran explosión fuera del área que afectó al Shadow Realm. Escuchó los gritos, los llantos de aquellos que estaban allí ¿qué había sucedido? se obligó a ver el resultado, a admitir lo que su poder, su inexperiencia y su inestabilidad emocional causaron. Aquellos que habían presenciado lo ocurrido ahora lo miraban a él. A él: el culpable.

No podía quedarse allí; él no pertenecía allí. Sin saber como afrontar la situación, hizo lo primero que cruzó su mente: corrió.

—¡Yami! ¡Espera! —gritó el ojiazul al ver al chico alejarse por una de las callejuelas dando ligeros saltos de transmutación para ganar distancia.

Desapareció.


Al otro lado de la ciudad, en la recatada mansión de la Casa Azul la joven heredera del clan observaba la pantalla de la TV sin poder dar crédito a lo que sus ojos le mostraban. El noticiero repetía la noticia una y otra vez junto a un video que mostraba al joven brujo nigromante deshacer y torcer el tanque de un camión de combustible, como si se tratase de papel, momentos antes de ser embestido por este. El video había sido tomado por un celular, por lo que la imagen era difusa pero... casi podía reconocer al nigromante. Parecía una versión madura, adulta de...

—¿Yugi? —fue su primer intento momentos antes que la imagen cambiase a los alrededores y enfocase a los testigos del acontecimiento: el pequeño Yugi, que como ella, observaba la escena de lejos y tras él una joven y despampanante rubia. Los celos la embargaron un momento pero de inmediato quedo en el olvido al ver de cerca al joven nigromante. Era posible que ese joven sea uno de los participantes del Ritual. La castaña no imaginaba tener competidores con ese nivel de poder; conocía las habilidades de Yugi y Jonouchi pero este chico, era diferente; podía percibir un aura de oscuridad cubrir su alma y eso lo hacia inestable y peligroso. La ajiazul no deseaba el enfrentamiento, si alguien podía realizar los 7 Milagros antes del Ritual entonces esa persona seria declarado Supremo sin necesidad del baño de sangre de las 7 familias; ese era su plan y solo había una mujer a la que podía pedir consejo: la anterior Suprema, Giovanna.

En su habitacion, la ojiazul pasó algunas de las hojas del libro de magia que tenia junto a ella repasando los puntos importantes para llevar a cabo el sexto milagro: El Descenso.

El hechizo en sí era sencillo, pronunciar las palabras le darían la capacidad de descender a los dominios del Infierno; el regreso... era un poco mas difícil, debía hacerlo antes del amanecer o su cuerpo se convertiría en polvo y su alma quedaría atrapada allí, por siempre. Tragó fuerte ante esto último, la magia nigromante no era su fuerte, después de todo, ella era una bruja blanca de la casa Azul. La magia negra era sacrilegio en su hogar pero... debía hacerlo tarde o temprano y si tenia suerte, lograría salvarlos a todos: a Yugi, a Jono, a todos sus queridos amigos de tener que afrontar el Ritual.

Cerró el libro dejando ver el ojo del milenio gravado en la tapa de este y con cuidado se acostó sobre su cama con sus brazos cruzados sobre el pecho.

Spiritu ducce in me est deduc me in tenebris vita ad extremun ut salutaret inferi DESCENSUM

/

Sus ojos azules se abrieron, aunque no daban crédito a lo que veían Estaba frente a las freidoras de su anterior empleo.

—¿Qué? —la castaña no entendía que estaba haciendo allí. Salio de atrás del mostrador para cerciorarse de que lo que estaba viendo era real. Las bandas que despachaban los alimentos chatarra que vendían en ese local de hamburguesas, las cajas vaciás y una incontable fila de clientes que salia del local y se perdía en la nada del exterior.

—¿Esto? —se vio a si misma, vestía el uniforme de su anterior trabajo en Burger World. Pero... ella había renunciado hacia meses atrás después de una discusión con el gerente ¿qué estaba haciendo allí?

—¡Hey tu! —la familiar voz del dueño del local llamando su atención— ¡vuelve a trabajar!

Anzu no sabia que hacer, así que solo, y de modo automático, comenzó a tomar los pedidos de los clientes, a armar el pedido y entregarlo pero pronto se dio cuenta que no importaba cuantos pedidos armase, la cola de clientes nunca acababa y ella era la única trabajando allí ¿Cómo era posible? Debía haber una explicación.

Sintió una mirada posarse sobre ella; observándola como si pudiese ver a través de ella. Volteó y buscó al causante de esa tétrica sensación; no fue difícil ya que nadie parecía notarla, nadie parecía reparar en ella excepto una única persona. Ese hombre sentado en una de las mesas del lugar de espaldas a una de las ventanas y recostado sutilmente sobre el mullido asiento tras él; ese ¿joven? podría serlo debido a su contextura pero algo en su mirada le daba cuenta que la juventud era algo que hacia mucho había dejado atrás. Vestía de atuendo negro ajustado a su cuerpo dejando ver su esbelta figura, sus ojos eran color carmesí como la misma sangre; sus irises redondeados perfectamente enmarcados en sus globos oculares, como una mirada vigilante que no se permitiese parpadear. La sonrisa socarrona y sombría apenas dibujada en sus labios como un depredador que ha atrapado a su presa sin mayor esfuerzo. Su cabello negro de puntas rojas; unos mechones de cabello rubio sucios y desalineados caían sobre su rostro y; la castaña parpadeo un par de veces al darse cuenta de un detalle: ese ser... se parecía al joven que había visto en la televisión solo que la piel de esta entidad era morena, tostada, mientras que el joven era caucásico.

—¿Pero qué? Tu eres Papa Atem. ¿Vives en Burger World? —preguntó la castaña perpleja por el lugar donde suponía residía la deidad.

El de piel morena solo cerró los ojos ahogando la risa que le causaba la credulidad demostrada por la joven que lo había invocado.

—No querida, —habló en un tono calmo, sereno pero a la vez sombrío y siniestro— este no es EL Infierno. Es TU infierno. Esta fue la peor época de tu vida, —movió apenas su mano presentando al recinto en el que se encontraban— sin poder, ni auto respeto y nada mas allá de lo que ves aquí. Solo una incontable fila de clientes listos para menospreciarte y el olor a frito en tu nariz.

Anzu recordó sus días trabajando en aquel lugar. De veras, los peores de su corta vida; y -él- lo sabia.

—Papa Atem, —tomó asiento frente a la entidad para hacer su petición— necesito hablar con Giovanna Illustrious. He oído que solían frecuentarse.

—Oh, ella no está aquí —respondió sin dar rodeo—. Esa es la gracia de ser inmortal; su Infierno está sobre la Tierra —explicó antes de ser interrumpido por un sujeto alto, fornido, de cabello rojo que llevaba en uniforme del establecimiento y que alguna vez fue su gerente.

—¡Hey tú! —se dirigió a Atem— ¡Pide algo y deja que la mesera siga trabajando! —demandó el hombre— Hace una eternidad que la gente esta esperando por su hamburguesa —expuso el motivo de su enfado; a lo que Atem suspiró, exasperado, y volteó a responderle al hombre.

—¡Y tendrán que esperar mas! —desafió el moreno— No me hagas tirarte al lago de fuego —lo apuntó en clara señal de advertencia— ¡Ahora vuelve a la fila! —la voz de Atem se volvió extremadamente profunda, como si esta se hiciese eco en las paredes del lugar dando clara muestra de su dominio sobre todo y todos los que morasen allí. El hombre se retiró casi sin voluntad y salió del local marchando hacia el final de una cola sin fin.

—¿Ves? Todos tienen su merecido al final. A él lo dejo oler las deliciosas hamburguesas y nunca podrá tenerlas —explicó Atem con una semi-sonrisa en los labios. Anzu solo tragó con fuerza ante el extraño sentido del humor de la deidad frente a ella—. Admiro tu valor al venir aquí. La mayoría no baja antes de su hora, siempre existe el riesgo de no poder regresar.

Antes que Anzu se diera cuenta; Atem se puso de pie y se dispuso a salir del lugar. Su capa ondeante expelía una vibra de oscuridad y frialdad que le helaba el alma a la ojiazul pero ella no se dejaría intimidar.

—¡Espera! ¡No he terminado contigo! —enfrentó a la deidad con todo el valor que pudo reunir.

—Mas te vale que si —advirtió Atem—. A menos que te quieras quedar aquí para siempre; te sugiero que regreses —volteó a explicar el -pequeño- problema que sufrían las almas al bajar al Infierno.

—¿De que hablas? —el libro decía que tenia hasta el amanecer; y este seria dentro de 7 horas— Solo he estado aquí 5 minutos

—El tiempo... corre diferente en el Infierno —explicó lentamente antes de soltar una risa ahogada, diabólica que pareció hacer temblar los cimientos del lugar. Sin mas, se retiró del local desapareciendo en el incierto exterior.

Anzu lo vio desaparecer y de inmediato entró en pánico. Si era verdad y no regresaba ahora: moriría.

—Quiero una hamburguesa con doble queso —la clienta frente a ella comenzó a reclamarle que la atendiera. Anzu la miró sorprendida y la mujer se enfureció al ver que la castaña no hacia lo que le decía —¡Oye! ¿me estas escuchando? —volvió a reclamar la mujer; esta vez alzando su voz.

Anzu no dijo nada y se concentró en regresar.

/

Sintió su alma volver a su cuerpo y la sacudió como un golpe que la hizo levantarse de la cama. Estaba de regreso en su habitación, a oscuras ya que faltaban unos minutos para el amanecer, despierta, aunque... no estaba sola.

—Regresaste. Quizás no eres tan débil como parecía —reconoció la voz de Atem proviniendo de uno de los rincones mas oscuros de su alcoba. El moreno estaba allí, sentado de espaldas a su escritorio con sus piernas cruzadas.

—Ya te he demostrado mi poder; ahora quiero respuestas —demandó Anzu.

—Negociemos entonces —respondió esbozando su típica y sombría sonrisa.

—Necesito hablar con Giovanna —explicó la castaña mientras preparaba una taza de té para el moreno y se la ofrecía

—Ya te lo dije. Su alma no está totalmente en mis dominios —dijo el moreno mientras servia azúcar a su taza utilizando el revés de la extensa uña de su dedo meñique derecho como cuchara.

—¿A qué te refieres? —preguntó la bruja blanca. Si so era cierto; significaba ¿qué Giovanna aun estaba viva? ¿o simplemente que su alma fue liberada de la eterna condenación?

—¿Quieres hablar con ella? Deberás encontrarla por tu cuenta —explicó revolviendo la superficie su té; otra vez, sus garras como utensilio evitando el contacto con los objetos de plata.

—Entonces, creo que no estas ajeno al problema de nuestra Cofradía Veras, soy la única heredera de la Casa Azul...

—No me interesan los rangos, niña —interrumpió Atem sin perder de vista su té—. Lo único que me interesan, son las almas.

—¿Almas? —exclamó la ojiazul sintiendo un escalofrió correr por su espalda.

—¿Quieres superar el Ritual? —adivinó la deidad— Puedo darte el poder que necesitas para lograrlo.

—¿A cambio de mi alma? —la castaña aun no terminaba de creer lo que la deidad le estaba proponiendo.

—Ademas tendrás que hacer algunos trabajos para mi —agregó Atem antes de darle un sorbo a su té.

—¿Que clase de trabajos? —Anzu ya temía preguntar.

—Sacrificar a tus amigos, dejar lisiado a ese niñito de ojos grandes amatista que tanto te atrae... por ejemplo —explicó Atem de una manera tan natural que parecía no darle mayor importancia al significado que sus palabras producían en la bruja.

—¡¿Qué clase de petición es esa?! Tu eres una de nuestras deidades; Papa Atem ¿acaso no te importa lo que pase con nosotros? ¿Con aquellos que siguen tu tradición? —enfrentó a la deidad.

—Lo que sucede en el mundo terrenal; esta fuera de mis preocupaciones.

Anzu no podía entender como Atem podía ser tan frío respecto al destino de los suyos. Se suponía que las deidades estaban para guiar a sus adeptos; para proveer consuelo y consejo en tiempos de necesidad. Entonces ¿por qué a Atem parecía no importarle ninguna de esas cosas?

—¿Cómo puedes decir algo como eso? ¿Solo te interesan las almas? ¿Es eso?

Atem la observó despreocupado pero de inmediato afiló su mirada al percibir un tono irrespetuoso en la ojiazul.

—Cuidado, niña. Muchas mujeres, mas valientes que tu, han perdido mas que su lengua por hablarme de ese modo.

—Imagino que habrán perdido sus almas —agregó sin dejar de lado su escepticismo.

El de ojos rojos esbozó una sonrisa; se podía percibir la satisfacción que causaba en Atem el recuerdo que aquellas mujeres y hombres que se atrevieron a levantarle la voz— No tienes ni idea...

—No lo comprendo. ¿Todo tiene un precio para ti? Si uno de los que participamos en el Ritual te entrega su alma... entonces ¿lo harás ganar? ¿Aunque sea la peor persona del mundo? ¿Un frío asesino y sin corazón? ¿Dónde esta la justicia en eso?

—Oh, pero todo tendrá su consecuencia... en el otro lado —dijo Atem y sin mas, dejó su taza de té sobre la mesa frente a él poniéndose de pie en el proceso. Ya había perdido demasiado tiempo con esa niña y, sin duda, lo requerían en otros lados, otras personas que si estaban dispuestas a negociar bajo sus términos Anzu se puso de pie al notar que Atem se disponía a retirarse.

—Espera... —trató de detener al moreno pero solo logró que este le dedicara una ultima mirada y unas ultimas palabras.

—¿Quieres un consejo? No juegues con fuego, niña. Lo único que conseguirás, es quemarte. —los ojos de Atem parecieron relampaguear como si estos contuvieran las llamas del mismo infierno y así, su sombría figura se desvaneció en la oscuridad de la habitación Al segundo siguiente, Anzu estaba de nuevo sola en su alcoba.


—Realmente ¿a esto llaman "tener controlada la situación"? —la voz chillona de esa niña taladraba los oídos de los presentes en la Sala de Juntas de la Casa Rosenkreuz.

En la Sala de Juntas, El Maestro, Gozaburo y Seto observaban de reojo la gigante pantalla de TV en el extremo opuesto de la mesa principal de reuniones. Las imágenes eran referentes al espectáculo que protagonizó el brujo nigromante en la vía publica aquella mañana.

—El video esta en todos los medios y se hizo viral en Internet ¿Cómo piensan justificar esto? —reclamó Rebecca en teleconferencia con los Rosenkreuz.

—Yo me encargaré de eso —intervino Gozaburo— diremos que es un montaje; como lo hacemos siempre —finalizó estrujando la punta de su habano en el cenicero.

—¿Y las victimas? —recordó la niña.

—Gozaburo tiene experiencia en ese campo. No tienes que preocuparte Rebecca —agregó el Maestro.

—Srita Hawkins para ti, Mago —demandó con furia.

—Lo lamento —trató de apaciguar el enojo de la niña.

—Fue mi culpa —habló al fin Seto.

—Seto —habló el Maestro tratando de contener a Seto pero a la vez, escuchando atentamente las palabras de su alumno.

—Estábamos en la mitad de un exorcismo. No tomé las medidas adecuadas —explicó recordando como estuvo a punto de dispararle a Yami una bala de plata para contener su poder durante el exorcismo; de acuerdo al procedimiento. Sus sentimientos habían interferido con su deber— Asumo la responsabilidad por el hecho.

—Déjenme ver si entiendo ¿Liberaron a un brujo estresado en medio de un exorcismo? ¡¿Un brujo piromano?! ¡Es una locomotora! —exclamó enfurecida. No podía tolerar el fracaso y mucho menos la incompetencia.

—Estamos buscándolo —intervino el Maestro—. No es necesario que...

—Ahorrate tus palabras, anciano. Ya no es su asunto unicamente. Mi abuelo, Arthur Hawkins me ha encargado esta misión especialmente —aclaró llevando su mano hasta si misma como la niña pretenciosa y mimada que era.

—¿Y cuál es? —preguntó el Maestro, aunque ya conocía la respuesta

—Captura y acondicionamiento del objetivo.

—¿Acondicionamiento? —preguntó Seto.

—Van a matarlo ¿no? —aclaró el Maestro.

—Depende. Si se rinde podremos considerarlo.

—Define "rendir", Rebecca —agregó el Maestro.

—¡No pueden hacerlo! Él esta bajo la protección de la Casa Blanca. Un ataque hacia nosotros significa un acto de guerra contra la Cofradía —se interpuso Seto poniéndose de pie, desafiando a Rebecca que lo miraba con una ceja en alto.

—Olvidas el Tratado de Có-participación, le incumbe a los Cazadores si el objetivo en cuestión pone en peligro a la Cofradía.

—No nos puso en peligro.

—¿Y que es ese raspón en tu mejilla? —observó la niña.

Seto llevó su mano hasta su rostro; al retirarla fragmentos de sangre seca estaban esparcidos sobre su dedos; en efecto, una herida producto de los tornillos con los que Yami lo había atacado durante el exorcismo— ¿El nigromante te atacó? ¿Acaso sufres del Síndrome de Estocolmo, joven Rosenkreuz? ¿tus inclinaciones emocionales te impiden ver la verdad? Ese nigromante es un brujo peligroso, una amenaza hacia la Cofradía, a su ciudad y es una vergüenza hacia ustedes el haberlo dejado escapar.

—¡No hables de Yami así! —alzó la voz Seto.

—¿Yami? —preguntó Rebecca. Era extraño escuchar a un Rosenkreuz referirse al brujo el cuestión de otra manera que no fuese "el Nigromante".

—Rebecca, tienes razón —intervino el Maestro al ver que la situación se estaba saliendo de control—. Pero no te desquites con mi alumno.

—¿Alumno?

—Seto será el sucesor de la Casa Rosenkreuz cuando llegue mi tiempo. Tienes que entender que ha heredado tiempos conflictivos en nuestra Cofradía. No es su culpa que deba cargar con todo lo que sucede; no todos somos niños genios como tu —trató de halagar a la niña.

—No, supongo que no —se tranquilizó. El mago tenia razón, ¿qué diría su abuelo si la viese perder el control así? Ella era una dama y niña-genio pero esos magos la hacían enfadar— Les doy 24 horas. Cumplido el plazo, nos uniremos a la búsqueda —dicho esto, dio fin a la comunicación.

—Tienes mucho que aprender aun, Seto —retó el Maestro a su alumno.

—Y usted tiene algunas explicaciones que dar ¿qué demonios fue lo que ocurrió con Yami?

—Ya te has respondido tu mismo —exclamó abandonando la habitación en su silla de ruedas.

—¿A qué se refiere? —salió tras el Maestro reclamando una explicación— ¡Maestro!

—¿Como te atreves a faltar el respeto a esta Casa y su tradición? ¡¿Un exorcismo?! ¡¿Acaso piensas que es juego?! —retó de nuevo a su alumno. El exorcismo era un ritual en extremo peligroso. Solo podía ser realizado por un miembro certificado y autorizado por el Vaticano y Seto no cumplía los requisitos ni el entrenamiento.

—No me desvié el tema. ¿Qué le sucedió a Yami?

—Lo que viste. Ya lo hablamos. La mente de Yami esta fracturada; es tu trabajo poner a ambas en un solo cuerpo.

—No puedo hacer nada si no me dice la verdad. ¿Qué es Yami? Usted sabe. ¿Qué era esa... esa cosa? —no sabia como definir lo que enfrentó en el medio de las llamas.

—Algo que va mas allá de tu entendimiento, Seto. Es por eso que debes encontrarlo.

—No haré nada mas hasta que me diga —estaba cansado de los secretos en esa casa. Demandó la verdad.

—No me amenaces a mi, pequeño insolente —desafió la osadía de su alumno— ¿Crees que no lo harás? ¿Crees que tienes elección? ¿Crees que no sé como lo miras? esas lecciones que le das. Practicaste un exorcismo sin las medidas ¡¿por un coincidente negligencia?! —escupió su fría hiel en sus palabras. No iba a permitir que Seto lo chantajeara; él era viejo pero no era iluso ni idiota.

La mente del ojiazul quedó estupefacta ante las declaraciones del mayor. Nunca lo había tratado de esa manera.

—Nada pasa en esta Casa sin que yo lo sepa —recordó el mayor con odio pero al instante se repuso— No discutiré contigo. Entiendo porque no seguiste el procedimiento. Dispararle una bala de plata a Yami habría sido el fin de nuestra relación con él —recapacitó—. El fin de la relación de él con todo el mundo, en realidad —tomó unos segundos para analizar la situación—. Seto, mientras mas estrés acumule Yami; mas inestable su magia se vuelve. Debes encontrarlo antes que haga que lo maten.

El castaño no quiso seguir discutiendo, había algo de razón en sus palabras y eso era...que mientras mas tiempo pasase ,Yami estaba cada vez mas lejos de ellos... de él. Sin decir mas, se retiró.

—Y Seto, —llamó una última vez a su alumno— no juegues con él —le advirtió.

Las palabras del Maestro se le hacían familiares; como si ya las hubiese escuchado antes.

—¿Qué ha dicho? —volvió a preguntar. Debía cerciorarse de lo que había oído

—Se lo que ha pasado entre ustedes, Seto. Con tus... —trató de buscar alguna manera de describir lo sucedido entre Yami y Seto— "métodos de enseñanza". No juegues con Yami, Seto. Con sus sentimientos —dicho esto, se retiró a su habitación.

—¿No me haba dicho ya? —preguntó el castaño, estaba seguro que ya lo había oído Pero ¿dónde?

—No creo haberlo hecho

Lo recordó en ese momento, durante el exorcismo la voz de su maestro fue una de las que reconoció mientras Yami estaba inconsciente ¿Acaso era una visión? ¿El don de Yami había vuelto a activarse?


Ya no sabia cuanto corrió, caminó o saltó con su transmutación, pero hasta ahí había llegado. Un paisaje árido y desértico, claramente en las afueras de Domino. El sol del mediodía calcinaba la arena ardiente bajo sus pies. La nada se alzaba frente él, rodeándolo, el viento lo empujaba fervientemente como tratando de traerlo hacia un lugar que el desconocía aun mas ¿dónde estaba? Vio la carretera a un lado y decidió seguirla esperando encontrar un lugar donde resguardarse del viento, la arena y el calor.

Avanzó unos cuantos metros mas, cuando apareció; frente a él como un espejismo en el medio del desierto: un bar en el medio del desierto. Veía las motocicletas estacionadas en las afueras del recinto y se maldijo internamente por traerse hacia ese lugar pero... siempre era mejor que permanecer afuera; sin dinero en su poder si tenia suerte, alguien le invitaría un vaso de agua. Empujó la pequeña puerta vaivén del bar y entró. Como predijo, los clientes del bar se divertían con sus cervezas, sus charlas, sus juegos de cartas de salón, apuestas y billar. Nadie pareció notar que al pequeño nigromante que avanzaba a través del salón acercándose a la barra; nadie excepto una persona. El ojirubí se sentó en la barra y esperó pacientemente bajo la mirada desconfiada del cantinero. No tuvo que esperar mucho mas cuando escuchó una voz rasposa y metálica tras él.

—Cantinero, una ronda para el niño aquí.

Yami suspiró y sonrió por lo bajo sin voltear a ver a su anfitrión. Aquí venia.

Vaya... pero que hace un pequeño como tú en un lugar como este...

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Holas a todos allí ¿cómo están? espero estén estupendamente bien; yo estoy estupendamente bien y aquí les traigo el Capitulo 12 después de dos semanas, es un record!

Un bar en el medio de la nada y motocicletas! Jajaja... no se hagan ideas extrañas; no va a suceder... por ahora. ¿Ya saben con quien se encontró Yami? (Una ayuda, Yami ya habia escuchado esas palabras antes y este capitulo es de espíritus o que alguna vez lo fueron, chan!) Este chico se vive metiendo en problemas aun en el medio del desierto. Pues si, como muchas ya habrán notado Yami usó de nuevo su habilidad de Resurgimiento y les hago algunas aclaraciones:

Uno, Guinee (en el titulo) es el mundo de los espíritus, una referencia a la religión africana adonde los esclavos esperaban que sus almas pudieran ser devueltas después de la muerte.

Dos, el tiempo que tarda Yami en resurgir depende del daño que haya sufrido su cuerpo; la vez anterior fue daño total, por decirlo de alguna manera y requirió que Seto lo enterrara para poder repararse; esta vez fue un disparo de bala de plata -no bendecida- por lo que pudo recuperarse mas rápido.

Tres, exacto; Yami tiene otra entidad viviendo dentro de él. Como descubrió Haneko-chan en un review anterior y Azula también al compararlo con un demonio. Felicidades. ¿Y porque les digo esto? Pues, porque en el próximo capitulo conoceremos un fragmento de este ser aunque si quieren ir dando nombres pueden hacerlo.

Cuatro, Papa Atem (apuesto a que nadie se imaginaba que Atem aparecería) es "Papa" como un rango espiritual superior; un Papa que no se viste de sotana blanca y con esto dicho, cada una sabrá quien es Atem en el fic.

Estamos a días del Ritual y del final del fic y, en efecto, el plan maestro de Bakura fue revelado, Alex y Tsukihime; Bakura no contaba con que Seto iba ha hacer de exorcista antes de tiempo XD

Estoy haciendo muy extenso esto así que pasemos a los agradecimientos.

TsukihimePrincess; así era... y muy pronto, Yami va a contar lo que pasó en la casa de Bakura. Gracias por el review. Espero te haya gustado el capitulo y que andes bien.

Azula Rivaille; si... es verdad T.T tienes mucha razón en ello y desgraciadamente en el fic también... ahora me haces sentir culpable. Gracias por el review. Espero te haya gustado el capitulo y que andes bien.

Alexandria Kousuke; jajaja no entendí eso del review que todos odian 0.o? Le haré una advertencia a tu corazón prideshipper.. yo creo que el capitulo siguiente te dará un infarto así que te aviso ahora y decidís después si leerlo o no ;P Gracias por el review. Espero te haya gustado el capitulo y que andes bien.

Minino Rosa; hola, bienvenida al fic; que bueno que te guste la historia aunque es retorcida :) Gracias por el review. Espero te haya gustado el capitulo y que andes bien.

Y eso seria todo por ahora, espero les haya gustado y ya saben, dejen reviews comentarios, sugerencias, críticas, dudas y, como siempre... nos leemos cuando me lean. Saludos!