KONOHA

Konoha fue una utopía de dos adolescentes, dos adolescentes que se conocieron en la orilla de un rio y trabaron amistad. No se dijeron clanes, pero no se tenía que ser muy astuto para comprender que el muchacho pelinegro y altivo era Uchiha, y el moreno y con humor alegre aunque dado a la dramatización exagerada era Senju. Los dos más fuertes de cada clan, clanes enemigos pero que acabaron haciéndose amigos a pesar de esa enemistad.

Uno alfa, el otro omega… se enamoraron, pero no estaban destinados a estar juntos. El Uchiha, ambicioso, amaba demasiado a su hermano, también y el Senju estaba destinado a otro alfa, en un futuro.

Y así sus caminos volvieron a separarse en odio y batallas. Su sueño quedó olvidado en esos años de juventud entrenando y jugando junto al rio.

Ahora eran dos adultos jóvenes, los dos habían presentado en su respectivo género y habían pasado sus primeros celos. Hashirama que no quería a otro macho con el que aparearse que el que deseaba su corazón, había preparado unos brebajes que actuaron como supresores de su celo.

Madara… Madara lo pasó al lado del omega al que amaba. En esa época no era tan mal visto que para mantener la pureza y satisfacer las necesidades, uno se desahogara e incluso se apareara con familiares. Eso izo Madara abrazando a su hermano menor en ese lecho que compartieron y donde liberaron toda su lujuria. No buscaban un cachorro…aun. Estaban en una importante y dura guerra y el clan necesitaba a sus mejores guerreros, y esos eran ellos. El líder Madara y su mano derecha, su hermano Izuna.

Mañana estaba planeado un nuevo enfrentamiento entre los dos clanes, y mientras Hashirama Senju seguía abogando por la paz y el dialogo con los Uchiha, su hermano Tobirama no estaba en acuerdo con esas ideas del omega moreno.

–Hermano, son Uchiha. El odio y el rencor son demasiado fuertes en ellos. Su sed de sangre es absoluta.

–No digas tonterías, Tobirama. Te estás pasando… Sólo tengo que hablar con Madara y seguro que conseguiré que me escuche.

–Nunca podrán vivir en paz, pues no se puede confiar en esos ojos malditos. –Negó cabezota el albino.

Hashirama acabó su cena y se fue a descansar sin seguir la discusión con su hermano menor, Tobirama a veces era muy terco, pero le demostraría que se equivocaba.

Por otro lado, los hermanos Uchiha estaban compartiendo el lecho.

–Ma-Madara… aamm – Con unas últimas embestidas Madara terminó en el interior de su hermano y éste entre sus vientres, quedando anudados.

Se recostaron en el futón compartiendo caricias y besos llenos de pasión y deseo, abrazados en esa noche antes de la inminente lucha con sus grandes enemigos. Sus cuerpos sudados y satisfechos, relajados. Madara puso sus brazos para que su hermano los usara de cojín, mientras le besaba en el cuello de forma dulce. Sus piernas se entrelazaron debajo de las sábanas.

–Izuna… Mañana tenemos que terminar ya con éste conflicto, está durando demasiado.

–Los Senju son fuertes. Hashirama es muy buen rival y la rata albina, es rápido, pero creo que puedo derrotarlo por fin. –Besó a su hermano.

–Ves con cuidado y no te arriesgues, Izu. –Izuna sonrió a su hermano ante estas palabras preocupadas que le dirigió y apoyó la cabeza en el fuerte torso de su mayor, mientras le decía que no sufriera por él. Pero Madara tenía una corazonada y, esa noche el sueño le rehuyó por culpa de su mente llena de pensamientos nefastos. Abrazó más fuerte contra si el relajado cuerpo de su omega, porqué si, Izuna era suyo, cuidándolo en su descanso.

La batalla tuvo un desastroso final, su Izuna había sido mortalmente herido por la rata albina, y eso era imperdonable para él. Y aunque Hashirama se había ofrecido a curar a Izuna, su hermano se negó rotundamente.

Unos días más tarde, su Izuna moriría entre sus brazos. La última vez que pudo sostener el delgado y atlético cuerpo de su omega entre sus brazos, el último beso que compartieron antes de que Izuna cerrara los ojos para siempre y su cuerpo fuera enfriándose lentamente entre sus brazos, mientras él le abrazaba sin quererlo aceptar, sin quererlo soltar.

La última voluntad de Izuna fue legarle sus ojos, "Para proteger el clan" le había dicho y luego después de un débil beso "Para poder estar siempre contigo, mi alfa" antes de cerrar definitivamente sus parpados y quedar muerto en su regazo. Lloró y rugió, su pantera descontrolada ante esa abrumadora perdida.

Pero se levantó dispuesto a presentar batalla con su nueva guía, los ojos de su hermano, un sharingan fuerte que nunca habían perdido ni una pizca de luz.

La batalla fue muy dura, reconocía que había luchado dominado por el odio y la rabia de su perdida. Y perdió, perdió al no ir con una buena estrategia clara, al confiarse ante esos dos Senju. Quería morir, seguir a su omega a la otra vida, pero las palabras de Izuna no las podría cumplir, si moría no podría proteger el clan Uchiha.

Madara había acabado aceptado la paz que le proponía Hashirama, podrían cumplir su sueño, esa utopía por fin tendría inicio. Una aldea sin odios, una aldea ninja conformada por diversos clanes que aprenderían a vivir en armonía, sin peleas. Dejando atrás el rencor y el odio que se habían mostrado hasta ahora para colaborar y crecer juntos como uno sólo, con una sola voluntad. Konoha era el nombre de ese sueño, de esa paz que construyeron…