Libro I
Capítulo XIX
El Ritual – 1ra parte
Ambos jóvenes se dirigieron al cementerio de Domino; una vez allí, se adentraron dentro de sus laberínticos pasillos; para el rubio era una suerte que Yugi pareciese conocer el camino de lo contrario; la tarea de rescatar al nigromante se volvería fatua. Era improbable encontrar una tumba en particular en un mar de estas. Poco a poco las criptas suntuosas fueron quedando atrás y se encontraron a campo traviesa: un campo sagrado de tumbas sin nombre.
—Aquí es —señaló Yugi una tumba fosa común cubierta por tierra recientemente removida—. Debimos haber traído palas —comentó Yugi con desgano provocando una bufona sonrisa por parte del rubio.
—Hazte a un lado, Yugi. Puedo manejar esto —exclamó Jonouchi al tiempo que juntaba sus puños para luego separarlos apenas; ante esta simple acción, la tierra de la fosa comenzó a correrse a los costado formando 2 grandes montículos. Jonouchi sonrió y elevó sus puños por sobre su cabeza haciendo que el ataúd en el interior de la fosa saliese de la misma y cayera a un costado.
—Eso fue impresionante, Jonouchi —exclamó Yugi.
—Gracias, gracias —aceptó las felicitaciones mientras se limpiaba el polvo invisible de sus ropas.
Yugi corrió hasta el ataúd y puso todas sus fuerzas en abrir la pesada tapa de este. Como su adivinación lo había anticipado: Yami estaba allí... de verdad parecía estar...
—¿Acaso esta muerto? ¿O es otro de sus trucos? —preguntó Jono al ver la perturbadora paz en las facciones del hermano mayor de Yugi.
—Yami, ¡despierta! —sacudió apenas el cuerpo, aparentemente sin vida, de su hermano no obteniendo respuesta alguna—. Debemos llevarlo a casa.
Sin perder tiempo; los jóvenes trasladaron el cuerpo de Yami hasta la Casa Rosenkreuz; con las demás casas en su contra, Seto era el único que podía proveerles protección mientras esperaban que Yami resurgiese. Sin embargo, los minutos y la horas pasaban y Yami no volvía en si.
—Ya pasó una hora ¿Por qué diablos no regresa? —preguntó Yugi; la espera lo había hecho comenzar a morderse las uñas.
—Quizás tardamos demasiado —respondió el rubio restandole importancia.
—No, no creo que funcione así —expuso sus dudas Yugi mientras volvía a trazar un circulo con su caminar impaciente.
—¿Qué hacemos?
—Anzu... —recordó Yugi— ella es una bruja blanca, puede traerlo de regreso.
—¿Qué los brujos blancos y los necromantes no son enemigos?
—En este momento, nuestro único enemigo es Bakura —decretó Yugi antes de salir a buscar a Anzu; debía estar en el salón principal junto con los ancianos.
En efecto; Anzu estaba allí. Contemplaba de lejos a los miembros del Concejo pelearse entre si por la intromisión de Bakura en el Ritual y la cancelación del mismo. Ella no sabia que pensar; por un lado estaba aliviada de no tener que participar de la cruel matanza y al mismo tiempo se preguntaba si declarar al albino con Supremo era la mejor decisión. Pero ¿qué podía hacer ella para cambiarlo?
—Pss... ¡Anzu!
Escuchó alguien susurrar su nombre. Volteó hacia donde parecía provenir la voz para encontrar a Yugi escondido entre una columna y unas cortinas telón
—Anzu, necesitamos tu ayuda —dijo esto y se ocultó tras bastidores
Anzu pestañeó incrédula aunque decidió seguir al pequeño conejo hasta su madriguera: una habitación trasera secreta de la Casa Rosenkreuz. Para su sorpresa, allí estaban Yugi y Jonouchi pero mas grande fue esta cuando vio al joven que estaba sobre la mesa en el centro de la habitación.
No podía ser...
—¿Papa Atem? —exclamó sin creerlo.
—Anzu, él es mi hermano —se apuró a explicar Yugi—. Él es el representante de la Casa Rosenkreuz; Bakura se aprovechó de esto para declararse Supremo; las otras Casas conspiraron con él para provocar esto.
Anzu permaneció en silencio un segundo; ahora lo recordaba.
—¿No es él Nigromante que causó el caos del centro hace unos días atrás?
—Si, pero no fue su culpa. Bakura lo estaba controlando. Él no le haría daño a nadie.
La castaña frunció sus labios en señal de desaprobación; tenia un mal presentimiento de esto. Algo le indicaba que revivir al joven traería consecuencias, consecuencias devastadoras. Y no debía permitirlo; sin embargo...
—Anzu, por favor —las palabras suplicantes de Yugi... porque debía ser tan débil antes los ruegos. ¿Por qué le costaba decir que no a ayudar a los demás cuando los necesitaban? Y después de todo, ella era una bruja blanca: ayudar estaba en su naturaleza... y no podía escapar de ella.
Sin pensarlo dos veces; se posicionó a la altura del joven y llevó sus labios hasta los de Yami. Yugi y Jono se quedaron patidifusos ante esto. ¿Acaso iba a besar a un muerto? Desconocían las implicaciones del hechizo en cuestión; nunca lo habían practicado ni visto a nadie realizarlo; este era un buen momento para ver el funcionamiento del hechizo emblema de la Casa Azul: el Vitalis.
La castaña apenas abrió la boca del joven; podía sentirlo... había demasiada muerte en el interior de Yami; como si hubiese muerto una y otra vez hasta el punto que su alma había quedado dispersada en fragmentos; quizás fue un mecanismo que el mismo activo para suprimir su propio dolor; para dejar de sentir la desesperación de la muerte; y aun así.. había algo en él; en su alma... como si no le perteneciera del todo. No sabría describirlo pero ahora... no debía pensar en eso. Debía concentrarse en su hechizo...
—Vitalum vitalis —susurró dentro de la boca de Yami. Casi podía verse como un hálito de vida se trasladaba en sus palabras y se adentraba dentro del cuerpo sin vida del joven. Estaba hecho.
Anzu se separó del joven y esperó a prudente distancia que el hechizo se revelase.
Pasaron unos segundos; unos minutos cuando al fin escucharon una inhalación profunda del joven de cabellos tricolores.
Yugi se acercó sin creerlo. ¿Había funcionado?
Los parpados de Yami lentamente comenzaron a plegarse revelando una vez mas sus gemas color carmesí.
—¡Yami! ¿Estas bien? ¡Estas vivo!
Poco duro la alegría del pequeño cuando vio que la expresión pacifica del ojirubí se iba transformando; llenándose de dolor y miseria.
—¿Yami? —preguntó Yugi aterrado sin entender lo que sucedía
El cuerpo de Yami comenzó a contraerse y petrificarse; sus articulaciones se comenzaban a poner rígidas lo que le impedía emitir sonido alguno.
—¡Jonouchi, sostenlo! Yami, ¿que te sucede?
—¿Qué demonios le sucede? —exclamó Jono colérico mientras Anzu se cubría la vista con las manos.
—¡Anzu! Trae a Kaiba —pidió el pequeño mientras intentaba sostener a su hermano.
De vuelta en el salón; Seto se debatía como un lobo enjaulado ante la falta de noticias que tenia por parte de Yugi y ese perro Jono. ¿Qué diablos había sucedido? No dejaba de reprocharse que él debió haber ido a buscar a Yami. Los maldecía a ellos y se maldecía a él mismo en silencio.
—¡Kaiba! —la castaña se presentó frente a él con una expresión de terror.
—¿Qué quieres? —enfrentó fastidiado. —No tengo tiempo para tus discursos de bruja blanca.
—¡Kaiba! —volvió a llamar— Es... el hermano de Yugi.
Seto se paró en seco. ¿Acaso ella sabia lo que estaba ocurriendo? —¿Qué sucede?
—¿Lo encontraron? —preguntó el ojiazul entrando al cuarto secreto de su hogar y lo que encontró no hubiese esperado verlo ni una pesadilla. Yugi y Jono se debatían sobre el cuerpo de su protegido como intentando someterlo.
—¡¿Qué demonios hacen?! —gritó colérico al suponer que le estaban haciendo daño a Yami; sin embargo... al ver la inhumana posición que estaba adoptando el cuerpo del ojirubí, la forma arqueada de la espalda y su incapacidad de emitir sonidos supo de inmediato lo que sucedía
—Plata
Tétanos platium; la temida enfermedad que contraían los descendientes de Shemsu Hor al entrar su sangre en contacto con lo que los Cazadores consideraban el metal sagrado: la plata. Recordaba de sus tantas lecturas, como en la antigüedad los Cazadores utilizaban dicha enfermedad como método de tortura; tendían a atravesar a los brujos capturados con objetos de plata y los dejaban horas, días o incluso semanas en brutal agonía. Los brujos tenían una relativa inmunidad a las enfermedades comunes que contraían los sin-magia; sin embargo, el metal parecía actuar creando cortocircuitos en el sistema nervioso de estos y rigidez espasmódica en sus articulaciones; tal como la enfermedad de Tétanos.
—¿Lo revisaron antes de revivirlo? —preguntó Kaiba.
—¿Qué dices? —preguntaron ambos jóvenes aun conteniendo los movimientos bruscos del joven.
—¡¿Revisaron si tenia heridas antes de revivirlo?! —demando una vez mas el ojiazul aunque sabia que la respuesta seria negativa.
—Pues... nosotros...
—.Esto es lo que gano por mandar a niños hacer el trabajo de un Cazador.
—¡¿Niños?! —exclamó ofendido Jono.
—Dinos que está sucediendo, Kaiba.
—Tiene plata en su interior. Hay que buscar donde está y quitársela —comenzó a inspeccionar el cuerpo de Yami sin encontrar ninguna herida— ¡Maldita sea tu curación acelerada Yami!
—Creo que lo encontré —dijo Jono mientras posaba sus manos sobre el omóplato derecho del joven —. Siento algo... extraño aquí—
—¿Puedes quitarlo? —preguntó Yugi.
—Puedo intentar... —cerró su puño intentando atraer el objeto hacia él—. Demonios, esta demasiado cerca del corazón; podría matarlo.
—Anzu podría revivirlo de nuevo —agregó Yugi.
—No sean idiotas —exclamó el ojiazul al tiempo que se quitaba su sobretodo blanco y lo dejaba a un costado—. Cuando la plata atraviesa el corazón de un brujo no queda nada de este para revivir —al decir esto último, apoyó las puntas de sus dedos sobre el punto que había indicado Jonouchi.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Yugi antes de volver a sostener a su hermano —¡Yami! ¡Tranquilo!
—Ustedes 2; sosténganlo —ordenó Seto a viva voz; mas para tratar de calmar sus propios nervios. Esta era sin dudas; el trabajo mas delicado que debía perfeccionar con su don, su transmutación; lograr ver dentro Yami, transmutar su mano en el interior de él, alcanzar el puñal y lograr removerlo sin matar al anfitrión. No parecía gran cosa; después de todo... su don era algo que había logrado perfeccionar mas allá de los limites, su táctica y su orgullo; y sin embargo... algo no andaba bien. Su mano había comenzado a temblar como un tic nervioso; no podía creerlo, siempre había sido de pulso y decisión firme... pero ahora... ¿podía ser? Le preocupaba... fallar. ¿Fallar y ser indigno de su don; fallar y ser indigno de si mismo; fallar y matar a Yami en su error? No... contrajo su mano ordenandole recomponerse. No era tiempo de dudar; nunca había dudado y no empezaría ahora.
—¡No lo sueltes, Yugi!
Yugi y Jono quedaron estupefactos al ver como la mano derecha de Kaiba comenzaba a distorsionarse y desaparecer adentrándose en la carne del ojirubí. La expresión de Kaiba se tornaba fatigada; como si se estuviese imponiendo un esfuerzo sobre humano en su tarea. Había logrado alcanzar y sujetar la hoja del puñal; podía sentir como los filos desparejos se clavaban en su carne y se hizo peor cuando empezó a tirar del mismo hacia el exterior. Maldijo en silencio; quedaba poco. Finalmente, la mano del castaño emergió del cuerpo de Yami llevándose consigo los restos del puñal de plata.
El cuerpo de Yami se relajó al instante y su respiración se elevó a un ritmo acelerado; precisaba oxigeno para calmarse; para tratar de relajar sus doloridos músculos. Yugi se quedó junto a él cuando notó los caminos de sangre impresos en el suelo de la habitación que tenían su origen en Kaiba.
—Kaiba, tu mano —señaló Yugi al ver que la mano derecha de Kaiba goteaba abundantes hilos sangre producto de sujetar el puñal con su mano desnuda. El ojiazul miró su mano que aun sostenía el puñal. Apartó la vil y cobarde arma de su vista aventandola hacia un costado y prosiguió a cubrir su mano lesionada con un pedazo de su sobretodo blanco. Ya se ocuparía de ella.
—Yami... ¿estas bien? Dime algo... —pidió Yugi mientras acariciaba un poco la afiebrada frente de su hermano.
Yami sin querer ayuda comenzó a incorporarse con dificultad; llevó su mano hasta su cabeza en un esfuerzo por recordar los acontecimientos que lo habían llevado hasta allí Vio a los presentes a su alrededor. No, no recordaba como había llegado hasta allí pero recordaba... lo último que recordaba era...
—Bakura... —nombró en un seseo. No lo dejaría así esta vez. Ante la vista incrédula de todos; se puso de pie y salio de la habitación como si algo lo condujese sin error hacia su objetivo.
—Tú, ¡imbécil!—entró Yami al salón principal donde estaban los ancianos y la alimaña que tenia en la mira.
Bakura no tuvo tiempo a voltear antes de que la palma de la mano derecha de Yami se estrellara sobre su mejilla. El albino no podía creerlo; el principito estaba vivo y ¿¡le había propiciado una cachetada!?
—¿Te crees muy listo? —le reclamó Yami— ¿Creíste que era una rata a la que puedes ejecutar y desechar?
—En realidad, si —respondió el albino sonriéndose incrédulo y sarcástico; sin esperarse lo que esta respuesta produciría a continuación: otro golpe sobre su rostro pero está vez propiciado por el puño de Yami.
Bakura sostuvo el lado de su rostro lesionado; ni en un millón de años hubiese esperado nunca que Yami lo golpease. Miró a los ojos de su agresor; una mirada despectiva y amenazante; decidió alejarse del ojirubí pero este le obstruía el paso así que hizo lo primero que le vino a la cabeza: lo empujó, ganado su salida, atinó a acelerar el paso para salir de esa habitación..cosa que Yami no estaba dispuesto a permitir. Sin perder tiempo se puso tras él como una sombra al acecho.
—Por favor, detengan esta pelea de barro. Es denigrante... — recriminó el Maestro la actitud poco madura de los jóvenes pero, al ver que estos no respondían decidió pedir la intervención de su pupilo —¿Seto?
—No tengo problema con ello —respondió el castaño curioso por lo que sucedería a continuación.
—No necesito gastar mi magia en ti —amenazó Yami—. Puedo matarte con mis manos —sin perder tiempo sostuvo al albino de sus ropas haciéndolo dar vuelta en su lugar para luego darle una nueva cachetada que hizo a Bakura trastabillar.
—¡Golpeas como niña! —gritó el brujo negro.
Yami contrajo sus labios ahogando la ira que las palabras y la propia existencia de Bakura le provocaban para luego propiciarle una trompada que hizo a Bakura caer sentado al suelo.
El albino sostuvo su rosto lesionada sin creer el bizarro escenario del cual estaba participando. Yami daba vueltas en circulo frente a él sin apartarle la mirada, esperando impaciente a que este se decidiese a levantarse y enfrentarlo.
—¡Vamos! Levantate ladronzuelo —azuzó Yami al albino.
La mente de Bakura no supo como responder el desafió. Nunca había estado en una pelea de ese tipo: nunca se había visto en la situación de sentirse descubierto, de tener que chocar de frente las consecuencias de sus actos en un escenario no planeado por él. En ese momento lo entendió, era un cobarde y Yami lo sabia. Maldijo al destino en silencio e hizo lo primero que le vino a la mente: en cuatro patas, comenzó a tratar de abandonar la habitación cosa que Yami registró como un patético acto de huida y ante esto, colocó su zapato sobre la parte posterior de Bakura y empujó haciendo que el albino golpeara de fauces contra el suelo.
—¡Que bien! Golpealo Yami —alentó la pelea Jonouchi.
—¡Jonouchi! ¡Esto no está bien! ¡Basta! —trató de detener la contienda Yugi.
Yami lejos de detenerse, se inclinó para tomar al caído albino de los cabellos obligándolo a levantarse.
Bakura chilló de dolor pero al ver al otro tan cerca de si, sintió que era el momento perfecto para atacar con Concilium la mente de su agresor.
Yami retrocedió un par de pasos al sentir una fuerza tratar de penetrar su mente; pero la sonrisa de Bakura duró poco al ver como Yami cerraba sus ojos tranquilizando sus pensamientos, los cuales eran rápidamente calmados y blindados por la presencia que residía dentro del ojirubí Desecho el ataque de Bakura, la ira se abrió paso nuevamente en Yami al ver que nada cambiaba la naturaleza traicionera del brujo negro; una vez mas, se lanzó sobre Bakura tumbándolo de nuevo al suelo con una trompada para luego sentarse sobre él y propiciarle golpes de puño de manera continuada hasta que Bakura quedo inconsciente
—¡Detente ya! ¡Yami! —Yugi y Jono se lanzaron sobre Yami deteniendo sus brazos y apartándolo de Bakura.
—¡Aléjense de mi! —gritó Yami colérico al tiempo que era distanciado de Bakura en contra de su voluntad.
—Yami, controlate. Todos te están mirando —retó Yugi a su hermano.
Yami alzó la vista y, en efecto, vio a los 5 personajes encapuchados frente a él que lo observaban como si fuese una especie de salvaje.
—Esto me pertenece —agregó Yami al tiempo que tomaba la mano derecha del inconsciente Bakura y le quitaba sin mayor cuidado el anillo que Seto le había regalado el día anterior. Dicho esto; se decidió a arreglar cuentas con sus espectadores.
—Entonces, ¿tienen algo que decir? ¿Alguien quiere interferir por esta alimaña traicionera?
Silencio.
—¿No? —repreguntó al tiempo que ponía su pie sobre el brujo negro —. Si esto es lo mejor que pueden enviar para intentar matarme pues siento pena por ustedes.
—¿Cómo te atreves? Acusarnos de homicidas e insultarnos. Al Concejo se le debe respeto.
—¿Respeto? —se carcajeó Yami—. Lo único que estoy en posición de ofrecerles en este momento es compasión... pero mi paciencia tiene un limite. Estoy cansado de tratar de ser civilizado; de mostrar decencia entre todos ustedes. Pues bien, se acabó. Por el derecho que me fue otorgado como primogénito de la actual Suprema Giovana Illustrious, reclamo que se realice el Ritual de los 7; asegúrense de jugar sus mejores cartas —amenazó el ojirubí.
—No seas tonto, aun estando tu aquí no tienes los votos necesarios para dar vuelta la decisión del Concejo.
—Lamento llegar tarde —la familiar voz de la bruja amazona se hizo presente.
—¡Mai! —exclamó la reina de la Casa Esmeralda al reconocer a su hija.
—Lo lamento madre. Sabes que jamas huyo de un desafío.
—Cuatro contra tres. —está decidido declaró el anciano de la Casa Ocre.
—Tomemos un descanso de 2 horas para calmarnos, que cada familia hable con sus elegidos y... esperar a que Bakura despierte —sugirió el anciano Rosenkreuz; indicándole al pequeño Ryou que se hiciese cargo de poner a su hermano de nuevo en pie.
Para pasar el rato Seto decidió llevar a Yami hacia el Salón de los Pasos Perdidos; lo notaba algo nervioso y ciertamente inquieto. El ojiazul se sentó sobre uno de los enormes sillones del lugar; su truco de transmutación lo había dejado exhausto aunque no lo admitiría en voz alta. Rodó la cabeza para ver a Yami quien no paraba de dar vueltas en su sitio, hundido en pensamientos inciertos que lo llevaban a un aparente ataque de nervios o de ansiedad.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Seto para tratar de despabilar al joven.
—Extraño, —explicó rápidamente— fuerte aunque no tanto.
Seto se sonrió —¿Sientes ganas de bailar? —preguntó burlonamente el ojiazul.
—¿Por que tendría ganas de bailar?
—Ella es bailarina, o al menos quiere serlo —se preguntaba si los rumores acerca del hechizo Vitalis eran ciertos; sobre los efectos colaterales de equilibrar fuerzas vitales que incluían absorber características del donador.
—¿Anzu? —preguntó Yami.
—¿La conoces? —lo desconcertó escuchar al ojirubí nombrarla con tanta familiaridad.
—No, Yugi la nombró así Creo que siente algo por ella o quizás ella siente algo por él; no sé. Todo es muy confuso.
—Es un efecto del Vitalis que uso esa chica en ti. Parte de ella está en ti ahora.
—Genial, —ironizó— justo lo que me faltaba.
—Debes tranquilizarte; —se rio el ojiazul— quizás se vaya con el tiempo. Eso justificaría la pelea de gatas que protagonizaste. Muy femenino; dejame decir.
—No es gracioso, Seto —se detuvo al fin.
—Para ti; quizás no.
—¡Genial! doblemente genial —gritó al tiempo que se desplomaba sobre el sofá junto a Seto y se llevaba las manos a su frente simulando una jaqueca— No solo debo enfrentar la muerte en unas horas sino también un maldito tornado de sentimientos femeninos ajenos.
Seto reconoció el grito de ayuda en su protegido.
—¿Qué sentimientos? —se puso en rol de psicólogo
—Frustración, odio, enojo, tristeza, fraternidad, empatía —enumeró el ojirubí.
—¿Empatía? —no era un buen sentimiento para participar en un Ritual homicida.
—Es extraño, casi puedo entender a esos malditos viejos. El porque enviaron a esa maldita alimaña a matarme. Ellos saben algo Seto—expuso sus sospechas—. Saben que le sucedió a mi madre... ellos tuvieron algo que ver; no podían tener testigos así que yo también debía desaparecer pero... —intentó poner en orden la nube de ideas sin sentido que le llegaban a su cabeza.
—Me sorprende que ya no involucres a Yugi en todo esto —interrumpió el ojiazul.
—Él no lo recuerda; puede ser cierto. Era mas joven que yo cuando sucedió; padre debe de haberlo manipulado o algo así —trató de justificar al tiempo que recostaba su cabeza sobre el respaldo del sofá
—Dices que la Cofradía entera conspiro en contra de tu madre y de ti?
—¿Acaso es muy loco? —preguntó el ojirubí volteando a ver al cazador.
—Solo si no existe un motivo. ¿Por qué querer sacar a la Suprema del camino si su retorno esta asegurado?
—Padre quedaría como Supremo Consorte hasta su advenimiento —trató de razonar Yami.
—¿Tu advenimiento? Siempre me dio curiosidad; que sucede si la Suprema muere antes de lograr coronarse como tal —jugó al tonto. Él conocía perfectamente el funcionamiento del Ciclo Mágico
—El poder salta a otro huésped mas apto. Mas vivo.
—Y si te tuviesen en un estado entre la vida y la muerte; incapaz de reclamar tu trono y a la vez incapaz de saltar de cuerpo. ¿Qué sucedería?
—Él seguiría siendo el Supremo Consorte hasta que... —trató de seguirle la corriente al cazador— ocurriese el Ritual y...
—Y un brujo Negro viniese con la carta ganadora bajo su manga. Un contrato de sangre con el verdadero sucesor —finalmente había llegado al final de lo que él consideraba la estratagema La maquinaria que los trajo a la situación actual.
—No tiene sentido —negó Yami mientras se ponía de pie—. ¿Porque yo? ¿Cualquiera podría ser el sucesor?
—Tienes ventaja; tienes sangre real en tus venas —le recordó Seto
—Al igual que Yugi, al igual que Malik e Ishizu son hijos de Verónica
—Pero ellos nacieron dentro de la Cofradía.. tu no.
—¿Ahora me llamas bastardo? —se sonrió ligeramente el ojirubí.
—Evolución natural —explicó Kaiba al tiempo que señalaba los retratos del salón de los Pasos Perdidos; los retratos de las anteriores Supremas— No sé si lo has notado pero el poder supremo no elige a los integrantes de la Cofradía por mucho que los viejos del Consejo lo hayan intentado. Aunque obliguen a los Supremos a casarse con los Regentes de las Casas y tener hijos, la eugenesia no les ha sido favorable... el poder se escapa de ellos. Renace y se renueva.
—¡Eso es! —surgió la epifanía en la mente del ojirubí—. Eso es lo que necesita este lugar... renacer y renovarse.
—¿Hablas de genocidio? —interceptó interesado el cazador
—¡No! —retó las suposiciones del castaño— Hablo de atraer a otros aquí. Renovar las casas con brujos extranjeros que quieran ser parte; ofrecerles protección, entrenamiento. Para eso deberían ser las 7 Casas.
Seto comenzó a carcajearse levemente.
—¿Qué es tan gracioso ahora?
—Hablas como si ya fueses el Supremo. Aun no has ganado el Ritual, señor igualitario.
—¿Acaso dudas de mis poderes? —desafió Yami cruzándose de brazos.
—De tus poderes no —aclaró Seto al tiempo que se ponía de pie—. De ti —señaló golpeando fuerte con su indice sobre el corazón de Yami—. Tu principio de filantropia te hizo oír las ilusorias propociones de Bakura y te llevó a una estadía bajo tierra. Entiendes que para poder dar forma a ese mundo ideal de tu cabecita deberás barrer con el pasado... deberás pisar las cabezas de aquellos que se ponen en tu camino.
—No puedo hacer eso; ellos me revivieron —volteó tratando de ocultar la vergüenza que le daba recordar como había caído en la trampa de Bakura—. Me ayudaron —recordó.
—Pequeño predicamento en el que estás...
—No puedo ignorar lo ocurrido. Ellos intentaron matarme —se refirió a los miembros del Concejo.
—Y sus hijos te rescataron...
—¿Puedo juzgar a los hijos por los pecados de sus padres? ¿Arriesgar todo y a todos para lograr mi objetivo? traer paz e igualdad a nuestro clan.
—El fin justifica los medios... me agrada —declaró; ese era su estilo... pero para alguien tan tradicional y apegado al pasado como Yami ¿acaso era una opción?— ¿Y qué harás? —preguntó. Deseaba conocer la resolución final.
—Creí que lo había dejado claro: con o sin Ritual, tendré que matarlos a todos.
—El Ritual de los 7. Bajo circunstancias normales cada brujo Supremo, al llegar su hora final, advierte a su sucesor; este realiza los 7 Milagros que confirman la visión de su antecesor y afianzan su lugar ante el Concejo y, por ende, ante la Cofradía. Si por cualquier razón, el actual Supremo se viese impedido de realizar la selección, el Ciclo Mágico indicare el origen del nuevo Supremo. Casa Negra, Azul, Esmeralda, Ocre, Carmesí, Cárdena y Blanca es el orden establecido por las leyes naturales —comenzó su parlamente el anciano de la Casa Blanca.
—La Casa Blanca se agregó al Ciclo Mágico hace 5 siglos por mandato del entonces Supremo Henry Tudor, por acto de la suerte, destino o coincidencia esta es la primera vez que debe presentar un elegido que considere apto para la Realeza —siguió la anciana de la Casa Azul.
—Dado la naturaleza No-Mágica y, no olvidemos, Cazadora de sus integrantes; la Casa Rosenkreuz está impedida de presentarse como querellante a menos que deposite su fé en aquello que tanto detestan: en un brujo —. continuó el patriarca Ishtar.
—Dado que su elegido aun no ha podido dominar los 7 Milagros y el desacuerdo interno que se ha generado en este Concejo; no nos queda más alternativa que declarar e invocar el Ritual de los 7, donde cada uno de los participantes representantes de las 7 Casas tendrán oportunidad de probar su valía y su derecho al poder Supremo —siguió la anciana de la Casa Esmeralda
—Sin mas, declaramos aquí, bajo el resguardo de Soberano y la pericia de Embajador, que comience el Ritual de los 7 —
—El orden no es determinante, todos deberán realizar los Milagros si quieren superar las pruebas. No hace falta decir que quien muera no podrá ser resucitado ni resucitarse. Esas son las reglas. Y con esto dicho, empecemos con algo fácil: telequinesis —aclaró el anciano de la Casa ocre.
—La capacidad de desplazar objetos mediante una acción a distancia sin la intervención de ningún medio físico conocido— presentó el anciano Rosenkreuz—. La prueba es sencilla; tienen ante ustedes 7 estatuillas; cada una representa uno de las 7 Casas. Recojan la estatuilla que los represente y habrán superado la prueba.
—¿Eso es todo? —expresó Mai restandole importancia a la prueba.
—Olvide decirles que si toman la equivocada o si tumban las demás en su intento por obtener su estatuilla... morirán —
Ante la declaración, los presentes guardaron silencio cerrado. Lo próximo que se escuchó fueron las palabras calmas del anciano Rosenkreuz.
—Esa seria la versión ceremonial antigua. Ya habrá tiempo para eso; por ahora, empecemos por la versión ligera. Señorita Kujaku; quiere hacer los honores —agregó invitando a la rubia a ser la primera en participar.
—Puff —bufó la joven; acto seguido; extendió apenas su brazo hacia donde estaban las estatuillas. La estatuilla verde se elevo por sobre las demás y de inmediato fue atraída hacia la persona que la había invocado cayendo en la mano de esta.
—Piece of cake— se sonrió la joven apenas agitando la recientemente obtenida reliquia en su mano derecha.
—Mi turno —se adelantó Jonouchi quien imitó el movimiento de Mai tomando su efigie color ocre sin mayo esfuerzo.
Lo siguió Bakura; Yami, Anzu, Ishizu y por ultimo, con un poco de dificultad, Yugi. Era una suerte que las demás estatuillas ya habían sido recogidas; estaba seguro que el temblor que se había creado en la reliquia carmesí habría tumbado a las demás a su alrededor.
Los presentes asintieron dando paso al segundo reto, el llamado Milagro de la Casa Esmeralda.
—Piroquinesis —exclamó el anciano Rosenkreuz—. La capacidad de generar y controlar el elemento fuego. El reto consiste en prender las llamas de los candelabros a su alrededor.
—¿Para que es el cuarto? —preguntó irritado Bakura al ver que los candelabros estaban dentro de un cuarto oscuro y mugriento con una gran ventana de vidrio en una de sus paredes por donde podían ser vigilados; como si fuese un interrogatorio.
—El cuarto es una protección para los demás
—Claro —se mofó—. Es solo encender unos candelabros. ¿Qué tanto podría ocurrir?
—Lo que pueda ocurrir... depende de la destreza del brujo. El cuarto es parte de la versión ceremonial del Ritual; creí que les gustaría a los conservadores —justificó el viejo Rosenkreuz.
—Me dijeron que el Ritual traía peligros; y hasta ahora han sido puras fruslerías —espetó el albino cruzándose de brazos.
—Diría que eres un chico muy afortunado; joven Bakura. ¿Haces los honores?
Bakura sopló fastidiado ante la osadía del vejestorio frente a él; ¿acaso lo estaba desafiando? Que insolencia. Desenredo sus brazos y entró a paso seguro a la habitación; no permitiría que ese viejo se burlara de él. Tomó su lugar dentro de la oscura habitación; el olor a humedad le traía recuerdos de su hogar... y a la vez... no era exactamente el lugar mas propicio para generar fuego. La humedad le jugaría en contra ¿acaso ese el truco de esos estúpidos gerontes? ¿Poner el clima, el ambiente en su contra? Tonterías; su poder no conocía limites; y lo demostraría Alzó ambas manos hasta los lados de su cabeza y al tiempo que hacia ese ademan; las velas de los candelabros se encendieron sin mas. El albino sonrió victorioso.
—Se lo dije: ¡fruslerías!
El anciano bajo la cabeza en señal afirmativa —¡Siguiente!
El siguiente fue Yami, debía admitir que el olor a humedad le impedía concentrarse sin traerlo de regreso a su espantoso cautiverio en los calabozos de la Casa Negra. Ese desagradable ambiente húmedo y... frío... ese frío comprimiendo sus pulmones y helando sus huesos hasta la médula. Esos recuerdos... exhaló y el horror se manifestó en su rostro... no podía ser... podía ver su aliento. No... no hacia tanto frio y sin embargo; su cuerpo se estaba congelando... ¡No! Maldijo en silencio.
—Maldición Yami. ¡Concentrate! —su cerebro pareció querer darle una bofetada ¿Que demonios estaba haciendo? No era momento de recordar eso; no ayudaba, debía concentrarse en algo... algo mas... candente. Hizo una maniobra para descontracturar su cuello; en ese instante... le vino a la mente lo que necesitaba...
Con sus ojos cerrados y una expresión de quien proyecta en su imaginación la mas deliciosa y delirante fantasía; una imagen que para Seto resultaba por demás.. sugestiva y familiar; Yami exhaló... largo y sostenido lo que podría considerarse un suspiro de aire caldeado y abrazador que rápidamente se desplazó a su alrededor; como si esa masa de aire caliente estuviese viva y consiente buscando los objetivos sobre los que debían actuar. Yami abrió los ojos al sentir el crepitar de las llamas a su alrededor. Lo había logrado. Se retiró, no sin antes dirigirle un guiño juguetón a Seto a través del cristal; un gesto que dejo al castaño confuso por unos segundos para luego torcer sus labios en una leve sonrisa al comprender lo que significaba.
—¡Siguiente!
Este fue Yugi. El pequeño de ojos amatista entró al cuarto y tomó su lugar en el centro del circulo formado por los candelabros. Observó los objetos a su alrededor como si esperase que estos respondieran a su pensamiento pero... no, no funcionaria así; debía hallar la manera de hacerlo, inhaló profundamente, trató de recordar las lecciones de Zuko, aquel personaje de Avatar cuando había perdido su habilidad de controlar el fuego: el secreto estaba en la respiración, por supuesto, ayudaría si alguna vez hubiese practicado piroquinesis. Ya no importaba, llevó sus dedos indice y mayor de su mano izquierda hasta su boca y extendió la mano derecha sobre los candelabros. Con sus ojos cerrados exhaló suavemente haciendo que las llamas se extendiesen a través de los pabilos del centro hasta los costados y finalmente cumpliendo su tarea.
—¡Siguiente!
La siguiente fue Ishizu quien apuro su prueba a un simple chasquido de dedos. Le siguió Jonouchi quien fue encendiendo los candelabros de a uno como si de una pelea de puños se tratara. Continuó la rubia; quien fue mas allá de lo encomendado creando una bola de fuego que se elevó por el cuarto dividiéndose en 2, 4 y 8 mini esferas calcinantes que revolotearon alrededor de la joven para luego convertirse en lenguas de fuego que encendieron los candelabros como si estas proviniesen del aliento de un dragón
—Presumida y elegante, no esperaba menos señorita Kujaku —admiró el anciano Rosenkreuz.
—Por supuesto —aceptó la joven— el fuego sabe distinguir ganadores de perdedores —dijo esto ultimo en una clara alusión hacia la joven de la casa Blanca quien no parecía muy confiada de su situación y lo peor... es que era su turno.
Anzu entro al cuarto y tomó su lugar en el centro de la habitación, rodeada por los candelabro que serian participes de su prueba. Se quedó un instante quieta y en silencio; trató de concentrarse... pasaron unos minutos y se dio cuenta que la acción estaba resultando fútil ¿qué sucedía? No se sentía como ella misma; se sentía entre débil y perdida en si misma. Entendía porque podía sentirse débil: miró a través del cristal al hermano mayor de Yugi; había pasado muy poco tiempo desde que había realizado el Vitalis, sus fuerzas aun no estaban completamente recuperadas. ¿Qué estaba pensando?
Yami sintió un ligero tirón en su cabeza; ¿a qué se debía? ¿Un mal presagio?
—Cariño, no tenemos todo el día —azuzó la rubia juguetonamente.
—Cállate, Mai— retó Jono al ver que el ambiente se estaba tensando demasiado.
—Ustedes no tienen sentido del humor —se defendió la rubia al tiempo que se apoyaba sobre los hombros de Yugi y Yami a la vez; sin darse cuenta, avivando los celos de Anzu.
La bruja blanca comenzó a apretar sus puños ante la rabia que estaba sintiendo al ver esa imagen ¿como se atrevía esa mujer a coquetear con Yugi y con...? se sonrojó. ¿Por qué sentía eso? Si, el hermano de Yugi era atractivo pero... pero... ¿Por qué? ¿Por qué se parecían.. ambos a Papa Atem? La imagen del cuidador del infierno vino a su mente.
¿Qué se creía? ¿Que no pelearía? Pues se equivocaba; y lo demostraría; demostraría lo fuerte que era. Ante la vista de todos; juntó ambas manos y... lo que hizo a continuación dejo a todos perplejos; generó fuego en sus manos y... comenzó a dar golpes al aire repartiendo ráfagas de fuego irregulares hacia los candelabros. Esa técnica; como si hubiese querido intentar un híbrido entre la técnica de Mai y Jonouchi dejó a varios confusos pero... no podían discutir los resultados: los candelabros estaban encendidos.
Yugi suspiró aliviado; todos lo habían logrado. —Anzu —llamó a la chica al tiempo que iba a abrir la puerta del cuarto para dejarla libre pero siendo detenido de inmediato por Seto.
—¿Que sucede? —preguntó Yugi al ver como todos aun observaban seriamente a la joven dentro del cuarto.
Ella aun no lo sabia; no se había dado cuenta que las ráfagas de fuego incandescentes que había generado como iniciador del fuego Anzu no se habían apagado aun; y no parecían querer hacerlo. La castaña comenzó a golpear las llamas que ascendían por las mangas de su uniforme en un vano intento por apagarlas; sin embargo, sus movimientos parecían avivar las llamas que como seres conscientes se fueron diseminando por el cuerpo de la castaña. Anzu comenzó a gritar al ver que no podía hacer nada para detener las llamas que comenzaban a envolverla; ningún hechizo vino a su mente para contener el fuego; nada. En su desesperación, no se había dado cuenta que no estaba sola en esa habitación; un hombre, si así podía llamarsele, estaba frente a ella, sentado, cruzado de piernas, su cabeza ligeramente inclinada, una sonrisa entre lúgubre y burlona adornado su rostro y esos ojos, esos irises carmesí que no parpadeaban, que no parecían querer perderse ni un segundo del espectáculo. Estaba allí, aunque ella sola podía verlo.
Él...
—"No juegues con fuego, niña. Lo único que conseguirás, es quemarte." —recordó las palabras del espíritu las cuales resonaron en su cabeza. Como una advertencia de un juego enfermizo. ¿Pudo haberlo evitado si jugaba su juego? Ya nunca lo sabría.
En un abrir y cerrar de ojos; ella misma quedó envuelta en la tormenta que ella misma había iniciado. Y luego; no hubo nada mas.
Yugi se debatía a gritos contra Seto y los demás participantes, quienes parecían estar entre hipnotizados, asombrados y horrorizados por lo que habían presenciado ¿acaso había sido coincidencia? ¿era eso resultado de la inexperiencia de la bruja o algún poder oculto que comenzaba a tomar forma? Tomar forma para reclamar las vidas de quienes fallaban en el Ritual. El poder Supremo requiere el sacrificio mas alto... y el peligro es ineludible.
El calcinado cuerpo de Anzu cayó al suelo; finamente inmóvil. Yugi entró corriendo al cuarto para intentar ayudarla aunque para los demás presentes era obvio que ya era imposible.
—Y con esto empieza, el Ritual de los 7 —recordó el anciano Rosenkreuz.
"...te extrañado tanto que te dí mi vida, y dormí con diablos."
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Capitulo 19. Y un día.. the bitch was back and brought with her a new chapter of this frikking story. Muy buenas a todos gente ¿cómo están? Espero que estén bien, yo me encuentro bien. Y si, sorry por lo del capitulo 19 y el aviso... jeje tenia que ganarme lo de "bitch" haciendo una maldad de ese tipo XD Al fin, ante último capitulo y con esto me retiro y será el primer fic oficialmente terminado. Desde ya, despedimos a Anzu quien murió carbonizada... e irónicamente como Yami murió la primera vez, y si se acuerdan... Papa Atem se lo advirtió. Sad Anzu; aunque pudo haber sido Yami quien se metió en la mente de Anzu y la hizo fallar... ¿puede ser? Ni yo lo sé; venganza mia por arruinar a mi Yami de Season Zero, Anzu! Ok no; y si... Yami agarró a golpes a Bakura como todas querían... se le subieron los sentimientos femeninos de las readers. Deal with it, Yami. Y si, era verdad lo del Ritual... no sé mandar lo que sigue... todo en un capítulo o por prueba así ven como van cayendo.
Bueno, he estado lejos de este fandom últimamente... es por una buena causa: finalmente he decidido utilizar mis "habilidades", si le puedo llamar así, y plasmar mi obra en un videojuego. So yeah... en eso estoy trabajando así que si me desaparezco de nuevo... sepan que estoy creando un universo donde convergen todas mis locas y raras ideas y es un trabajo arduo.
Muchas gracias a Alexandria Kousuke, DarkRose, LUNA, haneko-chan y M.A por sus comentarios y disculpen por lo del aviso XD fue mas como para lanzar una bengala... no sé; no veo a FF tan activo como antes. Escribir es un trabajo y si nadie va a leer pues... ya qué XD no pueden culparme, me tomé 5 dias para escribir este capitulo; y no quedó como quería tampoco asi que ya me parece un esfuerzo vano porque yo me resiento por escribir y ustedes no lo van a disfrutar mi escritura resentida; asi que... ese es mi parecer. Pero bueno, espero les haya gustado el capítulo, dejen review, pásenlo lindo con los fics y nos leemos cuando me lean, chau!
