Destino
N/A:
Para los que no me conocen, para los que no me han leído, quiero contarles que esta pequeña historia es el epílogo de "Destino". Si no sabes de que hablo, si no la has leído, puedes encontrarla en mi perfil.
Antes que nada, no creo en el "felices por siempre". La vida simplemente no es así, aunque estés con la persona amada, hasta que la muerte nos separe, la vida no es fácil, la convivencia no es fácil, tener hijos no es fácil. Tampoco para nuestras guerreras, la vida tiene altibajos, y, como dicen por ahí, la clave está en aprender a "bailar bajo la lluvia." Por eso, ese "felices por siempre" del título no es más que una forma de llamarle al "final" de esta historia. Y el final, también es una forma de decirle, porque la historia debía terminar en algún momento. Pero en realidad no es final, sino que es el comienzo. El comienzo de una nueva vida en Céfiro, el comienzo de una familia, el comienzo de una dinastía. No digo más, los dejo con una pequeña historia que tiene lugar un año después del "final feliz"
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Epilogo
Más allá del "felices por siempre"
Me enamoré de ti, perdidamente
Y nuestros mundos son tan diferentes
Me enamoré de ti, ¿qué le voy a hacer?
Se pinta de colores toda mi alma
Con esa dulce luz de tu mirada
Y al verte sonreír, vuelvo a tener fe
Me enamoré de ti y no me lo esperaba
Que algún día yo, de amor iba a morir
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En la amplia cocina de aquel palacio, el lugar donde, día a día, los cocineros reales trabajaban arduamente para alimentar a todos los habitantes del palacio, Hikaru y Caldina preparaban los bocadillos que se ofrecerían en la ceremonia del día siguiente. Mientras los mellizos se encargaban de entretener a la pequeña bebita de cabellos color fuego. Caldina los observaba de reojo. Los mellizos solían ser muy dulces, pero, a veces, no medían sus fuerzas. La pequeña estaba sentada en el suelo de la cocina, mientras los niños la hacían jugar con algunos de sus juguetes que Caldina había traído desde Zizeta. La pequeña tenía unos hermosos ojos negro azabache, como su padre, la tez blanca como la nieve y una dulce sonrisa, como la de su madre.
Hikaru no podía ser más feliz, se sentía como viviendo dentro de un sueño, un sueño que no quería que terminara nunca. Y, aunque a veces sentía cierta nostalgia por saber que sería de sus hermanos o se preguntaba si, acaso, ellos estarían preocupados por su desaparición, podía decir que Céfiro era, realmente, su lugar en el universo. Con ayuda de Latis, había logrado abrir un pequeño consultorio en una aldea cercana al palacio y había traído algo de tecnología de Autosam para monitorear los embarazos de sus pacientes. Cierto era que, durante cientos, o quizás miles de años, las mujeres en Céfiro habían dado a luz sin más ayuda que una matrona. Pero ninguna mujer rechazaba la idea de poder ver a su bebé antes de su nacimiento y asegurarse de que todo marchara bien. Por eso su consultorio era todo un éxito. Venían mujeres de todas partes de Céfiro para atenderse con la guerrera mágica devenida en doctora. Tanto éxito tenía su consultorio que estaba planeando abrir una especie de escuela medicina para enseñar su amada profesión a otras personas. ¿Qué más podía pedir? ¿Quién le hubiera dicho, hacía 6 años, cuando había decidido estudiar medicina, que pondría en práctica su profesión en el mundo que había amado desde la adolescencia y junto al único hombre que había amado en su vida?
Volteó al sentir unos pasos entrar a la cocina. Sonrió al ver de quien de trataba. La pequeña hizo lo mismo, al tiempo que levantaba sus brazos al recién llegado emitiendo unos tiernos sonidos, tratando de llamar su atención. Él se acercó a la pequeña y la tomó en sus brazos. Hikaru observó como la pequeña le festejaba mientras él le hablaba y hacía morisquetas. Ellos tenían una conexión muy especial, la pequeña había logrado romper con ese carácter frio del espadachín, algo que ni la misma Hikaru había conseguido del todo.
Latis se acercó a ella y le dio un tierno beso en los labios. Realmente no podía ser más feliz, amaba a esas dos mujeres con locura. ¿Quién iba a decir que algún día sería capaz de morir de amor por una mujer? Justamente él, que nunca había sido hombre de una sola mujer, él que amaba viajar por el universo sin asumir ninguna responsabilidad, él que le gustaba dormir con cuanta mujer bonita se le cruzara.
-Quien te ha visto y quién te ve, querido Latis.- interrumpió Caldina, con una sonrisa pícara en sus labios. Hikaru sonrió ante aquel comentario, aunque Latis no le dio mayor importancia.
-Tengo la tarde libre, ¿por qué no damos un paseo los tres?
-Tenemos mucho trabajo aquí, Latis... - protesto la morena. - ¡Tenemos que preparar el banquete de mañana para toda la comitiva de los planetas vecinos!
-Pero tú eres perfecta para este tipo de cosas, seguro podrás tú sola por un par de horas...- dijo Latis, tomando a Hikaru por la cintura, con su brazo libre, y volviendo a besarla. Eso fue suficiente para que le pelirroja aceptara dar un paseo con él.
-Volveré enseguida Caldina, ¡lo prometo! - La pareja se retiró de la cocina, ante la molesta mirada de la morena, quien los observaba alejarse con el ceño fruncido y los brazos en jarra. Cómo si no supiera que cuando esos dos estaban a solas perdían la noción del tiempo. ¡Seguramente tendría que continuar ella sola con los preparativos por el resto de la tarde!
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Y ahora soy un hombre nuevo
Miro más al cielo
Y cuento estrellas al dormir
Y ahora tengo mi fortuna
Que es mirar la luna y, al pensarte, sonreír
Hoy vuelvo a vivir
Me enamoré de ti, jamás lo imaginaba
Que algún día yo, de amor iba a vivir
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El sol brillaba con intensidad reflejándose en las calmas aguas cristalinas del mar de Céfiro. El clima era agradable, no hacía frío, tampoco calor, corría una suave brisa de mar que movía suavemente sus cabellos. Ni en los días primaverales de la Tierra había podido apreciar un clima tan perfecto. Las olas impactaban suavemente en sus tobillos, las sentía como caricias de su mashin. Sentía esa conexión infinita con Céfiro y con el dios de las aguas. Se sentía muy afortunada de estar allí, de poder disfrutar a Céfiro en tiempos de paz. Ni en sus sueños más locos se había imaginado esa realidad. Y aunque aún le preocupaba que estaría pasando en su mundo, con sus padres, con él, podía decirse que, por fin, después de tantos años, era feliz.
Sintió pasos detrás de ella. Volteó para verlo. Sabía que solo él iba a ese lugar, su lugar, el hogar de Seres. Sonrió al verlos. Llevaba a su pequeño en brazos. Aquella mirada triste que siempre lo había caracterizado ya no existía, en sus profundos ojos azules solo podía ver un infinito amor. Amor por ella, y por ese niño.
Clef se acercó, entonces ella se sacó sus pies del agua para ir a su encuentro. El niño estiró sus brazos como pidiendo ir con ella. Lo agarró y lo abrazó con fuerza. El pequeño tenía cabellos de color celeste y unos intensos ojos azules. Clef se acercó y besó sus labios. Luego ella volteó dándole la espalda, se acercó al mar y, agachándose, sentó al niño a la orilla, para que las olas pudieron llegar a él. El niño comenzó a jugar alegremente con las aguas, ¿o las aguas comenzaron a jugar con él? El niño había tenido una conexión especial con las aguas desde el mismo momento de su nacimiento, tal como Seres lo había dicho. Las aguas del mar se agolpaban a su alrededor, para retirarse apenas el las tocaba. Agachada a su lado, Umi miro hacia el basto océano. Le asustaba un poco los poderes que pudiera llegar a tener, cómo podría afectar al clima de Céfiro, que pudiera llegar a ser un peligro para el mundo que amaba.
Clef se acercó a ella y puso su mano sobre su hombro, mientras su túnica se mojaba con las aguas del mar de Seres.
-Todo estará bien, Dylan sabrá cómo manejar todo ese poder. - dijo, como adivinando sus sentimientos y sus miedos. Ellos habían logrado esa conexión que les permitía saber lo que el otro sentía, y sin necesidad de usar la telepatía.
-Lo sé, tendrá al mejor maestro de todo Céfiro. - Clef sonrió. Claro, él se encargaría de enseñarle, tal como lo había hecho con todos en Céfiro. Como lo hizo con ellas, ellas que eran su orgullo, su mayor logro. Pero su pequeño hijo tenía una ventaja sobre aquellas niñas de otro mundo, él no estaba solo en un mundo extraño, la tenía a ella, que era el mejor ejemplo del infinito poder de Seres.
-Debemos regresar, aún tengo muchas cosas que organizar para mañana.
-Olvidaba lo ocupado que siempre está en mago supremo. - dijo Umi con ironía, mientras tomaba a su pequeño en brazos.
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Llenas mi vida de luz
llenas el cielo, la tierra y el mar
y a mi tan solo se me ocurre amarte
No existe un corazón
que no resista, niña
pero si lloras, quiero que mis ojos
sigan cada lagrima tuya
hasta que la pierda de vista.
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La pequeña observaba por la ventana de uno de los pisos superiores. Céfiro resplandecía, Céfiro estaba feliz, podía sentirlo. Y ella se sentía en casa, por primera vez en su vida, sentía que pertenecía a un lugar. Aun así, no podía evitar sentirse triste, pensar en él.
La observó desde lejos durante algunos segundos. Ella era como un sueño hecho realidad, era más de lo que hubiera podido desear. Ella sintió su presencia y volteó a verlo. Él le sonrió
-¿En qué piensa la princesa más hermosa del universo? - Himeko sonrió. Que él la llamara princesa siempre le hacía recordar a Jie.
-Pensaba en mis poderes...- Ferio se acercó a ella y observó por la ventana.
-¿Tus poderes?
-Puedo sentirlo, papá. A veces, siento como el viento o las aves me susurran cosas. Pero... creo que no es sólo aquí... Cuando estaba en la Tierra, también podía sentirlo... Siempre pensé que era sólo mi imaginación. - Ferio mantuvo el silencio. Por alguna razón eso no lo sorprendía. - ¿Crees que yo sería una buena guerrera?
-Sin dudas lo serías... Pero, ojalá nunca tengas que serlo…- Ferio suspiró. Estaba nervioso, ella lo ponía nervioso. Más aún que su amada Fuu. La amaba más que nada en el mundo, lo había hecho desde el primer instante en que la supo su hija. Quizás desde antes. Y lo único que quería era verla feliz. - ¿Lo extrañas? - preguntó, adivinando que su semblante triste tenía una muy buena razón. Ella bajó la mirada. Por un momento, el semblante triste de su hermana vino a su mente. Se parecía tanto a ella. - Esta bien si lo extrañas... Él... ha sido tu padre mucho más que yo. - Himeko se abalanzo sobre él y se abrazó a su cintura. Algunas lágrimas cayeron de sus ojos. Él la abrazó también.
-Me pone triste saber que no lo voy a volver a ver. Pero, a la vez, estoy feliz de estar aquí, contigo. - Ferio se agachó junto a ella, para estar a su altura.
-Oye, ¿quién dijo que "nunca"? Quizás algún día puedas volver a verlo... No olvides que esto es Céfiro y puedes lograr todo lo que desees, si lo haces con el corazón. El portal está cerrado, pero, yo creo que algún día podría volver a abrirse. - Himeko sonrió. No podía saber si algún día tendría la posibilidad de volver, pero no iba a perder las esperanzas. - Eres mucho más hermosa cuando sonríes. Ferio metió la mano en su bolsillo y sacó una cadena plateada con un medallón de esmeralda. Tomándolo de la cadena, lo sostuvo donde Himeko pudiera verlo. El medallón danzaba suavemente, en forma de péndulo. - Este medallón era de mi hermana Esmeralda, mi padre se lo regaló al nacer. - Con la mano que tenía libre, sostuvo la mano de la pequeña, con la palma hacia arriba y depositó el medallón en ella. - Ahora quiero que tú lo tengas.
-¿En serio? ¿Es para mí? - Ferio afirmó con la cabeza.
-Déjame ponértelo. - dijo, mientras tomaba el medallón. Himeko volteó y levanto su largo cabello. El pasó el medallón por encima de su cabeza y lo enganchó. Entonces ella volvió a voltear para verlo a la cara. - Luce muy bien. - dijo con una sonrisa, intentando contener las lágrimas. Ella se parecía tanto a su hermana que hasta le dolía. Himeko tomó el medallón de esmeralda con sus manos y lo observó.
-Es muy hermoso...- Ferio la observó, embelesado. Ella sería una magnífica reina, algún día. Pero, por ningún motivo del mundo, dejaría que ella tenga que pasar por lo que pasó su hermana. Ella iba a ser feliz, cueste lo que le cueste, pese lo que le pese, iba a ser feliz. Quizás, algún día, el portal volvería a abrirse, como se abrió después de 10 largos años en los que Céfiro y Mundo Místico estuvieron desconectados. Y, entonces, estaría listo para dejarla partir, si acaso eso fuera lo que ella deseara.
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El sol brillaba en el centro del cielo, el horario indicado para el bautismo cefiriano, la presentación de los nuevos seres a los dioses de Céfiro. La celebración tendría lugar en el jardín principal del palacio. Todos estaban presentes, incluso los líderes de los planetas vecinos: Geo y Zaz habían llegado en representación de Autosam. Tata y Tatra, con sus respectivos esposos y el pequeño hijo de la primera de ellas, representaban a Zizeta. Por último, Aska y su prometido Sang Yung habían llegado en representación de Farem. Estaba programada una gran celebración. Y no era para menos, no todos los días se presentaba a los dioses a sus propios herederos.
El encargado de oficiar la ceremonia era el mismo Clef. Frente a él, permanecía de pie la pequeña Himeko, con un hermoso vestido verde agua que Caldina había confeccionado para ella, a su lado estaban Hikaru y Umi, con sus pequeños en brazos.
El mago supremo movió suavemente su báculo para empezar con la ceremonia de invocación, la ceremonia en la cual los espíritus de los mashin eran convocados para dar la bendición a los nuevos miembros. Normalmente, era un ritual exclusivamente reservado a los herederos de las personas más importantes de Céfiro, para el rey, representantes de la corona y su comitiva. Y era tarea del sumo sacerdote oficiar esa ceremonia. Pero, al tratarse de los mismos herederos de los dioses, se había decidido que sea el mismo Clef quien lleve a cabo la ceremonia. Nunca en Céfiro se había llevado a cabo una ceremonia tan importante. Esos niños no sólo eran los hijos de las personas más influyentes de aquel mágico mundo, sino que, por primera vez en la historia del planeta, Lexus, Seres y Windom tendrían descendencia caminando por la tierra.
Recitó unas palabras en un idioma que las guerreras no llegaron a comprender. Era una antigua lengua del planeta, una lengua muerta que sólo el Mago Supremo y unos pocos de sus discípulos conocían. Detrás de él, tres remolinos comenzaron a manifestarse. El primero, un remolino de fuego, que empezó a tomar la forma de un león. El segundo, un remolino de agua, que empezó a tomar la forma de un dragón. El tercero, un remolino de viento, que comenzó a tomar la forma de un ave. Los presentes pudieron sentir la presencia de los dioses frente a ellos.
Fuu observaba con atención, a unos pasos de su pequeña. Era el primer encuentro de Himeko con Windom, eso la ponía nerviosa. El poder de Windom era demasiado inmenso para una niña tan pequeña. Temía que Himeko pudiera asustarse, después de todo, a ella le había causado un poco de miedo la primera vez que lo había visto, allá en el templo de la montaña flotante.
-No te preocupes...- la voz de Ferio la hizo sobresaltarse. Él detuvo su paso al quedar a su lado. - Ella estará bien, es más fuerte de lo que piensas. - Fuu no despegó su mirada de la pequeña. Ferio volvió a observar al frente. - Esta ceremonia es diferente a las demás. Normalmente, los niños son presentados a los tres dioses, quienes sólo se manifiestan en alma... pero esta vez...- Fuu observó, con algo de resquemor como la imagen de Windom desaparecía, convirtiéndose en viento, un viento color verde que envolvió a Himeko y la elevó por los aires. El viento de Windom movía sus cabellos. Fuu notó una inmensa tranquilidad en el rostro de su hija.
-Creo que yo estoy más nerviosa que ella.
Mientras la niña aún permanecía flotando a merced del viento de Windom, la imagen de Seres desapareció, convirtiéndose en un remolino de agua. El remolino envolvió a la guerrera del agua. Umi pudo sentir el poder de su mashin recorriendo su cuerpo. Observó como Clef le hacía una señal, al mismo tiempo que clavaba su mirada en la suya. Entonces Umi soltó al pequeño y este quedó envuelto en el remolino de agua, flotando sobre el suelo.
Por último, la imagen de Lexus también desapareció, para crear un remolino rojo que rodeó a la guerrera del fuego. Tal como lo había hecho Umi, Hikaru soltó a su pequeña para dejarla en manos de su mashin. Hikaru observó como la beba reía divertida mientras flotaba en aquel remolino de fuego.
-Lexus... Seres... Windom... Aquí están sus herederos... Luz, Dylan y Himeko... Bríndenle siempre su bendición y protección... Que sean bienvenidos a este mundo...
El poder de los dioses comenzó a extinguirse, al mismo tiempo que los niños iban descendiendo lentamente hacia el suelo. Cada mashin depositó a su heredero suavemente en el suelo y luego, desapareció. La ceremonia había finalizado. Umi y Hikaru se acercaron a cargar a sus pequeños. Himeko corrió con su madre, mientras Fuu, se agachó para recibir su abrazo.
-Mamá, mamá... Windom es muy tierno...- Fuu rio ante su comentario. Realmente había estado preocupada en vano. Volvió a abrazarla con fuerza. Luego se separó de ella y acarició sus cabellos.
-Estoy segura de que Windom está orgulloso de que seas su heredera. - Himeko sonrió, luego miró a Ferio, quien aún permanecía al lado de Fuu, aunque no había querido interrumpirlas.
-Papá. - dijo extendiendo su mano. Ferio la tomó y la miró con dulzura. - Mamá.- la pequeña volvió a mirar a su madre, quien permanecía hincada a su lado, y tomó su mano.- Yo sé que ustedes que aman… y Windom también lo sabe, el cree que hacen una linda pareja y que deben estar juntos. - Himeko unió las manos de sus padres, ante la sorpresa de ambos. ¿De verdad Windom los quería juntos? Fuu se puso de pie, manteniendo su mirada en esos ojos miel que siempre la habían cautivado. Himeko los observó en silencio algunos segundos para luego alejarse de ellos. De verdad esperaba que ellos pudieran estar juntos, llevarse bien, ser una pareja.
-Fuu… yo…- Fuu ya no pudo sostenerle la mirada. Los ojos del joven rey eran como un libro abierto para ella, en ellos podía ver todo ese amor que tenía hacia ella, el mismo amor que había tenido desde el mismo momento en que se habían conocido, ese amor que nunca se había terminado si no que se había hecho más y más intenso con el pasar del tiempo, ese amor para el que ya no había vuelta atrás. Y temía perderse en aquellos ojos, como lo había hecho en el pasado. Pero ya lo había perdonado, ya todo había quedado atrás. Aun así, era ella la que no se sentía cómoda con la idea de empezar una relación con él, más que nada porque aún seguía sintiendo culpa por ese hombre que había quedado allá, en su mundo, sin saber nada de ella. - Entiendo…- dijo al ver su reacción. Soltó su mano y se dio la vuelta, dispuesto a alejarse.
-Ferio… espera…- se apresuró a decir Fuu, casi sorprendiéndose de sus palabras, como si no hubiera entendido de dónde salieron. Ferio detuvo su marcha y volteó a verla. Fuu mordió sus labios, como intentando callar, con la esperanza de evitar que su corazón le gane a la razón y hablé por ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas, lágrimas que lucho por contener. Él la observó, en silencio. Sonrió, como si supiera lo que ella quería decirle. Pero no dijo nada. Hubiera sido más fácil si él volvía a decirle cuánto la amaba, que jamás la olvidaría, como ya lo había hecho unas 500 veces en el último año. Pero no, no lo hizo. Sólo se quedó allí, callado, esperando que sea ella quien lo diga. - Ferio... yo...- Cerró los ojos con fuerza, como queriendo evitar que las lágrimas cayeran, como queriendo evitar verlo. - Yo... aun te amo...- dijo casi en un susurro. Ferio volvió a sonreír, al mismo tiempo que se acercaba a ella. Lo sabía. Claro que lo sabía. Pero necesitaba escucharlo de sus labios. - Pero... necesito tiempo...- Ferio se detuvo justo delante de ella. Ella aún permanecía con los ojos cerrados. La tomó suavemente de los hombros. Entonces, ella abrió los ojos y lo miró fijamente. Su mirada lucía triste, algunas lágrimas comenzaban a caer de sus ojos. La amaba demasiado. Tanto como para comprender lo que estaba sintiendo, como para darle todo el espacio que necesitaba, para tenerle toda la paciencia del mundo.
-Te dije que te esperaré el tiempo que sea necesario. - Ella negó con la cabeza, cerrando los ojos. Rodeó su cintura con sus brazos. El correspondió el abrazo.
-Ya no quiero seguir esperando... Ferio... no me importa que pase mañana, quiero intentarlo... quiero darnos una oportunidad. - el rey se sorprendió antes las palabras de la guerrera. Volvió a tomarla por los hombros y la separo de él. Posó sus ojos en los de ella, secó sus lágrimas con su mano.
-Te amo, Fuu. No existe momento en el día en que no piense en ti. Claro que quiero intentarlo. Prometo darte todo el espacio que necesites, respetar tus tiempos... Sólo quiero estar a tu lado, para siempre.
-Ferio...- El rey tomó su rostro con su mano, suavemente secó las últimas lágrimas traviesas que cayeron de sus ojos. Fuu sonrió. Y no pudo evitar que sus rostros se acerquen más y más, hasta fundirse en un tierno beso.
¿Y qué más da lo que mañana pudiera llegar a pasar? Se amaban, eso era lo importante.
A la ceremonia le siguió un gran banquete para agasajar a todos los presentes. Siempre era una buena oportunidad para fortalecer relaciones con los planetas vecinos. Ellos aun tenían mucho de qué hablar, muchas cosas que decirse, pero ya habría tiempo para eso. Mientras se tuvieran el uno al otro, todo lo demás se podría solucionar. Ninguno de los dos creía que sería fácil, pero estaban dispuestos a pelearla juntos.
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N/A. Bueno, hasta aquí este epílogo. ¡Me quedó más largo de lo que tenía planeado! Es que cuando me pongo a escribir no puedo parar. Tenía ganas de contarles un poco sobre los hijos de Hikaru y Umi, por eso cuando una lectora sugirió la idea del epílogo (sí, estoy hablando de vos), enseguida me encantó la idea. Y, claro, necesitaba darle ese final a Fuu y Ferio, se los debía! Y aquí está, se demoró bastante, la verdad es que apenas terminé la historia ya había escrito unas cuantas líneas, que tenía en mente incluso desde antes de decidir escribir un epílogo (claramente, me refiero a la parte clemi de este epílogo), que había pensado incluir en el último capítulo. Pero luego me costó horrores continuar y me colgué con otras historias que estoy escribiendo (una de ellas ya está publicada, creo que, si les gusta Sailor Moon como a mí, les gustará, ya que es un crossover entre ambos animes, la verdad es que no he leído ninguna historia de ese tipo que logre atraparme). Pero hoy me dije "tengo que terminar este epílogo", pues ya tengo escrito el primer capítulo de la continuación de esta historia... y bueno, aquí está. Dicen que las segundas partes nunca son buenas… ¿será? La realidad es que amo está historia, es por eso que me cuesta dejarla. Aún me sigue gustando cuando la vuelvo a leer, y eso ya es mucho. Trataré de que esa regla no se cumpla con mí segunda parte jaja.
Por cierto, este capítulo es, en cierto modo, un homenaje a mí primogénito, al darle su nombre al hijo de mí guerrera favorita. Aunque a mí me gustan que las cosas encajen por dónde se las mire, (al menos lo intento, a veces no pasa XD). No sé si habrán notado que el nombre Himeko significa princesa, claramente no lo elegí porque si. Como Fuu tuvo a su hija en la Tierra, me pareció lógico que elija para ella un nombre japonés. Y bueno, Dylan es un nombre gales, que significa hijo del mar. Perfecto para el heredero de Seres, ¿verdad?
Pff ya me fui por las ramas de nuevo, no era la idea. Ya me cayó! Pero antes quiero agradecer una vez más a quienes han leído está historia hasta el final. Y más aún a los que la siguen desde el comienzo. Se que se han perdido muchos en el camino, con tanta espera.
Por cierto, los que me leen desde el comienzo, recordarán las canciones al principio de los capítulos, que terminé eliminando (excepto quizás algún párrafo en algún que otro capítulo) por creer que no aportaba nada. Pues aquí decidí poner una estrofa de una canción al principio de cada historia. ¿La razón? Bueno es que hay una canción bastante popular hoy en día que, cada vez que la escucho, no puedo evitar pensar en mi historia. Por supuesto, en mi Clemi. Pero, pues, también le queda bien a la historia de Hikaru y Latis. La canción es "De ti me enamore" de David Bisbal. Y, pues, como me costada deshacerme del todo de las canciones que inspiraron parte de este fic, traté de recopilarlas en una lista de Spotify, pueden seguirla si quieren. playlist/3bm6RfJ2al4zZVyXxavKST?si=Qb1wxiRuTdSgrlBCDZsJfQ&fbclid=IwAR2cwovlX9gyfCFwgnrCRqPXrnK9YeV72SpTEE2aDtM4N9cV5UqNVqNSbFQ
Un beso a todos mis lectores!
