Libro I
Capítulo XVII
El primer vals
Un nuevo día llegó, el día anterior al inicio del Ritual; pero esas preocupaciones no florecían al despertar no cuando había logrado tener una noche de sueño corrido después de tanto tiempo. El aire cálido del verano que se acercaba entraba por la ventana; los tibios rayos de sol sobre su rostro lo obligaron a abrir los ojos y con su mano vendada refregó sus ojos quitándose el sueño restante. Miró sus manos cuando los recuerdos del día anterior regresaron; recordaba como su guardián había dedicado la noche anterior a vendarle sus heridas manos; él le había dicho que sus heridas sanarían pronto pero Seto insistió en hacerlo de todos modos... ¿por qué?
—Niño de cabello gracioso —susurró antes de sonreír con ternura.
No pasó tiempo cuando el sonido de unos tristes pero melodiosos acordes, tan peculiares de oír en una guitarra eléctrica, se escuchó a la lejanía El ojirubí, embebido en curiosidad, se levantó de la cama, se cubrió con su bata negra, abrió la puerta de su habitación y decidió salir a explorar el origen de tan extraña melodía. Avanzó a través de los pasillos superiores hasta que llegó a las escaleras que daban al salón principal del ala oeste de la casa Rosenkreuz, el sector que había resultado ileso de la explosión de hacia tres días atrás; se asomó a través del barandal para ver a las personas reunidas en dicho salón Reconoció de inmediato al padre de Seto, Gozaburo Kaiba sentado en uno de los sillones y al anciano de la Casa Rosenkreuz, quien tamborileaba la canción con su dedo indice sobre el posa brazos de su silla; parecían ser el único publico del artista frente a ellos. Delante del piano de cola negro, estaba quien generaba los acordes que lo habían traído hasta allí: un hombre de mediana edad, con una delgadez inusitada, cabello negro ensortijado, caucásico, vestido de cuero, jean y unos lentes negros que encubrían la identidad de sus ojos.
No supo por qué pero en el momento en que Yami comenzó a bajar los escalones, el hombre comenzó a entonar las letras que acompañaban a la canción.
"Media Verónica despierta
le molestó la luna por la ventana abierta.
Llegó una carta desde el frente
el cántaro se rompe y se secó la fuente.
Va decidir que hacer cuando despierte del todo
y borra con la mano lo que ayer escribió con el codo.
Habrá que ver,
si la crónica Verónica reacciona.
La Verónica mitad tiene muy poca maldad
pero esta cansada de esperar"
Yami terminó de bajar los escalones, la presencia del padre de Kaiba le resultaba incomoda pero... esa canción... simplemente no podía ignorarla; tenia un poder atrayente, como si lo llamara y fue en ese momento cuando fue divisado por el anciano.
—¡Yami! —llamó el mayor— ven, acercate.
/
Seto llegó unos minutos después, también atraído por la música tan ajena al gusto de los moradores de la casa. y el escenario frente a él... ciertamente fue algo que que le costaría trabajo digerir.
—Tu pie derecho adelante y el izquierdo atrás.
—¿Así?
—No sobre mi pie.
—Lo lamento
¿Su vista lo engañaba o acaso Gozaburo Kaiba, ese hombre de negocios, frío, egoísta, tirano y falto de afecto; su muy a su pesar "ejemplo a seguir" le estaba ¿intentando enseñar a Yami a bailar el vals? Eso no era normal. Se agachó hasta estar a la altura del viejo Rosenkreuz y le murmuró al oído —¿Qué clase de brujería es esta?
El anciano se sonrió ante la ocurrencia de su estudiante. —De las mas puras. Así que no te preocupes.
Seto no quedó conforme con esa explicación, podía sentirlo... había algo en esa canción, era tranquila y hechizante; y eso, a su naturaleza desconfiada, le erizaba los nervios.
—¿Él es...? —Seto no tenia dudas, las palabras, la melodía, todo parecía parte de una especie de embrujo.
—Muchos cantantes son en realidad brujos blancos que se han dedicado su magia a curar las almas de quien los escuchan —aclaró el anciano para tranquilizar a Seto—. Supuse que quizás a Yami le gustaría escuchar las canciones de una Suprema anterior y... que vea los beneficios de ser Supremo... para inspirarse.
Seto hizo una mueca socarrona con la boca, se cruzó de brazos y agregó mirando a su padre —No sé como puede inspirarse con eso.
—¿Estás celoso acaso, Seto? —preguntó inocentemente el anciano.
—¿Debería? —respondió con soberbia.
—Deberías, Yami es un joven encantador.
—¿Usted también acaso? —preguntó en clara retorica ¿acaso su maestro también pretendía al joven brujo?
—No seas insolente —se enfadó en mayor ante la indecorosa insinuación de su estudiante.
Seto se sonrió para luego cuestionar las contradicciones del mayor. —Creí que me había dicho que no jugara con él
—Y te lo sigo repitiendo, Seto: no seas tonto. Si de veras quieres algo con él, deja de intentar hacerte el difícil y haz un movimiento inteligente.
¿Un movimiento inteligente?
"Media Verónica esta rota,
no tiene muchos años, pero le hicieron daño.
Rompió una lanza por la risa,
pero no tiene prisa y se ríe muy poco.
No va a saber que hace cuando no sople mas viento,
no sabe distinguir el amor de cualquier sentimiento.
Quiere vivir,
una vida diferente cada día.
la Verónica mitad esta en la flor de la edad,
pero esta cansada de esperar."
El castaño continuo viendo a ambos bailar y solo un movimiento se le ocurrió: uno simple y tosco a su parecer pero... no quería dejar pasar el momento. Sin mas, se acercó hasta la pareja.
—¡Seto! —Yami reconoció a su protector y no pudo esconder la alegría que le producía verlo.
Seto le sonrió tiernamente, el chico le inspiraba hacerlo, y con un tono suave le extendió la mano —¿Me concedes la siguiente pieza?
Gozaburo le dirigió una lasciva mirada a su "hijo" pero como buen hombre de negocios y al tanto de las "tradiciones" de la familia, dio un paso al costado. —Todo tuyo
Yami vio al mayor irse y tomar asiento junto al anciano sintiéndose algo mal por la abrupta interrupción pero no podía negar que deseaba una pieza con el ojiazul.
Seto le tomó las manos a Yami para comenzar el baile pero lo que hizo el ojirubí estuvo fuera de todas sus especulaciones: Yami pasó sus manos por detrás del cuello de Seto aferrándose a este y hundió su cabeza en el pecho del mayor. Seto duró unos segundos estupefacto, con sus brazos abiertos antes de entender lo ocurrido: Yami quería bailar "pegado". Negó levemente con la cabeza pero sus brazos se enredaron en la espalda de Yami atrayendolo hacia si mismo; muy en el fondo seguía siendo ese mismo niño caprichoso que había conocido aquella tarde de invierno. Yami no dijo nada, tampoco le levantó la mirada, parecía que solo quería quedarse allí, escuchando esa nostálgica canción sintiendo a su guardián muy cerca suyo.
Ambos jóvenes continuaron danzando, ajenos a la presencia que avanzaba hacia el salón con su mueca de disgusto y so sobra adornando su rostro; no sabia por que pero ver felicidad en Yami era algo que no podía tolerar.
—Mi artista es Skillet. ¿Cuándo vendrá a verme? —le dirigió su reclamo al anciano de la Casa Rosenkreuz que aun observaba a su joven alumno danzar con el que, él consideraba, seria el futuro Supremo.
—¿John? —recordó el anciano el nombre de pila del cantante Skillet como si ya lo conociese— No eres su estilo; y no tendrás que preocuparte por eso; tú no eres el Supremo, Bakura.
—Solo el Ritual definirá eso —desafió con soberbia el albino.
—Estoy seguro que Yami no tendrá problemas en realizar los 7 Milagros. Y cuando eso suceda... tendrás que bajar la cabeza y tragarte esa afilada lengua tuya o terminaras igual que el viejo Aknadin —dicho esto, terminó su dialogo con Bakura dejando a este algo desconcertado ¿acaso el anciano sabia lo que le había ocurrido, lo que en realidad, le había ocurrido a Aknadin?
"En la ventana hay una nota
el pájaro no vuela, tiene las alas rotas.
Media Verónica lamenta,
que el tiempo se consume y lo demás no cuenta.
La vida es una cárcel con las puertas abiertas,
Verónica escribió en la pared, con la tripa revuelta.
Nada que ver,
no habrá flores en la tumba del pasado.
La Verónica mitad dice siempre la verdad,
pero está cansada de esperar."
La pareja continuó su sereno vals al dulce compás de la música unos minutos más hasta que el melódico lamento de la guitarra eléctrica indicase el fin de la balada. Yami se separó lentamente de Seto, mirándolo a los ojos con un sonrojo que intentó disimular dirigiendo sus palabras de agradecimiento al talentoso artista.
—¡Me encanta! —exclamó con gratitud— Si resulto ser el Supremo, me sentiría muy honrado si compones mi canción.
El cantante sonrió ligeramente ante la ocurrencia del joven ojirubi.
—Cada Supremo tiene un músico asignado —se apresuró a explicar el viejo Rosenkreuz— André fue el compositor de Verónica Ishtar; tú tendrás el tuyo cuando llegue el momento.
La felicidad en el rostro de Yami decayó en ese momento pero solo unos instantes, antes que otra pregunta cruzara su mente. —¿Y quién compuso el tema de mi madre?
—Oh Dios, no —respondió el viejo al tiempo que escondía su rostro en su mano derecha y la risa se apoderaba de Gozaburo.
—Giovana tenia un gusto... especial en la música —explicó Gozaburo.
—Terrible gusto musical —agregó el anciano con hastío
—Cabe mencionar que era joven cuando asumió y su juventud fue muy...
—¡Terrible! —espetó el anciano de inmediato. Recordaba esos días, esos días cuando Domino se estremecía ante los cambios de humor de la entonces Suprema; verdaderamente recuerdos que hacían que el alma se le saliese del cuerpo.
—Rebelde, seria el termino —trató de suavizar Seto; aunque no había tenido oportunidad de conocer a Giovanna su gusto musical quedó gravado literalmente en los cimientos de Domino—. Pero creo que podemos hablar con Aja; seguro estará encantada de poder cantarte las canciones que compuso para tu madre.
—¿Y quién compondrá mi canción? —agregó Yami; se sentía muy seguro de su futura victoria.
—Cuando sea el momento, tu artista se presentará —explicó André antes de tocar una melodía breve en el piano de cola del salón, como una introducción a la entrada de nuevos personajes a la escena.
—¡Yami!
La familiar voz hizo a Yami voltear hacia la entrada de la casa. Allí estaba, el joven de ojos amatista y cabello tricolores de pie en el umbral de la puerta se lanzó hacia él, abrazándolo de una manera tan familiar pero para Yami tan desconcertante que no supo responder de forma inmediata.
—¿Yugi? —reconoció Yami a su hermano después de unos segundos para luego corresponder el abrazo que el menor le obsequiaba.
—Estoy tan feliz de verte; creí que habías muerto— explicó Yugi de una manera tan inocente que a Yami le costaba creerlo—. Papá lo creyó también pero ahora... no creerás su felicidad cuando le dije que estabas vivo.
Esa afirmación sacó a Yami de sí. No queriendo que los demás escucharan la conversación, tomó a Yugi gentilmente del brazo, y se apartaron hasta uno de los balcones de la casa.
—Yugi... —lamentaba comenzar su reencuentro de esta manera pero... —¿Quién te dijo eso? —debía saberlo.
Yugi sonrió inocentemente —Papá —respondió sin mas—, todos lo creímos; cuando tu y mamá desaparecieron...
—Yugi —debía frenar a Yugi; no podía dejarlo continuar—. Aknankanon me entregó a los Bakura —espetó en el tono mas serio que pudo expresar.
El muchacho cesó de sonreír ante la grave acusación que estaba oyendo.
—¿Qué dices? ¿Por qué dices eso? Papá estaba muy preocupado por ti —acudió en defensa de su padre.
—Yugi... ¿Acaso no lo recuerdas? Aquella noche, el vaso de leche—
Unos leves flashes surgieron en la memoria del menor, pero nada que le indicara que su padre había tenido algo que ver con la desaparición de su hermano.
—No, no es lo que tu crees. Tu te enfermaste y papá te llevó a tu habitación y... —hizo un esfuerzo por recordar pero...
—¿Y? —presionó Yami por la verdad.
—No lo recuerdo, Yami —declaró algo enfadado por la acusación que Yami estaba poniendo sobre su familia—. Eso sucedió hace mucho tiempo.
—Yugi... —Yami trató de tranquilizar a Yugi cuando otra persona se hizo presente ante ellos.
—Entonces... —Yami y Yugi alzaron la vista al rubio que ahora estaba frente a ellos con los brazos cruzados y en leve tono acusador— tú eres Yami —se dirigió al mayor de los hermanos.
Yami se puso serio al notar el tono de amenaza en el rubio; pero este se desvaneció en las siguientes lineas dando origen a un tono ¿jocoso?
—Yugi me habló mucho de ti. Me alegra conocerte en persona y no poseído por otra entidad.
—¡Jonouchi! —retó Yugi a su amigo.
—¿Qué? —prosiguió el rubio sin percatarse de porque Yugi lo interpelaba— ¿Y cómo va eso? ¿Podemos confiar en ti o sigues teniendo a ese demonio controlándote?
—¡Jonouchi! —volvió a retar Yugi.
Yami reconoció entonces al joven frente a él como aquel "guerrero" que le propició una trompada en el rostro hacia un tiempo atrás.
—Ese demonio me da la habilidad del "Resurgimiento" —prosiguió a explicar Yami sin perder su tono neutral.
—¿Resurgimiento? —preguntó Jono— ¿Eso significa que no puedes morir?
—No, significa que si muero... puedo regresar si así lo deseo. Una, y otra, y otra vez... —dijo esto último con un dejo de amenaza.
—Entonces eres duro de matar. ¿Eso no te da una ventaja injusta en el Ritual?
—¡Jonouchi! —Yugi ya estaba a punto de saltar sobre Jono si seguía haciendo esos comentarios fuera de lugar.
—Ya hablaremos de eso cuando todos los participantes lleguen —para alivio de Yugi, Seto se hizo presente en el lugar—. Por ahora, perro —le dirigió la mirada a Jonouchi— puedes ir a la cocina. Creo que hay algunos huesos de ayer en la heladera.
—¡Tu! ¡Cazador! —Jono estuvo a punto de lanzarse sobre Kaiba si no hubiese sido detenido por Yugi.
—¡Jonouchi! Lo que Kaiba quiere decir, en su peculiar modo, es que quiere hablar con Yami... a solas.
Jono hizo tronar sus dientes y apretó su puño con ira conteniendo el golpe que estaba a punto de darle al castaño. Suspiró exhalando su furia y sin mas, dio media vuelta —¡Como quieras!
—Nos vemos en el Ritual, Yami, Seto —saludó Yugi a ambos mientras sujetaba el brazo de Jono en caso que el rubio cambiara de opinión
—¡Yugi! —Yami no pudo contener la pregunta que esa expresión le hizo formularse. ¿Acaso Yugi estaba seguro de servir en el Ritual? El mayor no era bueno para exponer sus sentimientos así que solo preguntó— ¿Estas nervioso?
Yugi sonrió ampliamente al darse cuenta de lo que Yami preguntaba
—Estamos en igualdad de condiciones. Ambos somos hijos de la anterior Suprema ¿o lo olvidas?
Yami tragó fuerte pero decidió sonreír ligeramente ante la confianza y valentía de Yugi.
—Claro que no.
Yugi volvió la vista y se retiró acompañando a Jono.
—¿Qué sucede Seto? —preguntó Yami algo extrañado por la interrupción del castaño; ¿acaso había sucedido algo malo?
Seto tomó asiento junto a Yami y le mostró una pequeña caja recubierta de terciopelo blanco que llevaba escondida en su mano derecha.
—Tengo algo para ti —respondió el Cazador al tiempo que abría el diminuto cofre, ensañandole el contenido al ojirubí.
Los ojos de Yami parecieron brillar ante la magnificencia del objeto frente a él.
—¿Un anillo?
Seto sonrió ligeramente ante la simple definición encontrada por su aprendiz al describir la grandeza de la joya entre ellos: un anillo de oro, con un exquisito zafiro talla brillante incrustado en el metal. Originalmente era de plata pero, él se había encargado de intercambiar el metal para que Yami pudiese usarlo. Removió el anillo de su contenedor y extendió su mano pidiéndole a Yami la suya.
El ojirubí le entregó su mano y Seto la tomó mientras que con la otra deslizaba la joya por el dedo anular del mas joven. El corazón de Yami se aceleró en su pecho ante esta simple acción.
—Se supone que el representante de la casa Rosenkreuz debe llevarlo durante el Ritual —explicó el castaño; e internamente queriendo dar por tierra las ilusiones de Yami; aun debía vengarse por lo del beso en el tren—. Formalidad. No te hagas ideas raras.
Yami solo sonrió, de alguna manera, sabia que no podía esperar otra cosa de Seto; su orgullo lo precedía. El zafiro resplandeció en la mano de su nuevo portador y Seto no pudo evitar agregar un pequeño plus a su regalo—. Ademas, es un amuleto de protección —explicó tomando la mano de Yami y puliendo la piedra ligeramente con su pulgar; a su parecer... la belleza de su protegido opacaba a la de la piedra.
Yami quedó en silencio al ver al castaño perdido en sus pensamientos; no pudo evitar detenerse en la última parte de su oración.
—¿Un amuleto? —¿acaso le estaba dando el amuleto de su familia? Era tanta la confianza depositada en él.
El Cazador reparó en sus palabras y en el efecto que producido en Yami; se estaba poniendo así mismo en ridículo y eso no era lo que quería demostrar. Él era un Cazador y el joven, un brujo. Eran rivales; el hecho que el estuviesen en esa situación era una mala jugada de lo que se dice... el destino. Se apuró a soltar la mano de su aprendiz dejando a Yami algo confundido.
—Es lo que se dice, yo no lo creo —retomó su tono áspero y egolatra—. Nadie te obliga a quedarte con ese anillo; así que puedes devolvérmelo—; no mostraría interés en el joven... aunque muy en su interior... prefería que Yami llevase el anillo.
—Seto... —el ojirubí se quedó un instante detenido ante la complicada forma de ser del Cazador.
Suspiró algo derrotado por no poder lograr que el castaño le expresará sus verdaderos pensamientos hacia él pero... no importaba, ya tendrían tiempo para eso. Por ahora, solo le dedicó una ligera sonrisa y un sincero— gracias.
—Bien, el papelerio ya está resuelto —la estridente voz de Bakura se hizo eco en la habitación anunciando su entrada; era obvia su intensión de interrumpir a los jóvenes—. Mi querido tórtolo— se dirigió al Cazador quien de inmediato se puso de pie interponiéndose entre él y Yami— ¿Puedo tomar prestado a su Elegido?
—Largate de esta casa —espetó el Cazador con odio; a su punto de vista, Bakura solo traía problemas.
—Tranquilo, Cazador —se mofó—. No querrás empezar una disputa entre nuestras Casas antes de tiempo ¿o si? —agregó victimizandose.
—Largate o te sacaré de aquí a patadas
—Principito, dile a tu perro guardián que baje los humos o...
—¡¿O qué?! —enfrentó el Cazador.
—No querrás pelear conmigo, Cazador. Creo que no necesitas que el cabeza de puercoespin te explique lo que puedo hacerte. Lo que puedo hacerle a cualquiera que se meta conmigo.
—¡¿Qué has dicho?! —gruñó Kaiba al sentirse ignorado por el albino.
—A ti, a ese enano de Yugi —continuó ignorando al Cazador pero haciéndole notar a Yami que si no lo recibía, otros pagarían las consecuencias.
—¡Es suficiente!
—¡Seto! ¡Espera! —detuvo Yami a Seto; no se arriesgaría a que Bakura concretase su amenaza— Deja que hable—
Bakura esbozó una filosa sonrisa; el "cabeza de pájaro" era mas cauto que el Cazador.
—Solo quiero hablar contigo—suavizó haciendo una somera reverencia—, negociar. A solas —agregó dirigiéndole la mirada al Cazador.
—¿Que clase de negocios? —interpuso Yami.
—Negocios del Ritual. Negocios que podrían salvar a cierta personilla de un horrible final.
Yami tragó fuerte; ¿acaso Bakura estaba ofreciéndole evadir el Ritual? ¿Quizás llegar a un acuerdo?
Seto notó la duda en el rostro de Yami; no podía creer que siquiera estuviese considerando la proposición de Bakura
—Yami, no vayas —
—¿Qué era eso que me dijiste una vez? Sobre el deber del Supremo: mantener el equilibrio entre las 7 Casas y proteger a los de "mi clase" —recordó la manera despectiva en que Seto se refirió a él una vez.
—Aun no eres el Supremo, Yami. No actúes como si lo fueras.
—Voy a estar bien, Cazador —dicho esto, le advirtió a Seto que no se entrometiera; si Seto se hacia el difícil con él, él también podía jugar ese juego; prosiguió a salir de la habitación secundado por Bakura. El cazador los vio irse con algo de ira; ciertamente Yami sabia como hacerlo sentir exasperado, enojado y... celoso.
Caminaron un rato largo a través de la ciudad; Yami siguió a Bakura todo el recorrido, no cabía duda que Bakura quería llevarlo a un lugar especifico; pero antes de llegar allí, pasaron por el centro comercial. El Centro estaba atestado de niños que corrían de un lado a otro; Yami los miraba con algo de distancia y sorpresa ya que no estaba acostumbrado a estar rodeado de tanta gente. Bakura notó la incomodidad en su compañero y se adelantó hasta un puesto donde vendían golosinas; allí compró dos paletas y, para desconcierto de Yami, le ofreció una a él.
—¿No quieres? —preguntó el albino acercándole la paleta dulce.
Yami miró con desconfianza el dulce que le estaba obsequiando y Bakura se sonrió al notarlo.
—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¿El Cazador te dijo que no aceptes dulces de extraños? —dijo con ironía al tiempo que se carcajeaba.
El ojirubí se sintió provocado por la actitud del albino; no le tenia miedo y se lo demostraría Sin mas, tomó el dulce y le dio una lamida de modo, algo sugestivo.
—Esta buena —dictaminó el ojirubí antes de continuar su recorrido.
—Claro que lo está.
Ambos jóvenes siguieron camino un trecho mas, cuando Bakura se introdujo en una zona que sorprendió aun mas al ojirubí.
—¿Expectamus Dominum? —leyó Yami, las letras grabadas en el pórtico de la entrada principal del lugar pero sin dejar de seguir al albino— ¿Por qué en el cementerio? — volvió a preguntar sin rodeos.
—Solamente es un lugar tranquilo para hablar; creí que te sentirías a gusto entre tus amiguitos, Nigromante —agregó presentando los laberínticos pasillos a su alrededor.
La arquitectura del cementerio rápidamente atrajo la atención de Yami, los callejones laberínticos, los mausoleos de mármol custodiados por sus respectivos ángeles de piedra con sus mensajes de ora y esperanza hacia los difuntos; cada elemento era una obra de arte en si mismo. Aunque no era un lugar que Yami conociese o considerase para una reunión, ciertamente sentía una conexión especial con las energías que vigilaban y moraban el panteón; en especial con una que lo atrajo hasta la entrada de una bóveda vigilada por un ángel con su mano ligeramente extendida hasta el picaporte de la puerta. Yami se quedó allí unos momentos en silencio ante el nombre del propietario del mausoleo gravado en la lapida: Rufina; a la vez, conmovido por la temprana edad en la que la joven encontró su destino final: 19 años.
—¿La conoces? —interrumpió el albino la meditación del ojirubí.
—Lo hago ahora —Yami le rindió un leve respeto a la joven y regresó su atención hacia Bakura—. Es extraño que quieras negociar ahora... no tendrás miedo del Ritual ¿no es así? —insinuó Yami adentrándose en los estrechos callejones del cementerio.
—Solo... no quiero que haya rencores entre nosotros.
—¿Rencores? —se escuchó la voz de Yami hacerse eco entre las paredes— ¿Por qué habría rencores después del infierno en que convertiste mi vida? —demandó Yami escondiendo su enfado y sin perder su temple tranquilo.
—Jajaja —se carcajeó Bakura— frena tus caballos, principito. Recuerda que yo no habría tenido acceso a ti si no hubiese sido por tu padre —le recordó fingiendo inocencia—. Ademas, el pacto de Resarcimiento entre ambas familias existe desde hace mas de 2000 años. Si no eras tu, hubiese sido Yugi; para mi era lo mismo, la pregunta es ¿habría sido lo mismo para ti?
Yami guardó silencio unos instantes y esgrimió su respuesta—. Supongo que no. Pusiste en mi a un demonio incapaz de morir, creo que en cierto modo debería agradecerte por eso. Creaste a tu peor enemigo y lo hiciste inmortal.
—¿Crees que yo soy tu peor enemigo? —preguntó Bakura con sarcasmo— Tu peor enemigo está a tu alrededor —respondió, alzando su mano, mostrando un anillo invisible en clara referencia al anillo que el Cazador le había regalado.
Yami se sonrió y dándole una nueva lamida a su dulce, de una manera casi infantil, aclaró—: Sé lo que tratas de hacer. Quieres confundirme... no va a funcionar —acusó al albino con su chupetin. No caería en ese juego.
—Para nada, solo pensé que seria bueno que supieras por lo que vas a morir —se defendió el albino.
—¿Y que hay de ti? —se adelantó mientras repasaba, con su dedo indice, los finos y suaves pliegues de piedra que formaban el atuendo del ángel de mármol que vigilaba la entrada a una anónima cripta— ¿No tienes miedo de lo que te pueda sucede? De morir
—¿Morir? —se carcajeó— Tu lo sabes tan bien como yo. Soy un asesino. No existe el honor ni miedo en mi. Solo deseo el sufrimiento de los otros; y el Ritual me parece una buena manera de empezar.
Yami se mantuvo en silencio.
—Eres un cínico —se detuvo con intención de retirarse—. no hay nada que hablar.
—Al menos soy honesto contigo —intentó detener al ojirubí.
—Es lo menos que puedes hacer.
—Y te diré otra verdad —se colocó frente a Yami frenandole el paso—: Tengo un acuerdo con el Concejo para eliminarte; nadie quiere que un brujito inexperto llegue a ser el supremo.
—Eso... fue un accidente. ¡Tú lo provocaste! —se defendió Yami; aun sin creer lo que el otro le decía
—Aun si ganas tendrás que gobernar con el Concejo en tu contra; y ambos sabemos que a tu madre no le fue muy bien.
—Tu no sabes nada sobre mi madre.
—Sé que se metió en los negocios de la Casa Rosenkreuz; y por eso la hicieron desaparecer. A ella y a ti —seseó el albino.
—Es mentira.
—Y ahora, estas siendo manipulado por el Cazador. Aun si logras ganar el Ritual; ¿qué piensas que pasará después? Te casaras con el Cazador, él tendrá el puesto de Supremo Consorte, te matará y te meterá en una fosa como a tu amiguita allá atrás.
Yami se mordió el labio y se mantuvo un segundo para luego contestar con una risa burlona. —No eres honesto. Solo tienes miedo porque estas en desventaja —atinó de nuevo a retirarse. No escucharía mas las palabras envenenadas del albino.
—Ahí es donde te equivocas —alzó las manos, al tiempo que arqueaba la cejas y dibujaba una sonrisa triunfal en su rostro—. Soy tan fuerte como tú; y lo sabes.
Yami se sonrió de manera incrédula cuando una idea cruzó su mente.
—Pruebalo —desafió al tiempo que cerraba su puño y lo empujaba hacia atrás como si sujetase una manija invisible Al tiempo que Yami realizaba el movimiento, un ataúd salió de una de las criptas frente a ellos y cayó al suelo con la tapa abierta revelando el contenido. Bakura observó el cuerpo dentro del ataúd; Yami había escogido un cadáver con pocas semanas de deceso; después de todo, no deseaba lidiar con zombies. Los segundos pasaron y Yami se cruzó de brazos en clara muestra de impaciencia. El albino tomó confianza y extendió su mano sobre el cadáver; hasta que... este, de la nada... abrió los ojos.
El hombre dentro del ataúd prosiguió a incorporarse con dificultad y, confundido por no reconocer donde estaba ni los acontecimientos anteriores que lo llevaron hasta allí, comenzó a caminar desorientado por el páramo hasta perderse de la vista de los 2 jóvenes. Yami quedó perplejo ante esto, ¿Bakura había logrado devolverle la vida a una persona... y sin equiparar fuerzas vitales? No podía ser... hasta él quedaba agotado al punto de la inconsciencia después de realizar un hechizo de esa categoría; pero Bakura... no parecía afectarlo en absoluto. ¿Acaso era cierto? ¿Bakura podía ser el Supremo?
—¿Ves? —se sonrió Bakura al ver la confusión y desesperanza en el rostro de Yami— Tú puedes hacerlo y yo también. Si me lo preguntas; creo que ambos podemos llegar hasta las instancias finales del Ritual pero... ambos sabemos que ese lugar es solamente para uno de nosotros. Los demás no tendrán la mas mínima posibilidad; y tu lo sabes. Morirán en nuestras manos.
Yami intentó recuperar la compostura para no mostrar mas debilidad.
—No soy un asesino, Bakura —espetó con odio—. Ese es tú negocio.
—"El honor mas grande requiere el costo mas alto y el peligro es ineludible" —citó el albino—. Te criaste en una Casa Mágica como yo; no eres ajeno a esos párrafos Sabes que aunque no quieras matarlos ellos morirán.. el Ritual no admite el fracaso; sus almas como sacrificio son la base para que el poder Supremo elija a un digno contenedor.
Yami se mantuvo en silencio; estaba verdaderamente devastado. La duda finalmente estaba minando su pensamiento, su alma y su esperanza.
—Si renuncias al Ritual —prosiguió Bakura—, me encargaré que ese enano de Yugi y el Cazador terminen la Ceremonia en una sola pieza.
—¿Como harás eso? —preguntó casi sin aliento.
—Como te dije, tengo un acuerdo con el Concejo; si renuncias, no habrá Ritual. Yo haré los 7 Milagros me declararan ganador y todos volverán a su casa —expuso su oferta.
¿Seto? La mente de Yami tardó en reaccionar. —Seto jamas aceptará eso. Él no lo haría
—¿Estas seguro? —seseó Bakura; Yami estaba siendo demasiado fácil—. Los Rosenkreuz no pelean; tienen marionetas que pelean por ellos. El cantante, el anillo, tu amante.. todos regalos muy bonitos para mantener a su marioneta contenta. ¿O acaso piensas que el Cazador siente algo por ti?
El ojirubí sintió su cuerpo estremecerse y comenzar a temblar. Seto lo amaba ¿no? El corazón del ojirubí pareció quebrarse ante la duda.
—Si te lo creíste entonces eres mas ingenuo de lo que creía —Bakura volvió a golpear contra los sentimientos de Yami; a su parecer, el joven ya estaba derrotado—.
Como un rayo de esperanza; Yami recordó el anillo en su mano, el amuleto que Seto le había entregado pero... ¿y si era cierto? ¿si era todo una trampa? ¿Y si solo lo estaban utilizando? Removió el anillo de su dedo y, casi de forma automática, lo acercó hasta pecho, justo sobre su corazón
Bakura notó la fe que ese objeto estaba generando en su presa y no tardó en actuar al respecto.
—No tienes porque ser la marioneta de ninguno de ellos. Deja el anillo dentro del ataúd; y nadie volverá a hablar de esto.
El brillo se había extinguido de los ojos de Yami; dejando solamente unas gemas vidriosas y marchitas. Su esperanza había sido carcomida; el Concejo estaba en su contra, Yugi no le creí; su familia se había extinguido; si no podía confiar en Seto... nada mas le quedaba. Nada tenia importancia. Un temblor se apoderó de su mano; un temblor que débil y lentamente le hizo extender su brazo hasta quedar su puño suspendido por sobre el ataúd frente a él. Solo debía abrir la mano y dejar caer el anillo sobre el blanco cojín del ataúd Es seria todo.
Bakura esperaba impaciente; no podía creer que había logrado todo eso y sin siquiera utilizar su Concilium. Su esclavo era demasiado ingenuo.
—Dejando de lado los rangos Mago-Brujo; el único capaz de derrotarte, siempre seré yo —
—"Seto" —recordó las palabras del Cazador. Y una sonrisa se dibujó en su rostro; no podía creerlo; esa simple afirmación era todo lo que necesitaba para dar por tierra todas las falacias de Bakura. No importaba si los demás estaban en su contra; Seto tenia confianza en él, en su mundo él era su único rival. Y si Seto deseaba eliminarlo... no lo haría sin un enfrentamiento digno: un enfrentamiento donde ambos darian todo de sí; muy en su interior, esperaba con ansias ese momento; por tanto...
No podía fallarle.
No renunciaría.
Nunca.
La fuerza regresó a él... y, de inmediato, atrajo su anillo de nuevo hacia su corazón. No caería presa de las maquinaciones de Bakura.
—Si que eres testarudo— declaró Bakura al notar el cambio en el ojirubí causado por la repentina recuperación de la confianza en si mismo. Admitía que era un contratiempo pero...
Su plan aun no había fallado del todo.
El ojirubí quedó estático al sentir una corriente eléctrica recorrer su espina a medida que un objeto punzante se enterraba en su espalda; su mano tembló ante la imposibilidad de moverse haciendo que el anillo contenido en esta cayese al suelo.
—Un tonto —agregó Bakura antes de retorcer el filo en la carne del ojirubí.
—¡Agh! —gimió el ojirubí antes que un hilo de sangre comenzase a caer por la comisura de su labio. No estaba bien; las fuerzas lo habían abandonado demasiado pronto y solo un objeto podía causar semejante agonía en un brujo; un objeto que ya había visto antes: el puñal con hoja de plata.
Yami cayó de rodillas frente al ataúd; aun no era tarde; si lograba remover el puñal, podría salvarse. Con sus últimas fuerzas intentó quitarse el puñal de la espalda pero sus brazos no le respondieron; maldijo su suerte una vez más. Testarudo... ¿por qué tenia que ser tan testarudo y no aceptó la ayuda de Seto? Solo por una vez...
El ruido de un golpe seco del metal contra el hueso se escuchó y Yami terminó de desplomarse contra el suelo. Bakura, de pie con una pala en mano, se sonrió al ver el trabajo realizado y alzó el frio y plano metal por encima de su hombro.
El albino bajó la pala, salpicada por la sangre que emanó del golpe propiciado contra la parte de atrás de la cabeza del ojirubí, sacudió sus manos quitándose el polvo y prosiguió usar su Concilium para llamar a los trabajadores del cementerio que estaban a escasos metros de él y que habían sido testigos de su fechoría.
Los hombres, sin voluntad, tomaron unas gruesas cadenas de plata que estaban escondidas en uno de los nichos y prosiguieron a encadenar el cuerpo de Yami. A pesar de haber dejado el puñal de plata incrustado en la carne del ojirubí como seguro; no confiaba del todo en que seria suficiente para detenerlo en caso que resucitara; por ello, prefería cerciorarse, encadenarlo y; deleitarse al imaginarse la sorpresa que se llevaría cuando despertara. Los hombres terminaron de asegurar las cadenas y prosiguieron a depositar el cuerpo de Yami dentro del ataúd Bakura observó a su, para él, esclavo una última vez cuando reparó en un detalle... el anillo había regresado a manos del ojirubí. Bakura se sonrió y, sin nada de cuidado, abrió la mano de Yami, le quitó el anillo Rosenkreuz por la fuerza y prosiguió a cerrar el ataúd
—Todo suyo, muchachos. Asegúrense que quede bien abajo.
Los hombres cargaron el ataúd y se lo llevaron hacia una de las criptas; mientras que el albino dio media vuelta para regresar por donde había venido; esta vez llevando en su mano, la gema de los Rosenkreuz como trofeo en su dedo.
"Nos fracturó el invierno solitario"
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Holas mis dear readers! Acá otra vez con un nuevo capitulo y agh! No puedo creer que lo haya podido terminar... ¿por qué escribo capítulos tan largos? Bueno, gracias a todas mis queridas lectoras que me han dado señales de vida y me dan ánimos para terminar esto ¡Gracias!
Les aviso que tiré de la cuerda y publiqué otro fic "Dimensión fantasma" dije que iba a ser un one-shot pero... creo que voy a continuarlo... cuando termine este, por supuesto.
Chan chan! Y otra vez... Yami in trouble. Si! Ya sé, ya sé... y no me gustaría haberlo hecho pero este era un punto antiguo en el fic y tengan en cuenta que esta será la última vez que Bakura tenga oportunidad de sacar a Yami de la competencia.
Vamos a las aclaraciones...
Primera: La cripta de Rufina Cambaceres es una referencia a una leyenda urbana, si quieren busquenla y veran que... si Yami supiese usar bien su adivinación habría sabido lo que Bakura planeaba.
Segunda: Hay una pregunta que hizo Alex y que paso a explicar...¿cómo el Concejo no se dio cuenta que Aknadin estaba muerto? El Concejo o, mejor dicho, sus integrantes no viven todos en Domino y no se reúnen con frecuencia. Las reuniones son convocadas por la/el Supremo y cuando Giovanna desaparece el que queda a cargo de la Cofradía es el Supremo Consorte que es: Aknankanon. Ahora, volviendo al capítulo 1; ¿qué hace que el Concejo comience a reunirse con frecuencia? la "noticia" de la muerte de Aknadin. ¿Por qué Aknankanon encubriria al pobre Bakura?
Eso por las aclaraciones; ahora a los saludos y agradecimientos!
Alex: me guardé para contestarte por aquí y la verdad, no pensaba tardar tanto en actualizar XD. Nunca pensé que jugabas como Pegasus y con los monstruos de Bakura, me da algo de cosa XD Nah! Jajaja con el vagabundo no juego, es re tramposo, le pone el desafió a uno y él se empieza con 3 monstruos de una... que se vaya a la... al Reino de las Sombras. ;D Igual ahora no sé que pasa.. el emparejamiento no funciona. Bueno, espero que estés bien y con respecto a lo de "no mas matanzas a Yami" mmm no puedo afirmar nada al respecto por ahora XD Gracias por el review! besote!
TsukihimePrincess: Jajaja dame tiempo. Gracias por el review!
M. A.: Hola! Y... romance... acá hubo un poquito. ¡Lo intento pero Seto es difícil con el romance! Gracias por el review! Besote.
Azula Rivaille: Hola Azula, y con esta sera 101. Entiendo lo del fic difícil de seguir e intento mantener un ritmo de actualización pero... es difícil. Gracias por el cumplido y con respecto al romance... y es un romance especial. Espero que estés bien y gracias por el review!
Atami no Tsuki: Hola Atami, si yo también lo espero. Gracias por el review, chica! Besote
Ninoska: Hola! Si! Seto se llevó a Yami pero Bakura sigue metiéndose en el medio T-T Gracias por el cumplido y por review! Besote
Bueno, eso es todo por ahora. Espero haya sido de su agrado; por favor, dejen review con sus comentarios... ¿please? Gracias! Pásenla lindo y no leemos cuando me lean.
