Libro I

Capítulo XVIII

Confrontación

No sabia cuanto tiempo había pasado ya... minutos, horas, días semanas, meses, años quizás. Todo era posible. Su respiración era por demás acelerada y sentía el calor de la fiebre obnubilar sus pensamientos, al delirio trasformar sus últimos racionales pensamientos en fantasmas que acechaban en la sombra a su alrededor.

Fallaste Yami— la voz de su madre resonó a su alrededor.

—¿Mamá?

Nunca fue tu destino ser el Supremo— continuó la voz de Yugi.

—Yugi... —volteó encontrando la nada.

Cuando debiste pelear por tu lugar en este mundo... por el derecho de tu sangre... huiste —exclamó la inconfundible voz de Seto.

—¡No es verdad, Seto! —trató de justificarse aunque muy en el fondo sabia que tenia razón. Estuvo a punto de aceptar el trato de Bakura. De abandonar su destino por una vana promesa.

No quiero escucharte más. Eres una vergüenza para para mi y para la Cofradía, Yami. Quedate donde estás: bajo tierra. Donde pertenecen los gusanos cobardes como tú.

—¡Seto! —gritó a la nada—. Lo lamento, —sollozó— no me dejes...

—¡No me dejes!

Despertó de su pesadilla solo para darse cuenta de la verdad... esta no había terminado. Estaba atrapado y el cuchillo de plata aún estaba enterrado en su espalda. Iba a morir, estaba muriendo... continuamente. Rasguñó las estrechas paredes a su alrededor en un vano intento por tratar de escapar del interior de ese ataúd, pero solo unos minutos antes de sentir los espasmos dificultar su control sobre sí mismo. Gimió de dolor al sentir sus músculos comenzar a contraerse y petrificarse. El espacio era demasiado pequeño; y las erráticas posiciones que su cuerpo involuntariamente iba tomado no parecían querer adecuarse al mismo; en este punto, los múltiples moretones que su cuerpo presentaba eran lo de menos. Mordió fuerte al sentir sus rodillas chocar contra la tapa del sarcófago; desesperadamente intentaba relajar sus músculos para aliviar la presión que estas ejercían sobre la rígida madera; esfuerzo vano al escuchar el tronido que indicaba una nueva fractura en sus extremidades. Quiso gritar, y lo hubiese hecho de no ser que su mandíbula también oprimía con fuerza, estaba petrificada. No pasaron ni tres minutos cuando sintió una nueva corriente de espasmos dirigirse hacia los músculos de su espalda haciendo que su respiración comenzara a dificultarse.

Aquí se preguntaba...

¿qué sucedería primero?

¿Sus pulmones colapsarían o la presión que los músculos ejercían sobre su columna terminarían aplastandola, partiendola?

No lo sabia, de lo que si estaba seguro era que resurgiría,

una vez...

y otra vez...

y otra vez...

y su calvario no acabaría; no mientras tuviese esa maldita daga de plata atravesando su carne.

Las lagrimas comenzaron a formarse en sus ojos aunque, no eran lagrimas de tristeza, eran la manifestación de su amargura, euforia e ingenuidad. No podía creer lo que estaban dispuestos a hacer esos malditos viejos por apartarlo de lo que consideraba su lugar como brujo Supremo. En esos instantes de soledad se hizo una idea de lo que su madre habría soportado por mantener a la Cofradía unida aunque... —Ahora entiendo porque te fuiste—

—Esos malditos sádicos... —masculló apenas. En cuando saliese de allí se encargaría de mandarlos a todos al infierno pensó ilusoriamente. Gimió ante el nuevo espasmo que presionaba sobre la base de su nuca, si, definitivamente su cuello se partiría esta vez. Se obligó a reírse de si mismo y de su bizarra situación hasta que un tronido lo desconectó nuevamente del mundo. Se tomó sus últimos segundos antes de morir, una vez más, para maldecir el nombre de aquel demonio que lo había conducido hasta esta inhumana trampa.

—¡Bakura!


—¿Qué se supone que estamos esperando? —preguntó el rubio apoyando la parte superior de su cuerpo sobre el respaldo de la silla giratoria en clara muestra de aburrimiento.

—A qué todos los participantes lleguen —respondió Yugi.

—¿Y quienes son los demás participantes? —preguntó Jono dando una vuelta sobre la silla para animarse un poco.

—¡Eh! ¡Yugi!

La voz de una joven conocida los hizo voltear hacia la puerta principal de la Casa Rosenkreuz.

—¿Anzu? —exclamó Yugi al reconocer a la castaña muchacha—¿Qué haces aquí?

—¿Qué no lo sabes? —preguntó al tiempo que se acercaba hasta los jóvenes sin borrar su sutil sonrisa de su rostro— Yo también participo del Ritual.

—¿Tu? —exclamaron ambos jóvenes al unisono.

—Si, ¿qué significa eso? ¿Acaso me toman por débil? —preguntó ofendida Anzu llevando sus manos a la cintura.

—No, no, claro que no —trató de calmar Yugi a la chica— Es solo que es una sorpresa... nunca imagine que fueras una... —titubeo, no sabia como continuar sin ofender a la ojiazul— una...

—¿Bruja? —completó sin pudor—. Pues no solo soy bruja sino que soy la representante de la Casa Azul.

—¿Azul? ¿La casa de los brujos blancos? —razonó Jono—. Era bastante obvio si lo pones así.. con todo eso del baile y tu mazo de hadas de salud.

Anzu asintió y se dirigió nuevamente a Yugi. —Así que Yugi...nigromante ¿no es así?

—Eh, si. Eso intento —respondió Yugi rascándose la nuca un tanto nervioso.

—Y Jonouchi, telequinesis —clasificó al rubio.

—¿Qué acaso lees la mente también? —acusó Jono.

—Controlar —aclaró la ojiazul—. Estos últimos días he logrado dominar el Concilium.

—¿Concilium? —exclamaron Yugi y Jono al unisono. Dominar el Concilium volvía a Anzu una adversaria en extremo peligrosa.

—Es bastante sencillo... —sonrió la castaña— así que no se metan conmigo si no quieren que los haga bailar desnudos mientras recitan discursos de amistad.

Yugi y Jono se apartaron casi instintivamente ante esta amenaza. Anzu era de temer cuando se lo proponía.

La castaña se rio para tratar de calmar a ambos jóvenes —No tienen de que preocuparse; no es que vayamos a enfrentarnos o algo —agregó restandoles importancia—; por cierto ¿donde están los participantes? —preguntó mirando a los lados buscando a los guerreros que serian su oposición.

—Pues... —titubeó Yugi algo nervioso.

—Pues ¡los estas viendo! —exclamó Jonouchi tomando a Yugi por el cuello con un brazo y con el otro alzando el puño en señal de guerra.

—¿Us-tedes? —preguntó dibujando una mueca chueca en su labios. ¿Esos dos niños eran su oposición en el tan llamado "sanguinario" Ritual de los 7?

—¿Hay algún problema? —preguntó Yugi.

Anzu se despabiló de inmediato ante la pregunta de Yugi —No, no hay ningún problema. En absoluto—. Sonrió falsamente; la verdad era que no quería enfrentarse con ellos; como bruja blanca las peleas estaban fuera de sus intereses.


De lejos, los chicos era observados por el anciano de la Casa Rosenkreuz; casi podía sentir pena de que niños tan jóvenes sean utilizados en ese Ritual salvaje; el premio a recibir era inmenso y mas tentador de lo que cualquiera podía imaginar pero ¿era suficiente? ¿acaso podían justificar acabar con las vidas de sus conocidos, de sus amigos por nada mas y nada menos que la responsabilidad de comandar el poder Supremo? ¿Cómo podrían verse al espejo en los años venideros y recordar la matanza en la que participaron? ¿Acaso no lo sabían? ¿Como podrían? Nada podría jamas prepararlos para algo como lo que estaba por venir.

—La Casa Azul está presente —exclamó el anciano hacia los otros miembros del Concejo— Casa Carmesí y Esmeralda ¿cuando llegaran sus elegidos?

—¡No llegaran! —la particular voz de Bakura se hizo presente junto con su poseedor— Tampoco son necesarios... y con respecto al Ritual. No habrá Ritual.

La declaración de Bakura sacó al viejo Rosenkreuz y al anciano de Ocre de sí.

—Bakura ¿qué significa esto? —exclamó el anciano de Ocre.

—En el nombre de la Casa Negra, a la cual represento —proclamó Bakura—, y la Casa Rosenkreuz demando realizar los 7 Milagros en solitario y, en caso de realizarlos, ser declarado Brujo Supremo de la Cofradía

—¿Qué demonios dices?

—Quienes estén a favor, alcen la mano —prosiguió Bakura ignorando a los 2 ancianos de blanco y ocre pero encontrando apoyo en los votos de la Casa Azul, en el viejo Ishtar y la mujer de esmeralda.

—Casa Azul, Carmesí y Esmeralda —contó los votos el albino.

El de la Casa Ocre observó ingenuo a sus compañeros ¿todos se habían puesto de acuerdo con Bakura? No dijo nada, solo negó sabiéndose derrotado.

—¿Una abstención? Bien, no importa; esta decidido.

—¿Qué piensas te da derecho a pronunciarte en nombre de la Casa Rosenkreuz? —interrumpió Seto al ver el atropello que se estaba cometiendo en el salón de su hogar.

—Esto —exclamó Bakura mostrando el Anillo de la Casa Rosenkreuz; el símbolo de su elegido.

—¿De donde sacaste eso?— exclamó Seto con odio al reconocer el anillo que le había regalado a Yami ahora en manos de esa alimaña: Bakura.

Los gritos de los involucrados rápidamente llamaron la atención de Yugi y Jono.

—Lo encontré —respondió el albino con falsa inocencia.

—¿Seto? —el anciano de blanco intentó indagar ¿por qué Bakura estaba en posesión de la reliquia de su hogar?

—¡Maldito desgraciado! ¿Qué hiciste con él? —bramó colérico el Cazador.

—Si te refieres a tu principito... él abandonó el Ritual. Esto lo comprueba —se defendió Bakura evidenciando los hechos; el estaba en posesión del anillo ahora y eso lo convertía, muy al pesar de Seto, en El Elegido de la Casa Rosenkreuz.

—Esto no se quedará así —amenazó el Cazador antes de retirarse.

—Kaiba, por favor. ¡Tranquilo! —trató Yugi de calmar al Cazador.

—Voy a matarlo

—Kaiba, tiene el anillo. Te mataran antes de que puedas acercarte a él. —trató de hacer razonar al enrabiado Cazador pero sus palabras no parecían hacer mella en su decisión— ¡Debemos encontrar a Yami primero!

Como un atisbo de luz en la noche mas oscura; el Cazador se detuvo al escuchar el nombre de su protegido. Si mataba a Bakura, nunca le revelaría donde Yami estaba; aunque sabia que no lo haría de todas maneras. Aun si lo capturaba y torturaba; muy en su interior sabia que personalidades enfermas como las de Bakura eran difícil o imposibles de romper. Se llevaría el secreto a la tumba de ser necesario; todo para no ver jamas felicidad en aquellos a su alrededor. No podía hacer nada; excepto quizás escuchar a Yugi.

—¿Cuál es tu plan?

—Saldré a buscarlo— expuso su plan Yugi provocando que el Cazador esbozara una risa de incredulidad y altanería.

—¿Ese es tu gran plan? —¿acaso Yugi pensaba jugar al gallo ciego buscando a Yami por toda la ciudad?

—Si —respondió por lo bajo Yugi.

Jono exhaló algo contrariado; hasta él se daba cuenta que ese plan era tonto pero no iba a subestimar a Yugi; algo se traía entre manos.

—¿Sabes donde está tu hermano? —preguntó el rubio.

Yugi asintió con seriedad —Podría tener una pista...

Kaiba volteó a verlo; esta vez Yugi había ganado su valuada atención.


Sin perder tiempo, Kaiba alcanzó a ambos: Jono y Yugi hasta el hogar de este último. Ni bien el vehículo se detuvo; Yugi bajo a toda velocidad para entrar a su hogar y buscar en su habitación el objeto que podía darle una pista del paradero de su hermano. Buscó entre sus pertenencias; estaba seguro que lo había dejado allí, removió libro tras libro hasta que finalmente, el indicado estuvo en sus manos, aquel libro de cubierta de cuero marrón rojizo que alguna vez perteneció a su hermano y que recientemente había llegado hasta él gracias a la intervención de aquel desaparecido espíritu: Malik. Si el objeto guardaba alguna conexión con Yami él podría rastrearlo utilizando sus poderes de psicometría y psicografia y dominar, al fin, la clarividencia.

—Muy bien, libro. Tu me agradas y obviamente yo tampoco te agrado —recordó su nada grato primer encuentro— pero... Yami está en peligro necesito que me des una pista de donde está... por favor.

Yugi abrió el libro en alguna pagina al azar e invocó su poder sobre este. El objeto lejos de mostrarse cooperativo o incluso, violento como la última vez, simplemente se cerró con violencia, como si la fuerza de un poderoso demonio gobernara sobre su cubierta.

—Pero ¿que diablos...?—exclamó Yugi intentando con todas sus fuerzas volver a abrir el libro.

—Suele hacer eso cuando estoy cerca...

—¿Padre? —reconoció la voz de su progenitor.

—Es un libro peligroso, debió arder hace tiempo. No entiendo que hace aun aquí —agregó el mayor al tiempo que entraba a la habitación de su hijo.

—Papa, este libro puede ayudarnos a encontrar a Yami. No podemos dejar que Bakura se salga con la suya.

—Yugi entiendes que si Yami está aquí... deberás participar del Ritual ¿no? —trató de hacer entrar en razón a su obstinado hijo.

—Por supuesto que si —exclamó—, es por eso que...

—¿Acaso estas loco? —interrumpió el padre— ¡¿Quieres morir allí?! —espetó furioso dejando al menor unos instantes en meditativo silencio.

—Creí que después de todo este tiempo tendrías mas confianza en mí. En tu propio hijo —respondió con algo de pena encubierta en su voz.

—Claro que tengo confianza en ti, hijo —trató de reponer el padre—. Es solo que... no tiene sentido que arriesgues tu vida por un capricho.

—¿Un capricho? —exclamó pasmado ¿cómo podía su padre considerar la situación actual un simple capricho?— Bakura es peligroso, padre. Mandó a Yami a matarme, controla el Concilium con mas destreza que ningún otro brujo. Los Cazadores nos acechan; ninguno de nosotros estará a salvo con Bakura como Supremo.

Ambos guardaron prudente silencio. El padre se dio cuenta que Yugi no desistiría fácilmente

—No permitiré que provoques tu muerte —advirtió rápidamente—. No cuando he trabajado tanto por mantenerte a salvo.

—¡¿A salvo de que?!—enfrentó Yugi— ¡¿Del Pacto de Resarcimiento?! Leí sobre él, se suponía que la Suprema Teana lo había derogado; ¿por qué aun está vigente? ¿por qué Yami termino como donante de Bakura?

Aknankanon suspiró agobiado por las "insolentes" preguntas del niño frente a él.

—No lo entenderías.

—¿Qué no entendería? Qué me mentiste todos estos años. ¿Qué Yami estaba vivo? ¿Qué otros secretos tienes para ocultarme? —arremetió Yugi contra su padre y contra los andurriales secretos de su hogar.

—Yugi —trató de explicar con calma—, todo lo que he hecho... fue para protegerte.

—¿De quién, padre? —demandó.

—¿De quien crees? —se detuvo exasperado— ¡De tu madre! Y ese bastardo hijo suyo —reveló dándole la espalda a Yugi. No podía verlo a los ojos al revelarle la verdad.

—Mamá... —la sorpresiva verdad tomó desprevenido a Yugi— ¿Yami no es realmente mi hermano?

Aknankanon guardó un minuto de silencio. Debía revelarle a Yugi la verdad para que no intentase lanzarse a la locura de creer superar el Ritual.

—Ella sabia que no era un hijo puro de este hogar pero esa maldita bruja le daría el puesto como cabeza de está casa de todas maneras. Tu quedarías relegado a un maldito segundo lugar o peor aun, ¡exiliado! ¡¿Qué acaso crees que no sé lo que es?! Quedar en segundo lugar... —inconscientemente apretó los puños ante esta declaración.

—Yami nunca me habría exiliado —respondió simplemente el menor.

—No puedes estar seguro —volteó a verlo—. Solamente un hijo hereda los secretos de la familia Nigromante. ¿Qué quedaría para ti?

—Entonces... tu lo decidiste —agregó Yugi; con su cabeza gacha y su mirada oculta tras sus mechones de cabello rubio—. Era verdad, lo que Yami dijo... tu lo vendiste a los Bakura... para que no reclamara el puesto de Cabeza de esta Casa... —la verdad tomaba al fin forma frente a sus ojos amatista— ¡para que no te quitara el puesto a TI! ¿eso estás diciendo? —alzó la vista apenas nublada por tenues lagrimas— ¿Hiciste todo esto por venganza? ¿por un segundo lugar? —aferró con fuerza el libro bajo su brazo— Y ahora... no conforme con eso ¿quieres alejarlo de su oportunidad de competir por la Supremacía de la Cofradía?

El mayor permaneció un instante quedo. ¿Esa era la conclusión a la que arribaba su hijo? ¿Que él era el monstruo en toda esa situación? ¿Acaso podía ser que lo fuera?

No...

No lo era...

Porque la verdad detrás de esa superficie...

era aun mas obscura de lo que Yugi podía imaginar.

—Yugi, no entiendes lo que estas diciendo—intentó una vez mas y habló con la mas profunda sinceridad—. Ese puesto va mas allá de ti, de mi, de nuestro hogar, o incluso la Cofradía: Yami no puede ser Supremo.

Yugi estaba decidido a no escuchar mas las palabras del hombre frente a él.

—No te corresponderá a ti elegir esta vez, padre —se aferró una vez al libro de su hermano y caminó a paso lento, pero seguro, hasta estar junto a su padre pero mirando hacia la puerta de la habitación—. Entiendo que debió ser muy duro para ti... pero...

—Yugi...

El menor dio unos pasos más hasta quedar bajo el umbral de la puerta y se detuvo.

—Lamento no haber sido lo suficientemente poderoso para realizar los 7 Milagros por mi cuenta —dijo esto sin voltear a verlo.

—Yugi... no vayas —suplicó una última vez.

—Adiós, padre.


En la entrada de la Casa Cardena, Jonouchi y Kaiba esperaban impacientes a que Yugi saliese por la puerta con la pista prometida. El ruido de la puerta se oyó al fin y Yugi salió de allí a paso seguro, apresurado pero constante. Ambos, Jono y Kaiba voltearon a verlo con curiosidad; algo habia cambiado en la actitud del chico. ¿Acaso había sucedido algo ahí dentro?

—Jonouchi, vamonos —exclamó Yugi trazando un camino recto hacia la reja perimetral de la casa.

—¿Sabes donde está? —preguntó Jono alejándose de la pared sobre la que estaba apoyado de espaldas.

—En el cementerio... —respondió secamente Yugi sabiendo lo que su respuesta provocaría en el cazador.

—¡¿Qué?!— la reacción de Kaiba no se hizo esperar.

—Esta atrapado allí —trató de suavizar Yugi.

—Voy con ustedes —se adelantó el cazador.

—No, tu tienes que quedarte —detuvo Yugi al castaño, con una seguridad hasta ahora desconocida en el de ojos amatista.

—Ni lo pienses —respondió Kaiba altanero. No le importaba que Yugi hubiese ganado auto-respeto en los diez minutos que estuvo dentro de su hogar; él iría a buscar a Yami.

—Kaiba, escucha. Sé que estás enojado pero debes volver a la Casa Rosenkreuz. Es obvio que nuestras familias arreglaron esto con Bakura; —explicó con pesar— nuestra presencia no hará diferencia en su decisión pero la tuya si. Busca a Mai, ella te dará un voto más; pidan que se realice el Ritual de todas maneras... danos tiempo hasta que encontremos a Yami —se alejó con Jonouchi hacia el lado sur de la ciudad.

—Yugi —llamó el Cazador una última vez. No estaba de acuerdo con el plan, pero tampoco dejaría que ese idiota de Bakura ganase. Se lo debía a Yami; pero debía advertir a Yugi las consecuencias de su decisión—, si me fallas no te molestes en volver porque juro que te buscaré, te cazaré y te mataré —se dirigió a Jono y a Yugi—, a todos ustedes.

—Cuento con eso, Kaiba.

"Everybody knows the deal is rotten."

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Capitulo 18... iba a ser mas largo pero creo que hasta acá está bien. Buenas a todos ¿cómo están? Espero que estén estupendamente bien; yo estoy estupendamente bien; he vuelto de mis vacaciones y volví con un poco de inspiración para terminar este capitulo que lo deje en noviembre de 2017. Pobre Yami, ha estado sufriendo desde entonces pero creo que ya es suficiente XD ahora saben que a pesar de que Yami es -casi- inmortal o muere difícil; en este universo mágico no significa que esta a salvo de peligros. Seto tranquilamente podría someterlo si hace cumplir su rol de Cazador pero... no creo esté en sus planes por ahora. Y si, todo esto para poder ilustrar un poco las reglas de este universo y como se va resolviendo el dilema de Yugi, Yami y su padre... y por supuesto la vileza de la que es capaz Bakura con tal de ver sufrir a Yami. No pueden culparme por no intentar darles una buena historia (aunque falló en las actualizaciones, ya lo sé.)

Mis agradecimientos a TsukihimePrincess, M.A y Ninoska por sus reviews. Gracias mis queridas! Les mando beso gigante.

Sin mas, si les gusto, dejen reviews con sus opiniones y como ya saben: nos leemos cuando me lean. Chau!