Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.
- High School DxD –
[Draconic X Deus]
-Aquelarre – El Culto Prohibido-
-Reino Youkai del Este-
Cuando Nunarihyon llamó a su puerta siglos atrás pidiéndole que se hiciese cargo de los últimos nekomata tuvo sus dudas. Con muchos siglos a sus espaldas, Magari había viajado, vivido, reído y llorado mucho. Tanto como para comprender el valor de la vida, comprender los entresijos del ciclo de la vida y saber cuál era su posición en el mundo.
Sabia de la obra del youkai desde hacía ya un tiempo. En sus tiempos jóvenes, Nunarihyon se hizo famoso, infame para los exorcistas, y las lenguas contaban que había levantado un territorio por y para los youkai en algún lugar de la región de Kanto. Una región debidamente oculta y protegida que se había convertido en un refugio para su especie.
Sabiendo esto no le sorprendió cuando el anciano acudió a su puerta. Estaba buscando y reuniendo a ancianos de todas las razas, buscaba educar a los suyos en sus propias culturas, quería que un anciano de los nekomata educase a los últimos supervivientes en sus raíces culturales. Quería que su territorio fuese una especie de arca temporal que protegería la historia de sus protegidos, quería cultivar y conservar la cultura, las costumbres, las tradiciones…
Magari no estaba en contra de ello. Era muy consciente de la delicada situación de su especie, venida a menos en los últimos años. La creciente expansión de los humanos, la falta de fe en los dioses shinto y la industrialización estaban masacrando su estilo de vida. Diezmando su especie. Y finalmente estaba la caza de los exorcistas.
Dos bastiones, dos reinos se habían formado para esconder a lo último que quedaba de los youkai que deseaban vivir en sociedad. Podría haber acudido a la casa de Yasaka pero Nunarihyon apareció primero… Y con una legión de cachorros a sus pies no pudo decir que no.
Renunciar a su libertad para liderar a los últimos nekomata implicaba muchas cosas. Sabía que sus días de paz habían acabado, tarde o temprano el mal se ceñiría sobre ese reino, que tendría que volver a pelear. Que sufriría viendo a las crías que iba a educar pelear… y morir.
Pero ver a todos los cachorros correr con inocencia por las calles de la aldea reconfortaba toda duda y pesar.
Ver como los pequeños crecían sanos y fuertes, con todos los conocimientos de su raza en sus mentes, libres y preparados para tomar sus propias decisiones… Algunos crecían y colaboraban con la aldea, otros marchaban a otros rincones del Reino, otros incluso abandonaban el territorio…
Todo esfuerzo se veía recompensado con la llegada de una nueva cria… Y aunque todas eran igual de importantes a sus hijos naturalmente había diferencias. No todos somos iguales ni para los individuos ni para la comunidad. Una de esas crias fue Fujimai.
Fujimai fue una nekomata que llegó a sus brazos apenas siendo una cachorro. Una nekomata única. Una descendiente de la perdida variante Nekoshou. Unos nekomata especialmente sensibles al ki ya la energía natural. Desde bien pequeña mostró aptitudes excepcionales, bondadosa y con un carácter extrovertido se ganó la amistad y el respeto de la comunidad.
Como el suyo propio, era una hija para ella.
En una incursión al mundo exterior conoció a un humano, un investigador que tenía especial interés en su especie. Lo que inicio como una colaboración entre los nekomata y la ciencia exterior acabó en un dulce romance. Un dulce romance que duró lo que la investigación del hombre.
El final fue como no podía ser de otra manera, una tragedia.
La culpabilidad la perseguía en sus sueños. No podía evitar pensar si la hubiese educado mejor, si hubiese evitado que viajase al mundo exterior… Aunque sabía que todo aquello eran falacias. Que poco podía haber hecho para cambiar su destino… Y ahora se encontraba con dos crías. Dos cachorros. Una albina, un pelaje claro y brillante, reflejando con gracia el brillo del sol. La otra, de pelaje negro como la noche, hermoso y sensual bajo la luz de la luna.
Dos caras de una moneda, la herencia de Fujimai… Su hija…
Y justo al contrario que su madre… Las niñas no se parecían a ella.
La mayor, Kuroka, era tan salvaje y rebelde como ninguna, su alma libre como el viento. Su voluntad indomable. Una gata salvaje.
La menor, Shirone, dependiente y dulce. Asustadiza y servicial, seguía a su hermana allá donde fuese.
Ambas habían recibido enormes dones de la madre naturaleza, pero eso la preocupaba. Le preocupaba que la mayor se dejase llevar por esos dones consumida por las llamas y la pequeña no pudiese soportarlo.
Solo juntas podrían hacerlo… Ya que una complementaba el poder de la otra.
Pero con el paso de los años le resultaba imposible ponerla firme… Kuroka seguía con la mirada puesta en el exterior. Algo en el exterior le llamaba… Sabía que esa pequeña acabaría escapando al mundo exterior.
Eso la aterrorizaba. Sentía que Kuroka seguiría la desdicha de Fujimai. Que se marcharía lejos, fuera del alcance de su protección. Sentía que la perdía.
Sentía que perdería a la hija de Fujimai… Y que Shirone seguiría a Kuroka en su desdicha…
¿Pero cómo detener lo que en su día no pudo hacer?
Si no podía evitar que se marchase…
Si no podía evitar que…
Si ese investigador no la hubiese…
-¿Investigador?-
Y si…
-¿Y si escojo a su investigador?-
Alguien con quien creyese que las niñas pudiesen estar a salvo…
Las nekoshou eran criaturas especiales, unas de las más sensibles y poderosas, peligrosas. Necesitaba algo superior. No podía ser humano, una esperanza de vida descompensada llevaría a una profunda perdida, al dolor de la muerte…
Debía de ser un youkai, no había otra manera. Un youkai con un potencial considerable capaz de contener a Kuroka, guiarla y cuidar de la sensible Shirone.
¿Cuál es la raza más poderosa de entre todos los youkai? Y más complicado aún… ¿Dónde encontrar un ejemplar varón que reuniese todas las condiciones para ser elegido?
-¿Has dicho algo, nyaaaa?-
Volviendo al presente, Magari se encontró con Shirone en sus brazos, mirándola detenidamente, curiosa.
Kuroka permanecía estirada en el suelo, bostezando con fuerza.
-Abuela… La edad te pasa factura… Nya…-
-Kuroka… ¿Conoces la sorprendente historia del gato y el dragón?-
-Salem-
El fuego iluminaba el bosque. Un fuego fatuo suspendido en el aire.
Cinco mujeres vestidas de negro, capas a sus espaldas y sombreros picudos ocultando su rostro.
Todas giraron la cabeza al unísono, percibiendo la llegada de la última antes siquiera de formarse el círculo mágico.
De un destello casi imperceptible una anciana se abrió camino entre las sombras. Sus zapatos aplastaban las hojas secas a su paso, su capa arrastraba ramas rotas.
-Dudo que te disculpes por el retraso…-
-No dudes, no lo voy a hacer- respondió la recién llegada.
-La Bruja del Sur nunca ha sido la más educada…-
-¿Qué os pasa? Estáis fuera de ese repugnante espacio cerrado… Respirad aire! Del puro!-
-Sin aire en los pulmones te vas a quedar como el Rey Oz sepa de esta reunión en el mundo exterior…-
-¿A quién le importa el Rey Oz?-
La más anciana de las brujas golpeó el suelo con su bastón, imponiendo su autoridad a las demás.
-Glenda… Que esta reunión no sea una pérdida de tiempo- ordenó la más anciana de las brujas, apoyada sobre un bastón delgado de madera.
La Bruja del Sur tomó posición en el círculo, observando el fuego fatuo con adoración.
-Como está la niña-
-Sana. Crece bien, para ser humana-
-¿Y su mente?-
-Ha olvidado todo rastro del pasado…-
La anciana bajó la mirada pensativa.
-Has dicho que es poderosa en la magia…-
-Mucho, más que todas nosotras, absorbe como el papel la tinta todos los conocimientos que le enseño…-
Varias brujas empezaron a susurrar entre ellas.
-Pero hay algo más… Esa muñeca…!-
-Es una Reliquia Cristiana del más alto nivel… Lo sabemos- la interrumpió la anciana.
-¡¿Lo sabíais?!-
-Por supuesto… Tenía que preparar contramedidas para cuando ese demonio nos traicione…-
-¡!-
-Así como tú has tomado una nueva discípula… Yo he hecho lo mismo, Glenda-
-¡¿Augusta ha tomado una nueva discípula?!-
Las brujas repararon por primera vez en una sombra encapuchada en la distancia tras la anciana.
Permanecía inmóvil, en silencio.
-No me interesan sus aptitudes, me interesa el motivo por el que nos has convocado. ¿El vínculo es real?-
-Lo he comprobado con mis propios ojos. La niña sufre, esta triste… Y ha abandonado el Reino de Oz usando su propio poder-
-¡!-
Augusta miró detenidamente a Glenda.
-No puedo explicarlo- negando con la cabeza –No tenía los conocimientos, su poder es magia básica, elemental… Pero de alguna manera de alejó de mi castillo y se trasladó al mundo humano-
-¿A dónde?-
-Siguió el vínculo con completa fidelidad. El círculo mágico la intentó llevar a unas instalaciones de formación religiosa-
-¿Cómo?-
-La barrera la rechazó… Dejándola a las afueras- sonrió la bruja –Y como no podía ser de otra manera la recibió el dragón-
-¡!-
-Tal y como dijo el demonio no solo que no la arrestó, tampoco la mató pese a percibir magia en ella… Seguro que tenía órdenes para ello… Dejó que se marchase-
-Interesante…- volviendo su atención al fuego.
-La niña no pareció reconocerlo… Pero su actitud ha cambiado. Esta más abierta y extrovertida…-
La anciana meditó unos instantes en silencio.
-La atracción es real. El dragón está trabajando con la Iglesia… Es rastreable…-
-¿Vamos a pelear contra la Iglesia?- preguntó una bruja preocupada.
-¿Qué sabemos del dragón?-
-Joven, un niño… Una de las esperanzas de la Iglesia… Porta a Excalibur-
-Un matabrujas…- siseó la anciana.
Las brujas susurraron nerviosas.
Augusta endureció su mirada.
-¿El objetivo a matar en un enemigo natural nuestro?-
-Usemos a la niña!-
-La niña es prescindible!-
-Si la espada matabrujas la asesina no será una perdida a lamentar…-
-¡Y si lo mata habremos eliminado a un carnicero más!-
-Es demasiado peligroso…-
-Un exorcista… Un oficio peligroso… Puede sufrir accidentes…- mirando a Glenda.
-Augusta…- murmuró una bruja agarrando su bastón con fuerza –Podríamos usar a las abominaciones de Pheles…-
-Si… Las ansias de guerra del hombre… La Iglesia está en constante conflicto con lo sobrenatural…-
-Una chispa podría incendiar el bosque, los hombres de dios enviarán a sus soldados… Los jóvenes necesitan combates, formación-
-Ocasiones…-
-¿Pero cómo forzaremos un encuentro?-
-Mephisto Pheles… Grauzeuberer…-
-¿Cómo se atrevió?-
-Maldito sea…-
-No… Ese demonio es el camino…- siseó Augusta –Un demonio… Creó una organización mágica… Estará interesado en la niña… Una bruja que posee un poder sagrado trabajando para un demonio… ¿Qué más podría atraer la atención de un talentoso exorcista?-
-La diferencia de edad es significativa… Se llevan cuatro años…-
-Si el vínculo es tan fuerte como dice Glenda no será necesaria ninguna otra intervención por nuestra parte-
La figura en el trasfondo sonrió perversamente.
-Casa de los Shidou-
Touji Shidou había iniciado su camino de sacerdocio en su adolescencia. Tras una infancia complicada encontró la rectitud en las palabras de Dios, encontró una manera de escapar de la extrema exigencia de la sociedad japonesa en las iglesias cristianas.
No pasaría mucho tiempo antes de conocer al amor de su vida, una mujer ajena a la Iglesia que respondiendo a su afecto aceptó y se comprometió a adoptar un estilo de vida religioso.
Esa decisión no hizo más que reafirmar sus sentimientos por ella. Unos sentimientos que crecieron al nacer su hija Irina… Sentimientos que se tambaleaban cuando sacaba a relucir su auténtico temperamento.
Cruzada de brazos, sentada en el sofá, su aura diabólicamente protectora de protección maternal se mantenía firme frente la presencia de Venelana Gremory.
Una mujer humana, convencional, sin habilidad o capacidad especial alguna. Su mirada dura se posaba sin amedrentarse en los ojos de la demonio.
Una poderosa demonio, tanto en poder como en influencia.
Una rival que se había atrevido a tentar a su hijo adoptivo.
Touji miraba a su esposa asustado.
Zeoticus escondía una sonrisa tras su mano.
-¿Issei… Shidou?- preguntó Venelana con desdén, mirando de reojo un documento en una pequeña mesa entre los sofás.
-Así es, Issei Shidou. Nuestro hijo adoptivo- reafirmó Karen.
-Issei ya tiene una familia adoptiva, nosotros, los Gremory-
-Humph!-
-¿No lo reconoces?-
-Mi hijo me ha contado repetidas veces lo bien que lo tratáis…-
-No me has respondido…-
-Ah, perdón…- se disculpó la Shidou desviando la mirada.
-Cariño…- empezó Zeoticus mirando a su esposa.
-Silencio- siseó la demonio molesta.
-Creo que podemos encontrar un punto medio…- intervino Touji.
-No quiero medio hijo, Touji-
-Nuestro hijo vive entre dos mundos… Y aunque lamentablemente su familia no está, puede decir que tiene otras dos que le quieren igual- dijo Zeoticus desafiando a su esposa.
-Issei puede ser tanto un Shidou como un Gremory…- continuó Touji motivado por el comentario del pelirrojo.
-Touji Shidou… Me veo obligado a darte las gracias-
-¿Dar las gracias porque?-
-Issei Shidou estará mucho más seguro en sus actuales circunstancias que Issei Gremory…-
-Entonces te las doy yo también, se de primera mano que habéis cuidado de él aun fuera de vuestro territorio-
Los maridos se miraron con complicidad.
Las esposas mantenían el pulso.
-¿Issei Shidou mientras estudie en la Iglesia?- preguntó Venelana con desconfianza.
-¿Issei Gremory mientras esté en el Inframundo?-
Las mujeres se miraron detenidamente.
-Me parece aceptable- dijo Venelana.
-Es una buena opción- concedió Karen.
-Total… En unos años se casará con Rias/Irina-
-¡!-
Las chispas volvieron a saltar entre las mujeres.
Los maridos se miraron con cierta empatía… La reunión no acabaría pronto.
-Croce di Pietro-
Las separaciones con Gabriel siempre habían sido un drama. Cada vez que partía para volver a casa… Ya fuese en Japón o para ir al Inframundo, Gabriel le montaba una escena. Nunca se lo había tenido en cuenta, siempre había pensado que su preocupación era algo emocional, forzoso y hasta traumático. Algo visceral.
En repetidas ocasiones había meditado al respecto y siempre llegaba a la misma conclusión.
Era importante dedicarle unos instantes a entender su relación.
Gabriel era una Arcángel, un ser sagrado creada por un ente divino, un ser con un propósito y unas características definidas. No era un organismo que la vida había concebido para un propósito genérico como era compensar la creación y darle un papel en la harmonía de la convivencia, no. Gabriel era un Arcángel creado por Dios para un propósito muy concreto, un propósito que si bien se podía intuir, solo Dios conocía. La Iglesia y el mismo Cielo la habían encasillado en múltiples roles… Él no creía que Dios la hubiese creado para algo tan banal.
Dudaba mucho que… Obviamente no conocía a Dios, solo sabía lo que había leído tanto en el mundo humano como en el plano inferior. Ese era un tema tabú que de forma unilateral había decidido ignorar, no tratar, con la Arcángel.
Gabriel era una mujer increíble, puro amor e inocencia. Fidelidad y compasión. Bondad y alegría… Nunca se quejaba, siempre sonreía.
Era una existencia miles de millones de veces más alegre, proactiva, positiva… Quizás podría llegar a admitir que ella era el motor en su vida. Quien la empujaba a hacer y hacer…
Respecto a su condición no tenía nada que decir, podría pasar por una mujer joven corriente, con unas proporciones imposibles y una belleza paranormal, pero su actitud era la de una joven ingenua y despreocupada. Quizás todos los ángeles eran así…
La convivencia era francamente sencilla y agradable, Gabriel se amoldaba y adaptaba a todo. Con una insultante facilidad había leído, aprendido y asimilado su rutina diaria, su forma de ser y se había integrado en su día a día sin apenas percibirlo. Un solo día en Croce Di Pietro sin Gabriel se le hacía insufrible, es más, su mente no dejaba de confeccionar planes y estrategias para hacer su vida eventual en el Inframundo con la presencia de esa mujer. Porque si algo tenía muy claro eran los sentimientos que le procesaba esa arcángel.
No sabía que los había generado, cuando se había ganado el corazón de la joven o como… Pero ahí estaban y eran muy reales.
Sabía perfectamente que Gabriel conocía de sus vínculos para con el Inframundo, pero siendo tan comprensiva y tolerante nunca había puesto inconveniente alguno. Quizás incluso demasiado ingenua como para advertirle de los peligros innatos que comportaba jugar a dos bandas.
Con el paso de los días, Issei había llegado a la conclusión, había asimilado y aceptado que Gabriel había llegado para quedarse. Que la joven llevaba demasiado tiempo esperándole como para dejarle marchar. De alguna forma, visceral incluso, sabía que lo seguiría aun llegando al punto de irse a vivir al Inframundo…
No era que no estuviese interesado en su pasado, en su vida, solo que si ella no quería hablar por ahora lo dejaría estar.
Dios, el Cielo… Que importaba todo eso ahora.
Respecto a Gabriel solo le interesaba saber que ella estaba bien a su lado… El resto podía esperar.
-Pero yo quiero ir contigo…- murmuró la chica cabizbaja, jugando con sus dedos.
-De eso nada, preciosa- dándole un toque en la frente con su dedo índice –Tu hermano te espera en el Cielo, si no vas tú bajará él…-
-Pero yo quiero quedarme contigo…-
-Estaré aquí el lunes por la mañana… Cuando te despiertes te estaré esperando con un café y el desayuno preparado-
-¿Me lo prometes?-
-Por supuesto… ¿Y quién podría romper una promesa con alguien con esa carita tan preciosa?-
Gabriel sonrió contenta.
-Dale recuerdos a tu hermano ahí arriba- cargando con su mochila, tomando a Destrucción, entrando en el círculo mágico.
-Y tú a la pequeña Irina- despidiéndose con la mano, observando como el dragón desaparecía en un destello de luz.
-DXD-
Cerrando el libro, el joven dragón apretó el botón en la barra del autobús, marcando la siguiente parada. A los pocos minutos el vehículo se detuvo, abriendo las puertas de par en par.
Alegremente, el chico recorrió las calles sin prisa.
La quietud de las calles japonesas le parecían un regalo en comparación con las bulliciosas calles europeas.
Aunque pensándolo bien el volumen de gente no era inferior…
"Instituto Medio Kuoh"
Su destino, dada la hora tardía del viernes, no era otro que el instituto local. Con una sonrisa en el rostro rescató su libro, sentándose en un banco en el exterior del recinto.
No tuvo que esperar mucho para empezar a ver colegialas abandonar el recinto.
Irina estudiaba en un centro solo para chicas, un regalo para la vista.
Algo jóvenes para su gusto… Pero eso mejor que nada. En Croce lo mantenían lejos de las chicas… Aunque Gabriel lo compensaba todo con CRECES.
-¡Nooooo! Papa! ¿Se ha olvidado otra vezzzzzz?- protestó cierta castaña alzando los puños.
-Irina-chan. ¿Touji-san no ha venido?- preguntó una mujer, alguna de las madres de sus compañeras.
-Si quieres podemos acompañarte…-
-No es una buena idea… Irina se parará en todas las pastelerías poniendo su cara de cachorrito y…-
-¡Issei-kun! Eso no es cierto! Solo me paré en una y… ¡Issei-kun!- exclamó sorprendida, saltando a los brazos del joven.
-Buenas tardes preciosa…- sonrió el chico acariciando el cabello húmedo de la Shidou.
-¿Le conoces, Irina-chan?-
-Me llamo Issei Hyodo. Vivo con los Shidou… Touji Shidou-san me ha enviado para buscar a Irina-chan-
La mujer lo miró sorprendida, observando como Irina mantenía agarrado de la mano al recién llegado.
-Bye, bye! Nos vemos mañana!- se despidió la castaña emocionada antes de mirar con devoción al chico -¿Cómo es que has venido tan pronto?-
-¿No puedo venir pronto?-
-¡No… si! Te esperaba para mañana!-
-Yo con ganas de verte y tu queriéndome bien lejos…- desviando la mirada.
-¡Issei-kun! No te burles!- protestó la Shidou.
-Sin clases y sin currito he decidido venir antes y darte una sorpresa… Aunque he llegado tarde, habías acabado las practicas…-
-Te has perdido un combate apasionante! Las senpai han entrenado entre ellas! Ha sido increíble!-
-¿Senpai? ¿Qué edad tienen?-
La Shidou se detuvo.
-¿Qué importa la edad?-
-La edad importa-
-Lo que importa es lo buenas que son!-
-Lo buenas que están!-
-Lo buenas que son con la espada!-
-Semántica!-
-Humph!-
Soltando al chico, empezó a caminar dirección a casa.
-Irinaaaaa-
-Humph!-
-¡Irinaaaaaaa!-
El castaño tomó la mano de la niña.
-¿Han luchado bien?-
-¿Ahora te interesa?-
-Tu si, ellas no… Habla, habla-
-…-
-Irinaaaaaaa-
-El duelo…-
-¿Si?-
-Issei-kun! ¡El duelo ha sido la ostia!-
-¿Lo crees? -
-¡Primero hizo bumm, y luego bumm y luego bam! ¡Y lo dejó K.O! -exclamó la chica gesticulando con una espada de madera imaginaria –¡Motoko-senpai es increíble! -
-… -
-¡Yo también quiero aprender a luchar así! -rugió alzando un puño con estrellas en sus ojos antes de girarse para mirar al Hyodo –Seguro que la podrías ganar en un duelo…-
-¿Por qué dices eso?-
-Tú te estas formando para eso y más!-
-Eso dicen…-
-¡Entrenaré duro! Y necesito que me ayudes!-
-Ya hemos hablado de eso…-
-¡Quiero hacer que mis padres estén orgullosos! -exclamó la chica con una sonrisa en su rostro.
-… -
-Y como no soy buena en clase… No soy buena en los estudios, pero si en los deportes, por lo que… ¡Lo haré con la espada! -alzando los puños al aire -¡Seré la mejor del muuuuundoooooo! -gritaba mientras daba saltos de alegría.
-¿Entonces quieres ser exorcista o deportista profesional?-
Irina le devolvió la mirada avergonzada.
-Para eso necesitas entrenar mucho… Y levantarte temprano -murmuró el chico con media sonrisa.
-Hay… ¡¿Hay que levantarse temprano?! -exclamó aterrorizada la castaña.
-MUY temprano -cruzándose de brazos, fingiendo seriedad.
-¡! -retrocediendo unos pasos -¡No es cierto! ¡No es ciertoooooo! ¡Odio levantarme tempranoooooooo! -exclamó corriendo.
Alejándose a toda velocidad, llorando a lágrima viva.
-Hacer… Que tus padres estén orgullosos… -susurró mirando al cielo.
-DxD-
Secándose las manos con un trapo, Karen Shidou vio cómo su hija irrumpía en casa, subiendo a toda velocidad por las escaleras.
-Ver a Irina tan alterada…- dejando el trapo en la cocina se desplazó al recibidor, esperando unos minutos.
Al poco una sonrisa adornó su rostro al ver la puerta abrirse. Una sonrisa provocada por unos traviesos ojos rojos acompañando una mordaz sonrisa.
-¡Issei-kun! ¿Ya has llegado? ¿Cómo ha ido el día cariño? -preguntó Shidou Karen observando al castaño entrar al hogar, riendo levemente al sentir los brazos de su ahijado envolver su cintura –Me alegra tanto tenerte en casa-
-Ya estoy en casa- abrazando a la mujer con afecto –Me han dejado libre de la cárcel antes de tiempo-
-¿Y has sido buen en esa cárcel?-
-No creo que se quejen…-
Karen sonrió cálidamente mirando el rostro del Hyodo, acariciando su cabello.
-Irina ha llegado llorando hace unos minutos… ¿Sabes algo?-
-No sé qué ha podido pasar… -desviando la mirada.
-Decía algo sobre levantarse temprano -murmuró curiosa con un dedo en sus labios.
-… -
-¿Seguro que no sabes nada? -mirando al chico divertida.
-Nup... -
-¿Y no tienes nada que decirme? -preguntó con una sonrisa cariñosa en su rostro.
-No, nada… -respondió el menor.
-Solo hay una persona por la que se alteraría tanto…-
-¿Su preciosa madre?-
-Bueno. Dejando eso de lado… Que alegría tenerte en casa tan pronto…- susurró la mujer acariciando su rostro -¡Hoy haremos una cena especial!-
-En eso puedo ayudar!-
La mujer lo miró sorprendida.
-¿Quieres ayudar?-
-Mi compañero de piso es un cocinitas, algo he aprendido-
La mujer se levantó contenta.
-Será un placer tener a un ayudante tan dulce y colaborador!- sabiendo perfectamente que Irina los observaba ya con su pijama integral de coneja desde la puerta –Al contrario que alguien que yo me sé-
-¡Humph!-
Molesta, la joven Shidou se marchó corriendo.
Apenas tardaría unos minutos en volver, enganchándose al dragón mirando curiosa que cocinaban.
-Archipiélago al sur de Japón-
De nuevo se encontraba caminando entre la niebla. Un pasaje no reconocido, sin nada en particular que pudiese relacionar con nada.
No había sol, no había luces, no había nada excepto asfalto y niebla.
No importaba cuanto caminaba nunca alcanzaba a tocar nada, podía correr y correr sin llegar nunca a tener nada que tocar con sus dedos.
Chillaba y chillaba… Nadie parecía escucharla. No, nadie acudía en su auxilio porque estaba completamente sola.
Pero siempre sabia adónde ir, pese a la nula visibilidad siempre sabia adónde ir.
Caminando en alguna dirección durante un tiempo indeterminado… Siempre alcanzaba una hoguera.
Madera ardiendo dentro de un muro de piedras, un fuego controlado por las manos de un individuo sentado sobre un tocón. Una figura masculina, de espaldas anchas y brazos trabajados. Un rostro oculto por una conveniente sombra… que solo dejaba entrever una sonrisa burlona.
Una sonrisa que despertaba al instante una inmensa alegría en ella, borrando por arte de magia toda preocupación. Temblorosa se sentó junto a él, apoyando su cabeza en su hombro.
Relajándose… quedando en paz.
Nunca hablaban… Él solo sonreía, nunca hablaba… No importaba lo mucho que lo intentase.
Pero la peor parte no era esa… Cuando su corazón se había calmado, cuando ya estaba en paz y harmonía el hombre desaparecía… Y a ella se le rompía el corazón.
Llevando sus manos al rostro, lloraba y lloraba… hasta despertarse.
Sudando en su cama, el rostro cubierto de lágrimas y un vacío en su corazón, en su pecho…
-DXD-
Vestida con su uniforme escolar bajaba a la planta principal, recorriendo el pasillo exterior que tocaba con el patio. Un jardín modesto con un hermoso estanque. En el salón principal la esperaba el servicio con el desayuno sobre la mesa. Las sirvientas, en silencio, esperaban pacientes en las esquinas, con la espalda contra la pared y las manos cruzadas sobre su vientre.
Ni rastro del anciano, ni rastro del patriarca de la casa. Ni rastro de niños, de compañeros… Ni rastro de nadie con quien hablar.
Tras un desayuno silencioso tomaba su mochila y abandonando el recinto para tomar el vehículo que la llevaría a su selecto centro escolar siempre se giraba.
Su mirada se posaba en el norte… Sentía, como un faro en la distancia, que algo la llamaba… Aunque últimamente la sensación de hacía más débil y cambiaba su posición… Era extraño.
Los Himejima siempre habían formado a sus miembros. En el mismo recinto en el que eran adiestrados en las artes místicas recibían educación exterior. Con el tiempo los medios familiares quedaron demasiado desfasados, el mundo se movía demasiado deprisa para asimilar ese cambio. Tampoco tenían intención de hacerlo, por lo que permitieron que los más jóvenes recibiesen esa formación siempre bajo una estricta vigilancia y tutela.
A lo largo de las últimas lunas, una duda había ido creciendo en su mente, un pensamiento turbio había ganado en intensidad.
Había algo más en el norte, había algo importante para ella en el norte… Y si…
Negando con la cabeza, se detuvo frente a la berlina que la llevaría al complejo Himejima…
-Volveré con mis propios medios- dijo seria mirando al mayordomo inclinando junto a la puerta abierta del vehículo.
-¿Esta segura, señorita?-
La morena no respondió, simplemente empezó a alejarse a paso rápido.
La ruta la conocía a la perfección, tomando un autobús con el que atravesar la isla, llevándola al extremo norte, donde pasearía descalza por la playa hasta dar con una cala escondida… subiendo por la ladera, alcanzando un barranco.
Entrelazando sus dedos, lanzando un sello al aire, convocando una enorme ave blanca con el cuerpo repleto de grabados en tinta.
Lanzándose al vacío… cayendo sobre el lomo del pájaro… La morena recorrió el espacio entre las islas sintiendo como la brisa del mar mecía su cabello, alzando los brazos, cerrando los ojos…
Volando hacia la libertad.
-DXD-
Ageha Himejima solía decir que el vínculo entre ella y su prima era extremadamente intenso. Podía confiar en sus sabias palabras, Ageha pasaría a la historia como una de las más poderosas exorcistas de la familia. Desplazada y apartada por motivos personales, nunca profesionales. Ella era una de las elegidas, como se las solía conocer en la familia. Descendientes directas de la Gran Fundadora. Mujeres con un físico sorprendentemente parecido con otra peculiaridad, solo había una por generación.
Algo que se rompió en la anterior generación.
El liderazgo de Suou Himejima seria registrado y recordado como el más polémico de toda la historia de la familia.
Dos sucesos marcaron su mandato. La primera fue el encuentro maldito entre la "elegida" de la generación y su caída en desgracia.
Shuri Himejima conocería a su futuro esposo de la manera más fortuita posible, y por amor, se rebelaría a la familia. Suou, un hombre especialmente conservador, renunció a la "elegida" para no manchar la línea de sangre. Una decisión que no fue bien recibida en las otras Principales Familias, que, por consenso, decidieron sentenciar a muerte a la mujer.
No se podían permitir el lujo que semejante prodigio mágico, milagroso, cayese en manos impuras. Una sentencia que no pudo ser ejecutada dada la influencia del marido. Las Cinco Principales Familias no querían una guerra abierta con Grigory, la única organización oficial conformada por Ángeles Caídos. Y no caídos cualquiera, los grandes héroes de la Gran Guerra estaba ahí…
Shuri fue expulsada, desheredada, repudiada… Pero seguía con vida.
El segundo incidente sucedió poco después. Otro duro golpe para Suou que provocó que su corazón se endureciese aún más.
La línea de sangre se había contaminado. Un nieto lejano, alejado de la línea principal, había nacido con un poder extranjero, un poderoso poder extranjero. Una aberración, un hibrido de poder divino shinto y cristiano.
Suou Himejima ardió de rabia, de furia… Y de dolor. La nueva orden de ejecución fue redactada en vano. Su hermana, el mayor talento de su generación, lejos de ejecutar al niño lo tomó en adopción, selló dicho poder y se marchó para criarlo como a un nieto propio…
Su querida hermana, Ageha, la había traicionado.
Pese a ser quien era y como era, no había tenido el valor de sentencia a muerte al ser más amado por él. Suou Himejima no pudo mandar matar a su amada hermana.
En su lugar se encerró en sus pensamientos. En sí mismo. En su despecho. Ahogando su dolor en sus creencias, en sus obligaciones… Y cuando creyó que todo empezaba a funcionar, que su liderazgo pronto daría frutos… Nació ella. La nueva Suzaku, la elegida de la generación… Hasta el nacimiento de su prima. La ultima broma del destino. El último ataque de la ironía. La cruel respuesta de los dioses a sus plegarias.
Dos elegidas, idénticas, con idéntico físico, idéntico poder, idéntico talento… Una pura, la otra impura.
Suou Himejima cambió para siempre. Para mal.
Y Suzaku vivía constantemente con el miedo que su ira estallase, estallase con su amada prima, la niña a la que quería como a su propia hermana.
El final de su camino…
Las escaleras que daban al templo… En lo alto de la ladera la esperaba una llanura cubierta por piedras blancas. Múltiples edificios, algunos altares y un pequeño huerto.
Las lágrimas caían por sus mejillas. ¿Estaría a tiempo de proteger a Akeno siendo "Suzaku"? ¿Siendo "Suzaku" podría protegerla?
-En cuanto él de con la manera de burlar a Grigory la matará…- sollozó bajando la mirada.
Llovía a cantaros. Pero no le importaba. Estaba hundida. Desesperada.
Apretando los puños con todas sus fuerzas… Ladeando la cabeza imperceptiblemente.
Esa sensación… No era Akeno. Akeno debía de estar en el templo…
BADUM
BADUM
Su corazón bombeaba con fuerza y no sabía porque… Y esa sensación se hacía más y más fuerte. Como nunca antes.
La lluvia se detuvo.
No podía respirar. Girando levemente la cabeza vió una silueta de un hombre junto a ella sosteniendo un paraguas.
No podía respirar.
Su aura, embriagadora, nublaba su mente y sus sentidos. Esa persona, fuese quien fuese, desprendía una energía que la intoxicaba.
La excitaba.
-Veo que te gusta el agua de la lluvia…-
-¡!-
…
Llovía a cantaros, tanto que el que llevase o no un paraguas en la mano era algo puramente anecdótico. Zapatos y pantalones empapados, podía dar gracias que los calzoncillos aún estaban secos… No era algo que le preocupase, con su forma adulta y el traje negro que solía llevar cuando visitaba a los Gremory podían estar lo mojados que quisiesen. La ropa en la mochila estaba seca, solo necesitaba un lugar donde cambiarse antes de dar con Akeno…
Resignado, el chico metió las manos en sus bolsillos y se dispuso a emprender el camino al templo… Pringando como un campeón.
-La bronca de Tenshi no va a conocer limites…- Ya se imaginaba el rostro de la niña frunciendo el cejo adorablemente, inflando los mofletes los puños cerrados sobre su pecho.
Pero algo llamó su atención… alzando una ceja, había una figura frente a él. A las puertas del primer torii, en la falda de la montaña había una figura.
Femenina, aunque el paraguas tapaba su rostro. Un aura familiar que relacionaba con Akeno… Un cuerpo femenino cubierto por un uniforme de marinera, escolar, camisa blanca bajo una chaquetilla y una falda plegada que le llegaba a las rodillas. Un generoso cuerpo perfectamente desarrollado.
Aunque no creía que el ombligo al aire, mostrado por llevar una camisa demasiado corta, fuese algo protocolario.
Su cabello, negro como la noche, cubría su rostro, cayendo por sus hombros. Húmedo. Mojado sin misericordia por el agua de la lluvia.
La joven permanecía bajo la lluvia sin refugio alguno, cubierta o paraguas.
Absorto en su entusiasmo no se percató en la altura de la mujer. Aquella no era una niña, era una adolescente.
Con las manos en los bolsillos, Issei se quedó a su lado, cubriendo a la joven con el paraguas. Su chaqueta lo protegería un tiempo del agua…
La joven apenas reconoció su presencia, ladeando su rostro para mirarlo.
-Veo que te gusta el agua de la lluvia…-
-Tú…-
Su voz era suave, melodiosa, una delicia al oído. Se le antojaba exquisita. Tanto como la de su tenshi…
-Déjame sola…- volviendo su vista al frente.
-Ah, no, no… No pienso dejar a una chica preciosa, descalza, llorando sola en mitad de una tormenta…- sonrió el dragón observando a la desconocida detenidamente.
Una autentica belleza oriental con el rostro bañado por el agua… y lágrimas.
La chica compartía su extraña tonalidad de iris. Aunque a diferencia de los suyos, los femeninos estaban sumergidos en desesperación y eso, por algún motivo, le rompía el corazón.
-¿Te ha dejado tu novio?- preguntó Issei con curiosidad.
-¿… Novio…?- uniendo su mirada a la del dragón.
-Una chavala tan guapa… Mmm… No… Me preguntaba… ¿Cuál es el motivo por el que nos estamos mojando bajo la lluvia?-
-…-
El castaño no aguantó mucho tiempo en silencio, mirando a sus alrededores nervioso.
-Si ese capullo no te sabe valorar no tienes que sufrir por ello…-
-No tengo novio, nadie me ha dejado…-
-¿No tienes novio? Eso me podría interesar…-
La joven lo miró fijamente, seria.
-Vale… No hay novio… ¿Te has quedado embarazada sin novio y tu padre te ha largado de casa?-
La mirada fulminante que le dedicó la joven podría asustar a cualquiera.
-Ah, no, no. No me mires así que pinocho se despierta…-
Chasqueando la lengua decidió ignorar su comentario.
-Alguien está reaccionando… Sea cual sea el problema… Has venido a un templo buscando una intervención divina...-
La morena volvió la mirada al frente.
-Alerta de spoiler… A los dioses les importas entre poco y nada. Ya has recibido tus dones, dicen que no molestes más-
-¿Ya he recibido mis dones?-
-¿Quieres que te los nombre?- mirando descaradamente su pecho.
-Pervertido…- susurró sin fuerzas.
-¿Puedo hacerte una proposición?-
-¿?-
La morena lo miró con una ceja alzada.
-Conozco a la familia que cuida del templo… Te puedes dar una ducha caliente, ponerte algo de ropa seca y contarme lo que sea que te preocupe con una buena taza de té caliente…-
No sabría decir que se le pasó por la cabeza o que le movió a actuar… Pero sin darse cuenta su mano se había levantado. Su brazo se había alzado. Sus dedos se habían extendido.
Sus yemas se posaron con toda la suavidad posible sobre la mejilla de la morena. Una placentera sensación recorrió su cuerpo.
-¿De que conoces a las sacerdotisas?-
-Soy un devoto creyente…-
La joven no hizo nada por retirar su mano, todo lo contrario, inclinó su rostro, cerrando los ojos.
-No te creo…-
Issei apartó la mano para colocarla en la frente de la morena.
-Estas ardiendo, sube, te tomarás ese baño y ese te. Yo hablaré con Shuri-san-
-¿Conoces a Shuri-dono?-
-¿Shuri-dono?- alzando una ceja curioso -¿Puedes coger el paraguas?-
No podía negarse a sus órdenes…
-¡Aúpa!- exclamó Issei tomando a la morena en brazos, al estilo princesa.
-¡¿Q-que te crees que estás haciendo?!-
-El paraguas, el paraguas… Que nos vamos a mojar!-
-Suéltame… Su-eltame…- susurró sin apenas fuerzas, apoyándose contra su hombro.
Absolutamente relajada, Suzaku se desmayó en brazos del desconocido.
Issei exclamó molesto al ver el paraguas caer, apresurándose al ver a la morena inconsciente en sus brazos.
-DXD-
Cómoda, caliente, reconfortada, la joven empezó a abrir los ojos. Acurrucándose bajo la manta, buscando el calor del fuego.
Al mirar al fuego vio al joven desconocido, sentado frente al fuego, mirando las llamas con calma.
Cubriendo su rostro con la manta, lo analizó detenidamente.
El castaño se percató de su presencia, mirándola con una sonrisa.
Sintiendo su rostro arder, ocultándose por completo bajo la manta.
-Parece que hoy no es tu día… Shuri no está… La familia al completo se ha marchado de viaje…- inclinándose para tomar una tetera sobre el brasero. Sirviendo el agua caliente en dos tazas de cerámica –Una lástima si habías venido a verla expresamente…-
-Yo no… No había venido buscando… No quería consejo-
-¿No? ¿Entonces que quiere una estudiante de un templo?-
-¿Qué buscas tú?-
-Yo vengo obviamente por las sacerdotisas!-
La morena lo miró furiosa.
-Shuri-san ofició el entierro de mis padres… Ese día conocí a tenshi, desde entonces cada vez que estoy por la zona vengo a verlas-
-No lo sabía… Perdona… Mis condolencias…-
-Naaaaada, nada-
-¿Quién es tenshi?-
-Akeno, por supuesto-
-¡!-
-Tómatelo mientras esta caliente…- dijo el chico ofreciendo una taza de té.
-Muchas gracias…-
-No hay que darlas… ¿Quieres hablar de porque estaba cierto bombón descalzo bajo la lluvia frente al templo?-
La belleza empezó a bufar el té, disfrutando del calor que emanaba la taza.
-Entiendo…- volviendo su vista al fuego –Estas enferma, la fiebre te ha bajado algo… Shuri-san tenía algunas medicinas, puedes tomar alguna… Y darte un baño caliente, lo he dejado todo preparado-
-… No tenías por qué hacerlo-
-En realidad creo que no tenía muchas alternativas…-
-¿Cómo que no tenías…?-
-No me preguntes porque no sabría responderte…- rascándose la nuca –Puede que sea amor a primera vista!-
La morena tosió con fuerza.
-Perdón, perdón…- rió el joven arrodillándose frente a la Himejima, tomando su taza con cuidado –Es solo que siento una inexplicable atracción hacia ti…-
-¿Sueles abordar así a las mujeres? Es acoso-
-No te diré que no…- volviendo a su posición original antes de mirar su reloj de muñeca -¿Tienes como volver a casa?-
-…-
-¿Te llamo a un taxi?-
-No vivo en la isla…-
-¿Qué no vives dónde?- girándose para mirar por la ventana –A estas horas dudo que haya ferris…-
-Eso no será un problema…-
-Mmm…- levantándose lentamente –Tu ropa se está secando…-
-¿M-mi ropa?-
-Obviamente. Estabas empapada. No podía dejarte dormir con eso puesto…-
Los labios de la adolescente empezaron a temblar descontroladamente. Bajando su mirada, viendo un suave camisón de seda cubriendo sus curvas.
Tampoco sentía nada debajo.
-Te diría que una mujer te ha desvestido y vestido… Pero no hay otra mujer aquí que no seas tú…- encogiéndose de hombros –Y chica déjame decirte algo-
-Q-q-q-que…-
-El hombre que escojas como novio… Será uno MUY afortunado!-
Sonrojada, furiosa, se levantó rápida como un rayo, golpeando con todas sus fuerzas el mentón del desconocido. Noqueándolo.
Jadeante, se cerró el camisón. Claramente incomoda corrió en búsqueda de su ropa, cambiándose todo lo rápido que pudo, poniéndose las prendas parcialmente húmedas.
Furiosa buscó y buscó sus braguitas, no las encontró. Y sabia, SABIA, que el desconocido tenía algo que ver.
De pie frente a su cuerpo inconsciente lo analizó detenidamente.
Boca arriba, este descansaba en silencio…
Arrodillándose, acarició su rostro, sintiendo como un extraño calor calentaba su piel.
Sin saber porque empezó a retirar los botones de la camisa, separando la tela… Su mano empezó a recorrer su torso.
-Tú me has visto desnuda… Es una compensación…- murmuró la joven jadeante.
Acalorada, mordiéndose el labio inferior. Dejando todo su torso completamente expuesto.
Su mano recorría libremente, sin miedo, su piel. La punta del dedo de la exorcista tocó su pecho, liberando una deliciosa descarga eléctrica que recorrió su cuerpo.
Tampoco pudo evitar que un ligero gemido abandonase sus labios.
Deseosa se inclinó, besando su pecho.
-¿Tú me has tocado igual…?- ronroneó la morena pasando una mano bajo su falda, acariciándose suavemente, gimiendo con fuerza al sentir sus dedos acariciar su sexo.
Alarmándose al recordar la falta de prenda interior, reaccionando al ver su posición. ¿Arrodillada frente a un desconocido, besando su cuerpo mientras se masturbaba?
Escandalizada se apartó con brusquedad.
Ella, una joven asexual, acosando a un inconsciente desconocido.
-N-no!-
Levantándose, abandonó la estancia, el edificio lo más rápido que pudo, tropezándose por el camino, hasta dar con el jardín.
Deteniéndose bajo el cielo estrellado, agradeciendo el recibir el frio aire del exterior, la temperatura disminuida por el temporal refrescando su acalorada piel.
Suzaku alzó la mirada, llevándose las manos al rostro.
Estaba llorando.
Mirando sus manos temblorosas, las lágrimas en sus dedos… Suzaku retrocedió el camino. Alcanzando el salón.
Estaba vacío.
El desconocido no estaba.
El mundo se le cayó encima.
-Le he vuelto… a perder?-
- Castillo de Verano Gremory - Inframundo -
[¡El mal no puede prevalecer! ¡Mi poder mágico te derrotará!]
[¡Buahahaha! ¿Qué puede una maga contra mi poder oscuro?]
[¡No es una magia cualquiera! ¡Este es el poder de la Mahou Shoujo Levi-tan!]
[¡I-imposible! ¡Mi poder oscuro! ¡Nooo! ¡AAAAARGHHHHH!]
[¡Ja! ¡Las Mahou Shoujo siempre ganan!]
-¡Increíble! -chillaba una animada niña pelirroja sentada en el sofá de su lujoso castillo, levantándose y empezando a dar saltos -¡Leviatán-sama es increíble! -chilló emocionada.
Su hermano mayor la miraba con una media sonrisa metros atrás.
-No lo recuerdo igual…-
-Onii-sama… ¿No es fiel a los relatos?-
-Esa serie se rodó para contar los sucesos de la Guerra Civil a los más pequeños… Pero tuvo cierto éxito y Fabium recomendó aprovechar la aceptación para darle otro enfoque… Pero como puedes ver esa Serafall es muy diferente a la real…-
-¡Pero Leviatán-sama es una Maou! ¿Su poder es real no? -corriendo hasta su adorado hermano, mirándolo llena de ilusión.
-Muy real. Es la demonio más poderosa del Inframundo. Un poder demostrado y contrastado en múltiples ocasiones-
-¡Entonces quiero ser como ella! -chilló con decisión.
-¿Quieres ser una Mahou Shoujo? -sorprendido.
-¡No! ¡Esa ropa es demasiado embarazosa! -negando con fuerza con el rostro- ¡Quiero ser igual de fuerte que ella! ¡Quiero ser una justiciera! -llevándose sus puños a su pecho con emoción y fervor.
-Jajajaja -rió el Lucifer.
-¡De que te ríes! -le reclamó su pequeña hermana.
-¡Auch! -rascándose la nuca, girándose miro con miedo ante la presencia de su Reina y esposa.
-No se ría de los sueños de Ojou-sama, Sirzechs-sama -le reprendió la Reina más fuerte del Inframundo.
-Sí, cariño… ¡Auch! –recibiendo otro 'cariño' de su mujer.
-No me llame así de servicio -volviéndolo a regañar.
-Como mandes… -acariciándose la nuca lloroso.
-De mayor, ¡Quiero ser como Grayfia-Onee-sama! -exclamó Rias decidida.
-¿Cómo yo señorita? -preguntó la sirvienta.
-¡Hermosa, fuerte, respetada, temida, venerada! -mirando con admiración a su Onee-sama.
-¿Esa es la imagen que tiene de mí? –preguntó con una sonrisa.
-¡La Reina más poderosa y capaz del Inframundo! -alzando los puños.
-Para eso tendrás que trabajar muy duro-
-No me importa. Ise me está ayudando-
-Ohhh- apoyando su mentón en un puño –Entonces en breve podré retirarme…-
-Puedes contar con ello! Si estoy con Issei no tengo limites! Pronto seré la Gremory más preparada! La más poderosa!-
-¿Sin ropas de Mahou Shoujo?-
-¡No pienso ponerme esas ropas onii-sama! Sé que tú y padre haríais fotos embarazosas!-
-Pero a Issei-kun le gustaría…-
La pelirroja se detuvo en seco.
-¿Le gustaría?-
-Je- sonriendo perversamente –Hablaré con padre… Te prepararemos el vestido más adoraa… aaa.. aaaaahhhhh!-
-Deje a la señorita en paz-
-E-espera Grayfia-onee-sama!- exclamó Rias interesada -¿Tienes algún vestido de Mahou Shoujo que pueda gustarle a Issei?-
-Señorita, yo y su madre le facilitaremos el vestido, pero aléjese de este y de su padre-
-Reino de Oz-
Nonestica. El continente imaginario. El continente que no existe…
Frente a ella había un enorme trozo de papiro. De múltiples metros de largo por algunos de alto. Colgado en la pared, se necesitaba de una escalera con ruedas para poder apreciar de cerca todos los pulidos apuntes escritos con una curvada letra en tinta negra.
-Glenda… ¿Dónde estamos?- preguntó Lavinia observando maravillada el papiro.
-Hace muchos siglos atrás… En el mundo Medio estalló una gran guerra. La muerte, el fuego y la destrucción cubrieron la tierra. Cientos de especies se vieron amenazadas, sin refugio y sin nadie a quien acudir huyeron. Huimos donde nadie nos buscaría. Donde no se puede vivir. Una tierra que no le interesa a nadie. Una tierra sin disputa-
-¿A dónde?-
-Huimos a la Grieta Dimensional-
-No lo entiendo-
-La Grieta Dimensional es el espacio que hay entre todas las cosas. Un espacio vacío que lo une todo… Un espacio donde la vida no puede darse. El hada Lurline dio su vida para crear este espacio. Encantó este continente y lo envió a la Grieta Dimensional siguiendo el ejemplo de otras Hadas como Titania-
-¿Quién es Titania?-
-El Hada que creó y guarda Avalon…-
-¿Otro Reino mágico?-
-Así es querida… ¿Has visto las esferas de cristal con casitas con nieve en su interior? Suelen verse en tiendas de regalos…-
-S-si-
-Este reino es lo mismo… Vivimos en una burbuja. El continente de Nonestica está rodeado por el mar de Nonestica…-
-Entonces…- alzando la mirada.
-Es lo mismo que en el mundo medio… Si ellos tienen el espacio afuera, nosotros tenemos la Grieta Dimensional-
-…-
-Lurline ideó un mundo fantástico. En este continente tenemos criaturas de todos los tipos… Gnomos, enanos, gigantes, hadas, duendes y algunas criaturas que han nacido aquí…- levantándose, caminando hacia el mapa –Hay decenas de reinos con decenas de personajes a los que podríamos estudiar. Pero es demasiado pronto… Podría hablarte del Maravilloso Valle de Mo donde todos sus habitantes son eternamente jóvenes o La Isla de Yew repleta de tunantes y ladrones… Nosotras estamos en mi Palacio, al sur del Reino de Oz, al límite con el Desierto Mortal, dentro del País de Quadling-
-¿Al sur de la Ciudad Esmeralda?- señalando el mapa.
-Así es, la Ciudad Esmeralda, donde vive Oz, es el centro del continente, el centro de todo- cruzándose de brazos –Algún día la visitaremos-
-Glenda… ¿Qué es el Desierto Mortal?-
-Un inmenso desierto encantado que rodea el Reino de Oz, diseñado y creado para matar a quien quiera entrar en el Reino sin permiso…-
-¡!-
-Pese a la buena voluntad de Lurline hemos sufrido muchos episodios de guerras… Demasiadas veces hemos manchado estas tierras de sangre como para llamar a este Reino el Mas Maravilloso de Todos…-
-Hay… Hay cuatro brujas… Una en cada punto cardinal… ¿Por qué?-
-Somos las guardianas… Las guardianas encargadas de mediar con quienquiera que logre atravesar el Desierto Mortal sin autorización-
-Hablas de…-
-¿Matar?... Sí. Por media hablamos de matar. Aunque eso depende de las órdenes del Rey Oz. El Rey de Oz es el mago más poderoso de Nonestica. Él lo gobierna todo-
La joven miraba detenidamente el mapa, buscando algo con sus ojos azules claros.
-Lavinia… ¿Tus padres te hablaron alguna vez de magia?-
-N-no-
-¿Y has visto algún libro…-
-Esta es la primera vez que veo algo remotamente parecido a magia…- girándose lentamente, mirando a la bruja con media sonrisa.
-Entiendo…-
-¿Por qué lo preguntas?-
-Tu afinidad con la magia es impresionante… Lavinia, querida… A lo largo de todos mis años como bruja he tomado algunas discípulas… Pero ninguna como tú- levantándose lentamente.
Caminando hasta la mesa, acariciando un considerable paquete con sus dedos.
-Ven, esto es para ti, cariño-
Curiosa, Lavinia se acercó a la bruja.
La joven adolescente abrió el estuche lentamente, casi mirando más a la anciana que a la caja en sí.
En el interior de la caja de madera había una larga vara blanca con un cristal azul en el extremo superior.
-Que es… ¿Qué es esto, Glenda?-
-Las varitas no te hacen justicia… Esta madera absorberá mejor tu poder. Este cristal lo canalizará de forma óptima… Esta es tu nueva herramienta, Lavinia. Tu bastón de bruja-
-¡!-
-Es mi regalo para ti por ser tan buena chica y tan buena estudiante-
-Glenda… Yo, yo no puedo aceptar esto!-
-¿Porque no?-
-Tu… Me has dado una casa… y… y…-
-Puede que sea un poco grande para ti… Pero crecerás…- acariciando su mejilla con afecto –Hay una cosa mas que quiero decirte-
Los ojos azules de la bruja la miraron inquietos.
-No quiero decir que no tienes lugar en esta casa… Siempre estarán abiertas las puertas para ti…-
Lavinia la miró asustada.
-Lavinia… Hay una academia mágica, he hablado con el rector…-
La joven estaba pálida, aterrorizada.
-La organización mágica de los Sombreros Grises. El rector es un poderoso demonio ducho en la magia. Aprenderás y te relacionarás con otros niños… Te llevaré por las mañanas y te recogeré por la tarde. Te ayudaré con tus estudios y los mejoraremos!-
-¡!-
-¿Qué me dices? ¿Quieres ir a una escuela de magia?-
-¿P-puedo?-
-Por supuesto que sí, querida-
Lavinia tomó la vara, muy grande para ella. Sonriendo como una niña pequeña en su fiesta de cumpleaños.
-Yo… Yo quiero aprender-
-¿Quieres ser una buena bruja como yo?-
-…-
-Podrías ser mi sucesora-
-…-
-¿No? ¿No quieres ser la Bruja del Sur?-
-…-
-¿Qué te motiva entonces?-
Lavinia no supo que responder.
Pero no veía lo que quería en ese mapa… Quería aprender para poder viajar y alcanzar los rincones más recónditos de la existencia.
Quería encontrar lo que necesitaba encontrar.
-Templo Himejima-
Subiendo algunos escalones… El joven se desvió del camino de piedra. Internándose en el bosque unos metros.
Mirando a lado y lado, dejó su mochila en el suelo, empezando a sacar su ropa.
Encogiendo su cuerpo, dejando fluir el hechizo… Se desnudó, dejando su cuerpo infantil al descubierto.
Sin pudor alguno dobló la ropa antes de colocarse la adecuada.
A los pocos minutos volvió al sendero. Aliviado de no ver a nadie en la zona… Y sonriente.
Debía admitir, y admitía sin mucha dificultad, que prefería los templos shinto a las iglesias cristianas.
Los templos Shinto eran una belleza. Una comunión de naturaleza y de la mano humana. Se podían decir muchas cosas, pero era innegable que había algo espiritual en el lugar. Algo que las Iglesias deberían de tener… Y que ni siquiera podían imitar.
Largas, inmensas escalinatas de blanca y cuidada piedra. Fuertes y altos árboles decoraban el paisaje. Amplios y hermosos terrenos.
Dios sabía cuánto trabajo debía de costar el mantenimiento. Las ofrendas deberían de ser sustanciosas... Pero el dinero no libraría a nadie de la necesidad de trabajo físico. El padre era un caído de Grigory… Quizás sacaban los fondos de ahí…
¿Quién sería el guapo que se desayunaba, comía, merendaba y cenaba semejante berenjenal?
-P-perdón... -susurró una voz tras él.
-¿Uh...? -girándose vio a una niña, de su edad, vestida con un kimono tradicional del templo, de largo cabello negro recogido en una coleta alta -¿Ocurre algo? -
-E-el templo… -susurró.
-¿Le ocurre algo al templo? -mirando el decorado.
-E-está cerrado... -cogiendo la escoba con fuerza, entre sus pequeñas manos.
-Ya veo… -cruzándose de brazos suspirando –Perdón, no lo sabía -mirando a la niña, abriendo los ojos ligeramente -¿Nos conocemos…? -
-N-no, yo... No suelo salir de aquí… -mirando al chico con un sonrojo, sonriendo divertida.
-¿Segura? Juraría que te conozco… -acercándose a ella –Y no importa… Aquí hay algo mucho más bonito que ese templo…-
-¿Yo…? -retrocediendo unos pasos.
-Como lo sabes… ¿Y cómo se llama la guapa chica que tengo frente a mí? -
-¿G-guapa? -sonrojándose ante las palabras del chico.
-Mmm... -suspirando -¿Eres del templo? -
-S-si… -
-¿Todas las sacerdotisas son tan guapas?-
-N-no-
-¿Ah, no?-
-S-si quieres ver sacerdotisas guapas… Solo hay aquí!-
-¿Aquí? ¿Dónde? ¿Arriba?-
-Yo! Para que quieres más!- exclamó molesta, inflando sus mofletes adorablemente.
-Buenos días, preciosa!-
-¡Issei-kun!- chilló emocionada, abandonando la farsa, dejando caer la escoba, arrojándose a sus brazos –Has tardado mucho…-
-He venido tan rápido como he podido… Me alegro mucho de verte…-
-Issei-kun…-
-¿Tu madre está en casa?-
-Mmm!-
-Me gustaría hablar con ella… Pero… ¿Estás limpiando? -
-S-si... -
-¡Bien, te ayudo! -cogiendo la escoba del suelo.
-¿C-cómo? -sorprendida ante su acción.
-Cuantas más manos se pongan a trabajar antes acabaremos!-
-N-no… -trató de decir.
-Igualmente, quizás me interese aprender a conservar un templo…-
-¿Por qué ibas a querer aprender a conservar un templo? ¿Las Iglesias se parecen a nuestros templos?-
-Quizás quiera aprender a conservar un templo… Para poder hacerlo contigo- acercándose al rostro de la morena con una sonrisa burlona.
-¡¿Q-q-que dices?!-
-¿Por dónde empiezo a barrer?-
-¡N-no puedes hacerlo! E-es mi responsabilidad!-
-¿Por allí? ¡Bien! -asintiendo se dispuso a limpiar.
-¡N-no! Yo no… -
-¿Qué tal si en lugar de protestar me cuentas como te ha ido la semana? -empezando a barrer.
-Issei-kun! No puedes quitarme mis tareas!- protestó la morena avanzando unos pasos, intentando agarrar la escoba.
El castaño se la negó, empezando a alejarse dando saltitos.
Akeno, contenta, corrió tras el dragón divertida.
-DXD-
-Y-ya está… -dijo la niña caminando hasta el chico.
-Je, ha sido menos de lo que pensaba -respondió con una sonrisa satisfecha.
-¿Oh...? -exclamó una mujer de veintitantos, muy parecida a la niña -¿Relegando en tus obligaciones, Akeno? –preguntó mirando a su hija con una hermosa sonrisa.
-Menos mal que ha venido, señora -dijo el chico con una reverencia -¿Ha venido a liberarme de la hermosa brujería de su hija? -sugirió.
-¿Hermosa brujería…? -mirando a la niña, que miraba el suelo roja.
-Sí, sí. He llegado… Quería rezar en el templo cuando he visto a este ángel… Que me ha embrujado con su belleza! Aprovechándose de su incomparable hermosura me ha explotado! Llevo horas barriendo esto! -
-¿En serio? -riendo levemente –Akeno, ¿Le has pedido a tu novio que barra por ti? -preguntó a su hija con picardía.
-¡¿N-novio?! -cayendo de rodillas por la tensión.
-¡Ey! -caminando hasta ella -¿Estás bien? -preocupado.
-S-si... -desviando la mirada.
-¿Qué es eso de que has sacado novio?- preguntó Issei fingiendo molestia.
Akeno, llorosa, se escondió en el pecho del dragón.
-Se acabó la diversión-
-Issei-kun… Bienvenido. Me alegro de verte –sonrió Shuri -¿Te cuida bien la vida?-
-Demasiado estrés, me preocupa que me salgan canas…-
-Jajaja. Eres demasiado joven para eso…-
Issei, travieso, tomó a la niña en brazos. Chillando divertida, Akeno intentó soltarse sin éxito.
Cargando con la sacerdotisa en prácticas, subió las escaleras a paso rápido.
Shuri los seguía con una sonrisa en el rostro.
-Akeno-chan! ¿Cómo está mi árbol de cerezo?-
-¿Qué como esta?-
-¿Cómo quieres que este?-
-¿Ya ha crecido?-
-¡Lo plantamos la semana pasada!-
-¿Y? ¿Ha crecido?-
-No crecen tan rápido!-
Issei, con una mueca, pasó a mirar a Shuri.
-¿Por qué miras a mama?-
-Por nada-
-¡No me crees!-
-Claro que te creo-
-¡No me creeessss!- protestó la morena empezando a patalear.
Riendo dejó a la niña en el suelo viendo cómo se alejaba a paso rápido.
El castaño la siguió con una sonrisa en el rostro.
Shuri decidió dejarlos solos, volviendo al templo se dispuso a preparar un té para los niños. Teniéndolo listo para cuando volviesen antes de ponerse con sus sellos.
Dejando un montón de papeles en un rincón tomó un pincel con tinta, se dispuso a crear algunos sellos… Los amuletos se vendían bien y eran famosos en el archipiélago.
Que podía decir, le gustaba el trabajo creativo!
-DXD-
Secándose el sudor de la frente, Issei observó su trabajo realizado.
Gruesos troncos de madera clavados formando una verja para separar el considerable parterre de los terrenos del templo. Buscando alejar a los visitantes de su rinconcito.
Asintiendo satisfecho, dejó el martillo para acercarse a la morena.
Akeno, vestida con su ropa de jardín, colocaba el abono en perlas cuidadosamente, arrodillándose ante cada planta.
Percibiendo su presencia, se giró mostrando al castaño su radiante sonrisa.
-¿No es demasiado grande?- preguntó la sacerdotisa observando la enorme parcela de tierra.
-Nada es lo suficientemente grande-
-Pero no tenemos plantas… Y es mucho trabajo…-
-Tenemos el terreno, Shuri-san dice que no hay problema y si le vamos dedicando esfuerzo a partes iguales… Y las plantas… De eso me encargo yo-
-¿Te encargas tú?- preguntó la niña ladeando la cabeza.
El dragón sonreía perversamente.
-Quiero hacer un jardincito aquí… Poner una caseta de madera rodeado de flores y plantas aromáticas-
La morena parpadeó sorprendida.
-Akeno…-
-¿Si?-
-¿Qué es ese ruido que escucho?-
-En la parte superior… Más arriba hay un manantial-
-¿Hay un qué?-
-Manantial-
El cuello del chico simuló el de un búho, alcanzando un ángulo imposible de pura incredulidad.
-DXD-
Las orejas de la sacerdotisa eran dos chimeneas de humo.
Su mirada era incapaz de enfocarse en nada.
Sus labios temblaban incontrolablemente.
Su rostro, increíblemente rojo.
-Ahhhhhh…- ronroneó Issei relajándose en el manantial, echándose una toalla de mano mojada en el rostro –Esto es gloria…-
Akeno no reaccionaba.
-¿No te gusta?-
Akeno estaba ko.
-¿Preciosa, estas bien?- preguntó Issei alzando su toalla lo justo como para mirar a la niña con un ojo.
-E-estoy b-bien!-
-¿No te gustan las termas?-
-M-me g-gusta l-las t-termas!-
-Mmmm… A mi hermana le fascinan los baños… De ser por ella se pasaría la vida entera en agua caliente…-
Akeno lo miró sorprendida.
-Issei-kun… ¿Tienes una hermana?-
-¿No te lo había dicho?- retirando la toalla de un tirón.
-No…-
-Eso no puede ser!- levantándose, vestido con solo sus calzoncillos.
Para la eterna vergüenza de Akeno se colocó junto a ella, pasando su brazo por su desnudo hombro.
La morena se encogió avergonzada, cubriendo su pecho con sus brazos.
-Tengo que conocer más de mi tenshi… Así que jugaremos a un juego!-
-¿Q-que juego?-
-Yo te hago una pregunta y tu luego me haces una!-
-¿P-preguntas?-
-Empiezo yo… ¿Ese es tu bañador habitual?- observando el bañador de una pieza negro.
La morena se sumergió en el agua avergonzada.
-Es mi bañador escolar… No me has dado tiempo a coger otro!-
-Ah… fallo mio…-
-¿M-me toca?-
-Si te interesa el juego…-
-¿T-tienes una hermana?-
El chico suspiró pesadamente, relajándose contra la pared de la terma.
-Una hermana mayor, no mucho, unos meses-
-¿No eras hijo único?-
-Eh, eh, eh! Una pregunta por turno!- pellizcando la nariz de la sacerdotisa.
-Perdón…-
-Veamos… Que me gustaría saber de mi ángel favorito…- posando su mano en el hombro desnudo de la morena –Que música escuchas-
-¿Música?-
-Música-
-No suelo escuchar música… En casa no tenemos aparatos… Y en el colegio…-
-Mmm… Entiendo… Te toca preciosa-
-¿No eras hijo único?-
-Me adoptaron… En esa familia había una joven unos meses mayor que yo… Pasó a ser mi hermana mayor…-
-¿Los Shidou?-
-No… Pero eso es otra pregunta!-
-Oh…- la morena se sonrojó de nuevo –Perdón… de nuevo-
-Es complicado… Tenshi, esa familia son demonios-
-¡!-
-Vivo entre dos mundos… Tengo dos familias-
-¿Y la hija de los Shidou no es tu hermana?-
-Oh… Pues ahora que lo dices… Diría que es mi amiga de la infancia…-
-¿Por qué son diferentes?-
-¿Una es más afectuosa… y la otra más divertida?-
-…-
-También tengo un hermano mayor, un triunfador, alto, guapo, fuerte…-
-T-tu eres guapo…-
-Para hermosura tú…- inclinándose a la morena.
-¿Te gusta tu nueva familia?-
-Sí, son una buena familia…-
-¿No es duro tener dos familias?-
-Bastante… Pero con tantas obligaciones…-
-Entonces…- el castaño la silenció colocando un dedo índice sobre sus labios.
-Eh, eh, eh… Demasiados turnos… ¿Acaso no recuerdas las normas del juego?-
El ímpetu le había hecho olvidar las normas… de nuevo.
Llevándose las manos a la cara, se escondió en el agua, avergonzada de sí misma.
-Te he respondido a unas cuantas preguntas así que me toca a mí…-
-¿Qué quieres saber?-
-Simplemente todo de ti…- siseó el dragón inclinándose hacia la joven exorcista –Tus gustos, tus sueños, tus deseos, tus miedos… Todo-
-S-si…-
-DXD-
Se había hecho de noche… Sin darse cuenta.
El sol prácticamente se había marchado.
Dejando el pincel sobre su recipiente se levantó, calzándose las sandalias, buscando a los niños con la mirada. No estaba preocupada, Akeno sabia cuidarse e Issei… Issei haría lo imposible con sus capaces habilidades para mantener a la niña a salvo.
La parte trasera del templo daba a la ladera de la montaña, sin árboles, ofrecía unas buenas vistas del pueblo y del mar.
El sol anaranjado iluminando su rostro… Shuri sonrió cálidamente. Llevándose una mano al rostro, cubriendo su boca emocionada.
Sentados bajo el árbol, abrazados. Dormidos.
Akeno dormía sobre su pecho, con los brazos del chico cruzando su espalda.
Las pequeñas alas negras de Akeno extendidas, cubriendo protectoramente el cuerpo del exorcista.
-Continuará en el próximo capítulo-
-PUREZA DE SANGRE-
