Libro I
Capítulo XIII
El Ilusionista
—Yami, Yugi ¡vamos! —la voz de su padre llamando a sus dos hijos para que bajaran a desayunar resonó en la casa.
Esa era la señal del comienzo de la carrera en la que participaban los dos pequeños hermanos de la casa Mutou todas las mañanas y esta vez, el mas pequeño de ellos se sentía con suerte. Yugi salió de su habitación a toda carrera; le sorprendió no ver a su hermano unirsele, quizás se había retrasado, pero esa era su oportunidad. Como un relámpago, el pequeño ojiamatista cruzó el pasillo que unía a las habitaciones de la planta alta llegando sin mayor esfuerzo a las escaleras proclamándose ganador de la mañana.
—¡Gané! —gritó el pequeño pero... no recibió ninguna respuesta, ninguna felicitación, siquiera un reclamo a que había salido antes o algo. El silencio de la casa era incomodo e intranquilizó a Yugi. ¿Acaso algo le había pasado a Yami? Lentamente regresó sobre sus pasos hasta estar frente al dormitorio de su hermano. La puerta entornada solo dejaba ver una franja del interior de la habitación. Se acercó, podía escuchar susurros provenientes del interior de la alcoba. Reconoció la voz de su hermano manteniendo una conversación con alguien pero no escuchaba sus respuestas. No se escuchaba la voz del interlocutor ¿con quién hablaba Yami?
Entró a la habitación de su hermano y ahí lo encontró; sentado sobre el suelo con sus piernas cruzadas y algunas cartas del Duelo de Monstruos repartidas boca abajo. Yami miraba a la pared frente a él como si esta tuviese la habilidad de darle indicaciones que el pequeño seguía al pie de la letra.
—¿De veras puedes leer las cartas? —le habló el pequeño ojirubí a la presencia invisible frente a él, mientras Yugi observaba la escena sin entender lo que sucedía.
—¿Y qué significa? —preguntó Yami dando vuelta la carta boca abajo revelado el frente de la misma: "Santuario del Demonio"
Yugi no pudo mantenerse ajeno a lo que sucedía —¿Yami? —el aludido volteó de inmediato al sentirse descubierto— ¿Con quién hablas?
Yami se mantuvo un segundo. —Con... —se detuvo, iba a responder cuando una advertencia silenciosa llegó hasta sus oídos— ... nadie.
No entendía como había resultado en esto; ¿qué serie de eventos lo llevaron hasta esa situación? ¿Acaso alguna especie de hueco temporal en su memoria? ¿Acaso fue victima del Concilium una vez mas? ¿qué? ¿cómo?
El ojirubí se encontraba acostado de espaldas a la cama, su torso completamente expuesto e internamente agradecía que aun conservaba sus pantalones, sus manos sujetas por encima de su cabeza y... una maldita mordaza en su boca evitaba que pudiese emitir sonido alguno. Maldijo su suerte, no podía ser peor. Ahora ¿con quien demonios se había encontrado? Alzó la vista, y la respuesta se reveló en la figura de un hombre egipcio, piel tostada, cabellos rebeldes color plateado y unas filosas lineas negras por debajo de sus ojos de orbes color purpura. Yami abrió los ojos y de inmediato intento hacerse para atrás, acción que resulto inútil y generó que el otro se sonriera ante los fútiles intentos de escape de su victima. El mayor tomó al ojirubí del mentón y este afiló su mirada demandando en silencio que lo soltara. El egipcio lejos de acceder a su petición, lentamente y de forma lasciva lamió la mejilla derecha de Yami haciendo que este entrara en cólera.
El egipcio se sonrió al percibir el desprecio que el niño frente a él le demostraba. Sutilmente, deslizó su mano a través de la cintura del pantalón de Yami y con calma, comenzó a desabrochar los ajustados pantalones de cuero que oprimían al menor; bajándolos, hasta que la cintura de estos quedo a la altura de las rodillas del ojirubí, dejando a este totalmente expuesto. Los gemidos del ojirubí se incrementaron, ahogados por la mordaza, pero no eran un secreto para el egipcio, quien de inmediato reparó en los ojos cerrados de otro y como volteaba su cabeza a los lados, agachandola suavemente, con cada leve atención que el egipcio le dedicaba a la zona erógena de menor. De la nada, el mayor tomó al joven del mentón obligandolo a salir de su estado de ensoñación y se sonrió, de esa manera que solo sabia, dejando ver que él no era amable, no era su estilo y estaba dispuesto a poner sus condiciones sobre la mesa y ese pequeño ojirubí debería seguirlas y cumplirlas ya que en su posición no podía demandar nada mas. El menor pudo adivinar sus pensamientos, sus ojos lo vieron con sorpresa pero, no tenia miedo. No le importaba lo que ese loco intentase hacerle. Si esperaba que le llorase, ¿qué le suplicase? Pues podía irse al demonio, no lo haría. Nunca.
A los ojos del egipcio, era una delicia, esos ojos, esa expresión, ese espíritu inquebrantable aun en las situaciones mas desesperantes. ¿Acaso podía existir una joya mas exquisita que esa? Deseaba tanto a ese niño escondido bajo esa mascara de rectitud; ese demonio encarcelado dispuesto a proveer los mas brutales y sádicos castigos. Estaba seguro que podía abrir la jaula de principios morales que lo tenia prisionero pero por ahora... el niño había escapado de su pensamiento. No le cabía duda que era mas poderoso de lo que aparentaba.
I
Los ojos de Yami parpadearon un par de veces. Parecía que se había quedado dormido... -miró a su alrededor- ¿en la barra del bar? Trató de recordar; estaba sentado en la barra del bar cuando ese sujeto egipcio se le acercó, se sentó a su lado y... tocó su mano. Bajo la vista, y en efecto, el egipcio aun tenia sus dedos sobre su mano y de alguna manera, había logrado crear esa ilusión en su mente con solo tocarlo. El moreno lo miraba esperando que terminase de resolver el enigma.
—¿Eres un ilusionista? Creas recuerdos falsos en las personas —se explicó Yami.
—También soy agente de recursos humanos si lo prefieres —sonrió el egipcio mientras dejaba libre a su -recientemente perdida- victima
—¿Por qué hiciste eso?
—Me pareció que necesitabas relajarte. Eres muy pequeño para tener esos niveles de stress
—¿Qué niveles de stress?
—De aquellos que te llevan a querer tener una noche de pasión con un desconocido —explicó despreocupadamente el egipcio.
—¿Y crees que eso me ayude a relajarme? —preguntó en un tono esquivo el ojirubí.
—Muy bien, entonces... ¡Camarero! —llamó al dueño de la barra—. Una ronda de sangría y un margarita para el niño.
—¿Un margarita? —preguntó Yami al desconocer lo que el egipcio le ofrecía.
—Lo lamento, ¿el niño quiere un vaso de leche?
—Margarita esta bien —se unió al juego de su anfitrión.
Las horas pasaron y la noche cubrió las afueras del bar. Dentro de este, Yami y el ilusionista continuaban su ronda sin fin de tragos. Yami seguía el ritmo del egipcio y no parecía reparar en los niveles de alcohol que su organismo podía manejar. Por alguna razón, no quería quedarse rezagado aunque los efectos ya era claramente visibles en su habla. No tardó mucho para que un recuerdo fugaz y pasajero, del personaje frente a él, reviviese. Fue hace mucho tiempo y en circunstancias normales no lo habría dicho pero ahora, por una vez en su vida, acallaría sus morales y recatados pensamientos dejando que el alcohol hablara por él.
—Yo te recuerdo
—Deberías... pasamos mucho tiempo juntos —declaró el moreno algo decepcionado por el tiempo que tardó Yami en recordarlo— Yo te enseñé a hablar con los muertos cuando eras niño.
—¡Yami! Mira lo que me regaló el abuelo— recordaba la exclamación de Yugi con alegría mientras le mostraba unas cartas del duelo de monstruos.
Era su hogar, la casa Mutou. Recordaba esa noche, las 7 casas se reunieron en la Casa Cárdena y organizaron un banquete en honor de la Bruja Suprema, Giovanna, por el aniversario del acuerdo de paz logrado con el entonces Rey Vudú. Varias familias de ciudades vecinas y extranjeras se acercaron a brindar sus respetos a la líder de la Cofradía pero también atrajo a brujos de categoría mas baja que buscaban algo mas que la etiqueta y el favor de su superior.
Yami veía a los invitados pavonearse con sus atuendos negros de noche y sus peculiares mascaras venecianas tan distintivas. Como siempre, su madre se retrasó y la fiesta empezó sin ella. Yami caminaba a través de los invitados usando su antifaz para eludir a la brujas mas ancianas que se disputaban las mejillas de los niños de la cofradía; y para su desgracia, ser el hijo de la bruja superior lo hacia un blanco codiciado. En esos momentos, el pequeño ojirubí andaba tras la pista de su hermano Yugi; hacia algunos instantes lo había visto hablando con 4 personajes de mayor edad que ellos y luego desaparecieron; lo cual lo preocupó. Decidió subir a las alcobas del primer piso; podía ser que Yugi estuviese allí. Observó a ambos lados del pasillo, no llamó su atención que no hubiese nadie allí ya las habitaciones estaban protegidos por "hechizos de protección" solo los invitados por sus moradores podían atravesar las puertas. Pero, un sollozo proveniente del interior de un armario de blancos si lo hizo.
—Yugi, —exclamó al ver a su hermano sentado; sus brazos rodeando sus rodillas y su rostro oculto— ¿qué te paso?
Dentro de la habitación del matrimonio real de la casa; 4 personajes se habían adentrado burlando el hechizo de protección. Uno de ellos, el líder, un rubio de considerable altura, gafas de sol cubriendo sus ojos y una ridícula bandana de bandera americana en su cabeza escudriñaba la habitación con la miraba mientras refregaba sus manos imaginando los tesoros que podían encontrarse allí.
—Muy bien, busquen donde se esconden las joyas de la vieja —siseó con desprecio.
El mas bajo de la pandilla, con cabello gris en puntas, ojos gigantes y expresión de zombi encontró un pequeño alhajero sobre una mesa de luz.
—Miren esto —exclamó al develar el contenido del alhajero: esferas de jade, de distintos colores, del tamaño de canicas.
—Dije joyas no canicas, Bonz —reprendió el jefe, desconociendo el valor espiritual de las esferas. Bonz, volvió a cerrar el alhajero pero no sin antes conservar una de las canicas, una de color verde esmeralda brillante con un inusual diseño que asemejaba un ojo.
—Jefe, mire esto —el pelirrojo de la pandilla le enseñó a su jefe un colgante que había encontrado en uno de los cajones de la cómoda. El pendiente dorado tenia un peculiar diseño en forma de flecha con varios niveles escalonados asemejando los dientes de una llave; pero lo que al rubio mas le interesaba: la pieza estaba hecha de oro.
—A eso me refiero —una lujuriosa sonrisa se dibujó en su rostro al ver el exquisito brillo del artefacto— lindo pendiente.
Sin ser notado, el pequeño ojirubí entró a la habitación de su madre; decidido a enfrentar a los intrusos. —Ustedes no deberían estar aquí
Keith dio un salto creyéndose capturado por uno de los dueños de la casa; pero su expresión se volvió tranquila y cómica al encontrar que quien lo enfrentaba era un niño pequeño.
—Por si no lo notaste, estamos invitados —trató de engañar al niño
—Engañaron a mi hermano para que los dejara entrar, eso no es ser invitado —confrontó molesto.
—Pero ya estamos aquí ¿no? —dijo con burla mientras le enseñaba la llave de oro que había tomado de uno de los cofres.
—Eso no es tuyo, ¡devuélvelo! —intentó quitarle la llave de las manos pero Keith la apartó como si fuese un juego.
—¿Y qué vas a hacer, principito? He oído que el único truco que sabes es la adivinación ¿Qué puedes hacer con eso?
—¡Eso no es asunto tuyo! Salgan de la habitación de mi madre, ¡ahora! —demandó enojado al sentirse menospreciado por ese intruso.
Keith volvió a sonreír mientras un plan se fraguaba en su mente
—Tu eres el primogénito de la bruja que dirige esta casa ¿no? Debes ser su favorito, seguro que sabes donde mamá guarda sus joyas ¿tengo razón? —preguntó en retorica mientras secretamente invocaba su habilidad mágica.
Yami no sabia que ocurría, algo no andaba bien. Sentía algo en su cabeza, como si unas manos invisibles lo aferraran y no podía escapar; se sentía obligado a escuchar lo que ese hombre le decía y a... hacer lo que le ordenaba.
—Sé un buen niño y traeme esos diamantes —ordenó el mayor.
El pequeño ojirubí sintió su voluntad desvanecerse; de repente se encontró dirigiéndose hacia la cómoda de su madre y abriendo el cajón donde ella guardaba las preciadas alhajas de la familia y retirando el cofre que las contenía.
—Eso es... —Keith se lamió los labios imaginando el botín.
Yami regresó a su lugar frente a Keith con el cofre de madera en sus manos.
—Bien, ahora dámelo.
El pequeño no sabia que hacer. No quería dárselo pero algo estaba controlando sus acciones, dominando su voluntad como una fuerza invisible que le susurraba al oído.
—No... —se dijo por lo bajo aunque sus pequeñas manos temblorosas estaban a escasos centímetros de entregar el tesoro de su madre.
—Vamos niño. No tiene caso luchar. Entregame el cofre.
Esa horrible sensación inundaba los sentidos del pequeño. No sé sentía bien, trataba de luchar contra esa voz en su cabeza pero esta solo se hacia mas fuerte; lo sujetaba con rudeza, los latidos de su desesperado corazón se hacían eco en su cráneo como una señal de su elevada presión arterial. Una parte de él deseaba rendirse, el dolor se iría si obedecía lo que ese hombre le ordenaba; nadie lo culparía, él aun era muy pequeño para rivalizar contra el Concilium de un brujo experimentado pero... el recuerdo de su madre usando las joyas de ese cofre llegó a su mente. La bruja mas poderosa, y él entregando el tesoro de su madre sin haber dado una batalla digna como primogénito. No podría perdonarse jamas haber fallado de esa forma y mucho menos que su madre lo considerara un débil. No se rendiría. ¡Nunca!
—¡No! —gritó al tiempo que atraía el cofre hacia si mismo, abrazándose a él, protegiéndolo de las indignas manos de ese ladrón.
—¡Pequeño insolente! —gritó Keith listo para darle una cachetada en el rostro al niño y arrancarle su cofre de las manos.
Yami cerró los ojos y escondió su rostro de la golpiza aunque este no llegó. El aire se volvio invernal al punto que recorrio la espina de los presentes llenandolos de temor. Cuando el pequeño alzó de nuevo la vista, el rubio se encontraba flotando en el aire, sus pies a unos 10 centímetros del suelo. Ante la vista impávida de los presentes, una fuerza lo tenia sujeto del cuello y el bandido forcejeaba contra la mano invisible que lo tenia dominado.
—¡Jefe! ¡¿Qué te sucede?! —gritaron los cómplices del rubio.
Dos brutales sacudidas fueron el preludio de lo que siguió después.
Abajo, la fiesta continuaba y los invitados se aglomeraron para saludar a la anfitriona que acababa de llegar; nadie fue testigo de los acontecimientos que precedieron a lo que ocurrió. El sonido de las barras de madera, que formaban el balcón del primer piso, romperse; seguido del estruendo de un cuerpo golpear contra la mesa principal haciendo que las patas de esta se quebraran y la loza de cristal sobre la misma estallara, aplastada; fueron el preludio al bullicioso silencio que inundó la casa. Los invitados voltearon a ver al cuerpo tendido sobre la mesa principal, la parálisis del mismo alertó a los visitantes que de inmediato alzaron la vista para identificar al responsable.
Giovanna se hizo paso entre los invitados al ver el escenario. Como los demás, no podía creer lo que sus ojos le mostraban: ahí estaba, su pequeño Yami, aun sujeto al cofre que intentaba proteger, observando el cuerpo tendido sobre la que fue la mesa principal. Los murmullos especuladores y acusadores no tardaron en llegar a sus oídos y elevarse en el silencioso ambiente. La mujer se apresuró a subir las escaleras y tomar a su pequeño en brazos llevándolo hasta su habitación. No dejaría que Yami escuchase esas acusaciones sin antes ella saber lo que ocurrió.
—¡Salgan de aquí! ¡Ahora! —fue la orden de la morocha al entrar a su habitación y encontrarse con los secuaces de Keith; los cuales no dudaron en acatar, al estar aun presos del miedo por los acontecimientos.
—Yugi, tu también. Vete. —le indicó al pequeño ojiamatista.
—Mi amor ¿estás bien? ¿qué sucedió?
—No... no lo sé —Yami tartamudeaba y Giovanna puso especial atención a esto—. Él quiso robar tu cofre y... yo... —la migraña le estaba provocando mareos y nauseas— no me siento bien...
La madre llevó la palma de su mano hasta la frente del niño para sentir si este tenia fiebre; y en efecto, la presión sanguínea en la cabeza de Yami era excesivamente alta; no era producto de un ataque de pánico. Apretó las manos de Yami con las suyas para intentar calmar los agitados latidos de su corazón; fue cuando lo vio, unas gotas de sangre cayeron sobre sus puños e instintivamente alzó la vista al rostro de Yami. La sangre era producto de una hemorragia nasal en el pequeño; y entonces lo supo: alguien había practicado Concilium en su hijo.
—Mamá, mi cabeza. Me duele —unos leves quejidos llegaron hasta los oídos de de la mujer y esto la sacudió. Un golpe de ira invadió la mente de la pelinegra; no podía siquiera considerar que alguien se haya atrevido a torcer la voluntad de su pequeño Yami. Si había sido ese malnacido, mas le valía haber muerto en la caída o ella misma se encargaría hacerlo comparecer ante Papa Atem.
—¿Qué demonios fue eso? Yami, ¿qué hiciste?
El pequeño observó a su padre algo confundido... ¿acaso lo estaban haciendo responsable de lo ocurrido? De ser así... ¿le estaban diciendo... asesino? Su mente infantil falló en asimilar la acusación y el peso de la responsabilidad que traía consigo. Al borde de un ataque de nervios, solo 4 palabras se formaron en su mundo —Yo no lo hice... —se defendió el pequeño apenas con un hilo de voz buscando comprensión en los ojos de su padre.
El mayor comenzaba a dar vueltas alrededor de la habitación; alguna maquinación tramaría para sacarlos de ese aprieto pero, en ese momento, su silencio, incomodo, ciertamente no ayudaba a los nervios del pequeño.
—Papá, yo no lo hice —las lagrimas comenzaban a amenazarlo al entender que el adulto no le creía.
—¡Él dice que no fue y yo le creo! —la mujer interfirió por su pequeño; las lagrimas en los inocentes ojos de su hijo eran algo que no podía tolerar y menos cuando su infantil mente habia sido atacada de esa manera.
—¡Explicáselo a los invitados! —rebatió Aknankanon furioso.
—Hablaremos de esto después. Ahora... —la puerta de a habitación se abrió de la nada— ¡sal!
Aknankanon vio la puerta y miró de reojo a su mujer; esta mantenía su mirada afilada como una fiera lista para atacar si se atrevía a contradecirla. El hombre sabia que debía ser prudente, así que sin mas, salió de la habitación; la puerta cerrándose con un estruendo tras él.
Yami miró a su madre, quien le acariciaba tiernamente los cabellos ¿por qué su padre no le creia? Él no había hecho nada malo ¿no? Lo que había ocurrido, él no tenia esa clase de poderes y de tenerlos, nunca los usaría para lastimar a otra persona de esa manera ¿no? Sus propios pensamientos lo traicionaban; debía admitir que cruzó por su mente lastimar a ese ladrón pero... pero...
—Mamá, yo no lo hice —su voz vacía parecía obedecer a un mandato moral que ni el mismo entendía; pero ahí estaba, tratando de convencerse a si mismo de sus palabras.
—Lo sé, lo sé —repitió mientras abrazaba a su pequeño.
—Eras tú. Aquella vez, hace 10 años en la fiesta de la Casa Mutou; habías sido tú.
El egipcio solo sonrió antes de beber los restos de su vaso de gin.
—Sabia que yo no lo había arrojado por las escaleras —agregó Yami—. Me metiste en muchos problemas también —admitió con seriedad; al fin tenia ante él al espíritu que provocó que lo acusasen de homicida frente a toda la cofradía.
—Ese bravucón se lo tenia merecido —se defendió el egipcio —ademas, no hice nada que no hubieses querido hacer tú.
Yami mantuvo su tono serio pero poco pudo contra el efecto del alcohol y finalmente estalló en una ligera risa.
—No me enseñaste a hablar con los muertos, señor espíritu. Ya lo sabia hacer —agregó en sorna— De lo contrario no habría podido hablarte en primer lugar o ¿no? —explicó su curdo y a la vez lucido razonamiento.
—Touche —admitió el egipcio.
El reloj marco las 12 de la noche y el ojirubí ya había llegado al limite de su resistencia etílica. Cuando comenzó a hablar de muros de fuego, brujas, hogueras y duendes verdes papales; el dueño del bar le sugirió a Malik que ya era tiempo de ir retirando a su "amigo" de la barra.
—Definitivamente, no sabes beber —señaló el egipcio mientras acompañaba y ayudaba a Yami a salir de la taberna.
—Por supuesto que no. Apenas tengo 16 —se defendió el menor que llevaba una botella de vodka en la mano.
—16 y ya te embriagas como uno de 30.
Yami sonrió ante la comparación y, teniendo en cuenta el futuro que se le acercaba quizás no llegaría a los 30. Se encogió de hombros y prosiguió en su tarea de emborracharse.
—En un par de días quizás este muerto para hacerlo. Tal vez Bakura sea el Supremo y me arranque el corazón para ofrecérselo a los demonios del infierno.
—Los demonios del infierno no comen corazones... pero si podrá hacer un buen hechizo de amor con tu corazón y sangre. Ser el supremo le dará salud... pero no alterará su aspecto —apuntó el egipcio contra el aspecto del albino provocado que Yami ahogase la risa antes de darle un nuevo sorbo a su botella.
—La Condesa Elizabeth Batory, —continuó el egipcio— suprema y aun así tenia que bañarse en sangre de doncellas vírgenes para mantenerse hermosa.
—Bueno... si es por eso; él ya se encargó de arrebatarme esa cualidad hace mucho tiempo —explicó enmascarando la tristeza que esos recuerdos le provocaban pero que despertaban sospechas en el egipcio—. Creo que podré irme al infierno con mi corazón intacto. No me preocupa, no le tengo miedo al infierno —afirmó sin mas.
—¿Alguna vez has ido? —preguntó el egipcio.
Yami rodó los ojos hacia arriba intentando ayudar a su beoda memoria. —Estoy casi seguro que si.
—Entonces ¿porqué él piensa que no podrás hacerlo? ¿que no podrás regresar?
—¿Quién? —preguntó Yami al no saber a quien se refería el otro.
—Él, el cazador —aclaró el moreno.
—¿El niño de cabello gracioso? —el ojirubí se encogió de hombros y dio un nueva visita a la boca de su botella antes de responder—. No lo sé. Supongo que no puede hacerlo y por eso cree que yo tampoco.
—O quizás piense que no podrá salvarte si no logras volver.
El menor se sonrió tristemente ante esa asunción que solo lo hacia sentir culpable —Apenas y me conoce
—Ya sabes como son esas relaciones... esos vínculos invisibles que arrastras a través del tiempo —trató de explicar el egipcio.
—Dices ¿que él y yo nos conocemos de otra vida? ¿Como reencarnaciones? —ahogó una nueva risa— y después dices que yo no sé beber.
—Digo que he estado en este maldito mundo mucho tiempo y he visto suficientes cosas retorcidas para creer que esas "idioteces" son en realidad verdaderas—explicó su razonamiento en un tono que le hizo saber al menor que no estaba bromeando.
Yami permaneció un segundo cuando un nuevo pensamiento invadió su aleatoria mente.
—Si eso es verdad, entonces el destino debe ser un comediante —exclamó al tiempo que admiraba las estrellas sobre el imponente firmamento encima de ellos— mi madre se avergonzaría de mí si me viera.
Esas palabras despertaron la curiosidad de egipcio —¿Por qué lo dices?
—Ella era como las estrellas, te miraba desde el cielo que sabias que no podrías tocar. Que te quemarías las manos si lo intentabas. Envidiada y admirada, aun por mi padre. Y ahora, tengo la posibilidad de alcanzar ese cielo pero... no creo que pueda lograr lo que ella esperaba de mi.
—¿Acaso quieres parecerte a ella?
—No podría aunque quisiera. A mi edad, Verónica ya la había reconocido como su sucesora; nadie le discutió su autoridad; es diferente si tienes a alguien que guie tu camino.
—Tal vez, —hizo un silencio— pero es mas interesante si haces tu propio camino ¿o no?
—No si tienes las vidas de otras 6 personas en juego —admitió la encrucijada en la que se encontraba— ¿Qué sucederá después? Si pierdo entonces todo esto es en vano. Bakura o cualquier otro ganará y los perdedores moriremos intentando alcanzar ese maldito cielo que nos fue prohibido desde el momento en que nacimos; y si gano deberé tomar la victoria sobre sus muertes, sobre la de mi hermano... no me parece justo.
El egipcio se mantuvo un segundo analizando las palabras de Yami; tratando de encontrar la razón de la baja moral del chico. Él era el hijo de la bruja suprema, estaba en una buena posición al igual que los hijos de Verónica: Marik e Ishizu pero ¿por qué dudaba de sí? ¿Por qué se sentía a la sombra de aquella mujer? ¿o acaso esa versión idealizada en su mente infantil lo hacia dudar de su poder? ¿acaso sentía que traicionaba a su madre al querer arrebatarle el trono?
—¿Te avergüenza no haber podido realizar los milagros? No es tu culpa, tampoco es culpa de ellos; Giovanna era joven cuando desapareció aun le quedaban otros 20 años de supremacía es natural que la magia se haya aferrado a su espíritu y no lo soltará hasta que el nuevo supremo se alce y reclame lo que le pertenece. Y solo cuando eso suceda, su espíritu podrá seguir su camino en paz. Seas tu u otro, ella estará orgullosa de tí porque luchaste por su legado.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Yami; su esperanza parecía haberse renovado y estaba seguro de que así seria.
—Lo que sucede; —se puso de pie al recordar a la olvidada petaca en su mano— es que todos esperan mucho de mí. "Hijo de la anterior bruja Suprema, representante de la Casa Rosenkreuz en el maldito ritual..." Pero nadie piensa en lo que Yami quiere... y siguen poniendo cosas raras en mi cabeza. ¿Pues saben qué? —dio un sorbo a su botella— Yo también tengo sueños que cumplir...
El egipcio se sonrió al ver como retornaba el tono curdo del niño —¿Cómo por ejemplo?
Yami se quedó un segundo dubitativo para luego estallar en alegría —Ser... un duelista.
—¿Duelista? —se preguntó Malik algo desconcertado por el termino que uso el menor.
—No un duelista común... —dijo antes de sentarse sobre una de las motocicletas estacionadas en las afueras del bar— un duelista en motocicleta.
—Muy bien, ahora sé que has bebido demasiado —suspiró al tiempo que negaba con la cabeza e intentaba quitarle la botella de licor a Yami.
—Espera, aun le queda un poco a esa copa —exclamó haciendo un berrinche de niño al que le quieren quitar su juguete.
—Fue suficiente para ti.
—¡Hey! —una voz masculina y fuerte, pertenciente a un hombre musculoso, interceptó a ambos jovenes —¡Bajate de mi moto, tu puercoespin! —el hombre se acercó a los brujos con ánimos de pelear.
—Creo que te habla —Yami le traspaso la responsabilidad a Malik.
—Se refiere a tí —señaló que Yami era el que estaba sobre la moto del matón.
—¡¿Qué no escuchaste?! ¡Bajate o te bajare y arrancaré tus coloridos pelos! —volvió a amenazar al ojirubí.
—Creo que está enfadado —bromeó Yami sin medir el peligro en que se encontraba.
—Tranquilo, el niño esta ebrio —trató el egipcio de calmar los ánimos del maton.
—No me importa. ¡Voy a matarlo! —exclamó ya verdaderamente furioso.
A los ojos de Malik, Yami no estaba en condiciones de pelear, en ese estado podria terminar lastimado o poseído nuevamente por -el otro-, un escenario que hubiese adorado presenciar pero... iría definitivamente en contra de sus planes, asi que solo por esta vez decidió interponerse en el camino del grandote.
—¡Detente! —habló el egipcio al tiempo que sus ojos se tornaron completamente blancos— Vuelve al bar, tomate un par de cervezas mas y olvida que nos viste —ordenó el egipcio. El matón, pareció caer en un extraño estado de trance y así sin mas, dio media vuelta y regresó al interior del bar probablemente a cumplir el resto del mandato del egipcio.
Yami lo observó irse y le sacó la lengua en tono juguetón para luego ver al egipcio, que ya había recuperado sus irises purpura, y comentó en un tono cómico—¿Te he dicho que tienes una cara graciosa cuando haces eso? —fue lo ultimo que dijo antes de caer profundamente dormido en los robustos brazos del egipcio.
Los 3 integrantes de la familia se encontraban en el comedor degustando el desayuno de esa mañana. El pequeño Yami movia la comida en su plato de un extremo al otro sin probar bocado alguno; algo inquietaba al pequeño ojirubí quitandole el apetito. Observó a su padre tratando de encontrar las palabras adecuadas para hablarle de su conflicto pero este no parecia prestarle mayor atención al igual que su hermano. Esas situaciones preferia hablarlas con su madre; estaba seguro que ella lo entenderia ya que compartian las mismas habilidades.
—¿Dónde está mamá? —se atrevio a preguntar el pequeño.
—Mamá esta de viaje. Volverá en unos dias. ¿Necesitas algo? —inquirió el mayor.
—No, no es nada —suspiró desganado.
—Yami tiene un amigo imaginario —delató Yugi a su hermano en medio de risas.
—No es cierto, Yugi —reprendió a su pequeño hermano por revelar su secreto.
Aknankanon solo sonrió ante la inocencia de los dos niños; sobre todo por la de Yami al encontrar la necesidad de inventar un amigo en su infantil mente— ¿No estas grande para tener amigos imaginarios?
—No es imaginario —se defendió el niño algo enfadado al sentirse ridiculizado por su padre y hermano— Es un espíritu. Vive en mi habitación y se llama Malik.
—¿Malik? —recordó el nombre de aquella entidad que vivía en su habitación. Lo había olvidado después de tantos años de encierro en los calabozos del castillo Negro. Nadie le creía que Malik era real; su padre creía que era producto de su vasta imaginación pero él sabia que no era así. Malik era mas que un simple espíritu pero ¿cómo llegó hasta allí? ¿Qué hacia en la casa Mutou? y... ¿cómo fue que murió en primer lugar?
—Despertaste —reconoció la voz rasposa, profunda y metálica de su anfitrión: Malik.
Un fuerte dolor de cabeza azotó al ojirubí y las ganas de vaciar su estomago se hicieron presentes como resultado de su primera resaca.
—Mi cabeza... —gimió sosteniendo los lados de sus cabeza como si temiese que esta se partiera. Pero no tardó en recordar fragmentos de los eventos del día anterior y la incertidumbre se apoderó de él —¿Qué sucedió? ¿Donde estoy?
—En mi hogar, provisorio —presentó Malik la pequeña pieza donde vivía.
Era un lugar simple, pequeño, las ventanas estaban cubiertas por cortinas naranjas que creaban un efecto sepia en el ambiente con luz escasa, para alivio del ojirubi por su crudo estado. Un rincón de la habitación se encontraba un altar con velas, figurillas y artefactos de magia negra y vudú como los que solía ver en la mansión Bakura pero a diferencia de los Bakura, en el altar de Malik abundaban los cráneos de pequeños animales mientras que en la Casa Negra prevalecían los cráneos humanos. El aire del ambiente estaba inundado por esencia de narcisos proveniente de sahumerios que hacían lo imposible por enmascarar el humo húmedo del narguile que el egipcio fumaba en ese momento sin importarle si este vicio molestaba a su invitado o no.
—¿Quieres una taza de te? —le ofreció un pequeño tazón de saque con un liquido verde que Yami creyó era té verde. El ojirubí tomó el contenido pero, al sentir el horrible gusto, escupió una parte devolviendo el contenido al tazón.
—¿Qué demonios es esto?
—Es para la resaca —explicó Malik con una sonrisa que no daba seguridad en su rostro psicópata.
—¿Qué día es hoy?
—26 de septiembre, a tres días del Ritual si te es mas especifico —indicó antes de darle una nueva pitada a la pipa de su narguile.
—¡¿3 días?! —exclamo Yami sin creerlo. No podía seguir perdiendo mas tiempo; debía regresar con Seto.
—Participaras? —preguntó Malik al ver que su invitado comenzaba a arreglarse para abandonar su hogar— Creí que no lo harías después de nuestra charla de anoche.
—Debo hacerlo —dijo sin mas el menor.
—¿Debes? ¿De donde sacas el sentido del deber? No les debes nada a ellos; si quieren morir dejalos matarse mutuamente —otra vez, su envidiable tranquilidad enfurecía a Yami.
—No puedo hacerlo y lo sabes —retrucó furioso.
—Bueno, bueno, parece que alguien si recuerda lo que paso anoche.
Yami se detuvo un instante al recordar su charla con Malik, debía poner en claro las cosas con ese tipo. —Mira... Ma... —balbuceó y olvidó el nombre del egipcio. Ese insoportable olor a narciso en el ambiente estaba provocando que su jaqueca regresara; jaqueca que sin notarlo se había desvanecido hacia un momento largo.
—Malik —le recordó su nombre.
—Malik, agradezco lo que has hecho por mi. El haberme escuchado y todo... pero tengo que hacerlo —puso su mano sobre el picaporte listo para retirarse.
—¿Crees que podrás ganar con eso dentro de ti? —la pregunta surtió efecto y detuvo al ojirubí.
—¿A qué te refieres? —preguntó sintiendo un hormigueo comenzar a invadir su cuerpo pero no le dio mayor importancia.
—Descender al infierno es fácil. Ascender de él; es lo difícil. Las almas de por si, son pesadas en el infierno pero la tuya, tienes peso adicional. Nunca lograras salir de alli —explicó exhalando el narcótico humo al aire.
—Soy un nigromante —enfrentó Yami—. Puedo volver de la muerte.
Malik sonrió ante la credulidad, inexperiencia o... -idiotez- que demostraba el pequeño nigromante frente a él.
—La Muerte y el Infierno son dos lugares diferentes. Como nigromante deberías saberlo.
—¿Y que sugieres? —se cruzó de brazos.
—Si quieres aligerar tu peso; puedo hacerte un exorcismo —ofreció el egipcio sin mucho rodeo.
—Seto ya lo intento —fue la tajante respuesta del ojirubí. No volvería a pasar por esa "experiencia" otra vez.
—No la versión inquisitorial. Uno tradicional. Sin espejos, ni balas de plata, ni cazadores. No tiene ningún peligro para ti ¿Qué dices? —como un negociante, ofreció sus servicios al joven ojirubí.
—¿Y por qué lo harias? —dejó en claro la desconfianza que el egipcio provocaba en él— ¿Qué quieres a cambio?
Malik volvió a sonreír —Consideralo una compensación por hacerte quedar como un asesino desalmado en frente de tu familia.
Yami no podia negar que se sentía como la sirenita en presencia de la Bruja de los Mares. Se preguntaba si ese personaje guardaba alguna relación con Malik. Aunque su situación era mas favorable que el de la Sirenita ya que el egipcio parecía no requerir nada a cambio de sus servicios no dejaba de ser una situación por demás bizarra y peligrosa. ¿Qué tenia para perder? Si Malik lo engañaba, tenia su habilidad de Resurgimiento para volver y ajustar cuentas con el egipcio.
—Supongo que puedo intentar —cedió sin percatarse que el humo en la habitación ya era insoportable— ¿Cuándo empezamos?
—Ya hemos comenzado —indicó el egipcio exhalando el humo del narguile al aire.
Yami tosió el humo, esos malditos sahumerios frutados mezclados astutamente con esencia de narcisos lo estaban mareando. ¿Cómo podía el egipcio permanecer inmutable con esa peste? El cosquilleo en su cuerpo era una mayor. El ojirubí volvió a toser cuando sintió el aire faltarle y una extraña somnolencia se apoderó de él. ¿Qué sucedía? El dulce olor a narciso se había desvanecido siendo reemplazado por otro mas horrible penetrante. Entendió al instante, el narcótico que fumaba el egipcio y que el monótono aroma a narciso ocultaba: opio.
—Dulces sueños —fue lo ultimo que escuchó Yami antes de caer rendido en las realidad subconsciente de los sueños.
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Holas a todos! ¿Cómo están? Espero que estén estupendamente bien; estoy estupendamente bien y por eso les traigo el capitulo 13 de este fic; números malditos si los hay. Les dejo la canción que cierra el capitulo: Goodbye Horses de The Airborne Toxic Event watch?v=mqu5b6bHwxY Dejo el link en los comentarios; seria la canción de Malik en el capitulo XD un cover de la canción de Bufalo Bill en la película El Silencio de los Inocentes. ¿Similitudes?
Bien, Malik ha hecho su aparición y ya han leído lo que sucedió en su encuentro y si, por si alguien lo pensó, soy fan del clash-shipping también aunque dejo volar mi imaginación en Youtube con esa pareja... sip, Kaiba sigue mandandome quejas del Sindicato de Actores y Malik le saca la lengua de ese modo que solo él sabe. Pero ¿cómo evolucionará la relación aquí en el fic? no lo sé aun, así que dejemos al querido Malik de lado por un rato.
Hay varios guiños a la serie/s entre las posesiones de Giovanna y los dichos de Yami. Y la charla entre Yami y Malik, es la forma en que veo a Malik ya sé que es un loco pero Yami también lo era, así que entre locos deben entenderse.
Con lo de las deidades, es verdad que en la brujería existen varias deidades o espíritus de nivel superior y pueden aparecer mencionadas en el fic y no olvidemos que los Rosenkreuz sirven al Vaticano así que para ellos, Atem seria una deidad pagana o algo mas dark wow. Pero, si le leyeron, Malik le dice a Yami que la muerte y el infierno son dos lugares diferentes; así que Yami a pesar de haber muerto nunca fue al infierno aun... así que puede que aparezcan otras a saludar pero... por ahora solo Atem. Pasemos a responder reviews!
Haneko-chan, bien! Pero te has copiado de tu compañera así que te descontaré puntos! Pues me alegra verte revivir de entre las cenizas como Yami XD y Oh oh oh si tiene sentido! Y pues quedan preliminarment cuatro o cinco capítulos; puede pasar cualquier cosa. Espero hayas disfrutado el capitulo y que andes bien!
Minino Rosa, oh bueno gracias! Todo a su debido tiempo y no sé si Seto va a poder o Malik le va a ganar de mano. Y, si! Es esa misma foto! Felicidades, ha descubierto un plot twist! No pude explicarlo mucho porque el capitulo ya se hacia largo... pero lo haré. ;D Muchas gracias por seguir el fic, espero hayas disfrutado el capitulo y que andes bien!
Alexandria Kousuke, jajaja verás que perdoné a tu corazón XD pos señorita usted tampoco trata bien a Yugi con eso de que no es amado y bla bla bla. Vos también lo pusiste en una situación similar en tu fic, así que CHITO! La lengua de Anzu sobrevivirá hasta que pertenezca a los dominios de Atem. XD Sorry! Espero hayas disfrutado el capitulo y que andes bien!
TsukihimePrincess, guau no pensé en la numerologia en ese extremo XD por ahora solo aparecerá Atem asi que no hay problema por las otras deidades ya que, como afirmó Atem, lo que pase en el mundo terrenal esta fuera de sus preocupaciones. Rebecca... nada bueno. Espero hayas disfrutado el capitulo y que andes bien!
Eso seria todo por ahora, espero hayan disfrutado del capitulo y ya saben, dejen sus reviews con comentarios, dudas, criticas, etc, y como siempre, nos leemos cuando me lean. Saludos!
