Libro I

Capítulo XX

El Ritual – 2ra parte

Recordaba... que extraño. Instantes de lucidez como esos eran tan esporádicos y fugases que rara vez estaba consiente de ellos; después de todo, era una bestia o al menos una parte de él lo era. Un maldito híbrido concebido para la batalla cruel y violenta; pero no siempre fue así, un recuerdo vago y difuso cruzó su mente: la sonrisa cálida y tierna de una mujer. El único recuerdo al que se aferraba y ni siquiera estaba seguro si era cierto o era esa maldita magia antigua otra vez jugando con su mente. En su mundo de locura y muerte este escenario de matanza a su alrededor se le hacia tan familiar... y quizás eso lo llamaba a recordar...

No fue hace mucho tiempo: La última Gran Guerra solicitó su presencia en un nuevo combate entre brujos, al parecer estos tenían un gusto especial por los enfrentamientos que involucraban reglas sangrientas. Su invocador, esa vez, fue un joven mago entusiasta de espíritu fuerte y resonante. Ese joven... se parecía mucho al que su actual caparazón llamaba "Jonouchi". ¿Jonouchi? Fijó su atención en el joven rubio; compartían similitudes en físico y actitud, no lo había notado en su primer encuentro, cuando el Cazador, la bruja Amazónica y los 2 incompletos se unieron para plantarle cara. Debió hacerlo aunque le era difícil concentrarse cuando lo invocaban en su forma natural, su forma salvaje; solo brujos y magos con habilidad podían invocarlo libre de la jaula de la locura del Orichalcose, y por supuesto, Bakura no cumplía las especificaciones y por si fuese poco, la mente de su caparazón estaba demasiado fracturada para lograr controlar a un espíritu milenario como él. Pero... su anterior amo fue un mago talentoso con un particular ingenio para resolver situaciones, atolondrado si, pero efectivo en lo que refiere al manejo de la magia; incluso había logrado otorgarle una entidad corpórea; que era mas de lo que podía aspirar con su actual caparazón teniendo en cuenta la habilidad mágica del Nigromante. Ahora, sentía curiosidad por las habilidades del rubio heredero de la Casa Ocre. ¿De veras podía ser que fuese algo de aquel joven? ¿Y qué sucedió con su anterior amo después de todo?

Intentó recordar, esto sucedió antes de volver a ser sellado en esa maldita canica de Jade, recordaba estar frente al que llamaban el Gran Dios de Los Cielos, Osiris.

El Dragón de Los Cielos rugió furioso; abriendo sus inmensas fauces repletas de dientes con clara intensión de defender a su dama; a su invocadora. El caballero bajó la vista a ver a esa mujer, a esa maldita bruja venenosa; ella lo miraba despectiva; algo tramaba y también, estaba el otro: el guardaespaldas, sabia que debía estar escondido entre las sombras listo para derribarlo en cuanto tomase la iniciativa de atacar a esa espantosa mujer pero... ¡no podía dudar ahora! Él era un Caballero; leal servidor de la última gran Reina del Triunvirato que gobernó la Atlantida; maldecido con la inmortalidad, considerado un Aquiles en su era, respetado por sus compañeros, temido por reyes, él había caminado la tierra junto a los antiguos gigantes. No le temía a los dioses; un dios no se opondría en su camino.

¿Kami? —suspiró incrédulo el caballero con una sonrisa burlona en su rostro. —Puedo derrotar a tu Dios— sin más, se lanzó a la batalla contra ese reptil.

Es inútil —le advirtió la bruja segura de su victoria—. Osiris es el Dios de Los Cielos, te aplastará; no importa que seas inmortal —estaba tan segura en ese momento cuando recordó que no solo se estaba enfrentando al caballero sino también a su amo.

Mi última orden para ti, Timaeus —habló Hermos haciendo uso de todas sus fuerzas—. Te liberó de la maldición del Orichalcose. Honra tu juramento y destruye a la Bruja Reina; ¡destruye a Osiris no tenkuryu!—

Esas ultimas palabras... posiblemente fueron la sentencia de muerte de su por entonces amo: Hermos.

Atolondrado hasta el fin; sin pensar.

Liberado del Orichalcose, recordaba haber utilizado su ataque infinito en aquella bestia: Golpe del Destino. La espada se hundió en el corazón de Osiris y decidió dejarla allí, no la necesitaría para lo que vendría, mataría a la bruja con sus manos desnudas. Recordaba escuchar al Dragón de los Cielos gemir y retorcerse en brutal agonía; lo ignoró, su objetivo estaba fijo en aquella mujer. Se despojó de su pesada armadura para esquivar los últimos ataques defensivos que la Bruja Reina lanzó contra él al ver que su dragón había sido derrotado. Lo logró; la victoria era segura.

¡Te tengo, Bruja! —gritó. Estaba a escasos metros de esa mujer; ya casi podía sentir como la sangre demoníaca de esa bruja fluiría a través de las heridas mortales que le infringiría.

O al menos eso creía.

No había mas, ningún recuerdo mas allá de eso. No estaba seguro de haber ganado esa contienda. Pero entonces ¿qué sucedió con esa bruja? ¿qué sucedió con su, por entonces, amo? Incluso ahora, el paradero de la bruja era un misterio y ya que ella era... la anterior regente de la Cofradía a la que pertenecía su actual caparazón, la bruja desaparecida: la madre de Yami. ¿Acaso él la asesinó aquella noche? No era posible, de haberlo hecho, no estaba seguro como habría terminado luego en el joyero de esa Bruja Reina. Y por si la ironía no fuese suficiente; como cuidador de su hijo.

Demonios ¿por qué comenzaba a recordar todo esto ahora? Periodos de lucidez tan prolongados... no los había tenido desde... su anterior amo. Acaso podía ser que ¿el caparazón estaba comenzando a dominar sus propios poderes? El poder de Yami estaba finalmente asentándose; de ser así... podría liberarse de ese maldito sello de Orichalcose... pero quizás se estaba adelantando; si su caparazón moría en el Ritual podría reclamar su cuerpo como premio; después de todo, seria una lastima desperdiciar un cuerpo joven aunque... algo no terminaba de cerrar en esta situación: esa mujer, esa bruja venenosa no pudo haber desparecido sin dejar algo para asegurar su regreso. Esa mujer calculadora y siniestra que destruyó la vida de todos los que compartieron con ella en esa maldita guerra, no se iría así sin mas; algo tramaba, no iba a bajar la guardia hasta confirmar que verdaderamente estuviese atrapada en las garras del mismo infierno. Se sonrió, él no podía ir al infierno a verificarlo, no era bienvenido allí; la muerte lo perseguía como una sombra y, sin embargo, lo evitaba como la noche al día.

Hermos, recordó una vez mas el nombre de su antiguo amo; ese joven, Jounouchi se le parecía mucho; se preguntaba si cumpliría las expectativas que estaba depositando sobre él.


Mientras tanto, la mente de Jounuchi divagaba en recuerdos no tan lejanos; recuerdos que difuminaban los nerviosos reclamos de su pequeño amigo tricolor.

Estaba fuera de la habitación de Shizuka en el hospital. Los nervios habían pasado ya pero la culpa no lo hacia. Era el peor hermano del mundo; o al menos así lo veía en ese entonces. Vio la puerta de la habitación de Shizuka abrirse y a su padre salir de ahí; se le notaba meditabundo pero extrañamente calmado al mismo tiempo; tal vez demasiado considerando la situación actual.

Papá, lo lamento. Nunca creí que algo así le sucedería a Shizuka. Acepto la responsabilidad por lo ocurrido.

Su padre lo miró y al instante apartó la vista para ir a tomar asiento.

Eso ya no tiene importancia. —

¿Qué? —preguntó sin comprender Jonouchi. ¿No tenia importancia?

Siéntate —invitó a su hijo a tomar asiento a su lado. Debían hablar—. Me refiero a que por este inconveniente, Shizuka no podrá presentarse. Necesito —se detuvo— necesitamos que tu tomes su lugar.

¿Hablas del Ritual? —¿acaso había entendido bien?—¿Hablas en serio? ¡¿Te preocupa el Ritual y no tu hija?! —se encolerizó.

Por mucho que me duela admitirlo; no podemos hacer nada por ella ahora. Sin embargo, la tradición debe seguirse.

¡Al diablo la tradición! —se incorporó ya furioso—. Tu arrastraste a Shizuka a ese maldito Ritual.

Y ella aceptó —recordó calmo.

Porque quería que estuvieses orgulloso de ella. Tú y todos esos viejos por los que hablas. Olvidalo; a mi no me importa tu reconocimiento ni el de nadie.

¿No lo harás siquiera por Shizuka?

No la metas en esto —no permitiría que lo chantajeara así.

No lo hago. Esta era una oportunidad para tu hermana; el poder supremo tiene sus ventajas: una salud floreciente es una de ellas. Su ceguera seria solo un oscuro recuerdo del pasado. Shizuka ya no podrá competir pero... tu puedes tomar su lugar en el Ritual.

¿Acaso me quieres ver la cara? ¿Qué crees que no sé que no haces todo eso para ser el manda más en esas estúpidas reuniones? ¿Qué estuviste de acuerdo en sacrificar a Shizuka por eso?

Cada familia tiene su obligación —explicó en un tono sereno.

¿Obligación? ¡Patrañas! ve tu si tanto estas interesado —no participaría.

Para sorpresa de Jounouchi; un risa fue increyendo en el mayor. El rubio no podía creerlo ¿de que se reía su padre? ¿Acaso se reía de él?

¿Qué tanto te ríes?

De ti. Te ofrezco la oportunidad de ayudar a Shizuka y tú... lo único que piensas es en tí. Pues adivina qué? Ella solo está en esta posición por tí; —el tono del mayor se tornó frío y sombrío— ella aceptó ir en tu lugar porque sabia que tu no te tomas nada en serio. Eres una desgracia para nuestra familia y aun así.. —volvió a reírse de la situación en la que estaba— estoy aquí poniendo mis esperanzas y las de ella en tus manos. Que patético.

El mayor se puso en pie con intención de retirarse.

Jonouchi, deja de sentir compasión por ti mismo; si de veras quieres tomar la responsabilidad por lo ocurrido, asume tu rol como hermano mayor y madura de una buena vez.

Y así fue como su padre lo convenció de meterse en el lio en el que estaba ahora. Que recuerdos... pero ahora... le dedicaría su atención al nervioso de Yugi.

—Yug, es suficiente. ¡Tranquilizate!

—¿Acaso has visto lo que sucedió? ¡Anzu está muerta! Ellos la mataron frente a nuestros ojos y todos actúan como si nada. Ni tu, ni Yami ni... ¡nadie! —reclamó la frialdad de todos a su alrededor.

—Yug, tu sabias lo que pasaría cuando entramos a esta maldita competencia —razonó el rubio.

—Pues... si —lo reconoció—, pero...

—No creíste que fuese tan crudo ¿no es así? —interrumpió Jonouchi— Bakura, Ishizu e incluso tu hermano parece no afectarles; pero estoy seguro que si lo hace; la diferencia es que todos ellos aceptaron el sacrificio que deben ejecutar para ponerle fin a esta locura. Ellos maduraron —hizo silencio—; incluso Shizuka.

—¿Shizuka? —recordó Yugi a la herida hermana de su amigo.

—Padre nos dio a elegir; yo le dije que era una locura. Que no entraría a este Ritual loco solo por las tradiciones de la familia pero... Shizuka aceptó. Ella sabia que debía hacerse; ella fue la hermana mayor en ese momento; ella maduró y yo me quedé atrás.

—Jounouchi... —Yugi no podía creer la madurez en las palabras de su compañero.

—Entiendo como te sientes Yugi. Nosotros somos los únicos niños fuera de lugar aquí. Pero... —tomó ahínco— podemos superar esto. Yugi, nos cuidaremos las espaldas mientras podamos. Juntos —colocó su mano sobre el hombro de su amigo— podremos superar el Ritual. ¿Qué dices?

—Jounouchi-kun...

Una voz interrumpió el momento. La voz que anunciaba el final del entretiempo y el retorno a la matanza.

—Es hora...


—Concilium —habló el anciano de blanco— La habilidad de imponer la voluntad de uno por sobre la su adversario. Lo haremos por parejas; la suerte decidirá a su adversario...

los participantes se miraron unos a otros; el Concilium era un truco especialmente difícil y ninguno de los presentes había logrado realizarlo de manera exitosa a excepción de... Bakura. Bakura se sonreía ya seguro de su victoria; nadie en su sano juicio querría medir fuerzas con él.

—La primera pareja será: Yugi Mutou y...

Las miradas de los demás competidores se dirigieron al pequeño ojiamatista. Una conjunción de pensamientos corrieron por sus mentes: el primero fue... un pésame por el pequeño cuya suerte o infortunio decretó que seria el primer elegido y el segundo fue, basado en la naturaleza frágil que el joven daba a entender... ¿quien seria el afortunado de probar fuerzas contra el niño?

Bakura se sonrió de oreja a oreja, ansioso por cruzarse con el pequeño Yugi; seria sin duda un espectáculo; Yami lo sabia y temió lo que el destino le tuviese deparado.

—Katsuya Jonouchi —la voz del anciano de Blanco le regresó el alma al cuerpo a Yami y apaciguó los nervios de Yugi.

Yugi y Jounocuchi tomaron sus lugares; uno frente al otro a una considerable distancia. Los demás observaban ansiosos que los hechos se manifestasen.

Podía verse el esfuerzo que hacia Yugi por invocar el Concilium aunque... no parecía estar haciendo efecto; el rubio seguía frente a él, cruzado de brazos sin percatarse de lo que el más pequeño intentaba. La expresión de Yugi se deformaba en un vano intento de entrar en la mente de Jonouchi aunque muy en el fondo dudaba de hacerlo, y eso... su magia lo sabia.

El tiempo pasaba; Jounouchi vio a los jueces comenzar a exasperarse.. si no pasaba nada ambos serian descalificados.

—¡Eh! ¡Yugi! —llamó la atención del pequeño—. Concentrate y ¡dame con todo lo que tengas!

Yugi alzó la vista sin entender lo que significaba cuando de repente vio al rubio auto golpearse con su puño derecho.

—¡Ouch! ¡Yug! —se quejó Jonouchi por lo que Yugi "le obligo" a hacer

—Yo... no... —trató de excusarse Yugi; no era eso lo que le estaba ordenando hacer. No entendía que sucedía

Jonouchi volvió a golpearse y se tiró al suelo como un artista. —¡Yug, no es justo!

Yugi se apresuró a ir en auxilio de su compañero cuando... lo vio. Un guiño. El rubio le obsequio un discreto guiño a escondidas de los demás presentes ¿Un guiño? La verdad golpeó a Yugi al recordar las palabras de Jonouchi

Nos cuidaremos las espaldas mientras podamos—

Entendió... ese era el juego.

—Muy bien, Yug —dijo el rubio al tiempo que se incorporaba—. Ya te divertiste, ahora es mi turno —le advirtió.

—¿Eh? ¡Oh! si... —Yugi comenzó a tirarse de los cabellos al tiempo que fingía gemidos de dolor.

—¿Crees que te perdonaré tan fácil el haberme golpeado? —exclamó Jonouchi.

Yugi suspiró, debía hacerlo. Sin pensarlo dos veces se dio un golpe en el rostro que o hizo caer sentado al suelo.

—Eso te ganas por hacer que Katsuya Jounouchi se golpee —exclamó victorioso.

El menor se masajeó su golpeada mejilla; solo esperaba que el acto haya funcionado.

Los presentes quedaron algo perplejos ante la demostración. Por lo general el Concilium al ser una demostración de poder y dominio solía ser más... complejo; sin embargo... lo que acababan de ver parecía mas una mundana pelea entre chicos de escuela. ¿Que diablos sucedió?

—Bien, —habló el de blanco queriendo cortar el incomodo silencio— entonces ambos pasan la prueba; si nadie se opone—.

Los demás no dijeron nada; no sabían que decir. Todo había sido excesivamente... extraño.


—La segunda pareja: Yami Rosenkreuz y …

—Ishizu, Mai o Bakura —pensó el ojirubí, deseaba que fuese Bakura y el albino también así lo deseaba.

—Ishizu Ishtar —decidió el de blanco

El escenario volvió a repetirse; Yami contra Ishizu, frente a frente y a prudente distancia. La egipcia no parecía intentar entrar en la mente del ojirubí; parecía que solo esperaba en silencio a que Yami intentase entrar en la de ella. La egipcia se veía tan calmada ahí de pie, de espaldas a la pared y a un espejo ubicada tras ella.

Fue entonces cuando lo sintió, una leve presión en su mente; no un pensamiento sino un sentimiento pero este era... demasiado suave. No podía compararse al poder de Bakura; era como comparar una hormiga frente a un paredón de concreto ¿qué demonios era eso? Quizás el ya estaba demasiado acostumbrado a lidiar con ese maldito encantamiento; así que aprovechó a burlarse un poco del intento (si es que lo había sido) de la egipcia.

—No puedes entrar en mi mente, Ishizu —habló al fin el ojirubí.

—Ya veo... No intentaba hacerlo —reveló— pero... no me dejas alternativa más que invitar a alguien más a jugar.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Yami sin entender.

—El reto es hacer Concilium; pero no necesariamente en el oponente —explicó la morena.

—¿Qué?

Fue cuando sucedió. El ojirubí sintió una fuerza rodear su cuello y empezar presionar sobre su traquea. Como un acto reflejo, llevó ambas manos hasta su cuello y de inmediato reconoció lo que lo tenia sujeto: un brazo. Alguien se había acercado por detrás, aprovechando su descuido, y ahora lo estaba estrangulando con una llave mataleon alrededor de su cuello.

—Maldi-agh!— intentó maldecir antes de sentir el aire comenzar a faltarle y comenzó a luchar para tratar de zafarse ¿Quien demonios lo tenia atrapado? Alzó la vista a ver a su actual rival: Ishizu cuando notó un espejo en la pared tras ella donde se reflejaba él mismo y su captor. Sus ojos no creyeron lo que veían. Quien lo tenia atrapado, era...

—¿Seto? ¡Agh! —un nuevo apretón volvió a cortar sus palabras. Era él; el cazador lo tenia atrapado.

—Para ser el hijo de la anterior bruja Suprema debo decir que careces de aptitud y disciplina —enunció Ishizu en un tono reflexivo. —¿Piensas tomar el control de una Cofradía y pretendes que todos jugaran limpio contigo? Que te quede bien claro; el trono no es un lugar para débiles; es un lugar solitario, sin espacio para la confianza... Vas a trepar, a pisar, sin remordimiento ni culpa alguna; y no te va a importar lo que quede atrás. Ni aunque lo que quede atrás sea alguien a quien aprecies mucho.

El ojirubí no tenia tiempo de reparar en las palabras de la mujer; su garganta comenzaba a sentirse seca; sus fuerzas comenzaban a abandonarlo. Miró al reflejo suyo y de su amante en el espejo intentando de algún modo llamar la atención del ojiazul para que este lo liberase. ¿Qué le estaba sucediendo? La respuesta estaba en el reflejo; ¡claro! Podía ordenarle a Seto detenerse usando Concilium y el reflejo como medio. Se detuvo al analizar su propio plan. ¿Usar Concilium en Seto? La dolorosa agonía lo invadió al recordar cuando Bakura practicaba su Concilium en él. Sentir su voluntad quebrada por otro... no podía hacerlo; no podía hacérselo a Seto. Nunca se lo perdonaría; nunca lo perdonaría

—¿Te estas conteniendo acaso? —habló Ishizu.

No supo por que; ¿acaso Ishizu sabia que no quería realizar ese maldito "milagro" en su amante? o... ¿acaso? Rápidamente volvió su atención al espejo y ahí lo vio... la expresión de Seto... podía verla; podía ver las gotas de sudor resbalaban por su rostro; los dientes fuertemente apretados; sus ojos entrecerrados; él... se estaba... conteniendo. Él estaba luchando contra el Concilium. ¿Ishizu? Era ella. Ella estaba controlando a Seto; le estaba ordenando matarlo pero... el ojiazul tan testarudo como siempre... estaba luchando. Si su amante podía hacerlo entonces... él también pelearía por ambos.

¡Plaf! Un sonido seco retumbó en la habitación.

La atención de todos fue atraída hacia la pelinegra quien de la nada se encontró admirando su mano, mientras una mancha roja comenzaba a dibujarse en su mejilla. No podía creer lo que había sucedido. Ella misma se había.. abofeteado.

—¿Qué? —exclamó patidifusa y alzó la vista a ver a su contrincante ¿Ese niño se había colado en su mente? ¿Había realizado el milagro?

¡Plaf! Una bofetada más; esta vez con un ímpetu que la hizo caer al suelo. La distracción fue rápidamente aprovechada por Yami, quien sintió el abrazo del Cazador disminuir, y atinó a liberarse del mismo. El ojiazul cayó de rodillas; una jaqueca espantosa lo había invadido, se sintió debilitado al punto que sus piernas no pudieron soportarlo; la migraña, el mareo, las nauseas, se sentía enfermo.

—Seto —escuchó la voz de su protegido a su lado; su mano sobre su espalda intentando reconfortarlo. Él sabia; Yami había batallado contra el Concilium de Bakura durante años; sin embargo, esta era la primera vez que el ojiazul debía hacerlo, había resistido ese maldito hechizo y esta acción lo había dejado exhausto: indefenso... así se sintió. Lo odiaba, odiaba sentirse así; por momento su ira, su odio hacia esos malditos brujos tocó techo. Eran una maldita plaga... y debía eliminarla.

Ante la vista atónita de Yami; el castaño se puso de pie, caminó hasta estar frente a Ishizu, desenvainó y posicionó la punta del arma de plata sobre la cabeza de la mujer.

—Dame un motivo para no volarte la cabeza, maldita bruja —sentenció el ojiazul.

—Seto, ¡no! —se interpuso Yami.

—Apártate —ordenó el cazador.

—No puedes matarla, Seto. Si no hubiese sido por ella nunca habría logrado superar el reto.

—No puedes salirte con la tuya en esto, Yami. No puedes salvar a todo el mundo.

—No pretendo hacerlo; yo me encargaré que pague lo que nos ha hecho. Pero a su tiempo.

—¿Y si ella tiene razón? Si no estas hecho para el trono. ¿Qué tal si te matan en la prueba siguiente o en la última? ¿Qué sucederá si tu debilidad te hace presa nuevamente de esa bruja traidora, de Bakura o aun de tu propio hermano? ¿Qué sucederá si pierdes?

Yami se quedó mirándolo sin hacer nada; sin decir nada.

El ojiazul sonrió. Exacto; no podría hacer nada.

—No pondré mi venganza en tus manos, Yami.

—Debes confiar en mi —habló calmado—. ¿No querías enfrentarte al brujo mas poderoso? Si la matas aquí, frente a todos, no podrás hacerlo.

El ojiazul quitó el seguro del revolver.

—¡Tenemos un trato! Lo prometiste. —rogó por ultima vez el ojirubí apelando a la palabra de su amante.

¿Su palabra? Recordó Seto. ¿Su honor? ¿Que sabían los brujos del honor? Ellos que se movían con artimañas para lograr sus objetivos. Sin embargo, no podía ponerse a la altura de ellos, porque si. El tenia honor, el tenia palabra y la cumpliría porque eso lo separaba y lo hacia superior a los brujos. Retiró su arma no sin antes dedicarle una mirada filosa a la bruja Ishtar para que recordase que esto no había acabado.

A pesar de los tropiezos, ambos jóvenes habían logrado superara loa prueba y ahora, era el turno de la última contienda.


—Y finalmente, la ultima pareja: Kujaku Mai contra Akefia Bakura.

Los contrincantes se pusieron frente a frente; listos para enfrentarse aunque para los demás presentes el resultado seria obvio; sin nadie descalificado en las rondas anteriores y Bakura siendo un brujo negro experto en el Concilium, la suerte estaba echada... la rubia lo sabia y esto ya había hecho mella en ella. Jonouchi observaba a Mai tratando de darle ánimos en silencia; sabia que Mai era una bruja orgullosa y no aceptaría que él vitoree por ella. La amazona lo intentó; de veras intentó inútilmente entrar en la mente del albino; sin embargo Bakura permanecía de pie con sus brazos cruzados y una sonrisa histérica de oreja a oreja.

—Te estoy dando ventaja porque ya sabes que puedo hacerlo —dijo Bakura con sorna.

La bruja amazónica suspiró derrotada; era así... no ganaría.

—Me rindo —declaró la mujer solemnemente.

—¿Qué? —exclamó Jono ante esto. ¿Se rendía?

—¿Te rindes? —esas palabras sacaron de sí al albino. ¿Rendirse? ¿En el Ritual? ¿Y contra él? No, rendirse no era una opción.

—Muy bien —exclamó el de blanco —. Entonces...

—¡Aquí nadie se rinde! —gritó Bakura — ¿Crees que puedes retirarte así como así? ¿Sin consecuencias?

Los demás miraron al albino sin comprender que tanto lo enervaba.

—La desgracia ha hecho que te enfrentes a mi en esta prueba Bruja Amazónica —la señaló—. Y yo no admito rendiciones.

De la nada la mente de Mai pareció comenzar a arder en llamas; como si un millón de voces susurraran en su cabeza.

—¡Silencio! —exclamó Mai mientras sujetaba su cabeza intentado hacer las voces callar —¡Cállense!

Bakura se sonrió; la tenia.

Un golpe contra el concreto de la pared y luego otro y otro. La rubia se autoflagelaba golpeando su frente contra las blancas paredes, una y otra y otra vez. La sangre comenzó a fluir de su frente maltrecha y su nariz dislocada pero el albino no se detenía.

—¡Maldito! —Jonouchi se lanzó contra Bakura pero este lo detuvo con su Concilium inmovilizándolo in situ.

—¿El caballero de dorada armadura viene al rescate? —se mofó el albino —. ¿Qué sucede? ¿Por qué no usas tu patético Concilium en mi? —desafió. —¿O es que acaso no puedes hacerlo?

—Mal...di.. to —pudo apenas articular Jonouchi.

Bakura se sonrió y dirigió su atención de nuevo a la mujer. Verla tan miserable con sus hermosas facciones apenas reconocibles lo llenaba de satisfacción. Era hora de acabar con su sufrimiento.

La rubia se tiró de espaldas contra la pared con tal violencia que su cabeza dio contra el espejo tras ella haciendo que este estallara en pedazos. La sangre comenzó a fluir y teñir sus rubios cabellos.

—Bakura! No es necesario... —trató de intervenir el de blanco.

—¡Cállense! Se supone que esta es una pelea a muerte; todos aquí sabían a lo que se exponían al entrar: a enfrentar sus peores pesadillas, pues bien... esa pesadilla... soy yo.

—¡Suficiente Bakura! —gritó Yami.

—Oh, pero miren quien decidió adquirir voz.

—Dejala en paz, ella se rindió. No tienes derecho a hacerle daño ya.

—¿Daño? ¿Crees que quiero hacerle daño? —se rio —. Aquí hay un solo destino para los perdedores.

La rubia tomó un trozo de vidrio del espejo roto y ante la vista atónita de todos, sin oposición ni duda alguna, clavó el gélido cristal en su propio cuello.

—¡La muerte! —sentenció Bakura.

El lago de sangre se expandió ante el silencio de todos los presentes; sin duda a medida que el Ritual progresaba también se iba saliendo de control.

— Quedan 5 —declaró el de blanco abriendo paso a la próxima ronda.

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Muy buenas a mis sexis readers! Bienvenidas a otro capitulo de este loco fic! Ha pasado un tiempo... largo... y pues si; muchas cosas pasaron; espero que hayan pasado la endemia lo mejor posible... yo pues... la pasé mal por situación geopolítica y psicológica pero ya saben lo que dicen... pudo ser peor. Bueno, rant de lado, espero lo hayan pasado bien o al menos mejor que yo XD empezamos conociendo algo del pasado de la entidad que vive dentro de Yami que no quede duda de quien es XD y el dragoncito se enfrento a la mamá de Yami y... no se llevaban bien, no pregunten si la mató, no dan los tiempos. Pero volviendo al presente 3ra prueba y decimos adiós a Mai; F por Mai. Lo voy a dejar hasta acá por esta vez y la próxima quizás despido a 2 más... a ver... (se pone a leer el orden) Uhhhh... no, va ser uno. Ups, si UNO CHAN! Apuestas, apuestas...

Ishizu suspira aliviada XD mientras Jono, Yugi, Yami y Bakura se miran entre sí.

Bakura: Ja! Yo no puedo morir. I am the bad guy.

Yami: Pues yo no puedo morir... ahora. Soy el héroe.

Las miradas se dirigen a Jono y Yugi mientras yo miro para otro lado.

Jono: Oh shit!

Yo: Para ser justos, ustedes hicieron trampa.

Jono: Espera un momento. ¡Dame ese libreto!

Bueno mientras Jonouchi pelea lo inevitable vamos a las aclaraciones

Al fin la entidad que vive en Yami contó un poco de su "vida anterior" por decirlo de algún modo; bueno, a medias... si Yami gana el Ritual va a poder enterarse de todas las peleas en las que se metía su madre; en los submundos de la magia; así que ya voy pensando una segunda temporada estilo House of Cards con Yami y Seto como el tiránico matrimonio Underwood XD me lo imagino a Yami en ese trono de piedra como Frank con sus manos llenas de sangre aunque ahora que lo pienso... Yami ya tiene un trono de piedra en el anime LOL va a haber muchas cosas locas. Bueno pero eso si escribo la continuación. Vamos a concentrarnos en el final de la primer temporada XD

La Gran Guerra... pues hay varias a lo largo de la historia una de ellas fue la Guerra de las Rosas; la menciono cuando Henry Tudor unió a los Rosenkreuz a la Cofradía quisiera entrar en detalle pero es mucho lio para escribirlo.

Bien, a los saludos a LUNA, TsukihimePrincess, SakuraLi-Taisho y M.A. Y le paso a aclarar algo que me surgió al leer el review de TsukihimePrincess... en realidad, Anzu era competente si las pruebas del Ritual hubiesen ido en distinto orden hubiese llegado más lejos pero lo decidí así y perdió Anzu. Y M.A. eh... que contrasentido no? Buscar compartir tus ideas con el mundo y a la vez preocuparse por si el mundo te lee o no... creo que una cosa trae a la otra... ¿tiene sentido el libro que nadie lee? Puff me puse filosófica. Pero bueno, entiendo que el lector tiene una visión distinta... yo también la he tenido cuando leía los escritos de mis queridas escritoras en este fandom. Pero eso fue hace mucho tiempo... y pues no escribí nada del siguiente capitulo así que... va para largo. A veces me da por continuar Dimensión Fantasma pero... que se yo. Bueno, eso es todo. Si llegaron hasta acá, dejen review plis, cuídense mucho y nos leemos cuando me lean, chau!