Libro I
Capítulo XV
Posesión – 1ra parte
Era otra mañana mas en las afueras de Domino, un joven de aproximadamente unos 18 años salia de su modesto depto en el medio del desierto para ir a su trabajo de todos los días; sin percatarse del extraño personaje que merodeaba el lugar desde la noche anterior y que ahora se dedicaba a tocar suavemente su citara.
—Buenos días.. —saludó el egipcio al ver al dueño del depto abandonar su hogar.
—Si, buenos días —contestó sin darle mayor importancia al artista callejero.
El egipcio afiló su sonrisa al tiempo que guardaba su instrumento en el estuche que traía consigo y sacaba otro del mismo. Escuchaba al joven de cabellos grises y uniforme de estudiante maldecir a la cerradura que se negaba a accionarse... distracción que aprovechó el egipcio para ir acercándose al chico sin que este se percatase. Se cercioró una última vez, el silencio a su alrededor le dio cuenta de la soledad en que se encontraban, Papa Atem seguro le sonreía
—Lindo departamento.
Eso fue hace una semana atrás...
El egipcio de desordenados cabellos plateados observaba a su inconsciente invitado. El joven ojirubí aun permanecía dormido bajo los efectos de la droga que le había dado a inhalar hacia ya 2 horas y no daba cuenta que despertaría prontamente. Malik, le dedicó una nueva mirada al pequeño, no podía creer que ese niño débil fuese hijo de Giovanna. Se cubrió el rostro ahogado una carcajada; los brujos de la Cofradía de veras estaban en decadencia... de no ser por el inconveniente de su muerte quizás él habría logrado la destrucción de las 7 Casas pero... las cosas no podían ser tan sencillas. No podía simplemente subestimar al niño frente a él, después de todo... lo había visto por TV, lo había visto sobrevivir una bala de plata en la cabeza. Eso sin dudas era impresionante... la pregunta era ¿cómo?
Un gemido lo sacó de sus pensamientos, bajo la mirada y; en efecto, el niño había abierto los ojos aunque no estaba del todo despierto. Soñando despierto quizás. Tomó un alfiler de la mesa y hundió la punta de este en el dedo indice derecho de Yami, quien no pareció sentir el pinchazo.
Malik sonrió, soñando despierto. Miró el reloj, no tenia mucho tiempo. El Cazador saldría de Domino pronto a buscar a su protegido; y aunque sabia que le daría trabajo encontrarlo prefería terminar el asunto pronto. Se puso de pie y se dirigió al cuarto de baño, mas precisamente, a la bañera donde yacía el cuerpo sin vida del ex-dueño del depto en el cual ahora moraba: el joven de uniforme de estudiante.
El, en ese entonces pequeño, Ryou bajó los escalones que lo conducían al sótano del Castillo Bakura; el oscuro lugar apestaba a frio y humedad, una mala combinación para el pequeño que vivía allí y que ahora, Ryou iba a visitar. El albino avanzó unos cuantos pasos hasta toparse con los barrotes de la celda que contenía al invitado de la familia, al heredero de la Casa Cárdena, al dador de su hermano Akefia: Yami Mutou.
—Hola Yami. ¿cómo estas? —saludó con calidez el albino mientras abría la puerta de la jaula.
No recibió respuesta, aunque tampoco esperaba una del todo teniendo en cuenta el deplorable estado del ojirubí. Cuestionaba el haber puesto a Yami en una celda, era poco probable que intentase escapar después del enfrentamiento psíquico que había tenido con su hermano hacia una semana atrás. La presión que ejerció Bakura sobre la mente de Yami fue tal que desencadenó un ACV sobre este ultimo. Una semana, hacia una semana que Yami no mostraba señales de mejoría. Apenas si respiraba. Su padre le dio unas bolsas de suero e intravenosas para que alimentara a Yami ya que el joven, al parecer había perdido también la voluntad para alimentarse por sus medios y esto era claramente visible en la extrema delgadez que estaba consumiendo al cuerpo del ojirubí. Recordaba la primera vez que se dio a la tarea de injertar las intravenosas en la carne de Yami; estuvo a punto de vomitar por la impresión que le provocaba; a diferencia de su hermano Bakura, quien era un experto brujo vudú, su magia guardaba mas afinidad con los brujos blancos, un secreto que debía esconder de su familia. Los minutos pasaban y al fin, se armó de valor para develarle a Yami su plan.
—Mira, encontré libros de brujos blancos —exclamó mostrando el antiguo libro que llevaba consigo—. Son expertos curadores de toda clase de aflicciones —comentó mientras pasaba las paginas—. Si me viese el Rosenkreuz, me mataría por tomar prestados estos. Pero... —se detuvo— este puede servir. Un hechizo de regeneración, —volteó el libro de modo que Yami pudiese ver los pasajes— dice que es para curar heridas pero estoy seguro que puede ayudarte.
El pequeño ojirubí solo guardó silencio; a lo que Ryou suspiró derrotado.
—Yami, lamento lo que Akefia te hizo. Pero...tienes que entender que... no ha sido fácil para él tampoco. Demostrar ser un Bakura es... difícil —volvió a suspirar, ¿acaso podía encontrar una justificación a la cruel forma en que su hermano trató a Yami?—. No justifico lo que te hizo pero... te prometo que haré todo lo que este a mi alcance para repararte.
Cuando el suero se terminó, Ryou recogió sus cosas y dejó de nuevo solo a Yami. Resentía tener que abandonarlo en ese horrible lugar y en ese estado pero no podía hacer nada mas por él. Lentamente cerró la puerta del sótano y se dispuso a ir a su habitación cuando alguien se interpuso en su camino haciendo que uno de sus libros prohibidos cayera al suelo, y el titulo del mismo quedase expuesto. Tragó fuerte, si era su padre, estaba perdido.
—¿Adonde vas con eso? —Ryou se sintió aliviado al reconocer la voz de su hermano Akefia; no estaba a salvo del todo, pero agradecía no haber sido descubierto por el viejo Aknadin. El mayor se inclinó para recoger el libro prohibido
—¿Libros de brujos blancos? —exclamó Bakura intrigado para luego ver a su hermano y el lugar del que este venia— ¿Acaso estas tratando de reparar a ese inútil que vive en el sótano, hermanito? —enfrentó a Ryou algo enfadado al sentir que su hermano estaba tratando de deshacer su trabajo.
—Yo... —Ryou se encogió al sentir el cambio en la voz de su hermano, podía sentir su enojo y debía inventar una escusa rápido—. Yo solo lo estoy usando para practicar mi magia en él.
—¿Practicar magia? —preguntó Akefia confundido.
—Si, como solíamos hacerlo con el señor Tweet —invocó la memoria de su viejo amigo de la infancia.
—¿El periquito que teníamos de niños? —preguntó Bakura, aun desconfiando.
—Si... —tartamudeó Ryou, su hermano de veras lo intimidaba.
—Ah, ya entiendo. Quieres que sea tu mascota —agregó sonriendo— ¿Quieres alimentarlo? ¿bañarlo? ¿enseñarle a rodar y sentarse? —una carcajada estalló en su garganta al imaginar lo que acababa de decir. ¿Darle a ese inútil de cabeza picuda un cerebro de ave? Que idea tan deliciosa había tenido el pequeño Ryou, ni a él se le hubiese imaginado, hasta podía decir que estaba orgulloso de que Ryou fuese su hermano.
Ryou dibujó una sonrisa nerviosa pero luego entendió que en la enfermiza manera que tenia Bakura de ver el mundo; lo mejor que podía hacer, era seguirle la corriente.
—Ya tengo que alimentarlo, hermano. ¿Puedes culparme por querer hacer un poco mas placentero mi labor? —agregó simulando desinterés por el bienestar de Yami.
—No te culpo, hermano. Bien, intentalo —le devolvió a Ryou su libro y este lo tomó— Aunque... el señor Twedle tenia cerebro; este no lo tiene.
Las semanas pasaron y Ryou había hecho ya un estudio elaborado del libro, reunido todos los ingredientes y elementos necesarios y ahora, al fin, estaba listo para poner su habilidad mágica a prueba.
—Dos serpientes, velas blancas y una verde, una rama, hojas de laurel que representan la vara de Esculapio... para invocar a Asclepio —el albino separó los ingredientes de manera que quedasen en los bordes del circulo que había trazado en el suelo, señalando los 4 puntos cardinales. Observó su trabajo una vez mas, tenia todo lo necesario, excepto por una cosa. Miró a Yami, el pequeño aun conservaba su mirada perdida y ausente, lo que lo hizo suspirar algo nervioso —¿Yami? disculpame pero necesito un poco de tu sangre. Voy a tratar de ser cuidadoso ¿esta bien? —con cuidado extrajo unas gotas de sangre del pequeño ojirubí, quien, para suerte o desgracia de Ryou, no se quejó al sentir la aguja atravesar su piel. Dejó caer las gotas de sangre dentro de un pequeño cuenco hecho de piedra donde previamente había molido algunas hojas de laurel, con algún otro fluido de serpiente macho que aleja los malos espíritus; y dejo este en el centro del circulo.
—Bien, —miró a las serpientes retorcerse dentro del frasco donde estaban aprisionadas y un escalofrió recorrió su espina. No podía negar que estaba nervioso, pero a la vez emocionado; nunca había practicado, o mejor dicho dirigido, un rito de ese tipo— mi latín es un poco básico pero... — distendió sus nervios una última vez —aquí vamos.
Comenzó un pequeño canto, inteligible, casi como un susurro que debía continuar hasta sentir la señal. No pasó mucho tiempo cuando una ligera ráfaga de viento hizo temblar las llamas de las velas y dio cuenta al albino que otras entidades invisibles se habían unido al ritual, convocadas por el canto y las ofrendas presentadas; él no sabia si sentirse satisfecho por el acompañamiento o mas nervioso aun por temor a hacerlas enfadar. Las velas crepitaron aun mas, las presencias como sombras rodeaban a los dos jóvenes sin acercarseles pero dando a entender que la impaciencia las estaba enfadando. Entidades ocupadas deseaban tomar sus ofrendas y retirarse a sus respectivas ocupaciones. Ryou sintió la exasperación de las mismas y el nerviosismo se apoderó de él; no había tiempo, debía comenzar la negociación.
—Et Sanitiam et Remediatiam...—recitó notando que su voz comenzaba a tener un inexplicable y profundo eco— Iuro per Apollinem medicum et Aesculapius et luceat omnibus di ... medicus cura.
La ráfaga extinguió las luces de las velas blancas dejando solo a vela verde encendida, Ryou la observó con una mezcla de miedo y escepticismo, ¿podía ser coincidencia?
El sonido del cristal del frasco que contenía a los ofidios quebrarse en pedazos lo hizo sobresaltar; y lo siguió ver una ligera llama generarse dentro del cuenco de piedra. El olor a laurel llegó hasta él y enseguida, recuperado de su miedo y éxtasis por los eventos ocurridos, tomó el pequeño cuenco y lo acercó a Yami para que este pudiese inhalar el humo de la preparación. El vapor rápidamente emanó como si tuviese consciencia propia e ingresó al cuerpo del joven a través de sus vías respiratorias. Después de unos segundos, la vela verde se extinguió y con ella el humo de la mezcla. Ryou apartó el cuenco de Yami e intentó hacer reaccionar al joven.
—¿Yami? —llamó con entusiasmo— ¿Puedes oírme? ¿Puedes hablar? —sacudió ligeramente al pequeño tratando de hacerlo reaccionar pero sin obtener resultado. Dejó de intentar, ¿acaso habría hecho algo mal? Pero si había seguido las instrucciones al pie de la letra; ya conocía las lineas de ese libro de memoria... ¿por qué no había funcionado? ¿Acaso era por su magia? ¿Por ser un brujo negro? O quizás.. su padre tenia razón y... él ni siquiera tenia magia en su interior— Es inútil, —suspiró derrotado— no soy un brujo blanco, no puedo hacer esta clase de hechizos. ¿Qué demonios estaba pensando? —recogió sus piernas y hundió su cabeza entre sus brazos queriendo ocultar su tristeza, su vergüenza y su derrota.
O al menos eso creía..
—Pe... —un gemido tímido sacó a Ryou de su ostracismo. ¿Acaso podía ser?
—...Pen... san... do —el pequeño ojirubí había hablado, como un bebe, pero había hablado. Ryou no caía de su asombro.
—¡Hablaste! —no podía creerlo— Yami, eso es fantástico El hechizo debe estar funcionando. Cuando le diga a Bakura... —se detuvo y miró a los inocentes y suplicantes ojos de Yami; sabia lo que sucedería si Bakura se enteraba. Lo torturaría sin razón, pero lo haría y él no podía permitirlo— no, no debe saberlo. Que piense que aun estas en ese estado, —tiernamente acaricio los cabellos rubios del ojirubí— no le da placer torturarte si te ve débil. Trata de no hablar en su presencia. Será nuestro secreto.
Los días pasaban y Ryou bajaba a los sótanos con mas regularidad, incluso permanecía mas tiempo con el joven que los habitaba. Yami había mejorado notablemente, su habla era mas fluida y sus pensamientos mas elaborados, sin duda, el ser un niño también ayudaba a que su recuperación fuese mas rápida pero... también ayudaba a que sus obstinados berrinches fuesen mas frecuentes. Yami le recriminaba a Ryou la situación en que se encontraba; llegando incluso a insultar al pequeño albino pero luego, parecía recuperar la compostura, lamentaba su situación pero... no podía culpar a Ryou por ser el único que bajaba a hacerle algo de compañía; por ser el único que se sentaba a su lado a jugar, a hablarle, a traerle algo de comer. Muchas veces trataban el tema de la magia y Ryou le mostraba sus mediocres hechizos mientras que Yami alardeaba una magia que no podía manifestar pero el albino ya estaba acostumbrado; prefería verlo sonreír a recordarle porque debía vivir en esa obscura celda, alejado de su magia, de sus amigos, de su familia.
El secreto perduró unos años hasta que un día, Bakura comenzó a juntarse con brujos de poca monta y, secundado por ellos, a tener un nuevo hobby: invocación de espíritus. Por supuesto, los objetos de invocación era difíciles de hallar; cada familia vigilaba con recelo sus reliquias y no las cedían a cualquiera, y menos a los brujos jóvenes, extranjeros o de niveles inferiores. Debido a esto, los jóvenes se vieron obligados a realizar sesiones espiritistas utilizando la "ordinaria" tabla Ouija; con esta, atraían a espíritus errantes de simples mortales que ni siquiera fueron considerados como amenazas por las anteriores Supremas y, por eso, evitaron ser exiliados o sellados; pero el verdadero reto para cualquiera de su marginado clan era lograr invocar a un verdadero demonio.
Para Yami, era otra tarde de otoño como cualquiera de las anteriores que había pasado en esa horrible celda y como todas ellas, esperaba paciente a que Ryou bajase a jugar con él y le trajese algo de comer. Esta vez, la puerta del sótano se abrió pero no fue Ryou quien bajó los intrincados escalones. Escuchó las voces de 4 jóvenes, una de ellas la reconoció al instante, era la siseante voz de Bakura, las otras... eran difíciles de identificar pero Yami podía jurar que las había oído antes.
—¡Guau! No sabia que tu casa tuviese calabozos.
—Claro, es un castillo. ¿Qué es un castillo sin calabozos? —espetaba Bakura.
Yami se acercó lo masque pudo para lograr identificar a los personajes
—¿Y viene con prisionero y todo? —un sujeto de cabellos rojos en punta y lentes de sol redondos se acercó a la celda de Yami y miró en su interior.
Como un acto reflejo, Yami se contrajo hasta quedar oculto entre las sombras.
—No es muy sociable ¿no? —agregó el pelirrojo al ver como el prisionero se alejaba de él.
—Es el proyecto de Ryou. Cree que puede "curarlo" después de que freí su pequeño cerebro —explicó Bakura restandole importancia.
—¡Hey! vamos, acercate. Queremos verte. ¿Quieres un dulce? —el pelirrojo pasó su mano a través de los barrotes de la celda y le ofreció un caramelo al pequeño. El ojirubí se mantuvo en su lugar.
—Pero que aburrido —el pelirrojo se cansó de intentar atraer al niño y se retiró.
—¡Sid! ¡Zygor! ¡Déjense de tonterías! —bramó el mas bajo de todos— Tenemos trabajo que hacer.
—Bien, Bonz —trató el pelirrojo de calmar al mas bajo— ¿Qué trajiste como objeto de invocación?
Bonz se sonrió mientras sacaba del interior de sus ropas el objeto en cuestión.
—¡Esto! —les mostró a los presentes una pequeña esfera hecha de jade con el dibujo de una rasgadura que emulaba un ojo .
—¿Una canica? —preguntó Zygor, tomando la canica entre sus dedos para examinarla mas de cerca; haciendo que Bonz se escandalizara al sentir que el grandote bruto rompería la esfera.
—¡No es cualquier canica! —gritó exasperado arrebatandole la esfera a Zygor— Es una bola de jade autentica; leí sobre ellas. Se supone que encerraban el alma de los demonios mas poderosos.
—¿En serio? A mi me parece una canica ordinaria.
—No te parecerá ordinaria cuando te diga donde la obtuve: del dormitorio de la Bruja Suprema.
Esa revelación sin duda atrajo la atención de Yami.
—¿De esa perra? ¿Cómo lo obtuviste? —preguntó Bakura.
—No fue fácil, perdimos a uno de los nuestros aquella noche. El hijo de esa bruja resultó ser un verdadero psicópata. Mató a Keith frente a nuestros ojos —recordó Bonz.
El pequeño ojirubí no tuvo mas dudas; ellos eran los pillos que irrumpieron en la habitación de su madre aquella noche de la fiesta. Casi tuvo deseos de defenderse de las acusaciones pero de inmediato... decidió callar.
—¿Y a ese que le pasa? —preguntó Bonz al notar una leve alteración en el comportamiento del prisionero.
—No lo sé —respondió Bakura restandole importancia. Eran otros los detalles que deseaba conocer— ¿Cómo lo mató?
—Lo arrojó por las escaleras del segundo piso de la casa, usando telequinesis.
—¿Telequinesis? —preguntó Bakura, entre confundido, curioso y desconfiado.
—Si, —respondió Bonz fingiendo pena pero de inmediato se recompuso— de todas formas, ese ingrato de Keith se lo merecía
—Es verdad. Era un verdadero tirano —recordó Zygor.
—Pero el niño no quedó impune, escuché que el Concejo le ordenó a la bruja la ejecución del niño pero ella se rehusó y ambos abandonaron la Cofradía —comentó Sid.
La atención de ojirubí se concentró es escuchar los rumores que esos personajes proporcionaban; quizás alguno se acercase a lo que en realidad sucedió o, por lo menos, le diese una pista del paradero de su madre.
—Yo oí que la bruja ofreció al niño como tributo a Papa Atem; pero este se enamoró de ella y se la llevó al infierno con el niño —Zygor puso su versión del rumor sobre la mesa.
Bonz, sin querer ser menos, expuso su versión de la historia —Yo oí que que en realidad Papa Atem era el verdadero padre del niño.
—¡Esas son puras tonterías! —exclamó Bakura pero de inmediato... otra idea cruzó por su mente y aprovechando el tétrico ambiente que proporcionaba el lúgubre sótano de su hogar, prosiguió—. La verdadera historia —hizo una pausa y miró de reojo al joven dentro del calabozo— lo tiene al Supremo Consorte como protagonista —la revelación llamó la atención de sus tres compañeros que de inmediato hicieron silencio para oír el relato del brujo negro.
—Dicen —continuó el albino— que el primer hijo de la Bruja Suprema no era hijo del Supremo Consorte. El rumor se expandió entre las 7 Casas y Aknankanon no pudo soportarlo. Él escuchaba —se encubrió entre las sombras de manera que solo su voz se oyera en el sepulcral silencio de los calabozos—, los rumores taladraban su cabeza día y noche. Todas las mañanas, veía al niño jugando a las escondidas con su otro hijo, su verdadero hijo y decía: "¿Cómo puede ser?" Como podía ser que dejase que ese maldito bastardo heredase el trono de la Casa Cárdena mientras que su verdadero hijo... quedaría resumido a las sombras del segundo lugar. Maquinaba... maquinaba... Era algo que no iba a permitir. Así que, la decisión fue... matar a la bruja traidora infiel.
—¿La mató? —tartamudeo Zygor.
—Espera un momento ¿No se supone que una bruja Suprema es mas poderosa que cualquier otro brujo? —razonó Sid.
—No la mató directamente, idiota —aclaró Bakura sin perder su sombrío tono—. Contrató a alguien para hacerlo... un cazador.
—¿Del este? ¿Del oeste? —preguntó Sid para conocer detalles de la forma en que fue asesinada la bruja.
—De ninguno de los dos clanes, un cazador libre; los mas peligrosos que existen. Con la ayuda del Supremo Consorte, tomó al niño como rehén y citó a la bruja, una fría noche de invierno como esta; en el jardín detrás del hospital de Domino. La bruja intentó detenerlo pero el cazador la había estudiado antes; conocía todos sus trucos, sus movimientos hasta que finalmente... —encubierto en las sombras, comenzó a rodear a sus oyentes— ¡le cortó el cuello!
Zygor dio un grito de terror al sentir las frías manos de bakura rozar apenas su cuello pero que fue suficiente para agitar los nervios de los otros 2 presentes.
—Y el niño, —continuó Bakura— lo vio todo; vio como el cazador cortaba la cabeza de su madre y luego prendía fuego al cadáver. Después, el cazador fue hacia el niño, lo tomó de su frágil y delgado cuello y ¡lo sacó del lugar donde lo tenia cautivo! El niño lo miraba asustado con sus ojos grandes color carmesí; y el cazador... no pudo soportar la mirada por la culpa que le causaba así que... tomo una daga... llevó la filosa punta hasta el rostro del niño y luego... uno por uno... ¡le arrancó los ojos! —los tres oyentes se abrazaron mutuamente al imaginar el relato de Bakura— Se dice ahora que si caminas por el jardín del hospital en las noches de frio invierno... puedes ver al niño caminando a través de los senderos, ciego, chorreando sangre de sus globos oculares vacíos, buscando a su madre que jamas la encontrara; pero él la llora... y la llama... "¿Mamá? ¿Dónde estás? ¿Por que no puedo verte?"
El chirrido de la puerta al abrirse hizo que Sid, Zygor y Bonz dieran un grito del susto creyendo que era el gemido agónico del niño del relato y que ahora venia a por ellos.
—¿Bakura? ¿Estas ahí abajo?
Bakura suspiró fastidiado al escuchar la dulce voz de su hermano terminar con su obscuro relato.
—¡Cierra la puerta, Ryou! —ordenó.
El pequeño albino, cerró la puerta tras de si. Solo bajaba para traerle comida a Yami, no esperaba encontrarse con su hermano.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Ryou, algo preocupado por lo que le podía causar en Yami la presencia de Bakura.
—Estamos por iniciar una sesión espiritista.
—¿Una sesión espiritista? ¿Papá sabe de eso? —preguntó Ryou acercándose a la jaula donde Yami estaba cautivo y le pasaba un plato de comida a través de los barrotes.
—Claro que no. Ese anciano nos fastidiaría. Es un secreto, imagino que sabes guardar secretos de hermanos ¿no es verdad, Ryou? —maquinó.
—No lo sé, Kura. La sesiones espiritistas son peligrosas —continuó mientras le alcanzaba a Yami un vaso con agua.
—¡Bakura! Si no te importa a ti y a tu "hermanito". Vamos a comenzar —llamó Bonz al brujo negro mayor.
—Ryou, no seas bebé —agregó Bakura mientras se acercaba al centro de la habitación donde los demás habían posicionado el tablero Ouija y reunido alrededor de él.
Ryou permaneció a una prudente distancia; no quería dejar a Yami solo con Bakura y sus compañeros; si lo descubrían tendría problemas.
Una vez que el circulo de invocación bajo el tablero estuvo dibujado y la tenue luz de las velas fueron la única fuente lumínica del lugar; Bonz declaró— Bien. ¡Empecemos! —al tiempo que depositaba la canica de jade en el centro del tablero.
Los demás colocaron sus dedos indice sobre el apuntador.
—¿Estas seguro que sabe lo que haces, Bonz? —pregunto Zygor algo desconfiado de la habilidad de Bonz y temeroso de lo que podía llegar a suceder.
—¡Por supuesto! Observa —cerró los ojos y comenzó— "Le hablo al espíritu de la canica de Jade"
Bakura estalló en risa ante lo anterior dicho, —¿Espíritu de la canica de Jade?
—¡Shhh! Así lo llamo yo—retó Bonz.
—"Oh gran espíritu de la Canica de Jade... ¿puedes responder a nuestras preguntas?"
…
El silencio fue la única respuesta.
Los presentes permanecieron a la espera unos momentos.
—Creo que está fallando la conexión, Bonz —se rio Sid, provocando que Zygor se riera también.
—¡Concéntrese, idiotas! —gritó Bonz.
…
Los minutos pasaban, y la escasa paciencia de Bakura estaba llegando a su fin. Se reprochó el pensar por un segundo que ese idiota de Bonz supiese hacer una sesión espiritista. Quizás esa estúpida bola de jade en realidad era un fraude como su compañero.
—Esto es estúpido —declaró el albino a punto de retirarse.
—¡Bakura! ¡No puedes abandonar el circulo! —advirtió Bonz.
—Ya me cansé de esto. Toma tu estúpida bola de jade y largate de mi casa.
—No hables así del objeto de invocación ¡Lo harás enfadar!
—¿Ah si? —tomó, el albino, la canica de jade— Esto es lo que pienso de tu estúpida bolilla de lotería —casi sin meditarlo, lanzó la canica al aire y, antes de que esta aterrizase, le dio una patada que la hizo desaparecer en los oscuros rincones del sótano.
—¡Bakura! Idiota ¿qué has hecho? —gritó Bonz, sujetándose la cabeza.
Antes que Bakura pudiese responder, un misterioso temblor se hizo sentir en los cimientos del Castillo Negro, se mantuvo unos segundos y luego...cesó.
Ryou miró a su hermano con miedo, hubo un cambio en el ambiente, una sensación de vacío como si el aire se congelara en sus gargantas; nada se escuchaba, ni el sonido de las tuberías, ni el agua del pozo sobre el que estaban.
Nada.
De pronto, el sonido de un golpe los ensordeció; las velas titilaban intentando mantenerse encendidas en las temperaturas bajo cero que el ambiente estaba alcanzando.
—¡Yo me voy de aquí! —gritó Zygor quien salió corriendo hacia la salida cuando una fuerza invisible lo empujó de nuevo dentro del circulo cayendo de espaldas al suelo.
La tabla tembló separándose del suelo y de inmediato, cesó cuando el apuntador se movió hasta quedar sobre una simple palabra que dejó a todos en silencio y estupefactos:
—"Hola"
Zygor y Sid gritaron de terror al ver el "saludo" del ente mientras que Bonz, tratando de recuperar el control de la sesión, solo atinó a preguntar tartamudeando—¿E-eres un espíritu?
—"Si"
Bonz, Ryou y Yami suspiraron casi aliviados por el repentino cambio de actitud del espíritu. Al parecer, no era una amenaza pero... no debían confiarse.
—¿De donde vienes?
—"L-e-j-o-s"
—¿Moriste?
Bakura suspiró hastiado por la parva de preguntas idiotas que Bonz estaba formulando. Tenían frente ellos a un espíritu, uno verdadero y ese idiota lo estaba acaparando con preguntas absurdas. No esperó una respuesta y decidió tomar el control.
—Ya basta de eso. ¿Quién eres? —gritó Bakura a la habitación.
Los presentes esperaron la respuesta pero el apuntador no se movió
—¿Qué no me escuchaste? Dinos ¿quién eres, o eras? —volvió a bramar Bakura.
El espíritu callaba.
—¿No respondes? Como lo imaginé, eres un cobarde —este comentario cayó como un balde de agua fría en los demás presentes. ¿Acaso era cierto lo que oían? ¿Bakura estaba desafiando al espíritu? Un nuevo temblor azotó la habitación, el ente estaba empezando a molestarse.
—Bakura, basta —pidió Ryou de rodillas, sujetando a Bakura de sus ropas.
—¡Muéstranos tu poder! —desafió una vez mas al espíritu
Un rugido se escuchó seguido de una tormenta de viento que los comenzó a rodear. Bonz, Zygor y Sid se abrazaron mutuamente; la sesión se había salido de control.
—¡Akefia! —volvió a pedir Ryou con lagrimas en sus ojos mientras se cubría de las ráfagas de viento.
Bakura solo se sonrió mientras permanecía inmutable en la tormenta; una idea se había formado en su lúgubre mente.
—¿Quieres un sacrificio? —preguntó como respondiendo a una pregunta que nadie había hecho— Tomalo a él —indicó señalando al pequeño ojirubí dentro de la celda.
Yami, aterrado por lo presenciado, retrocedió dentro de su jaula hasta que su espalda chocó contra los barrotes dando clara muestra que no quería involucrarse en esa sesión.
—¿Qué esperas? —interrogó el albino ya impaciente— Tomalo a él. ¡Cómetelo!— ordenó.
Un halo verdecido se elevó unos centímetros por encima del tablero y se desvaneció llevándose consigo las llamas de las pocas velas que alumbraban el lugar. El viento se detuvo, y la calma volvió al lugar. Bonz, Zygor y Sid miraban a su alrededor sin comprender lo que había sucedido. ¿Dónde se había ido la tormenta en la que estaban atrapados? Ryou tampoco salia de su asombro cuando de repente recordó las palabras de Bakura, que lo hicieron voltear hacia donde estaba el pequeño ojirubí.
—¡Yami!
El cuerpo de Yami se encontraba de espaldas a los barrotes de su celda, sus pies no tocaban el suelo como si algo lo tuviese sujeto firmemente del cuello. El ojirubí sentía la mano gélida e invisible enredada alrededor de su cuello cortandole la respiración; sentía la fría mirada del ente frente a él, examinándolo y él solo atinaba a negar rápidamente con la cabeza; no quería ser parte de ello. Solo quería irse.
El ente estaba sorprendido, no lograba sentir el miedo en el pequeño frente a él. ¿Por qué ese niño no le temía? No podía ser; no podía admitirlo. Ese maldito brujo negro lo había desafiado y ahora... quería vengarse; y se desquitaría.. con el niño frente a él. Sin pensarlo dos veces, golpeó al chico contra los barrotes opuestos de la jaula, una vez, y otra vez.
—¿De veras se lo va a comer? Genial —exclamó Bakura, extasiado por lo que estaba presenciando.
—¡Bakura! ¡El tablero! —chilló Ryou.
—En un momento... —respondió Bakura sin apartar la, para él, hermosa imagen de ese inútil brujito siendo azotado sin piedad.
—¡Dame el tablero, por favor! —gritó desesperado Ryou no pudiendo soportar la tortura por la que Yami estaba pasando.
El ojirubí volteaba su cabeza de lado a lado con lagrimas a punto de escapar de su ojos. Lo sentia, era algo, una presencia lo mantenía sujeto y lo estaba aplastando contra el suelo. No podía, no podía respirar. La desesperación y el miedo se apoderaron del niño al sentir una sombría mirada atravesar su pequeña alma, desnudandola, despojándola de todo significado; esa sensación hizo que Yami finalmente rompiera en llanto. Ya no podía seguir mostrando esa mascara de fortaleza; después de todo, él era un niño y su alma era aun, pura si, pero frágil. No podía enfrentar a un espíritu; no era fuerte como su madre; y... estaba solo. Y él, -eso- lo sabia.
El tiempo apremiaba al espíritu, una vez que había abandonado el objeto que residía, su capacidad de permanecer en el mundo terrenal se reducía a una sola condición: encontrar un huésped. Utilizando la herramienta mas vil que podía tener a su disposición, el espíritu irrumpió en el templo del alma del pequeño. El cuerpo de Yami comenzó a convulsionar sin control; el pequeño sentía al espíritu invadirlo, como su cuerpo se iba entumeciendo y él mismo se iba retrayendo hacia el lugar al que esa presencia lo conducía, hacia la oscuridad.
La canica se había partido indicando que ya no era la prisión de aquel espíritu; este habiase escapado y encontrado una nueva morada.
—¡Yami! —gritó Ryou aterrado— ¡Yami! Hablame... —sacudió apenas el cuerpo de Yami intentando hacerlo reaccionar.
—Lo lamento, Ryou —habló Bakura por lo bajo—. Tu juguete se rompió otra vez.
—No..., —las lagrimas se iba acumulando en las húmedas orbes color esmeralda del pequeño Ryou. No podía creer que Bakura fuese tal cruel —¡No respira!
Los ojos esmeralda de curiosa forma felina se revelaron a la luz de la media tarde que entraba a través de las traslucidas cortinas del departamento de Malik. Ajustó su vista y lentamente intentó llamar a sus recuerdos. Sentía algo húmedo sobre su pecho ¿qué podría ser? Sin darse cuenta, le indicó a su mano que chequeara la zona recogiendo un poco del liquido entre sus dedos para luego llevarlos hasta la altura de su rostro. ¿Sangre y...? algo que lo sobresaltó e hizo que nervios se congelaran ¿acaso había sido capaz de mover su mano? ¿Qué demonios? Giró su cabeza para encontrarse con el angelical rostro de la persona que solía ver cuando se miraba al espejo. Junto a él, sobre ese mullido lecho, yacía él, su huésped ¿Cómo? Entonces, él mismo ¿dónde estaba? De un salto se incorporó; frente a él, un espejo astutamente colocado para mostrarle la verdad con solo mirarlo. Ese reflejo respondía a sus movimientos, entonces... ese joven de cabellos grises, piel blanca, ojos azules y uniforme de estudiante ahora... ¿era él?
—Así que eres tú.
La voz mecánica de Malik lo sacó de sus desordenados y confusos pensamientos. A una prudente distancia, Malik observaba la confusión que embargaba al anónimo espíritu; no iba a arriesgarse a una contienda directa con el mismo; sabia que no era un espíritu cualquiera.
—¿Qué está sucediendo? ¿Cómo...? —el espíritu no pudo esconder su desconcierto ante la situación de la cual era participe.
—¿Te separé de tu huésped? Bien, la verdad es que... es contigo con quien quería hablar.
El espíritu afiló su mirada al entender que ante él estaba el responsable de lo que sea estuviese sucediendo y no se dejaría amedrentar.
—¿Qué quieres brujo Vudú?
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Hola, hola mis sexis readers! Volví, si! Me fui a recorrer el viejo continente, -solita- y cuando pasé por Italia ¿saben que pasaban a la noche en la TV? Pos si! Yugioh en italiano! Jajaja así que en cierto modo, Yami y Yami Malik me hicieron compañía (si, esa temporada estaban pasando) Que mundo loco! Estoy muy emocionada, era algo que quería hacer y la pasé muy bien; para quienes les guste viajar, si tienen la posibilidad o si ya lo han hecho... lo recomiendo: es toda una experiencia. Pero bueno, al fic...
El capitulo... creo que es uno de los mas largos, sino es el mas largo y como podrán ver... es parte de la infancia de Yami en la casa de Bakura, ¿alguien habrá dicho la verdad en las teorías sobre que le pasó a la madre de Yami? Chan, chan... Cada uno saque sus conclusiones. Ahora a los agradecimientos!
TsukihimePrincess: jajaja parece, no? Gracias por el review!
Alexandria Kousuke: uh! Seto... si, ¿dónde estará Seto? Mmm no puedo adelantar nada, ya falta poco para el fin. Algunas preguntas creo que contesté ¿no? Decime que si. Y con respecto a DSOD, uf tuvimos que esperar 20 años para la confirmación en 5 tendremos beso y en otros 10 lemon... Kazuki da con cuentagotas. Maldito! Jajaja me alegra leerte, Alex. Gracias por el review!
Fairy Luna: Guau que catarata de reviews. Gracias! y bienvenida.
M.A.: todavía no se sabe. Gracias por el review!
Eso es todo por ahora, espero les haya gustado y ya saben: si les gusto dejen review y nos leemos cuando me lean!
