Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[Draconic X Deus]
-Entre dos mundos-
- Kuoh –
-1998-
La visión era siempre la misma…
Se encontraba cómodamente descansado en una enorme y mullida cama de sabanas rojas. Una cama colocada sobre un manto de alfombras de oscuras tonalidades alumbradas por decenas de lámparas de aceite en pilares de mármol blanco. Una habitación que no dejaba indiferente a nadie, se respiraba lujo, se había alcanzado el nivel de ostentosidad pretendida. La habitación de un rey, de un dios terrenal…
Respaldado sobre un puñado de suaves y blancos cojines, con uno central tras su espalda, dos chicas recostadas contra él apoyadas en otros más pequeños, masajeando su pecho.
Dos chicas cubiertas por ínfimas prendas de seda púrpura, más insinuantes que decorosas, no había sido diseñadas para cubrir. Sus portadoras, mujeres con cuerpos de ensueño, buscaban seducir, todos y cada uno de sus movimientos, sus palabras, sus miradas… Buscaban la excitación masculina incluso con su misma respiración.
Todos sus pensamientos, sentimientos, razón de ser pasaban por excitarle…
Abanicando al hombre, complaciéndolo con caricias, saciando su sed con jarras doradas de vino, llevando las más dulces piezas de fruta a sus labios.
Y todo abanicando al hombre… Su pecho desnudo, su cuerpo adulto, musculado y moreno. Con unos holgados pantalones de seda blancos anudados con una cinta carmesí por la cintura. Adornos de oro en sus brazos y muñecas, a juego con una sencilla corona.
Abriendo la boca, recibiendo una uva morada entre sus labios, sosteniéndola con sus dientes… dejando que unos labios femeninos la tomasen con un húmedo beso.
La música inundaba de melodías la estancia gracias a tres bellezas moviendo con habilidad sus manos por las delicadas cuerdas de aras, haciendo resonar una suave tonalidad.
Las manos masculinas recorrían las espaldas desnudas de las chicas que le servían fruta, dejando que ellas comiesen directamente de sus labios.
Dos chicas más, tumbadas a sus pies, masajeaban sus piernas.
Otra mujer irrumpe en la estancia, seria, autoritaria, mostrando y señalando algo en unos pergaminos.
Otra de las mujeres la abraza por detrás, mostrando un frasco de cristal, una especie de loción de cuerpo, susurrando algo al oído.
La mujer pasaba a mirar al hombre sonrojada antes de tomar el frasco y marchar al baño.
La chica tragaba saliva, claramente contenta ante la perspectiva de lo escuchado por su hermana.
Distraída… se dejó llevar por sus hermanas.
Relajándose con la marcha de la mujer… Las mujeres se animaron, reanudando las muestras de afecto al hombre.
Otra de las esposas se subía a la cama, gateando hasta el hombre, deshaciendo el cinto de tela con ayuda de sus hermanas.
Retirando completamente la ropa que le quedaba al hombre.
Las mujeres apoyadas en las almohadas, tomaban su rostro entre sus manos, introduciendo su sensual lengua en la boca del amante, de su marido.
El hombre se estremecía de gusto, separándose lentamente, un puente de saliva entre sus bocas.
Las manos, traviesas, tomaron los muy generosos senos de las chicas, pasando a besar a una mujer, luego a la otra.
Gimiendo al sentir como sus esposas lo atendían con afecto, con pasión.
Bajando la mirada vio a tres absolutas bellezas atender su entrepierna.
Dos más besando y lamiendo sus pezones.
La más decidida de las esposas se abrió paso entre sus hermanas… Empezando a cabalgar con fuerza y determinación al hombre…
Y continuaba y continuaba…
Puro placer…
El reiterado sueño en el que vislumbraba cuales eran los placeres y quehaceres del hombre con el mejor harén imaginable.
…..
Siempre era la misma visión… Una visión de un pasado distante, un pasado que anhelaba, del cual sentía nostalgia… Estaba mental y emocionalmente anclado en el pasado, ese vínculo le producía insatisfacción, frustración, tristeza.
Era incapaz de disfrutar del presente… De forjar su futuro… Y ahí se encontraba… Meditando en la hierba fresca…
Un niño delirando por unas visiones de unos tiempos que ya habían pasado. Vivencias que eran historia, un mito, leyendas…
Tenía que dejar atrás el pasado… Si no dejaba atrás el pasado no podría abrazar su futuro…
-DxD-
Un niño castaño con ojos rojos observaba el cielo con una triste sonrisa en el rostro. Con las manos tras la nuca, moviendo su pierna cruzada con lentitud.
La suave brisa, el fresco césped bajo él, el azul del cielo.
Paz…
Una vida tranquila. Su vida era sencillamente una vida tranquila. Justo lo que quería, necesitaba. Un niño con el corazón de un hombre roto, su espíritu destruido… Una persona que cargaba una pesada losa en su espalda. Un hombre que había roto su promesa… Porque sentía en lo más profundo de su alma que había incumplido la promesa más sagrada de todas. Había dejado muy importante atrás.
Esta vida tenía que ser su segunda oportunidad… Aunque no tenia del todo claro si podría aprovecharla…
Tranquilidad… Solo quería tranquilidad y eso sumado a su inexistente ambición.
Issei Hyodo siguió mirando al cielo.
Quizás en el pasado fue una gran persona… Esta era una vida nueva y sentía que quería otra cosa…
Si…
Esta segunda oportunidad debía de significar eso… Su antigua vida no acabó bien… Esta vez tomaría otra ruta…
Libre… Libre como el viento.
Le gustaba el aire libre. Le gustaban los espacios abiertos. Ver la inmensidad de la creación, del mundo. Un mundo rico y lleno de vida. Un mundo curioso para sus ojos rojos, un mundo fascinante para su joven mente.
Daba gracias por no recordar en exceso nada de lo pasado… Así todo el mundo se le antojaba como algo nuevo.
También daba gracias por mantener algunos pequeños dones… como sus ojos. Unos capaces ojos que veían extraños animales cruzando el cielo, seres diminutos flotando entre la gente. Unos extraños seres que lo trataban con indulgencia, llegando a ignorarle.
Una mente que buscaba entender todo lo que veía y que quería más. Saber más, conocer, entender… Tras tantos años viviendo ocultos entre la gente no se tomaban la molestia de interactuar con un niño… Porque nadie parecía verlos.
Porque ahí estaban, envueltos en… cosas. Ocultos entre la gente corriente con falsas apariencias. Pero no podían ocultarse de su mirada.
Sus extraños ojos podían ver a través de sus artimañas, mujeres con orejas y colas peludas. Enormes hombres con extrañas alas. Otros tenían alas hechas de plumas blancas y un disco brillante sobre la cabeza.
Tan parecidos y tan diferentes.
¿Por qué no se daban a conocer? ¿Por qué vivían ocultos? ¿Por qué él podía verlos? ¿Acaso no era el mundo de todos?
Esos seres le intrigaban, más que las personas corrientes… O quizás la relación entre ambos era lo que le parecía interesante.
Más allá de eso… No había interaccionado con ninguno de esos seres sobrenaturales. No tenía ni motivo ni necesidad.
Solo…
Solo podía decir que sentía una irremediable atracción por el género femenino. Una irremediable atracción y una inmediata repulsión cuando se acercaba a ellas.
Era cuanto menos curioso.
Aunque no era nada comparado con el rechazo que sentía por los hombres. Todo junto era algo visceral, natural para él. Inexplicable pero evidente.
Aunque, cuanto más veía, hablaba, vivía… Se cercioraba de que él era el diferente. Antinatural.
No sabía porque rechazaba a los hombres, pero si creía saber el porqué de su circunstancia para con las mujeres.
Las buscaba, porque las buscaba… Porque buscaba algo. Buscaba a alguien. Buscaba… Y buscaba.
Sus ojos recorrían incesantes toda la creación, buscando… Algo que necesitaba como el respirar.
Su pecho, comprimido, le impedía dormir. Su pulso, alterado. Su mente nublada… Siempre que meditaba con buscar respuestas en su cabeza perdía gradualmente la inconsciencia.
Algún tipo de mecanismo de seguridad… Aunque aquello solo eran suposiciones. Que buscaba y porque lo buscaba… Preguntas sin respuesta.
Esa necesidad… Esas visiones… ¿Por qué no le permitían dejar atrás todo lo pasado?
Él podría querer avanzar, tener una nueva vida… Pero fuese quien fuese que lo había preparado todo parecía tener otros planes para él.
¿Ella o ellas lo buscaban a él? ¿Era un sentimiento correspondido? ¿Una necesidad equitativa? ¿Dónde estaban? ¿Por qué no estaban con él?
…
Ni quería ni pretendía engañar a nadie, él no se sentía estar destinado a una vida normal. No importaba lo mucho que se esforzase, tampoco que se negase a hacer nada en concreto… O lo contrario, que intentase algo con todas sus fuerzas… Sus ojos le enseñaban lo contrario contra su voluntad.
Y no solo eran sus ojos… Lo había sabido desde el mismo instante en que comprobó que efecto ejercía su aura sobre la del resto… Su aura intimidaba, sometía o atraía a los demás. Un agujero negro de influencia constante, imprevisible e inevitable.
Lo definía y lo condicionaba. ¿Era algo inevitable con lo que tenía que convivir?
Sabía que esa aura era lo que preocupaba a Zeoticus y Venelana, lo que estaban investigando. También le preocupaba que esa radiación afectase a Irina-chan y Ria-tan…
Pero si les permitían estar cerca de ellas debería de estar bien…
Si ese era su destino…
Y todo junto… Creaba una paradoja… Una interminable cantidad de pensamientos, sentimientos opuestos… Que no podía procesar.
Comprender, a pesar de saber que muchos de esos pensamientos negativos estaban…
Mecanismos y más mecanismos… Como por ejemplo su soledad.
Se sentía insoportablemente solo, una sed que no podía saciar, un hambre que no podía calmar, un sueño que no podía conciliar…
…
Solo se saciaba tenuemente con cierta presencia… Una pista.
Incluso se atrevería a decir que eran datos muy concretos, precisos… Necesarios, incluso. Quizás no había sido un error, quizás alguien lo habían querido así.
Porque algo le había dado esa información. ¿No? Quizás debía de empezar su andadura desde ese punto con ese equipamiento en su mochila… Con apenas algo de información que giraba en torno a un concepto.
"Pechos Celestiales"
Otra cosa que tampoco sabía que eran… ¿Un par de senos femeninos quizás? Más según su visión… ¿Ellas saciarían su soledad? ¿Su soledad era un mecanismo que le decía que debía de buscarlas?
Dudas y más dudas.
Procesar y entender todo lo que tenía en su interior. Todo lo posible… Que quizás no era mucho… Y sobre todo… encontrar una manera de contener a la bestia. Una bestia con una libido descomunal, más un animal con una autentica e insaciable necesidad de reproducción, un cuerpo humano movido integra y completamente por el pecado de la lujuria. Una bestia con forma humana, ojos rojos, seis pares de alas a la espalda y dos cuernos blancos saliendo de su sien.
Una bestia que lo acechaba de tanto en tanto… Una be…
-¿Qué haces aquí sentado?- preguntó un joven de cabello castaño.
Un chico o una chica, era complicado de discernir.
-Tienes una cara de empanado… Te cae saliva por la boca…-
-Pienso Irina-chan, pienso-
-Piensas demasiado-
El dragón sonrió quedamente.
-Puede ser-
La respuesta no satisfacía al chico, o chica.
-Mi abuelo decía que no es de hombres hacer llorar a las chicas, dejarlas solas y… Estoy jugando sola- haciendo botar la pelota.
El dragón miró al niño fijamente con sus intimidantes ojos rojos.
El niño se no dejó intimidar.
-No hay ninguna niña jugando sola-
Su amigo de la infancia le tiró la pelota a la cara.
-¿Y yo que soy?-
-Un chico- respondió sin meditar la respuesta.
El "chico" corrió a por la pelota, volviéndosela a tirar.
Preparado, Issei la esquivó con agilidad.
-No soy un chico! Idiota!-
-¿Cómo qué no? ¿No tienes una de estas?- exclamó Issei bajándose los pantalones.
Llevándose las manos a la cintura.
Irina Shidou chilló avergonzada antes de armar su pierna con todas sus fuerzas… y patear completamente roja.
-Meses más tarde-
-Otro día en el paraíso-
El niño, vestido con su uniforme escolar y su mochila colgada a la espalda tomaba el camino más largo a casa, recorriendo la riera, disfrutando del paisaje antes de regresar al hogar. Deteniéndose cada cierto para mirar su pulsera, brillaba en aumento según apuntaba a un lado u otro.
Un regalo de cierta demonio preocupado por su otouto…
Deteniéndose en seco, Issei aseguró la posición de la mochila a su espalda. Inquieto, sus ojos rastrearon el terreno. Moviendo los labios nervioso.
A unos cuantos metros frente a él, a la izquierda del sendero, un matrimonio había colocado con su debido permiso municipal una food truck, un puesto de comida ambulante. Estandartes de colores llamativos y kanjis escritos con brocha gruesa buscaban llamar la atención de los viandantes como él.
"¿Qué mejor que tomarse un té caliente con dulces mochi a los pies del rio?"
El puesto ambulante no le decía nada, tampoco tenía nada contra los dueños del mismo pero… Uno de los clientes, a unos cuantos turnos de ser atendido, poseía una inmensa aura. Era, según creía y había aprendido con los años de forma autodidacta, un demonio.
Sin miedo a equivocarse, el joven podía asegurar que era uno de los seres vivos más poderosos con los que jamás se había cruzado. Un hombre occidental, sin duda. Un armario empotrado. Corto cabello anaranjado encrespado. Vestido despreocupado e informal.
Un matón.
Espalda recta, manos cruzadas al frente… Una actitud defensiva. Destacaba enormemente de los demás. No era el único hombre trajeado, la riera estaba cerca del sector comercial y los asalariados frecuentaban esa zona en búsqueda de como él, aire libre, quedar libres del estrés de la ciudad.
Pero ese porte distaba mucho de ser el de un hombre corriente. Apestaba, apestaba a problemas. No le desagradaban los demonios, nada más lejos… Pero solo confiaba en algunos muy en concreto.
Pero la demonio en la que confiaba era menuda y tenía un hermoso cabello rojo… Pasándose un dedo por la nariz el chico decidió no darle mayor importancia, siguiendo con su paseo.
Curioso observó la menuda figura de una niña arrodillada en el césped, su contorno iluminado por luces intermitentes.
¿Bengalas?
Ladeando la cabeza, Issei vió que la niña llevaba un kimono puesto… Algo extraño, no recordaba que hubiese alguna festividad cerca.
(Tampoco se puede decir que sea el tipo más versado en festividades, no recuerdo ni mi propio cumpleaños…)
Tragando saliva decidió continuar caminando, los ojos del demonio estaban fijos en su persona. Y había dos opciones; o bien lo miraba porque estaba mirando a la niña… o lo miraba por algún motivo solo apto para demonios. Lejos de querer relacionarse con alguien de su especie, sin ánimo de discriminar a nadie, prosiguió con su camino. A una distancia segura Issei suspiró aliviado, había dejado atrás el puesto ambulante…
Ajeno a la presencia de la niña en el sendero, metros atrás donde él mismo había estado antes, mirándolo fijamente.
-DxD-
Los Shidou eran cristianos, miembros de un ínfimo tanto por ciento de habitantes del país oriental que habían abrazado la fe occidental en su corazón. Los Hyodo, por lo contrario, eran sintoístas. Creyentes de la religión propia de su país de origen.
Issei, había recibido los primeros mensajes del dogma shinto por vía paterna, pasando a recibir educación católica tras ser recibido en el seno de los Shidou. A él, no obstante, no le decían mucho ni uno, ni el otro. Aunque, al contrario que muchos, sabía que lo sobrenatural existía, y aunque no conocía a ningún dios, creía firmemente que existían.
Su papel era otra historia, demasiado joven para entender y comprender los senderos e intenciones de los seres ascendidos, simplemente se limitaba a tomar lo mejor de cada una y hacer de su vida, algo mejor.
Los Shidou nunca habían presionado al chico, siendo grandes amigos de sus padres, respetaron la religión de la casa Hyodo, permitiendo al chico continuar con su educación sintoísta si este lo deseaba.
Es más, le habían facilitado la herencia familiar, un pequeño pendiente con forma de torii en plata.
Carecía de valor material, pero sentimentalmente era incalculable.
Sintoísmo, cristianismo… Por puro respeto las seguía a las dos. Aunque hasta la fecha no podía decir que hubiese estado presente en alguna celebración sintoísta.
Deteniéndose, lo recordaba.
Surtr Second!
Apenas le había visto algunas veces, pero lo reconocía… Y si uno de los siervos de Sizechs estaba allí…
-Que cojones…- girándose, la pulsera brillaba en sentido contrario.
Acariciándose la barbilla, el chico sonrió divertido.
-Solo conozco una friki que se pueda poner a encender bengalas en la riera y esté acompañada por un demonio…-
-DxD-
La princesa de los Gremory sonreía a medias.
De cuclillas, con su adorable yukata rosa y una bengala en mano, la niña se encontraba en lo que su joven mente consideraba la situación perfecta. El momento ideal. Pasando el momento en una rivera japonesa, con un excelente tiempo, vistiendo un yukata, disfrutando de bengalas tradicionales y con Okita yendo a buscarle un aperitivo. Todo muy japonés, todo perfecto.
Un pequeño regalo de sus padres por su brillante trayectoria académica. Que pese a que es su obligación moral como estudiante, era su obligación como aristócrata.
Un deje de tristeza se asomó por los exquisitos ojos de la demonio. El único problema era… que estaba sola. Estaba sola… No tenía a nadie con quien compartir estos momentos.
Los Gremory eran conocidos por su mente abierta y una mentalidad más tolerante hacia los demás seres vivos, menos estrictos, egocéntricos… racistas y supremacistas que las demás familias. Su pureza de sangre lo alejaba de las clases sociales inferiores y sus valores familiares la alejaban de sus compañeros de clase, de sociedad… Los niños y niñas de su edad, que simplemente no podían entender que quisiese pasar sus vacaciones en el sucio mundo medio.
No podían entender que buscaba en el sucio mundo humano porque no podían entender la razón de latir de su corazón. Una razón que no estaba en casa… Una compañía que no estaba con ella en ese momento.
-Issei…-
BABUM BABUM
La brisa trajo consigo un aroma dulce, una brizna de aire caliente que acarició su mejilla, meciendo suavemente su cabello.
Cerrando los ojos, sonriendo cálidamente, disfrutando del contacto… desvaneciéndose tan rápido como había llegado. Rias se llevó los dedos a su mejilla instintivamente, buscando la fuente de calor.
Molesta al ser privada de esa sensación placentera se giró a lado y lado, buscando desesperada la procedencia… Corriendo hasta el sendero, observando todos los transeúntes disfrutando del buen tiempo, como ella.
Surtr haciendo cola en el food truck… No había nada remarcable.
FIUUU
Su precioso cabello rojo se meció hacia delante, cual mano tomando con cuidado algunos mechones.
Girándose 180 grados, con las manos unidas contra su pecho, mirando suplicante a la distancia.
-Por favor… Issei… Ven a mí…- murmuró para sí misma, sin saber a qué o quién se lo decía.
Tras unos instantes la niña pareció recuperar la compostura, girándose para mirar su pequeño rincón con una cubeta con bengalas y otros fuegos de artificio. Una fantasía ideal que ya no se le antojaba tan ideal…
Maldiciendo ese extraño sentimiento que la había invadido sin permiso. Inclinándose de nuevo, abrazando sus rodillas encendiendo otra bengala, mirando fijamente las chispas abandonar ferozmente el delgado bastón de madera. Ensimismada en sus pensamientos.
-Que estará haciendo ahora…-
La chica se estremeció con fuerza, sintiendo un dedo recorrer su desnuda nuca.
Gimiendo con fuerza, echándose hacia adelante, cayendo al suelo mirando hacia atrás cubriéndose la nuca completamente roja.
(Solo puede ser él)
(Solo él lo sabe…)
-¡Issei!- protestó la pelirroja avergonzada.
-Hola preciosa- sonrió el chico divertido.
PLANC
Ni corto ni perezoso, el castaño dejó caer un cubo con agua en el césped.
La niña ni se inmutó por el ruido, su mirada estaba fija en el castaño.
-Si vas a encender fuegos… Hay cubos junto a las fuentes… Un poco de civismo…-
El estúpido castaño sonriendo con su encantadoramente estúpida sonrisa.
La estúpida sonrisa del estúpido castaño que la tenía completamente ensimismada.
PUM PUM
Cuando sus ojos azules se toparon con los rojos del chico el tiempo se detuvo para ella.
Como cada vez que lo veía…
La presencia que la había perturbado hacía apenas unos minutos… Una presencia dulce, poderosa, relajante, embriagadora.
-Sabía que eras tú…-
-No se… Yo te he visto sorprendida…-
-¡N-no! Solo te lo ha parecido!-
-No sé, no sé…- cruzándose de brazos, sonriendo… estúpidamente. -¿Qué hace una princesita sola en la riera?- preguntó el castaño ofreciéndole su mano, una mano que la pelirroja tomó sin dudar.
Pegándose a su cuerpo al instante, abrazándolo con fuerza.
-E-estoy sola porque no estabas!-
Sonriente, la Gremory olvidó por completo las bengalas, separándose para mirarlo a la cara.
-Fui a buscarte… No estabas-
-¿Has ido a casa?- exclamó sorprendido.
Rias asintió avergonzada.
-Perdón, perdón- susurró Issei acariciando el hermoso rostro de la demonio.
-Pero has venido…-
-Curiosamente yo también te estaba buscando…-
-¿Me estabas buscando?-
Rias bajó su mirada, temiendo que el chico pudiese escuchar los intensos latidos de su corazón.
-Cierto pajarito me ha dicho que cierta chica guapa estaba en la zona…-
-Mama…- protestó inflando los mofletes.
-He oído… Que cierta princesa ha estudiado mucho y le han dejado hacer una excursión y encender algunos fuegos de artificio…-
Rias asintió nerviosamente.
-Fuera de fechas de festivales…-
Rias volvió a asentir.
-Que princesón… Haciendo lo que quiere cuando quiere…-
-¡Issei!- protestó la ojiazul –No soy una mala chica!-
-No se yo…-
-Y-yo… Yo soy considerada!-
-Nah…-
-¡Y pienso en los demás, por debajo que estén!-
-Anda… Que ahora estoy por debajo…-
-¡Yo soy… Issei!- exclamó la chica escondiendo su rostro en el pecho del chico.
-Ale, ale… Era broma, preciosa…- besando su cabello, acariciando su espalda.
-Si fuese una princesa… No te dejaría irte… Estarías siempre conmigo!-
-Bueno, bueno. Siempre estaré con mi hermanita menor… ¿Para eso está la familia?-
-¿Cómo que hermana menor?-
-Imoutooooo-
-¡Soy mayor que tú!-
-Soy más alto-
-¡Soy un año mayor que tú!
-No sé yo…-
-No tienes que saber nada, listillo!-
Rias sonrió hermosamente.
-Pero muy mal…- respondió Issei.
-¿El qué?-
-Si vas a usar fuegos de artificio ten siempre agua a mano, puedes provocar un fuegecito…-
-¿Después del susto que me has dado te atreves a darme lecciones?-
-Buuu-
La chica infló los mofletes.
-Yo no sabía que había cubos!-
-Pues los hay-
-Pero tú eres de aquí!-
-Ahhhhh…-
La niña, molesta, desvió la mirada, pero no se separó.
-¿Qué?-
-¿No vas a decir nada?-
-¿Nada sobre qué?-
La chica se pasó la mano por su cabello.
Su precioso cabello rojo, una media melena que abrazaba suavemente sus hombros.
-Ahhhh…- separándose un poco, mirando a la chica de arriba abajo –Estas adorable… A esta chica tan guapa todo le sienta bien!-
Tan roja como su cabello, Rias abrazó al castaño.
-Un momento… ¿Sienta bien?- separándose de nuevo.
-El kimono es nuevo… ¿No?-
-¡Bufffff!-
Molesta volvió a abrazarlo, esquivando la mirada curiosa del chico.
-He traído bengalas… ¿Quieres encenderlas conmigo?- murmuró la pelirroja cambiando de tema de conversación.
-¿En serio me lo preguntas?-
Satisfecha, la chica se inclinó frente a la hoguera.
-¿Por qué una yukata?- encendiendo una bengala, ofreciéndosela a la pelirroja.
-Pensaba… que te gustaría-
-Te queda precioso…-
-Grrrrrrrr-
Sorprendido, Issei se giró, el demonio de cabello anaranjado lo miraba furioso antes de volver a mirar el fuego… y girarse de nuevo.
(Armario empotrado)
-No le hagas caso…- susurró Rias tomando su mano –Gruñe mucho, pero tiene buen corazón- volviéndose a mirar a su escolta.
Surtr cambió su rostro agresivo para pasar a sonreír a la princesa, señalando con la cabeza al dragón, guiñando el ojo varias veces.
(¡Que… que insinúas?)
El demonio se abrazó a sí mismo, fingiendo un beso apasionado.
(SURTRRRRRRRR!)
-¿Pasa algo?- preguntó el dragón.
Rias estaba roja.
Issei no dijo nada, solo preparó más bengalas.
-¿Tanto te gusta la cultura japonesa? Este es un paso importante en tu frikismo, princesa-
-Bueno… La cultura… Si… Un japonés…- farfulló la chica nerviosa.
-Y a mí la tuya…Y una demonio en concreto- guiñándole un ojo.
Radiante, besó al chico en la mejilla antes de tomar la bengala ofrecida.
La pareja se volvió a centrar en los fuegos de artificio.
En silencio, escuchando el chispeo del fuego…
-¿Te gusta mi cultura?-
-¿Miles de años de evolución ininterrumpida? Es un autentico lujo poder conocerla-
-¿En serio?-
-A mi imouto no le mentiría…-
-¿Te gustaría conocer más mi cultura?- preguntó la Gremory.
Issei asintió con la cabeza.
-Ya la conozco algo… Pero miles de años de historia tienen que dar para más… ¿No?-
-Puedes necesitar mucho tiempo…-
-Que prisa tengo…-
-Que prisa tenemos…-
-Ahora que lo pienso… Tú vivirás mucho, yo si tengo prisa…-
-Tontito… No dejaré que te alejes de mí…-
-No, en serio…-
-Issei… Cállate-
Rias apoyó su cabeza en su hombro. Sentía que tenía la obligación de estar a su lado… Que había algo que tenía que asegurar, comprobar, saber y antes de poder decir nada sus dedos se habían entrelazado con los del invitado, su cabeza se había apoyado contra su hombro…
El corte en su respiración, el suspiro, su rostro sorprendido… Todas las señales que emitía el chico le decían que ese deseo no era solo de ella. Avergonzada pero sorprendentemente decidida, mantuvo su posición.
-Los festivales… No se pueden disfrutar solos…-
La chica asintió con la cabeza.
-Suelen ser todos en verano… ¿Estas familiarizada con la geografía local?-
La chica volvió a asentir.
-Vaya pregunta la mía… Pues… Los de Nagaoka son especialmente chulos… Si lo pienso… Nunca he visto algo así en el Inframundo… Bueno… Al margen de los de la familia… ¿Cómo son los de allí abajo? Porque… ¿Por qué tenéis festivales así, no?-
-Los tenemos… Aunque… Más fríos… Estos son cultura, vuestra cultura… El simbolismo, el respeto a los muertos…-
-Los festivales son una herencia de la segunda guerra mundial… Suelen ser bellos espectáculos que simbolizan la recuperación económica y según las regiones se les añadió ciertos vínculos religiosos e incluso tecnología…- explicó el chico pasando la mano por el fuego.
-Siempre he querido ver algunos… Y algún día los veré todos-
-Seguro que lo harás… Un día-
-¿Tú crees?-
-Seguro!-
Sonriente se giró para mirarlo.
Asombrada, inspeccionando con su rostro.
Fascinada con los dos rubíes que se iluminaban con el fuego de las bengalas.
Y lo vio…
Un hombre sentado a su lado, alto, moreno, con dos cuernos apuntando al frente y múltiples alas a su espalda. Un rostro firme que la miraba con dulzura antes de volver la mirada al frente.
Ella misma estaba más cambiada, crecida.
Su corazón bombeaba con fuerza, su pecho estaba a punto de estallar, incapaz de contener sus sentimientos.
Girándose de nuevo para continuar mirando al hombre… vio al niño. El niño que despertaba tanto en ella, que emanaba ese aura especial, ese olor dulce. El niño que había conocido aquel día hacia años…
La atraía, la atraía como nada más en el mundo y no quería soltarlo. Y los vio fijos en ella, esos ojos rojos. Intensos, ardientes. Despertando esos sentimientos que no entendía. Siempre presentes, constantes desde el mismo instante en que le vio en aquel accidente de coche…
-Que… bonita…- susurró el chico.
Rias se sorprendió, parpadeando perpleja, bajando la mirada.
Dejando la bengala en el cubo de agua, alisando el kimono con una sonrisa.
-Me gustó nada más verlo… ¿Me queda bien?-
-Ahora lo veo… ¿Qué has hecho con tu pelo?-
Coqueta, sonrió orgullosa.
-Has tardado… No estas atento!-
-Te has soltado el pelo… Te queda muy bien… Eres la chica más guapa que he visto nunca… Ese cabello… Siempre he querido preguntar… ¿Es natural?- alzando su mano libre para tomar uno de los mechones que se habían escapado a las horquillas que recogían su cabello.
El rostro de la pelirroja alcanzó la misma tonalidad que su cabello. Por alguna razón le dejó hacer, dejando que acariciase su pelo. Nunca le había dejado a ninguna otra persona, aún más un chico, llegar a este nivel de intimidad.
-Por supuesto que es natural! ¿Qué insinúas?-
-Que habías heredado el precioso castaño de tu madre…-
-¡Deja de mirar así a mama!-
-Solo hablaba de su pelo…-
-Pues no! He heredado el rojo de mi familia… ¿Decepcionado?-
-Para nada… Es un rojo tan intenso… Hermoso… Te favorece y mucho…-
-G-gracias…-
-Una hermosa chica de muy lejos que viene a nuestra tierra interesada por los festivales de verano…-
-¿Te parece muy extraño?-
-Solo un poco…- bromeó el castaño apartando su bengala apagada, tomando la bolsa… vacía.
Las bengalas se habían acabado.
(Hora de acabar)
El chico recogió su mochila, levantándose, sorprendiendo a la pelirroja.
-¿T-te vas?-
-Se hace tarde, tus padres se preocuparán…-
-¡!-
La chica se levantó, pero no le soltó.
-Muchas gracias por compartir tus fuegos conmigo… Espero que logres ver los festivales… Aunque no los visites todos el mismo año!- sonrió divertido, liberando su mano.
Rias extendió sus dedos, buscando cogerla de nuevo, pero el chico se movió con agilidad, poniendo distancia entre ellos.
Inclinándose levemente ante Surtr.
-¿Cuándo te volveré a ver?- exclamó la pelirroja avanzando unos pasos.
La pregunta sorprendió al chico, se giró, mirándola con atención.
Sonriendo enigmáticamente. Tomando su rostro, besando su mejilla con fuerza. Rias sintió sus fuerzas flaquear.
-Tengo que ver a MacGregor en dos días… ¿Nos vemos antes y desayunamos?-
-Si…-
-Nos vemos en dos días, imouto!- se despidió el niño despidiéndose con la mano enérgicamente.
-Antes de irte… Ve a por los dulces de la señorita- dijo Surtr mirando la food truck.
Curioso, Issei se percató que pese a haber estado haciendo cola, el demonio había vuelto con las manos vacías.
-¿Qué pasa? ¿Tengo monos en la cara?- gruñó molesto.
Alerta… El chico se acercó con una carrera ligera al puesto de comida ambulante.
-Así que este niño es el nuevo señorito…- tomando la cubeta de agua, asegurándose de tener todos los fuegos apagados.
El antiguo guerrero encaró a la chica, mirándola con toda la amabilidad y afecto que le procesaba a la hermana pequeña de su señor, no se sentía intimidado por la mirada de la niña.
-Padre le tiene afecto, es mi nuevo hermanito pequeño-
El demonio sonrió con picardía.
-Alguien le tiene cariñito a la largartija… Pensaba que los rumores eran falsos…-
El rostro de la chica se encendió como las luces de un árbol de navidad.
-M-me gustan l-los dragones!-
-Dragones-
-Y-y… Los japoneses! La cultura japonesa!-
-Si… Ya… Los dragones japoneses…-
-¡E-eso mismo!-
-¿Entonces eso que dice Sirzechs de que el próximo patriarca de la familia será un dragón es solo una broma?-
-¡Surtr!- protestó la pelirroja.
-Sí, si… A otros con ese cuento, jovencita…- dijo el demonio volviéndose para recibir al dragón –Mocoso. ¿Sabes porque he venido yo?-
-¿Por ser un armario empotrado y asustar a cualquier que quiera acercarse a ella?- respondió el chico.
-No… Porque de mí no sospecharías…-
El niño abrió los ojos sorprendido.
-¡No!-
Chasqueando los dedos… un enorme círculo mágico los engulló a todos.
-DxD-
Issei bajó los brazos derrotado, mirando al demonio enfadado.
-Eh! A mí no me mires así, este servilleta solo cumple órdenes… Llévale esa comida a la señora, os espera en el patio… Yo me voy a echar unos tragos, estoy harto de tener que hacer de niñera!- rugió el hombre alejándose con un andar desgarbado, mano en bolsillo y la otra dedicándoles una peineta.
-¿Ise, te quedas?-
-Secuestro… A esto se le llama secuestro-
-O visita casual… Y muy esperada- intervino otra voz de fondo.
Una sirvienta de figura voluptuosa y sonrisa amable, brillante al ver a su adorada cuñada.
-¡Grayfia-onee-sama!- exclamó Rias antes de lanzarse a sus brazos.
-¿Cómo ha estado su visita al mundo humano?-
-Excelente! Tendrías que haber estado ahí, Grayfia-onee-sama!-
-Ya me lo contará todo… Ahora súbase a cambiarse, la esperamos en el patio-
Rias se giró hacia el chico, expectante.
-¿Me esperarás?-
-Me han secuestrado, que remedio-
Besando su mejilla, Rias arrancó a correr hacia el palacio.
-¡No corra por los pasillos, jovencita!-
Deteniéndose en seco… extendió sus alas y se marchó volando.
-Tampoco se vaya volando…- murmuró la sirvienta suspirando molesta.
-¿Qué hago con esto?- preguntó Issei enseñando los envases de comida.
-¿Souvenirs? A la señora le encantarán- sonrió Grayfia –Le hemos preparado su habitación. ¿Quiere cambiarse y ponerse algo mas comodo?-
El niño respondió con la mirada.
-Ria-tan se está cambiando…-
-No creo que eso le incomode…-
-¿Dónde está el viejo? Me gustaría hablar con él…-
-¿No me ha entendido?-
-¿Qué?-
-Era una pregunta retorica… Ya estas subiendo a cambiarte. No pensarás que puedes ir a ver a los señores con esas pintas-
El chico se miró las ropas, alzando levemente las manos, confundido.
-¿Qué tienen de malo?-
-A tu habitación, ya-
-¿Me estas llamando pobre y cutre? ¿Un doble insulto en uno?-
-A tu habitación, ya!-
-DxD-
Issei ronroneó sorprendentemente contento. Observándose en el espejo.
Un espejo de cuerpo entero.
El niño estaba vestido con el traje negro y rojo, un traje hecho a medida.
Agrippa acabó de arreglar el cuello de la camisa, colocando su mano en su hombro orgulloso.
-La vestimenta y los modales no hacen al hombre, pero cuando está hecho, mejoran su apariencia enormemente-
-Eso contradice lo de "el habito hace al monje"-
-Somos hombres, jovencito- rio el mayordomo –La verdadera arma de un caballero es su elegancia… Ponerme un traje bien diseñado eleva mi espíritu, ensalza mi sentido de identidad y ayuda a definirme como un hombre que le importan los detalles-
-¿Incluso para un mayordomo?-
-Decidí ser un siervo de Zeoticus en una época culturalmente muy diferente de esta, joven Issei-
-¿Mucho?-
-Provengo de un mundo mucho más pequeño… Algo que tú y la joven no tendréis que conocer por suerte- separándose del niño.
Al momento el niño se colocó a su lado.
-¿Tú has vivido mucho?-
-Tengo recuerdos de cinco siglos de historia…-
-¡¿Quinientos años?!- exclamó el niño incrédulo, mirándolo fascinado –Eso es mucho tiempo…-
-Muchas vidas humanas… cincuenta veces lo que has vivido hasta el momento…-
-Entonces… Tienes que haber visto y… y… ¿Cuánto tienes que haber hecho?-
-Efectivamente… Soy un erudito. Un estudioso… O lo era-
-¿En pasado?-
-Mi vida humana…-
-Enrique… ¿Usted se arrepiente?-
-¿De hacerme demonio?- mirando al niño con una sonrisa afable –Antes de morir me consideraron astrólogo, jurista, astrónomo, escritor, filosofo, medico, teólogo, alquimista, abogado…-
Los ojos del niño rebosaban admiración.
-Hoy en día no podría superar los conocimientos de cualquier estudiante de facultad… ¿Puedes imaginarte que supondría para alguien como yo la oportunidad de ampliar mis conocimientos durante este tiempo?-
-¿Un sueño hecho realidad?-
-Algo así…-
-La longevidad es un don y una maldición…-
-No lo entiendo-
-La diferencia es que te mueve en la vida-
El niño parpadeó confundido antes de volver la mirada al espejo.
-La familia… Lo único que me importa es mi familia-
-¿Y exactamente… que es su familia?- preguntó Heinrich colocando sus manos en los hombros del dragón.
-DXD-
Descendiendo por las escaleras del castillo principal, quitándose la pajarita, guardándola en su bolsillo, desabrochando algunos botones del cuello de la camisa.
-¡No puede ser!- se escuchó de fondo.
(Y aquí viene…)
Girándose, dejándose hacer… Su cuerpo fue embestido por la más poderosa de las fuerzas de la naturaleza.
El abrazo de oso de una madre.
Por la diferencia de altura y de fuerza, el niño parecía un saco a merced de la demonio, pegado a su pecho, moviéndose a lado y lado. El chico no se quejó, enterrar su rostro en semejante par de montículos era un absoluto privilegio.
-Mi pequeñín!- exclamó Venelana pegando al chico contra su pecho con fuerza –Cuanto de he echado de menos… ¿Por qué has tardado tanto en venir a visitarnos?-
-Estaba… ocupado. El colegio y esas cosas…-
-Me prometiste venir más a menudo…-
-Uno hace lo que puede…-
-Enano… ¿Estas llenando de babas los pechos de mi esposa?-
-Solo un poco…-
-Mi pequeñín… Has vuelto a crecer…- dijo la castaña acariciando el cabello del chico.
Despeinándolo completamente.
-Les he traído unos presentes… Como respuesta a su amabilidad- dijo el castaño alzando las bandejas de comida.
-¡Ohhhh! Comida del mundo humano! Tu sí que sabes complacer a una dama! Rias tiene tanta suerte!-
-La suerte de Rias es tener una madre tan buena…-
-Que adulador…- sonrió la castaña tomando las bandejas del chico –Justo lo que quería! Que buen chico!- caminando hacia el edificio principal con elegancia.
Su vestido blanco y rosado meciéndose en el viento a su paso, dejando al niño con su marido.
El patriarca Gremory.
El peso pesado de estas tierras. Un poderoso demonio… sobreprotector con su esposa… sobreprotector con su hija. Esposa cuyos pechos había babeado… e hija con la que se podía entender… se tomaba muchas confianzas.
-Así que te has encontrado con Rias de nuevo… Cuanta casualidad-
(Nunca he tenido claro cuando habla en serio y cuando no…)
-¿Qué haces ahí de pie?-
El chico se sentó junto a Zeoticus, mirándolo de reojo.
-He hablado con tu tutor, sabe que estas aquí…-
-No me voy a ir así como así, verdad?-
-Permíteme que te explique la situación de tus actuales circunstancias… Mi esposa, tu madre adoptiva, pertenece a un club de cocina…- empezó el demonio sirviéndose una generosa cantidad de algún tipo de bebida, tomándola de un trago.
-Del que me ha hablado con mucho orgullo… ¿Qué posición ocupo en esa ecuación?-
-Que cocina que da pena-
-Que no te oiga diciendo eso-
-Mi hijo ha logrado algo importante y ella está contenta, quiere cocinar algo que ha aprendido…-
-Que venga Sirzechs-
-No puede y no se lo dirá, pero no quiere-
-Pues tienes un problema-
-Para este tipo de situaciones me guardé un comodín, un sacrificio prescindible-
-¿Lo conozco?-
-Un amado niño al que hemos tomado como miembro de la familia-
-Repito. ¿Lo conozco?-
-De devuelvo tu comentario y te lo mejoro… Issei, tienes un problema… estomacal-
-Problema tuyo, no mío-
-Esta es mi familia, y como perteneces a ella, hago de mi problema, tu problema-
-Prohíbale que vaya a ese curso-
-Le vas a llevar tú la contraria, porque yo no-
-Pero eres tu quien manda aquí-
-Sí, y repito, por eso hago de mi problema, tu problema-
-Primero me secuestras y ahora me usas como sacrificio…-
-Culpa a mi hijo mayor, era él quien tendría que haber venido…-
-¿Y donde esta? Me gustaría tener unas palabras con él…-
-No te quejes… Así te haces a la comida del Inframundo-
Issei le dedicó una mirada no muy amistosa.
-Soy humano, puede que no sobreviva-
-Vamos, no me dirás que esto te matará… ¿No?-
-No voy a hacerme demonio. Por si intentas matarme para resucitarme como tal-
El hombre sonrió perversamente.
-Hasta que no aceptes vas a seguir comiendo esa mierda, mocoso… Si yo muero tú mueres conmigo-
-¿Morir? ¿Quién ha de morir?- pregunto Venelana volviendo con Grayfia, está empujando un carrito con bebidas y la comida dividida en raciones.
-El mocoso vio una película con la que se moría de risa… ¿Cómo decías que se llamaba?-
-Era un documental… Marido intoxicado-
Zeoticus palmeó la espalda del chico con fuerza.
-¿Ves? Para morirse de risa…-
Las mujeres se miraron entre ellas confundidas.
-Bienvenido a casa, hijo mío- exclamó Zeoticus pasando el brazo por encima de su hombro, atrayendo al chico contra su figura.
-Me alegro de volver…-
-DxD-
-Contrario a lo que puede pensarse… Los Gremory no fueron conocidos hasta que mi hermano alcanzó el rango de Maou… Hasta que mi hermano dejó la familia para unirse al nuevo gobierno-
-Ahora que lo dices… No recuerdo haberlo visto por aquí…-
-Onii-sama solo viene en visitas puntuales… Es una persona muy ocupada… Pero aun viene cuando puede! Solo es… Es complicado-
La niña se detuvo, cabizbaja.
Recuperando la sonrisa al sentir la mano del castañito enredarse con la suya.
-Quien se convierte en Maou abandona su familia para formar parte del todo… Dejó de ser un Gremory…- girándose para mirar al chico –Pero sigue formando parte de la familia, el sigue viniendo y lo sigo queriendo igual…-
-Entonces sigue unido a la familia… ¿No?-
Rias, contenta, recorría los pasillos principales del castillo, acompañando al dragón.
-Los Gremory son una casa con el rango de Duque, sois talentosos y poderosos… Sirzechs quizás solo sea un ejemplo más- mirando el mural principal.
Un mural pintado en la piedra decenas de metros de alto. Lo había visto cientos de veces durante estos años… Una pintura exquisita que grababa todos los miembros de la familia desde generaciones inmemoriales. En la parte más baja… Zeoticus Gremory y Venelana Bael… Con Sirzechs y Rias como descendientes. A otro rincón, Sirzechs Gremory y Grayfia Lucifuge con Milicas Gremory… Venelana Bael… Extranjera, por eso mismo no era pelirroja…
(Grayfia… ¿Grayfia?)
(Eso nunca me ha acabado de cuadrar…)
(Nunca los he visto juntos…)
(Aunque tampoco puedo decir que haya tratado mucho a Sirzechs…)
(Grayfia apenas habla de asuntos personales…)
(Pero vamos… ¿Una sirvienta?)
(Eso causaría un fuerte impacto político, social…)
(Nah… No puede ser…)
(Aunque los Gremory…)
(Los Gremory podrían permitirlo…)
-¿Te gusta? Siempre lo miras. ¿No te gustan cosas más coloridas?-
-Me parece curioso… No veo ramas secundarias… Solo una línea principal que baja en línea recta…- señalando con la mano.
-¿Era eso lo que te intrigaba? Habérmelo preguntado!- exclamó la chica llevándose las manos a la cintura -Para evitar disputas familiares todos los hermanos menores pasan a formar parte de otras casas… Los llamados, matrimonios políticos-
-No sé muy bien que son… Pero entiendo que sirven para evitar problemas familiares…-
(A saber qué condiciones tienen…)
Rias asintió levemente.
Sin saber bien porque el chico tomó las manos de la pelirroja, volviendo a mirar el cuadro.
-Sin Sirzechs tú has pasado a ser la heredera… Ahora eres la heredera… No tienes que preocuparte por eso… Serás tú quien mande… ¿No?-
-Si… Si!-
-Una preocupación menos!... ¿Continuamos con el recorrido turístico?- preguntó Issei acariciando su rostro –Me estabas contando las virtudes de tu familia…-
-Los terrenos de mi familia son…-
-Ria-tan… Conozco este castillo… Aunque hay algo que no conozco-
-¿El qué?-
-Que hay tras cierta puerta… en la planta de arriba- señalando hacia arriba con el dedo índice.
-¿Q-que?-
-Sospecho que es otra de tus habitaciones-
-E-eso no… ¿Eso es importante? Eso no es importante!-
-Lo essssss-
-N-no! No lo es! Es… es… ¡El cuarto de las escobas!-
-Sí, claro… Por el olor… Por ahí!- exclamó el niño empezando a subir las escaleras.
-¡Issei! ¿A dónde… Issei!-
Aleatoriamente el chico iba recorriendo pasillo a trote lento con la pelirroja detrás.
-¿C-como…?-
-El olor de tu perfume… Viene de ahí!- alcanzando el pomo de una puerta… incapaz de abrirla.
La pelirroja se había plantado enfrente, cubriéndola con su cuerpo.
-Pensaba que esta era como mi casa…-
-T-todo menos esto es tu casa!-
-¿Qué escondes?-
-Y-yo no escondo nada!- chilló la chica roja como su cabello, cerrando los ojos.
-Vaaaaale…- retirando la mano del pomo.
Tomando la cintura de la chica, levantándola… dejándola tras él.
Retrocediendo un paso, abriendo la puerta y entrando sin oposición… para horror de la pelirroja. Una habitación espaciosa… lujosa. Carmesí por todos lados. Apenas había mobiliario… Solo estanterías, muchos cuadros y cosas colgadas en las paredes.
Cosas suyas.
Prendas de ropa que creía perdidas!
Fotos suyas por todas las paredes…
Vestidos… en el suelo, ropa que podía apartar con sus pies. Rias se había quitado la ropa a toda prisa… Pero no había armarios… ¿Para qué se había quitado la ropa si solo había cosas suyas?
Incluso calzoncillos suyos…
-¡E-esto es por… Me he tenido que cambiar deprisa y…!- exclamó Rias recogiendo las prendas.
-Ria-tan…-
-E-espera un momento!-
-Ria-tan…-
-¿Qué?- exclamó la pelirroja volviéndose hacia el castaño.
Enrojeciendo violentamente al ver su previa ropa interior en su mano.
-¿También te has cambiado de…-
Rias le quitó la prende de un manotazo.
-No tienes que preocuparte por el desorden… No es algo que me preocupe…- volviendo a inspeccionar la habitación.
Acercándose a una pared.
Fotografías.
Recordaba esa fotografía. Una en concreto con ella, abrazándola por detrás, en la imagen Rias sonreía feliz…
Uno de los cumpleaños de la princesa.
Le encantaba esa foto.
-¡!-
La pelirroja le quitó la foto de las manos, colocándola contra su pecho.
-Es… mi favorita-
-Ria-tan…-
-¿Mmm?-
-¿Qué es… todo esto?-
Más veloz que el rayo, Rias convocó un círculo mágico en la frente del castaño, cayendo inconsciente al instante.
Issei Hyodo se despertó en el salón sin saber cómo había llegado allí.
- Casa de los Shidou-
Mirándose al espejo, el pequeño Issei observaba curioso como la señora Shidou le peinaba adecuadamente… Ropa de domingo lo llamaban… un traje azul marino con pantalones cortos y zapatos de estilo mocasín… Iba hecho un pincel…
La mujer no era menos, un elegante y sencillo vestido negro adornado con un bolso de mano y unos zapatos con poco tacón.
-¿Adónde vamos?-
-A la Iglesia…-
-El centro de culto de los borregos faltos de autoestima…-
La mujer sonrió divertida.
-Esto se queda aquí, Issei-kun-
-Pero tú también lo piensas- alzando la mirada.
-Cuida esa boquita, Issei-kun… Y espero que esta vez la pajarita aguante hasta el coche…-
-Eso es esperar mucho… ¿A qué vamos?-
-Hoy es domingo, vamos a misa-
-Misa… El acto más elevado de toda la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas… El sacramento de la Eucaristía-
-¿Lo has buscado en algún libro?-
-He estudiado las religiones monoteístas… Son absurdas-
La mujer rio con más fuerza.
-Son herramientas de control de masas… Aunque sospecho que pueda haber algún fin más lucrativo…-
-Lees demasiado-
-Mmm…-
-Nosotros somos creyentes, Issei-kun. Y la misa es un evento especial en el que todos los creyentes nos reunimos para expresar nuestros sentimientos, emociones, nuestra fe-
-Ya sabes que lo respeto… Mama-
La mujer rio de nuevo.
-Solo me llamas mama cuando me quieres dar la razón descaradamente-
Ahora fue el turno de reír del chico.
-Pero lo siento y lo sabes-
-Largo, adulador- golpeando levemente los hombros del chico –Has quedado encantador-
-Parezco un mono de feria-
-Mama! ¿Dónde están mis lazos rosas?- exclamó Irina irrumpiendo en la habitación.
-¡Irina! ¿Qué te tengo dicho de los modales?-
-Ah… Me olvidé…-
-¿Qué tienes que hacer?-
-No correr por la casa…-
-¿Qué más?-
-No chillar…-
-¿Y qué más?-
-Preguntar por favor…-
-¿Y qué más?- preguntó el castaño.
-¿Tengo que hacer algo más?- preguntó la castaña intrigada.
-Ponerte una falda más cort…aaaaa- Karen Shidou tiró de su mejilla.
-Muy bien… Están en la mesita, te las he arreglado-
-¡Yay!- exclamó la energética niña arrancando a correr de nuevo –Ne! Ne! Ise-kun! Ayúdame!-
Ya le estaba esperando, señalando su regazo la chica se sentó al instante.
-Que quiere la princesa-
La alegre chica se había sentado de espaldas al joven, dejando las cintas sobre sus piernas, esperando pacientemente… bastante impacientemente.
-Q-que… ¿Recomiendas?-
-No tienes el pelo muy largo así que…-
-¿Te gustan las chicas de pelo largo?-
-Lo encuentro muy femenino… Pero es complicado de cuidar y molesto de convivir…-
-Entonces me lo dejaré largo!-
-¿Me estas escuchando?- divertido mirando las telas sobre sus muslos, tomando una pequeña.
Una cinta rosa.
-Una doble coleta…- alzando levemente su cabello –Creo que eso favorecerá esa carita preciosa-
-U-una doble coleta…- empezando el trabajo.
-Por ahora pondremos esta cinta aquí…-
-¿Irina? Primero quieres un vestido… ahora cintas para el pelo…- la tentó su madre separándose de los chicos.
-¡E-esto es solo para ir a misa! La iglesia e-es un lugar muy importante… al que… al que ir arreglado! Ise-kun! Date prisa!-
Tomando la cinta de tela lentamente, el chico hizo una coleta con el corto cabello de la niña, ajustándola lo mejor posible.
-¿Te gusta?- preguntó el chico mirándola por el reflejo del espejo.
-¿Te gusta a ti?-
-¿A mí?... Si, te quedan muy bien-
-¿Irina…?- preguntó su madre divertida.
-¡Ise-kun tiene buen gusto!- exclamó la niña antes de salir disparada de la habitación.
-¡Irina!-
-¡Muchas gracias, Ise-kun!- respondió la castaña.
-Esta niña…- suspiró pesadamente la madre –Bien Issei-kun, ya estás listo…- sonriendo.
-Pues vamos a blasfemar un poco!-
-¡Te he escuchado, Ise!- exclamó Touji desde el pasillo.
Irina tomó la mano del castaño, arrastrándolo por el pasillo hasta bajar al salón principal. Se plantó frente al espejo del recibidor, sonriendo contenta ante su nuevo aspecto. Issei, sonriendo, desvió la mirada hacia el llamativo objeto de decoración del salón.
Una espada plateada de pomo dorado colgada verticalmente en la pared.
Hauteclere.
La espada, sapiente, le ignoraba completamente. Aunque la tocase, pendiente puesto, pasaba de él. Solo reaccionaba a la presencia de Irina. Una portadora natural de espada sagrada… Una potencial portadora.
-Issei-kun…- murmuró la mujer acercándose a él, colocando sus manos sobre sus hombros.
El chico pasó la mirada hacia la madre de Irina.
-Es un recuerdo de Touji…- mirando la espada preocupada –Nunca reaccionó a él… Hace generaciones que la familia Shidou la tiene, pero no se recuerda cual fue la última vez que hubo un portador…-
-¿Los Shidou descienden de Oliver?-
La mujer rio divertida.
-Lo dudo mucho… En algún momento llegaría a nuestra familia… Y me gustaría que pasase de largo la próxima generación…-
-Madre, ¿sabes que…?-
La mujer apretó con más fuerza.
El chico entendió el mensaje.
-Padre quiere que se la quede Irina… Pero no quieres que lo haga-
-Siempre has sido un chico inteligente…- inclinándose hacia el chico, acariciando sus mejillas.
-Issei-kun…-
-¿Si?-
-Cuida de Irina… Ella cambió mucho tras tu accidente… Le afectó tanto…-
-¿?-
-Cambió tanto que los primeros días apenas reconocía a mi querida hija… Pero dejé de preocuparme al ver que su corazón seguía siendo igual de bondadoso… Y se tranquilizó tanto contigo…-
-…-
-¿Dónde estará aquella chica que no se preocupaba más que por juegos y pelotas de futbol?- sonriendo divertida –Ahora siempre lleva ese anillo viejo y solo tiene ojos para ti-
(¿Ha dicho anillo viejo? Nunca la he visto con…)
-No será para tanto-
-Issei… Como madre… ¿Puedo pedirte que cuides de ella?- dejando las manos sobre su hombro –Por favor-
Issei miró la espada… Bendita para la Iglesia, maldita para Karen Shidou.
-Mi corazón no podría soportar… Si Irina acude al campo de batalla… No podría aguantar que venga un sacerdote a decirnos que le ha pasado algo…-
El chico alzó la mirada.
-Siempre, no hace falta que te preocupes-
-¿De qué habláis?- preguntó Irina agarrándose al brazo del chico, mirándolos ilusionada.
-De tus deberes- sonrió Issei con malicia.
-Argh… Yo… Voy… Adelantándome!- chilló la chica saliendo a toda prisa del inmueble.
Karen Shidou se quedó atrás, viendo como la pareja interaccionaba con la mayor de las energías posible.
O al menos el chico intentaba seguirle el ritmo a su energética hija.
-DXD-
Cientos de personas se habían congregado en ese religioso evento.
Aparcando sin prisa, el evento había llenado los verdes jardines del terreno que rodeaba la enorme estructura de piedra grisácea adornada con un gran reloj y una campana en lo más alto…
Desde lo alto de la escalinata de acceso al edificio múltiples figuras ataviadas con hábitos cuidadosamente elaborados observaban orgullosos la cantidad de creyentes congregada.
-Semana a semana aumentamos el número de feligreses… El Cardenal estará orgulloso, no es fácil enraizar en un país como este-
-¿Crees que es sabio crecer tanto en número?-
-¿De nuevo con tus miedos?- saludando con la mano a la masa.
-Sabes tan bien como yo que estos terrenos están gobernados por demonios… La infame casa Belial se nos puede echar encima en cualquier momento…-
-Los Belial no nos pondrán un dedo encima, no temas tanto por nada, Touji-
-Pero Masaomi… La inquietud me carcome…-
-Tú confía en mí, los demonios, en esta ciudad, no son una amenaza… Además, ¿has leído la nueva circular?-
-Aún no he tenido tiempo, ¿Que nuevas nos traen desde la Santa Sede?-
-Una Paladín, jefe. Hoy mismo nos llegará un paladín que inspeccionará la situación- exclamó el japonés animado.
-¿Un Paladín?- exclamó el padre de Irina sorprendido -¿Un portador?-
-Así es, por fin nuestras plegarias serán escuchadas… ¡El portador de Galatine ha sido asignado a estas tierras para afianzar nuestra posición como credo mayoritario!- exclamó uno de los cardenales caminando hacia ellos.
-¡!-
Temeroso… Su mirada pasó a posarse sobre el pequeño Issei… Mirando a su hija junto a él.
-¿Cómo está tu familia? Tu mujer esta tan hermosa como recordaba… Y tu hija… Crece bien-
-…-
Touji apretó los puños asustado, mirando al cardenal con pavor.
El clérigo lo miró con frialdad, intencionalidad.
Touji Shidou sabía muy bien que quería ese hombre…
¿Cómo podía proteger a su familia de semejantes monstruos?
¿Por qué la Iglesia del señor daba cobijo a semejantes degenerados?
-DXD-
Caminando con celeridad Touji se abrió paso entre la multitud, con dificultad. Intentando desesperadamente mantener la calma, apartar a la gente con firmeza pero sin excederse, sin dejar que la preocupación sacase lo peor de él.
Ante todo se presuponía que su rango reflejaba su capacidad de mantener el temple, la mente fría, las formas…
Su objetivo estaba claro, tenía que alcanzar a su esposa cuanto antes… Tardando más de lo esperado se reunió con su esposa, tomándola del brazo, apartándola.
-¿Cariño?- preguntó la mujer sorprendida.
Su marido sudaba, estaba nervioso, la tenia del brazo con una fuerza inusual en él.
-Coge a Irina y llévatela de aquí-
La orden la sorprendió, Touji siempre había sido un hombre amable…
-¿De qué hablas?-
-Hay un exorcista… Con toda seguridad habrá un fragmento de Excalibur… Harán la prueba de forma masiva… Tienes que llevarte a Irina… ¡!- temiéndose lo peor al ver a un encapuchado cargando con un pesado paquete a su espalda caminar entre los invitados –Tarde… Tengo que…!-
En su mano había otro, pequeño, con una campana colgando.
CLINC
La campana del paquete sonó imperceptiblemente.
El hombre se detuvo en seco.
Mirando a su alrededor, revisando al público.
El paquete temblaba en las manos del exorcista.
Bajando la mirada al paquete, alzándolo sin dificultad, moviéndose apuntando con el paquete a las personas que le rodeaban.
Sonriendo con fuerza al ver como el aura sagrada emanaba con fuerza del paquete al quedar frente a una niña.
Irina alzó la mirada temblorosa.
Confundida, asustada.
Karen Shidou dio un paso al frente, Touji la detuvo.
Horrorizada miró a Issei, que la estaba mirando. Issei reconoció el miedo en sus ojos.
El exorcista se acercó a la castaña. Irina protestó preocupada. Un chico se había colocado en medio, alzando un brazo entre ellos.
La luz abandonó a la castaña pero la campana no dejó de sonar… Girando levemente hasta el chico… la luz nunca fue tan intensa antes…
El exorcista sonrió con fuerza, bajando el brazo, marchándose.
Irina se agarró al castaño por detrás, apoyando su frente en su espalda.
-¿Q-que quería ese hombre?-
-Seguramente hablar con una chica guapa…- respondió el chico girándose, tomando a la chica por los antebrazos –Pensaba que estarías más contenta de ver a un exorcista de primera mano…-
-N-no… Daba miedo-
-Era muy feo-
-¡E-eso no tiene nada que ver!-
A los pocos segundos llegó Karen, abrazando a Irina, sorprendiendo a su hija.
Touji llegó después, colocando una mano sobre su hombro.
-No tenías que haber hecho esto…-
-¿Vamos ya?- preguntó el chico intentando darle un toque de humor a la situación.
-Issei…-
-No creo que sea necesario decir nada…- dijo el chico serio, alzando una mano, deteniendo al hombre -Era la mejor opción-
Irina ladeó la cabeza al ver como los hombres se alejaban con pesadez en sus hombros.
La fuerza con la que su madre la abrazaba tampoco era buena señal.
(Gorou… Lo siento mucho…)
La Iglesia Ortodoxa se congratuló, horas más tarde, de poder anunciar que otro portador para el fragmento de la perdida y fragmentada Excalibur había sido hallado.
-Continuará en el próximo capítulo-
-SANGRE AZUL-
