Libro I

Capítulo XVI

Posesión – 2ra parte

Bakura, ¿qué vamos a hacer?

¿A qué te refieres? ―la histérica vocesilla de Ryou estaba sacando de sí a Bakura.

Debemos decirle a papá.

¿Estas loco? No vamos a decirle ―agregó el mayor con aire burlón.

Lo averiguará de todas maneras.

Claro que no. ¿Cuántas veces lo has visto bajar aquí? ―aclaró― No lo sabrá si no se lo decimos.

Bakura, ¿puedes dejar de pensar solo en ti un instante? ―Ryou no podía creer la liviandad con la que su hermano estaba asumiendo la situación―. Un espíritu mató a Yami. Lo mató frente a nuestros ojos y ahora está suelto en nuestro hogar.

No sabemos si está aquí, Ryou.

En el sótano, Bonz quedó encargado de buscar la bola de jade verde que Bakura había mandado a volar antes de que la sesión se saliese de control.

Esto es un desastre ―dejó unos segundos su deber para observar el cuerpo sin vida del pequeño ojirubí―. Me pregunto que habría dicho Keith si estuviese aquí ―pensó unos segundos antes de sonreírse― Ya sé... "esto no pasaría en América" ―rió al recordar la estúpida muletilla del ex jefe de la pandilla.

Miró al cuerpo de Yami que yacía inmóvil sobre el suelo de grava de aquella celda y solo una cosa le vino a la mente ―Tuviste mala suerte, niño ―dicho esto, volvió a su quehacer, solo por unos segundos, antes de que su atención fuese atraída por el pequeño, que de la nada, comenzaba a incorporarse ante la atónita mirada de Bonz y admiraba sus pequeñas manos como si nunca las hubiera visto antes.

Dentro de Yami, otros pensamientos comenzaban a explorar su nuevo recinto, su nuevo caparazón. Entendía que estaba dentro del cuerpo de un niño, de un pequeño niño. Para un espíritu milenario como él, no era el mejor lugar en el cual reencarnar pero... se sonrió de todas maneras― Esto será suficiente... ―seseó.

Por otra parte, Bonz no podía creer lo que ocurría frente a sus ojos, intentó articular palabra pero estas se perdían en un inteligible tartamudeo, tartamudeo que fue de inmediato advertido por el espíritu dentro de la celda.

Yami comenzó a gatear lentamente hacia donde estaba Bonz e intentar llamar su atención.

Es... eres el espíritu de la bola de jade ―logró advertir Bonz embargado por el miedo y desconfianza.

El niño pasó su mano a través de los barrotes como intentando atraer al otro chico de una manera casi inocente, suplicante e ingenua.

Bonz con cautela se acercó hasta él. ¿Acaso ese era el espíritu que momentos antes había mostrado su furia hacia Bakura? El niño frente a él, parecía tan tierno e inocente; no podía evitar sentir ganas de acariciarlo como si fuese un gatito en un refugio. Dejando de lado las advertencias en su cabeza, procedió a acariciarle la cabeza y dejar que este le tocara el rostro. Yami bajó la cabeza permitiendo que Bonz lo "domesticara", solo antes de que una sonrisa filosa se dibujara en sus labios: su acto había dado resultado. Los dedos de Yami que estaban sobre el rostro de su invocador rápidamente comenzaron a ganar temperatura al punto que crearon una combustión en el aire a su alrededor desatando llamas sobre la cara de Bonz, llamas que precedieron a los gritos que inundaron el sótano del castillo Negro.

El espíritu se carcajeó descontroladamente al entender su situación, su contenedor no era para nada despreciable, el pequeño niño era brujo. Esto le daba una nueva perspectiva al asunto: los poderes de ese niño aunados a su habilidad lo harían invencible una vez mas. No podía perder más tiempo en ese lugar.

¿Qué demonios está sucediendo aquí? ―Bakura y Ryou entraron al sótano solo para encontrarse con ese horripilante escenario: Bonz sostenía su rostro tratando de sofocar el dolor de la piel quemada y al ver que Ryou y Bakura estaban en el lugar, se lanzó hacia ellos al grito de auxilio cayendo en los brazos de Ryou.

Bonz descubrió su rostro dejando ver la piel sangrante, desnuda, en carne viva producto de las quemaduras sufridas. Desgraciadamente, al revelar su rostro, en sus manos quedaron adheridas fragmentos de piel, produciendo horribles y dolorosas hemorragias en el joven que lo hicieron, a él gritar aun más, y a Ryou petrificarse en horror y miedo. Bakura formó una mueca de repugnancia en su rostro y, ante la admiración de todos, le dio una patada a Bonz para alejarlo de su atemorizado hermano.

¿Estas bien, Ryou?

¿Qué? ¿Qué está sucediendo, Kura? ―logró articular.

Antes de poder responder, una profunda risa se escuchó en el ambiente. Ambos jóvenes miraron hacia la jaula donde estaba el cuerpo sin vida de Yami, aunque ahora, se encontraba de pie, su cabeza gacha, sus ojos cubiertos por sus mechones de cabello rubio y sus manos sujetando los barrotes a los lados de su cabeza.

¿Yami? ¿Estás vivo? ―preguntó Ryou con una mezcla de sorpresa y miedo.

Bakura miraba a Yami con confusión y desconfianza; lo sentía, algo había cambiado en ese niño, algo no andaba bien e internamente, agradecía que el niño estuviese enjaulado.

O al menos eso creía

Yami se sonrió una vez mas y, de la nada, comenzó a contorsionarse y a forzar las articulaciones de sus hombros de forma inhumana haciendo que estas cedieran y se quebraran como si fuesen de juguete.

Ryou no podía creer lo que veía. No podía quitarse de la cabeza los horribles crujidos que emanaban de las articulaciones del pequeño al ser laceradas una por una.

El ojirubí, lejos de detenerse, continuo con su ritual de auto flagelacion destruyendo las articulaciones de su propia cadera hasta que solo quedó en pie sostenido por su pierna derecha. Luego, comenzó a empujarse a sí mismo contra la luz entre los barrotes hasta que cayó al suelo, finalmente libre de su celda.

Ryou y Bakura no salían de su asombro, ¿qué estaba sucediendo? Yami, con dificultad, comenzaba a ponerse nuevamente en pie al ritmo que sus articulaciones flageladas regresaban a sus lugares originales soldándose de manera automática como una especie de cuerpo poseído que no sentía el dolor infringido.

Bakura no podía creer lo que estaba presenciado, no tenia sentido en absoluto. No había forma que Yami hubiese sobrevivido a semejante tortura. Y ahora, estaba allí de pie, viéndolos a ellos con un sombra de perversión que ni el mismo podía siquiera llegar emular. ¿Qué era esa cosa? ¿Podría enfrentarlo a caso? Miró a Ryou quien estaba al borde de un ataque de nervios. No lo pensó mas, antes de hacerle frente a ese maldito, debía poner a Ryou a salvo.

¡Vamonos! ―tomó a Ryou del hombro y lo arrastró hacia el exterior de la habitación.

Yami observaba la cobarde salida de ambos anfitriones. Seguro se divertiría con ellos, comenzando con ese maldito crio que se había mofado de él durante la sesión.

Bakura cerró la puerta de los calabozos y trancó la misma con uno de los pilares de madera.

Bakura ¿Qué es eso? ¿qué vamos a hacer? ―preguntó Ryou en llanto.

¡Tranquilizate y dejame pensar!

¿Qué va a pasar con Bonz? No podemos abandonarlo allí.

¡¿Qué hacen ustedes allí?! ―la voz del viejo Aknadin, que había sido atraído hasta ese lugar por los agónicos gritos de Bonz, sorprendió a ambos hermanos.

Poco pudieron explicar los hermanos cuando los golpes sobre puerta del calabozo acallaron a los presentes que no lograban salir de su asombro al ver a la maciza poterna salir volando, destruir las vitrinas de cristal a los alrededores en pedazos y dejar, a lo que sea estaba encerrado en el calabozo, libre.

No es posible...

―Espera un segundo... ¿Aknadin supo de tu existencia? ―Malik interrumpió el relato.

¿Quién demonios eres? ―el anciano invocó su telequinesis en los fragmentos de vidrios de las vitrinas destruidas para aventarlos con letal precisión hacia el joven frente a él.

Yami solo se mantuvo de pie y esperó; a escasos centímetros de si, los cristales se detuvieron quedando levitando en el aire por 3 segundos antes de desintegrarse en polvo y, como una tormenta de viento, regresar hacia quien los había lanzado en primer lugar.

¡No respires! ―Bakura envolvió a Ryou con su capa, protegiéndolo a él y a si mismo del peligroso polvo de vidrio.

―Imagino que el viejo Aknadin intentó defenderse ¿no es así? ―inquirió Malik.

Demonio estúpido. Tengo la fuerza para controlar a un millón de hombres ―proclamó Aknadin invocando su Concilium sobre Yami; ordenandole detenerse y volver a su celda.

El ojirubí se mantuvo en su sitio; su psicótica sonrisa aun adornando sus labios.

Ninguno de ese millón es a quien yo sirvo ―respondió el espíritu, su potente voz, haciéndose eco en las cuerdas vocales de Yami.

Malik no pudo evitar carcajearse al imaginar la situación ―¿Eres un espíritu antiguo que solo obedece a una persona? ―preguntó en clara retórica.

El espíritu solo guardó silencio, silencio que, Malik dio por sentado, era una afirmación. Esto provocó que el egipcio estallase en risas una vez mas: la desesperación que debió haber sentido ese idiota de Aknadin al darse cuenta de lo que tenia frente a él: un espíritu antiguo invulnerable al Concilium, y que, en todo este vasto y retorcido mundo, solo obedecía a una única persona. La deliciosa ironía, era tanta que no lo podía creer ―¿Y qué sucedió después?

En efecto, Aknadin no sabia que hacer. Su asombro se reflejaba en su rostro; no tenia manera de enfrentar a lo que sea estaba frente a ellos. Un espíritu de esas características.. debía ser contenido de inmediato pero ¿cómo? Miró a sus 2 herederos, y solo una idea vino a él.

Corran tontos. ¡Al pozo! ¡Rápido!

―¿Pozo? ―preguntó el egipcio.

―No me interrumpas ―reaccionó, esta vez, de mala manera el espíritu

Aknadin se atrincheró junto a sus hijos en el pozo del castillo; el lugar era considerado como los cimientos del Castillo Negro, y allí, en esas obscuras y turbulentas aguas, residía el monstruo insignia de la familia; su mascota y maestro en el arte del Concilium.

Las puertas de madera volaron por el aire anunciando la llegada del espíritu residente en el cuerpo del pequeño ojirubí; el anciano esperó pacientemente a que llegara, en efecto, era una trampa.

―Entonces, ―Malik no pudo aguantar su curiosidad; no entendía del todo al espíritu Tranquilamente pudo haber destruido a Aknadin, Bakura y al otro crio sin mayor dificultad; ¿qué sucedió? ―me odiaras por preguntar pero ¿por qué dejaste a tu huésped a merced de Bakura?

―Porque... ―el espíritu hizo silencio recordando los trágicos acontecimientos de aquella noche; la respuesta que desconcertó a Malik era simple― él me lo pidió.

Allí estaban, el espíritu estaba listo para asesinar a Aknadin y a ese maldito crio. Quería sentir la sangre de ambos en correr de entre sus manos. En anciano retrocedió unos pasos con temor, sentía la sed de venganza inundar los ojos de ese crio infernal; era obvio que no se detendría ante nada... a menos que...

¡Detente! ―sin previo aviso, el mayor tomó a Ryou del cuello, lo colocó frente a él a modo de escudo y llevó una daga, con hoja de plata, que tenia escondida entre sus ropas hasta el cuello de este.

¡Papá! ―gritó Ryou aterrorizado y sorprendido por la situación― ¡Kura! ―gritó por la ayuda de su hermano.

Maldito viejo ¡¿Qué haces?! ―gruño Bakura furioso al ver como ese maldito viejo anteponía a Ryou como escudo humano.

¡Callate Bakura! Todo esto es tu culpa ―siseo el mayor sin apartar la vista del demonio frente a él; este se había detenido, claramente atrajo su atención―. Tirate al agua o tu amigo muere ―amenazó al espíritu

Bastardo cobarde ―gruñó el ente― ¿Te escudas detrás de un niño?

No cualquier niño. Era el amigo de tu caparazón. El único que tenia ―explicó sin dejar de amagar su accionar sobre la vida de Ryou.

El alma del caparazón ya no está en control aquí ―proclamó el espíritu.

¿Y qué me dices de ti?

El espíritu quedó perplejo ante esta declaración. ¿Él? ¿Él era...? ¿Acaso lo sabia o solo estaba apelando a la naturaleza humana perdida hacia milenios atrás? ¿A algo mas que eso? No lo supo adivinar pero... la verdad era que... no podía hacerlo.

Repugnante cobarde ¿Serias capaz de matar a tu propio hijo por salvarte? ―siseó con odio.

¿Y tú? ¿Serias capaz de poner sobre ti el peso del alma de otro niño?

Eres despreciable ―espetó el espíritu.

Ya lo sé. ¡Al agua! ―volvió a amagar en cortar el cuello de su hijo menor para que el espíritu obedeciera.

Esto no quedará así, brujo. Tenlo por seguro ―fueron sus últimas palabras antes de lanzarse y desaparecer en las aguas pútridas del pozo.

Aknadin respiró aliviado al ver al demonio desaparecer en las aguas; sin más, soltó la daga de plata y a Ryou, quien al verse libre, corrió hacia su hermano mayor.

Akefia abrazó a su hermano menor, cerciorándose que estuviese bien.

Sentimientos, aun te falta mucho para ser un Bakura, Akefia ―siseó Aknadin dándoles la espalda a ambos hermanos―. Tienen que aprender... nada vale más que ustedes mismos. Los demás son herramientas a su disposición... creí que se los había enseñado pero... creó que me equivoqué. ¡Son débiles! ¡Los dos! De ti no esperaba más, Ryou; pero de ti, Akefia. ¡Me enfermas! Fui un estúpido por confiar en ti. No serás cabeza de la casa Azabache ¡nunca!

Ambos hermanos aguantaron los reproches de su padre en silencio. Ryou aun estaba afectado por los sucesos; pero Akefia... guardaba un silencio sepulcral e incomodo.

Tal vez tengas razón ―habló al fin, Akefia acercándose lentamente hasta las espaldas de su padre―, pero...

Silencio...

Nadie utiliza a mi hermano como escudo ―aclaró Akefia antes de extraer la daga de plata de la carne del anciano.

Aknadin cayó de rodillas junto a su hijo; sus ojos desorbitados observaban a su hijo mayor sin creer aun la traición cometida. La daga de plata había atravesado su corazón con una precisión aterradoramente letal.

Y deberías saberlo ―aclaró Bakura antes de darle un empujón con el pie al anciano que lo hizo caer a las turbias aguas del pozo.

Ryou no creí lo ocurrido, su hermano... había matado a su padre.

Bakura, ¿qué has hecho?

Se lo tenia merecido.

Ryou no dijo nada al respecto por que... quizás tenia razón

¿Qué haremos? Cuando se enteren los del Concejo... sabes cual es el castigo por matar a otro brujo ―expuso su temor por el futuro de su hermano.

No lo sabrán. Tu no me delatarías ¿no es verdad Ryou? Si yo no estoy, nuestro hogar quedará disuelto; y a ti te mandarán a vivir con alguna de las otras 6 familias. Te trataran peor de lo que hemos tratado a ese inútil de cabeza picuda.

¡Ryou! ―el pequeño albino escuchaba los gritos frenéticos de Yami.

Yami se aferraba desesperadamente a las rugosas y húmedas paredes del pozo; no hacia pie en esas turbias y podridas aguas.

¡Por favor! ¡No sé nadar! ¡Ryou! ―gritaba Yami inundado en sollozos que fueron en incremento al ver el cadáver de Aknadin flotar junto a él.

Vamos, hermanito ―dijo Akefia ofreciéndole la mano a Ryou.

Las palabras de Bakura taladraron los oídos y la mente del pequeño Ryou; no podía traicionar a su hermano... era todo lo que tenia y... muy en el fondo... se sentía culpable de lo ocurrido. Lo lamentaba, la culpa lo carcomía pero... tomó la mano de Akefia y caminó con él, aceptando la traición, fuera del pozo.

Yami los vio irse sin creer lo que sucedía; escuchó la puerta del pozo golpear y la luz del recinto se apagó dejándolo en la total oscuridad. Otra vez, lo habían abandonado. ¿Por qué? Sollozó en silencio unos momentos cuando vio algo moverse en la superficie del agua que lo puso en alerta. Miraba hacia todos lados, no era uno... eran muchos y estaban por dondequiera. Dirigió su mirada hacia la pared, encogiéndose sobre esta, como un niño deseando que los monstruos desparecieran cuando no los miraba. El agua se calmó unos segundos para el alivio de Yami... pero solo unos segundos antes de sentir un tentáculo enredarse en su pierna derecha y jalarlo bajo las turbias aguas.

―¿Y tú lo obedeciste? ¿por qué? ―no terminaba de entender lo que el espíritu le relató.

―Eso no es asunto tuyo, brujo vudú ―

―Ya entiendo... el cascaron... ¿logró dominar al espíritu dentro de él?

―... ―el espíritu tragó la hiel que le producía reconocer la verdad. Era cierto, ese niño, el alma de ese niño de alguna manera había logrado controlarlo, dominarlo ¡a él! A un espíritu milenario.

―Como lo supuse, el niño es mas fuerte de lo que aparenta.

―No pongas a prueba tu suerte, ni mi paciencia ―amenazó el espíritu.

―Dime tu nombre...

El espíritu solo sonrió dejando ver sus colmillos

―¿No me lo dirás? ¿Ni aun si lo pido en nombre de "ya sabes quien"?

―Ahorratelo, no servirá tampoco.

Malik hizo silencio antes de presentar su teoría

―Imagino que esa persona tan especial, conoce tu nombre... y a la vez es la única persona capaz

de ordenarte.

El ente sonrió ante la suposición del brujo Vudú frente a él... no revelaría ningún detalle acerca de él sin importar cuanto lo intentase. De repente, un gemido prolongado emanó del ojirubí e hizo que el espíritu le dedicara su atención. ―¿Qué le sucede?

―Aknadin puso algo en él para controlarlo a él... y a ti por sobre todo ―explicó Malik mientras le abría la boca a Yami―. Tu regeneración es tan rápida que no daba tiempo a removerlo ―agregó al tiempo que tomaba una pinza de largas y finas mandíbulas y las introducía en la cavidad bucal del ojirubí.

―Si lo que contaste es cierto; estuvo en el pozo del Castillo Negro... ¿quien sabe que clase de cosas hay en esas pútridas aguas? ―expresó el egipcio mientras empujaba las pinzas hasta la garganta del joven para luego suspirar victorioso― ¡Te tengo!

Con lentitud extrajo las pinzas y al parásito atrapado en las mandíbulas de la herramienta.

―Un vástago de Vampiric Leach ―presentó Malik al horrible gusano con múltiples tentáculos y dientes de sanguijuela que se retorcía al sentirse expuesto a los ojos de los presentes y lejos de su huésped.

―Bakura tiene monstruos muy interesantes en su hogar ―agregó Malik antes de poner a la sanguijuela dentro de un frasco de vidrio y sellarlo―. Creo que sin esto podrá volver a dormir tranquilo.

―¿Por qué lo ayudaste? ―preguntó el espíritu sin rodeo. No creía en la caridad desinteresada y menos viniendo de un brujo Vudú

―Tengo mis razones ―evadió su pregunta como él evadía las suyas―. Ademas, recuerda que era contigo con quien quería hablar.

El espíritu no dijo nada; su naturaleza era desconfiada y nada lo haría cambiar de opinión

―Te haré una última pregunta ―agregó Malik sintiendo que esta vez obtendría una respuesta― ¿Por qué te quedas con el niño?

El espíritu cerró los ojos; no supo por qué pero... por su huésped, le daría esa respuesta. ―Mientras tenga deseos de vivir, tengo el anhelo de protegerlo.

―¿Y qué sucederá cuando él se canse de este mundo? Sabes lo que tu habilidad le hará; lo condenaras a la inmortalidad.

―Lo sé ―agregó sin mayor importancia― pero... como todos los humanos, morirá; y cuando eso suceda su cuerpo, será mio al fin.

Malik guardó silencio; no sabia sin definirlo como benevolente y magnánimo o cruel y egoísta..

―Oh, y una cosa antes de volver... por tu bien, será mejor que no nos volvamos a encontrar, brujo Vudú ―el espíritu abandono el cuerpo sin vida de su huésped provisorio para regresar al original: al de Yami.

Los minutos pasaron y Yami finalmente despertó de su profundo sueño.

―¿Malik? ¿Qué? ―exclamó algo obnubilado y confundido.

―Tranquilo, ya puedo garantizarte noches de sueño corrido ―exclamó Malik―. Saqué esto de ti ―dijo enseñando el frasco con la sanguijuela dentro― ¿Lo recuerdas?

Yami sostuvo el frasco con el gusano en su interior. Si, por mucho que quisiera olvidarla... la recordaba al igual que todo lo ocurrido durante su tormentosa y agónica estadía en ese Castillo Negro, esa horripilante sanguijuela solo vivía para recordarle su dolor ―Bakura... ―murmuró por lo bajo. Sin darse cuenta, frunció el seño, apretó sus dientes y su odio se manifestó en la piroquinesis que calcinó al rastrero animal dentro del frasco de vidrio.

Malik observó la acción del joven frente a él antes de abstraerse en sus pensamientos y darle una nueva pitada a su narguile. No dijo nada al respecto.

―Vamos, te llevaré hasta la ciudad ―


Ambos jóvenes caminaron largo rato por un camino que Yami desconocía hasta que el desierto quedo atrás dando comienzo al bosque que rodeaba el limite Norte de Domino. Yami se sintió aliviado al ver que estaban cada vez mas cerca de la Ciudad y con ahínco se adentró en el bosque; cosa que Malik no hizo.

―¿Malik? ¿Sucede algo? ―preguntó Yami al ver al egipcio sondear la zona con la mirada como si pudiese percibir algo que Yami no.

―Aquí te dejo. El bosque está muy alborotado.

Yami miró a la negrura del bosque; no notó nada en particular solo... que se oía silencio... mucho silencio.

―Si sigues el camino llegaras a Domino en una media hora o menos.

Yami entendió que sin importar o que diciese, no lograría hacer cambiar al egipcio de actitud: él no lo acompañaría

―Gracias por todo ―agradeció Yami―. Desearía poder hacer algo para devolverte el favor.

―En realidad, ―pensó el moreno― hay algo que puedes hacer: ―se detuvo― Cuando la veas, dile que estamos a mano.

El ojirubi avanzó unos pasos sin darle mayor importancia al pedido del egipcio― ¿Cuándo vea a quien? ―preguntó.

Malik sonrió antes de responder.

―A tu madre.

La declaración sacó a Yami de sí; de forma inmediata volteó a ver al egipcio solo para encontrarse con el espacio vacío de este: había desparecido. No lo llamó, Malik se consideraba así mismo como un personaje enigmático y por ello sabia que no respondería pero... ¿A qué se refería? ¿Cuándo la viese? ¿Acaso había una manera de encontrarse con su madre? ¿Acaso sabia donde estaba o solo suponía que la encontraría en algún momento? Poco duró su cavilación, como Malik había predicho: no estaba solo.

Un proyectil pasó a alta velocidad junto a él, a escasos milímetros de su mejilla para impactar en el tronco de un árbol tras de sí. Los ojos de Yami se abrieron de impresión al notar que la punta del proyectil estaba recubierto en plata; el metal de los Cazadores ¿Acaso Seto había ido por él? No corrió, prefería enfrentar al enemigo cara a cara; y, si resultaba ser Seto, pedirle disculpas por la destrucción de su hogar. A pesar de la grosera introducción, muy dentro de sí, esperaba que Seto saliera de su escondite y lo enfrentará, seguro estaba aun molesto y tenia motivos para estarlo pero... su Cazador no apareció. En lugar de eso, una lluvia de flechas se desató sobre él. Yami, asombrado, utilizó su transmutación para evadirlas todas y ponerse en un lugar seguro, o al menos eso creyó hasta que, sin darse cuenta, activó una trampa para oso que se encontraba oculta entre la maleza del suelo. Los dientes del dispositivo se cerraron sobre su tobillo derecho y Yami, gritó a viva voz al sentir su cuerpo entero arder al fallar en realizar su truco de transmutación. Como un acto reflejo, abrió la trama con sus manos notando que la trampa no ofrecía mayor resistencia pero tragó fuerte al sentir su pierna arder como si tuviese fragmentos de metal fundido incrustados en su carne: el artificio había logrado dejar esquirlas de plata clavadas en su tobillo.

Una nueva lluvia de flechas atacó a Yami y este no tuvo mas remedio que utilizar toda su magia en realizar su transmutación una última vez. Los gritos de dolor precedieron a la materialización del joven; no podía invocar transmutación, su pierna ardía como fuego ante esto. No, no podría volver a hacerlo; esta vez, debía correr. Cojeando, se adentró en el bosque, intentando perder a su persecutor.

―Brujito tonto ―susurro la pequeña cazadora saboreando la cacería―. Síganlo― ordenó a su séquito de cazadores.

Yami avanzó unos cuantos metros a través de la espesura del bosque; sabia que esos personajes estaban cerca de él. Estaba tan fuera de sí que no vio el suelo desaparecer debajo de él, haciéndolo caer colina abajo. Rodó unos metros hasta que finalmente terminó de fauces contra la grava húmeda

―"¿Un pantano?" ―se preguntó casi sin creerlo. Reconocía el lugar, estaba en el pantano detrás de la casa Rosenkreuz.

―Seto... ―susurró en alivio. A lo lejos podía divisar el jardín trasero de la Casa Banca. Si estaba allí; significaba que estaba de nuevo en Domino. Los otros Cazadores no podían hacerle daño dentro de Domino.

Dio un par de penosos pasos intentado llegar al jardín y al umbral de la puerta de la Casa Blanca cuando un trastabilleo lo hizo caer al suelo. Observó su tobillo lacerado causante de su tropiezo, el fragmento de plata aun seguía dentro de él; debía retirarlo, si lo lograba, su regeneración acelerada haría el resto. Utilizando todo su poder, concentró su telequinesis en extraer ese maldito artefacto de dentro suyo; lograndolo sin mayor dificultad. Una vez que tuvo la astilla de plata en su mano, la aventó lejos de sí, esa maldita cosa quemaba. Permaneció unos segundos hasta que tuvo fuerzas de levantarse una vez mas; su pie aun resentía el paso pero... no importaba... debía llegar hasta la Casa. Comenzó a caminar una vez mas cuando, algo lo detuvo, sintió algo enredarse en sus muñecas; no supo que era... parecían: hilos.

―¿Hilos de plata? ―reconoció antes de estallar en gritos de dolor al sentir esos finos metales comenzar a quemarle la piel.

Intento romperlos y correr pero lo único que logró fue que estos comenzaran a tensarse y tirar de sus brazos hasta levantarlos a la altura de sus hombros. Entre mas luchaba por zafarse, los hilos comenzaban a ganar filo y a ejercer presión sobre su carne al punto de comenzar a marcarlo. Contuvo sus deseos de gritar; en vez de eso, bajo la cabeza y dejo de luchar, estaba atrapado.

―Vaya, eres mas obstinado de lo que parece.

Yami reconoció de nuevo la chillona voz de aquella niña del bosque, esta vez, frente a él.

―¿Qué quieres? ―preguntó el ojirubí apenas en un susurro sin levantar la vista del suelo.

―¿Acaso no es obvio? ―respondió con sarcasmo― Cazarte.

El ojirubí sonrió al sentir el gigante ego de la Cazadora frente a él. Le recordaba...

―Me recuerdas a él...

―¿A quien? ―preguntó la niña con desconfianza.

―A Seto ―respondió sin alzar la vista―, ambos son unos pomposos ególatras... aunque tú... no eres muy inteligente.

La expresión de Rebecca se transformó en un instante. ¿Acaso ese nigromante estaba dudando de su inteligencia?― ¿Qué has dicho?

―Que no eres muy inteligente ―repitió con aire calmo.

―¿Qué sabes tú de inteligencia? Logré atraparte. ¡He sido mas inteligente que tú y que ese Rosenkreuz! ―gritó con ira.

―¿No lo escuchas no es cierto? El pantano, lo has alborotado con tus pretensiones.

―¿De qué demonios hablas? ―la joven no escondió su incredulidad; a su parecer, el Nigromante de veras parecía haber perdido la razón o solo estaba ganado tiempo.

Yami sonrió a entender que la Cazadora no entendía a lo que se refería― ¿Quieres hacer algo inteligente? Quitame estos hilos.

―Jajaja ―la risa histérica de Rebecca rompió el calmo ambiente― eres mas gracioso de lo que pensaba.

―Y tú muy tonta ―Yami provocó una vez mas a la niña ―que dirían tus padres al respecto cuando les lleve tus pedazos.

―¡¿Cómo te atreves?! ―este comentario sacó de sus casillas a Rebecca quien de inmediato invocó mas hilos de plata para enrollarlos en cuello de Yami y tirar de ellos para comenzar a asfixiarlo ―¡Ya veras! Me llevaré tu cabeza como trofeo ―Rebbeca tiró de los hilos para que el filo de estos cortaran la traquea del brujo pero, la fuerza de estos se desvaneció de repente cuando el filo de una carta los cortó separando a Yami de Rebbeca.

Rebecca, asombrada y furiosa, observó el objeto que había interrumpido su cacería: una carta de Duelo de Monstruo, mas precisamente una carta de Dragón Blanco de Ojos Azules.

―¡Rosenkreuz! ¿Qué demonios haces? ―reconoció al dueño dueño de la carta que estaba oculto en las sombras.

―Muy a mi pesar; salvando tu vida, niña ―respondió el castaño entrando en escena.

―¿De qué demonios hablas? Tengo la situación bajo control. No necesito de tu ayuda; y si osas interferir...

―Si atacas al Nigromante, morirás ―advirtió el ojiazul sin rodeo.

Estas palabras no fueron bien recibidas por la Cazadora ni por sus dos seguidores quienes de inmediato se hicieron presentes junto a Rebecca para resguardarla de una posible traición por parte del Rosenkreuz.

―¡¿Me estas amenazando acaso?! ¿Has perdido la poca cabeza que te quedaba?

―Regla número 3 del código del Cazador: un cazador no puede interferir en la cacería de otro a menos que este pida su ayuda expresamente, pero... debe advertirle en caso que esté en conocimiento de una situación de inferioridad frente al contrincante ―recitó el Cazador con fastidio.

―¿Inferioridad? ―esta palabra rompió la calma de Rebecca ¿ella en inferioridad? No podía ser cierto... era una mentira ―¡Mientes! ¡Solo lo dices para salvar al Nigromante! ¡Pero yo lo cacé antes que tú! Llegaste tarde.

Yami guardaba silencio.

Una molesta carcajada emanó de la garganta del castaño ―Niña estúpida, tu necesitas mi ayuda más que él... y debo decir que estoy muy ansioso por conocer el desenlace ―agregó dirigiéndole una sonrisa victoriosa a Yami―. Solo cumplo con mi código como Cazador. Lo demás es problema tuyo ―dicho esto se retiró de escena. No quería ser participe de lo que sucedería a continuación aunque si estaba deseoso de verlo.

―¡Eso es! ¡Vete! ―gritó Rebecca― Entrometido ―sin más volvió su atención al Nigromante y suavizando la mirada― ¿En que me había quedado? ―recitó tomando en mano su arma favorita: la cadena-guadaña.

Mientras tanto, Yami permanecía con la cabeza gacha; muy dentro de sí había logrado conectarse con otros seres vivos que conocía, que habitaban el pantano, que lo habían visto resurgir la última vez... y... ahora...

Rebbeca se preparó para dar encestar el golpe que rebanaría la cabeza del Nigromante.

Estaban allí...

Un grito desesperado interrumpió el golpe mortal que Rebecca estuvo a punto de ejecutar sobre Yami y al voltear se encontró con sus dos guardianes siendo atacados por dos criaturas reptiloides de enormes mandíbulas y filosos dientes: cocodrilos.

―¡¿Qué?! ―Rebecca no salia de su asombro; esos animales habían logrado acercarse a ella y eliminar a su guardia sin ser vistos. ¿Cómo? ¿Acaso era... Concilium?

La distracción había funcionado, Yami aprovechó esto y sujetó los hilos de plata con sus manos y haciendo fuerza sobre estos, logró cortarse las palmas de las manos haciendo que la sangre fluyera de estas, quedando impregnada en los hilos y finalmente derritiendolos hasta que Yami quedó libre de sus ataduras.

―¡¿Cómo?! ―se preguntó Rebecca, ¿acaso el brujo logró calentar su sangre al punto de fundición de la plata? era imposible, su cuerpo no habría aguantado semejante calvario. No, solamente derritió el material bajo la cubierta de plata. De repente entendió, de alguna manera, el Nigromante había logrado realizar... ―¿Piroquinesis? ¿dentro de ti mismo?

El ojirubí se puso de pie, liberado de los hilos de plata.

―¿Te sorprendió? ―preguntó con una sonrisa en sus labios―. Es un truco que me enseñó Seto.

Rebecca se sintió atrapada, sin su guardia y un brujo capaz de realizar Concilium frente a ella, la situación se había salido de control. Y solo conocía una manera de arreglarlo: sin más, atacó al ojirubí con la guadaña con una rapidez que tomó a Yami de sorpresa y este apenas atinó a lograr enrollar la cadena de la guadaña en sus brazos.

Rebecca maldijo internamente a los reflejos del Nigromante y tiró de la cadena para volver a tener un nuevo intento pero esta... no regresó con ella. Yami, en un movimiento desesperado había sujetado la cadena con sus manos desnudas impidiendo que esta regresara con la Cazadora.

La niña volvió a tirar; pero Yami no cedió su agarre; sin importar las quemaduras que el metal de plata estaba provocado sobre su piel, el Nigromante no soltaría la cadena. De repente, un extraño calor comenzó a emanar de la cadena; y Rebecca lo sintió.

―¿Qué pretendes? La cadena es de acero en su interior; no puedes derretirla como los hilos.

Yami no respondió y la contienda entre ambos continuo.

―Niña estúpida ―la voz de Seto resonó en el lugar― ¿Acaso no vez que estas atrapada?

―¿Qué? ―Rebecca alzó la vista y, en efecto, Yami se había aferrado a la cadena de plata y estaba... tirando de ella como... como si... él la tuviese sujeta a ella. La niña no sabia que hacer; la cadena comenzaba a ganar calor de una manera casi instantánea

―¿Cazas brujos con cadenas plata? ―preguntó Yami con un tono sombrío― ¿Lo sientes no? ¿Sientes como quema?

―¡No seas idiota! ―gritó Rebecca al sentir como el calor comenzaba a penetrar a través de sus guantes― Si no sueltas la cadena te quemaras.

―Puedo soportarlo; la pregunta es... ¿podrás tú? ―desafió el ojirubí.

La joven rubia lo entendió en ese momento... él la tenia atrapada, no por la cadena, no por magia, sino por su propia convicción, terquedad y testarudez.

―Tú... ― la niña apretó los dientes al sentir sus manos comenzar a arder por el calor de la cadena. Se negaba a ceder pero... ―¡Agh! ―miró a Yami una última vez, el humo comenzaba a emanar de las manos desnudas del ojirubí y sin embargo, él no parecía tener intensiones de ceder. Sin importar el dolor o la gravedad de sus quemaduras... ÉL no desistiría; pero por esta vez, ella si decidió hacerlo.

Dejó caer la cadena de plata de entre sus dedos; y, de manera instantánea, se quitó sus calcinados guantes para luego suspirar aliviada.

Yami, sin más, imitó la acción de la Cazadora y la cadena terminó de caer al suelo; el humo emanando de esta y de las calcinadas manos del brujo.

―De todos modos, aun no habían pasado las 24 horas de tregua; considerate con suerte ―Rebecca recogió su cadena en silencio; se negaba a admitir que el Nigromante había ganado el encuentro. Resentía admitir su error; ¿qué diría su abuelo al respecto?― "No..." ―trato de convencerse― ", esto es solo una simple prueba de campo, subestimé a ese brujo, es todo..." ―miró una vez más al Nigromante que aun o se había movido de su sitio, y la observaba con desconfianza―. Dejemoslo en un empate― agregó, aunque, de lo que estaba segura ahora, era que para su próximo encuentro necesitaría juguetes mas fuertes.

―¡Rosenkreuz! ―se dirigió a Seto― Dentro de dos días, esperamos que tengan decidido un Supremo o Domino será escenario de la nueva Inquisición

Dicho esto, la cazadora se retiró y junto a ella lo que quedaba de su séquito de seguidores.

Ni bien Rebecca desapareció de escena, Yami cayó de rodillas al suelo; había aguantado en silencio el dolor, no solo de la calcinada carne de sus manos sino también el del fuego interior. Ya no podía seguir pretendiendo fortaleza; y Kaiba lo sabia. El ojiazul aprovechó la huida de la niña para ir hacia donde el ojirubí estaba pero Yami no tomó a bien la cercanía del otro y de inmediato intento alejarse.

―¡Eh! Tranquilo ―llamó el castaño a menor para lograr sacarlo de su estado de fuga.

―Seto, ―Yami reconoció con alivio a su guardián como si despertase de una pesadilla― estas aquí.

El castaño, sin saber por que, dibujo una leve sonrisa en sus labios.

―Deja que te quite eso ―prosiguió a retirar los hilos de plata que envolvían el cuello de Yami permitiendole a este respirar otra vez con normalidad al sentir la presión en su cuello aligerada.

Los hilos cayeron al suelo dejando expuestos los cortes producidos por las cuerdas que habían logrado penetrar la frágil piel del cuello del ojirubí y las preguntas embargaron al mayor ¿Por qué? ¿Por qué Yami no usó la piroquinesis para acabar con Rebecca desde el comienzo? ¿se estaba auto-castigando? ¿acaso aun se sentía culpable de lo ocurrido en la ciudad? Yami guardaba silencio. Seto no pudo responderse pero logró percibir la culpa en esos ojos marchitos; decidió no decir nada al respecto y solo agregó las palabras que adivinó, Yami querría oír en ese momento: ―Volvamos a casa―.

Los ojos rubí parecieron llenarse de esperanza en ese momento ¿después de todo lo ocurrido? Las palabras no surgieron y solo atinó a asentir.

El castaño le dedicó una leve sonrisa antes de tomar a Yami en brazos y alzarlo. Yami se aferró a su guardián pasando sus piernas alrededor de la cintura del mayor y con sus brazos se abrazó al cuello de este como si fuese un niño; escondiendo su rostro por sobre el hombro izquierdo de su padre; por alguna razón, los constantes y fuertes latidos del corazón del ojiazul parecían calmar a los suyos provocando que el cansancio finalmente lo venciera. Había sido un día especialmente extraño, y a pesar de no haber logrado ordenar todos los fragmentos de su pasado, sentía que podía dejar el fantasma de Bakura atrás y afrontar con entereza lo que estaba por venir.

"He will wait until you give yourself to him"

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Holas a mis sexies readers! ¿Cómo están por ahí? Espero estén estupendamente bien, yo estoy... padeciendo la longitud de este capitulo; ¡Agh! Asi que si quieren ver el final, hoy mas que nunca dejen review porque yo me retiro! Ahora recuerdo porque dejo los fics por la mitad: los nudos me matan! Bueno, espero aun tener lectoras, si no es así, haganmelo saber y doy por terminado esta tortura en la que me he metido e intento solucionar.

Vamos a las aclaraciones...

La primera tiene que ver con el capitulo anterior; el personaje que aparece al principio del fic, al cual Malik, ejem, mata y usa para traspasar al "espíritu" es Andrew, un personaje de Yu-Gi-Oh! Duel Links. Si, juego, a veces, me pueden encontrar y retar si quieren pero... los aplastaré con mis super cartas XD OK, no.

Segundo, Aknadin usando Concilium... técnicamente, Aknadin demostró en el anime que es un maestro del Concilium cuando ordenó al ejercito de Egipto atacar Kul-Elna.

Tercero y como habrán visto, los hermanitos Bakura estuvieron huerfanitos mucho, mucho tiempo. Ejem, Dark Side of Dimensions gente.

Cuarto, si recuerdan, en un capitulo Jono menciona a Zombie Boy y su encuentro con un misterioso espíritu que le quemó la cara. Ja, ese hilo queda resuelto.

Finalmente, ¿damos por cerrado el tema de Bakura? ¿Qué dicen?

Bakura: habla con mi abogado, tengo screen time hasta el final del fic. Lo dice mi contrato.

Yo: ¡dejame leer eso! -leyendo- bastardo con suerte!

Bakura: Jajajaja

Yo: Sorry Yami

Yami: ¿tendré mi momento feliz con Seto?

Bakura: ¡Sigue leyendo!

Yo: "solo si el fic supera los 100 reviews" ¿Quién redactó esto?

Yami: ¡Que bien! (sarcasmo) me matan y no puedo tener mi momento feliz. Por lo menos dime que ganaré el ritual.

Bakura: Sigue leyendo...

Yo: … Uh oh.

Yami: ¿Qué significa "Uh oh"?

Yo: Nada...

Yami: ¡¿Qué significa "Uh oh"?!

Mai, Jono, Yugi, Anzu: ¡¿Y que hay de nosotros?!

Yo: ¿De donde salieron todos ustedes? ¡Lárguense o los mando a todos al infierno con Papa Atem!

Atem: Tengo nuevos Shadow Games para probar pero nadie con quien jugar...

Yo: ¡Basta! ¡Todos ustedes! Vamos a los saludos...

Alexandria Kousuke: a mi querida Saito, bueno, no sé por donde empezar porque... ya te había respondido el review antes XD no sé si aclaré mas cosas o no. Ya no lo sé -se marea y se desmaya-. Espero hayas disfrutado el capi my lovely girl! gracias! Besote!

TsukihimePrincess: Jajaja si, y eso que no tenia hecho este capitulo... ¿decime ahora que opinas del buen Bakura? Jajaja Gracias por el review!

Ninoska: Ocairi para ti también! XD Gracias por unirte a este loco fic; y dejar review, of course! Si, esta doblada pero te diré que Yami sigue sexi en italiano... habla rápido pero sexy... ya ni sé lo que digo XD y es lo que más me fijé XD Gracias!

M.A. : Hola! Jaja los hago desear. No se besaron pero casi... XD Gracias por el review.

Bueno eso es todo por ahora, please dejen review porque mi amor por la escritura decae mucho. Please?! Gracias! Pásenla lindo y nos leemos cuando me lean.