Era de noche, una noche lluviosa de finales de invierno, y dos chicas de diecisiete y veinticuatro años subían en coche por una carretera comarcal de regreso a casa, un chalet independiente rodeado de un bosque de hayas.
Se llamaban Selyse y Aysha. Llevaban toda la vida viviendo en aquella casa a las afueras de Madrid, la capital de España, y todos los días regresaban juntas del trabajo. Selyse era una joven emprendedora, hacía ya un par de años que había abierto un negocio de repostería en un pequeño pueblo situado en la Sierra Norte de Madrid y su hermana Aysha no había dudado en ayudar, tanto se entusiasmó con la idea que terminó compaginando la carrera de ingeniería agrónoma con el negocio de su hermana mayor.
- Aysha ¿Has avisado a mamá? ¿Sabe que estamos de camino?
- Sí, pesada .— dijo mientras terminaba de teclear en su móvil. - ¿Quieres volver la vista hacia la carretera? No creo que a nuestro padre le guste ver su coche destrozado como regalo de cumpleaños.
- ¿Es David? .— contestó ignorando por completo su advertencia mientras echaba una ojeada al teléfono de Aysha.
- ¿Qué más te da? . - dijo alejándose de los ojos indiscretos de su hermana.
- Mientras no vengas con un bombo a casa.
- ¡Selyse, pero qué dados! ¿Cómo se te ocurre? .— exclamó Aysha indignada .— Le conocí hace dos días.
- Bueno, cosas más raras se han visto… .— le dijo encogiéndose de hombros mientras se reía de la inocencia de su hermana pequeña.
- ¡Qué idiota eres!
Aysha golpeó el brazo de Selyse y volvió a guardar el móvil en un pequeño bolso marrón, estaba bastante desgastado pero era muy útil para el día a día porque tenía el tamaño perfecto, ni muy grande, ni muy pequeño. Además se podía colgar en bandolera, una cualidad indispensable para una estudiante.
La lluvia comenzó a arreciar con más fuerza, haciendo que Selyse tuviera que intensificar la velocidad de los parabrisas, pero ni con esas lograba ver más allá de una cortina de agua en la luna delantera.
- Creo que vamos a tardar más de lo esperado.
- A este paso se va a enfriar el coulant de chocolate.
- Lo sé. — Dijo Selyse mirando a su hermana.
Estaban un punto de tomar la última curva del recorrido cuando un coche del carril contrario, invadió el suyo a gran velocidad. Dejando a la joven Selyse sin tiempo de reacción. Ambos vehículos impactaron con fuerza, haciendo que el coche de las hermanas girara sobre sí mismo en vueltas descontroladas.
Selyse no se podía creer lo que estaba pasando, solo había retirado la vista de la carretera una fracción de segundo. Las vueltas de campana no dejaban de sucederse y ambas hermanas gritaban de miedo, sentían cómo eran zarandeadas con violencia de un lado a otro, parecían dos muñecas de trapo. Hasta que de repente algo cambió.
Ya no había vueltas, zarandeos u opresión en el pecho. Todo eso se transformó en una sensación de vértigo en el estómago y una caída libre tan bestial que hizo abrir los ojos de ambas. Mala idea.
Los golpes en los costados y los finos cortes por un gran número de ramas no se hicieron esperar. El dolor y el escozor eran intensos. El sufrimiento parecía no tener fin, hasta que un último golpe seco las dejó doloridas en lo que parecía un suelo frío y húmedo.
- ¡Aysha! .— llamó a Selyse en medio de gemidos de dolor. - ¡Aysha!
Al ver que su hermana no respondía, giró sobre sí misma mordiéndose los labios en un vago intento por contener el dolor. Apenas era capaz de mantener los ojos abiertos, pero el cuerpo inerte de su hermana a escasos dos metros, hizo que reuniera la poca fuerza que le quedaba para poder llegar a su lado. Aysha se encuentran boca abajo, con una respiración algo irregular e inconsciente. No había podido terminar de inspeccionar a su hermana cuando un ruido pegajoso llegó a sus oídos, era tan espeluznante que un escalofrío le recorrió la espina dorsal.
Allí, ante ella, se encuentran una araña negra de ojos rojos, patas largas y unas pinzas enormes. Jamás había visto algo igual.
Selyse no sabía cómo reaccionar ante aquel animal, era incapaz de apartar la mirada o de moverse. No escuchaba otra cosa que no fuera el movimiento de aquellas pinzas, hasta que escuchó un leve gemido proveniente del cuerpo de su hermana. Eso pareció despertar en ella una fuerza extra, sacándola de su letargo, tanto fue así que comenzó a buscar cualquier objeto contundente. Miró hacia todos lados con desesperación, pero no había ninguna rama o roca lo suficientemente cerca. Tenía que dejar a su hermana y no se veía con la fuerza suficiente como para regresar antes de que el animal pudiera llevarse a su hermana.
La araña parecía saber de su ventaja y se acercó a ellas, con sus pinzas en movimiento. Parecía que se estaba relamiendo, degustando antes de tiempo por lo que estaba a punto de conseguir.
Selyse abrazó con fuerza el cuerpo de Aysha y escondió el rostro en su cuello, mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos por no poder sacarlas de ahí. Besó el rostro herido de su hermana y la apretó con fuerza.
Fue en ese momento cuando sintió como una energía diferente recorría cada poro de su piel, era algo electrizante y energizante. Levantó el rostro con curiosidad, pero jamás se imaginó que vería algo así, el cuerpo de su hermana y el suyo resplandecían con luz propia. Parecía inocua hasta que escuchó chillar de dolor a la araña que hasta ese momento había estado a punto de comerlas y que ahora ardía en medio de las llamas. Un suspiro de alivio se escapó de entre los labios de la joven Selyse justo antes de desfallecer. Esa energía extraña la había dejado sin fuerzas.
